jueves, 15 de enero de 2026

Solidaridad con Palestina: Francesca Albanese, un ser humano ejemplar y su solidario camino de la rebeldía...


Solidaridad con Palestina: Francesca Albanese, un ser humano ejemplar y su solidario camino de la rebeldía...

Por Chris Hedges/ Voces del Mundo Artículos.

NIZA, Francia — Es una tarde de finales de noviembre. Conduzco hacia Génova, Italia, con Francesca Albanese, relatora especial de la ONU sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967. Viajamos para unirnos a los trabajadores portuarios en huelga. Los trabajadores portuarios piden una moratoria sobre las armas destinadas a Israel y que se detengan los planes del Gobierno italiano de aumentar el gasto militar.

Pasamos a toda velocidad junto a las aguas oscuras de la Baie des Anges a nuestra derecha y los Alpes franceses, con sus cumbres afiladas, a nuestra izquierda. Castillos y grupos de casas con tejados de tejas rojas, envueltos en la luz del atardecer, se alzan sobre las onduladas laderas. Las palmeras bordean la carretera que va acompañando al mar.

Francesca, alta, con mechones grises en el pelo, gafas de montura negra y pendientes de aro, es la bestia negra de Israel y Estados Unidos. Seis días después de la publicación de su informe «De la economía de la ocupación a la economía del genocidio», fue incluida en la lista de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, que normalmente se utiliza para sancionar a los acusados de blanqueo de capitales o de estar involucrados con organizaciones terroristas.

La lista de la OFAC —utilizada como arma por la administración Trump para perseguir a Francesca, en clara violación de la inmunidad diplomática que se concede a los funcionarios de la ONU— prohíbe a cualquier institución financiera tener como cliente a alguien que figure en la lista. Los bancos que permiten a personas incluidas en la lista de la OFAC realizar transacciones financieras tienen prohibido operar en dólares, se enfrentan a multas multimillonarias y quedan bloqueados de los sistemas de pago internacionales.

En su informe, Francesca enumera 48 empresas e instituciones, entre las que se encuentran Palantir Technologies, Lockheed Martin, Alphabet Inc., Amazon, International Business Machines Corporation (IBM), Caterpillar Inc., Microsoft Corporation y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), junto con bancos y entidades financieras como BlackRock, aseguradoras, empresas inmobiliarias y organizaciones benéficas, que, en violación del derecho internacional, están ganando miles de millones con la ocupación y el genocidio de los palestinos.

El informe, que incluye una base de datos de más de 1.000 entidades corporativas que colaboran con Israel, exige a estas empresas e instituciones que rompan sus vínculos con Israel o que rindan cuentas por su complicidad en crímenes de guerra. Describe la «ocupación eterna» de Israel como «el campo de pruebas ideal para los fabricantes de armas y las grandes empresas tecnológicas, ya que proporciona una oferta y una demanda ilimitadas, poca supervisión y cero responsabilidad, mientras que los inversores y las instituciones privadas y públicas se benefician libremente».

Pueden ver mi entrevista con Francesca sobre el informe aquí.

Francesca, cuyos informes anteriores, entre los que se incluyen «Gaza Genocide: a collective crime» (Genocidio en Gaza: un crimen colectivo) y «Genocide as colonial erasure» (El genocidio como borrado colonial), junto con sus apasionadas denuncias de la matanza masiva de Israel en Gaza, la han convertido en un foco de atención. Es criticada cada vez que se desvía del guion aprobado, incluso cuando manifestantes propalestinos irrumpieron en la sede del diario italiano La Stampa mientras estábamos en Italia.

Francesca condenó la incursión y la destrucción de la propiedad —los manifestantes esparcieron los periódicos y pintaron consignas en las paredes con spray, como «Palestina libre» y «Periódicos cómplices de Israel»—, pero añadió que debería servir como «advertencia a la prensa» para que haga bien su trabajo. Esa reserva expresaba su frustración por el descrédito que los medios de comunicación han dado a la información de los periodistas palestinos —más de 278 periodistas y trabajadores de los medios de comunicación han sido asesinados por Israel desde el 7 de octubre, junto con más de 700 miembros de sus familias— y por la amplificación acrítica de la propaganda israelí. Pero sus detractores, entre ellos la primera ministra italiana Giorgia Meloni, aprovecharon esa declaración para lincharla.

El secretario de Estado Marco Rubio impuso sanciones a Francesca en julio.

