Las
Sanciones de Trump a Rusia Alejan un Arreglo Pacífico en Ucrania y Dañan a los
Aliados de Moscú

Por Juan Antonio Sanz/escritor, periodista y analista
internacional/ADDHEE.ONG:
Diario red, el Clarín de
Colombia, el nortino de Chile, el Clarín de Chile, Jornada de México,
Xinhua.net, la Haine, enred sin fronteras, red latina sin fronteras, telesur,
publico.es, Amy Goodman/Colombia University, el Sur Andino, Al Jazeera
Tras descartar la cumbre con Putin que él mismo propuso,
Trump aprieta las tuercas a Moscú y sus aliados, pero solo consigue alimentar
la ofensiva rusa en Ucrania.
El Kremlin lo
dejó bien claro este jueves tras la andanada de sanciones lanzadas por Estados
Unidos y la Unión Europea sobre Rusia por no acceder a
una tregua en Ucrania. Según Moscú, con sanciones o sin sanciones, sólo
habrá diálogo y se avanzará hacia unas conversaciones de paz cuando la
Federación Rusa haya conseguido sus metas, que excluyen el alineamiento militar
de Ucrania con Occidente y reclaman el reconocimiento de las anexiones
rusas.
Las sanciones contra la industria petrolífera rusa adoptadas
la víspera por el presidente estadounidense, Donald Trump, son un acto
«inamistoso» hacia Rusia que «no fortalece las relaciones ruso-estadounidenses
cuando comenzaban a restablecerse», afirmó en el Kremlin Vladímir
Putin. El mandatario ruso advirtió: «Ningún país ni pueblo que se respete a
sí mismo toma decisiones bajo presión».

Horas antes, el
Kremlin indicaba que, para conseguir ese alto el fuego reclamado por Trump, es
indispensable que antes se cumplan los objetivos de la ofensiva rusa en
Ucrania. Según la portavoz del Ministerio de Exteriores, María Zajárova,
es preciso
«garantizar de forma fiable
el estatus neutral, no alineado y libre de armas nucleares de Ucrania; su
desmilitarización y desnazificación; unas garantías sólidas para los derechos y
libertades de la población rusoparlante, y la actividad libre de la Iglesia
Ortodoxa Ucraniana». Es decir, Ucrania quedaría fuera de la
OTAN y sin
tropas occidentales en su suelo al concluir la guerra, ni siquiera como fuerzas
de paz.
No se refirió Zajárova a una de las condiciones presentadas
reiteradamente por el propio Putin para concluir la guerra, esto es, la
confirmación de que los territorios anexionados en los tres años y ocho meses
de guerra serán para siempre parte de Rusia. Pero si no lo dijo Zajárova, sí lo
hizo el martes su jefe, el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov,
cuando remarcó que Moscú no parará la guerra si no alcanza sus objetivos
militares en el Donbás, territorio histórico ucraniano de mayoría rusófona
que incluye las regiones Donetsk y Lugansk. Como destacó Lavrov, Rusia
alcanzará este objetivo por la negociación o por la guerra.
Y Trump da por hecho que Ucrania tendrá que renunciar al
Donbás y quizá a mucho más, en esa quinta parte de su territorio ocupada por
Rusia, incluida la península de Crimea anexionada en 2014, tal y como
espetó al presidente ucraniano, Volodímir
Zelenski, en unos términos muy imperiosos en la reunión que mantuvieron
en Washington el pasado viernes.
Putin sabe perfectamente que tiene la sartén por el mando y
que eso intranquiliza mucho a Trump, pues peligra su promesa de acabar con la
guerra de Ucrania. Por eso hace una semana no accedió a entregarle a Zelenski
los deseados misiles de largo alcance Tomahawk que
le requirió el líder ucraniano, ni más sistemas antiaéreos Patriot, salvo que
los paguen los países europeos a precios desorbitados.
En estas circunstancias, el único movimiento cabal que podía
hacer Trump para no manifestar más debilidad ante Putin era imponer a Rusia
sanciones de mayor calado.
