martes, 27 de marzo de 2018

Colombia: se fueron las FARC y aumenta la deforestación La desmovilización de las FARC ha disparado la deforestación en Colombia. El depredador capitalista promueve la tala ilegal y la ganadería

Colombia: se fueron las FARC y aumenta la deforestación
La desmovilización de las FARC ha disparado la deforestación en Colombia. El depredador capitalista promueve la tala ilegal y la ganadería

Nueve países comparten la Amazonía. Colombia es uno de ellos. Su parte de la Amazonía abarca 483.164 kilómetros cuadrados, lo que conforma el 50 por ciento del territorio nacional, distribuido entre los departamentos de Amazonas, Caquetá, Guainía, Guaviare, Putumayo y Vaupés.
En los departamentos de Guaviare (San José de Guaviare este y oeste), Caquetá (Montañita) y Guainía (Cartagena de Chairá) se concentró la guerrilla por más de cinco décadas.
El control de las tierras
El pasado 24 de noviembre de 2016 se firmó el tratado de paz entre el Gobierno y las FARC, que supuso el fin de la guerra. Hoy puede transitarse por la antigua zona de conflicto con mayor seguridad, gracias a la desmovilización y entrega de armas.  Sin embargo surge un nuevo problema: "la tala de árboles” en regiones como Caquetá y Guaviare.
La tragedia de los pueblos latinoamericanos, entre otras: La deforestación: Un crimen de lesa humanidad.
"El consumo de carne fomenta la deforestación en América Latina, para los depredadores capitalistas, en Brasil, en el Sur de Chile, etc. el fin justifica los medios y destruye a raja tabla los bosques del Continente Americano. Lo único que les importa es la Celestina Universal, el dinero”.


Imágenes sobre deforestación en Brasil.












La agonía de los bosques del mundo, los pulmones de la Humanidad se profundiza.
Walter Pachón, Director de la Seccional Guaviare de la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Norte y Oriente de la Amazonía (CDA) dice: "ya no existen control sobre las tierras, todo es informal; debido a ello comienza agravarse la deforestación, llevada a cabo para obtener más tierra para el ganado”.  
"La ganadería aumenta, cada hectárea deforestada da  espacio a 20 animales. Eso puede verse, por ejemplo, en los municipios de El Retorno, Calamar y Miraflores", agrega.  
En  el primer trimestre del 2017 fueron detectados ocho núcleos de tala de árboles en territorio colombiano, dos de ellos en la Amazonía. Se intensifican la explotación agropecuaria, los cultivos de uso ilícito y la tala ilegal de árboles, como es el caso en las márgenes de los ríos Yari Cagüan, en Caquetá, y la Marginal de la Selva, en Guaviare.

"Ya no existen control sobre las tierras, todo es informal; debido a ello comienza agravarse la deforestación".
El plan del Gobierno
Ahora el Gobierno está implementando una estrategia contra la deforestación llamada "Burbuja ambiental”. Se hizo una prueba inicial en el departamento de Caquetá y en los últimos seis meses se ha extendido a otros departamentos del país (Guaviare, Meta, Norte de Santander y a partir de la próxima semana, Chocó).
En Caquetá, la "Burbuja ambiental” comenzó a implementarse en diciembre del año pasado. "La idea es capacitar a la gente, para que tome conciencia y cuide el medio ambiente; también que el ejército opere en carreteras y ríos para frenar el contrabando de madera”, indica Walter Pachón.
En los últimos meses han sido detenidas por lo menos 21 furgonetas con más de 70 personas que transportaban madera ilegal: en total han sido incautados setecientos mil metros cúbicos.
Sin embargo, las estadísticas indican que la deforestación sigue aumentando, particularmente en el Guaviare, donde el ejército tiene menos recursos. Muchas de las brigadas ambientales son terrestres y carecen de capacidad para controlar desde el aire, lo que dificulta identificar muchas zonas deforestadas.
Por: María Luna Mendoza / Comunicadora Social y Académica de Bogotá, Colombia.

22 de julio 2017 , 11:19 p.m.
Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), Colombia tiene hoy siete grandes focos de destrucción forestal, en Chocó, Meta, Antioquia, Caquetá, Norte de Santander, Guaviare y Putumayo.

