El
narcotráfico estadounidense y sus carteles en su patio trasero/yanqui, denuncia
por el presidente de Colombia Gustavo Petro....
Prolegómeno:
Pregunto, el presidente
de Colombia Gustavo Petro en la ONU, ¿Por qué el régimen estadounidense en su
guerra contra los carteles del narcotráfico, no ha incluido los carteles del narcotráfico
en su país?: Los bancos, los paraísos fiscales que lavan dineros controlan las
rutas y operan con toda impunidad bajo la complicidad de la DEA, CIA, y FBI. El
85%de las drogas que se exportan desde su patio trasero latinoamericano a
Estados Unidos – la Arcadia de la libertad, democracia y la felicidad – lo hacen
los carteles estadounidenses por las rutas del océano pacifico y solo el 5% lo
hacen por el Caribe...
El mayor productor y
exportador mundial de precursores químicos que transforman la coca en cocaína
es de Estados Unidos – el 90% según servicios congregacionales de investigación
de ese país -, recomiendo leer las denuncias del periodista mexicano Jorge
Esquivel sobre los principales carteles del narcotráfico estadounidense.
Prof. Moreno Peralta/IWA
Secretario Ejecutivo
ADDHEE.ONG
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El
presidente Gustavo
Petro en la ONU: “no sé si Trump sepa que su política exterior hacia Colombia, Venezuela
y el Caribe es asesorada por colombianos que son aliados políticos de la mafia narcotraficante
estadounidense, en especial la cocaína”
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El
presidente Gustavo Petro, hablo frente a la ONU en Nueva York y exigió una investigación
contra Trump por crímenes de guerra en el Caribe.
Diario red, Other
news, el Clarín de Colombia, el nortino de Chile, el Clarín de Chile, Jornada
de México, Xinhua.net, la Haine, enred sin fronteras, red latina sin fronteras,
telesur, publico.es, Amy Goodman/Colombia University, el Sur Andino.
Gustavo Petro habló frente a la ONU
en Nueva York. No era un viaje cualquiera. Fue su cuarta y última comparecencia
frente a las Naciones Unidas como presidente, y lo hacía bajo el signo de la
descertificación impuesta por Donald Trump. La decisión estadounidense es más que un trámite administrativo. Se
trata de una marca de sometimiento: la potencia imperial estadounidense
sancionando al país periférico, recordándole su lugar en la jerarquía global.
El foro multilateral, en apariencia neutral, se convirtió así en escenario de
una disputa por el sentido de la soberanía.
Petro frente a Trump: el lenguaje de la
desobediencia
En su discurso, el mandatario colombiano exigió a
las Naciones Unidas investigar a Trump por crímenes en el Caribe: “No quieren
que se haga luz en la América Latina y llegue de nuevo la hora de los pueblos.
Los jóvenes asesinados con misiles en el Caribe no eran del tren de Aragua, que
nadie quizás conozca aquí su nombre, ni de jamás. Eran caribeños, posiblemente
colombianos, y si fueron colombianos, con el perdón de quienes dominan las
Naciones Unidas, debe abrirse proceso penal contra esos funcionarios que son de
los Estados Unidos. Así se incluye al
funcionario mayor que dio la orden, el presidente Trump.”
Trump acusó a Petro de haber permitido el
crecimiento de los cultivos de coca y de haber fracasado en la guerra contra
las drogas. Pero la respuesta del presidente colombiano no apeló a la
tecnocracia, sino a la raíz del problema: “la
tasa de crecimiento de los cultivos de hoja de coca venía en un alza del 43%
anual en el gobierno de Duque, y lo he bajado en este año a 3%, y no
descertificaron a Duque que tenía un financiador narcotraficante/estadounidense
en su campaña, y sí a Petro, porque dice cosas y verdades”.
