viernes, 12 de junio de 2026

El capitalismo determinista mafioso y la corrupción en los Estados Unidos del convicto emperador Trump...

 



El capitalismo determinista mafioso y la corrupción en los Estados Unidos del convicto emperador Trump...

Por Prof. Henry Giroux* – Voces del Mundo/escritor, académico y analista internacional/ADDHEE.ONG:

Gentileza de Dr. Roberto Savio

La tradición no es el culto a las cenizas. Es la preservación del fuego. Por Gustav Mahler

La corrupción como espectáculo autoritario

La corrupción nunca ha estado lejos del centro de la política estadounidense. Algunos de los escándalos más notorios abarcan desde el amiguismo de Warren G. Harding hasta los abusos de poder sacados a la luz durante el escándalo del Watergate bajo el mandato de Richard Nixon. Sin embargo, muchos historiadores sostienen que lo que distingue a Donald Trump de presidencias corruptas anteriores es que la corrupción ya no opera a puerta cerrada, protegida por los rituales liberales de la legitimidad institucional y los eufemismos del decoro político. Bajo el mandato de Trump, la corrupción se lleva a cabo abiertamente como un espectáculo, celebrada como un signo de fuerza, riqueza, venganza y lealtad personal.

El régimen de corrupción en constante expansión de Trump ya no es simplemente una mala conducta financiera oculta, sino una exhibición pública de avaricia sociópata diseñada para normalizar la codicia, la anarquía, el poder sin límites y el colapso de la responsabilidad cívica. Refleja una política de nihilismo moral en la que el fascismo ya no aparece como una amenaza lejana, sino como un futuro que ya está tomando forma.

Como una insignia de honor, Trump abraza la corrupción no sólo como una forma de gobernar, sino como un espectáculo diseñado para legitimar la codicia, la crueldad y el poder sin límites. Funciona como lo que Dominic Wetzel ha denominado la «pornificación del sueño americano», una cultura en la que el exceso, la anarquía y la depredación se celebran como signos de éxito y fortaleza. En los Estados Unidos de Trump, la corrupción se convierte en un teatro de crueldad y violencia, saturando la vida política con los valores del miedo, el espectáculo y la desechabilidad. Alimenta una arquitectura de dominación más amplia, arraigada en jerarquías tóxicas de raza, clase, misoginia y nacionalismo cristiano blanco, al tiempo que convierte la anarquía y la agresión desenfrenada en formas de entretenimiento político.

La corrupción, en este sentido, es más que un síntoma de decadencia institucional, depravación moral o vulgaridad política. Se convierte en uno de los mecanismos pedagógicos y políticos centrales a través de los cuales la política fascista se afianza, erosionando los valores democráticos al tiempo que legitima una cultura organizada en torno a la brutalidad, la humillación y el abandono cívico. En esta formulación, la corrupción funciona como una especie de escenario fascista, creando las condiciones que alimentan lo que Jonathan Crary denomina en Scorched Earth un «motor implacable de adicción, soledad, falsas esperanzas, crueldad, psicosis, endeudamiento, vidas desperdiciadas, corrosión de la memoria y desintegración social».

La criminalización de la gobernanza

Lo que define al régimen de Trump, por tanto, no es simplemente la corrupción en el sentido convencional de soborno o mala gestión financiera. Se trata más bien de la fusión sistémica del poder autoritario, la codicia organizada, el espectáculo, la crueldad patrocinada por el Estado y la impunidad, una fusión que convierte la corrupción en un principio de gobierno y en un ideal cultural. La exhibición de la codicia y los escándalos resultantes tienen un alcance asombroso: el uso de los hoteles y complejos turísticos de Trump como cajeros automáticos políticos para grupos de presión, gobiernos extranjeros y operadores republicanos que buscan influencia; el lavado de dinero del narcotráfico, el desvío de dinero de los contribuyentes hacia propiedades de Trump a través de gastos del servicio secreto y del gobierno; el desvío de fondos de la toma de posesión hacia planes de enriquecimiento privado; el uso de empresas de criptomonedas y comités de acción política opacos como modernos fondos para gastos discrecionales; la aceptación de regalos fastuosos, viajes de lujo y aviones vinculados a benefactores multimillonarios e intereses extranjeros; y la monetización abierta del propio acceso político.

A esto se suman las conexiones de inversión saudí multimillonarias de Jared Kushner tras su cargo en la el régimen, los acuerdos de marcas registradas y la expansión empresarial de Ivanka Trump durante la administración, y el nombramiento nepotista de miembros de la familia para puestos de inmensa influencia política. Lo que surge es una magnitud de autocontratación y anarquía sin precedentes en la política estadounidense moderna. Pero estos escándalos no son abusos aislados del cargo. Apuntan a una transformación más profunda en la que la corrupción se institucionaliza como lógica de gobierno, como forma de pedagogía pública y como rasgo definitorio del poder autoritario.

La corrupción de Trump va más allá del lenguaje tradicional del escándalo político y se asemeja cada vez más a la lógica operativa de una organización criminal. El fondo para sobornos propuesto, de 1.786 millones de dólares, vinculado a acuerdos con insurrectos, oportunistas corruptos y otros aliados de Trump, es más que simple gansterismo financiero; revela una estructura de gobierno en la que enormes reservas de dinero funcionan como instrumentos de lealtad, recompensa, intimidación y protección política. Walter Olson tiene razón, al citar a Nick Catoggio, al afirmar que «se trata de un simple robo envuelto en la palabrería de la ‘militarización’ y la ‘compensación’… El presidente actúa con impunidad porque cree que la mayoría de su partido defenderá sin pensarlo dos veces cualquier cosa que haga, y tiene razón».

 En conjunto, estas acciones revelan un régimen que se asemeja cada vez más a una organización criminal. Tales prácticas se basan en la decisión de Trump de indultar a más de 1.600 personas condenadas en relación con el ataque del 6 de enero al Capitolio, incluidos los participantes implicados en agresiones violentas contra agentes de policía que defendían el proceso democrático. Los indultos transformaron la violencia política en una insignia de lealtad, indicando que los actos cometidos en defensa del líder no sólo serían excusados, sino santificados como servicio patriótico.

Al mismo tiempo, Trump ha recurrido en repetidas ocasiones al poder de indulto para proteger a aliados políticos, donantes acaudalados y figuras vinculadas a formas espectaculares de delincuencia. Entre los casos más infames se encuentra el indulto concedido a Ross Ulbricht, vinculado a una de las mayores operaciones del narcotráfico en línea de la historia de Estados Unidos. A esto se suman los indultos y las conmutaciones de pena otorgados a numerosos aliados y simpatizantes condenados por fraude, corrupción y delitos financieros. Por ejemplo, el indulto a Philip Esformes, condenado por uno de los mayores fraudes a Medicare de la historia de Estados Unidos, que supuso alrededor de 1.300 millones de dólares en reclamaciones fraudulentas. Esformes se convirtió en un símbolo de una política en la que la delincuencia de cuello blanco no se trata como una amenaza para el bien público, sino como moneda de cambio dentro de un sistema de lealtad transaccional.

Como informó el periodista David D. Kirkpatrick en The New Yorker, la familia Trump se ha embolsado aproximadamente 4.000 millones de dólares a través de una vasta red de negocios, operaciones de marca política, empresas de criptomonedas y transacciones basadas en la influencia vinculadas directa o indirectamente al poder político de Trump. Lo que se desprende de estas revelaciones no es meramente un patrón de violaciones éticas aisladas, sino la consolidación de una cultura política en la que la corrupción se normaliza tanto como espectáculo como forma de gobernanza. La extracción de riqueza, el clientelismo, la inmunidad legal y la violencia política convergen en una única maquinaria autoritaria alimentada por el miedo, el resentimiento fabricado y la lealtad ritualizada al líder.

