viernes, 19 de junio de 2026

De Dignidad y de miserables...




De Dignidad y de miserables...

Por Lic. Eugenio Rolón (h)

Lic. Ernesto Eugenio Rolón (n)

Aclaración.

El carácter de semita es una definición/clasificación racial ¡no religiosa! Quiere decir que refiere a una región geográfica, específicamente a la antes denominada: oriente próximo (principalmente el sudoeste de Asia); no a una religión en particular, como ser la judía. Por lo cual, decir: anti semita implicaría decir anti fenicio, anti libanés, anti palestino, anti iraní, entre otros.

Los que suscriben la presente no consideran correcto discriminar por razas, colores de piel, religiones ni otros. Sin embargo, podemos aseverar que somos descendientes de semitas, en particular de libaneses. Una cultura que ha aportado tanto a las ciencias que hoy se consideran de occidente.

De miserables.

La expresión: “…morirá una civilización…” encubre el hecho de que: no iba/va a “morir” una civilización, sino que iba/va a ser asesinada. Y, por ende, pretende ocultar a los genocidas, representados en los siniestros personajes de: D. Trump y B. Netanyahu.

Estos dos últimos, sumados a sus: súbditos-coristas (como el patético caso del monigote fascista Milei en Argentina), son solidariamente responsables y esperamos que nadie ose escudarlos en preceptos asimilables a la fatídica y nefasta “obediencia debida y punto final”. Todos ellos se suman a los genocidas para los cuales no debe existir olvido ni perdón.

Equivalente rasero debiera caberles a todos aquellos medios -incluso los pseudo-progresistas o pseudo-opositores- que enarbolan tristes parodias de la igualmente nefasta “teoría de los dos demonios”. Esto sucede, al referirse a los pueblos árabes, de Venezuela y otros empleando los términos-conceptos: “terroristas”, “extremistas”, “régimen” y otras que solo debieran proferirse en referencia a quienes pretenden dominar por el terror y sucesivos actos de violencia, es decir: Trump, USA, Netanyahu, Israel y a los intereses imperiales a los que representan.

Todos los medios y comunicadores a los que les “quepa el sayo”, así como a los timoratos, a los que temen perder la pauta publicitaria y por ende callan u omiten adrede, sepan que representan la miseria más profunda del ser humano frente a la dignidad de los pueblos que no únicamente no temen perder sus trabajos, sino que ofrendan su propia vida para defenderse del poder imperial.

Pero, hablamos de Imperio y por supuesto -como no puede ser de otro modo- del carácter antihumano. Hablamos entonces, de voceros al servicio del imperialismo y del desparpajo con el que livianamente reparten pretendidas escusas (más bien: engaños) y prorrumpen venablos para arengar a la turba de fanáticos sedientos de sangre ajena. Pero… ¿de quién hablamos? Hablamos de los intereses económicos y por ende geopolíticos representados en Israel, USA y la OTAN.

¿Acaso estamos siendo exagerados al hablar así de dos “países”: USA e Israel? revisemos solo algunos puntos de la historia y rápidamente:

1-   USA reconocía las independencias de las nuevas naciones de nuestramérica, solo para impedir el regreso del dominio de España, Inglaterra y Francia, esto es expresamente reconocido en el mensaje de despedida de Washington: “Contra los insidiosos artificios de la influencia extranjera – os conjuro, ciudadanos, a que me deis crédito- el celo de un pueblo libre debe estar constantemente alerta, puesto que la historia y la experiencia demuestran que la influencia extranjera es uno de los enemigos más perniciosos del gobierno republicano […]”[1]. Ello, sumado a la doctrina Monroe, constituye la postura hipócrita con la que -realmente- pretende seguir dominando y expoliando a los pueblos de nuestramérica.

2-   Herzl planteaba -en su libro “El Estado judío”- ¿cuál sería el mejor lugar para dicho fin? Encontrando dos alternativas: Palestina o Argentina. Por cuestiones geopolíticas en las que no vale redundar, se decantaron por Palestina. Pero… ¿Qué pensaba el autor respecto de esta empresa acometida por el movimiento sionista y cómo consideraba a los pobladores de Asia? Con sus propias palabras huelgan agregados: “Para Europa formaríamos allí un baluarte contra el Asia; estaríamos al servicio de los puestos de avanzada de la cultura contra la barbarie. En tanto que Estado neutral, mantendríamos relación con toda Europa, que tendría que garantizar nuestra existencia. Respecto”[2].

3-   “En 1907, un dirigente sionista, Isaac Epstein, planteó el problema: “sobre todos los temas debatimos -dijo-, pero de una cosa nos olvidamos: que hay en nuestra tierra querida un pueblo entero que se aferra a ella hace cientos de años y nunca se le ocurrió abandonarla”.”[3] [en referencia al Pueblo Palestino]. Quedando así, aunque implícita, más que clara, la intención de expulsarlos o exterminarlos.

4-   Desde antes del mayo de 1948 se sucedieron asedios, persecuciones, masacres y sendos delitos de lesa humanidad contra el Pueblo Palestino, a manos del sionismo. Todo ello, enmascarado en mentiras que siguen siendo repetidas hasta el día de hoy (2026). Mentiras del ente sionista que -en sus inicios, incluso- fueron desmentidas por el mediador -enviado por la Liga de las Naciones- Conde Bernadotte. Cabe destacar que este último fue asesinado por los mismos sionistas.

5-   En 1974, Rodolfo Walsh reportaba para el diario argentino Noticias: “Otra vez los rockets de los Phantom se han abatido sobre las aldeas del Líbano, un país pequeño que no tiene ejército ni aviación y cuyo pecado es dar refugio a 300.000 palestinos, una décima parte de los expulsados de su patria por los israelíes. Nuevamente los campamentos de refugiados son descriptos como “bases” guerrilleras. Visité uno de esos campamentos, el de Nabatiyeh, al día siguiente de su casi total destrucción por los aviones israelíes, el 16 de mayo de este año. Vi las pequeñas casas arrasadas como por una enorme topadora, los utensilios de cocina desparramados, ropa de mujer colgando de los árboles calcinados. Eso no era una base.”[4] Nuevamente, con mentiras y cinismo el régimen sionazi ataca Líbano, pretendiendo una limpieza étnica. Ese mismo año y ante la presión de la embajada de Israel en Argentina, la editorial del diario sostenía -entre otras-: “La descripción objetiva de la injusticia histórica que ha venido soportando el Pueblo Palestino sólo con malicia puede interpretarse como una actitud antisemita o persecutoria de la comunidad judía de nuestro país.”[5]

6-   Jean Genet también reportaba acerca de la matanza de los refugiados palestinos en Sabra y Chatila[6] a manos de los sionistas y los “falangistas” libaneses. Esta última agrupación fascista, fue apoyada y abastecida por los mismos EE.UU. e Israel. Pero, cuando la matanza aconteció, las fuerzas israelíes habían ocupado parte de Beirut (capital del Líbano), supuestamente incumpliendo el “acuerdo” obtenido por el mediador enviado por los Estados Unidos. Cualquier similitud con los “incumplimientos” de Israel de hoy día no es una coincidencia sino una continuidad coherente y consecuente de los poderes imperiales.

