“La Seguridad Es Indivisible y la
Historia Importa”...
Carta
abierta del Prof. Dr.Jeffrey Sachs al canciller alemán Friedrich Merz.
Por
Prof. Dr. Jeffrey D. Sachs* - Académico de la Columbia University/NY/USA,
escritor y analista internacional/ADDHEE.ONG:
Prolegómeno: “Canciller Merz, aprenda historia y sea honesto al respecto. Sin
honestidad no puede haber confianza. Sin confianza, no puede haber seguridad
“... Una carta que no tendrá respuesta, del canciller Merz ni de los jerarcas
de la Unión Europea/OTAN, guerreristas de la rusofobia y de la migrantefobia,
incondicionales del emperador Trump...
Estimados y admirado
Professor Dr. Jeffrey D. Sachs:
Cuando los intereses venales como los
del convicto presidente Trump se sobreponen al ideal de los espíritus
cultos, que constituyen el alma de una
nación, el sentimiento nacional degenera y se corrompe. No hay patria, porque
no hay sentimiento colectivo de nacionalidad, inconfundible con la mentira
patriotera/chovinista, explotada por los
mercachifles plutócratas oligarcas del
consumo y del narcotráfico del imperio estadounidense de la celestina
universal/el dólar. Es lo que ocurre con
las satrapías de la Unión Europea en
general y de la “locomotora alemana” en particular...
Cuando las miserias morales asolan a un país, culpa es de todos que por
falta de educación/cultura, ideales y de coraje ciudadano no han sabido amarlo, como patria: de todos los que
sobreviven de ella sin trabajar por y
para ella:
El emperador sibarita Trump ordena a la
Unión europea no llevar a cabo el
acuerdo con el Mercosur, los serviles europeos lacayos acatan... ¿y los pueblos europeos?
En la patética realidad que sobrevive
Alemania, el espíritu de sus predilectos hijos que la honraron, no tiene
descanso: el Prof. Alexander Von
Humboldt, el Dr. W. Goethe, el Prof. Dr.
Immanuel Kant, etc. Nada les une, todo
les separa a la clase oligarca plutócrata empresarial,
financiera-bancaria/agiotista, agrícola monopolista y su testaferra la clase
burguesa politicastra/castrense guerrerista consumista y drogadicta. Recuerdo
una carta del Prof. Alexander Von Humboldt al
libertador de la Patria Continente América Latina y caribeña Simón
Bolívar Palacios y Blanco, “Señor Presidente, quiera el cielo concederle a
vuestra excelencia, la fuerza, para
consolidar vuestra obra, afirmar y perfeccionar las instituciones libres que
usted ha creado. Yo soy viejo, pero desearía ver la América- el Continente Americano
pacificada y el intercambio de amistad con nuestro viejo mundo”...
Estimado Prof. Dr. Sachs, cuando los
pueblos se domestican y callan los grandes forjadores de ideales como usted
levantan su voz, en el contexto de la reflexión histórica del Dr. W. Goethe, “luchar es vivir, sólo
merecen la libertad y la vida, quienes
cada día las conquistan”, y asumen
el desafío de otro genial europeo, ”cuando la ignorancia, y la
prepotencia de los dueños de la celestina universal/el dólar pretenden
convertirlas en Derecho, la idea el
desafío, de cambiar el mundo, no es una locura, ni una utopía, sino Justicia
Plena”...
Con esperanza y memoria y los mejores
deseos para usted, en lo humano y
profesional, en el año que pronto se inicia, pensando y luchando por ”la Paz
fundada en la Justicia social”, para el Género Humano, de otro genial ser
humano, el Prof. Dr. Kant, le reitero los sentimiento de mi más alta
consideración y estima.
Prof. Moreno Peralta /IWA
Secretario Ejecutivo Addhee.Ong
Canciller
Merz,
Usted
ha hablado repetidamente de la responsabilidad de Alemania en la seguridad
europea. Esa responsabilidad no puede cumplirse con eslóganes, memoria
selectiva o la normalización constante del discurso bélico. Las garantías de
seguridad no son instrumentos unidireccionales. Funcionan en ambos sentidos.
No
se trata de un argumento ruso, ni estadounidense, sino de un principio
fundamental de la seguridad europea, explícitamente recogido en el Acta Final
de Helsinki, el marco de la OSCE y décadas de diplomacia de posguerra.
Alemania tiene el deber de
abordar este momento con seriedad y honestidad históricas.
En ese sentido, la retórica y las decisiones políticas recientes se quedan
peligrosamente cortas.