Corrupción, cultura fascista y la muerte de la conciencia cívica

Si una de las caras de la política fascista se manifiesta en la transformación del Estado en un instrumento de terrorismo interno, la otra surge de la fusión entre el poder político y la corrupción sistémica. Aquí, el capitalismo mafioso se revela en su forma más depredadora, a medida que las instituciones públicas se vacían de contenido para enriquecer a las élites gobernantes, recompensar a los leales, castigar a los disidentes y normalizar la anarquía como modo de gobernanza. Sin embargo, la corrupción bajo la política fascista no opera sólo a través de las instituciones y los acuerdos económicos; también actúa a través de la cultura, la emoción, el espectáculo y la configuración de la conciencia cotidiana.

 En este sentido, la corrupción no puede reducirse a escándalos aislados o actos individuales de criminalidad. Se convierte en una fuerza cultural y un arma pedagógica que ataca la conciencia cívica, erosiona los lazos sociales esenciales para la vida democrática y legitima las pasiones movilizadoras del fascismo a través de espectáculos de degradación, desechabilidad, crueldad y odio fabricado.  Funciona como parte de una pedagogía neoliberal más amplia en la que la vida cívica se reorganiza en torno a los valores del interés propio, la mercantilización, el hiperindividualismo y la competencia despiadada. Décadas de propaganda impulsada por el mercado, la cultura de las celebridades, el antiintelectualismo y las máquinas de desimaginación han normalizado un lenguaje moral en el que la codicia se convierte en aspiración, la crueldad se convierte en entretenimiento y los bienes públicos pasan a ser objeto de desprecio. En tales condiciones, la corrupción se integra en la conciencia cotidiana como algo normal, en lugar de ser reconocida como un ataque al ideal y a la promesa de una democracia sólida.

En la política fascista, la corrupción desempeña una función aún más profunda e insidiosa. No sólo corrompe las instituciones, sino que destruye la sensibilidad ética y cívica necesaria para la propia vida democrática. Al difuminar la distinción entre el servicio público y el saqueo privado, entre la responsabilidad social y la criminalidad, adormece la conciencia, normaliza la deshonestidad y la crueldad y despoja a la política de cualquier obligación moral hacia el bien común.

Lo que surge es una cultura en la que la codicia se convierte en una virtud cívica, la anarquía en una medida de poder y el sufrimiento de los demás en un mero daño colateral en la búsqueda de dominio. Es precisamente este colapso de la conciencia en un entumecimiento moral y una falta de reflexión lo que, como argumentó Hannah Arendt en Eichmann in Jerusalem y más tarde en Responsability and Judgement, crea las condiciones en las que florece el autoritarismo.

En el universo político de Trump, la corrupción se convierte en una demostración autoritaria de dominio descarnado, y se hace alarde de ella abiertamente porque el objetivo no es ocultar la criminalidad, sino normalizarla. Las interminables estafas, los sobornos, el enriquecimiento familiar, las campañas de intimidación, los indultos y las lealtades transaccionales envían un mensaje claro al público: la democracia ya no es un proyecto ético compartido, sino un mercado de crueldad, clientelismo, capitalismo mafioso,  en especial del narcotráfico...

Como ha argumentado la historiadora Ruth Ben-Ghiat, estos sobornos e indultos no deben considerarse meramente como recompensas por la lealtad pasada. Funcionan como garantías para futuros actos de violencia política y lealtad autoritaria. Al igual que las organizaciones criminales y los regímenes autocráticos de todo el mundo (en particular Hungría antes de la reciente derrota de Orbán en las últimas elecciones), estos sistemas vinculan a los seguidores al líder haciendo desaparecer sus problemas legales, al tiempo que los preparan para un futuro servicio al movimiento. Los indultos, los acuerdos económicos, los favores políticos y las protecciones selectivas se convierten en mecanismos para construir lo que equivale a una red de lealtad financiada por el Estado, diseñada para garantizar la obediencia no a través del consentimiento democrático, sino mediante el miedo, la dependencia, la corrupción y la complicidad compartida.

La corrupción como pedagogía pública

En tales condiciones, la corrupción adquiere una fuerza pedagógica. Enseña que la democracia está en venta, que la injusticia es más importante que la justicia y que el poder pertenece a aquellos lo suficientemente ricos y despiadados como para situarse por encima de la rendición de cuentas. El peligro no reside sólo en las prácticas delictivas implicadas, sino en las lecciones culturales más amplias que imparten: que el gansterismo puede funcionar como arte de gobernar, que la lealtad al líder prevalece sobre la lealtad a la ley y que la democracia puede vaciarse de contenido mediante una fusión de indignación coreografiada, corrupción y olvido organizado; fomentada por una interminable serie de máquinas de desimaginación. Para comprender cómo dicha corrupción se asegura el consentimiento de las masas, es necesario examinar los aparatos culturales y mediáticos que difunden sus valores y transforman el autoritarismo en una forma de pedagogía cotidiana y de lenguaje que coloniza la conciencia.

El autoritarismo digital y la cultura del espectáculo

La corrupción en el régimen de Trump no opera aislada de la cultura, los medios de comunicación y la vida cotidiana. Se ve facilitada y amplificada a través de una vasta red de aparatos culturales, plataformas digitales y sistemas mediáticos propiedad de multimillonarios que normalizan la codicia, celebran el interés propio despiadado y elevan los valores del capitalismo neoliberal a un sentido común dominante. Los oligarcas tecnológicos que dominan las redes sociales y las comunicaciones digitales hacen más que controlar la información: moldean los paisajes emocionales y pedagógicos a través de los cuales las personas aprenden a verse a sí mismas, a los demás y el sentido mismo de la política. En este entorno, la corrupción ya no se considera principalmente como una violación de la confianza pública. En este entorno, el dominio algorítmico y el feudalismo digital se presentan como astucia empresarial, marca personal y éxito competitivo, así como la búsqueda descarada del poder en una cultura en la que el ganador se lo lleva todo. En realidad, representa una forma hiperintensificada de la maldad instrumentalizada.

El terreno pedagógico contemporáneo del capitalismo mafioso favorece abrumadoramente a la plutocracia oligarca, empresarial – bancaria financiera/agiotista, agrícola monopolista a los reaccionarios y a los poderosos políticamente. Cada vez más, amplios sectores del público, especialmente los votantes indecisos y el público más joven, ya no reciben información política a través del periodismo tradicional o las esferas públicas democráticas, sino a través de plataformas de redes sociales, canales de YouTube, redes de influencers y podcasts dominados por personalidades de la ultraderecha fascista como Tucker Carlson, mientras que los sistemas impulsados por algoritmos y controlados por oligarcas tecnológicos como Elon Musk y Mark Zuckerberg amplifican la indignación, la desinformación y el resentimiento autoritario. Algunos de los podcasts políticos más escuchados están presentados por figuras reaccionarias que trafican con teorías conspirativas, agravios inventados, nacionalismo blanco, misoginia y retórica antidemocrática.

Al mismo tiempo, las fuerzas políticas conservadoras ejercen una enorme influencia en YouTube, Facebook, TikTok y X, donde la indignación, el miedo, el resentimiento y el espectáculo circulan con una velocidad y una intensidad emocional extraordinarias. Estas plataformas premian el sensacionalismo, la agresividad y la manipulación emocional porque la indignación genera clics, atención y beneficios. Fomentan la fragmentación social, la alienación y la atomización y, como señala Jonathan Crary, representan cada vez más un «aparato global integral para la disolución de la sociedad».

 Al hacerlo, crean un entorno cultural y pedagógico en el que los valores autoritarios adquieren una enorme fuerza legitimadora, mientras que el pensamiento crítico, la memoria histórica y la alfabetización cívica son cada vez más borrados, castigados o considerados sospechosos. Al mismo tiempo, reproducen y normalizan la gramática venenosa de la política fascista: la anarquía elevada a principio de gobierno, el odio racial y las fantasías de limpieza étnica definidas descaradamente como cuestiones de seguridad y pureza nacional, las ideas críticas prohibidas o criminalizadas, la violencia genocida en Gaza racionalizada como política y el asesinato de periodistas en zonas de guerra normalizado como daño colateral en una era de barbarie organizada. En estas condiciones, la cultura digital ya no se limita a comunicar la política; se convierte en una de las principales fuerzas pedagógicas a través de las cuales se producen identidades, deseos e inversiones emocionales autoritarias.