«Sanciones masivas» a los bastiones petroleros
rusos
Este miércoles, Trump materializó sus amenazas e impuso las
que calificó como «sanciones masivas» sobre dos de los gigantes energéticos
rusos, Lukoil y Rosneft. Estas son las primeras sanciones
impuestas por Trump a Rusia desde que asumió el poder y cambió la política de
confrontación de su antecesor, Joe Biden, por un acercamiento a Moscú, que
no ha acabado de fraguar, ni siquiera con la cumbre que ambos mandatarios
celebraron el pasado 15 de agosto en Alaska.
Las sanciones llegan después de varias semanas de contactos
contrarreloj entre las diplomacias de los dos países e incluso tras una
conversación telefónica con Putin, el 16 de octubre. Trump llegó a anunciar una
cumbre inminente en Budapest con el líder ruso que finalmente canceló
este martes ante la falta de expectativas del encuentro.
Finalmente, Trump reconoció que había llegado el momento de
las sanciones, aunque confió en que puedan ser levantadas si Putin acepta
un alto el fuego. El castigo a las dos mayores petroleras
rusas pretende que Putin «sea más sensato», según el propio Trump, y acceda a
poner fin a la guerra de Ucrania, el objetivo que más le está costando al líder
republicano en su tarea de «pacificador» de conflictos, por los que incluso
aspiró al último Premio Nobel de la Paz.
Las sanciones anunciadas por el secretario del Tesoro de
Estados Unidos, Scott Bessent, afectan a los gigantes rusos de los
hidrocarburos Rosneft y Lukoil ante la «carencia de un compromiso serio por
parte de Rusia con un proceso de paz que permita poner fin a la guerra de
Ucrania». La elección de esas petroleras es por su papel fundamental en «la
financiación de la maquinaria bélica del Kremlin», añadió Bessent, quien animó
a los aliados europeos de EEUU a adherirse a esas sanciones. Y eso es lo que
hizo la Unión Europea apenas pasadas unas horas.
Bruselas se suma a la iniciativa de Trump con sus propias
sanciones
La UE aprobó este jueves el decimonoveno paquete de sanciones contra Rusia, dirigido esta vez contra
las importaciones de gas natural licuado ruso y contra la llamada «flota
fantasma» rusa. Esta vez se castiga a 117 buques, con lo cual son ya más de
medio millar de barcos que transportan hidrocarburos rusos los sancionados.
Bruselas está evaluando, además, la forma en que puede
prestar a Ucrania cerca de 140.000 millones de
euros procedentes de las activos financieros rusos congelados por la
guerra. Este paso sí ha molestado mucho a Moscú. «Cualquier iniciativa
confiscatoria de Bruselas tendrá una dolorosa respuesta», subrayó
Zajárova.
En su nuevo paquete de sanciones, la UE restringe también el
acceso de diplomáticos rusos al territorio de la Unión y penaliza a otras 45
empresas que ayudan a Rusia a evitar las sanciones a las supuestas
transferencias de tecnología de doble uso, militar y civil. De esas empresas,
doce son chinas y tres indias.
Son estos países, India y China, los más
perjudicados por las sanciones impuestas por EEUU a esas dos
macroempresas rusas dedicadas a la prospección, explotación y comercialización
de gas, petróleo y productos derivados del crudo. Rosneft produce casi la mitad
del petróleo de Rusia y junto a Lukoil exporta 3,1 millones de barriles
diarios. Después de que el petróleo y el gas rusos dejaron de fluir hacia
Europa por el comienzo de la guerra, China e India se convirtieron en
compradores prioritarios de esos hidrocarburos.
Las dos compañías habían sido ya sancionadas por EEUU en
tiempos de Biden al desatarse la invasión de Ucrania, al igual que otras 6.000
entidades e individuos rusos. Ahora las sanciones afectan también a las
filiales de Rosneft y Lukoil, se prohíben las transacciones por entidades de
EEUU, se bloquean sus bienes en este país y se les cierra el sistema financiero
estadounidense.
Rusia es “inmune” a esas sanciones, dice el
Kremlin
Tras conocerse las restricciones, la portavoz del Ministerio
de Asuntos Exteriores ruso rebajó el alcance de la penalización, pues Rusia
tiene ya una «solida inmunidad» ante tales castigos.
El propio Putin reconoció que las sanciones «tendrán
consecuencias concretas pero no un impacto notable» en la economía rusa. Agregó
que advirtió a Trump, en su última conversación telefónica, que una reducción
de los hidrocarburos rusos en el mercado «conducirá a un brusco incremento de
los precios del petróleo y los productos petrolíferos, incluido en las
gasolineras. Y EEUU no será una excepción».