7-   Como lo reflejaba Gregorio Selser: “… Yair Klein, presidente de la empresa de asesoría militar Spearhead (Punta de Lanza), quien personalmente adiestró a unidades de combate antiterroristas y de guardaespaldas en Sudáfrica y Sudamérica, explicó para ahorrar equívocos: “Lo único que diré acerca de mis clientes es que nos aseguramos de que no sean ni árabes ni comunistas. La extrema derecha es okey (sic), pero no la izquierda”.”[7]

8-   Como corolario podemos simplemente tomar las palabras de Moshe Menuhin -escritor religioso judío-: “Los nacionalistas ‘judíos’ son nazis ‘judíos’ y yo siento vergüenza que me identifiquen con ellos y con sus causas herejes”.[8]

Como podemos exponer, desde el mismo origen de ambos países en cuestión, se reafirman caracteres de dominación imperial y de superioridad racial al entenderse enviados para eliminar la “barbarie”. En ello, las circunstancias históricas hacen que los dichos de Simón Bolívar. “… Y los Estados Unidos, que parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias a nombre de la libertad…”[9] se queden cortas, puesto que EE.UU. junto a Israel parecen creerse destinados a plagar de miseria y muerte a todo el planeta.

A todo lo anterior, se suma la eterna “doble vara”. El país que ha usado la bomba atómica contra población civil, no una sino dos veces (a saber y hasta ahora), es decir: Estados Unidos (EE.UU. o USA) puede y es avalado para desarrollar armas nucleares, al tiempo que este mismo país: a) ocupa un lugar en el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (pareciera un chascarrillo de mal gusto); y, b) exige a otros países que no las desarrollen, por considerarlos naciones “bárbaras”, “extremistas”, etc. y por ende: peligrosas (más que una broma de mal gusto, una real “tomada de pelos”). Siendo que, es el mismo EE.UU. el que posee fuerzas militares de invasión/ataque, secuestra presidentes electos democráticamente, impone bloqueos genocidas y acusa de peligrosos a los que solo se defienden; bastaría contabilizar cuantos países ha invadido y cuantas guerras y dictaduras ha organizado USA. Además, la misma Organización de Naciones Unidas (ONU), antes de nacer como tal, es decir desde que fuera la “Liga de las Naciones” ya había propugnado por la existencia del Estado judío de Israel; por lo que no se debe ser muy despierto para darse cuenta por qué la ONU también juega “diplomáticamente” con esa “doble vara” y para quién baraja las cartas ganadoras.

De dignidad.

Hoy está más vigente que nunca la idea del comandante Ernesto  Guevara de la Serna: ser capaces de sentirse indignados ante cualquier injusticia, en cualquier lugar del mundo y luchar para que ella acabe. Hoy, esa lucha contra la injusticia se encuentra representada en las banderas: de Irán, de Palestina, del Líbano, de Yemen, de Irak, de Cuba, de Venezuela, y de todos los pueblos que se niegan a someterse a la bota del imperio yanqui… todos ellos representan la verdadera dignidad del ser humano y por qué no, la posibilidad del anhelado “hombre nuevo”.

Sin embargo, el imperio sigue conspirando, se rearma, se toma el tiempo para reaprovisionar su arsenal; insta a sus aliados de la OTAN a empobrecer y hambrear a sus pueblos para:

a)    Redireccionar los fondos hacia la inversión en la industria militar;

b)    Emplear a su población -por necesidad de trabajo o forzándolos con nuevas leyes- en las filas de su ejército.

A su tiempo, sus bastas redes de difusión distorsionan la realidad. A veces solo repitiendo, a ratos disfrazándose de oposición con destino a cualquier desinformada persona de buena voluntad. Así lo hacen los periodistas cómplices; la maquinaria de Hollywood que crea enemigos y aliados a su antojo, mientras que aún existe aquel público “desprevenido” víctima de los sentidos comunes impuestos por el imperio, que acuden a los cines detrás de las supuestas piezas críticas, como “Barbie”, disfrazados y confundidos con y en la masa informe e irracional (donde tal vez algún pseudo progre decide no vestirse de rosado pero oculta alguna prenda u objeto del mismo color para “no quedar del todo fuera”).

Si bien la victoria de Irán es la victoria renovada de la dignidad de un pueblo, también lo es de un pueblo común: iraníes, yemeníes, palestinos, libaneses… unidos. Y, por más que nadie puede dudar de que se trata de una gran victoria, al mismo tiempo constituye una batalla más en el camino a la victoria final, que se suma a las libradas por Cuba, Vietnam, la U.R.S.S., entre tantas que demuestran que el “Imperio” no descansa y que no se le puede dar tregua alguna.

El “alto al fuego” es un eufemismo o treta tan remanida que ya no sorprende el incumplimiento por parte de USA e Israel; resultando una actuación -que solo un tonto puede creer- lo de hablar de que uno u otro atacó “sin avisar”. Luego, sirve para permitirle a EE.UU. no admitir su flagrante derrota, al tiempo que se arroba ser “gestor de paz”; mientras apuesta al desgaste natural de la movilización social, a la pasividad de los Estados “disidentes” y a que Israel -supuestamente de modo autónomo e inconsulto- desgaste militarmente a sus víctimas, mientras el Imperio (del que ambos: EE.UU. e Israel son parte) se prepara para arremeter con más fuerza.

El Imperio es manejado por arteros prestidigitadores de títeres como Trump y Milei. Así: exigen el desarme mientras aceleran su carrera armamentista, llaman al diálogo y bombardean/atacan a traición mientras transcurren las “negociaciones”, imponen leyes internacionales ¡pero! solo para que las cumplan los demás mientras ellos incumplen todo tratado internacional que estorbe a sus planes imperiales, etc. Pero no es que el Imperio tenga una doble moral, son fieles a la moral genocida y terrorista propia del imperialismo.

Poesía de Roque Dalton:

Las leyes son para que las cumplan

los pobres.

Las leyes son hechas por los ricos

para poner un poco de orden a la explotación.

Los pobres son los únicos cumplidores de leyes

de la historia.

Cuando los pobres hagan las leyes

ya no habrá ricos.

 

Por todo ello, podríamos adelantar que no son confiables y entonces, reflexionemos:

a)    Si no existe confianza ¿se puede estar tranquilo mientras el Imperio esté intacto?

b)    Si la moneda estadounidense -el “dólar”- y por ende la moneda de sus secuaces, no depende de una reserva en metálico, sino de su valor “fiduciario” forzado por medio del control del petróleo (no olvidemos los “petrodólares”) y en la gestación continua de guerras; entonces: ¿a EE.UU. le conviene la paz? Y, por ende: ¿Puede existir verdadera paz si el Imperio existe?

La respuesta está en la historia o mejor, en el historial delictivo del imperialismo con sede en USA e Israel. Ambos con bombas nucleares y un largo prontuario de: países invadidos, presidentes asesinados, entre otros.

No nos engañemos, esto no es una cuestión de religiones, es una cuestión de dominio colonial “remozado”. Debemos decir no más nazis, no más ukronazis, no más sionazis y, por lo tanto: no más Imperio.

Para nosotros y para todos los pueblos que se pretendan libres y que ostenten la libre determinación, el imperialismo puede proveernos una sola paz -la única que conoce-: la de los cementerios.

Queremos recordar las palabras de Carlos Quijano:

“Desde su origen -puede decirse- Estados Unidos ha sido un gran factor de desequilibrio y desorden. A medida que el imperio y la conquista se extendían, se extendían también los males y peligros. Fue ya, desde la Primera Guerra Mundial, el centro del capitalismo. La Segunda Guerra Mundial consolidó su hegemonía. Todos los vicios del capitalismo se concentraron en él. Desde hace más de medio siglo; el mundo vive para cargar las culpas de Estados Unidos; dictan la ley; tienen el monopolio de la verdad y la virtud; invaden países; deponen gobiernos; instalan otros; ordenan lo que se puede hacer y lo que no; constriñen a todos, merced al dólar convertido en única moneda internacional; a que les paguen sus ocios, sus despilfarros y sus crímenes. Maniqueístas, han dividido al mundo en buenos y réprobos; ávidos y sórdidos, han pretendido hacer de los demás sus siervos. El mundo solo respirará en libertad cuando el Imperio se derrumbe, cuando los países, todos los países, recuperen su capacidad de decisión.”