A propósito de los subterfugios de la estrategia
antidrogas del presidente estadounidense, su homólogo colombiano señaló: “No sé
si Trump sepa que su política exterior hacia Colombia, Venezuela y el Caribe es
asesorada por colombianos que son aliados políticos de la mafia narcotraficante
estadounidense de la cocaína. Yo mismo denuncié con nombre propio a estos
políticos del paramilitarismo narcotraficante, con nombre propio por una década
en el Congreso de la República siendo senador. y me quisieron asesinar
muchas veces por ello y quisieran que no fuera presidente y me callara y me
silenciara y ahora quieren que no continúe un nuevo gobierno progresista y por
eso me desertifican casi que personalmente y calumnian a Colombia. En Colombia
se ha incautado la más alta cantidad de cocaína de toda la historia del mundo y
lo hizo este gobierno y me desertifican”. El señalamiento desmonta la máscara
de la cruzada antidrogas del narcotráfico estadounidense.
“¿Con que derecho un presidente extranjero
puede descertificar a otro elegido por su propio pueblo, pregunto el presidente
Petro?”
El día anterior, desde la tribuna internacional,
Petro denunció que se trataba de un castigo político y no de un juicio
objetivo: “¿Con qué derecho un
presidente extranjero puede descertificar a otro elegido por su propio pueblo?
¿Eso es democracia o barbarie?”. Al nombrarlo así, colocó la disputa en el
terreno que incomoda a Washington: el de la legitimidad.
Ya en el recinto de la ONU, mientras la delegación
estadounidense se levantaba de la mesa, el líder colombiano reiteró la impostura
de la comunidad internacional: “Los que
no tenemos bombas ni grandes presupuestos no somos escuchados aquí, pero cuatro
años después, ya hoy, lo dantesco de la situación de Palestina, no me llevó a
pensar que lo mismo o casi lo mismo podría ocurrir en el Caribe colombiano
cuando tiran misiles a personas jóvenes desarmadas en el mar”.
El Caribe como frontera de guerra so pretexto
del narcotráfico, ¿Cuál narcotráfico?, ¿el estadounidense?
La disputa no quedó en palabras. En el Caribe,
Estados Unidos desplegó buques de guerra frente a las costas venezolanas con el
pretexto del narcotráfico. La escena repite un libreto viejo: barcos, marines,
la promesa de “ordenar” una región considerada peligrosa. Petro reaccionó con
la militarización de la frontera, enviando 25.000 soldados al Catatumbo. Pero
la operación no fue la obediencia dócil de un subalterno. El presidente lo
formuló como estrategia de coordinación soberana: “No es la tierra la que le gana la guerra a la mafia del narcotráfico
estadounidense, es la articulación de los dos Estados”.
¡Nerón incendio
Roma, Trump esta incendiando Estados Unidos!
En ese mismo registro, negó la existencia del
“Cartel de los Soles”, acusación con la que Washington pretende vincular a
Nicolás Maduro con el tráfico de drogas. Maduro agradeció el gesto como un acto
de unidad, mientras el Caribe se convierte otra vez en campo de batalla, donde
bases militares en Panamá y acuerdos que privilegian barcos estadounidenses
evocan la vieja “quinta frontera”: un colonialismo del patio trasero latinoamericano/yanqui
reeditado en pleno siglo XXI.
Tres líneas de batalla en la ONU
En Nueva York,
Petro trazó tres ejes que, más que propuestas, fueron actos de insubordinación:
Justicia climática: denunció que el carbón y el
petróleo son más letales que la cocaína. Su señalamiento desarma la narrativa
que criminaliza al campesino cocalero y exculpa a las grandes corporaciones
energéticas.
Paz y Palestina: el presidente colombiano nombró sin
rodeos el genocidio en Gaza y propuso una fuerza militar e internacional de paz
liderada por el bloque oriental, y recordó que el genocidio, como práctica, ha
sido funcional a las dinámicas de desposesión tanto en Colombia como en
Palestina. “A centenares de miles de campesinos colombianos los han masacrado
como masacran a los niños en Gaza. Las masacres fueron hechas en Colombia por
políticos que eran senadores, presidentes, ministros, ligados y sobornados por
la mafia narcotraficante colombiana, aliados al mismo tiempo a la
extrema derecha de la Florida en Estados Unidos y ahora aliados al régimen
de Trump, aliados desde hace décadas a los capos del narcotráfico de la cocaína
en Colombia y en Estados Unidos”.
Nuevo multilateralismo: Petro llamó a reconstruir la ONU
desde abajo, desde la cooperación Sur-Sur, la defensa del derecho internacional
y la inclusión de las voces históricamente acalladas.
