Llegó la Hora de las bestias según Plotino...
Por Federico Fasano Mertens* / escritor, periodista y
analista internacional/ADDHEE.ONG:
Prolegómeno:
En 148 minutos cayeron 80 años del orden internacional.
El 3 de enero, en
solo 148 minutos, desde las 2:01 hasta las 4:29 AM, EE.UU. con 150 aeronaves
F35, F22 y bombarderos B1, destruyó el edificio del orden internacional
trabajosamente construido hace 80 años al fin de la segunda guerra global,
sembrando las semillas de una tiranía fascista mundial, instaurando un
nuevo paradigma.
La historia parecía retroceder 9 siglos, desenterrando de su
sarcófago al poderoso Gengis Khan, que imponía por la fuerza en el siglo 12 y
13 su ley en el mundo.
El secuestro de un presidente latinoamericano y su esposa,
tras la violación de la soberanía venezolana, mediante un ataque que asesinó a
decenas de seres humanos, sin declaración de guerra previa, instaura un nuevo
orden mundial, donde todo vale, donde la impunidad será la ley, quedando
totalmente legitimados la invasión de Rusia a Ucrania, el genocidio de Gaza, la
inminente invasión de China a Taiwan, la desaparición de Armenia y decenas de
conflictos armados que no estallaban por el temor punitivo de las Naciones
civilizadas y /o la condena de la Corte Penal Internacional o el repudio de la
Asamblea General de las Naciones Unidas. EE.UU. al actuar de esta manera, está
sembrando las condiciones subjetivas de una tercera conflagración mundial.
Ahora todo vale. El precedente no tiene precedentes.
El nuevo paradigma tuvo su epifanía. La violencia ya no es
la partera de la historia, sino el retroceso de la historia: el basurero de
la historia.
La invasión y el secuestro de un presidente y su esposa no
fue el mayor crimen de EE.UU., porque ese país nos tiene acostumbrados a
invasiones en nuestra América insumisa, y también un 3 de enero invadió Panamá
y secuestró a su presidente. El crimen novedoso estuvo centrado en la
conferencia de prensa del presidente estadounidense, Donald Trump. Esa
conferencia de prensa fue el peor crimen y lo que allí se dijo, efectivamente
no tiene antecedentes.
La traducción de su anuncio nos retrotrae a 100 años antes
de la era cristiana, donde un imperio imponía su ley mundial sin rendir cuentas
a nadie de su voluntad predadora.
En esa convocatoria Trump dejó claro que posee el más
poderoso ejército del planeta y que la operación secuestro de un presidente al
que insólitamente convirtió en mártir, fue magnífica, holliwodense, una obra de
arte que no acontecía desde la segunda guerra mundial, señalando que todas las
Naciones tomen debida nota de lo sucedido. Amenazó a Cuba, a cuya Nación
“fallida” notificó que ya le llegaría su turno, advirtiéndole además al
mandatario colombiano, Gustavo Petro que se ponga a cuidar “su culo”. A la
carismática y respetada presidenta de México, le recordó que desde su país, el
narcotráfico agrede a los ciudadanos de EE.UU y que fue un error que ella no
aceptara la intervención de tropas estadounidenses en territorio mexicano para
combatirlo. México parece también estar en la lista del amo del mundo.
Semejante lenguaje y excentricidad en un gobernante no se conocía desde las
épocas de Calígula. Su prepotente desfachatez es no digna de
admiración, ni siquiera, para sus satrapías de su patio trasero
latinoamericano...
Sostuvo que EE.UU. pasará a gobernar Venezuela hasta que
elija un gobierno “adecuado”. También fue descarado al revelar que
recuperará por la fuerza todo el petróleo venezolano, que hace 50 años , el
presidente Carlos Andrés Pérez, nacionalizó en 1976, tras acordar con las
empresas estadounidenses una voluminosa indemnización. Le faltó decir
que continuará decidiendo qué gobiernos latinoamericanos deben gobernar sus
países, como lo decidió recientemente en Honduras y en las elecciones de medio
término en Argentina, donde influyó descaradamente para que su arrinconado
delfín, Javier Milei, el mismo que declaró que la justicia social era
aberrante, se impusiera en comicios que los tenía perdidos, antes de su promesa
de “regalarle” 20 mil millones de dólares.