De este modo; con estas palabras pronunciadas en 1971, en Montevideo (Uruguay) y publicadas en “en Marcha” (N°1542); no pretendemos refrendar sino demostrar una vez más: lo antiguo de la estratagema imperial y su moral genocida fundada en el latrocinio. Y entonces, preguntarnos finalmente: ¿somos conscientes de lo bajo que hemos caído como humanidad si pretendemos la paz del y con el Imperio? La solución está a la vista.

Lo subrayado/interpolado es nuestro



[1] SELSER, G. (1994). Cronología de las Intervenciones Extranjeras en América Latina (1776-1990). (1ª ed.) México: UACM.

[2] HERZL, T. (2004). EL ESTADO JUDÍO. (2ª ed.) Buenos Aires: Organización Sionista Argentina.

[4] WALSH, R. (2006). LA REVOLUCIÓN PALESTINA. Rosario: Kolectivo Editorial “Ultimo Recurso”.

[5] Ibidem. 4.

[6] GENET, J. (1982). 4 horas en Chatila.

[7] SELSER, G. (1988). Israel exporta su obsesión nacional. (miércoles 14 de diciembre de 1988, pp.15) Buenos Aires: Página 12.

[8] Ibidem. 4.

[9] Ibidem. 1.

La Babel mundial...


La Babel mundial...


Por Juan Pablo Cárdenas S./académico, escritor periodista y analista internaciona/ADDHEE.ONG:

Después de la Segunda Guerra mundial surgieron varios pronósticos en cuanto a que el mundo avanzaría a la integración definitiva entre muchos Estados y que después de esa brutal conflagración lo que vendría sería como una especie de pax romana en que la Humanidad escaparía de nuevos conflictos y tragedias. La consolidación de varios Estados bajo la Unión Soviética, el surgimiento de la Comunidad Económica Europea, como la misma Organización de las Naciones Unidas y otros varios referentes multinacionales en América, Asia y África daban luces sobre esta posibilidad, además de los múltiples tratados y acuerdos de carácter militar para, supuestamente, evitar los ímpetus imperialistas de parte de las naciones más poderosas.

Con el correr de los años, sin embargo, lo que comprobamos es una nueva disgregación que ha logrado el surgimiento de nuevas naciones, así como el despertar o emancipación de otras que habían quedado sometidas a los vencedores de las guerras. La enorme Rusia busca recuperar territorios en Ucrania, China espera el momento de tomar posesión de Taiwan, Israel no cesa de ampliar su zona de influencia en el Medio Oriente, y hasta en los delirios del presidente Trump amenaza con invadir Canadá, Groenlandia y hasta pretende la posesión de Cuba y zonas del mismo México. Aunque valga decir que muy mal le ha ido hasta aquí con sus pretensiones imperiales y es muy posible que su poder se desmorone próximamente por el repudio que despierta en su propia nación.

A decir verdad, lo que ha ocurrido es el distanciamiento de los países europeos y la voluntad de algunos de ellos de mantener su identidad sin correr a parejas con la hegemonía de Estados Unidos que forma parte de esta alianza política, así como del pacto militar de la OTAN. El mismo Pacto de Varsovia ya no existe, y en toda esa zona europea y asiática descollan ahora diversos países de distintos intereses y hasta contrapuestos. Algo parecido a la perdida de gravitación de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la completa falta de vigencia de alguno tratados a la luz de similitudes ideológicas, tanto de izquierda como de derecha.

Es muy difícil concebir a esta altura cualquier integración territorial que no sea producto de nuevas guerras o invasiones. Ni siquiera las dramas del Pueblo Kurdo ha logrado una solución a su legítima y ancestral aspiración a ser reconocido por el mundo, así como todavía existen colonias en manos de países con los que no comparten ninguna o muy poca identidad. En Centroamérica, en Asia y África, muy especialmente.

Mucho se habla también de la profunda crisis de las Naciones Unidas sometidas al veto riguroso de las potencias que integran su consejo de Seguridad. Comprobándose su completo fracaso en la detención del genocidio israelí, en los bloqueos impuestos cobarde y criminalmente por los Estados Unidos, así como en el retroceso experimentado respectos de aquellos acuerdos destinados a frenar la proliferación nuclear, el fenómeno del calentamiento global y otras serias amenazas a la vida de todo el planeta.

A este escenario de disgregación debemos sumar las profundas desavenencias al interior de las naciones que prácticamente tienen partido por la mitad la voluntad ciudadana de peruanos, colombianos y otros, en lo que también se incluyen Chile y Argentina. En estos días pareciera que lo que más mantiene unidos a muchos pueblos es su común fervor por el fútbol y por algunos fenómenos artísticos y culturales.

Algunas veces los incordios internos pueden explicarse en las distintas ideologías, cultos religiosos y diferencias étnicas, pero cada vez más es posible descubrir que estos desacuerdos toman posesión de territorios, ciudades y regiones propensas a buscar también su ruptura y la consolidación de nuevos Estados soberanos. Al rendirle culto desmedido y fanático a la famosa alternancia en el poder, al disenso más que los acuerdos políticos, a la postre fomenta peligrosamente la desintegración geográfica. Con lo cual es muy posible que en un futuro próximo tengamos que enfrentar guerras civiles y fratricidas, especialmente si se mantienen las agudas diferencias entre ricos y pobres.

Un mal que prevalece muy severamente en nuestra propia región con la asimetría económica y social que se mantiene y agudiza. Sin consideración de los principios de justicia e igualdad, con un desprecio horrible por los emigrantes y la discriminación que todavía se ejerce contra los pueblos originarios. 

No debe sorprendernos tanto que todavía se pronuncie en nuestros países vecinos la voluntad de recuperar aquellos territorios perdidos hace más de un siglo y que países como estos y otros estén empeñados en fortalecer su capacidad bélica, gastando ingentes recursos que podrían dedicarse al progreso y la paz. Todo con la complacencia del régimen de Estados Unidos, del desquiciado que lo administra, y del país que más se favorece en el mundo con el tráfico de drogas, tráfico de armas y las malditas guerras.

La falta de acuerdos entre naciones que debieran comportarse como hermanas favorece el poder de las grandes potencias y el criminal negocio de la carrera armamentista...

Lo subrayado/interpolado es nuestro

RETORNAR A LA RAZÓN VENCIENDO LAS EMOCIONES POLÍTICAS ESCÉPTICAS Y LAS RESIGNACIONES...

RETORNAR A LA RAZÓN VENCIENDO LAS EMOCIONES POLÍTICAS ESCÉPTICAS  Y LAS RESIGNACIONES...


Por Dr. Mariano Sierra S./ escritor, filósofo y analista internacional/ADDHEE.ONG:


Una ambición humanista ante el mundo de la nada. Donde convergen la sociedad de la vergüenza, aquella que ante un calor social expresa un sentir que a la hora de la verdad se convierte en una desconexión con la realidad. Traición por un descontento dormido que despierta al momento de la verdad, que moviliza el actuar ideológico dentro de la carencia de una ética que da valor a la política de las emociones, que al final son las que actúan pues el amor propio desconoce el vacío de la identidad.