La estética MAGA y la pedagogía de la crueldad

Lo que surge bajo el trumpismo no es simplemente una política de corrupción, sino un régimen cultural y pedagógico más amplio de criminalidad y terrorismo de Estado. A diferencia de las formas más antiguas de propaganda autoritaria, que exigían creencias ideológicas y una obediencia disciplinada, la cultura autoritaria contemporánea exige una participación superficial, una rendición emocional, una actitud antiintelectual y una circulación compulsiva a través de los flujos interminables de los medios digitales y el uso peligroso de la inteligencia artificial. La política se transforma en teatro político, guerra de memes e indignación performativa. La participación ya no requiere un juicio informado ni una alfabetización crítica; requiere una inversión emocional en espectáculos de humillación, crueldad, resentimiento y lealtad tribal. La corrupción se convierte en parte de las exhibiciones ritualizadas de dominación, ostentada abiertamente como un signo de poder, control sin límites e inmunidad frente a la rendición de cuentas.

La circulación interminable de memes, fantasías generadas por IA, teorías de la conspiración, indignación escenificada y actuaciones políticas impulsadas por celebridades crea una cultura en la que los valores autoritarios se absorben afectivamente antes de que sean examinados críticamente. En este universo mediático, el lenguaje de la democracia se disuelve en ejercicios de marca y reacciones emocionales diseñadas algorítmicamente. Aquí, el concepto de «espectáculo» de Guy Debord se vuelve indispensable, porque la política ya no funciona principalmente a través del argumento razonado, sino a través de un teatro de imágenes mercantilizadas, emociones fabricadas y distracciones interminables. Igualmente importante es que la obra de Jean Baudrillard ayuda a explicar cómo las fantasías generadas por la inteligencia artificial y las imágenes políticas hiperreales circulan no porque sean creíbles en ningún sentido convencional, sino porque producen una gratificación emocional desvinculada de la verdad, las pruebas o la memoria histórica. Al mismo tiempo, Neil Postman previó una cultura en la que la vida pública se disolvería en el entretenimiento y el espectáculo, erosionando las capacidades mismas necesarias para el juicio democrático y el pensamiento crítico.

Cada vez más, la corrupción de la política se refleja en la corrupción de la cultura cívica, la conciencia pública y el juicio moral. Los grotescos vídeos generados por IA y los espectáculos escenificados que Trump difunde sin cesar y que se amplifican a través de los ecosistemas mediáticos de la derecha hacen algo más que entretener. Funcionan como formas de pedagogía pública autoritaria que normalizan la humillación, la crueldad, el racismo, la hipermasculinidad y el analfabetismo cívico como virtudes públicas. En estas fantasías fabricadas digitalmente, Trump aparece como un salvador designado por Dios y abrazado por Jesús, los críticos quedan reducidos a objetivos de ridículo y fantasías de degradación y la agresión contra los disidentes se escenifica como fuente de diversión popular y gratificación emocional. En un atroz vídeo racista generado por IA, Trump retrata al expresidente Barack Obama y a Michelle Obama como simios. Este tipo de espectáculos son importantes porque socavan los fundamentos éticos de la vida democrática, sustituyendo la responsabilidad cívica, la compasión, la memoria histórica y el juicio crítico por una política basada en la burla, el resentimiento, la ira fabricada y el placer autoritario. La política ya no apela al consentimiento informado, a la responsabilidad ética ni al debate razonado. En cambio, adiestra al público para que disfrute con la humillación, celebre el poder sin límites y acepte la crueldad como entretenimiento.

Máquinas de desimaginación y cultura neofascista

Bajo este régimen pedagógico, los valores neoliberales de la competencia tóxica, el interés propio sin límites, la desechabilidad, la cultura mercantilizada de la inmediatez y la supervivencia impulsada por el mercado se fusionan a la perfección con la política autoritaria. La cultura de las celebridades, los sistemas mediáticos algorítmicos, el nacionalismo cristiano, el antiintelectualismo y la teatralidad fascista se fusionan en lo que en otros lugares he denominado una máquina de desimaginación, un poderoso aparato de pedagogía pública que educa a las personas emocionalmente antes de persuadirlas intelectualmente. Su poder más profundo no reside meramente en difundir mentiras, sino en moldear deseos, identidades y disposiciones emocionales que convierten la corrupción, la crueldad y el capitalismo determinista mafioso en rasgos habituales de la vida cotidiana. El autoritarismo se vuelve placentero, los movimientos nacionalistas blancos y las lealtades de tipo sectario sustituyen a la solidaridad democrática y la vida pública se reduce a un juego brutal organizado en torno a la humillación, la explotación y la emoción de la dominación.

De esta maquinaria surge una forma de política neofascista en la que la corrupción ya no es una desviación del gobierno, sino uno de sus principios organizativos fundamentales. Sin embargo, los medios de comunicación dominantes suelen tratar la corrupción como poco más que un escándalo y un espectáculo, ocultando su papel dentro de una política más amplia de desechabilidad, explotación y control autoritario. Lo que está en juego es un sistema depredador que vacía de contenido a las instituciones democráticas al tiempo que concentra la riqueza y el poder en manos de una oligarquía financiera y política unida por el miedo, la lealtad y la codicia organizada. Pero la corrupción por sí sola no es la amenaza más profunda. El mayor peligro reside en las condiciones culturales y pedagógicas que la normalizan. En una época dominada por las máquinas neoliberales de desimaginación, la política impulsada por el espectáculo y la ignorancia fabricada, el gangsterismo se presenta como fortaleza, la crueldad como autenticidad y la anarquía como libertad.

 En una época dominada por las máquinas neoliberales de la desimaginación, la política impulsada por los medios de comunicación y la ignorancia fabricada, los valores y las pasiones fascistas ya no se ocultan; se comercializan, se representan y se celebran. En este escenario, la corrupción funciona como teatro político, un espacio donde la política se disuelve en la gramática visual del fascismo.

Militarismo, hipermasculinidad y nacionalismo cristiano blanco

En su forma más extrema, esta cultura de corrupción y espectáculo autoritario converge con una política que glorifica el militarismo, la violencia y la dominación hipermasculina. Una de las fuerzas motrices detrás de la corrupción sistémica que define al régimen de Trump es la fusión del militarismo tóxico, el nacionalismo cristiano blanco y una política hipermasculina que glorifica la violencia, la dominación y la guerra. Esta convergencia letal se hace patente en las apelaciones de Trump a la autoridad divina, la retórica bíblica y las imágenes cruzadas que utiliza para justificar la agresión militar y la violencia de nivel de crímenes de guerra en Irán. También se manifiesta en el lenguaje militarizado de Pete Hegseth, el autoproclamado «secretario de Guerra» de Trump, para quien la guerra se convierte en un escenario de redención masculina en el que la crueldad se define como una insignia de fortaleza. El militarismo fanfarrón de Hegseth podría parecer absurdo si no estuviera vinculado al poder del Estado y a su capacidad para desatar la violencia tanto en el país como en el extranjero. Como observa Jasper Craven, su retórica está impregnada de «islamofobia, misoginia y una versión claramente tóxica de la masculinidad», un lenguaje venenoso que convierte el militarismo en un espectáculo de agresión al tiempo que eleva la brutalidad autoritaria a modelo de identidad nacional y virtud cívica.

Hacia una política de resistencia y lucha por el socialismo

Vale la pena reiterar que la crisis a la que nos enfrentamos no es simplemente una crisis de corrupción, sino de destrucción acelerada de la democracia, a medida que la justicia, la memoria histórica, la acción cívica y la conciencia pública se ven vaciadas de contenido por las fuerzas del neoliberalismo depredador y el autoritarismo. El trumpismo pone de manifiesto cómo el capitalismo mafioso, fusionado con la política autoritaria, transforma al Estado en un instrumento de terrorismo interno, depredación económica y nihilismo moral. Coloniza la conciencia, borra la memoria histórica y reescribe la historia. En tales condiciones, la resistencia no puede reducirse a reformas legales, comisiones de ética o llamamientos al decoro cívico. La historia ha demostrado adónde conducen esas fuerzas: a cámaras de tortura, encarcelamiento masivo, campos de concentración y la institucionalización de la crueldad como principio de gobierno.

