Trump, el necio...
“El
adjetivo da vida o mata, según la genial definición del talentoso escritor y
poeta Vicente Huidobro Fernández”...
Finalmente llegué a la palabra
“necio” que el diccionario define como “alguien ignorante y que no sabe lo que
no puede o debe saber”. O que “procede con imprudencia y presuntuosidad”. Sin
embargo, no encontré una palabra que fuera más dura, que lo sindicara mejor y
de forma comparable con la forma en que él ofende al mundo. En efecto,
necio me parece una expresión hasta débil para calificar a un mandatario
corrupto y degenerado como se lo ha sindicado universalmente.
Todo esto en relación a sus
constantes apariciones públicas cotidianamente difundidas por la prensa y la
televisión mundial. En su oficio de matón para amenazar a la humanidad y, muy
particularmente, al régimen chavista de Nicolás Maduro. Un jefe de Estado
caribeño que, así como están las cosas, es posible que ahora último esté
ganando adeptos ante las cobardes y desproporcionadas amenazas del titular de
la Casa Blanca. Quien quisiera también invadir a toda Sudamérica para
posicionarse de lo que más le interesa: el petróleo y otras fuentes de la
riqueza mineral que poseen nuestros vastos territorios. Cuanto que por su misma
necedad ya se sabe que no es la lucha contra las drogas lo que persigue con esa
desmedida y onerosa movilización de barcos de guerra, aviones de combate y
miles de efectivos enfrente de las costas de la República Venezolana/Bolivariana.
Para colmo de todo lo que hace este
necio, la semana pasada lo vimos anunciar la construcción de unas veinticinco
embarcaciones nuevas, de un temible poder letal (textual) que serían bautizadas
con su siniestro nombre y apellido, con lo que, además, expresa su
inconmensurable egolatría. Un término que deriva del griego y se les otorga a
las personas que tienen “una adoración exagerada a sí mismas”. Una iniciativa
sin duda necia cuando se sabe que el poderío militar que ya tiene Estados
Unidos podría despedazar todo el planeta y acabar con todos los seres
vivientes. Más todavía si se considera todo el potencial de guerra en manos de
las otras potencias.
Claro; no es que este necio no sepa
esto. La carrera armamentista que quiere reeditar es un gran negocio que
obligaría a todos los regímenes de la Tierra a hacerle de comparsa y de paso
aumentar los caudales de Trump y otros multimillonarios interesados en traficar
armas a drogas y dispuestos a que los pueblos no alcancen progreso. Que
no puedan satisfacer sus necesidades más apremiantes, porque saben que, de
vivir y malgastar recursos al modo de los estadounidenses y europeos, la suerte
del Planeta estaría rápidamente desahuciada por la contaminación, los
desperdicios, el calentamiento global y el agotamiento de los recursos
naturales. Que solo en la permanencia de la injusticia, el hambre, las
enfermedades, las guerras y la ignoracia les permite a ellos gobernar y consumir
hasta su hartazgo.
Necios parecen también muchos
gobernantes y necias, además, las múltiples instituciones multilaterales que
permiten la existencia de un nuevo sátrapa. Con sus corrupciones y cobardías
que nos arrojan a todos por el precipicio de la historia. Mandamases mundiales
sin liderazgo y coraje que tienen todos los medios para acabar con los
despropósitos de este brutal individuo, quien en sus últimos discursos está
logrando que, hasta en sus colaboradores más cercanos, surja el rubor por lo que
dice y hasta por la forma en que lo dice. Algo que muy sinceramente nos lleva a
tener esperanza en que algo lo empuje a los infiernos de la historia. Ojalá,
antes de que sea tarde.
Desgraciadamente, con la ola de
triunfos electorales de la ultra derecha/fascista en nuestro
continente como en el mundo lo que se expresa es su fidelidad con este necio
gobernante. Por lo que aparece más propicio que sea al interior de los Estados
Unidos donde se le ponga freno a sus despropósitos, en la certeza que cualquier
conflagración esta vez también alcanzaría a su pueblo. Por su proximidad con
los escenarios de una guerra.
Una lástima que la Humanidad no haya
asumido las lecciones que dejaron al mundo gobernantes como Hitler y Stalin que
bien habría que haber eliminado antes de las tragedias que ocasionaron.
Lo subrayado
interpolado es nuestro.





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