Otro ataque del Imperialismo estadounidense:
¡Yankis go home de Latinoamérica!
“La Libertad hay que conquistarla a su precio o resignarse rastrera y burguesamente a sobrevivir sin ella”...
Otra invasión, otra intervención imperialista de Estados
Unidos en el planeta. Este renovado atentado del imperialismo con sede en
Washington contra la democracia “en la medida de lo posible” de
Latinoamérica, de nuestramérica, de nuestra anhelada patria grande,
nos encuentra -no casualmente- con mayoría de regímenes de “ultraderecha”
fascista, históricamente cómplices del poder imperialista yanqui,
junto con su testaferra clase burguesa politicastra , castrense corrupta.
Este hecho -que no es ni nuevo ni sorprendente-,
describe mejor que nunca para quienes se aplican las leyes -en este caso del
derecho internacional- y los sentidos comunes de la moral asociados.
Parafraseando a Antístenes, “las leyes parecen una telaraña, pues los ricos y
poderosos pueden romperla, mientras los pobres y débiles se enriendan en ella”.
Como lo manifestarán asimismo Kafka y Roque Dalton, las leyes existen para que
las cumplamos los pobres y los países de “su patio trasero”, ¡no sólo Latinoamérica!
sino el “sur global”. Cabe entonces cuestionarse, desde la reflexión de Brecht:
¿cuándo vendrán por nosotros? Y en ese entonces: ¿lo permitiremos?
Estar del lado correcto de la historia nos invita a
llamar a las cosas por su nombre, pero sobre todo a preguntarnos: ¿Qué harán
China y Rusia con su poder militar? ¿cómo jugarán las relaciones comerciales
entre las potencias y cómo lo hará el poder político? ¿Cuál será el
pronunciamiento de los enagenan? Por su parte, ¿qué harán los liderazgos
progresistas como los de Lula? ¿Qué impacto tendrá el adormecimiento
generalizado del sentir latinoamericano que la derecha ha logrado
inocular de manera tan exitosa en nuestros pueblos?
El entramado de los consorcios infocomunicacionales a
escala masiva lo tiene resuelto: las empresas tecnológicas que gobiernan y
deciden el modo en que la población mundial se comunica, asisten a los
discursos de Trump en primera fila, y el formateo mediático parece hoy para las
potencias, un juego de niños.
Según lo relevase el periodista argentino Gregorio Selser:
en 1776 -previo a la independencia del 4 de julio- las trece colonias de los
aún no autoproclamados Estados Unidos de América, ya revelaban sus intenciones
expansionistas al pretender apoderarse de Quebec. Cien años después, en 1876,
el comandante estadounidense Johnson “desembarca una fuerza para
proteger la vida y las propiedades” de los estadounidenses en la ciudad de
Matamoros, México. Dos siglos después del primer hecho, se consuma la dictadura
cívico-militar más sangrienta de la historia argentina, con la clara
intervención orquestada desde 1957 a partir de la Fundación de los Benegas Lynch,
en estrecho vínculo con la familia Rockefeller y con sus auspiciados Von Misses
y Von Hayek, continuadores de la Escuela Austríaca.
Si de enumerar las intervenciones estadounidenses se
tratase, la extensión de este documento se volvería tan inconmensurable como un
cielo estrellado de verano, al intentar mostrar el carácter expansionista e
insaciable del Imperio estadounidense. La hipocresía de la libre
determinación de los pueblos pergeñada por Estados Unidos para ser
utilizada estratégicamente a su antojo, se evidencia ante nuestros ojos una vez
más.
Reiteramos: el lado correcto de la historia nos exige
acompañar la defensa de la democrática república Bolivariana de Venezuela, desde
Argentina y desde cualquier país, bajo un solo manto: el del antiimperialismo
y anticapitalismo: ¿No puede ser antiimperialista sin ser anticapitalista”...
¡Yanki go home de América Latina!
No tengo palabras lo suficientemente fuertes
para expresar mi indignación y mi repulsa ante la nueva iniciativa imperialista
de cambio de régimen que Estados Unidos ha iniciado esta madrugada contra
Venezuela.
El mundo ha
olvidado que hace veintitrés años una monstruosa mentira sirvió a los medios de
comunicación, rehenes de la propaganda imperialista, para justificar la
invasión de Irak. La mentira, posteriormente demostrada, era que existían armas
de destrucción masiva en Irak.
Hoy la mentira es
otra, pero no menos falsa y monstruosa: la lucha contra el narcoterrorismo.
Hoy sabemos que,
al igual que en Irak, Siria, Libia y Afganistán, el objetivo es siempre el
mismo: saquear las riquezas de los países invadidos.
Es lamentable que
los grandes países latinoamericanos que aún se gobiernan con cierta dignidad y
amor por la soberanía (Brasil, Colombia y México) no se hayan movilizado
activamente para poner fin a esta invasión. Sabemos que están rodeados por
lacayos de Washington (Perú, Argentina, Chile, Bolivia y Ecuador, por no hablar
de El Salvador), pero aun así la respuesta debería ser más enérgica.
Deben saber que
hoy es Venezuela, mañana serán ellos.
Nuestra cobardía se derrumbará con estrépito
sobre nosotros.
Quintela, Portugal,
3 de enero de 2026
Profesor,
Universidad de Coimbra, jubilado
Profesor jubilado
de la Universidad de Coimbra
Distinguido
jurista, Universidad de Wisconsin-Madison
OBSERVATORIO LATINOAMERICANO TERRITORIAL Y CULTURAL
Andrada Ariel
Esteban Ramón
Maurenzig Ariel
Rolón Eugenio
Rolón Eugenio (h)
Romero Luis Pablo






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