lunes, 19 de enero de 2026

Pinochet murió, pero se quedó: ¡La alegría ya viene!


Pinochet murió, pero se quedó: ¡La alegría ya viene!

“Un pueblo sin soberanía, sin memoria y obligado a votar tiene el gobierno/régimen que se merece”... 





Por Juan Pablo Cárdenas S./ académico, escritor, periodista y analista internacional

El ex presidente Sebastián Piñera acusó de ser “cómplices pasivos” a todos aquellos que, conociendo las violaciones de los Derechos Humanos de parte de la dictadura pinochetista, no fueron capaces de oponerse a ello y tampoco reconocer hasta hoy aquellos crímenes completamente acreditados por los Tribunales de Justicia.

Esto explica que haya personas que quisieran indultar a los presos de Punta Peuco donde se encuentran los más tenebrosos agentes de la DINA y de la CNI, como el mismo Miguel Krassnoff  Marchensko que suma más de mil años de cárcel por sus homicidios, torturas, desapariciones forzadas y otros delitos de lesa humanidad.

Con la detención de Augusto Pinochet en Londres, en 1998, quedó en evidencia la actitud de políticos y empresarios de derecha que salieron en su defensa y exigieron de nuestro gobierno su retorno al país, con el pretexto de ser juzgado aquí en caso de que pudiera ser imputado por las acusaciones que se le hacían. Muchos de estos cómplices pasivos quedaron expuestos ante el país, aunque también muchos otros que hasta hoy tratan de deslindarse de su responsabilidad en los horrores sufridos por la población chilena.

En la última contienda electoral, los tres principales abanderados de la derecha habían sido activos pinochetistas y hasta se ufanaban de la amistad con los encarcelados a pena perpetua. No se trata de que hayan estado involucrados en la ejecución de tales crímenes, pero de todas maneras no han podido soslayar su complicidad con los autores intelectuales y materiales. 

Con todo, el electorado nacional los apoyo con una contundente victoria en los recientes comicios presidenciales y es así como, entre estos, José Antonio Kast está próximo a asumir el gobierno de la nación. Estos resultados son los que deben avergonzar al centro y a la izquierda política, toda vez que, frente a los acuciantes problemas del país, los ciudadanos hicieron caso omiso de la orientación de extrema derecha de estos candidatos, sin que ello signifique, necesariamente, que los chilenos han negado u olvidado los trágicos diecisiete años vividos en el país bajo la dictadura cívico militar pinochetista.

En el intertanto, constan los acuerdos y omisiones que ha alcanzado la clase política en relación a la continuidad de la Constitución pinochetista de 1980, así como en la sacralización del modelo económico social heredado del régimen de facto. Desgraciadamente desde el momento que se aceptó que el Dictador asumiera como senador vitalicio y prolongara su autoridad sobre el Ejército, la política chilena empezó a vivir en una insólita connivencia que a la postre derivó en la elección de un mandatario que en el pasado tuvo tanta afección con el régimen autoritario y antidemocrático. 

Quedó claro que la ciudadanía ha inclinado su balanza en favor de la derecha más extrema. A punto de iniciar lo que llaman un gobierno de emergencia, buscando seducir a los chilenos y propuestos a prolongar en el poder las orientaciones ideológicas del presidente Kast más allá de los cuatro años de su período presidencial.

Aunque en la campaña electoral se habló de indultos y excarcelaciones de varios de los agentes represivos, estamos ciertos que podría hacerle mucho daño a los intereses de la derecha que el Ejecutivo y el Parlamento obraran en tan sentido. Sin duda, constituiría algo muy escandaloso y, de seguro, altamente repudiado por la comunidad mundial. A la futura oposición hasta podría favorecerla que Kast cometiera el dislate de liberar a quienes, según la legislación internacional, cometieron delitos siniestros e imprescriptibles.

Por el contrario, bien le haría a la política nacional que la Justicia cerrara por fin los procesos todavía pendientes en materia de DDHH, que los condenados sufran efectivamente las penas asignadas por los jueces y todos los chilenos se saquen las vendas de sus ojos, censuren el terror vivido y muchos, todavía muchos, hagan reconocimiento público de tal complicidad. 

No tiene sentido que las nuevas generaciones carguen con el menoscabo colectivo de sus progenitores y no se allanen a condenar la horrenda represión dictatorial, lo que podría alentar, además, una honesta autocrítica de la izquierda y de quienes en la oposición al presidente Salvador Allende Gossens terminaron por alentar el golpismo y la claudicación democrática. 

Cerrando, ojalá, una época amarga de nuestra convivencia, pero sin impunidad, olvido y reparación digna, para las víctimas y sus familias, como algunos todavía lo pretenden.

Lo subrayado/interpolado es nuestro.

El pinochetismo continúa en el poder, por otros 50 años...


Por Prof. Dr. Atilio Borón/ académico, escritor y analista internacional/ADDHEE.ONG

El rotundo triunfo de José Antonio Kast en el balotaje está destinado a ejercer una profunda influencia en Chile. Se consolida una sólida fuerza de extrema derecha, fascista, como producto de la convergencia de dos variantes radicales del pinochetismo -una liderada por Kast y la otra, aún más extrema, por Johannes Kaiser- a las cuales se plegó la abanderada de una ficción llamada “derecha democrática” encarnada por la ex alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, supuesta heredera del legado del inefable Sebastián Piñera.