Los ingresos rusos derivados del petróleo y gas, aunque se
han visto reducidos anualmente en un 21% por las sanciones y la guerra, suponen
una cuarta parte del presupuesto de la Federación Rusa y sostienen la economía
de guerra del Kremlin. No obstante, los ingresos estatales rusos en
este sector provienen de los impuestos a la producción, no a las exportaciones.
Esto impedirá que las sanciones de Trump torpedeen irremediablemente las
finanzas del Estado ruso.
China e India sí están preocupadas por el paso de
Trump
En este sentido se manifestaron China e India, los dos
actores internacionales que podrían verse más perjudicados por las sanciones
estadounidenses. La India ha sido el país que más ha sufrido anteriores
decisiones de Trump, que sin ser sanciones directas a Rusia, sí que trataban de
coartar el intercambio comercial con Moscú.
En agosto, Trump impuso a las exportaciones indias unos
aranceles del 50% como presión para reducir la dependencia energética del país
surasiático de los hidrocarburos rusos. La bolsa india reaccionó así este
jueves con fuertes caídas en el precio de las acciones de las refinerías
estatales con mayores importaciones de crudo ruso.
Según adelantaron fuentes del sector a la agencia Reuters,
esas refinerías estarían contemplando la reducción drástica de las importaciones de petróleo
ruso para no verse perjudicadas por las sanciones estadounidenses y porque está
negociándose con Washington una rebaja de esos desorbitados
aranceles del 50% hasta un asequible 15%. Si tal reducción de las compras
indias se cumpliera, fallaría el vaticinio positivo del Kremlin sobre los
efectos de las sanciones impuestas por Trump.
China tampoco se permitió bromas sobre las nuevas sanciones
estadounidenses. Pekín acusó a Washington de imponer a Moscú «sanciones
unilaterales que carecen de fundamento en el derecho internacional y que no están autorizadas por
el Consejo de Seguridad de Naciones
Unidas«. Según uno de los portavoces del Ministerio chino de Asuntos
Exteriores, Guo Jiakun, «la coerción y la presión no resolverán el
problema» de la guerra de Ucrania e hizo un llamamiento a la negociación como
«única vía para resolver la crisis».
También protestó China por las renovadas sanciones europeas
a Rusia y a empresas que negocian con Moscú por las sospechas de connivencia en
el traspaso de tecnología militar. «China no ha suministrado armas letales a
ninguna de las partes y mantiene un estricto control sobre las exportaciones de
productos de doble uso», aseveró Guo, quien aconsejó a Bruselas «dejar de
utilizar a China como
pretexto».
Cada día que pasa es más evidente el fracaso europeo a la
hora de ayudar a Ucrania, por el coste del armamento, la imposibilidad de
mantener ese flujo de armas sin vaciar los arsenales propios y por la creciente
falta de unidad en la UE a la hora de entregar a Kiev todo el
material militar que reclama. En estas circunstancias, Bruselas no duda en
tirar balones fuera y responsabilizar a otros países de sostener el esfuerzo
militar ruso y debilitar así el supuesto apoyo incondicional y sin reservas a
Ucrania.
Lo subrayó con crudeza este jueves el primer ministro de
Hungría, el ultranacionalista Viktor Orbán, alabando la iniciativa
negociadora de Trump y denostando el belicismo de la UE: «Si Bruselas no
obstaculizara la misión de paz de Trump, la guerra ya habría concluido». Una
idea que está calando con fuerza también en Estados Unidos y que podría llevar
a una paz forjada solo por Washington y Moscú.
*Juan Antonio Sanz, periodista y analista para Público en
temas internacionales. Es especialista universitario en Servicios de
Inteligencia e Historia Militar. Ha sido corresponsal de la Agencia EFE en
Rusia, Japón, Corea del Sur y Uruguay, profesor universitario y cooperante en
Bolivia, y analista periodístico en Cuba. Habla inglés y ruso con fluidez. Es
autor de un libro de viajes y folclore.
El Plan
Maestro de Trump Para la Región: Yanqui go home, de Latinoamérica y el
Caribe.

