jueves, 24 de julio de 2025

La persecución de Francesca Albanese

La persecución de Francesca Albanese


Por Christopher Lynn Hedges

El ataque contra Francesca Albanese presagia un mundo sin reglas, en el que se permite a Estados canallas, como Estados Unidos e Israel, llevar a cabo crímenes de guerra y genocidios sin ningún tipo de responsabilidad ni freno. Revela nuestra hipocresía, crueldad y racismo.


Cuando se escriba la historia del genocidio en Gaza, una de las defensoras más valientes y francas de la justicia y el respeto del derecho internacional habrá sido Francesca Albanese, la relatora especial de las Naciones Unidas, sancionada hoy por la administración Trump. Su oficina tiene la tarea de supervisar e informar sobre las violaciones de los derechos humanos que Israel comete contra los palestinos.

Albanese, que recibe regularmente amenazas de muerte y soporta campañas de calumnias bien orquestadas dirigidas por Israel y sus aliados, busca valientemente que se rindan cuentas a quienes apoyan y sostienen el genocidio. Critica duramente lo que ella llama «la corrupción moral y política del mundo» que permite que el genocidio continúe. Su oficina ha publicado informes detallados que documentan los crímenes de guerra en Gaza y Cisjordania, uno de los cuales, titulado «Genocide as colonial erasure» (El genocidio como borrado colonial), he reimpreso como apéndice en mi último libro, «A Genocide Foretold» (Un genocidio anunciado).

Ha informado a organizaciones privadas de que son «penalmente responsables» por ayudar a Israel a llevar a cabo el genocidio en Gaza. Anunció que, de ser cierto, como se ha informado, el ex primer ministro británico David Cameron amenazó con retirar los fondos y retirarse de la Corte Penal Internacional (CPI) después de que esta emitiera órdenes de arresto contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el exministro de Defensa, Yoav Gallant, por lo que Cameron y el otro ex primer ministro británico, Rishi Sunak, podrían ser acusados de un delito penal en virtud del Estatuto de Roma. El Estatuto de Roma tipifica como delito a quienes tratan de impedir que se juzguen los crímenes de guerra.

Ha pedido a los altos funcionarios de la Unión Europea (UE) que se enfrenten a cargos de complicidad en crímenes de guerra por su apoyo al genocidio, afirmando que sus acciones no pueden quedar impunes. Fue una defensora de la flotilla Madleen, que intentó romper el bloqueo de Gaza y entregar ayuda humanitaria, y escribió que el barco interceptado por Israel no solo transportaba suministros, sino también un mensaje de humanidad.

Su último informe enumera 48 empresas e instituciones, entre las que se encuentran Palantir Technologies Inc., Lockheed Martin, Alphabet Inc. (Google), Amazon, International Business Machine Corporation (IBM), Caterpillar Inc., Microsoft Corporation y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), junto con bancos y empresas financieras como BlackRock, aseguradoras, empresas inmobiliarias y organizaciones benéficas, que, en violación del derecho internacional, están ganando miles de millones con la ocupación y el genocidio de los palestinos.

El secretario de Estado Marco Rubio condenó su apoyo a la CPI, cuatro de cuyos jueces han sido sancionados por Estados Unidos por emitir órdenes de detención contra Netanyahu y Gallant el año pasado. Criticó a Albanese por sus esfuerzos para enjuiciar a ciudadanos estadounidenses o israelíes que apoyan el genocidio, diciendo que no es apta para desempeñar el cargo de relatora especial. Rubio también acusó a Albanese de «vomitar antisemitismo descarado, expresar su apoyo al terrorismo y mostrar un desprecio abierto hacia Estados Unidos, Israel y Occidente». Es muy probable que las sanciones impidan a Albanese viajar a Estados Unidos y congelen cualquier activo que pueda tener en el país.

El ataque contra Albanese presagia un mundo sin reglas, en el que Estados rebeldes, como Estados Unidos e Israel, pueden cometer crímenes de guerra y genocidio sin rendir cuentas ni sufrir restricciones. Pone al descubierto los subterfugios que utilizamos para engañarnos a nosotros mismos y tratar de engañar a los demás. Revela nuestra hipocresía, crueldad y racismo. A partir de ahora, nadie se tomará en serio nuestros compromisos declarados con la democracia, la libertad de expresión, el Estado de derecho o los derechos humanos. ¿Y quién puede culparlos? Hablamos exclusivamente el lenguaje de la fuerza, el lenguaje de los brutos, el lenguaje de la matanza masiva, el lenguaje del genocidio.