En esos territorios habitan 2.697 especies (503 animales y 2.194 vegetales). De ellas, 31 se encuentran en vías de extinción, 5 están en peligro crítico y 106 son endémicas, es decir, únicas en el mundo.

El 86 por ciento de estos focos de deforestación está ubicado, de acuerdo con estudios del Instituto del Prof. Alexander Von Humboldt, en áreas identificadas por el Gobierno como prioritarias para el posconflicto.

La fragmentación del hábitat provoca la extinción de los mamíferos

Ahora, este ensañamiento con los bosques no es nuevo. En los últimos 25 años, los colombianos hemos arrasado casi seis millones de hectáreas de cobertura vegetal. Lo que sí ha cambiado es el ritmo, que en el 2016 alcanzó las 20,4 hectáreas por hora, el más acelerado del último lustro.
Las seis principales causas
Con base en lo sucedido el año pasado, el Ideam estableció que las principales causas de la deforestación actual son seis: el acaparamiento de tierras, los cultivos ilícitos, la construcción de infraestructura, la ganadería extensiva, los incendios forestales y la minería, en ese orden de importancia. Todos estos factores, subraya el Instituto Humboldt, deben leerse a la luz del momento histórico que vive el país, cuando miles de personas empiezan a retornar a las tierras de las que fueron desplazadas por la violencia o a poblar aquellas que permanecieron aisladas por la guerra.

“El retorno y el poblamiento de esas zonas es un buen síntoma social. No lo es, en cambio, que las actividades productivas de las comunidades vayan en contravía de la condición ecológica ideal de los territorios y que, hoy, en pleno posconflicto, siga primando la idea de que los bosques son más un estorbo que un motor de desarrollo”, advierte Hernando García, doctor en biología de la Universidad Autónoma de Barcelona y subdirector científico del Instituto Prof. Alexander Von Humboldt.

Por eso, plantea el experto, es urgente combatir el desconocimiento de la vocación boscosa de Colombia (más de la mitad de su superficie continental está constituida por bosques naturales), así como del potencial productivo de este ecosistema y de su función vital en el bienestar humano.

“El fin de la guerra supone transiciones complejas que no solo se traducen en el reordenamiento del orden político o jurídico, sino también en el reordenamiento de nuestros territorios y su población –agrega García–. Por tanto, este tránsito necesita un marco de sostenibilidad lo suficientemente sólido y nos obliga a repensar la forma como hasta ahora hemos entendido e interactuado con nuestros ecosistemas”.
Un paradójico ‘ángel guardián’
Es evidente que en varias regiones la guerra fue más un factor de salvaguarda que de destrucción de la biodiversidad. A falta de habitantes –expulsados o disuadidos por la violencia–, los bosques se regeneraron constantemente, lo que los convirtió en verdaderos polos de absorción de carbono y en cuna de miles de especies que los científicos apenas empiezan a descubrir.


“Las Fuerzas Armadas están llamadas a involucrarse a fondo en este tema. Sus miembros no solo deben estar preparados para combatir los delitos ambientales, 
como la tala y la minería por fuera de la ley, sino también para salvaguardar los ecosistemas”, afirma Pacheco.

“El fin de la guerra es una oportunidad inigualable para entender y aprovechar la vocación forestal de nuestros suelos”, opina el subdirector científico del Instituto Humboldt. De hecho, ya se han dado pasos importantes en esa dirección. El primero tiene que ver con la puesta en marcha de mecanismos de monitoreo de la deforestación que generan alertas tempranas, facilitan el diagnóstico de las causas y permiten diseñar planes de acción.

Otras estrategias claves son los pagos por servicios ambientales a las comunidades que protegen los bosques, el establecimiento de ‘cinturones verdes’ 
para evitar la expansión de la frontera agrícola y la creación de una comisión intersectorial de control de este fenómeno, integrada por la Presidencia de la República, el Ideam y los ministerios de Ambiente, Defensa, Transporte, Energía y Agricultura.