“América Latina y el Caribe, una sola unida por el idioma y por el mismo
dolor que nos ocasiona Estados Unidos”. Profesora Gabriela Mistral.
Por Daniel Kersffeld/escritor, periodista y analista
internacional/ADDHEE.ONG:
A partir del reciente acuerdo político impulsado por Javier Milei en Washington, en el que el gobierno argentino
habría pactado la cesión de yacimientos estratégicos de litio y gas, el
establecimiento de una base estadounidense en el extremo sur y la limitación de
China en la actividad económica del país, a cambio de una pretendida
estabilidad cambiaria, Donald Trump podría sentirse satisfecho con el
rediseño neoimperial que actualmente se encuentra implementando en América
latina.
Se trata de una ingeniería política que, en un amplio
sentido, apunta a recuperar el predominio de Estados Unidos en la región y que
busca desplazar a cualquier competidor que atente contra la obtención de los
cada vez más preciados recursos naturales vitales para el transporte, la
comunicación pero, sobre todo, la industria de la guerra y la tecnología del
futuro.
Estados Unidos incentiva así una nueva política
internacional que, sin embargo, retrotrae a nuestra región a los tiempos de la
Guerra Fría, en un enfrentamiento con las principales potencias globales que se
articula con distintos conflictos, como ocurre con la inseguridad y la lucha
contra el narcotráfico, o con la economía y la política arancelaria, con las
medidas frente a los inmigrantes deportados y, finalmente, con la política de
apropiación de recursos naturales.
El primer frente, y al mismo tiempo, el caso más
representativo de esta renovada ofensiva digitada desde Washington tiene como
eje central al Mar Caribe. Lo que comenzó como una amenaza de Trump a Panamá
para recuperar el canal, supuestamente, bajo control de Beijing aunque en
realidad a cargo del holding hongkonés CK Hutchison y ambicionado por el fondo
de inversión estadounidense BlackRock, pronto derivó en otros aspectos
problemáticos.
Las reiteradas declaraciones de intervención directa frente
a lo que desde Washington se califica como una política demasiado permisiva con
el narco esconde, en realidad, una creciente inquietud frente a los cada vez
más fuertes lazos comerciales que unen a México con China, lo que le ha
posibilitado al gobierno de Claudia Sheinbaum un importante grado de autonomía
gracias a un alto índice de popularidad y a un conveniente balanceo entre
poderes externos.
El enfrentamiento directo con el gobierno de Nicolás Maduro,
que pasó del plano discursivo a la acción armada a través de un inédito
movimiento de recursos militares hacia las costas venezolanas, tuvo hasta el
momento su principal efecto en el ataque a algunas embarcaciones supuestamente
vinculadas al narcotráfico. En el medio, la disputa por el petróleo entre dos
de las principales multinacionales, Exxon y Chevron, sumada a la confrontación
por el Esequibo entre Venezuela y Guyana, elevó la tensión en un territorio
clave para los Estados Unidos.
En los últimos días, la ofensiva en el Caribe sufre una
escalada a raíz del ataque a un navío supuestamente vinculado al narcotráfico y
atribuido al Ejército de Liberación Nacional (ELN). La falsa denuncia en torno
a Gustavo Petro y su rol como jefe del comercio ilegal de drogas no sólo apunta
a debilitar la figura de uno de los principales críticos de Trump: es también
un tiro por elevación a la izquierda en momentos en que la coalición
oficialista dirime sus propios candidatos para la elección presidencial de
2026. La identificación del gobierno colombiano con el narcotráfico
constituye así un intento claro por desestabilizar al área caribeña, en un contexto
de creciente inseguridad, pero también de aprovechamiento político por parte de
la Casa Blanca.
El segundo frente tiene a Ecuador, Perú y Chile como sus
componentes esenciales, en un escenario en el que la violencia, la explotación
de recursos naturales, y, más aún, la creciente relación con China, operan como
elementos activos en las relaciones con los Estados Unidos. Sin tanto
estruendo, y aprovechando una muy baja legitimidad, el pasado 10 de octubre
sectores del establishment peruano enquistados en el Parlamento desplazaron a
Dina Boluarte.
