sábado, 18 de abril de 2026

Irán: Ejemplo de Soberanía, Valentía, Dignidad y Hermandad



Irán: Ejemplo de Soberanía, Valentía, Dignidad y Hermandad


Por Pablo Jofre Leal/ escritor, periodista y analista internacional/ADDHEE.ONG:

Irán va a la mesa de negociaciones en Paquistán, con la claridad que el dedo en el gatillo debe estar presto, que la experiencia de tratativas con el régimen estadounidense hace de la cautela y la desconfianza una conducta necesaria.

Pero… también con el convencimiento que hoy Asia Occidental no es el mismo previo al 28 de febrero del 2026 y que el mundo reconoce en la conducta soberana de la República Islámica de Irán la manera en que hay que conducirse frente a las potencias hegemónicas y arrogantes, como solía sostener el mártir Seyed Ali Jamenei.

En pleno desarrollo de la agresión contra Irán, por parte de la alianza imperial nazisionista desde el 28 febrero pasado y con la desesperación de los regímenes de Trump y Netanyahu, el gobierno de Irán señaló que a la hora de avanzar en algún plan de cese al fuego o una hoja de ruta encaminada para ese fin, el planteamiento de los llamados 15 puntos del inquilino de la Casa Blanca era inaceptable y fuera de cualquier discusión. Claridad y firmeza (1).

A través de la agencia oficial Irna, las autoridades iraníes confirmaron que no aceptarían una pausa transitoria de los combates, exigiendo en su lugar un compromiso que garantice el término definitivo de las escaladas ofensivas en la región y con esa dirección estratégica Irán entregó, vía la mediación de Paquistán, un documento que se estructura en un decálogo de exigencias que implica ir más allá de aquello que se suele denominar “cese temporal del fuego” y avanzar en áreas estratégicas para el futuro de la región.

El convicto presidente Trump confirmó haber recibido el plan de diez puntos iraní y lo describió como “una base sobre la cual trabajar para negociar”. Palabras que generaron hondo pesar en las filas nazisionistas israelíes, que no participan de estas negociaciones y perciben un cierto abandono de Trump a sus objetivos bélicos. Realidad que hizo expresar a líderes de la oposición de la sociedad sionista israelí que se está ante una derrota estratégica del régimen israelí. Yair Lapid afirmó que Netanyahu fracasó diplomática y estratégicamente (2), considerando la guerra contra Irán como un desastre histórico, especialmente tras el alto el fuego con Irán. El líder de la oposición israelí denunció que Netanyahu ha actuado con «arrogancia y negligencia».

Mientras que Yair Golan —militar retirado y político israelí que ejerce como primer presidente del partido Los Demócratas desde 2024—, que ha apoyado fervientemente la política belicista y genocida de Netanyahu, declaró que los objetivos bélicos de Israel no se habían alcanzado. “Nunca ha habido un desastre político así en nuestra historia… El programa nuclear no fue destruido. La amenaza balística sigue. El gobierno iraní permanece intacto e incluso emerge más fuerte de esta guerra”. Netanyahu ha mentido, señaló Golan: “Prometió una victoria histórica y seguridad para generaciones, pero en la práctica obtuvimos uno de los fracasos estratégicos más graves que Israel haya conocido” (3).

De ahí se entiende el impulso de desesperación del criminal de guerra que ejerce de primer ministro israelí, de intensificar las acciones criminales contra El Líbano, para así torpedear los esfuerzos de negociación entre Irán y Estados Unidos, que son parte del decálogo presentado por Teherán, que consigna el fin de los ataques contra la nación levantina que el día miércoles 8 de abril soportó un ataque masivo, que en diez minutos significó el lanzamiento de un centenar de bombas y misiles (4).

El Ministerio de Salud libanés dio a conocer que el número de asesinados se elevó a 260 mártires y 1.500 heridos en distintas ciudades del país: Beirut, Sidón, Tiro, Baalbek. Masacres efectuadas en el marco de las violaciones, por parte del ente nazisionista, del acuerdo de cese al fuego establecido por Irán y Estados Unidos. Es importante reiterar que para Irán los compromisos con sus aliados es parte consustancial de las negociaciones en Islamabad y por ello condicionó la reunión en Pakistán al cese al fuego en el Líbano.

Para el régimen judío nazisionista colonialista israelí, El Líbano no está contemplado en el acuerdo, una postura que el liderazgo iraní calificó como una clara violación de un punto fundamental de los términos del alto al fuego y que podría significar el término de este precario acuerdo si no se detienen los ataques. La declaración de Irán parece estar surtiendo efectos en las filas sionistas pues ha trascendido, según informes entregados por medios israelíes, que Trump le ha solicitado a Netanyahu que reduzca los ataques contra El Líbano para ayudar en las negociaciones con Irán. Como una manera de desviar el curso de los acontecimientos, Netanyahu habla de conversar con el gobierno de El Líbano para un cese al fuego y lograr el desarme de la resistencia libanesa (5). Una línea surrealista pues es la resistencia del Movimiento de Resistencia Islámica de El Líbano (Hezbolá) quien enfrenta al nazisionismo y no el ejército libanés y el gobierno presidido por el ex general prooccidental Joseph Aoun.

Entre los diez puntos presentados destacan la creación de un protocolo de navegación segura por el estrecho de Ormuz, el fin de las sanciones económicas internacionales y un plan de reconstrucción para el país tras los severos daños estructurales causados por la agresión de la alianza entre Washington y Tel Aviv. Un claro ejercicio de soberanía que fortalece a la revolución islámica: una señal que no debe interpretarse como una señal de compromiso con sus enemigos, sino como un reflejo de confianza en el país en la defensa de sus intereses, de su soberanía, su integridad territorial y una historia milenaria, según se expresa desde Teherán.