Lo que se necesita es una ruptura fundamental con un orden político y económico que concentra la riqueza y el poder en manos de oligarcas financieros, al tiempo que desmantela los bienes públicos, las protecciones sociales y las instituciones democráticas al servicio de la codicia organizada. Esta es una lucha que debe situar la educación en el centro de la política para cambiar la conciencia pública, como parte de una lucha más amplia para desmantelar las instituciones económicas y políticas del capitalismo mafioso.

Al fin y al cabo, la corrupción que subyace en el régimen de Trump no puede separarse de la cultura autoritaria y neofascista más amplia que la alimenta y la legitima, una cultura en la que el militarismo, el nacionalismo apocalíptico, la masculinidad tóxica, el capitalismo mafioso y una política de desechabilidad se funden en una maquinaria de dominación. Se trata de una política que libra una guerra no sólo contra las instituciones democráticas, las ideas críticas y los valores públicos, sino también contra las condiciones mismas que hacen posibles la justicia, la solidaridad, la compasión y la libertad colectiva.

La lucha contra la corrupción autoritaria debe, por tanto, formar parte de una lucha más amplia para recuperar la política como un proyecto moral, social y colectivo arraigado en la memoria histórica, la justicia económica, la responsabilidad compartida y la promesa radical de la vida democrática. Sin embargo, esta lucha debe tener en cuenta la advertencia de Frederick Douglass de que «el poder no concede nada sin una exigencia». Para Douglass, el poder opresor nunca retrocede por sí solo. Sólo cede cuando se enfrenta a una fuerza colectiva capaz de socavar su autoridad, poner al descubierto sus injusticias y hacer que el dominio sea cada vez más difícil de mantener. En este caso, la resistencia se vuelve peligrosa para el poder autoritario no sólo porque se opone al dominio, sino porque encarna una energía moral y política colectiva capaz de desestabilizar los cimientos mismos sobre los que se asienta ese poder.

Lo que está en juego no es sólo la defensa de las normas democráticas, sino la creación de un futuro radicalmente diferente. Los retos que se nos plantean consisten en desmantelar el capitalismo determinista mafioso y la política fascista que este genera. En su lugar, tenemos la tarea de construir una visión socialista basada en la dignidad humana, la solidaridad, la justicia, la igualdad y el bien común. Como señaló Douglass en su famosa frase: «Sin lucha, no hay progreso». Este es el poder del pensamiento crítico, la resistencia de las gentes y la esperanza militante.

Lo subrayado/interpolado es nuestro

viernes, 5 de junio de 2026

Pueblos Europeos: “quien no aprende las lecciones que le da la historia, está condenado a repetirlas, la historia en el sistema capitalista determinista se repite como farsa y después como tragedia”...



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La OTAN, una estafa peligrosa para Europa Alemania construye un ejército de 460 mil efectivos

Los alemanes son los mismos de siempre y todos quienes pensaban que habían cambiado, con relación a la Segunda Guerra Mundial, se equivocaron, ya que el gobierno presentó un proyecto que aumenta de manera considerable el poderío de la Bundeswehr, con la pretensión de convertirlo en la más potente de Europa y no solo en cuanto al número de soldados, sino que también en lo concerniente a la modernización de tipo integral, en la que tener un ejército más flexible, con mejor equipamiento y preparado para guerras de alta intensidad, incluyendo conflictos híbridos, aparecen como los principales objetivo propuestos. Se trata de enfrentar al poderío ruso en el continente europeo.

Por Thomas Fazi/escritor y analista internacional/ADDHEE.ONG:

El rearme de Alemania está diseñado para sostener la hegemonía estadounidense en el continente. El objetivo de Trump es convertir al país en “vasallo en jefe” de la Alianza.

Trump ha vuelto a crear revuelo entre los europeos. En esta ocasión, ha anunciado la retirada de unos 5.000 soldados de Alemania como parte de una decisión del Pentágono motivada por la disputa pública del presidente con el canciller alemán, Friedrich Merz, sobre la guerra de Irán. El recorte supone aproximadamente el 14 % de los cerca de 35.000-36.000 soldados estadounidenses actualmente estacionados en Alemania, y se espera que se lleve a cabo en un plazo de seis a doce meses, devolviendo los niveles de las fuerzas estadounidenses a los que tenían antes de la invasión rusa de Ucrania en 2022. Trump ha insinuado que podrían producirse más recortes. Ha calificado la medida de “castigo” por las críticas de Merz a la gestión de la guerra por parte de Washington, entre las que destaca la afirmación de Merz de que Irán ha “humillado” a los Estados Unidos. 

Esto forma parte de una ofensiva más amplia, lanzada por Trump contra los aliados de la OTAN en las últimas semanas, por su negativa a enviar fuerzas navales para ayudar a abrir el estrecho de Ormuz. Les dijo a los miembros de la OTAN que “tendrán que empezar a aprender a defenderse por sí mismos” porque “los Estados Unidos ya no estarán ahí para ayudarles, igual que no estuvieron ustedes ahí para [ayudarnos a] nosotros”. Trump también ha amenazado con retirar tropas de Italia y España, y ha vuelto a plantear la posibilidad de que los Estados Unidos abandonen la OTAN por completo. Cuando se le preguntó en una entrevista reciente si reconsideraría la pertenencia de Estados Unidos a la Alianza, Trump respondió: “Oh, sí, diría que [eso] va más allá de una reconsideración”.

En este contexto, el ambicioso programa de rearme de Alemania se presenta de forma generalizada como un paso positivo en la dirección correcta: Europa está, por fin, tomando las riendas de su propia seguridad. Pero, ¿se sostiene este discurso? ¿Y hasta qué punto hay que tomarse en serio la amenaza de los Estados Unidos de abandonar la OTAN? Un análisis más detallado revela una imagen muy diferente.

El mes pasado, Alemania publicó su primera estrategia militar oficial, presentada por Boris Pistorius, ministro de Defensa del país. Su principal objetivo es transformar la Bundeswehr en “el ejército convencional más fuerte de Europa” para 2035, y en una fuerza “tecnológicamente superior” para 2039, con la República Federal situada como principal potencia militar del continente y socio principal de sus aliados europeos. Para lograrlo, la estrategia prevé un rearme masivo con armas de largo alcance, un amplio despliegue de inteligencia artificial, automatización y sistemas autónomos, y una fuerza total –incluidas las reservas– de 460.000 soldados. La reserva se plantea explícitamente como un puente hacia la sociedad civil, lo que indica una intención de ampliar la militarización social.

La estrategia ha suscitado reacciones muy dispares. Algunos la aclaman como un paso largamente esperado para liberar a Alemania –y, por extensión, a Europa– de la tutela militar estadounidense, dada la aparente “desvinculación” de EEUU de la OTAN. Otros la consideran un peligroso resurgimiento del nacionalismo militar alemán, que evoca el capítulo más oscuro de la historia europea del siglo XX. Ambas interpretaciones pasan por alto lo esencial. El rearme de Alemania no está diseñado para hacer que el país sea más soberano militarmente –para bien o para mal–. Está diseñado para elevar el papel de Alemania como “vasallo en jefe” dentro de la estructura de mando de la OTAN controlada por los Estados Unidos. En este sentido, la disputa entre Trump y Merz debería considerarse poco más que teatro político.

El propio documento lo deja claro. Una de sus frases clave reza: “La OTAN debe volverse más europea para seguir siendo transatlántica”. El papel de Alemania no se concibe meramente como el de un actor militar de primera línea, sino como centro logístico y estratégico de la OTAN: el nodo que une Europa Oriental, Central y Occidental, al tiempo que mantiene la conexión transatlántica con Norteamérica. En otras palabras: Alemania debe rearmarse para sostener la hegemonía estadounidense en el continente. Parafraseando una famosa frase de la novela italiana El gatopardo: “Todo tiene que cambiar para que todo pueda seguir igual”.