«Estados Unidos ha condenado y objetado repetidamente las actividades sesgadas y maliciosas de Albanese, que desde hace tiempo la hacen inadecuada para el cargo de relatora especial», se lee en el comunicado de prensa del Departamento de Estado. «Albanese ha vomitado un antisemitismo descarado, ha expresado su apoyo al terrorismo y ha mostrado un desprecio abierto hacia Estados Unidos, Israel y Occidente. Esa parcialidad ha sido evidente a lo largo de toda su carrera, incluyendo la recomendación de que la CPI, sin base legítima, emitiera órdenes de arresto contra el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el exministro de Defensa Yoav Gallant».

«Recientemente ha intensificado esta campaña enviando cartas amenazadoras a docenas de entidades de todo el mundo, incluidas importantes empresas estadounidenses de los sectores financiero, tecnológico, de defensa, energético y hotelero, en las que formula acusaciones extremas e infundadas y recomienda a la CPI [Corte Penal Internacional] que investigue y procese a estas empresas y a sus ejecutivos», continuaba el comunicado. «No toleraremos estas campañas de guerra política y económica, que amenazan nuestros intereses nacionales y nuestra soberanía».

Las sanciones se suman a las impuestas en febrero y junio al fiscal del tribunal Karim Khan y a dos jueces por emitir órdenes de arresto contra Netanyahu y Gallant.

Francesca tiene prohibido entrar en Estados Unidos, incluso para comparecer ante las Naciones Unidas en Nueva York y presentar uno de sus dos informes anuales. El otro se entrega en la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra.

Los activos de Francesca en Estados Unidos han sido congelados, incluida su cuenta bancaria y su apartamento en ese país. Las sanciones la han aislado del sistema bancario internacional, bloqueando incluso el uso de sus tarjetas de crédito. Su seguro médico privado se niega a reembolsarle los gastos médicos. Las habitaciones de hotel reservadas a su nombre han sido canceladas. Sólo puede operar con dinero en efectivo o pidiendo prestada una tarjeta bancaria.

Las instituciones, incluidas universidades estadounidenses, grupos de derechos humanos, profesores y ONG, que antes cooperaban con Francesca, han roto sus vínculos con ella por temor a las sanciones establecidas para cualquier ciudadano estadounidense que colabore con ella. Ella y su familia reciben frecuentes amenazas de muerte. Israel y Estados Unidos han montado una campaña para que sea destituida de su cargo en la ONU.

Francesa es la prueba de que cuando se defiende con firmeza a los oprimidos, se es tratado como ellos.

No está segura de si su libro, «When the World Sleeps: Stories, Words, and Wounds of Palestine» (Cuando el mundo duerme: historias, palabras y heridas de Palestina), que ha sido traducido al inglés y cuya publicación está prevista para abril del próximo año, podrá distribuirse en Estados Unidos.

«Soy una persona sancionada», afirma con pesar.

Pero no se deja intimidar. Su próxima salva será un informe que documenta la tortura de palestinos en las cárceles israelíes. Aunque, según ella, la tortura «no era generalizada» antes del 7 de octubre, ahora se ha convertido en algo omnipresente. Está recopilando testimonios de personas que han sido liberadas de las cárceles israelíes.

«Me recuerda a las historias y testimonios que leí sobre la dictadura argentina», me cuenta Francesca. «Es igual de grave. Es una tortura sistémica contra las mismas personas. Las mismas personas son secuestradas, violadas y devueltas, secuestradas, violadas y devueltas».

«¿Mujeres?», pregunto.

«Ambos géneros», responde.

«Que las mujeres te cuenten que han sido violadas, varias veces. Que les han pedido que masturben a los soldados. Es increíble», dice Francesca. «Que una mujer diga eso. ¿Te imaginas lo que han soportado? Hay personas que han perdido el habla. No pueden hablar. No pueden hablar después de lo que han soportado».

Las organizaciones mediáticas establecidas, dice, no sólo repiten obedientemente las mentiras israelíes, sino que bloquean sistemáticamente las informaciones que reflejan negativamente a Israel.

«En abril, informé de los primeros casos de acoso sexual y violación que habían tenido lugar en enero y febrero de 2024», dice. «La gente no quería escuchar. El New York Times me entrevistó durante dos horas, pero no escribieron ni una línea al respecto».