El Consejo de Seguridad de Irán entregó una declaración pública donde señala que el país ha logrado una gran victoria y obligado al régimen estadounidense a aceptar la propuesta del gobierno iraní de los 10 puntos. Este importante organismo del Estado iraní afirmó también que se ha aceptado un alto al fuego de dos semanas, pero “la guerra no ha terminado. Negociaremos con Estados Unidos en Islamabad, capital de Paquistán, a partir del viernes 10 de abril. Seguimos preparados para la acción y si el enemigo comete el más mínimo error responderemos con toda nuestra fuerza”. Si hay victoria habrá celebración; si no, se continuará la lucha.

Recordemos que previo a este llamado a negociar, el mandatario estadounidense, en lo que es su conducta belicista y verborreica crónica, señaló que el martes 7 de abril a las 20:00 “toda la civilización morirá esta noche, para no volver jamás” si acaso Irán no abría el tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz. El Pueblo Iraní respondió saliendo por miles a las calles para formar cadenas humanas y proteger sus instalaciones eléctricas, energéticas, puentes y centrales nucleares.

Un acto valiente, admirable, que ha elevado más alto la resistencia y lucha de la Revolución Islámica. Las Fuerzas Armadas de Irán han señalado con vehemencia que, pese a la tregua concordada y la desinformación emanada tanto de Washington como de sus proxys europeos y nazisionistas, “con iniciativa gestionamos y controlamos de forma inteligente el estrecho de Ormuz”, comunicado emitido en conjunto entre el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Irán y el Cuartel General Central de Jatam al-Anbia, un día después de que Irán y Estados Unidos alcanzaran un alto el fuego de dos semanas, mediado por Pakistán, tras 40 días de guerra.

Se esperan con ansias los resultados de las conversaciones en Islamabad, con todo lo que significan las presiones del sionismo israelí y los grupos de coacción judío-sionistas en Estados Unidos y países como Francia, Gran Bretaña y Alemania, sostén del régimen de Netanyahu. Las señales desde Estados Unidos son contradictorias, muestra del duro golpe que le ha proporcionado Irán a la alianza imperial sionista. Hoy el punto de fricción es El Líbano y la exigencia iraní de que se suspendan los ataques contra la nación árabe. Irán lo ha señalado públicamente y se expresa en carteles alusivos: “Irán no abandonará a El Líbano”. Irán, en su trayectoria revolucionaria, en cada defensa de la patria, ha dado un ejemplo permanente de soberanía, valentía y dignidad; y hoy, más que nunca, de hermandad con sus aliados regionales.

En una nota emitida la noche del miércoles en su cuenta en X, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, Esmail Baqai (6), puso en entredicho los comentarios de la vocera del régimen estadounidense, quien en una rueda de prensa anunció que el Líbano no forma parte del alto al fuego alcanzado entre Estados Unidos e Irán. Para el gobierno iraní, dicha afirmación es inaceptable y una muestra de que, aun antes de reunirse en Paquistán, el incumplimiento prematuro de los acuerdos es visible. Una afirmación de la funcionaria de la administración Trump desmentida incluso por el primer ministro de Paquistán, Shehbaz Sharif, quien ha señalado expresamente que el cese a la agresión contra El Líbano es parte del acuerdo de alto al fuego entre Irán y Estados Unidos. Lo evidente para el mundo es que Irán es un país en el cual se puede confiar incluso en los momentos más apremiantes, y prueba de ello es mantener en difíciles condiciones la defensa a ultranza de su soberanía, al mismo tiempo que no olvida ni abandona a quienes son sus aliados. Una prueba superlativa de la dignidad de todo un pueblo.

Autor: Pablo Jofré Leal

Fuente: HispanTV

1.  Los puntos presentados por el régimen e Trump a irán son los siguientes: Primer acápite. Alto el fuego temporal y negociaciones que contempla un alto el fuego inicial de 30 días mientras se negocia un acuerdo definitivo. Y conversaciones presenciales, posiblemente en Pakistán, con mediación internacional. Respecto al Programa nuclear Iraní se exige por tanto de Estados Unidos: Desmantelamiento de las instalaciones nucleares en Natanz, Isfahán y Fordow. Compromiso permanente de Irán de no desarrollar armas nucleares. Entrega de las reservas de uranio enriquecido al Organismo Internacional de Energía Atómica.

2.  Supervisión internacional de toda la infraestructura nuclear restante.

3.  Fin del enriquecimiento de uranio dentro de Irán. En materia de Misiles y capacidad militar establecer Límites al alcance y al número de misiles iraníes.

4.  Restricciones al suministro de armamento a grupos aliados en la región.

5.  En el acápite de seguridad regional Estados Unidos plantea: Fin del apoyo iraní a milicias y grupos armados regionales.

6.  Cese de ataques contra infraestructura energética en Asia occidental.

7.  Reapertura del estrecho de Ormuz al tránsito marítimo internacional.

8.  Y, finalmente el plano de los Incentivos económicos y políticos se señala por parte de Washington: Levantamiento de sanciones estadounidenses e internacionales.