«Los actos de asesinato, los asesinatos en masa, la tortura física y psicológica, la devastación, la creación de condiciones de vida que no permiten vivir a la población de Gaza, desde la destrucción de hospitales, el desplazamiento forzoso masivo y la falta de hogar, mientras la gente es bombardeada a diario y muere de hambre… ¿Cómo podemos interpretar estos actos de forma aislada?», preguntó Albanese en una entrevista que le hice cuando hablamos de su informe, «El genocidio como borrado colonial».

Los drones militarizados, los helicópteros artillados, los muros y barreras, los puestos de control, las bobinas de alambre de púas, las torres de vigilancia, los centros de detención, las deportaciones, la brutalidad y la tortura, la denegación de visados de entrada, la existencia apartheid que conlleva la falta de documentos, la pérdida de los derechos individuales y la vigilancia electrónica son tan familiares para los migrantes desesperados que se encuentran en la frontera mexicana o que intentan entrar en Europa como lo son para los palestinos.

Esto es lo que les espera a aquellos a quienes Frantz Fanon llama «los condenados de la tierra»: Los que defienden a los oprimidos, como Albanese, serán tratados como los oprimidos.

Lo subrayado/interpolado es nuestro

Cumbre por Palestina y liderazgo de Francesca Albanese

El liderazgo y valentía de Francesca Albanese, trascendiendo los límites estrechos de su responsabilidad en la ONU, han sido notorios, siempre en la primera línea de denuncias del genocidio israelí contra el Pueblo Palestino.

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Por: Consuelo Ahumada

La reunión del Grupo de la Haya, realizada en Bogotá entre el 14 y 15 de julio pasados, concluyó con una agenda de medidas concretas, encaminadas a frenar el genocidio de Gaza.

Días atrás se realizó en Bogotá la conferencia de emergencia sobre Palestina, convocada por el Grupo de la Haya. El evento contó con representantes oficiales de treinta países, en su mayoría del Sur global, y con Francesca Albanese, relatora especial de la Naciones Unidas para los territorios ocupados de Palestina, y protagonista incuestionable de la reunión.

El grupo se conformó el 31 de enero pasado, por iniciativa de la Internacional Progresista, y con la presidencia conjunta de Sudáfrica y Colombia, dos países con un liderazgo importante en la defensa de la causa palestina y la denuncia del genocidio.

Recordemos que, en diciembre de 2023, Sudáfrica acusó a Israel de genocidio ante el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya. Aunque este ha ordenado medidas provisionales para proteger al pueblo de Gaza, todavía no se ha pronunciado en firme.

 La conformación de este grupo responde a la necesidad de coordinar compromisos “para construir un baluarte para defender el derecho internacional”, “en un mundo donde las naciones poderosas actúan con impunidad”, estableció la declaración inicial.

En concreto, se trata de “ponerle fin a la ocupación israelí del Estado de Palestina y apoyar la realización del derecho inalienable de su pueblo a la autodeterminación, incluido el derecho a su Estado palestino independiente». 

 De acuerdo con un artículo publicado por Gustavo Petro en The Guardian, el 8 de julio, la conferencia buscaba “introducir medidas jurídicas, diplomáticas y económicas concretas para detener la destrucción de Gaza por Israel”.

En este respecto, quienes participaron en la reunión insistieron en la necesidad de trascender la retórica y la denuncia y pasar a la acción. La declaración de Bogotá se convierte así en una hoja de ruta que incluye 6 medidas concretas contra el genocidio y para exigir justicia frente a los crímenes cometidos por Israel.

Algunas de estas medidas son: impedir el envío de armas, combustibles, equipos militares a Israel; no permitir el paso ni el servicio en puertos a buques que representen un riesgo claro de transportar ese tipo de materiales a Israel.

Los países señalaron también su decisión de trabajar para que sus industrias «no contribuyan con los medios que permitan o faciliten el genocidio, los crímenes de guerra, los crímenes de lesa humanidad y otras violaciones del derecho internacional».

Se incluye también la revisión urgente de todos los contratos públicos con Israel, con el fin de impedir que las instituciones y fondos públicos apoyen la ocupación ilegal del territorio palestino.

El liderazgo y valentía de Francesca Albanese, trascendiendo los límites estrechos de su responsabilidad en la ONU, han sido notorios. El 18 de octubre de 2022, en su primer informe, recomendó que esta entidad desarrollara «un plan para poner fin a la ocupación de colonos y del régimen de apartheid, y señaló: «Las violaciones descritas en el presente informe exponen la naturaleza de la ocupación israelí, la de un régimen intencionalmente adquisitivo, segregacionista y represivo, diseñado para impedir la realización del derecho del Pueblo Palestino a la autodeterminación».

