La maldita guerra del convicto emperador Trump no es contra el narcotráfico, sino por el narcotráfico:
Por Aram Ahoronian, Montevideo Uruguay
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¿Los carteles del narcotráfico en Estados Unidos son
organizaciones terroristas, para el emperador Trump? ¿Cuándo los va a
bombardear?
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Los carteles estadounidenses del narcotráfico controlaban
la producción transporte y venta de las drogas especialmente la cocaína en el
patio trasero latinoamericano, pero se empezó a desgranar el negocio, porque
carteles de México, Colombia, Panamá y Brasil empezaron a ser sus propios
negocios especialmente en la Unión Europea. Esto afecto las finanzas de Estados
Unidos.
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Emperador Trump y el narcotráfico: la viga en los propios
ojos. ADDHEE.ONG
La
operación militar de los Estados Unidos que secuestró al presidente venezolano
Nicolás Maduro y lo llevó a un tribunal de Nueva York marca una encrucijada que
algunos resuelven simplemente apelando a afinidades ideológicas.
Por
un lado, el hecho de que el presidente estadounidense Donald Trump decida
unilateralmente violar el territorio de un país soberano y retirar a quien
ejercía como líder político implica una violación total de los principios
pacifistas bajo los cuales se ha regido Sudamérica justamente desde el fin de las
múltiples dictaduras cívico militares fascistas impulsadas en
gran medida por Estados Unidos hacía fines del siglo XX. Y es en EEUU
donde se ha ido extendiendo el consumo de drogas, desde la cocaína, la
heroína y la marihuana, hasta los opioides y las sustancias sintéticas como el
fentanilo.
Es
más: en una notificación confidencial enviada al Congreso, el presidente Donald
Trump ha decidido que su país está inmerso en un “conflicto armado” formal con
los cárteles del narcotráfico, designados por su régimen como
organizaciones terroristas y que los presuntos narcotraficantes de estos grupos
son “combatientes ilegales”.
El
comunicado añade nuevos detalles a la justificación jurídica poco articulada
del gobierno de la razón por la que deben considerarse lícitos y no asesinatos
los ataques militares estadounidenses que el presidente ordenó el mes pasado
contra embarcaciones en el mar Caribe, en los que murieron pescadores, que iban
a bordo.
El consumo de drogas en Estados Unidos es un problema de salud pública significativo. Desde 1999, más de 1,15 millones de estadounidenses han muerto por sobredosis, y el 51.2% de la población mayor de 12 años ha consumido drogas al menos una vez en su vida. El presupuesto anual para combatir el problema sumó
44.5 mil millones de dólares en 2024. Se
trata, sin duda, de un problema social que no puede ser confrontado solo
bombardeando lanchas en el Mar Caribe (nunca se comprobó que llevaran
drogas).
El
bombardeo contra el transporte latinoamericano del narcotráfico por el
emperador Trump, tiene un motivo fundamental que afecto y afecta las finanzas
de Estados Unidos
La
decisión de Trump de calificar su campaña contra los cárteles como un conflicto
armado activo significa que está consolidando su reclamo de poderes
extraordinarios en tiempos de guerra y para ello encontró una buena excusa. En
un conflicto armado, tal como lo define el derecho internacional, un país puede
matar combatientes enemigos aunque no supongan una amenaza, detenerlos
indefinidamente sin juicio y procesarlos en tribunales militares.
Y
así lo hizo: atacó Venezuela, secuestró al presidente Nicolás Maduro y a su
esposa Cilia Flores, asesinó a cerca de un centenar de personas, con el mero fin
de apoderarse de una de las mayores reservas petroleras del mundo. Todo un
demócrata que ahora amenaza anexarse Groenlandia, territorio ártico de
Dinamarca.
Argumentar
que Estados Unidos es solo un país consumidor de drogas, como sistemáticamente
define su gobierno la crisis interna de narcóticos al considerar que son
víctimas de las organizaciones del narcotráfico internacional, es ver toda esa
compleja realidad con anteojeras. El tráfico de drogas en Estados Unidos
no responde a un modelo de control territorial o violencia extrema, sino a una
estructura fragmentada, sigilosa y altamente funcional, capaz de moverse con
rapidez por una geografía tan extensa como diversa.