9.  Eliminación del mecanismo de la ONU que permite reimponer sanciones.

10.     Apoyo estadounidense al desarrollo de energía nuclear civil en Irán, incluida la central de Bushehr.

11.     https://www.haaretz.com/israel-news/israel-politics/2026-04-08/ty-article/.premium/netanyahu-failed-israeli-opposition-leaders-say-iran-cease-fire-

12.     https://www.independentespanol.com/noticias/mundo/netanyahu-israel-iran-alto-el-fuego-libano-b2954765.html

13.     https://espanol.almayadeen.net/noticias/politica/2157165/-nuevas-agresiones-de–israel–contra-libano-dejan-martires

14.     https://www.haaretz.com/

15.     https://www.hispantv.com/noticias/politica/642257/iran-agresion-libano-retirada-prematuta-eeuu-tregua

lo subrayado/interpolado es nuestro.

El caso Apablaza...


Prolegómeno:

“Atorrantes, en nuestro Chile, en nuestra democracia, que ya cumplió 50 años, nuestro presidente tiene derecho de ofrecer un almuerzo, un banquete, en SU CASA, NUESTRA CASA”... CMPC/SOFOFA.

El caso Apablaza...


Por Prof. Juan Pablo Cárdenas S./ académico, escritor, periodista y analista internacional/ADDHEE.ONG:

Los gobiernos de Chile y Argentina anunciaron a viva voz la inminente detención y extradición a nuestro país de Galvarino Apablaza, el ex comandante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), a quien se le imputa ser el autor intelectual del homicidio del senador Jaime Guzmán Errázuriz/ideólogo del Opus Dei. Esto es, del fundador de la Unión Democrática Independiente (UDI) y, sin duda, uno de los principales instigadores del golpe militar de Pinochet, y redactor de la constitución de 1980...

La impunidad respecto de los responsables de nuestro quiebre institucional de 1973 favorece hasta hoy a muchos criminales uniformados, pero especialmente a los miembros de la derecha política y empresarial, entre los cuales Jaime Guzmán incluso llegó a convertirse en senador de la República. Por cierto, muy favorecido por el sistema electoral binominal que se impuso por largos años durante la posdictadura cívico militar.

Lo más lógico que este extinto senador hubiera sido juzgado y condenado por un tribunal chileno como cómplice activo y pasivo de la tiranía cívico militar que se extendió por 17 años en Chile. Sin embargo, el Frente decretó su muerte después de señalar su responsabilidad en el régimen terrorista cívico militar en que miles de personas fueran ultimadas, torturadas y exiliadas por quienes se instalaron a sangre y fuego en La Moneda. Aún tenemos más de un millar de detenidos desparecidos cuyo paradero se desconoce.

Todavía se discute en la izquierda si fue apropiada la decisión de los rodriguistas de acabar con la vida del Senador, convertido en la principal figura política de la derecha y de quien muchos, por sus innegables atributos de líder y orador, estiman que habría llegado a la Presidencia de la República antes que los derechistas Sebastián Piñera y el actual mandatario José Antonio Kast. El que habría recibido el entusiasta apoyo del pinochetismo tan vigente hasta hoy.

El caso es que, a 35 años de tal asesinato, un amplio número de sus antiguos y actuales partidarios de la Dictadura cívico militar reclaman la posibilidad de condenar en Chile al supuesto autor intelectual de este homicidio político. Para lo cual dicen existir pruebas que todavía no explicitan respecto de la responsabilidad que le cabría a Apablaza en este luctuoso acontecimiento en 1991.

La vocera del Gobierno de Kast ha asegurado públicamente que este dirigente frentista ya fue condenado por la Justicia, en circunstancia de que no ha habido juicio alguno que haya determinado su autoría y que, por el contrario, un país como Argentina por largos años lo acogió y le dio el estatus de refugiado político. Hasta que ese extravagante sujeto que gobierna la Casa Rosada accedió a la demanda de extradición solicitada por los dos últimos gobiernos chilenos, tanto el de Boric como el de Kast.

El disparate cometido por la Vocera de Kast, al referirse públicamente a Apablaza como autor del crimen del Senador, hace que muchos teman que éste no cuente con las garantías de un juicio justo en Chile. Por lo que parece razonable que evada la acciones de las policías argentina y chilena para detenerlo y extraditarlo. Toda vez el tiempo sucedido desde la comisión del crimen ya podría tenerlo prescrito.

Lo más increíble de todo es que los mismos que están abogando por indultos a los más tenebrosos criminales de la Dictadura cívico militar pongan tanto empeño en propiciar un juicio contra una de las víctimas de la represión, si se considera la trayectoria de Apablaza, sus detenciones, torturas y confinamientos al comienzo del régimen pinochetista. Además de su dilatado exilio como la congoja de andar por tantos años en condición de refugiado político.

Un coro de hipócritas dirigentes políticos, entre los cuales debemos incluir a no pocos cabecillas de “izquierda”, que en su hora celebraron las acciones del FPMR y se valieron de la lucha y sacrificio de centenares de jóvenes combatientes para acelerar la salida negociada y tutelada por Estados Unidos, el gran empresariado y los militares chilenos. Con lo que abrieron paso a una democracia mentirosa, a un régimen político bajo la constitución pinochetista de 1980 y el narcotráfico,  un sistema económico neoliberal en que reina una impúdica inequidad social. La misma situación que ya provocó una gran rebelión popular en 2019 y en que muchos auguran una pronta reedición...

La clase política chilena rasga vestiduras sobre el tema de la violencia, olvidándose de la que tenemos todavía institucionalizada por la injusticia, la corrupción y, repetimos, la impunidad. Así como por la represión que sigue ejerciéndose hacia el Pueblo Mapuche, los emigrantes y, otra vez, los estudiantes. Una violencia gubernamental que derriba campamentos, dejando a la intemperie a miles de familias pobres y desplazadas. Mediante, por supuesto, atribuciones que se han extremado en favor de las policías y los estados de excepción.