Por el despertar de la conciencia humana. No es otra cosa que convocar a los pueblos de la Geopolítica para crear un nuevo mundo con voluntad propia. Ser y poder están en cercanía llamando para formar una nueva historia a través del conocimiento, de la historia y la filosofía, bajo una pedagogía y una praxis social, pilares del comportar humano que nos ha venido llevando a un mundo irracional, dentro de pilares escépticos, patologías para desviar las decisiones en la existencia por alteraciones de impacto facilitando chantajes, triunfalismos e instrumentalización de emociones que al final van a generar caos en los compromisos políticos compulsivos.

Vida en abstracto- Fugaz el tiempo que se cruza en el camino divagando sobre el pasado, el presente y el incierto futuro. Retornar, repensar la historia es hacer del conocimiento y la historia una sólida tautología, un dialogo con el mundo para retrotraer pasados para enfrentar al presente en una hermenéutica que inspira debates de cultura social y política, para llegar a enfrentar caminos de cambio.

Estos caminos tienen como base combatir la desidia social que se encuentra anclada en hábitos y costumbres divisionistas, donde el egoísmo raya como también un espíritu donde la ausencia de voluntad no tiene límites. De lo contrario, el mundo seguirá generando conflictos insalvables donde cunde la insolaridad voraz, porque hemos perdido la razón, acrecentando el poder codicioso. El sentir social en el individuo fluye con un avivado actuar racional en aras de destruir todo devenir democrático, pasional, compulsivo cuya tendencia   es generar daños sociales metamórficos.

La presencia del individuo en el mundo es un retornar a sí mismo. Ese yo lo acompaña siempre en todos los debates y en especial al encuentro con el otro. El tiempo no hay duda, es quien nos conduce por el mundo y sus espacios. Mostrándonos cómo se desarrolla este cosmos cuyo fin en la historia, usada por los imperios para seducir con promesas falsas, contrario a las palabras de Gandhi...Se el cambio que quieres ver en el mundo.... Nuevos valores para un mundo en decadencia que lucha por la revolución en marcha. El cambio invita a invertir las acciones, fortalecer la construcción de cimientos. La ofensiva confunde contra los gigantes atroces del poder. Esto dijo Morin..NO vayamos a comprender el mundo, edifiquemos estructuras sólidas, unámonos en resistencia contra los falsos mecías desarrollando justicia social.

El retorno a la razón ante hechos trascendentales de la historia, del orden político religioso y social van dejando sus huellas en la memoria histórica. Esa corrida de velos le dio al mundo un cambio positivo y le ha obligado al hombre a tomar medidas de talante patriótico. Pero es que los imperios con su codicia siguen incubando nuevas formas de opresión, marginamiento y control, y por eso la racionalidad no tiene límites, ni fin. La fenomenología de la vida es sembrar esperanza, mantener una praxis social con el prójimo, dentro del mundo y sus conceptos donde la esperanza no es esperar, sino acción pura para rebelarnos, para revolucionar los espacios con objetividad, para hacer lio, al decir Papal, pensando como sociedad unida, firme y con propósito.

El existir en la persona evoca muchas trascendencias con sus impactos que faculta a la existencia a proceder con crítica y acción con hechos racionales y propuestas que nos conecten con los desafíos históricos que los pueblos promueven hacia una convivencia más humana que a su vez conceptualice el mundo y la vida. La historia es un compuesto más de desgracias que buenas consideraciones de justicia. Solo la verdad le da consistencia a la historia. Los déspotas solo convierten la historia en un entrampamiento de desdichas, codicia y ruina para los pueblos. Pero allí están los pueblos escribiendo la verdad histórica con sus fundamentos humanistas, dentro de una lógica autentica, hilo conductor que se adentra en las entrañas del pasado.

Dicen los saberes que la historia no hace mejor a la persona, sino que lo potencializa para sus pretensiones despreciables. Mirando el tormento de la vida de Jesús, hacia su adverso, nos encontramos que el viacrucis de la vida irrumpe en la vida humana como una guía ciega, cuyo sentido no aviva la trascendencia y su sentir. El contenido salvífico y espiritual frente a la actitud del hombre, se desvía para convertirse en una amalgama de tragedias capaces de servir para superar los peligros que acechan a las democracias bajo el imperio de un demiurgo codicioso guardián de imperios nefastos.

El escepticismo que crea esta tiranía hace vivir ejercicios políticos y sociales subversivos, rebeldías que transformen este mundo irracional, que nos lleve a buen destino, que sepamos contra quien luchamos y porque, donde exploremos la historia, su razón, su utilidad y desenvolvimiento en su devenir profético y filosófico.

Para el individuo lo más fácil es crear conflictos que concertar soluciones. Las ansias de poder supera las debilidades de la voluntad, alejando la felicidad y la evolución. La conciencia vive generando distorsiones que aceleran el espíritu hacia crecer emociones dubitativas que permiten actuar sin sentido de ser, jugando a las ambiciones en el laberinto de las indecisiones. El mundo y sus escenarios son propicios para lucir posiciones altaneras, grotescas, maquilladas, que se van en creciendo los apetitos salvajes que desconocen la condición humana al margen de la razón, que habitan la tierra desmantelando el bienestar bajo posturas criminales.

El rigor de la razón y la profundidad de una conciencia limpia se llenan de vitalismo revolucionario, cuando su fenomenología inspira desenlaces audaces que desafían la coexistencia del yo con el nosotros para transformar el mundo. Una lógica consciente, con argumentos de sentido social evolutivos, perfilan críticas de esperanza dentro de la órbita social en un contexto revolucionario para ejercitar reformas, si queremos salvar el mundo, enfrentando a las fuerzas opositoras enemigas del orden. Urge que rediseñemos nuestra vida, refundando todo el ambiente inquisidor que aleja el amor de la vida humana, contaminándolo de odios, codicias, doblegando la emancipación.

La persona y su mundo, su vida, se hallan bajo la red del desamor y del super yo, el poder terrenal con varias vestiduras, que inhiben, ahogando los ideales justos. Los instintos se entrecruzan formando poderes que desfiguran el acontecer humano. Dios no es económico, el hombre es productivo, social y político, respondiendo al iter destino, el cual destruye dentro de credos, ideologías y convicciones. La vida se piensa desde muchas polifonías, desde un amor que integra solidaridad, hasta el ágape seductor cuya patología esta fuera de la vida, cual bazofia irreciclable y escéptica.

Obviar lo obvio. Evidencia de saberes, que no es otra cosa que realizar ante un proceso regeneracional ,hechos que nos llevan a comprender la realidad. Este referente es el campo preciso para señalar como ante un colapso, no le damos importancia a situaciones contundentes que llevan en su esencia el sentido positivo de algo. De este exponente transformador llegamos a comprender como muchas veces no asumimos lo manifestado, por ello para cambiar se hace inminente que antes de tomar decisiones, hay que comprender lo que obstruye, lo que nos ofrece dudas, lo impertinente, evitar contradicciones, siempre y cuando el hombre se despoje de terquedades, de altanerías, de orgullos y vicios sin atajos sin emociones de odios.

La sabiduría, en su ejercicio vital nos enseña que no podemos ir contra natura. La ambición llama al poder en un acto de desacato en virtud de que el hombre altera el equilibrio, cursa a la deriva eludiendo propósitos o escondiendo realidades. El cambio es colectivo, viviendo políticas de solidaridad, con voluntad propia, desprovisto de todo tipo de divisiones generadoras de violencia, en un espacio renovado que, al decir de muchos, es dar vida a una nueva Genesis política progresista.