En su discurso, el mandatario colombiano articuló
los escenarios: narcotráfico, genocidio palestino, migraciones, crisis
climática. Todos como capítulos de una misma lógica de muerte. “La política de
drogas está ligada al genocidio en Gaza y al fracaso climático”, advirtió. La
frase condensa la visión de una estructura global donde la violencia cae
siempre sobre los mismos: campesinos, migrantes, pueblos sitiados. Los misiles,
recordó, no impactan en Miami ni en París, sino en las aldeas pobres del Sur.
¡Hay que escoger
entre la vida o el sistema capitalista determinista globalizado/hegemónico!
El dilema que planteó fue tajante: “Hoy hay que
escoger si es la vida o el capital”. En esa disyuntiva, la indiferencia de las
potencias frente a Palestina aparece como prueba de que el capital prevalece
sobre la humanidad.
La rebelión como horizonte: ¿Cuando se habla del
narcotráfico estadounidense?, Hay que citar la sede que tiene en Emiratos
Arabes...
En un tono poco común en este tipo de
instancias internacionales, el mandatario latinoamericano insistió en las
alianzas reales que secundan la expansión del narcotráfico: “Narcotraficantes
todos, dicen. Cuando la mayoría de los
narcotraficantes son rubios y de ojos azules, y guardan sus enormes fortunas en
los bancos más grandes del mundo, y no viven en Bogotá, ni en Caracas, ni
en el Caribe, ni en Gaza, sino que viven en Miami y son vecinos del presidente
de los Estados Unidos, y viven en Nueva York, y en París, y en Madrid, y en
Dubái”, aseguró esto último en concordancia con las investigaciones que indican
la existencia de una Junta del Narcotráfico en Emiratos Árabes, implicados en
propósitos de desestabilización y magnicidio.
Al mencionar las contradicciones de la política
antidrogas de los países del norte, Petro recordó los fines eminentemente
coloniales detrás de las acciones represivas que en los últimos días se han
cobrado decenas de vidas en el Caribe: “Los
verdaderos narcos viven donde hay lujo, no pobreza. Pero los misiles los tiran
donde hay pobreza y no donde hay lujo. Es mentira que el tren de Aragua es
terrorista, solo son delincuentes comunes en forma de banda agrandados por la
estúpida idea de bloquear a Venezuela y quedarse con su petróleo pesado”.
“¡Los migrantes no
son delincuentes!”...
En ese orden de ideas, aprovechó para denunciar las
políticas xenófobas impulsadas por los países de Europa y Estados Unidos: “ya
venenoso los migrantes no son delincuentes no tienen que llevarlos a campos de
concentración ni expulsarlos encadenados la migración no es sino el producto
del bloqueo a los países más pobres como Irak o Irán o Cuba o Venezuela el
bloqueo económico no es más que un genocidio la migración no es sino el
producto del empobrecimiento de los países más pobres por una deuda impagable y
codiciosa la migración no es más sino la consecuencia de las guerras y las
invasiones por el petróleo desatadas por Estados Unidos y la Europa de la
OTAN”.
Frente a la
indiferencia por el genocidio sionista en Gaza
El viaje de Petro a Nueva York confirmó que la
política internacional de Colombia transita en la tensión entre el
disciplinamiento neocolonial y la búsqueda de soberanía. Frente a la
descertificación, no hubo repliegue: hubo confrontación abierta. Frente a la
militarización del Caribe, no hubo silencio: hubo denuncia y despliegue propio.
Frente a la indiferencia ante Gaza, hubo
palabra y propuesta de presión a China para organizar una intervención militar
que termine de una vez por todas con el genocidio.
La voz de Petro no es un gesto aislado, sino la
irrupción de un discurso que desafía la normalidad colonial. En un tiempo en
que resurgen viejas formas de dominación, su posición en la ONU simboliza
dignidad y resistencia. Como él mismo lo dijo, rebelarse es un derecho: “Los
seres humanos tenemos derecho a la rebelión contra el tirano y yo me revelo
como presidente descertificado”, insistió el primer día de su gira en New York.
Lo
subrayado/interpolado es nuestro




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