Ingentes recursos de nuestro Presupuesto Nacional para apertrechar a las llamadas fuerzas del orden, para lo cual se disminuyen los recursos para la vivienda, la salud y la educación. Eso sí sin tocar los de la Fuerzas Armadas e, incluso, para rebajarle el impuesto a las ganancias de los multimillonarios, el último dislate del Gobierno que espera convertirlo en Ley para que el país pueda ofrecer ventajas comparativas a la inversión foránea. Aunque ya no queda más por privatizar y extranjerizar.

No sabemos en qué mundo viven tantos cínicos que alientan las acciones criminales de un desquiciado Trump en el Medio Oriente, que se propone con las armas ocupar distintas zonas soberanas en todo el orbe y, especialmente, en América Latina. Ojalá nuestros gobernantes pusieran empeño en que Estados Unidos extradite a un Michael Townley, Armando Fernández Larios/Caravana de la Muerte y otros agentes responsables de los crímenes de lesa humanidad atentando contra la vida, por ejemplo, del General Carlos Prat y su esposa, el ex canciller Orlando Letelier.

No cabe duda que en otras naciones una entidad como el Frente Patriótico Manuel Rodríguez y el ejemplo de militantes como Galvarino Apablaza son ampliamente reconocidos y se les prodigan sendos homenajes. De la misma forma como se venera a todos nuestros libertadores que empuñaron las armas contra el imperialismo español sin que nadie los considere terroristas.

Pero desgraciadamente nuestra historia se ha acostumbrado a rendirle honores a los represores del pueblo, a siniestros personajes como Diego Portales, Arturo Alessandri y otros. Por lo que no sería extraño que luego surjan los que quieren ver al propio Pinochet montado a caballo o en un tanque de bronce en nuestras principales plazas o avenidas. Así como lo está el general Baquedano que cumplió un deleznable cometido en la criminal “Pacificación de la Araucanía”.

Chile aún no reconoce la inmensa solidaridad mundial en favor de la lucha contra la Dictadura cívico militar. A esos países que desde todos los continentes apoyaron las distintas formas que el pueblo asumió para acabar con la Dictadura. Muy especialmente a Cuba donde el FPMR se fundó y se preparó para enfrentar al Tirano. En vez de ir a la caza de los heroicos combatientes todavía dispersos por el mundo, bien nos valiera repatriarlos y otorgarles los honores que se merecen. Algo que sería muy raro todavía cuando tantos políticos renunciaron a llevar la justicia a los que alentaron el odio fratricida, siendo hoy su principal oficio turnarse en el poder y favorecerse de los enormes privilegios que gozan los que llegan a La Moneda y el Parlamento.

En tiempos en que la Justicia está tan entredicho en Chile, con ex ministros de la Corte Suprema, jueces y fiscales involucrados en graves actos de lenidad y corrupción, no es posible asegurar un juicio justo para este ex combatiente del FPMR. Menos cuando las propias autoridades han pisoteado la “presunción de inocencia” que debe reconocérsele a cualquier persona antes de ser condenada por los tribunales.  Constantemente observamos cómo políticos y empresarios corruptos logran se exculpados finalmente por nuestras cortes, dejando en evidencia que el factor dinero es elocuente en sus fallos y resoluciones.

Ojalá que Apablaza (el comandante Salvador) logre escapar del odio y la hipocresía nacional. Seguramente serán las generaciones venideras las que reconozcan como es debido a él y otros combatientes. Aunque no todos comulguen con sus ideas y acciones, pero ya no puedan dudarse sus propósitos libertarios y republicanos.

Lo subrayado/interpolado es nuestro

sábado, 11 de abril de 2026

Trump Derrotado: Suspende su Ultimátum y Decreta un Alto el Fuego de Dos Semanas





Trump Derrotado: Suspende su Ultimátum y Decreta un Alto el Fuego de Dos Semanas:

ultima hora, “el alto al fuego continuara mientras este abierto estrecho de Ormuz”... otra derrota yanqui.

Por José Antonio Gómez* – Diario Sabemos/escritor y analista internacional/ADDHEE.ONG:

El presidente de los Estados Unidos demuestra una vez más que es un bocalán que se tiene que tragar sus amenazas en cuanto sus oponentes no caen en la coacción y el chantaje tan habitual en Trump.

La decisión de Donald Trump de conceder una nueva prórroga a Irán no es un simple gesto táctico en el marco de una negociación. Es, en realidad, la manifestación de una estrategia geopolítica basada en la presión máxima, la imprevisibilidad y la diplomacia coercitiva, donde el tiempo se convierte en un instrumento de poder. La ampliación de dos semanas del ultimátum, solicitada por Shehbaz Sharif y respaldada por el estamento militar pakistaní, introduce además un actor clave en el tablero regional: Pakistán como mediador indirecto en una de las crisis más volátiles del sistema internacional. Sin embargo, dentro del mundo de matón de instituto del presidente estadounidense, esta decisión sino que es una derrota.

El epicentro de esta tensión no es otro que el estrecho de Ormuz, uno de los corredores energéticos más estratégicos del planeta. Por esta vía transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, lo que convierte cualquier alteración en su operatividad en un factor de riesgo sistémico para la economía global. La exigencia estadounidense de su apertura “completa, inmediata y segura” revela que, más allá del conflicto militar, lo que está en juego es el control de las rutas energéticas y, por extensión, la estabilidad del mercado internacional.