Un año después, cuando se produjo la invasión a Gaza, pidió un cese al fuego inmediato y se refirió al inminente peligro de sufrir una limpieza étnica masiva y a la necesidad de «prevenir y proteger a las poblaciones de crímenes atroces», El 26 de marzo de 2024, informó a la ONU que las acciones de Israel equivalían a un genocidio.

A comienzos de julio publicó su informe “De la economía de la ocupación a la economía del genocidio«. Allí denunció a decenas de empresas que se han beneficiado del genocidio. Se refiere, por supuesto, a los fabricantes de armas, pero también incluye con nombre propio a entidades financieras y educativas, grandes empresas tecnológicas, como Google, Amazon, IBM entre muchas otras.  

El informe documenta también cómo en los últimos 21 meses la bolsa de Tel Aviv subió 213%, lo que le permitió acumular 225.700 millones de dólares en ganancias bursátiles, de las cuales 67.800 millones corresponden al último mes. Entre tanto, “el genocidio israelí devastaba las vidas y los paisajes palestinos (…) Para algunos, el genocidio es rentable”, señala.

Por supuesto, las reacciones al informe no tardaron. La misión de EEUU ante la ONU pidió la condena y destitución de Francesca de su cargo. Luego vendría un paquete de sanciones por parte del Departamento de Estado. Marco Rubio anunció el bloqueo de sus bienes, el retiro de su visa y la prohibición de ingreso al país.

Las amenazas a su vida y seguridad se incrementaron desde entonces.

Pero también ha recibido numerosas muestras de apoyo. Los principales economistas del mundo, encabezados por Yanis Varoufakis, dirigente de la Internacional Progresista, y Charles Piketty, entre muchos otros, publicaron una extensa carta de respaldo al informe, catalogándolo como una importante contribución para “comprender la economía política del apartheid israelí, la limpieza étnica de los palestinos y, ahora, su genocidio”.

La carta destaca también tres hallazgos centrales resultantes del informe. El primero, la ocupación y el genocidio son muy lucrativos para los conglomerados, incluida Palantir, empresa de software cuyos algoritmos han sido cruciales para seleccionar objetivos en Gaza. En la medida en que el presupuesto de defensa de Israel se duplicaba con apoyo estadounidense, este atrajo grandes inversiones a la “maquinaria de exterminio israelí mediante la red internacional de grandes conglomerados cómplices”. 

El segundo hallazgo es que los territorios palestinos ocupados han funcionado como laboratorio y campo de experimentación ideal para las grandes tecnológicas, una función acentuada desde que la ocupación dio paso al genocidio. Con base en el informe Albanese, señala que ningún país ha otorgado tanto acceso a los datos biométricos de una población como Israel a IBM. Desde octubre de 2023, Microsoft, Amazon, Alphabet y Palantir han expandido sus servicios de capital en la nube a un ritmo vertiginoso. 

El tercer punto clave es que las mejores universidades estadounidenses y europeas dependen financieramente de su apego a la economía política israelí de apartheid, ocupación y conflicto.

La carta de los economistas señala que el informe los lleva a una última conclusión: la guerra en la Franja “es la monstruosidad de nuestro siglo”, El mensaje que el mundo está mandado a los palestinos es que pueden seguir muriendo”. 

Por último, concluyamos con las palabras de Francesca Albanese, expresadas en distintas intervenciones en Bogotá: «Necesitamos construir un nuevo orden mundial multilateral (…)  Una visión alternativa que priorice la dignidad humana”.

“En este momento existencial para el Pueblo Palestino, nosotros, el pueblo del mundo, debemos mantenernos unidos. Debemos exigir este cambio de paradigma a los gobiernos, a las entidades corporativas, a las empresas, presionando con boicots, desinversiones y rendición de cuentas”.

 “Hoy no podemos permitirnos el lujo de perder la esperanza: ni por los palestinos ni por todos nosotros… La esperanza es una disciplina que necesitamos practicar juntos. Lo que venga después dependerá de todos nosotros».

Y recordemos también las afirmaciones de Petro: “Si muere Gaza, muere la humanidad” (…) la barbarie mata el multilateralismo, mata la humanidad. Vivimos la posibilidad de la barbarie, pero también la de una humanidad distinta”.

Autor: Consuelo Ahumada

Lo subrayado/interpolado es nuestro.

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