Todos sabemos que las vivientes crisis tienen su génesis en la cultura que dio vida a esa política de virtudes cuyos pilares son inherentes al hombre, legado de quienes la hicieron base para la vida y que una sociedad ególatra la usa para la convivencia humana con sus desarraigos intoxicantes y divisionistas. De otra parte, Estas crisis se han convertido en una fábrica de corrupción por parte de los políticos que la han utilizado para su convivencia formando tentáculos que han incursionado en los ámbitos y ejes del tejido social con sus efectos perversos circundantes.

Es de suyo pensar que nos enceguecernos durante las crisis. Por ello cambiar es todo un devenir que soportan prioridades de una comunidad universal destruida por un idealismo y una desconexión emocional vida del devenir de ideologías nefastas que crecen en los vacíos de sus imperios, aplastando a la persona social, al hombre espiritual al margen de antinomias que endurecen más la vida del hombre.  No se es ser, en un universo desarticulado por el divisionismo social. Nadie se entiende, nadie se reconoce, nadie se soporta ante una exaltación de narrativas, de ideas sin contexto. La presencia humana vive de temores, subyace en espacios vacíos, futuros inciertos por la muerte de la esperanza que la mato el destino por un fagocitar de la intolerancia humana que nos lleva a actuar por triunfalismo, desmovilización ideológica populista.

Abordar la cosmosinstesis de la vida es abrir horizontes a la cultura y al conocimiento cuyas huellas el tiempo borro porque la inapetencia humana tomo otros giros de trascendencia, huyéndole a los saberes históricos, prefiriendo aquellos donde la inspiración humana se convirtió en sucesión de historia de la criminalidad y la pornografía y la historia misma es una ficción política subordinada a un interés personal desviando todo sentir de trascendencia, de orden, de finitud y propósitos. La razón está en desuso púes para razonar, priman las emociones vanas en un mundo imperfecto, las contradicciones reemplazan la verdad y la irresponsabilidad le huye al compromiso de la razón que esta para construir buenos y justos juicios.

En la soledad brota el sentido de leer, de pensar y escribir tratando de entender el mundo, cuestionándonos lo que somos y no somos, porque así nos han formado, porque así nuestros pueblos han sido gobernados, esto es, desatendiendo la formación cultural, el conocimiento por unos sempiternos, proscritos, prosaicos hoy enterrados en el pasado, que ya dejaron de ser ante el olvido, pero que se conservan en cuerpos ajenos de un pueblo que clama...He sido una persona social afortunada. Nada en la vida me ha sido fácil...  Retornar a la razón fluye con la filosofía de la vida, clamando con el pensar profético que dice... No juzguen ustedes. Lo que es justo.

Aleluya, aleluya, alabanza al cambio dentro de una democracia emancipadora. Grito de júbilo, de libertad, de consulta social contra la agresión al pueblo por parte de unos apátridas, lacayos de la tiranía del poder, que se verán depuestos con el amen del acuerdo popular., y del aleluya del amor social que nos invita a recuperar el mundo de la nada al cuál estamos aspirando pues nuestros actos son actos de desamor, pues este mundo ya está en decadencia para no encontrar vida, para desaparecer el mundo sin., sin ti, sin yo, sin historia, sin amor, solo silencio lúgubre,  un vacío donde lo inerte y desértico invade la existencia, donde ni siquiera la codicia queda para tomar lo suyo.

Una desaparición repentina cursa la nada de la existencia, donde la vida es un espejismo, una oscuridad sin colores, sin naturaleza, sin luz, sin nada viviente como principio de vida que fluye dentro de una sociología racista donde reglas de juego dividen el mundo para reinar, asociando corrupción, poder y explotación, formas manipuladoras en globalizaciones de un neoliberalismo dogmático, todo como un proceso para maquillar la realidad, buscando el pensar de pueblo, de comunidad, de ser- Pero aún persiste la sociología del ser que permite pervivir el pensar que nos legaron quienes supieron entender el sentido de la vida a través de unas leyes que el materialismo histórico  fijo la praxis de la liberación y supo interpretar lo que es el amor social dentro de una convergencia solidaria, de regulación, libertad y pertenencia.

Digamos que siempre ha existido una matriz de sociedad que aborta postura en contra de la personalidad real, personalidad que hace cambiar los propósitos en un devaneo de vacíos espirituales, impredecibles, pero reales a la hora de la verdad política.

Lo subrayado/interpolado es nuestro.



Cuba, sobreviviendo castigada por rechazar las exigencias del escudo de las Américas del amigo y socio Emperador Trump...


Cuba, sobreviviendo castigada por rechazar las exigencias del escudo de las Américas del amigo y socio Emperador Trump...

Prolegómeno: “Quien tenga Patria  que la honre, quien no la tenga que la conquiste”... “Cuando menor es un país, mayor debe ser su confianza en si mismo y su sentido de la Dignidad”...

Lic.  José Martí Pérez, Maestro libertario de la Patria Continente Latinoamericana y Caribeña.

Estados Unidos, la hegemonía imperialista globalizada – globalización del capital-.  Es  la tiranía más despótica y desalmada del 1% de los plutócratas empresarios dueños de la celestina universal/el dólar, el narcotráfico y la “inteligencia artificial genocida”/IAG. La defensa de sus sórdidos y avaros intereses en el contexto de su desvergonzado maquiavelismo, su fría avaricia y su profunda inmoralidad, el fin justifica los medios, lo que no puede destruir,  lo frivoliza. Se ha apropiado del nombre del Continente Americano. El cartógrafo alemán Martin Waldseemüller al publicar su mapa del Continente Americano en 1507, en homenaje a  Américo Vespucio le dio el nombre de América. La  oligarquía empresarial plutócrata estadounidense en forma  irreflexiva y reiterativa se lo apropió. Este plagio  es una  distorsión  geográfica, histórica y social...

En ninguna parte de nuestro desgraciado planeta hay tantos tartufos hipócritas desleales y farsantes como en Estados Unidos. La nación más corrompida,  degenerada, violenta, agresiva y dominante. No hay pueblo digno libre y soberano que no quiera verla humillada.

Con esperanza y memoria, para todo aquel ser humano  que esté luchando por la vida y la liberación del maldito sistema  capitalista determinista  y su régimen estadounidense imperialista,  consciente que bajo ésta  patética y orwelliana realidad “no hay destino viable para la Humanidad”...

Prof. Moreno Peralta/IWA

Secretario Ejecutivo Addhee.Ong

Reflexiona Sushovan Dhar – Viento Sur:

Estados Unidos no imputa a Raúl Castro Ruz porque de pronto le preocupe un incidente que ocurrió hace unos treinta años. Si fuera la justicia el principio que le guía, la demora sería difícil de explicar. ¿Por qué ocurre esto ahora, en un momento en que Cuba sufre su crisis económica más grave en décadas? ¿Por qué ahora, en un momento en que todos los días se producen cortes de luz, los hospitales padecen problemas de abastecimiento y cientos de miles de cubanas y cubanos han abandonado la isla en busca de un futuro en otro lugar?

La respuesta es más política que judicial. La imputación debe entenderse como parte de una campaña de presión más amplia que incluye sanciones, restricciones al abastecimiento de petróleo, amenazas a los socios comerciales de Cuba y llamamientos cada vez más agresivos a un cambio de régimen por parte de figuras influyentes en Estados Unidos. Es un instrumento más de una estrategia conocida: aumentar la presión sobre una sociedad vulnerable con la esperanza de forzar la capitulación política.

