Solidaridad con Palestina: Francesca Albanese, un ser humano ejemplar y su solidario camino de la rebeldía...
Por Chris Hedges/ Voces del Mundo Artículos.
Pasamos a toda velocidad junto a las aguas oscuras de la
Baie des Anges a nuestra derecha y los Alpes franceses, con sus cumbres
afiladas, a nuestra izquierda. Castillos y grupos de casas con tejados de tejas
rojas, envueltos en la luz del atardecer, se alzan sobre las onduladas laderas.
Las palmeras bordean la carretera que va acompañando al mar.
Francesca, alta, con mechones grises en el pelo, gafas de
montura negra y pendientes de aro, es la bestia negra de Israel y Estados
Unidos. Seis días después de la publicación de su informe «De la economía de la
ocupación a la economía del genocidio», fue incluida en la lista de la Oficina de
Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) del
Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, que normalmente se utiliza para
sancionar a los acusados de blanqueo de capitales o de estar involucrados con
organizaciones terroristas.
La lista de la OFAC —utilizada como arma por la
administración Trump para perseguir a Francesca, en clara violación de la inmunidad
diplomática que se concede a los funcionarios de
la ONU— prohíbe a cualquier institución financiera tener como cliente a alguien
que figure en la lista. Los bancos que permiten a personas incluidas en la
lista de la OFAC realizar transacciones financieras tienen prohibido operar en
dólares, se enfrentan a multas multimillonarias y quedan bloqueados de los
sistemas de pago internacionales.
En su informe, Francesca enumera 48 empresas e instituciones,
entre las que se encuentran Palantir Technologies, Lockheed Martin,
Alphabet Inc., Amazon, International Business Machines Corporation (IBM),
Caterpillar Inc., Microsoft Corporation y el Instituto Tecnológico de
Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), junto con bancos y entidades
financieras como BlackRock, aseguradoras, empresas inmobiliarias y
organizaciones benéficas, que, en violación del derecho internacional, están
ganando miles de millones con la ocupación y el genocidio de los palestinos.
El informe, que incluye una base de datos de más de 1.000
entidades corporativas que colaboran con Israel, exige a estas empresas e
instituciones que rompan sus vínculos con Israel o que rindan cuentas por su
complicidad en crímenes de guerra. Describe la «ocupación eterna» de Israel
como «el campo de pruebas ideal para los fabricantes de armas y las grandes
empresas tecnológicas, ya que proporciona una oferta y una demanda ilimitadas,
poca supervisión y cero responsabilidad, mientras que los inversores y las
instituciones privadas y públicas se benefician libremente».
Pueden ver mi entrevista con Francesca sobre el
informe aquí.
Francesca, cuyos informes anteriores, entre los que se
incluyen «Gaza Genocide: a collective crime»
(Genocidio en Gaza: un crimen colectivo) y «Genocide as colonial erasure» (El genocidio
como borrado colonial), junto con sus apasionadas denuncias de la matanza
masiva de Israel en Gaza, la han convertido en un foco de atención. Es
criticada cada vez que se desvía del guion aprobado, incluso cuando
manifestantes propalestinos irrumpieron en la sede del diario italiano La
Stampa mientras estábamos en Italia.
Francesca condenó la incursión y la destrucción
de la propiedad —los manifestantes esparcieron los periódicos y pintaron
consignas en las paredes con spray, como «Palestina libre» y «Periódicos
cómplices de Israel»—, pero añadió que debería servir como «advertencia a la
prensa» para que haga bien su trabajo. Esa reserva expresaba su frustración por
el descrédito que los medios de
comunicación han dado a la información de los periodistas palestinos —más de
278 periodistas y trabajadores de los medios de comunicación han sido asesinados por Israel desde el 7 de
octubre, junto con más de 700 miembros de sus familias— y por la amplificación
acrítica de la propaganda israelí. Pero sus detractores, entre ellos la primera ministra
italiana Giorgia Meloni, aprovecharon esa declaración para lincharla.
El secretario de Estado Marco Rubio impuso sanciones a
Francesca en julio.
«Estados Unidos ha condenado y objetado repetidamente las
actividades sesgadas y maliciosas de Albanese, que desde hace tiempo la hacen
inadecuada para el cargo de relatora especial», se lee en el comunicado de prensa del
Departamento de Estado. «Albanese ha vomitado un antisemitismo descarado, ha
expresado su apoyo al terrorismo y ha mostrado un desprecio abierto hacia
Estados Unidos, Israel y Occidente. Esa parcialidad ha sido evidente a lo largo
de toda su carrera, incluyendo la recomendación de que la CPI, sin base
legítima, emitiera órdenes de arresto contra el primer ministro israelí
Benjamin Netanyahu y el exministro de Defensa Yoav Gallant».