Aunque no figura entre las causas de su destitución, la
exgobernante peruana se acercó demasiado a Beijing, promoviendo la construcción
del estratégico puerto de Chancay, construido con financiamiento chino, y en cuya
inauguración, el 14 de noviembre de 2024, asistió el presidente Xi Jinping. En
carpeta se encuentra un proyecto todavía más amplio: el megapuerto Corío, en
Arequipa, de mayor calado que Chancay. Empresas chinas y estadounidenses están
en una fuerte puja por este emprendimiento, si bien en Lima se está operando un
alineamiento directo con Washington por parte del actual mandatario José
Jeri.
Daniel Noboa, uno de los principales aliados de Trump,
ofrece al Ecuador como una trinchera para preservar los intereses
estadounidenses en la región. Frente a la declamada lucha contra la
inseguridad, con el desborde violento causado por supuestas organizaciones
«narcoterroristas», y en medio de la creciente represión a la protesta social,
el gobierno convocó a un plebiscito para el 16 de noviembre para determinar el
regreso de las bases militares extranjeras en territorio ecuatoriano, lo que
inevitablemente trae el recuerdo de la Base de Manta, cerrada en 2009 durante
el mandato de Rafael Correa. En caso de un triunfo del voto afirmativo, el
Pentágono controlaría parte del Pacífico sudamericano y se ubicaría cerca del
Canal de Panamá.
En Chile, el interés prioritario de la Casa Blanca apunta a
incidir en las elecciones generales que se desarrollarán entre noviembre y
diciembre. El temor al triunfo de la candidata de izquierda
Jeanette Jara alimenta el interés por robustecer a la actual oposición al
gobierno de Gabriel Boric, nutrida especialmente por distintas variantes de la
derecha y la ultraderecha que ya han acordado un plan de apoyo mutuo en caso de
que alguna llegue al balotaje. El control soberano a las reservas de litio y de
otros recursos estratégicos está directamente atado al resultado
electoral.
En tanto que, por sus implicaciones geopolíticas hacia toda Sudamérica, el
caso de Bolivia resulta clave para la impronta hegemónica de Trump, más aún,
luego de concretado el triunfo de Rodrigo Paz el 19 de octubre. La implosión
del modelo político y económico llevado adelante por el MAS fue aprovechada por
la Casa Blanca, la que contribuirá a operar un viraje hacia la derecha que,
entre otros aspectos, seguramente pondrá en cuestión los acuerdos alcanzados
previamente con China y con Rusia para la explotación del litio, del gas y de
distintos recursos naturales estratégicos. El predominio total sobre Bolivia
posibilitado por la derecha era un factor político largamente anhelado por
Washington durante los mandatos de Evo Morales y Luis Arce.
El último frente, el del Atlántico, probablemente sea el más
complejo para el gobierno de Trump. Lula da Silva ha demostrado su fortaleza y
liderazgo para enfrentar la política arancelaria impuesta desde el norte, y ha
enfatizado su independencia para juzgar y condenar al expresidente Jair
Bolsonaro por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado de 2022, pese
a las presiones ejercidas a favor de su liberación.
Brasil representa hoy el principal escollo para el plan
político encabezado por Trump, teniendo en cuenta, además, la proyección de su
gobierno en el plano internacional y la construcción de alianzas determinantes
en el marco de los Brics y con distintas regiones del Sur Global. El hecho de
que Brasil sea, además, el tercer país a nivel mundial con yacimientos de
tierras raras, le confiere un peso específico particular. ¿Será por todos estos
motivos que recientemente Trump aceptó ceder y negociar sus relaciones
políticas y económicas con Lula?
El plan maestro de Donald Trump se encuentra hoy en plena
ejecución y aparenta ser un modelo exitoso. Sin embargo, la coerción constante
podría dar paso a escenarios mucho más complejos. Más allá de todos sus
problemas y contradicciones, y pese a sus gobiernos cómplices y subordinados,
la historia de América latina evidencia que la identidad y la protección de sus
recursos siempre se sobrepone a los imperativos externos y, principalmente, a
aquellos poderes que, en medio de tensiones y conflictos, difícilmente
entienden de derechos y soberanías.
*Daniel Kersffeld, investigador CONICET – Universidad
Torcuato di Tella.
Trump desentierra la doctrina del
patio trasero/yanqui para echar a China de Latinoamérica.

El convicto hortelano Trump, en su patio trasero Latinoamericano, ¡No
come ni deja comar!