Para comprender esta estrategia, es necesario ir más allá de la ficción conveniente de que el conflicto entre EE UU y Cuba comenzó cuando esta última se proclamó comunista. Las raíces de la confrontación son mucho más profundas. Durante gran parte de los siglos XIX y XX, Cuba ocupó un lugar especial en el imaginario geopolítico de EE UU. Desde la teoría de la fruta madura de John Quincy Adams hasta la Doctrina Monroe, los sucesivos líderes estadounidenses siempre han considerado que la isla cae naturalmente dentro de la esfera de influencia de Estados Unidos. Por tanto, la lucha de Cuba por la independencia no ha sido nunca tan solo una lucha contra el colonialismo español, sino también una lucha por evitar la sustitución de una forma de dominación por otra, el colonialismo esatdounidense

La Enmienda Platt, impuesta apenas obtenida la independencia formal, concedió a Estados Unidos el derecho a intervenir en los asuntos cubanos y convirtió la isla en lo que efectivamente fue un protectorado. Las empresas estadounidenses acudieron para dominar amplios sectores de la economía. Cuba gozaba de soberanía política, pero dentro de unos límites minuciosamente definidos. La dictadura de Fulgencio Batista representó la culminación de este sistema: un régimen estrechamente vinculado a los intereses económicos y estratégicos de EE UU, acompañado de la profundización de las desigualdades en la sociedad cubana.

La Revolución de 1959 quebró este orden. Lo que hizo que la Revolución Cubana resultara intolerable para Estados Unidos no fue, al principio, su carácter socialista. La revolución se volvió socialista en el curso de la confrontación. Lo que Estados Unidos no podía aceptar fue la afirmación de la verdadera independencia en lo que consideraba su propio patio trasero. La prueba de ello está meridianamente clara: en 1960, antes de que cristalizara plenamente la confrontación de la Guerra Fría, un alto cargo del Departamento de Estado, Lester Mallory, dijo que la mejor manera de debilitar el apoyo popular al gobierno cubano pasaba por generar “hambre, desesperación y derrocamiento”. Pocos documentos revelan la lógica de la política estadounidense con tanta honestidad brutal. El objetivo no era el diálogo o la coexistencia, sino dificultar la vida del pueblo cubano hasta el punto de que finalmente se vuelva contra su propio gobierno.

Más de sesenta años después, el lenguaje ha cambiado, pero la lógica subyacente sigue resultando notablemente familiar. Los métodos han cambiado: en lugar de intentar una invasión y planear operaciones encubiertas, ahora se utilizan sanciones, restricciones financieras, batallas jurídicas y presiones diplomáticas, pero la premisa fundamental persiste: el Pueblo Cubano no debe determinar el futuro de Cuba por sí solo. Vista de esta manera, la imputación de Raúl Castro Ruz  no aparece como un procedimiento judicial sino más bien como parte de un continuum histórico mucho más arraigado. Es otro recordatorio de que Estados Unidos sigue reservándose “el derecho” a decidir qué clase de sistema político, gobierno y proyecto social es aceptable dentro de su esfera de influencia.

Sin embargo, hay otra razón por la que la escalada actual merece atención: pese a todas sus dificultades, Cuba ha sobrevivido. Sobrevivió a la invasión de Bahía de los Cochinos. Sobrevivió al colapso de la Unión Soviética. Ha sobrevivido a décadas de embargo, aislamiento y guerra económica. Hoy se enfrenta a una de las crisis más graves de su historia, pero sigue siendo políticamente independiente. Este hecho importa.

“Quien tenga Patria  que la honre, quien no la tenga que la conquiste”

La verdadera lección de Cuba no es que sea perfecta, sino que un país pequeño, situado a 90 millas de distancia del Estado más poderoso del mundo, se niega a renunciar al derecho a determinar su propio futuro. Y esto durante más de seis décadas, pese a los intentos de Estados Unidos de revertir esta decisión...

Castigo por otros medios

Si la imputación de Raúl Castro Ruz no es ante todo una cuestión de justicia, ¿a qué se debe entonces? Los métodos variables de ejercer el poder en el siglo XXI encierran una parte de la respuesta: EE UU ya no necesita enviar a sus marines para imponer su voluntad. Dispone de otros instrumentos, a menudo menos visibles, pero igualmente efectivos.

Durante décadas, el embargo ha sido el mecanismo principal con el que Estados Unidos ha tratado de aislar a Cuba. El objetivo era claro: privar a la isla de recursos, limitar sus opciones económicas e incrementar el coste del mantenimiento de un rumbo político independiente. Sin embargo, en los últimos años la presión ha evolucionado. Hoy, el castigo se administra a menudo a través de los bancos y no de los buques de guerra. Una compañía naviera que hace negocios con Cuba corre el riesgo de que la penalicen. Un banco extranjero que gestiona transacciones cubanas puede verse investigado. Compañías de seguros, inversores, proveedores de petróleo y socios comerciales han de calcular si tratar con Cuba supone un riesgo excesivo. En muchos casos, simplemente se desentienden.

El resultado es que medidas que formalmente apuntan contra el Estado cubano acaban afectando a todos los aspectos de la vida cotidiana. Cuando no llegan los envíos de petróleo, las gasolineras no pueden funcionar con normalidad. Cuando las transacciones financieras se complican, resulta más difícil adquirir medicamentos. Cuando las navieras evitan los puertos cubanos, la escasez invade toda la economía. Esta es la razón por la que muchos mecanismos de sanciones se conciben para que operen indirectamente. Su efectividad no solo depende de las prohibiciones legales, sino del clima de incertidumbre y miedo. No hace falta sancionar a una empresa para que cambie de comportamiento: a menudo basta con que quepa la posibilidad.

Las consecuencias se perciben lejos de las salas de juntas en que se toman tales decisiones. Se ven en farmacias con los estantes vacíos, los hospitales que tienen dificultades para encontrar equipos y los hogares que sufren repetidos apagones. La presión económica viaja a través de las cadenas de suministro hasta que llega a las casas de la población.

Esta estrategia más amplia ha venido acompañada cada vez más de otro instrumento: el lawfare o acoso judicial. La imputación de Raúl Castro Ruz es un ejemplo. La Ley Helms-Burton es otro. A lo largo de las últimas décadas, Estados Unidos ha tratado de convertir los mecanismos legales en instrumentos de presión geopolítica. Intervienen tribunales, organismos sancionadores, reclamaciones de propiedad y causas penales borrando la línea que separa la ley de la política exterior. La finalidad no siempre radica en castigar a los culpables. A menudo se trata de enviar un mensaje. El mensaje es que dirigentes políticos, empresas, inversores e incluso países terceros pueden sufrir consecuencias si mantienen relaciones que Washington desaprueba.

Vista aisladamente, cada medida puede parecer técnica o administrativa, pero todas juntas constituyen una estrategia coherente. El objetivo no es solo castigar al gobierno cubano, sino incrementar los costes de la resistencia. Esta es una razón por la que la escalada actual merece que todo el mundo preste atención: Cuba no es el único país que afronta tales métodos. Se han utilizado técnicas similares contra Venezuela, Irán y otros países que han desafiado las prioridades de EE UU. Lo que está en juego no es solo Cuba, sino también el creciente uso de la coacción jurídica y económica como instrumentos de la política internacional.

La vida sitiada

Quienes apoyan las sanciones suelen decir que son la alternativa pacífica a la guerra. Esto implica que la presión económica permite a los gobiernos perseguir objetivos políticos sin incurrir en los costes humanos asociados a la intervención militar. La experiencia cubana (entre otras muchas) cuenta una historia diferente. La guerra se imagina habitualmente como algo dramático: explosiones, tropas, edificios destruidos e imágenes televisadas de la devastación. La guerra económica opera de modo diferente: su violencia es más lenta, silenciosa y a menudo invisible para quienes la imponen. Sin embargo, los efectos pueden ser igual de reales.