La prórroga anunciada por Trump a través de su red Truth Social se produce en un contexto de extrema tensión, apenas horas antes de la expiración de un ultimátum que incluía amenazas explícitas de destrucción masiva. Este elemento es clave para entender la lógica de la actual política exterior estadounidense: una combinación de escalada retórica y repliegue táctico que busca maximizar concesiones sin llegar necesariamente al enfrentamiento directo. En este sentido, la decisión de suspender el ataque no implica una desescalada estructural, sino más bien una reconfiguración temporal del conflicto.

El papel de Pakistán en esta ecuación resulta especialmente significativo. Históricamente alineado con intereses occidentales pero con vínculos complejos con el mundo islámico, Islamabad emerge como un intermediario capaz de dialogar tanto con Washington como con Teherán. La intervención de Sharif y del jefe del Estado Mayor, Asim Munir, sugiere una diplomacia de seguridad donde los actores militares adquieren protagonismo en la gestión de crisis internacionales. Esta mediación refuerza la posición de Pakistán como actor geopolítico relevante en un escenario donde las alianzas tradicionales se encuentran en transformación.

Por su parte, Trump presenta la prórroga como un acuerdo de “doble vía”, en el que ambas partes obtienen beneficios. Sin embargo, esta narrativa encierra una lógica asimétrica. Estados Unidos afirma haber alcanzado sus objetivos militares, mientras que Irán se ve presionado a realizar concesiones estratégicas sin garantías claras de reciprocidad a largo plazo. La referencia a una supuesta propuesta iraní de diez puntos apunta a la existencia de canales de negociación activos, pero también evidencia la opacidad que caracteriza este proceso.

Desde una perspectiva geopolítica, la reiteración de ultimátums y su posterior aplazamiento plantea interrogantes sobre la credibilidad de la estrategia estadounidense. La multiplicación de plazos (hasta cinco en pocas semanas) puede interpretarse como una táctica de desgaste, pero también como un síntoma de indecisión, de cálculo erróneo o de que a Trump le han abierto los ojos y le han mostrado que, posiblemente, fue engañado por Israel. En un entorno internacional donde la percepción de firmeza es crucial, estas oscilaciones pueden debilitar la posición negociadora de Washington y ofrecer margen de maniobra a Teherán.

El componente discursivo de la crisis añade una dimensión adicional. Las declaraciones de Trump sobre la posibilidad de destruir “toda una civilización” no solo generan alarma internacional, sino que sitúan el conflicto en un terreno que roza la retórica de guerra total. La reacción de figuras como el papa León, que calificó estas amenazas de inaceptables, evidencia el rechazo global a una escalada que podría tener consecuencias humanitarias devastadoras.

En el ámbito interno estadounidense, la crisis ha reactivado debates constitucionales de gran calado. La invocación de la Vigésimoquinta Enmienda por parte de legisladores demócratas refleja la preocupación por la capacidad del presidente para gestionar una situación de alta complejidad. Este elemento introduce una variable doméstica en la ecuación geopolítica, donde la estabilidad del liderazgo estadounidense se convierte en un factor de incertidumbre internacional.

El estrecho de Ormuz, en este contexto, se consolida como un punto de fricción global donde convergen intereses energéticos, militares y políticos. Su cierre o apertura no solo afecta a Irán y Estados Unidos, sino a potencias como China, India o la Unión Europea, altamente dependientes del suministro energético que transita por esta ruta. La internacionalización del conflicto es, por tanto, inevitable.

La estrategia de Trump también debe analizarse en relación con su aproximación general a Oriente Próximo. La coordinación con Israel en operaciones militares y la presión simultánea sobre Irán sugieren un intento de redefinir el equilibrio regional en favor de aliados tradicionales de Washington. Sin embargo, esta política conlleva riesgos significativos, incluyendo la posibilidad de una escalada regional que involucre a múltiples actores estatales y no estatales.

Irán, por su parte, afronta un dilema estratégico. Ceder a las demandas estadounidenses podría interpretarse como una señal de debilidad interna y externa, mientras que resistir aumenta el riesgo de un conflicto abierto. En este escenario, la diplomacia indirecta a través de actores como Pakistán se convierte en una herramienta clave para evitar una confrontación directa.

La prórroga de dos semanas no resuelve el conflicto, pero redefine sus términos. Introduce un margen temporal para la negociación, pero también prolonga la incertidumbre. En términos geopolíticos, este tipo de decisiones tienen efectos acumulativos: cada aplazamiento, cada amenaza y cada concesión contribuyen a moldear un nuevo equilibrio de poder.

*Director de Diario Sabemos. Escritor y analista político. Autor de los ensayos políticos «Gobernar es repartir dolor», «Regeneración», «El líder que marchitó a la Rosa», «IRPH: Operación de Estado» y de las novelas «Josaphat» y «El futuro nos espera».

¿Quién Decide lo que Es Legítimo?

Por Ramzy Baroud- Rebelión/escritor y analista internacional/ADDHEE.ONG

Se invoca la “seuda” democracia como legitimidad moral en la maldita guerra imperialista, mientras que la autoridad de Irán descansa sobre unas complejas bases políticas, religiosas e históricas.

Sin embargo, la Democracia no es el enemigo, lo es manipularla.

El discurso político occidental ha equiparado durante décadas la legitimidad con las elecciones, números que se cuentan en un solo día, certificados por unas instituciones que, a su vez, operan dentro de sistemas moldeados por un inmenso poder financiero. El resultado es una preocupante simplificación: la legitimidad es más procedimental que moral.