«El Financial Times tenía, debido a la relevancia del tema, una versión embargada de ‘From economy of occupation to economy of genocide’ (De la economía de la ocupación a la economía del genocidio)», afirma. «No la publicaron. Ni siquiera publicaron una reseña, un artículo, días después de la rueda de prensa. Pero sí publicaron una crítica de mi informe. Me reuní con ellos. Les dije: ‘Esto es realmente deprimente. ¿Quiénes son ustedes? ¿Les pagan por el trabajo que hacen? ¿A quiénes son leales, a sus lectores?’. Les presioné. Me respondieron: ‘Bueno, no consideramos que cumpliera con nuestros estándares’».

Le explico que así es como el New York Times rechaza las historias de los periodistas que los editores consideran demasiado incendiarias.

«Desacreditan tus fuentes independientemente de cuáles sean», le digo. «Eso se convierte en el pretexto para no publicarlas. No es una discusión de buena fe. No están haciendo un análisis justo de tus fuentes. Las están descartando categóricamente. No te están diciendo la verdad, que es: ‘No queremos tener que lidiar con Israel y el lobby israelí’. Esa es la verdad. No lo dicen. Siempre te dicen: ‘No cumple con nuestros estándares’».

«Ya no hay medios de comunicación libres, ni prensa libre en Italia», se lamenta Francesca. «Los hay, pero son marginales o están al margen. Son una excepción. Los principales periódicos están en manos de grupos vinculados a los grandes poderes, los poderes financieros y económicos. El Gobierno controla, directa o indirectamente, gran parte de la televisión italiana».

La deriva hacia el fascismo en Europa y Estados Unidos, afirma Francesca, está íntimamente ligada al genocidio, al igual que la resistencia emergente.

«Hay una ira y un descontento crecientes hacia los líderes políticos en Europa», afirma. «También hay un temor que persiste en muchos países debido al auge de la derecha. Nosotros ya hemos pasado por eso. Hay personas que tienen recuerdos vivos del fascismo en Europa. Las cicatrices del nazifascismo siguen ahí, incluso el trauma. La gente no puede asimilar lo que ha pasado y por qué ha pasado. Palestina ha conmocionado a la gente. A los italianos en particular. Quizás porque somos quienes somos, en el sentido de que no nos pueden silenciar tan fácilmente, no nos podemos asustar como les ha pasado a los alemanes y a los franceses. Me impactó lo que vi en Francia. El miedo y la represión son increíbles. No es tan grave como en Alemania, pero es mucho peor que hace dos años. El ministro de Educación francés canceló una conferencia académica sobre Palestina en el Collège de France, la institución más importante de Francia. ¡El ministro de Educación! Y se jactó de haberlo hecho».

Francesca dice que nuestra única esperanza ahora es la desobediencia civil, plasmada en acciones como huelgas que perturban el comercio y el gobierno o los intentos de las flotillas de llegar a Gaza.

«Las flotillas crearon esta sensación de ‘Oh, puede hacerse algo’», dice. «No somos impotentes. Podemos marcar la diferencia incluso sacudiendo el suelo, haciendo tambalear el barco. Luego han llegado los trabajadores. Los estudiantes ya se han movilizado. A través de las diversas protestas se ha creado la sensación de que aún podemos cambiar las cosas. La gente ha empezado a atar cabos».

Francesca presentó su informe de 24 páginas titulado «Genocidio en Gaza: un crimen colectivo» ante la Asamblea General de la ONU en octubre, un informe que tuvo que ser entregado de forma remota desde la Fundación Desmond y Leah Tutu Legacy en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, debido a las sanciones.

Danny Danon, embajador de Israel ante las Naciones Unidas, tras su presentación, dijo: «Sra. Albanese, usted es una bruja y este informe es otra página de su libro de hechizos». La acusó de intentar «maldecir a Israel con mentiras y odio».

«Cada página de este informe es un hechizo vacío, cada acusación, un encantamiento que no funciona, porque usted es una bruja fracasada», continuó Danon.

«Desencadenó un momento de iluminación», dice Francesca sobre los insultos. «Lo relacioné con la injusticia que han sufrido las mujeres a lo largo de los siglos».

«Lo que está sucediendo con los palestinos y con quienes alzan la voz en su defensa es el equivalente en 2025 a quemar brujas en la plaza pública», continúa. «Se hizo con los científicos y teólogos que no se alineaban con la Iglesia católica. Se hizo con las mujeres que poseían el poder de las hierbas. Se hizo con las minorías religiosas, con los pueblos indígenas, como el pueblo sami».

«Palestina», dice Francesca, «ha abierto un portal a la historia, a nuestros orígenes y a lo que nos arriesgamos si no ponemos freno a todo esto».

Traducido del inglés por Sinfo Fernández

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