Así lo dejaba claro un reciente mensaje en X de Elbridge Colby, subsecretario de Defensa para Política de los Estados Unidos. Colby acogía con satisfacción la nueva estrategia militar de Alemania como una reivindicación de la presión ejercida por Trump sobre los aliados europeos para que se rearmaran, y la presentaba como un paso hacia lo que él denomina “OTAN 3.0”. Su argumento principal es que Europa, liderada por Alemania, debe ahora convertir los Compromisos de La Haya –en los que los europeos se comprometieron a una inversión histórica, con el objetivo de destinar el 5 % de su PIB a Defensa para 2035– en capacidad militar concreta. Citaba aprobatoriamente al secretario general de la OTAN, Rutte: “Sistemas de defensa aérea, drones, munición, radares, capacidades espaciales: eso es lo que nos mantendrá a salvo”. En lo que respecta específicamente a Alemania, Colby presentaba la nueva estrategia militar como prueba de que Berlín estaba por fin dando un paso al frente tras “años de desarme”, señalando que el rebautizado Departamento de Guerra ya estaba colaborando estrechamente con los alemanes para acelerar la transición.

La propia estrategia, tal y como la citaba Colby, reconoce que Estados Unidos “está desplazando cada vez más su enfoque estratégico hacia el hemisferio occidental y el Indo-Pacífico” y exige a los aliados que “intensifiquen sus esfuerzos para salvaguardar su propia seguridad”. Alemania, en este contexto, debe convertirse en “un aliado militar aún más fuerte de Estados Unidos” precisamente porque este país está reorientando sus esfuerzos hacia otros lugares.

Esto no es más que una reformulación de la “división del trabajo” que el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, anunció nada más tomar posesión la Administración Trump. Dejó claro que los Estados Unidos debían centrar su atención en otros frentes –ahora sabemos que se refería a Irán y, en última instancia, a China– y que, por lo tanto, Europa tendría que asumir la responsabilidad de “gestionar su propia seguridad”, lo que implicaba mantener la presión sobre Rusia a través de Ucrania. Europa cumplió con su parte: ha aumentado su gasto en defensa y ha redoblado su apoyo a Kiev, mediante el préstamo incluso de 90.000 millones de euros recientemente aprobado. Ahora estamos asistiendo a la progresión natural de esa lógica, a medida que Europa asume toda la carga financiera para la continuación de la guerra por poderes contra Rusia.

En resumen, los Estados Unidos no se están “desvinculando de Europa”; simplemente exigen que Europa contribuya más a la OTAN, sin dejar de estar firmemente integrados en la estructura de mando de la Alianza –en definitiva, que pague más por su propia subordinación–.

Esto exige una reevaluación de la estrategia general de Trump hacia Rusia. Aunque se le acusa habitualmente de “apaciguar a Putin” –con críticos que citan su recorte de la financiación estadounidense a Ucrania y sus intentos (fallidos) de negociar un acuerdo de paz–, la realidad es más compleja. Estados Unidos lleva mucho tiempo tratando de obligar a Europa a desvincularse del gas ruso y sustituirlo por GNL estadounidense, y la guerra en Ucrania les ha permitido lograrlo –hasta tal punto que cabe preguntarse si la estrategia estadounidense a de décadas en Ucrania, desde ayudar a derrocar al gobierno elegido democráticamente en 2014 hasta atraer firmemente al país a la órbita informal de la OTAN, no se diseñó precisamente para provocar a los rusos y llevarlos a la guerra. La explosión del gasoducto Nord Stream debe entenderse siempre como parte de esta estrategia. Esto se hace aún más evidente a la luz de la última Estrategia de Seguridad Nacional de los EEUU, publicada en noviembre de 2025, que designa el “dominio energético estadounidense” en petróleo, gas, carbón y energía nuclear como una prioridad estratégica máxima, encuadrando explícitamente la expansión de las exportaciones energéticas estadounidenses como un medio de “proyectar poder”.

Esta lógica no sólo arroja luz sobre las campañas militares de los EEUU contra Venezuela e Irán, sino también sobre por qué, con el fin de mantener a Europa dependiente de la energía estadounidense y aislada de los suministros rusos, tiene el régimen de Estados Unidos un interés estructural en que continúe la guerra por poderes. Por lo tanto, es fácil llegar a la conclusión de que los EEUU nunca fueron sinceros en sus intenciones de hacer las paces con Rusia. La única diferencia hoy en día es que la guerra ya no se libra solo a través de Ucrania, sino a través de la propia Europa.

En vista de ello, las aparentes “amenazas” de Estados Unidos de abandonar la OTAN –y el programa de rearme de la clase dirigente europea, sobre todo el de Alemania– se revelan como componentes de la misma estrategia: mantener a Europa subordinada a las prioridades geopolíticas estadounidenses. La nueva estrategia militar alemana no es más que el cumplimiento por parte de Berlín del papel que Washington le ha asignado: mantener la línea frente a Rusia mientras los Estados Unidos se orientan hacia el Indo-Pacífico y el hemisferio occidental. Esto no es nacionalismo, militar o de otro tipo, sino todo lo contrario: el menoscabo de los intereses fundamentales alemanes y europeos a manos de una élite transnacional.

En este contexto, Alemania debe entenderse como pilar de un nuevo núcleo europeizado de la OTAN, compuesto por Alemania, Francia, el Reino Unido y la propia Ucrania (aunque esta última se encuentre formalmente fuera de la Alianza). Esto también refleja un plan estadounidense de larga data. En el libro The Grand Chessboard [‘El gran tablero mundial: La supremacía estadounidense y sus imperativos estratégicos’ (Paidós, 1998)], el influyente diplomático polacoestadounidense Zbigniew Brzezinski predijo que “la colaboración política franco-germano-polaco-ucraniana… podría evolucionar hacia una asociación que potenciara la profundidad geoestratégica de Europa”, y añadió que “el objetivo geoestratégico central de los Estados Unidos en Europa puede resumirse de forma muy sencilla: consolidar, a través de una asociación transatlántica más genuina, la cabeza de puente de los EEUU en el continente euroasiático”.

Con ello debería disiparse cualquier idea residual de que lo que estamos presenciando equivale a un avance hacia la autonomía estratégica alemana o europea. No es casualidad que la nueva estrategia militar de Alemania identifique a Rusia como “amenaza más grave e inmediata” para la seguridad europea, una afirmación que forma parte de una descripción europea más amplia que advierte de una guerra inevitable con Rusia en los próximos años. A primera vista, esta postura antirrusa podría parecer que refleja una postura claramente “europea”, aparentemente en desacuerdo con la posición pública de Estados Unidos. Pero esto resulta en buena medida una ilusión. No sólo ha interiorizado a fondo el establishment transatlántico europeo las prioridades estratégicas de los Estados Unidos, sino que la jerarquía de mando de la OTAN deja clara la verdadera cadena de autoridad.

El control operativo real de la guerra por poderes contra Rusia sigue estando firmemente en manos angloamericanas. Al frente se encuentra el Cuartel General Supremo de las Potencias Aliadas en Europa (SHAPE), con sede en Mons (Bélgica), que traduce las decisiones políticas en objetivos militares. El Comandante Supremo Aliado en Europa (SACEUR) –siempre un general estadounidense, que también ejerce como comandante del Mando Europeo de los EEUU– lo dirige junto con un adjunto británico. Un general alemán coordina el trabajo del Estado Mayor en calidad de jefe de Estado Mayor, pero la toma de decisiones efectiva recae en los dos mandos superiores.

Por debajo del SHAPE, el mando operativo se divide en dos ramas: tres mandos de fuerzas conjuntas (JFC), que son los auténticos comandantes de teatro para operaciones a gran escala, y tres mandos de componentes que abarcan el ámbito aéreo (Ramstein, Alemania), terrestre (Esmirna, Turquía) y marítimo (Northwood, Reino Unido). MARCOM, el mando marítimo, ha estado tradicionalmente bajo el liderazgo del Reino Unido, pero los Estados Unidos asumieron recientemente su control, situando los tres mandos de componentes bajo mando estadounidense –una consolidación significativa que ha pasado en gran medida inadvertida–. Hasta cuando un oficial europeo dirige un JFC –como el mando del JFC de Nápoles, que recientemente pasó de los Estados Unidos a Italia–, sigue bajo control estadounidense la dirección estratégica general; los comandantes de los JFC ejecutan los objetivos fijados por el SHAPE.