«Recientemente ha intensificado esta campaña enviando cartas
amenazadoras a docenas de entidades de todo el mundo, incluidas importantes
empresas estadounidenses de los sectores financiero, tecnológico, de defensa,
energético y hotelero, en las que formula acusaciones extremas e infundadas y
recomienda a la CPI [Corte Penal Internacional] que investigue y procese a
estas empresas y a sus ejecutivos», continuaba el comunicado. «No toleraremos
estas campañas de guerra política y económica, que amenazan nuestros intereses
nacionales y nuestra soberanía».
Las sanciones se suman a las impuestas en febrero y junio al fiscal del tribunal Karim Khan y a dos jueces por emitir órdenes de
arresto contra Netanyahu y Gallant.
Francesca tiene prohibido entrar en Estados Unidos, incluso
para comparecer ante las Naciones Unidas en Nueva York y presentar uno de sus
dos informes anuales. El otro se entrega en la Oficina de las Naciones Unidas
en Ginebra.
Los activos de Francesca en Estados Unidos han sido
congelados, incluida su cuenta bancaria y su apartamento en ese país. Las
sanciones la han aislado del sistema bancario internacional, bloqueando incluso
el uso de sus tarjetas de crédito. Su seguro médico privado se niega a reembolsarle
los gastos médicos. Las habitaciones de hotel reservadas a su nombre han sido
canceladas. Sólo puede operar con dinero en efectivo o pidiendo prestada una
tarjeta bancaria.
Las instituciones, incluidas universidades estadounidenses, grupos de
derechos humanos, profesores y ONG, que antes cooperaban con Francesca, han
roto sus vínculos con ella por temor a las sanciones establecidas para
cualquier ciudadano estadounidense que colabore con ella. Ella y su familia
reciben frecuentes amenazas de muerte. Israel y Estados Unidos han montado una
campaña para que sea destituida de su cargo en la ONU.
Francesa es la prueba de que cuando se defiende con firmeza
a los oprimidos, se es tratado como ellos.
No está segura de si su libro, «When the World Sleeps:
Stories, Words, and Wounds of Palestine» (Cuando el mundo duerme: historias,
palabras y heridas de Palestina), que ha sido traducido al inglés y cuya
publicación está prevista para abril del próximo año, podrá distribuirse en
Estados Unidos.
«Soy una persona sancionada», afirma con pesar.
Pero no se deja intimidar. Su próxima salva será un informe
que documenta la tortura de palestinos en las cárceles israelíes. Aunque, según
ella, la tortura «no era generalizada» antes del 7 de octubre, ahora se ha
convertido en algo omnipresente. Está recopilando testimonios
de personas que han sido liberadas de las cárceles israelíes.
«Me recuerda a las historias y testimonios que leí sobre la
dictadura argentina», me cuenta Francesca. «Es igual de grave. Es una tortura
sistémica contra las mismas personas. Las mismas personas son secuestradas,
violadas y devueltas, secuestradas, violadas y devueltas».
«¿Mujeres?», pregunto.
«Ambos géneros», responde.
«Que las mujeres te cuenten que han sido violadas, varias
veces. Que les han pedido que masturben a los soldados. Es increíble», dice
Francesca. «Que una mujer diga eso. ¿Te imaginas lo que han soportado? Hay
personas que han perdido el habla. No pueden hablar. No pueden hablar después
de lo que han soportado».
Las organizaciones mediáticas establecidas, dice, no sólo
repiten obedientemente las mentiras israelíes, sino que bloquean
sistemáticamente las informaciones que reflejan negativamente a Israel.
«En abril, informé de los primeros casos de acoso sexual y
violación que habían tenido lugar en enero y febrero de 2024», dice. «La gente
no quería escuchar. El New York Times me entrevistó durante dos horas,
pero no escribieron ni una línea al respecto».
«El Financial Times tenía, debido a la relevancia
del tema, una versión embargada de ‘From economy of occupation to economy of
genocide’ (De la economía de la ocupación a la economía del genocidio)»,
afirma. «No la publicaron. Ni siquiera publicaron una reseña, un artículo, días
después de la rueda de prensa. Pero sí publicaron una crítica de mi informe. Me
reuní con ellos. Les dije: ‘Esto es realmente deprimente. ¿Quiénes son ustedes?