Ni Adolfo Hitler en sus amenazantes conferencias de prensa
llegó a tamaña osadía. Hitler reclamaba, como en el caso de los sudetes de
Checoeslovaquia, un territorio habitado por alemanes, que el Tratado de
Versalles le había expropiado Alemania al perder ésta la primera guerra
mundial. Y Francia e Inglaterra con una debilidad suicida, se lo concedieron.
Las atrocidades nazis contra otras naciones se produjeron tras declararse
formalmente la segunda guerra mundial.
En el caso venezolano
no hubo declaración de guerra, simplemente un crimen de guerra invadiendo un
país soberano para secuestrar a sus líderes y quedarse con la mayor reserva del
oro negro en el mundo...
El secuestro de la soberanía latinoamericana es un error
histórico, cuyas consecuencias son impredecibles. Con qué derecho se podrá
sancionar cualquier invasión de un país belicoso a otra Nación indefensa, si
EE.UU. ya legitimó esa conducta.
Cómo es posible que un país como EE.UU. , después de esa
conferencia de prensa de su convicto presidente, en la que
cinicamente hizo trizas el orden mundial, continue integrando el Consejo de
Seguridad de las Naciones Unidas.
Trump, no solo violó todas las normas de la ONU, pulverizó
tratados internacionales firmados anteriormente por su país, pero también
humilló a las leyes estadounidenses que le exigían probar que estaba en
peligro la seguridad nacional de EE.UU.
amenazada por Venezuela , cosa que no hizo, y pedir 48 horas antes del acto de
guerra y secuestro, la autorización del Congreso estadounidense. Cosa
que tampoco hizo. Se convirtió en un violador serial del derecho interno y
externo.
El nazismo fue un parteaguas en la historia universal, porque
amenazó la paz mundial e instauró la ley del más fuerte. Este 3 de enero
también fue un parteaguas de la historia. Pero con una diferencia con la
Alemania nazi. EE.UU. es la principal potencia mundial, Alemania no lo era. Más
bien era una Nación empobrecida por el injusto Tratado de Versalles, que la
insanía de Adolfo Hitler aprovechó para encender la llama del nacionalismo
canalla y sumir a Europa en el horror y el holocausto.
Cuando después de la batalla de Trafalgar, Inglaterra se
erige en la primer potencia mundial y emprende la colonización forzada de
numerosos pueblos, la pérfida Albión, más allá de sus atrocidades, cuidó
ciertas formas diplomáticas. El Trump de EE.UU. hace un culto de la
informalidad criminal. Hasta se vanagloria de su propio desparpajo
internacional.
Tuvo la osadía de resucitar la Doctrina Monroe, América para
los estadounidenses/yanquis. Y la verdad es que no estamos preparados
para enfrentar estas nuevas horas de la historia. Yo mismo debo confesar que me
equivoqué con Donald Trump. Pensé que su elección era un desastre para el
pueblo de ese país, pero un alivio extra muros, porque en su primer gobierno se
había mostrado menos belicista que Bush y que Biden. Solo decía interesarse por
la política interna, no en las vilipendiadas ambiciones imperiales.
Resultó todo lo contrario, se convirtió en uno de los
presidentes estadounidenses más declarativamente belicistas de los últimos
tiempos y el mayor violador de las normas nacionales e Internacionales.
Pero Trump no fue original en la construcción de este nuevo
paradigma. Se nutrió en las ideas de intelectuales y políticos imperiales que
lo precedieron. La diferencia con ellos es que esas ideas las está poniendo en
práctica en su segundo mandato.
¿Cuáles son los autores de cabecera de esta pandilla
belicista que construyeron el siniestro discurso del amo y el esclavo?
El ex- Presidente
Wilson declarando en pleno Congreso de la Unión que “le enseñaría a las
repúblicas sudamericanas a elegir buenos diputados”.
El célebre Billy Sunday quien definía a un izquierdista
latinoamericano como “un tipo con hocico de puerco espín y un aliento que haría
huir a un zorrino”, agregando que si él pudiera “los amontonaría a todos en
prisiones hasta que se les salieran los pies por las ventanas”.
Charles Krauthammer quien hace muy poco, en 1999 escribió en
The Washington Post: “EEUU cabalga por el mundo como un coloso. Desde que Roma
destruyó Cartago ninguna otra gran potencia ha alcanzado las cimas a las que
hemos llegado. EEUU ha ganado la guerra fría, se ha puesto a Polonia y a la
República Checa en el bolsillo y después ha pulverizado a Serbia y Afganistán.