Hay otras dos dependencias estructurales que refuerzan el dominio estadounidense. La primera es el concepto C4ISR (Mando, Control, Comunicaciones, Informática, Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento): los aliados europeos dependen casi por completo de las plataformas de satélite, aéreas y marítimas, de Estados Unidos para obtener inteligencia, vigilancia y localización de objetivos en tiempo real, lo que en conjunto constituye la columna vertebral de la capacidad de combate de la OTAN. De hecho, hasta el Wall Street Journal ha reconocido que las operaciones de ataque en profundidad de Ucrania dentro de Rusia –incluidas, recientemente, las dirigidas contra varias instalaciones de producción de petróleo– no podrían llevarse a cabo sin la inteligencia y las capacidades por satélite estadounidenses. La segunda dependencia, menos visible en el debate público, pero potencialmente más trascendental, es la densa presencia de oficiales del Estado Mayor estadounidenses integrados en toda la estructura de mando de la OTAN en todos los niveles de la jerarquía, lo que le otorga a Washington un control institucional que ningún cambio en los títulos de mando puede desplazar fácilmente.

Todo esto debería disipar cualquier idea de que los Estados Unidos no están profundamente implicados en la guerra de Ucrania, o de que tienen la intención de abandonar la OTAN y “desvincularse” realmente de Europa. Más allá de la estructura de mando, Estados Unidos opera numerosas bases e instalaciones militares en todo el continente, tanto en el marco de la OTAN como bajo control exclusivo estadounidense, que son indispensables para su proyección de poder a escala mundial. La base aérea de Ramstein, en Alemania –que alberga a unos 16.000 soldados– funciona como centro de control del tráfico de drones militares a escala mundial, al tiempo que coordina las operaciones aéreas estadounidenses en Europa, África y Oriente Medio.

Una investigación reciente del Wall Street Journal confirmaba que, a pesar de las protestas públicas de los líderes europeos, las bases estadounidenses en todo el continente han funcionado como infraestructura esencial para la guerra de los Estados Unidos contra Irán. Tal como afirmaba el artículo, “Europa sigue siendo la base de la proyección de la fuerza estadounidenses en el mundo”. Hasta el secretario general de la OTAN, Rutte, describió recientemente el propósito de la OTAN como “plataforma de proyección de poder para los Estados Unidos”.

Otro elemento es lo que los analistas denominan “dividendos ocultos” de la OTAN: los contratos y pedidos para las industrias de defensa estadounidenses. Esta red de 1.300 acuerdos entre los 32 Estados miembros que establecen las normas para las armas y el equipamiento de la OTAN –que abarcan desde los calibres de munición hasta los diámetros de los depósitos de combustible– fue impuesta originariamente por Estados Unidos y favorece de manera abrumadora al complejo militar-industrial estadounidense.

El rearme alemán y europeo, por lo tanto, en el contexto de una OTAN supuestamente más “europea”, no está reforzando la autonomía europea, sino que la está erosionando aún más. No solo convierte a Europa en cómplice de las aventuras militares cada vez más temerarias de Estados Unidos, como demuestra la guerra con Irán, sino que, lo cual es aún más grave, está empujando al continente a un enfrentamiento potencialmente catastrófico con Rusia. Rusia está observando y respondiendo en consecuencia. En un discurso reciente, el ministro de Asuntos Exteriores, Lavrov, manifestó: “Se nos ha declarado abiertamente la guerra. Se está utilizando al régimen de Kiev como punta de lanza. Sin embargo, todo el mundo es consciente de que esta punta es inutilizable sin los suministros occidentales de armas, datos de inteligencia, sistemas de satélites, entrenamiento de personal militar y mucho más”. Lavrov añadió que los líderes occidentales están preparando activamente a sus ciudadanos para la guerra con Rusia –utilizando a Ucrania para ganar tiempo– y que Rusia se toma la amenaza muy en serio. No se pueden exagerar los peligros del camino que estamos recorriendo.

Cabe hacer una última observación. El historiador francés Emmanuel Todd ha sostenido que gran parte de lo que hoy se considera nacionalismo en Occidente –de Alemania al Japón– es, de hecho, una forma de nacionalismo “imaginario”: un vasallaje hacia los Estados Unidos disfrazado de soberanía. Contrasta esto con el nacionalismo “real”, una política genuinamente orientada a la soberanía que hoy en día brilla por su ausencia. El neomilitarismo alemán, como se ha argumentado aquí, encaja perfectamente en la primera categoría. Pero esto no significa que no pueda resurgir un “verdadero” nacionalismo alemán –con sus consiguientes aspiraciones de hegemonía continental–. La militarización de la sociedad alemana y el endurecimiento del sentimiento antirruso son fenómenos reales y cada vez más profundos. Al fin y al cabo, hay un precedente histórico. Hace un siglo, la clase dirigente estadounidense toleró el rearme militar nazi como baluarte antisoviético, sólo para que el monstruo alemán acabara zafándose de su correa. El contexto interno alemán actual es, obviamente, muy diferente –y, por supuesto, se puede argumentar, y esperar, que un “verdadero” nacionalismo alemán reconocería que los intereses genuinos del país residen en la paz y no en la guerra. Aun así, los paralelismos son imposibles de ignorar.

Lo subrayado/interpolado es nuestro



PAPA LEON XIII Y SU ENCICLICA RERUM NOVARUM/ 1891- EL PAPA LEÓN XIV Y SU ENCÍCLICA MAGNIFICA HUMANITAS...

 



PAPA LEON XIII Y SU ENCICLICA RERUM NOVARUM/ 1891- EL PAPA LEÓN XIV Y SU ENCÍCLICA MAGNIFICA HUMANITAS...

El Papa León XIII y su Encíclica Rerum Novarum/1891, por la solución  cristiana a “la cuestión social”...

“La Cuestión social  concierne  a la oportuna regulación del trabajo y de las condiciones de los trabajadores, y puede definirse, como el conjunto de males que actualmente reinan en nuestra sociedad respecto al trabajo, de los cuales deseamos conocer  las causas y buscar a fondo los remedios, escribió el Papa León XIII...”

Frente a las duras críticas de la clase política, liberales  y  conservadores, especialmente estos últimos dueños de la celestina universal/ el dinero contra el <Papa León XIII, porque  según ésta lacra, la religión  no debería  mezclarse en los asuntos económicos... Les contesta “se equivocan al pretender separar la religión de la vida social y económica, relegando a la primera a las nubes de incienso  de la Iglesia... Confiados  entramos  en este asunto que es  de nuestro pleno derecho, pues se trata de una  cuestión cuyo válida solución no es posible hallar, sino  recurriendo a la religión y a la Iglesia. Puesto que el cuidado de la religión y la concesión de los medios que están en poder de la Iglesia han sido encomendados principalmente a nosotros, que deberíamos faltar a nuestro oficio,  si callásemos “...

El Papa León XIV y su encíclica Magnifica Humanitas,  no en vano evoca a su admirado Papa León XIII y su legado histórico que asume. Frente a las duras críticas de la clase empresarial oligarca plutócrata dueña de la celestina universal/el dólar y  de “la inteligencia artificial”, estadounidense y de los regímenes ultraconservadoras del patio trasero latinoamericano/yanqui, el Papa León XIV, en el marco  de la doctrina social de la iglesia con su encíclica Magnifica Humanitas, critica – consecuentemente  asume al igual que el Papa León XIII, “que hay derecho a la crítica cuando se ha realizado con éxito lo criticado” Profesora Gabriela Mistral-, rechazando de plano en su condición de ciudadano estadounidense y de  la principal autoridad de la iglesia y del Vaticano el plan para imponer  un  occidente  tecno/fascista, una  dominación global /imperial, colonial. “Sólo quien construye  futuro tiene derecho a juzgar el pasado...”

Concluyo, los plutócratas empresarios oligarcas financieros-bancarios agiotistas, agrícolas monopolistas que controlan la celestina universal/el dólar, el narcotráfico, la telebasura- la tiranía comunicacional mediática para enajenar e impedir que la verdad sea dicha- se apoderaron  con sus malditos dólares de la “inteligencia artificial genocida y se la venden a los enajenados como un  repositorio de sabiduría omnipresente, ¡un nuevo dios¡ El principal objetivo de éste feudalismo/tecnológico a punta a anular la Dignidad del Ser Humano transmutándolo en un guarismo orwelliano..