Por Antònia Crespí Ferrer/escritor, periodista y
analista internacional/ADDHEE.ONG:
Durante los últimos años Pekín ha ganado influencia en la
región gracias a los proyectos de cooperación del programa de la Nueva Ruta de
la Seda.
El swap financiero de 20.000
millones de dólares que ha rescatado el peso argentino y los
constantes ataques militares a lanchas
procedentes de Venezuela son la última expresión de la
doctrina del patio trasero latinomaericano/yanqui
que Donald Trump está reeditando en Latinoamérica. El pasado
martes, el presidente estadounidense protagonizaba una escena que recordaba a
la época en la que Henry Kissinger caminaba por los
pasillos de la Casa Blanca: Trump advertía a los argentinos de
que si la coalición del actual presidente Javier Milei no gana
en las legislativas del 26 de octubre, Washington no
«malgastará el tiempo» en mantener el intercambio financiero con el que ha
salvado la divisa argentina.
Trump advertía delante de Milei de que la
ayuda económica al país estaba ligada a que su aliado se mantuviera en el
poder. De lo contrario, si una figura de «extrema izquierda»
gana las presidenciales del 2027, «ya no seríamos tan generosos
con Argentina como ha pasado hasta ahora». Y, además, remarcaba que
estaría «muy decepcionado» si
el Gobierno de Milei permitiera cualquier «actividad
militar china» en su territorio.
Las declaraciones apuntaban al
centro de observación espacial que tiene Pekín en la
región de la Patagonia argentina, y se basan en comentarios
previos según los cuales Milei está «comprometido a sacar
a China» de Argentina. Hace unos días, la embajada china en
Argentina respondió al secretario del Tesoro
estadounidense, Scott Bessent, acusándolo de «intimidar» a las
naciones latinoamericanas mientras promovía una «mentalidad
propia de la Guerra Fría».
Lo cierto es que los chinos se
equivocaban de época al hablar de Guerra Fría, ya que
realmente Trump está abordando la geopolítica actual con una cosmovisión nacida
en el siglo XIX: la doctrina Monroe. Se trata del principio por el
cual se considera prioritario que Estados Unidos
controle determinadas regiones del mundo para su seguridad.
Trump observa el mapa internacional como un
sistema de áreas de influencia frente a China y Rusia,
y es aquí donde el republicano reedita la idea de Latinoamérica como
zona que, por naturaleza, debe estar bajo el influjo estadounidense. El
magnate necesita recuperar la hegemonía sobre el patio trasero latinoamericano/yanqui
de atrás después de años viendo cómo China ha ido
ganando terreno con distintos acuerdos comerciales y
planes de infraestructura.
Panamá, Venezuela
Colombia, Bolivia, etc., se desgrana el choclo estadounidense
No es la primera vez que Trump menciona a China mientras
tiene la vista puesta en los países que quedan al sur de su frontera.
Antes de ser investido presidente, Trump ya inició su campaña contra
el Gobierno panameño, acusándolo de permitir que China gane
influencia sobre el canal de Panamá. Como consecuencia, el
republicano ha estado amenazando con anexionarse la infraestructura, la cual
considera crítica para sus rutas comerciales.
Desde 2017 Panamá mantiene relaciones diplomáticas con China
y se ha suscrito al
programa de inversiones de la Nueva
Ruta de la Seda. Este plan de cooperación internacional es
la principal herramienta de Pekín para ejercer soft power dentro de Latinoamérica
y África. En términos de influencia y control vía inversión y
cooperación, la Ruta es el equivalente a la agencia estadounidense USAID,
la cual Trump ha desmantelado.
Hace unos días, el presidente de Panamá, José
Raúl Mulino, denunciaba que una funcionaria de la embajada
estadounidense «anda amenazando» a políticos y abogados panameños con
retirarles la visa por sus relaciones con China. «La agenda económica de Estados
Unidos pasa necesariamente por acotar la creciente presencia de China
en muchos países latinoamericanos. No solo portuaria, sino en otros muchos
sectores como el automovilístico», explica a Público Manuel
Balcázar, investigador del Centro de Estudios sobre
Seguridad, Inteligencia y Gobernanza.