¿Les pagan por el trabajo que hacen? ¿A quiénes son leales, a sus lectores?’.
Les presioné. Me respondieron: ‘Bueno, no consideramos que cumpliera con
nuestros estándares’».
Le explico que así es como el New York
Times rechaza las historias de los periodistas que los editores consideran
demasiado incendiarias.
«Desacreditan tus fuentes independientemente de cuáles
sean», le digo. «Eso se convierte en el pretexto para no publicarlas. No es una
discusión de buena fe. No están haciendo un análisis justo de tus fuentes. Las
están descartando categóricamente. No te están diciendo la verdad, que es: ‘No
queremos tener que lidiar con Israel y el lobby israelí’. Esa es la verdad. No
lo dicen. Siempre te dicen: ‘No cumple con nuestros estándares’».
«Ya no hay medios de comunicación libres, ni prensa libre en
Italia», se lamenta Francesca. «Los hay, pero son marginales o están al margen.
Son una excepción. Los principales periódicos están en manos de grupos
vinculados a los grandes poderes, los poderes financieros y económicos. El
Gobierno controla, directa o indirectamente, gran parte de la televisión
italiana».
La deriva hacia el fascismo en Europa y Estados Unidos,
afirma Francesca, está íntimamente ligada al genocidio, al igual que la
resistencia emergente.
«Hay una ira y un descontento crecientes hacia los líderes
políticos en Europa», afirma. «También hay un temor que persiste en muchos
países debido al auge de la derecha. Nosotros ya hemos pasado por eso. Hay
personas que tienen recuerdos vivos del fascismo en Europa. Las cicatrices del
nazifascismo siguen ahí, incluso el trauma. La gente no puede asimilar lo que
ha pasado y por qué ha pasado. Palestina ha conmocionado a la gente. A los
italianos en particular. Quizás porque somos quienes somos, en el sentido de
que no nos pueden silenciar tan fácilmente, no nos podemos asustar como les ha
pasado a los alemanes y a los franceses. Me impactó lo que vi en Francia. El
miedo y la represión son increíbles. No es tan grave como en Alemania, pero es
mucho peor que hace dos años. El ministro de Educación francés canceló una
conferencia académica sobre Palestina en el Collège de France, la institución
más importante de Francia. ¡El ministro de Educación! Y se jactó de haberlo
hecho».
Francesca dice que nuestra única esperanza ahora es la
desobediencia civil, plasmada en acciones como huelgas que perturban el
comercio y el gobierno o los intentos de las flotillas de llegar a Gaza.
«Las flotillas crearon esta sensación de ‘Oh, puede hacerse
algo’», dice. «No somos impotentes. Podemos marcar la diferencia incluso
sacudiendo el suelo, haciendo tambalear el barco. Luego han llegado los
trabajadores. Los estudiantes ya se han movilizado. A través de las diversas
protestas se ha creado la sensación de que aún podemos cambiar las cosas. La
gente ha empezado a atar cabos».
Francesca presentó su informe de 24 páginas titulado «Genocidio en Gaza: un crimen colectivo»
ante la Asamblea General de la ONU en octubre, un informe que tuvo que
ser entregado de forma remota desde la
Fundación Desmond y Leah Tutu Legacy en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, debido a
las sanciones.
Danny Danon, embajador de Israel ante las Naciones Unidas,
tras su presentación, dijo: «Sra. Albanese, usted es una bruja y este informe
es otra página de su libro de hechizos». La acusó de intentar «maldecir a
Israel con mentiras y odio».
«Cada página de este informe es un hechizo vacío, cada
acusación, un encantamiento que no funciona, porque usted es una bruja
fracasada», continuó Danon.
«Desencadenó un momento de iluminación», dice Francesca
sobre los insultos. «Lo relacioné con la injusticia que han sufrido las mujeres
a lo largo de los siglos».
«Lo que está sucediendo con los palestinos y con quienes
alzan la voz en su defensa es el equivalente en 2025 a quemar brujas en la
plaza pública», continúa. «Se hizo con los científicos y teólogos que no se
alineaban con la Iglesia católica. Se hizo con las mujeres que poseían el poder
de las hierbas. Se hizo con las minorías religiosas, con los pueblos indígenas,
como el pueblo sami».
«Palestina», dice Francesca, «ha abierto un portal a la
historia, a nuestros orígenes y a lo que nos arriesgamos si no ponemos freno a
todo esto».
Traducido del inglés por Sinfo Fernández





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