Con esperanza y memoria “cuando la ignorancia y la prepotencia de los dueños de la celestina universal/el dólar, la plutocracia empresarial mefistofélica pretende  convertirlas en Derecho, la idea, el desafío de cambiar el mundo no es una locura ni una utopía, sino Justicia Plena...

Prof. Moreno Peralta /IWA

Secretario ejecutivo Addhee.ong

miércoles, 27 de mayo de 2026

DILEMAS DEL SENTIR HUMANO QUE FLUYE BAJO EL EFECTO MARIPOSA.

 



DILEMAS DEL SENTIR HUMANO QUE FLUYE BAJO EL EFECTO MARIPOSA.


Por Dr. Mariano Sierra S./escritor, filósofo y analista internacional/ADDHEE.ONG:


Por la protección del mundo, del ser humano y la existencia humana no podemos seguir viviendo un mundo, una vida carente de sentido, por falta de amor propio. El efecto mariposas se conecta con los procesos políticos de la izquierda a favor de un pueblo que viene inspirando justicia y paz, pero otros contradictores germinan el caos deformando la realidad, desacatando lineamientos basados en explicitudes personales que van a penetrar en aleteos que cambian el cursor del viaje.

Revisemos entre tópicos y utopías este aleteo que se aplica en toda la vida humana, dinamizando el sentir progresista permitiéndonos cambios donde los pensamientos toman cuerpo con el mundo y sus sistemas con una alternancia radical. El aleteo mariposeal lleva a la masa a moverse ente laberintos alternando la historia para lograr los objetivos, abriendo razones y sinrazones geopolíticas impredecibles en un mundo de poderes que se interconectan, donde fluyen los efectos para dar acciones desencadenantes cual tornados, creando contradicciones reaccionarias.

El ser humano trasciende, el mundo se transforma. Vivimos invirtiendo los valores porque eso parece ser el sentido de la vida. Ante la subversión de los valores, las ataduras del esclavismo, la libertad, el gran designio sucumbe impidiendo el desarrollo humano y social que viven atrapados tras los imponderables mitos y logos de un conocimiento indisciplinado que se vuelca con furor ante una visión apocalíptica, y una práctica clásica de irresponsabilidad social, como dejar una herencia sin testamento.

Nadie se basta así mismo. Cualquier compromiso o propósito solo se alcanza cuando se hace para y con relación a los demás, bajo unidad comunitaria. Aprender a vivir, es aprender a servir al prójimo. La vida tiene sentido cuando no nos dejemos llevar por el poder, cuando dejemos de atesorar bienes, cuando seamos justos y solidarios, cuando hagamos gestión social para cumplir con el bien común, con sentido común. Dícese que lo esencial es invisible y captable. No más aconteceres humanos donde se ideologice falsamente con apariencia de verdad, enrutando la vida en un sosiego recuperando el sentido con economía practica y un pensar crítico, buscando el sentir de lo fundamental en la realidad presente, en el corazón del ser humano libre y sin odios.

Poder, poder protagonista de los grandes males. Al respecto, la historia nos enseña que los griegos poseedores de grandes principios, con sus afectaciones, también, precisaban que quien ostentaba mucho poder, era catalogado un peligro para la sociedad. Somos víctimas de malquerientes y connotados hombres públicos, que detrás de sus máscaras y vestiduras, orangutanes de la política, viven engañando al pueblo con bellas palabras, con adornados discursos, con gestiones y hazañas de barbarie política y social, con oposiciones carentes de todo fundamento humano.

Muchos holgazanes del poder son típicos ejecutores de criminalizar sus posturas bajo fantasías y mitos, bajo el engaño miserable para mostrar realidades fuera del contexto historico. Esos mitos sociales y políticos son el aval de las mentiras, que, si tuviéramos un control de justicia, estarían nuestras cárceles llenas de estos gobernantes, profesionales de los carteles de la política y el narcotráfico, y sin odio, paredones se alzarían para que la justicia obre con ardor mirando el pasado. Esta corrupción nos lleva a plantear que la constituyente tiene el bastión para desblindar la constitución de tanto vicio, como un imperativo democrático. Esta sugerencia no merece mucho debate, basta proceder a una reforma o hacerlo por la vía más expedita posible sin tanto preámbulo. Tenemos que detener el mercado de la corrupción, eligiendo los mejores y de mejor perfil por los medios donde los políticos no metan sus narices. Todo Bajo un pueblo que se mueve al compás del giro de las mariposas que nos enseñan sus efectos e inteligencia de una naturaleza, filosofía de la vida.

. Estamos ante un mundo donde hay razones y sin razones. La traición, y con ella se juega a la democracia, aprovechando sus prejuicios. Esto es, que el humano siempre quiere sacar ventajas, haciendo uso de entramados y tramoyas para violar todo derecho. Caminar con la verdad, es trazar horizontes de humildad y señorío. El que se engrandece será humillado y el humillado será engrandecido. No hay nada en la razón que no haya pasado por los sentidos. Que siempre seamos uno, razonables para que unidos construyamos vida en imposibles, defendiéndola como en Gaza, Ucrania, África, América y todos los pueblos que viven la saturada orgia genocida.

Donde está el mundo que impávido ve matar a niños, mujeres, ancianos, que ve morir a niños por falta de comida, carcomidos por el desespero y el insaciable deseo de mitigar su angustia de muerte. Ningún país ni organización mundial mueve sus estructuras sociales para bloquear a los países generadores de holocaustos que haciendo uso de las migraciones desplazan a los sin tierra y sin trabajo por todo el mundo como si fueran cosas, cavando su propia sepultura en un dirimir mariposeal.

La tierra fértil no es una ilusión, ni ficción ni utopía. Es el lugar donde se siembra para cambiar y cosechar, bajo la fuerza del Cristo del Gólgota. Que hacer. Mucho, siempre estamos esperando para hacer algo, para ser porque somos unas semillas que nacen y crecen en cualquier lugar en capullos producto del amor, para luego morir de pie, jamás arrodillados. La vida es subversiva, desobediente bajo poesías y batallas, allá en los umbrales donde la rebeldía se da y se hace fuerza social, el evangelio de la vida no es otra cosa que desarrollarnos bajo principios sociales que reivindique al hombre para ser, ser en la rebeldía activa dentro de una esperanza, no de esperar poseer, sino de darnos un carácter de libertad para un hombre nuevo, para una nueva biofilia en una sociedad de la reforma, sobre la base de políticas sociales concretas

Redescubrir la historia es y será tarea progresista para el cambio con su asidua critica investigativa estableciendo el carácter histórico de aquellas gestiones sociales que tuvieron su sui generis en la colonización, que siguió su catastrófico viaje hasta nuestros días, donde un nuevo horizonte hizo presencia con luz propia. Esos momentos estuvieron llenos de codicia y en los inapropiados tiempos la gobernabilidad solo entendió una dinámica personal de codicia y bajeza que el sentir de las alas nos fue llevando por senderos predecibles como las cumbres borras cosas.

La complejidad que vivimos es un efecto mariposa histórico, es un proceder que debemos revisar para determinar que hubiese sido lo más significativo, si valió la pena el esfuerzo emancipador, si nos dejamos llevar por las emociones de la descolonización. Lo cierto es que quienes quedaron en las huestes de la nueva estructura no captaron o no tuvieron la visión de los hechos ni del nuevo devenir, pensando solo en sus propios intereses. Al no poder llorar sobre leche derramada, es deber afrontar las circunstancias, luchando por la defensa de la vida y el país de la belleza, en aras de derribar las barreras capitalistas neoliberales y las brechas, que impiden restaurar al país con una toma de conciencia revolucionaria, resistente con el sentido social y su praxis para comprender los impactos de un mundo bucólico, cual paroxismo político que captura los hilos conductores para abordar los malestares que Freud nos enseñó. Y que Marx consolido en su materialismo histórico.