Balcázar apunta que los grandes temas de la
campaña de Trump- la seguridad, las drogas y China- son relevantes en
América Latina y que las operaciones militares contra Venezuela justo en este
momento no son casuales. «Para hacer realidad su agenda, si
hablamos de frenar la inmigración, Trump necesita recuperar la
hegemonía sobre las capacidades económicas, políticas y sociales del
hemisferio. Dentro de Estados Unidos ya no puede ir mucho más
allá: ha desplegado la Guardia Nacional en algunas ciudades y
está escalando las redadas de inmigración”.
En la triangulación de estas tres prioridades,
Venezuela cae justo en el medio del eje. Además de que se
trata de un Gobierno en las antípodas ideológicas de Trump
y con estrechos lazos con China. El régimen de Nicolás
Maduro tiene unos 600 proyectos de cooperación con China
para 2025, aunque ahora mismo las relaciones con Pekín no pasan por el mejor
momento. El venezolano no formó parte de la
lista de invitados de Xi Jinping durante
el desfile militar para conmemorar el 80 aniversario de la victoria de la Segunda
Guerra Mundial.
El mes y medio de presión militar, con cazas
sobrevolando cerca del espacio aéreo venezolano, los ataques constantes a
las supuestas narcolanchas y los tres buques de guerra
estadounidenses en los límites de las aguas venezolanas no hacen más
que elevar la tensión con el régimen de Maduro. Diversos
analistas apuntan que toda esta presión podría estar dirigida a favorecer un
cambio de gobierno en Venezuela. Hace unos días se conoció que Trump
ha autorizado en secreto a la CIA para que pueda llevar a cabo
operaciones encubiertas contra Maduro y otros miembros del Gobierno
venezolano.
Recientemente, en una entrevista con el hijo del
presidente de EEUU, Donald Trump júnior, la líder de la
oposición venezolana María Corina Machado –galardonada con el premio Nobel de la Paz– prometía que una
vez hubiera un cambio de régimen se privatizarían todas las
petroleras y darían el crudo a las corporaciones. «Vamos a privatizar toda
nuestra industria», decía Corina Machado al hijo del presidente, e
insistía en que las empresas estadounidenses «ganarán mucho dinero».
Paralelamente la presión militar sobre Venezuela quiere
servir de aviso a México, que desde
finales de enero ya convive con cientos de militares
estadounidenses desplegados al límite de la frontera para
supuestamente apoyar a los agentes fronterizos en su tarea para
frenar los cruces.
El reverso de la guerra contra el narco con la que
Trump quiere maquillar la presión militar es la
campaña de inversiones económicas y tratos preferenciales que el
republicano da a sus aliados a fin de mantenerlos en el poder. Milei
no es el único que se ha beneficiado de los
dólares de Washington; el presidente de El Salvador, Nayib
Bukele, ha recibido millones de dólares por poner sus prisiones al
servicio del sistema de deportaciones de Trump,
además de que ha conseguido que ahora Estados Unidos haya catalogado
el país como un destino seguro para el turismo.
Por contra, Brasil y Colombia también
están siendo víctimas de las presiones de Trump con el
objetivo de castigar a sus gobiernos por no alinearse con la
agenda del republicano. Brasil, que forma parte de los BRICS -donde
también se incluye China-, afronta aranceles del 50%, que en parte también son un castigo
por la sentencia que ha condenado a Jair Bolsonaro –
aliado de Trump – a 27 años de prisión por su
intento de golpe de Estado contra Luiz Inácio Lula da
Silva tras su victoria electoral.
Al presidente colombiano Gustavo Petro – con quien
Trump ha tenido bastantes choques- Estados Unidos recientemente le retiró el
visado por «acciones imprudentes e incendiarias» durante una manifestación propalestina que hubo
cerca de la sede de la ONU en el marco del
inicio del 80 período de sesiones de la Asamblea General.
En mayo de este año, China y Colombia firmaron
un plan de cooperación conjunto sobre la Nueva
Ruta de la Seda que supondría una mayor importación de productos
colombianos por parte de Pekín, a la vez que las empresas chinas se
unieron a la construcción de infraestructura. De hecho, China es el
segundo socio comercial más importante de Colombia después de Estados
Unidos, al que recientemente desplazó como la mayor fuente de
importaciones del país.
*Antònia Crespi Ferrer, periodista, corresponsal en
Estados Unidos.
Lo subrayado/interpolado
es nuestro.