En Estados Unidos la democracia funciona dentro de una economía política profundamente influenciada por la financiación corporativa, las estructuras de lobby y la propiedad concentrada de los medios. No se informa meramente a la opinión pública, se la manipula. Existe la competencia electoral, pero dentro de los límites trazados por la riqueza y la continuidad institucional.

Sin embargo, cuando Donald Trump gana unas elecciones, la legitimidad se considera absoluta. Poco importa que se enfrente a acusaciones que van desde conducta criminal hasta extralimitación constitucional. Poco importa que sus políticas puedan violar el derecho humanitario internacional, poco importa que las acciones militares de su gobierno provoquen la muerte de civiles en el extranjero.

Es legítimo porque el recuento de votos fue correcto.

La suposición es clara: la democracia santifica el poder automáticamente, pero el éxito electoral no neutraliza los crímenes de guerra. No borra las violaciones del derecho internacional, no transforma unas políticas cuestionadas en verdades morales.

La democracia es valiosa, pero no es un elemento de disuasión moral.

El escudo “seudo” democrático del sionismo colonialista israelí.

En ningún lugar esta tendencia es más visible como en Israel.

La pretensión de Israel de ser «la única democracia en Oriente Medio» ha servido durante mucho tiempo como armadura diplomática. La frase se invoca no meramente como una descripción política, sino como una exención del escrutinio.

A pesar de que Benjamín Netanyahu se enfrenta a acciones legales nacionales, internacionales y a acusaciones relacionadas con el genocidio de Gaza, sigue presentando el marco democrático de Israel como prueba de su posición moral, las elecciones se citan como prueba de legitimidad y el debate parlamentario se ofrece como prueba de un equilibrio político saludable.

Pero la democracia no anula la ocupación militar, no legaliza el castigo colectivo, no absuelve de violaciones graves del derecho internacional humanitario y no hace que el genocidio sea permisible.

La cuestión no es que Israel celebre elecciones, la cuestión es cómo se utiliza el lenguaje de la democracia para marginar las acusaciones de genocidio y reformular la agresión militar como el comportamiento propio de un Estado civilizado que se defiende a sí mismo.

Desde la Segunda Guerra Mundial a menudo se ha recurrido retóricamente a la democracia para justificar cambios de régimen, invasiones y «guerras preventivas». Irak fue invadido en nombre de la liberación, Afganistán fue ocupado bajo el estandarte de la libertad y las intervenciones en América Latina, África y el Oriente Medio se presentan habitualmente como esfuerzos por defender los valores democráticos.

El problema no es la democracia, sino el excepcionalismo democrático: creer que una estructura electoral de un Estado le otorga inmunidad moral.

El relato iraní

La misma lógica conforma el discurso bélico en torno a Irán.

Se suele calificar a Irán de ilegítimo porque no cumple con las normas democráticas liberales occidentales. Los llamados a un cambio de régimen no se enmarcan simplemente como cálculos estratégicos, sino como imperativos morales.

Incluso quienes son críticos con Trump o Netanyahu frecuentemente operan dentro de este marco. Pueden oponerse a políticas específicas, pero aceptan la premisa más amplia de que las democracias occidentales poseen una autoridad moral inherente, mientras que los sistemas no occidentales deben demostrar su legitimidad.

Este binomio es profundamente perverso.

Cuando se asume la superioridad moral, las víctimas civiles se vuelven desafortunadas pero tolerables, las sanciones que devastan las economías se convierten en herramientas de disciplina, la escalada militar se convierte en una defensa basada en principios. El derecho internacional se vuelve selectivo y vinculante para los adversarios, flexible para los aliados.

Cuando el lenguaje de la democracia se utiliza como arma, se transforma en un escudo retórico tras del cual opera el poder con una responsabilidad mermada.

La legitimidad de Irán

Para entender la resistencia de Irán, hay que ir más allá de lo caricaturesco.

Irán no es una democracia liberal en el sentido occidental, pero tampoco es una autocracia simplista que se mantiene únicamente gracias a la coerción. Su legitimidad proviene de un complejo sistema político arraigado en la historia, la religión y el modelo institucional.

En la cúspide se encuentra el Líder Supremo, elegido por la Asamblea de Expertos, un organismo establecido por la constitución y compuesto por juristas islámicos electos. La propia Asamblea se elige a través de elecciones nacionales y tiene la autoridad de nombrar y supervisar al Líder Supremo.

Esta estructura refleja la doctrina de Wilayat al-Faqih , la tutela del jurista islámico. En el pensamiento político chiita esta doctrina fusiona la autoridad religiosa con la supervisión política, que emergen tanto de la tradición jurisprudencial como de la ideología revolucionaria.

Sin embargo, el sistema iraní no es exclusivamente religioso...

El presidente se elige por votación popular. Se elige el parlamento (Majles), las facciones políticas compiten dentro de unos parámetros constitucionales definidos. Instituciones como el Consejo de Guardianes supervisan la legislación y las elecciones para asegurar la continuidad constitucional e ideológica.

Quienes lo critican sostienen que estos mecanismos restringen el pluralismo, mientras que sus partidarios afirman que preservan la coherencia y la soberanía.

Independientemente de la posición que se tenga, la legitimidad en Irán proviene de múltiples fuentes:

– La legitimidad revolucionaria de la Revolución Islámica de 1979.

– La legitimidad religiosa arraigada en la jurisprudencia chiíta.

– La legitimidad electoral a través de la recurrente participación pública.

– La legitimidad nacionalista fortalecida por la resistencia a las presiones extranjeras.

Estas formas no reflejan los patrones liberales occidentales, pero la legitimidad es cultural e históricamente contextual, no es un molde universal.

