¡Magistrados y jueces corruptos!, “La impunidad jamás
será eterna porque existe la Justicia Plena:
La Justicia
Plena consiste en dar a cada cual lo suyo, es decir, lo justo. No es inmanente
ni absoluta, está en el devenir incesante en función de la moralidad social.
Prof. Juan Pablo
Cárdenas S./ Escritor, académico, periodista y analista
internacional/ADDHEE.ONG:
Diario red, el Clarín de Colombia, el nortino de Chile, el Clarín de
Chile, Jornada de México, Xinhua.net, la Haine, enred sin fronteras, red latina
sin fronteras, telesur, publico.es, Amy Goodman/Colombia University, el Sur
Andino, Al Jazeera, Tass, Sputnik:
En las imperfectas democracias
del mundo existen diversas formas para la administración de la justicia y el
nombramiento de magistrados y jueces. Hay regímenes en que la judicatura
depende de los otros poderes del Estado, así como otros en que sus integrantes
son elegidos por los ciudadanos. En el caso chileno, lo que tenemos es un
híbrido en que sus presupuestos y recursos son determinados por el Ejecutivo y
el Legislativo y en que sus máximas autoridades se autogeneran, pero en algunos
casos son determinadas finalmente por los gobiernos y legisladores de turno.
De esta forma, y como se
comprueba fehacientemente, la llamada carrera judicial está altamente
intervenida por la política, lo que ha favorecido desde siempre el tráfico de
influencias, así como la inhibición de los tribunales para dictar sentencias
contra los altos funcionarios públicos que se corrompen en el poder. En la
actualidad ha quedado de manifiesto la lenidad de varios integrantes de la
propia Corte Suprema cuyas resoluciones han favorecido, incluso, a empresas
extranjeras en desmedro del interés nacional. Tal como ocurrió recientemente en
una resolución judicial en favor de una empresa bielorrusa en desmedro de
nuestra cuprífera estatal.
En efecto, el soborno a algunos
magistrados ha develado las siniestras relaciones de estos con los abogados de
dichos intereses foráneos, por lo que arriesgan su destitución del Poder
Judicial, pero debiendo también ser condenados por traición a la patria. Ello
explica las altas sumas de dinero rescatadas de los domicilios de estos, así
como la comprobación de la participación de los prevaricadores en cruceros de
lujo por Europa junto a los abogados que les favorecieron con sus sentencias.
Aunque la Reforma al Código de
Procedimiento Penal impulsó algunas mejoras en la administración de la justicia
chilena es poco o insuficiente lo que se avanzó en materia de renovación de
nuestros jueces y la celeridad de su trabajo. Es público y notorio lo lentas
que son las investigaciones de la justicia y el desmedido tiempo que trascurre
entre una denuncia y su eventual dictamen. Lo que ciertamente favorece la
impunidad en variadas causas, pero especialmente en aquellas que involucran a
la clase política, como a los más poderosos empresarios.
El país se manifiesta pasmado
respecto del mal comportamiento de jueces y magistrados, pero muy poco o nada
ha merecido el comentario de los candidatos presidenciales que en dos semanas
más enfrentarán una segunda ronda electoral. Algo difícil de explicar cuando es
un hecho que el Pueblo Chileno desconfía de la Justicia, concluyendo que ésta
es clasista y perjudica muy especialmente a los pobres.
Poco se sabe todavía cuánta
penetración ha tenido el narcotráfico en nuestros tribunales, aunque la
sospecha existe respecto de resoluciones que en poco tiempo dejan libre a sus
cabecillas y operadores, mientras que en las cárceles reina el imperio de las
mafias de la droga, al tiempo que se descubren con frecuencia candidatos y
políticos que reciben sus aportes, especialmente a nivel municipal. De ello
hablan, varios procesos que comprometen actualmente a algunos ediles, pero que
habitualmente demoran sus resoluciones y hasta logran bochornosos
sobreseimientos. Mucho se comenta que nuestras policías, gendarmes e incluso
militares, han sido sobrepasados por las bandas delictuales o francamente
cooptados por estas. Existiendo decenas de efectivos comprometidos con el
tráfico de estupefacientes y en la permeabilidad de aduanas y controles
fronterizos para el ingreso y salida de las drogas y contrabando de armas.
Mucho explica este actual Estado
de descomposición judicial la misma impunidad que favorecieron los gobiernos de
la posdictadura a aquellos magistrados que fueron cómplices de las graves
violaciones contra los Derechos Humanos. Al renunciar, por ejemplo, a la
posibilidad de destituir a numerosos jueces y magistrados involucrados como
cómplices pasivos y hasta activos del horror que significara las ejecuciones,
torturas y ese sinnúmero de despropósitos cometidos por Pinochet y sus
secuaces. Cuyo régimen hoy merece, increíblemente, la nostalgia de millones de
ciudadanos. Es claro que en la cárcel que hoy tiene encerrado a los más
tenebrosos criminales de la Dictadura debiera haber sitio, también, para tantos
jueces que denigraron su misión.
La responsabilidad penal, se
dice, es siempre personal, pero también existe una negligencia política que
compromete a los actores que se han sucedido en el poder, al grado que la
administración de justicia es otro de los ámbitos en crisis y que hace preciso
que las próximas autoridades manifiesten claramente su voluntad de intervenir
con leyes que otorguen verdadera autonomía a este poder del Estado. Para
impedir que la corrupción siga propagándose, aunque mucho se teme que sea ya
demasiado tarde.
Al menos es necesario
materializar luego la condena de los integrantes de esa red de abogados, jueces
y políticos coludidos para favorecerse mutuamente, como es el bullado “Caso
Hermosilla”, cuyas figuras más comprometidas en el cohecho y tráfico de influencias
probablemente confíen en la ascensión de un nuevo gobierno para lograr la
prescripción de sus causas o conseguir la más tenue de las sanciones. Ojalá que
los nuevos moradores de La Moneda y el Parlamento acometan, por fin, las
reformas necesarias para que la Judicatura se constituya realmente en un poder
del Estado independiente y deje de ser la caja pagadora de los favores
otorgados por la política y el crimen organizado. Condición fundamental para la
profundización de la democracia y la equidad social.
Lo subrayado/interpolado es nuestro




No hay comentarios:
Publicar un comentario