Se
trata de un negocio multimillonario que deja sólidas ganancias, próspero en su
país, con una población demandante de drogas que lo convierte en principal
mercado.
Según
un informe del FBI, en 2024 en Estados Unidos había unas 33.000 pandillas
violentas que tenían un aproximado de 1,4 millones de miembros. Ese año se
interceptaron más de 17.000 kilogramos de cocaína solo en el suroeste del
país: se detectó un aumento en el uso de túneles subterráneos,
embarcaciones semisumergibles, drones y vehículos comerciales. La innovación
tecnológica responde al intento constante de evitar la vigilancia aduanera
y maximizar el margen de ganancia.
Estados
Unidos no es solo uno de los países más afectados por el consumo
de drogas; es también el punto final de una cadena global que empieza a
miles de kilómetros, en laboratorios clandestinos, campos de cultivo y puertos
del hemisferio sur, pero que cuenta con el poder financiero de los grupos
estadounidenses. Los responsables de la producción y distribución de
estupefacientes ilegales no son solamente los ya conocidos cárteles del
narcotráfico que operan en México, Ecuador, Colombia, Perú, o desde países
europeos, sino los propios, los que el presidente Donald Trump simula
desconocer.
Trump
ha admitido el peligro, la violencia y los altos niveles de inseguridad
generados por la delincuencia interna en ciudades clave como Washington D.C.,
Chicago, Baltimore, Nueva York, Los Ángeles, entre muchas otras, pero prefiere
decir que se debe a inmigrantes. No se le ocurrió bombardear esas ciudades como
sí lo hizo en Caracas. ¿Los carteles yanquis en Estados Unidos son
organizaciones terroristas?
Según
las autoridades, existen varias bandas criminales vinculadas al narcotráfico
que operan como consagrados cárteles estadounidenses y cuentan con sofisticados
procedimientos financieros. Solo en Watts, un vecindario ubicado al sur de Los
Ángeles, California, operan cuatro poderosas organizaciones: la ‘Grape Street
Crips’; la ‘PJ Watts Crips’, los ‘Bounty Hunter Bloods’ y ‘Hacienda Village
Bloods’, culpables de poseer, distribuir y conspirar para la venta ilícita de
drogas como fentanilo, heroína y cocaína,
De
acuerdo con el Departamento de Justicia, los dos grandes cárteles de Los
Ángeles, con influencia y extensiones en gran parte de EE.UU. son los ‘Crips’ y
los ‘Bloods’, que operan a través de escisiones de pandillas más locales que se
encargan del microtráfico y otros delitos vinculados para hacerse del control
de zonas de influencia.
Otro
de los cárteles narcos que surgió como pandilla en Boston es el ‘H Block
Street’, grupo criminal que ha logrado tener fuerte influencia en esa región
estadounidense y que además genera terror en la comunidad.
Las
organizaciones criminales de América Latina se convirtieron en las principales
proveedoras de estupefacientes a partir de la segunda mitad del siglo XX, que
es cuando surge la primera referencia a los «carteles» de las drogas. Se los
identificaba así porque cabían en el concepto alemán de «kartell», que es la
confabulación entre comerciantes para eliminar la competencia y controlar los
precios y distribución de un producto cualquiera.
Steven
Dudley, codirector del centro de investigación y análisis Insight
Crime, advierte que «cartel» es una «designación inventada» que hizo
Estados Unidos para referirse a los grandes grupos criminales
transnacionales. Sostiene que “no tiene validez académica, se utiliza tan
ampliamente que ha dejado de significar algo».