Desde
1990, las principales preocupaciones de Rusia en materia de seguridad han sido
repetidamente desestimadas, diluidas o directamente violadas, a menudo con la
participación activa o la aquiescencia de Alemania. Este historial no puede
borrarse si se quiere poner fin a la guerra en Ucrania, y no puede ignorarse si
Europa quiere evitar un estado permanente de confrontación.
Al
final de la guerra fría, Alemania dio a los líderes soviéticos y luego rusos
garantías repetidas y explícitas de que la OTAN no se expandiría hacia el este.
Estas garantías se dieron en el contexto de la reunificación alemana. Alemania
se benefició enormemente de ellas.
La
rápida unificación de su país —dentro de la OTAN— no habría tenido lugar sin el
consentimiento soviético basado en esos compromisos. Pretender ahora que esas
garantías nunca importaron, o que fueron meras observaciones casuales, no es
realismo. Es revisionismo histórico.
En 1999, Alemania participó en el
bombardeo de Serbia por parte de la OTAN, la primera gran guerra librada por la
OTAN sin la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU. No
se trató de una acción defensiva. Fue una intervención que sentó un precedente
y alteró fundamentalmente el orden de seguridad posterior a la guerra fría.
Para Rusia, Serbia no era una abstracción. El
mensaje era inequívoco: la OTAN utilizaría la fuerza fuera de su territorio,
sin la aprobación de la ONU y sin tener en cuenta las objeciones rusas.
En
2002, Estados Unidos se retiró unilateralmente del Tratado sobre Misiles
Antibalísticos, piedra angular de la estabilidad estratégica durante tres
décadas. Alemania no planteó ninguna objeción seria. Sin embargo, la erosión de
la arquitectura de control de armas no se produjo en el vacío.
Los
sistemas de defensa antimisiles desplegados más cerca de las fronteras de Rusia
fueron percibidos acertadamente por Rusia como desestabilizadores. Desestimar
esas percepciones como paranoia fue propaganda política, no diplomacia sensata.
En
2008, Alemania reconoció la independencia de Kosovo, a pesar de las
advertencias explícitas de que esto socavaría el principio de integridad
territorial y sentaría un precedente que repercutiría en otros lugares. Una vez
más, las objeciones de Rusia fueron descartadas como mala fe en lugar de
tomarse en serio como preocupaciones estratégicas.
La
presión constante para ampliar la OTAN a Ucrania y Georgia —declarada
formalmente en la Cumbre de Bucarest de 2008— cruzó la línea roja más clara, a
pesar de las objeciones vociferantes, claras, consistentes y repetidas
planteadas por Moscú durante años. Cuando una gran potencia identifica un
interés de seguridad fundamental y lo reitera durante décadas, ignorarlo no es
diplomacia. Es una escalada deliberada.
El
papel de Alemania en Ucrania desde 2014 es especialmente preocupante. Berlín,
junto con París y Varsovia, negoció el acuerdo del 21 de febrero de 2014 entre
el presidente Yanukóvich y la oposición, un acuerdo destinado a detener la
violencia y preservar el orden constitucional. En cuestión de horas, ese
acuerdo se derrumbó. Le siguió un derrocamiento violento. Surgió un nuevo
Gobierno por medios extracontitucionales. Alemania reconoció y apoyó
inmediatamente al nuevo régimen. El acuerdo que Alemania había garantizado fue abandonado
sin consecuencias.
El
acuerdo Minsk II de 2015 debía ser la solución correctiva, un marco negociado
para poner fin a la guerra en el este de Ucrania. Alemania volvió a actuar como
garante. Sin embargo, durante siete años, Ucrania no aplicó el acuerdo Minsk
II. Kiev rechazó abiertamente sus disposiciones políticas. Alemania no las hizo
cumplir. Desde entonces, antiguos líderes alemanes y europeos han reconocido
que Minsk se trató menos como un plan de paz que como una medida de contención.
Esa sola admisión debería obligar a un ajuste de cuentas.
En este contexto, los
llamamientos a más armas, a una retórica más dura y a una «determinación» cada
vez mayor suenan huecos. Piden a Europa que olvide el pasado reciente para
justificar un futuro de confrontación permanente.
Basta
ya de propaganda. Basta ya de infantilizar moralmente a la opinión pública. Los
europeos son perfectamente capaces de comprender que los dilemas de seguridad
son reales, que las acciones de la OTAN tienen consecuencias y que la paz no se
consigue fingiendo que las preocupaciones de Rusia en materia de seguridad no
existen.