Estas estructuras gozan de suficiente aceptación dentro de Irán como para mantener la continuidad política, incluso bajo una inmensa presión externa.

La supervivencia como prueba

Irán ha soportado durante cuatro décadas una guerra devastadora contra Irak, décadas de sanciones, aislamiento económico, operaciones cibernéticas, asesinatos de altos funcionarios y repetidas amenazas militares.

Los Estados carentes de legitimidad estructural colapsan bajo semejante presión acumulada, se fragmentan internamente o se desintegran institucionalmente.

Esto no implica unanimidad, han estallado protestas, existen divisiones políticas y los problemas económicos son reales. Pero la legitimidad no es la ausencia de desacuerdo, sino la presencia de una cohesión suficiente.

Cuando se intensifica la confrontación externa, se suele fortalecer la consolidación nacional. En contextos existenciales, las poblaciones se unen en torno a la soberanía, aun cuando critiquen la gobernanza.

El discurso occidental/USA, Unión Europea/OTAN, Inglaterra, Japón, Canadá y el patio trasero latinoamericano/yanqui suele suponer que es inevitable que colapse el régimen en Irán si se intensifica lo suficiente la presión, una suposición que ha demostrado ser incorrecta una y otra vez.

La cuestión de la legitimidad

El debate no es democracia frente a no democracia, sino autenticidad frente a manipulación.

La democracia es un sistema de gobierno valioso cuando opera con transparencia y dentro de los límites de la ley. Pero cuando se utiliza el marketing de la democrática para justificar la guerra, para proteger a los dirigentes de la asunción de responsabilidades o normalizar las violaciones del derecho internacional, se convierte en un instrumento retórico de poder.

Estados Unidos e Israel invocan la legitimidad electoral para considerar que la escalada militar está fundada moralmente. Irán, mientras tanto, deriva su legitimidad de un modelo híbrido que fusiona la religión, la revolución y las instituciones republicanas.

Un sistema se promociona en todo el mundo, mientras que el otro se deslegitima en todo el mundo. Sin embargo, su perseverancia habla por sí misma.

Lo subrayado/interpolado es nuestro.

Derechas e izquierdas – según la teoría de los demonios deterministas -, vicios comunes...



Derechas e izquierdas – según la teoría de los demonios deterministas -, vicios comunes...


Por Prof. Juan Pablo Cárdenas S. /escritor, académico y analista internacional/ADDHEE.ONG:


“Las izquierdas nunca mueren” es una expresión tan obvia como decir que las derechas tampoco desaparecen. En todos los tiempos y lugares marcados por la inequidad siempre habrá personas y organizaciones que se inclinen por conservar el orden establecido, sirviendo los intereses de las minorías, mientras otros se empeñen por favorecer a los pobres, desplazados y oprimidos por el poder económico y político.

En el mundo de hoy son los multimillonarios empresarios los que se imponen a los gobiernos y a las organizaciones internacionales, mediante el control de los medios de comunicación, los ejércitos y el comercio mundial. Con los cuales alientan las guerras, la discriminación étnica y social, ejercen su influencia sobre las leyes y los jueces, además de favorecer conscientemente la ignorancia y el atraso de los pueblos para convencer que los millones de excluidos de que son las ideas de los poderosos las mejores o las únicas viables.

Lo dramático es que las supuestas democracias se dobleguen a sus encantos y se produzcan resultados electorales en que los Trump, los Milei y Kast, y tantos otros perturbados se conviertan en sus representantes. Es lo que ha estado ocurriendo en América Latina y los otros continentes donde habita el mayor número de desposeídos. Aunque también sucede en Europa, donde se supone viven los ciudadanos más cultos, y desde donde históricamente han surgido las ideas más humanistas y reformadoras.

De esta forma es que el dinero crea ilusiones en los pobres, manipula conciencias y corrompe voluntades. Ni Napoleón, ni el mismo Hitler, Mussolini  o Franco arribaron al poder con las ideas de derecha. Simplemente se doblegaron a ellas una vez instalados en los gobiernos, para convertirse en emperadores y dictadores. En sus inicios fueron políticos vanguardistas, como tantos otros caudillos latinoamericanos que terminaron oprimiendo a sus pueblos después de sepultar sus ímpetus revolucionarios. Uno por uno en Argentina, Paraguay, Brasil y en casi todas las naciones centroamericanas y caribeñas.

También en Chile, hasta hoy, se le rinde tributo a un Arturo Alessandri Palma, por ejemplo, que viró desde las posiciones más progresistas a la condición de ser el gobernante que más reprimió a los obreros, campesinos y estudiantes, mediante aquellas bochornosas “matanzas” alentadas por él y otros gobernantes autoritarios, como el mismo Diego Portales, dícese el fundador de nuestra república. Porque la derecha ha sido siempre muy seductora, capaz de detectar tempranamente a los políticos movidos por la ambición personal. Así como también es hábil para comprarse el favor de los militares y las policías e, incluso, la voluntad de los dirigentes sociales que tanta decepción provocan en trabajadores y organizaciones gremiales.

“Chile: Asilo contra toda forma de opresión”...

Miles de muertos que siguen sumándose a decenas de mapuches y ahora también a los inmigrantes, después de valerse de su mano de obra barata y haberlos traídos desde Haití, Perú, Bolivia, Venezuela, Colombia y otras naciones hermanas. A los mismos que quieren ahora expulsar, cavarles una vergonzosa zanja en el desierto o eliminarlos uno por uno en esas diarias balaceras policiales que poco distinguen entre personas decentes y delincuentes, y en que nadie les pide justificar sus actos. Todos hemos podido comprobar cómo se los asalta en sus viviendas precarias, destruyendo sus modestos enseres en los centenares de campamentos y “rucas” que se obligan a levantar para subsistir en un país con un enorme déficit habitacional y de climas tan severos.