Lejos
de perder la guerra lanzada por el entonces presidente Richard Nixon, carteles
como el de Medellín y el del Cali, en Colombia, o el de Guadalajara (luego
llamado del Pacífico o de Sinaloa), el de Juárez, el de Tijuana o el del Golfo,
en México, se convirtieron desde los años 80 en lucrativas organizaciones
criminales que obtenían miles de millones de dólares en EE.UU., el mayor
mercado de drogas del mundo, contando con la vista gorda de los gobernantes
estadounidenses y del sistema financiero, lavador del dinero generado.
Los
carteles estadounidenses pactan el envío a las fronteras de cargamentos de
drogas y a partir de ahí se encargan de la logística de transportarla,
distribuirla y venderla para después repartir las ganancias y pagar a través
del lavado de dinero en el sistema financiero estadounidense y el transporte
oculto de efectivo por la frontera sur de EE.UU.
El
exjefe interino de la DEA, Jack Riley, habló públicamente de la presencia de
carteles estadounidenses en mayo 2016 en una audiencia ante el Congreso de
EE.UU. la «Iniciativa de Carteles Domésticos» (ICD, Domestic Carteles
Initiative). A los funcionarios de la DEA y de otras agencias
gubernamentales no se les permite hablar de «carteles estadounidenses», no
porque el gobierno de Trump esté actuando en contra de ellos, sino porque les
quitaría ese tono imperialista de querer imponer las reglas a nivel
internacional en la lucha contra el trasiego de drogas.
Es
el juego de la narrativa, de un doble sentido del gobierno de EE.UU. Si
el presidente dijera ‘nuestros carteles’, les daría argumentos a otros países
para decir ‘Si tú estás admitiendo que tienes carteles, cómo me estás acusando
a mí'».
El
primer eslabón del tráfico de drogas está fuera del país. Los cargamentos
(sobre todo cocaína, metanfetamina, fentanilo y heroína) se producen o se
ensamblan en países como México, Colombia y China, según el FBI. En el caso
del fentanilo, los precursores químicos llegan desde Asia, se procesan en
laboratorios mexicanos y se introducen al mercado estadounidense a través de
múltiples vías. Al menos eso es lo que sostiene el gobierno.
Estados
Unidos alberga el mercado de drogas ilícitas más grande del
mundo. Aunque el consumo ha crecido significativamente en otras regiones
como Europa Occidental, América del Sur y Oceanía, la
magnitud del mercado estadounidense no tiene todavía parangón, tanto por
cantidad de consumidores como por índices de prevalencia: los
estadounidenses gastan aproximadamente 150 mil millones de dólares al año en
drogas ilícitas y difícilmente la culpa de eso la tenga Venezuela o
Nicolás Maduro.
Si
bien la mayoría de los consumidores de drogas ilícitas no desarrolla patrones
de comportamiento problemático, Estados Unidos ha enfrentado al menos
cuatro grandes epidemias en su historia reciente: la heroína a fines
de los años sesenta, la cocaína en polvo a mediados de
los setenta en las grandes ciudades, el crack en
los ochenta y las metanfetaminas durante los noventa y
principios del nuevo siglo. Sin embargo, el desafío más letal ha surgido en los
últimos años: el fentanilo.
La producción
de cocaína se encuentra en niveles históricos y las sobredosis
asociadas a esta sustancia han crecido en Estados Unidos, pero la atención
de Trump se había centrado en México y
el fentanilo (sustancia 50 veces más adictiva que la heroína),
presionando al gobierno de Claudia Sheinbaum para que profundice
su control sobre la migración irregular y combata con mayor rigor la manufactura
y tráfico de fentanilo hacia EEUU.
Trump
no solo designó a los cárteles de drogas como organizaciones terroristas, sino
que también propuso desplegar sus fuerzas armadas en territorio mexicano,
amenazando además con imponer aranceles comerciales en caso de
inacción por parte del gobierno de Sheinbaum.
* Colectivo del Observatorio en
Comunicación y Democracia (Comunican), Fundación para la Integración
Latinoamericana (FILA)
Lo subrayado/interpolado es nuestro.
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Roberto Savio · Via Panisperna, 207 · Rome, Rm
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