Así mismo, se han puesto en marcha iniciativas de ganadería sostenible, sobre todo en Magdalena, donde el bosque es parte sustancial de esta actividad. “El ganado sufre menos donde se conservan los bosques, porque además de sombra hay más agua”, anota José Manuel Ochoa, magíster en ecología y evolución de la Universidad de Ámsterdam y coordinador del Programa de Monitoreo de la Biodiversidad del Instituto Humboldt.
Buscando el equilibrio
En resumidas cuentas, el reto es encontrar una conexión entre los modos de vida de los pobladores, las economías locales, los bosques y las políticas del posconflicto. Y la clave, según Orozco, especialista en políticas forestales, radica “en el genuino involucramiento de las comunidades en la planeación del uso de los bosques que habitan, así como en la generación de conocimiento sobre esos ecosistemas y las oportunidades de desarrollo que ofrecen”.

De hecho, las especies que habitan en los bosques son en sí mismas una gran oportunidad de desarrollo, señala García. “El fin del conflicto bélico nos ha permitido acceder a zonas que estuvieron vetadas para la ciencia y el turismo durante mucho tiempo e identificar especies de aves muy atractivas para el aviturismo”, cuenta el científico.



Imagen: Así se destruye el bosque chileno.


En opinión de Pacheco, el turismo de naturaleza podría convertirse en una de las principales fuentes de ingresos para Colombia en las próximas décadas. “El turismo responsable, sumado al uso sostenible de los recursos derivados de los bosques, es una gran alternativa de productividad, siempre y cuando las comunidades participen de lleno en su diseño y su implementación”, sostiene la investigadora.

En ese sentido, advierte, la declaración de áreas protegidas es una buena estrategia de preservación de la biodiversidad, pero insuficiente si no se complementa con planes de conservación.

“Necesitamos un país capaz de conservar sus bosques y su biodiversidad por fuera de las áreas protegidas. El desafío es que la gente que habita zonas boscosas entienda que de esos ecosistemas depende su bienestar y que en él hay opciones de productividad que les permitirían conectarse con el mercado global”, remata Ochoa.
Un problema que nos afecta a todos
La deforestación no solo amenaza la existencia de miles de especies, sino también la vida humana. “El arrasamiento de la cobertura boscosa se traduce en desastres como el de Mocoa, en plagas y epidemias, en el incremento de la variabilidad climática que percibimos en las ciudades y en desabastecimiento de agua. Además, tiene consecuencias nefastas en la fertilidad de los suelos y en la retención de sedimentos, elementos de los que depende el bienestar de las personas”, explica José Manuel Ochoa, experto en ecología y evolución del Instituto Alexander Von Humboldt.
El Gobierno de Colombia tiene la meta de reducir a cero su tasa de deforestación de aquí al 2030: ¿Cumplirán esta promesa? Difícil cuando por medio está el interés de depredador capitalista que financia a la clase política.
Colombia tiene la meta de reducir a cero su tasa de deforestación de aquí al 2030. Y eso no será posible, advierte la investigadora y documentalista Margarita Pacheco, si las iniciativas científicas y gubernamentales no están acompañadas de programas pedagógicos que nos permitan entender que la vida de cada colombiano, por más urbano que sea, está vinculada a los bosques, por lo cual no hay proyecto de desarrollo que justifique la destrucción ecológica.

“Vivimos en un sistema de circuitos. Cada especie, cada bosque, es parte indispensable de este.
 Si un componente se desconecta o desaparece, el sistema se desestabiliza. Pero cuando son muchos los circuitos que fallan, deja de funcionar. No es el fin del mundo, pero las condiciones en las que nos hemos acostumbrado a vivir sí pueden variar progresivamente. Cuando esos cambios no se traducen en acontecimientos fatales, como el de Mocoa, lo hacen en cosas aparentemente irrelevantes, como el incremento del valor de los recibos de agua que pagamos”, concluye Hernando García, subdirector científico del Instituto Alexander Von Humboldt.


MARÍA LUNA MENDOZA
Comunicadora Social y Académica
Redacción Domingo
lunmar@eltiempo.com
CC:
·         Señora Dra. Angela Merkel, Canciller de Alemania, Berlín, República Alemana.
·         Señora Svenja Schulze,  Ministra del Medio Ambiente, Berlín, Alemania.
·      Ing. Magister. Pablo Huaiquilao Huincaman,  en Forestal y Manejo de Recursos Naturales/ Corporación Mapuche Pewün Kimün.
·         Abogado Miguel Ramos, Bogotá, Colombia.
·         Luis Alberto Castaño Martinez
·         Louis Dussan/ AAJ Colombia

PS: Lo subrayado es nuestro. 

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