Cuando no llegan los envíos de petróleo, las gasolineras cierran. Cuando escasea la electricidad, los hospitales apenas pueden funcionar con normalidad. Los medicamentos que han de conservarse en frigorífico son difíciles de almacenar. Fallan los sistemas de bombeo de agua. El transporte público deja de ser fiable. Los alimentos se estropean antes. Lo que comienza como una política de sanciones en Estados Unidos repercute finalmente en la vida cotidiana de millones de personas.

Para la mayoría del Pueblo Cubano, este no es un debate político abstracto, sino la realidad de planificar el día a día en función de los apagones. Es la preocupación de padres y madres por si habrá medicamentos disponibles cuando enferma un hijo o hija. Son los médicos que tratan de mantener el servicio a pesar de la escasez de equipos y suministros. Son personas mayores esperando en largas colas para satisfacer necesidades básicas. Es gente joven preguntándose si tendrán un futuro en la isla. En muchas partes del país, los cortes de luz determinan la organización de la vida cotidiana. Familias esperando que vuelva la electricidad para recargar los móviles, bombear agua, cocinar o refrigerar los alimentos. Los hospitales y clínicas han de trabajar en condiciones que se considerarían inaceptables en cualquier otro lugar. Lo que aparece sobre el papel como un decreto de sanciones se transforma en una crisis práctica en el día a día.

En los últimos años, Cuba experimenta una de las peores crisis de su historia contemporánea. Los apagones prolongados ya son el pan de cada día. Se ha intensificado la escasez de alimentos. La inflación ha erosionado el poder adquisitivo. Los servicios públicos están cada vez más tensionados. Cientos de miles de personas han abandonado el país, protagonizando una de las oleadas emigratorias más amplias desde la revolución.

Las sanciones por sí solas no explican todos esos problemas. La economía cubana sufre desde hace tiempo deficiencias estructurales, ineficiencias burocráticas y errores políticos. Pretender lo contrario sería intelectualmente deshonesto. Pero también sería deshonesto ignorar el papel de las presiones foráneas. Un país que padece escasez de combustibles se vuelve más vulnerable cuando se torpedean las importaciones de petróleo o gas natural. Un sistema sanitario que se enfrenta a dificultades de suministro se torna más frágil cuando se restringe su acceso a las redes financieras internacionales. Una economía que trata de recuperarse ve cómo se reducen sus opciones cuando las compañías navieras, los bancos y los inversores temen las consecuencias de entrar en tratos con ella.

Las sanciones no crean cada uno de los problemas, pero magnifican los que ya existen. Y lo hacen de manera que a menudo es difícil calibrarlos, pero imposibles de ignorar. Uno de los indicadores más claros de este deterioro es la tensión que ha invadido el sistema sanitario cubano. Estudios recientes han relacionado la intensificación de las sanciones con el empeoramiento de los resultados en materia de salud, inclusive un aumento de la mortalidad infantil, ilustrando las consecuencias humanas de políticas que suelen debatirse únicamente en términos geopolíticos. Durante décadas, Cuba era conocida internacionalmente por sus logros en el ámbito de la salud pública, muy superiores a lo que cabía esperar de un país pequeño y relativamente pobre. Hoy, facultativos y personal sanitario siguen realizando una labor extraordinaria en condiciones cada vez más precarias, pero el compromiso por sí solo no puede compensar indefinidamente la escasez de medicamentos, equipos, combustibles e infraestructuras.

Las consecuencias no solo se miden en las estadísticas, sino también en la ansiedad humana. Por esta razón. el lenguaje de las sanciones a menudo oscurece más que lo que revela. Expresiones como presiónrestricciones o medidas selectivas dan la impresión de referirse a decisiones técnico-administrativas. En realidad, esas decisiones se propagan a la sociedad. Un decreto redactado en Estados Unidos puede materializarse finalmente en una maternidad de Santiago de Cuba, una farmacia de La Habana o la cocina de una familia de Camagüey.

Los problemas de Cuba son reales

Quienes critican el embargo suelen recibir una respuesta predecible: las dificultades de Cuba son el resultado de sus propios fallos. Sin duda hay un elemento de verdad en esta afirmación. Cuba se enfrenta hoy a graves problemas internos. El crecimiento económico se ha estancado. La producción agraria no deja de ser insuficiente. Las ineficiencias burocráticas se han acumulado durante décadas. Ha aumentado la desigualdad. Mucha gente joven ve en la emigración y no en la reforma el camino más realista a un futuro mejor. La frustración visible en toda la isla no puede explicarse solamente por la presión exterior. Reconocer estas realidades no es traicionar la solidaridad ni dar pábulo de las narrativas anticubanas. Es simplemente reconocer la realidad.

Sin embargo, reconocer los problemas de Cuba nos lleva a una conclusión diferente de la que a menudo se formula en Estados Unidos. Si un país se enfrenta a dificultades económicas, ¿justifica esto que haya que empeorar esas dificultades? Si un sistema sanitario está tensionado, ¿justifica esto que haya que restringir el acceso a medicamentos y equipos médicos? Si una sociedad sufre escaseces, ¿justifica esto la adopción de políticas que agravan la carestía? Esta lógica es difícil de defender.

Ningún observador serio propondría resolver los problemas de un hospital cortándole el suministro de electricidad. Y esto es precisamente el tipo de razonamiento que subyace a los regímenes de sanciones. Las deficiencias existentes se convierten en argumentos para intensificar la presión, no en razones para reducirla. Las mismas voces que a menudo critican a Cuba por su ineficiencia económica apoyan ahora medidas que hacen que la normalización económica sea casi imposible. Los mismos políticos que hablan de reforma respaldan políticas que restringen el comercio, la inversión, la disponibilidad financiera y el acceso a los mercados internacionales. Exigen un cambio mientras contribuyen a crear unas condiciones en las que el cambio resulta cada vez más difícil.

Al fin y al cabo, estas decisiones incumben al propio Pueblo Cubano. Dentro de la sociedad cubana hay debates legítimos sobre la reforma económica, la participación política, las instituciones del Estado y el futuro del proyecto revolucionario. Estas cuestiones no podrán resolverse mediante el asedio económico, la coacción jurídica o la presión exterior.

El delito de sobrevivir...

Si Cuba no fuera más que una pequeña isla que lidia con una crisis económica, sería difícil explicar la hostilidad persistente de Estados Unidos. Más de seis décadas después de la revolución, Cuba no representa ninguna amenaza militar para EE UU. No dispone de recursos estratégicos capaces de alterar el equilibrio de fuerzas global. No es una competidora económica en ascenso. Según cualquier criterio geopolítico convencional, Cuba debería ocupar tan solo un lugar marginal en la política exterior de EE UU. No obstante, las sucesivas administraciones siguen dedicando una cantidad notable de energía a aislar, sancionar y presionar a la isla. ¿Por qué? La respuesta no está en el poder de Cuba, sino en su ejemplo.

La Revolución Cubana fue uno de los acontecimientos políticos definitorios del siglo XX. Por primera vez, un pequeño país en lo que Estados Unidos consideraba su patio particular derrocó una dictadura apoyada por EEUU, nacionalizó las propiedades extranjeras, redistribuyó tierras y trató de construir un orden social alternativo. Y, sobre todo, sobrevivió. Esta supervivencia tuvo consecuencias mucho más allá de la propia Cuba.

