Gracias a los inmigrantes: ¡Ningún ser humano es ilegal!...
Prof. Juan Pablo Cárdenas S./ Escritor,
académico, periodista y analista internacional/ADDHEE.ONG:
Como es habitual en todas las competencias
electorales, los candidatos presidenciales se prodigaron en promesas sin
explicarnos adecuadamente cómo podrían cumplirlas de resultar electos. Menos
todavía han señalado cuáles serían las causas de aquellos fenómenos que tanto
inquietan a la población, como la inseguridad derivada del crimen organizado
que cobra víctimas por doquier a lo largo y ancho del país. Obligando a la
población a recluirse temprano en sus hogares expuesta a continuos asaltos,
robos y hasta secuestros.
Lo más fácil ha sido concluir que el país está a
merced de las bandas de narcotraficantes, agregando que mucha responsabilidad
tiene en el miedo y la angustia el fenómeno de la inmigración, esto es la
instalación legal e ilegal de cientos de miles de peruanos, colombianos,
ecuatorianos y venezolanos y otros en todo nuestro territorio. Sin reconocer
que la inmensa mayoría de estos latinoamericanos asentados en Chile fueron
instados a venir aquí por los propios gobiernos y empresarios chilenos deseosos
de asegurarse mano de obra más barata que la de los trabajadores nacionales.
Sin valorar el hecho de que sectores de nuestra producción, especialmente en la
agricultura y la minería, no habrían tenido tanto auge sin este trabajo
migrante, como que tampoco nuestras exportaciones alcanzarían aquellas
abultadas cifras con que tanto se ufanan la política y las organizaciones
patronales.
Valiéndose de la desinformación general de nuestra
población, de sus bajísimos estándares educacionales, así como de la patética
ignorancia de quienes operan los grandes medios mediáticos, mercuriales
globalizados de comunicación, Chile ha retrocedido en muchos años al
imponerse la absurda idea de la superioridad nacional sobre la de nuestros
hermanos latinoamericanos. Hasta el grado de lograr el desprecio de tantos
trabajadores chilenos hacia quienes han venido a hacerse cargo de las tareas
más ingratas y peor remuneradas. Y que muchas veces estos ya no quieren
cumplir.
Sin reconocer, tampoco, el valioso aporte cultural
de tantos migrantes bien calificados y con niveles de capacitación
habitualmente superiores a los de nuestra población activa. Hombres, y
mujeres que hasta tienen una escolaridad superior, hablan mejor, saben más y
cumplen con intensas jornadas de trabajo para mantener a sus familias aquí o en
sus países de origen. Haitianos, por ejemplo, que destacan en el área de los
servicios, en los miles de gasolineras y restoranes en que se desempeñan y que
en muy poco tiempo adquieren nuestro idioma y logran que sus hijos sean
bilingües desde la más tierna infancia. Así como tantos otros se les puede
descubrir trabajando eficientemente en hospitales y centros de salud a nivel
profesional y auxiliar.
Bajo el monstruoso pretexto de no tener “sus
papeles al día” se quiere expulsar a los inmigrantes, dando origen a episodios
de grave y espeluznante inhumanidad. En una operación generalmente avalada por
la mayoría de los ciudadanos que favorecen con su voto la xenofobia con la que
ya se reconoce a nuestro país en el exterior. Sin tomar en cuenta, tampoco, que
en la historia nacional las inmigraciones han sido constantes, lo que pudo
comprobar en el origen de los apellidos teutones de quienes fueron candidatos y
candidatas. Migraciones estimuladas por todos los gobiernos anteriores al grado
de asentar a miles de extranjeros en territorios que pertenecen a nuestros
pueblos originarios y que dieron origen a esa vergonzosa “Pacificación de la
Araucanía. Atropellos y crímenes contra los mapuches y otros pueblos ya borrados
del mapa etnográfico nacional, en favor de alemanes, croatas, ingleses y otros
inmigrantes europeos. Muchas veces con menos nivel cultural que los recién
llegados y que, en no pocos casos, vinieron a refugiarse en Chile y otros
países de nuestra Región después de las guerras y genocidios europeos. Dando
origen, ¡cómo no recordarlo!, a un enclave como el de esa fatídica colonia
Dignidad, que sirviera de campo de concentración y exterminio de la Dictadura cívico
militar pinochetista. Asimismo, conviene reconocer, también, que parte
importante de nuestra ascendencia española es la que cometió los crímenes de la
conquista y la guerra de tres siglos en que nuestros pueblos fundacionales
lavaron aquella afrenta imperial...
Muy bien hacen algunas mentes lúcidas, como la de algunos
religiosos, en advertir la horrenda propuesta de expulsar a los migrantes para
no acometer la tarea que sí deben llevar a cabo, cual es la de repatriar y
condenar por la Justicia a los que llegaron a delinquir y que mucho explican la
existencia de las bandas delictuales. Sin embargo, es justo reconocer que es en
la falta de equidad social, en la pobreza y la miseria donde radica la causa de
los jóvenes tentados por los carteles de la droga; así como muchos de los
episodios de violencia que hoy se alimentan en los cientos de campamentos de
los sin casa, sin acceso a la salud, salario digno y educación.
“La Paz fundada en
la Justicia Social”...
Tenemos plena
conciencia que la añorada paz social no va a lograr mediante la represión
callejera, la erradicación de campamentos, el aumento de las cárceles y toda
esa “mano dura” propiciada por derechistas e, incluso, izquierdistas en el
poder. Que,
si no se acomete la justicia social, el trabajo digno y la prohibición de la
riqueza extrema, lo que se va a fomentar son nuevas rebeliones sociales.
Más todavía si el país continúa comprobando las impunidades de los poderosos,
la lenidad de los jueces, la corrupción de la política y de los uniformados.
Está claro que el péndulo que oscila entre
izquierdas y derechas en el gobierno y el Parlamento lo que han logrado es la
misma injusticia institucionalizada. Unos y otros se han mimetizado
ideológicamente en el poder, como asumido las mismas malas prácticas. Que de lo
que se trata urgentemente es de una nueva ética, de nuevos actores políticos y
sociales. De recobrar las ideas del humanismo y de la patria para todos.
Incluso de los que han llegado del extranjero a trabajar y a recordarnos que
prometimos ser una tierra de acogida y de “asilo contra la opresión”, como reza
nuestro Himno Nacional.
Lo subrayado
interpolado es nuestro.





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