Según el analista político chileno Jaime Lorca, la obligatoriedad del sufragio -antes optativo en Chile- canalizó hacia el pinochetismo y sus aliados el descontento social imperante en relación al gobierno de Gabriel Boric, cuyas tasas de aprobación en la segunda parte de su mandato oscilaron en torno a un magro 30 por ciento. Temas como la inseguridad, el odio hacia los inmigrantes (especialmente venezolanos) y la inflación -cercana al 4 % anual- fueron agitados demagógicamente por el candidato del pinochetismo, un individuo con un manejo tan descuidado de las cifras y las estadísticas como el mequetrefe fascista Javier Milei.

Procurando convencer al electorado de las dimensiones catastróficas de la inseguridad llegó a decir en su debate con la candidata del oficialismo Jeannete Jara que en Chile “1.200.000 personas son asesinadas al año”. Cuando cayó en la cuenta de su error habló de ¡1.200 millones de personas asesinadas en Chile!, cuya población total es de 19 millones. La cifra real correspondiente al año 2024 fue de 1.207 homicidios, o un 6.0 por cada 100.000 habitantes, una tasa comparable a la de Estados Unidos y un poco más alta que la de Argentina.

Pese a ello, la prensa hegemónica a ambos lados de los Andes magnifica la inseguridad para, desde el temor, acercar votos a la derecha fascistoide de ambos países. En todo caso, yerros de este tipo fueron comunes en la campaña de Kast pero, al igual que en el caso argentino, hay un amplio sector del electorado que hoy concurre a votar porque es una obligación, no le interesa la política y no se inmuta ante los disparates que pueda proferir un candidato. Temas como los que estamos analizando dan cuenta del inesperado caudal de votos que en la primera vuelta obtuvo el Partido de la Gente, liderado por Franco Parisi, arañando el 20 por ciento de los votos y quedando a escasos cuatro puntos porcentuales de Kast. Buena parte de este caudal electoral conformado mayoritariamente por los nuevos votantes que acuden a las urnas por el carácter obligatorio del voto están muy penetrados por la ideología de la antipolítica, el hiperindividualismo y el desprecio a todo lo que huela a acción colectiva, y en el balotaje se inclinaron a favor de Kast. Una parte, tal vez, arrojó por la borda el arraigado anticomunismo imperante en Chile y respaldó la candidatura de Jara, pero no en la medida suficiente como para impedir una derrota muy categórica.

¿Qué se puede esperar del gobierno de un personaje como Kast? Recortes brutales en el gasto social, redefinición de los avances registrados en relación a los derechos de la mujer y una redefinición de las alianzas internacionales de Chile. Seguramente intentará profundizar el modelo económico gestado durante la dictadura cívico militar fascista de Pinochet y cuyos fundamentos permanecieron intocados por la larga e inconclusa transición democrática chilena. Inconclusa porque las relaciones de poder y la concentración de la riqueza gestadas a partir del aciago 11 de septiembre de 1973 lejos de ser revertidas por el ejercicio democrático fueron consolidadas y reforzadas por las sucesivas coaliciones gobernantes. Pero en el contexto de la nueva doctrina de la seguridad nacional de Estados Unidos Kast será presionado por Washington para la ardua tarea de enfriar las relaciones de su país con China, siendo este país el primer socio comercial de Chile y aquél con el cual se firmó, en 2005, un medular Tratado de Libre Comercio.

Por otra parte la conformación del parlamento chileno será un obstáculo muy significativo para frenar los previsibles excesos de Kast. El Senado está dividido por mitades y en la Cámara resultaría extremadamente difícil que obtenga el 4/7 de los votos (un 57 %) necesarios para reformar la Constitución. En todo caso, la instauración de un gobierno de este tipo representa un enorme desafío para el hasta hoy oficialista Frente Amplio y el campo progresista en general. Al igual que en la Argentina, estas fuerzas se enfrentan a un desafío refundacional: redefinir un proyecto, idear una nueva narrativa, diseñar una propuesta concreta de gobierno, revitalizar las organizaciones de base, movilizar a sus integrantes y resolver la siempre espinosa cuestión de la conducción política y el liderazgo.

Son tareas urgentes e impostergables, porque toda dilación tendrá como consecuencia la creación de las condiciones histórico-estructurales para el relanzamiento de un ciclo fascista de larga duración que ocasionará graves perjuicios para nuestros pueblos. Grave error sería ceder ante el pesimismo/resignación y creer que una derrota es definitiva. Pero un revés tan contundente exige un esfuerzo de autocrítica que, entre otras cosas, tenga presente que las fórmulas del progresismo light que invitan a avanzar por una inexistente “ancha avenida del medio” lo único que hacen es abrir de par en par las puertas de la democracia para el advenimiento de la extrema derecha fascista o el neofascismo colonial. En tiempos tan inmoderados como éstos, de crisis capitalista y ofensiva imperialista con el Corolario Trump pendiente sobre las cabezas de nuestros pueblos, la moderación y resignación lejos de ser una virtud se convierte en un vicio imperdonable.

Lo subrayado/interpolado es nuestro.

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