Cuentan para todo ello con millones de chilenos que abrazan los despropósitos del nacionalismo y, hasta se han dejado poseer por el odio racial. Ese irracional patrioterismo/chovinismo que se expresa tan neciamente en los estadios por el consumo de drogas del narcotráfico o las borracheras de Fiestas Patrias, convencidos frívolamente de que somos el mejor país del mundo, hasta darse cuenta, posteriormente, de nuestra inferioridad económica y esclava dependencia del exterior. De que la derecha, en la cual depositó millones de sufragios, en menos de una semana les encarece la vida, retrotrae la clase media a la pobreza y ésta a la indigencia. Para comprobar, una vez más en nuestra historia, la codicia empresarial y la mediocridad de sus políticos devenidos en su guardia pretoriana, ahora otra vez en La Moneda y, desde siempre, en el Parlamento. 

Pero la derecha no tiene toda la culpa de lo que sucede actualmente en Chile como al otro lado de los Andes. Gran parte del fracaso del centro y de la izquierda en los últimos comicios se debe a sus propias inconsecuencias y corrupciones. Por ello es que con tanta certeza se repite “no hay nada más derechista que un izquierdista en el poder”. La corrupción que siempre ha acompañado a los políticos esta vez extremó su avidez en los gobiernos que se autocalificaban de izquierda o de centro izquierda.

Desde el llamado “retorno de la democracia”, no han dejado de sucederse los escándalos derivados del cohecho, el nepotismo y otros vicios. Sobresueldos millonarios, tráfico de influencia y malversaciones del erario público han comprometido a cada uno de los gobiernos que siguieron a Pinochet, quien a sus crímenes sumó también el enriquecimiento personal y de tantos cómplices activos y pasivos de la dictadura. Muchos de los cuales siguen vigentes e impunes en los grandes negocios y la política.

Aunque vinieron presidentes de distinto color político, la verdad es que los escándalos de la Concertación y de la Nueva Mayoría fueron comunes, al mismo tiempo que abrazaron las ideas neoliberales heredadas del régimen de facto, junto con prolongar la vigencia de su Constitución de 1980. En resumen, para mayor concentración de la riqueza, privatizaciones de yacimientos y servicios básicos como el agua y la electricidad. Como también de la educación, la salud y del sistema previsional.

Menos pobres e indigentes que antes, posiblemente, pero mayor asimetría entre los ingresos de los ricos y la inmensa mayoría del país. Un abismo sideral entre la calidad de la salud pública y la privada; entre los establecimientos escolares para los que pueden pagar, y los que son subvencionados por el Estado. Millones de chilenos sin techo y la prácticamente nula posibilidad de adquirir hoy una modesta casa o departamento. Cientos de miles de emprendedores pequeños y medianos que terminan vendiendo sus productos y servicios a las grandes empresas que son las que obtienen las multimillonarias utilidades, pagando muy discretos impuestos en relación al IVA que se nos cobra a todos y que representa la mayor recaudación fiscal. Grandes empresarios que ahora quieren ver disminuidos sus tributos con el entusiasta consentimiento de quienes están gobernando.

Es muy pronto para hacer un balance de lo que significó el gobierno de Gabriel Boric, pero mucho se explica en el contundente triunfo electoral de su sucesor José Antonio Kast. De lo que sí sabemos es de sus promesas incumplidas, como la de la “educación gratuita y de calidad”, el fin de las codiciosas Asociaciones de Fondos de Pensiones (AFPs) y de las isapres de la salud. También del turbio manejo de los recursos destinados a los pobres, para ser distraídos en las fundaciones y municipios oficialistas. Controladas por una nueva entidad política que declaró sin complejos ser de izquierda, pero muchos de sus militantes terminaron comportándose como la misma derecha y los partidos otrora también vanguardistas, como el PPD y el Partido Socialista. O como la propia Democracia Cristiana que ahora quema sus últimos cartuchos en la política, después de haber sido el primer partido, de haber chilenizado el cobre, de haber emprendido la reforma agraria y otros avances previos al Golpe Militar. O el Partido Comunista, de estirpe revolucionaria, pero también muy rendido a los embrujos del poder.

Cuatro años nos vienen ahora con la ultra derecha en el poder, cuyo protagonista es el Partido Republicano que se dio el lujo de vencer electoralmente humillando a la UDI y Renovación Nacional que ahora los tiene de séquito en La Moneda. Un nuevo período presidencial en que varios de sus miembros declaran tener las mejores intenciones, incluso una “evangélica” compasión con los pobres y la clase media, pero que no le ha temblado la mano para subir en más de un 30 por ciento el precio de los combustibles, reconocer que vendrá una fuerte inflación y anunciar una política tributaria en favor de los más ricos. Por culpa, como dicen, “de una guerra que no es de nosotros”, a pesar de los besamanos de Kast a Trump y los gobernantes más reaccionarios del mundo.

La esperanza que en realidad le queda al pueblo es la de mirar hacia la calle, a los miles de estudiantes que vuelven a movilizarse, a los millones de trabajadores que se resistirán a seguir esperando. En las ideas que siguen tan vigentes del humanismo y la redención de los oprimidos. Convenciéndose de que la derecha en La Moneda o la oposición es la que, en realidad, nos ha gobernado por largas décadas.

Lo subrayado/interpolado es nuestro.