El asombro de la complejidad unido a las adversidades nos lleva a la codicia para llevar a cabo las polimatas vivencias, Genesis de la perplejidad y del como los nuevos ordenes asumieron el cotidiano devenir que llegaba y que hoy vivimos dentro del más horrible cataclismo avalado por un narco tráfico político y social que busca gobernar. La razón y la praxis abordan para determinar cómo las formas de la capacidad humana desafían y se enfrentan al mundo, derribando fatalismos y saberes, parodiando culturas, donde brotan los signos sabios de la naturaleza, el amor social, que se mueve cual jaguar al lado de sus hermanos sintientes, todos llenos de metáforas amorosas.

No callar, ser consecuentes con las circunstancias a que el mundo nos somete con su juego seductor, es entender y hacerle frente a la vida para denunciar a quienes gobiernan bajo conceptos epistemológicos y corruptos. Somos sujetos del mundo y del amor y como tal, la tarea del cambio cae sobre todos, despojándonos del espíritu secular a que nos han sometido. Renunciar es una indigna decisión. No se puede vivir de espejismos y simulaciones de la realidad eludiendo propósitos. Siempre hay un qué hacer. Alguien escribió diciendo que el hombre es un rey cuando sueña y un esclavo cuando piensa. Siempre queremos ser amos, pero dejamos cerca la aptitud de esclavos. Ya sea que la Genesis del mundo sea de un creador o un rector, el hecho es que hay un devenir mariposeal único del más allá histórico con objetivos multilaterales que socavan el orden y los sueños de una nación llena de ilusiones sin futuro.

La complejidad humana es una declaración de guerra que requiere una orientación antropológica simple, sin tapujos. Marx facilito este devenir afirmando que el mundo de la ciencia, de la naturaleza y el hombre, van unidos, atacados por una política perversa que desconoce el referente económico, base de una sociedad estructurada que fija valores sociales frente a metas ideológicas de origen irracional, que plantean problemas sociales y políticos, desvirtualizando cualquier transformación que ofrezca mejoras de vida para el hombre, porque como dice el profeta... Todavía hay esperanza para todo aquel que esta entre los vivos.... viviendo para la liberación.

Lo complejo humano está contenido en una serie de circunstancia del tiempo y el espacio, cuadros de un homo Faber, fronteras económicas, convenios, que el hombre concibe en su praxis social de acción transformadora para cambiar el mundo ante una explotación capitalista, bajo la mirada de Marx y su filosofía, sin miedos, sin las patologías de la sociedad de consumo que seducen en negación por causa de las injusticias sociales, de gobiernos donde la ley es patrimonio de reyes magistrales.

 La humanidad, contempla con evidencia profunda, el movernos como los capullos, que hace reflexionar sobre la conducta del hombre que alienado y oculto por una tecnología secular, destinada a servir intereses de hombres y regímenes atroces, azota pueblos bajo dimensiones de violencia de múltiples formas. Estos virajes representan el derrumbe de las hegemonías imperiales, ante el devenir histórico de la rebelión de los pueblos, los débiles marginados, que emergen bajo hechos sociales y políticos y un medio ambiente en colapso, que se une a la transformación, a la que todos estamos comprometidos en sacarla adelante, recortando poderes narcos y abusos partidistas.

Aprendamos de la historia, investiguemos los errores constitucionales con el poder del pueblo, en estos momentos de efervescencia progresista buscando hacer justicia con condiciones óptimas y democráticas de una constituyente, porque no podemos seguir con el prejuicio obstinado de unos poderes obsoletos, caprichosos, reino de una impunidad y de una fallida gobernanza que desconocen el sentido común, la razón, los principios y la filosofía social que camina en un paraíso corrupto e imperfecto, ante un progresismo incomprendido que el efecto mariposa  transfiere con su dinámica sutil.

Vivo la vida en el soplo de la creación, desde donde observo el efecto mariposa renaciendo con las políticas de Dios, luego humanizado en un proceso de concepción disipador apocalíptico que apacigua el pasado con juicios infalibles y una justicia de amor propio que hunde sus raíces en la irracionalidad humana, donde pertenece la política y el hombre social, concepto que vivimos y que nos queda como existencia.

Perdonen lectores si el tema se toma más de lo de siempre, pero la realidad lo amerita para comprender lo vivencial del momento, clave para entender nuestro futuro, tal como el efecto mariposa nos lo predica con sus alas de colores como las mariposas amarillas de García Marquez, que nos mostró su giro en el país de la belleza.

El efecto mariposa llega a todos nuestros confines modificando el complejo sistema geopolítico y su arraigo capitalista. Este efecto ronda y su aleteo previene el ambiente llegando a encadenar grandes proporciones de aversiones genocidas y una diversidad de absurdos engañosos. Toda cultura se sitúa en la misma esfera del efecto, cambiando el decurso, su viraje que va en un eterno divagar cual agujeros negros del horror cósmico. El ser también hace parte del efecto como conductor del orden, donde acciones variables dinámicas dan razón de la dinámica que toma el efecto.

La moraleja del efecto no tiene conclusiones, pues sus efectos van fluyendo en la dirección constante que toma el aleteo y el giro social sobre el entorno. El efecto es tan variable como imposible de predecir y su nombre se da por el horizonte de predicciones. Dícese que este efecto es pensado y el aceptarlo se determina por el continuo movimiento. Saberes ancestrales enseñan que la mariposa simboliza cambios por su creciente volatilidad y su adversa libertad para desarrollarse. Algunos autores señalan en el existir, una metamorfosis de resurrección y transfiguración, ofreciendo un sentir de transformación.

En profundidad el efecto mariposa conlleva a la violación de la ley en sus distintas formas cuando se aplica la justicia por los distintos jueces y órganos de control. Estos alcances también hacen referencia a actos institucionales por aquello de las contradicciones ante los efectos sociales y políticos, cambios en el orden social que modifican procesos diversos del sistema. El efecto mariposa generador de caos, es un movimiento también externo, desintegrador de cambios con la participación de países y algunos movimientos políticos, todo dirigido contra el cambio.  Todo efecto político de la mariposa es satánico, alimentado por el fascismo normalmente y partidos de oposición vinculantes, cuyo animo destructor no tiene límites, ni espacios ni tiempos.

El acontecer existencial vive la aurora boreal donde florecen las realidades, pero también los malestares que atrae el devenir de la historia, descongelado por la rebeldía del pensar del pueblo que nos permite capturar los sentidos de quienes se movilizan conectados con el aleteo y los conceptos del mundo que vive una filosofía inacabada. Entiéndase que el efecto mariposa es un elemento con muchos hilos conductores sociales y políticos, elites y grupos económicos con un alcance diversificado criminal que vuela en todos los ambientes y esferas públicas y privadas, bajo unas conductas activistas que menoscaban el giro democrático institucional como de sus agentes depravados, que mueven réditos que comen como un cáncer.

El efecto mariposa demanda del mundo y de la sociedad, porque nunca se ha accedido a políticas de justicia social. Nos hemos dejado llevar por unos dilemas devastadores por los cuales circulan muchos efectos que impiden transformar. El dejar llevarnos por los círculos concéntricos, sin aliento ni alas revolucionarias, cuestiona la realidad. Escribo para que todos reaccionemos. Para sobrevivir, dando vida al sentido común que muchos sintientes no conocen. Todo esto, para hacer algo de si, jamás estamos destruidos para cruzar los destinos, para revolotear por todos los entornos, siempre en la mira de encontrar la ruta y sus propósitos, sin perder el vuelo y el sino de la vida.

Los efectos están llenos de poder creador cognitivo, para hacer lo que hay que hacer, no por ser lo que somos, por nuestra incoherencia y falta de vuelo. Todo aleteo tiene una señal, es evolutivo, es creativo, es enunciativo, es de acción en lo material y lo espiritual, es asociativo y productivo. Metáfora...

El aleteo de las mariposas puede provocar en cualquier lugar del mundo una gran catástrofe. Todo cambio altera para el más acá y el más allá, siempre moviéndonos hacia el cambio con amor que anuncia predicciones, porque el efecto mariposa significa Amor que transforma nuestras vidas.

Lo subrayado/interpolado es nuestro