En toda América Latina, África y Asia, generaciones de activistas, sindicalistas, estudiantes y movimientos anticoloniales vieron en Cuba la prueba de que la resistencia era posible. No necesariamente había que aprobar todos los aspectos del modelo cubano para reconocer el significado simbólico de un país pobre negándose a aceptar el papel que le ha asignado el orden mundial. El impacto de este ejemplo no solo se reflejó en discursos o ideologías, sino que se hizo visible en la acción.

Cuando el apartheid todavía imperaba en Sudáfrica  y atacaba Angola, soldados cubanos lucharon junto a fuerzas angoleñas contra el ejército sudafricano. En un tiempo en que muchos gobiernos occidentales seguían tratando al régimen del apartheid como aliado estratégico, miles de cubanos se desplazaron miles de kilómetros para apoyar una lucha que no les reportó ningún beneficio material evidente. Cuando se necesitaban urgentemente médicos en regiones del mundo remotas y empobrecidas, Cuba envió brigadas médicas, que llegaron a trabajar en comunidades en las que a menudo no había ningún médico. Con motivo de epidemias, catástrofes naturales y emergencias sanitarias, aparecieron en lugares que no solían acaparar la atención internacional. Mientras que naciones poderosas proyectan a menudo su influencia mediante bases militares y sanciones, Cuba era famosa por exportar médicos, maestras y ayuda médica.

Podemos debatir sobre los éxitos y fracasos del sistema cubano, pero esos actos de solidaridad internacional formaban parte de una cultura política que desentonaba en un mundo cada vez más organizado en torno a la competencia, el beneficio y la ventaja geopolítica. De ahí que Cuba ocupe un lugar en la memoria global que supera de lejos su tamaño. Para muchas personas del Sur global, Cuba vino a representar algo más grande que ella misma: la idea de que un país pequeño puede actuar con dignidad, de que las prioridades sociales pueden organizarse de modo diferente y de que la solidaridad internacional puede significar más que el lenguaje diplomático. Esta memoria sigue siendo políticamente significativa.

En efecto, la continuación del embargo hasta mucho después del fin de la Guerra Fría revela una cosa importante. Si el conflicto hubiera tenido que ver realmente con la influencia soviética, debería haber terminado cuando desapareció la Unión Soviética. Si solo hubiera tenido que ver con “el comunismo”, cabía esperar que las relaciones se normalizaran una vez desaparecido el mundo bipolar. En cambio, en la era de la posguerra fría vimos cómo se reforzaban muchas de las sanciones más duras. Este hecho por sí solo ya nos dice algo.

Lo que sigue considerándose intolerable no es meramente una determinada ideología, sino la continuación de un proyecto político independiente que rechaza la completa sumisión al orden dominante. Esto no significa que Cuba se ha quedado congelada en el tiempo. La Cuba contemporánea es muy distinta de la Cuba que inspiró a los movimientos revolucionarias y de liberación de las décadas de 1960 y 1970. Se enfrenta a dificultades económicas, declive demográfico, frustración social y profunda incertidumbre sobre el futuro. Muchas de las esperanzas que animaron a generaciones anteriores se cuestionan ahora dentro de la propia sociedad cubana. Ahora bien, no podemos valorar la historia tan solo a la luz de las circunstancias actuales.

El motivo por el que Cuba genera tanta hostilidad no radica en que represente una poderosa alternativa, sino en que representa una alternativa que sobrevive, y esta distinción cuenta. Los Estados que fracasan pueden ser ignorados. Los Estados que sobreviven a pesar de décadas de acoso plantean un problema distinto: ponen en entredicho la afirmación de que el orden vigente es inevitable. Recuerdan a la gente que la historia podría haber seguido otros caminos y que puede seguir haciéndolo.

Un Pueblo sin memoria histórica nada significa ni nada vale”...

También es una lucha por la memoria: la memoria de la resistencia anticolonial, la solidaridad internacional y la de un país pequeño que insiste en decidir su propio futuro. Para Estados Unidos, esta memoria es un estorbo. Para mucha gente de todo el mundo, sigue siendo fuente de inspiración.

¿Quién decide el futuro de Cuba?

La imputación de Raúl Castro Ruz se presenta como una cuestión de justicia. En realidad, se entiende mejor como parte de un esfuerzo mucho más prolongado por disciplinar a un país que ha pasado más de seis décadas resistiéndose a integrarse en el orden político y económico que Estados Unidos considera que debe prevalecer en el hemisferio occidental. Dicho esfuerzo ha adoptado muchas formas. Ha comportado intentos de invasión, sabotaje, aislamiento diplomático, sanciones económicas, restricciones financieras y, cada vez más, guerra jurídica. Los instrumentos han cambiado con el tiempo, pero el objetivo subyacente sigue siendo el mismo: aumentar el coste de la independencia hasta el punto de que Cuba acabe abandonando el camino que emprendió en 1959.

Pero hay algo revelador con respecto a la persistencia de esta campaña. Los países irrelevantes se dejan de lado. Los países que han sido derrotados se olvidan. Cuba no entra en ninguna de estas categorías. La isla sigue sometida a presiones precisamente porque no ha dejado de representar un hecho incómodo: un país pequeño, situado a 90 millas de distancia del país más poderoso del mundo, se niega a perder su soberanía a pesar de unas presiones económicas y políticas extraordinarias.

Nada de esto nos exige romantizar la Cuba contemporánea. El país afronta problemas graves. Su economía se tambalea. Mucha gente joven se ha ido. La frustración de la población es real. El futuro del proyecto cubano está sumido en la incertidumbre y en última instancia vendrá determinado por debates que se producen dentro de la propia sociedad cubana. Esa es precisamente la cuestión: esos debates pertenecen al pueblo cubano. No deberían dirimirse mediante sanciones pensadas para agravar la escasez. No deberían resolverse a base de medidas que dificultan la obtención de medicamentos, pongan más obstáculos a la importación o retrasen la recuperación económica. No deberían zanjarse con intentos de imponer un sufrimiento suficiente a la gente común para que el cambio político sea fruto del agotamiento en vez de una decisión democrática.

Detrás de cada sanción, cada transacción bloqueada y cada acto de coacción jurídica hay seres humanos que tratan de vivir una vida normal. Hay familias que soportan apagones, médicos que trabajan con recursos limitados, estudiantes que no saben si tendrán un futuro en su propio país y gente mayor con dificultades para asegurar sus necesidades básicas. Para estas personas, la guerra económica no es un concepto geopolítico, sino que forma parte de la vida cotidiana. Por esto la lucha en torno a Cuba importa mucho más allá del Caribe. Está en juego un principio que se extiende a todos los países, grandes y pequeños: ¿quién tiene derecho a determinar el futuro de una nación?. “Cuando menor es un país, mayor debe ser su confianza en si mismo y su sentido de la dignidad”...

Si es que significa algo, la soberanía significa que los sistemas políticos nacen y mueren en virtud de las decisiones de los pueblos que los sostienen, no de sanciones económicas impuestas desde el extranjero. Cuba no está siendo castigada porque suponga una amenaza para EE.UU. La castigan porque ha sobrevivido. Y esa es precisamente la razón por la que la cuestión planteada por Cuba sigue siendo relevante hoy en día. No se trata de si se está de acuerdo con cada una de las decisiones adoptadas por el gobierno cubano. La cuestión es si Estados poderosos deben poder utilizar el hambre, la escasez, el aislamiento y la coacción para determinar el destino de otros pueblos. La cuestión no solo afecta a Cuba, sino también al futuro de la propia política internacional.

Lo subrayado/interpolado es nuestro