Y de paso ha demostrado la inexistencia de Europa”. El inefable Zbigniew Brzezinski declarando que “el objetivo de EEUU
debe ser el de mantener a nuestros vasallos en un estado de dependencia,
garantizar la docilidad y la protección de nuestros súbditos y prevenir la
unificación de los bárbaros”.
El bostoniano Henry
Cabot Lodge afirmando que “en el siglo XIX ningún pueblo igualó nuestras
conquistas, nuestra colonización y nuestra expansión y ahora nada nos
detendrá”.
Marse Henry Watterson declarando que EEUU es “una gran
república imperial destinada a ejercer una influencia determinante en la
humanidad y a modelar el futuro del mundo como no lo ha hecho nunca ninguna
otra nación, ni siquiera el imperio romano”.
Dijo el ex vicepresidente Cheney ante esta guerra santa:
“EEUU no tiene que enrojecer por ser una gran potencia y tiene el deber de
actuar con fuerza para construir un mundo a imagen de EEUU”. Mientras que el ex
jefe del Pentágono fue más claro, por si no lo entendimos. Rumsfeld dixit citando la frase preferida de Al Capone: “Se consigue
más con una palabra amable y un revólver que con sólo una palabra amable”.
Y podríamos seguir con decenas de declaraciones similares
que coronan esta ideología del horror, y que exceden el espacio de este
artículo.
La gran pregunta de la coyuntura es ¿qué hacer?
La ruptura masiva de relaciones diplomáticas es imposible en
un mundo capitalista determinista donde la economía manda sobre la
política y donde EE.UU. es la gran locomotora de las finanzas mundiales.
Cuando la correlación
de fuerzas es desfavorable solo queda la fuerza moral, que Ghandi probó ser tan
eficiente, que al usarla puso de rodillas al imperio británico.
Apelo a ella sugiriendo movilizar las siguientes piezas
tácticas, para aislar al régimen de Donald Trump, convirtiéndolo en un régimen
paria. No hay que dejar cuerdas sin tensar.
1) Promover manifestaciones en EE.UU. que reivindiquen el
derecho a la paz y clamen por el juicio político al presidente Trump por su
violación a la legalidad estadounidense.
2) Declaración de la Asamblea de las Naciones Unidas , donde
seguramente más de un centenar y medio de países condenarán la conducta de
EE.UU.
Hay que expulsar a
Estados Unidos y a Israel de la Organización de las Naciones Unidas.
3) Que aunque sea, un solo país plantee jurídicamente basado
en la carta fundacional de la ONU, la expulsión de EE.UU. del organismo
internacional. El solo hecho del planteo que no tiene precedentes y que
obviamente no se concretará , ya sea por razones económicas o geopolíticas,
será el primer caso en la historia de la ONU, acentuando el aislamiento
deseado.
4) Elaborar una lista negra, de aquellos gobiernos que dicen
defender la democracia representativa y se pronunciaron a favor de la invasión
y secuestro estadounidense. Esa lista de la infamia y la traición a sus
principios democráticos, como la deserción del presidente francés Macrón, que
elogió la conducta bélica de EE.UU. servirá para acentuar el aislamiento del
predador.
5) Manifestaciones populares en la mayoría de los países
todos los días 3 de cada mes en favor de la paz y contra el belicismo
estadounidense.
Nuestra América Latina, declarada como un territorio de paz,
fue violada. La guerra ya se instaló en nuestro continente. Ha llegado la hora
de tomar conciencia y prepararse, con nuevas ideas y nuevas prácticas que sean
realistas y admitan que, como decía, Gramsci, ha llegado la hora de los
monstruos.
No quiero vivir en este mundo esperpéntico donde la
hegemonía de los Trump, de los Milei, de la sin razón, acorazados por la
complicidad indiferente, de Europa y de los tibios que aún no han sido
“vomitados de su boca”.
Sin embargo aún sigo creyendo en la Humanidad.
Y para confortarme me apoyo en mi gran maestro espiritual,
el jesuita antropólogo Teilhard de Chardin, quien en su opus magnum “El
Fenómeno Humano” nos transmitió con convicción este esperanzador futuro: “Algún
día, después de haber sometido los vientos, las olas, los mares y la gravedad…
dominaremos las energías del amor. Entonces, por segunda vez en la historia de
la humanidad, el ser humano habrá descubierto el fuego”.
Lo subrayado/interpolado es nuestro.




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