La seguridad europea es
indivisible. Ese principio significa que ningún país puede reforzar su
seguridad a expensas de otro sin provocar inestabilidad. También significa que
la diplomacia no es apaciguamiento y que la honestidad histórica no es traición.
Alemania
lo entendió en su día. La Ostpolitik no era debilidad, sino madurez
estratégica. Reconocía que la estabilidad de Europa depende del compromiso, el
control de armas, los lazos económicos y el respeto por los intereses legítimos
de Rusia en materia de seguridad.
Hoy,
Alemania necesita volver a esa madurez. Dejen de hablar como si la guerra fuera
inevitable o virtuosa. Dejen de externalizar el pensamiento estratégico a los
argumentos de la alianza. Empiecen a comprometerse seriamente con la
diplomacia, no como un ejercicio de relaciones públicas, sino como un esfuerzo
genuino por reconstruir una arquitectura de seguridad europea que incluya, en
lugar de excluir, a Rusia.
Una
arquitectura de seguridad europea renovada debe comenzar con claridad y
moderación. En primer lugar, requiere un fin inequívoco de la ampliación de la
OTAN hacia el este: a Ucrania, a Georgia y a cualquier otro Estado a lo largo
de las fronteras de Rusia.
La
expansión de la OTAN no era una característica inevitable del orden posterior a
la guerra fría; fue una decisión política, tomada en violación de las solemnes
garantías dadas en 1990 y llevada a cabo a pesar de las repetidas advertencias
de que desestabilizaría Europa.
La seguridad en Ucrania no vendrá
del despliegue avanzado de tropas alemanas, francesas u otras tropas europeas,
que solo afianzarían la división y prolongarían la guerra. Vendrá a través de
la neutralidad, respaldada por garantías internacionales creíbles.
El
registro histórico es inequívoco: ni la Unión Soviética ni la Federación Rusa
violaron la soberanía de los Estados neutrales en el orden de la posguerra, ni
Finlandia, ni Austria, ni Suecia, ni Suiza, ni otros. La neutralidad funcionó
porque abordaba las preocupaciones legítimas de seguridad de todas las partes.
No hay ninguna razón seria para pretender que no puede volver a funcionar.
En
segundo lugar, la estabilidad requiere desmilitarización y reciprocidad. Las
fuerzas rusas deben mantenerse alejadas de las fronteras de la OTAN, y las
fuerzas de la OTAN —incluidos los sistemas de misiles— deben mantenerse
alejadas de las fronteras de Rusia. La seguridad es indivisible, no unilateral.
Las regiones fronterizas deben desmilitarizarse
mediante acuerdos verificables, no saturarse con más y más armas.
Las
sanciones deben levantarse como parte de un acuerdo negociado; no han logrado
traer la paz y han infligido graves daños a la propia economía europea.
Alemania,
en particular, debe rechazar la confiscación imprudente de los activos
estatales rusos, una violación descarada del derecho internacional que socava
la confianza en el sistema financiero mundial. Revivir la industria alemana
mediante un comercio legal y negociado con Rusia no es una capitulación. Es
realismo económico. Europa no debe destruir su propia base productiva en nombre
de una postura moral.
Por
último, Europa debe volver a los fundamentos institucionales de su propia
seguridad. La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa
(OSCE), y no la OTAN, debe volver a ser el foro central para la seguridad
europea, el fomento de la confianza y el control de armas. La autonomía estratégica de Europa significa precisamente esto: un
orden de seguridad europeo configurado por los intereses europeos, no una
subordinación permanente al expansionismo de la OTAN.
Francia podría ampliar
acertadamente su disuasión nuclear como paraguas de seguridad europeo, pero
solo en una postura estrictamente defensiva, sin sistemas desplegados que
amenacen a Rusia.
Europa
debería presionar urgentemente para que se vuelva al marco del INF y se
entablen negociaciones exhaustivas sobre el control estratégico de las armas
nucleares en las que participen Estados Unidos y Rusia y, con el tiempo, China.
“La
historia se repite como farsa y después como tragedia”...
Y
lo que es más importante, canciller Merz, aprenda historia y sea honesto al
respecto. Sin honestidad, no puede haber confianza. Sin confianza, no puede
haber seguridad. Y sin diplomacia, Europa corre el riesgo de repetir las
catástrofes de las que dice haber aprendido.
La
historia juzgará lo que Alemania decide recordar y lo que decide olvidar. Esta
vez, deje que Alemania elija la diplomacia y la paz, y cumpla su palabra.
Atentamente,
Prof.
Dr. Jeffrey
D. Sachs
Lo
subrayado/interpolado es nuestro.