viernes, 20 de marzo de 2026

LA COMPLEJA COSMOSINTESIS DE LA PROBLEMATICA HUMANA. TODO FLUYE... HERACLITO.


LA COMPLEJA COSMOSINTESIS DE LA PROBLEMATICA HUMANA.

TODO FLUYE... HERACLITO.        


Por Dr. Mariano Sierra S., escritor, filósofo jurista y analista internacional/ ADDHEE.ONG


Vivir y dejar vivir, una filosofía social que se encarna en un mundo complejo donde unos pocos quieren gobernar y dominar el mundo, llenos de codicias incapaces de ofrecer posibilidades cognitivas, en la ley del dar y recibir, pero siempre en el dar, como principio dinámico del universo, aprendiendo a pensar como buen aprendiz de sabio...

Razones y sinrazones, pesos y contrapesos entre puntos de inflexión, son presupuestos de la existencia, alucinantes que se interponen en un ser ilimitadamente, a las también ilimitadas deliberaciones de flujos y reflujos, todo en un inútil pensar la vida, haciendo acopio de ideologías, dogmas y filosofías sociales del ayer, del presente y a futuros inciertos, que galopan cual devenires de emociones sin sentido, en un gran lio que busca encontrar la panacea que nadie ha encontrado, pues digerir este bocado  ocasiona un gran  vomitivo de pésima glotonería.

La codicia, es el obstáculo para la lampara de Aladino o la linterna de Diógenes, como para todo saber que quiera destruir esa codicia, anemia perniciosa de los poderes dominantes, gestores del embrollo bio social. Por ahora no filosofemos, sino como decía Marx, vamos a construir un mundo mejor, explorando unidos, interrelacionando saberes productivos para hallar la verdad que represente la democracia con un enfoque humanista, sorteando fetichismos que pretendan imponer realidades capitalistas deterministas, contrarias al orden progresista y a la justicia social...

La sociedad se resignó a pensar, perdió la brújula, nada le inspira, solo vive entre contradicciones y oposiciones sin sentido, en un conocimiento histórico utópico, que se le olvido digerir los saberes para vivir entre placeres como únicos relatos validos que desmitifican el desarrollo. Pan y circo hace olvidar las tiranías y toda explotación seductora a una sociedad que vive la esperanza de las falsas utopías o del futuro incierto y mágico, del olvido que seremos si aun continuamos en tragedia griega.

La persona libre piensa haciendo del saber una reflexión por/para la vida. Quien no genera amen y sentido social es un transgresor de la justicia, es un sicario del poder, es un genocida del amor. El cambio social progresista nos transforma permitiendo una trazabilidad de la realidad cuyo proceso alude a asegurar una potencial biodiversidad sin límites, dejando como resultado las huellas de la felicidad integral para unos pueblos que vienen precedidos de pensamientos llenos de esperanza e ilusiones.

Huir de la verdad, del no pensar, es como solo sentir la mera tentación del existir. La trazabilidad une capitales de toda naturaleza que convergen en una unidad plural/popular crítica con la propia energía social para la defensa de la vida. La historia nos conecta con los hechos reales e irreales, con lo evidente para abanicar las brechas sociales, proformas para destruir las fuerzas adversas que proliferan en nuestros pueblos. Mientras que el feudalismo siga articulando las políticas negacionistas del   trabajo social y el nuevo humanismo, el desarrollo seguirá restringido y los dramas humanos crecerán sin más, bajo una democracia comodín, trompo quiñador reinante de las derechas belerofontes, monstruos de las cavernas, ladrones de la política pública.

Pulsiones políticas y sociales son la degeneración y el absurdo cuando caen en manos de los escépticos de la verdad y la justicia que por su glotonería codiciosa proliferan en medio de la barbarie perniciosa de una política de la mentira y el engaño que junto a los poderes imperiales hacen sombra al mundo civilizado y justo, impidiendo ver la luz de la paz. Vida sin políticas, sin principios conducen al apoliticismo, a la indiferencia, al rechazo de todo sentido de la vida, a la negación de pensar y comprender el mundo. “El apoliticismo es una forma de hacer política, la más nefasta”...

Hanna Arendt en sus reflexiones nos empujó a mirar las formas de comprensión y el choque de las relaciones del pensar con la realidad y como ello nos lleva a organizar la política para construir un mundo mejor, procurando enderezar el sentido político pues ella, la política, forma y deforma ante la feroz conceptualización que le imprimen los políticos del horror en su relación social, que la han roto por su desmedida aptitud draconiana, que trascendió para patentar  un legado social para las luchas populares.

Todo esto, porque el mismo ser humano se ha convertido en enemigo de sí mismo, y la política es un detonante perturbador, para el desconcierto leproso, donde una sociedad agobiada está a la deriva, sin que medie ningún propósito de vida. Así como el cuerpo posee un ADN, la sociedad, el mundo, la política también lo posee en su debida naturaleza, como esencia, como estructura para conocer las distintas patologías y de esta manera emprender procesos y diagnósticos de cambio. La visión que hasta ahora se han dado en esta conflictividad social, es que tenemos un sistema económico perturbador, sugerente como causante primario, cuyo poder impide cualquier solución, salvo una revolución sugestiva, equitativa y progresista.

Hitos históricos han estructurado ideas, pensamientos, procesos sociales bien intencionados cuyos propósitos  catalizadores enfocan transformaciones para cambiar el mundo, pero las contradicciones del capitalismo  con la anuencia de ciertos movimientos y actores de la política y la intelectualidad abrasiva, draconianos sin fundamento, transbordan sus doxas creando escepticismo e incredulidad con el advenimiento de una ignorancia crasa, a fin de impedir con estorbos codiciosos evoluciones plausibles, como protestas para oponerlos  a la deshumanización y enajenación del hombre, cuyo concepto nuevo transfiera al mundo una concepción histórica libre, sin disparidades legislativas rebosadas por poderes perratas.

El mundo ante esta encrucijada, no se libera del limbo social, político, cultural y económico, absorbido por un capitalismo determinista globalizado voraz donde la humanización se ha comprimido al asombro de elementos abrasivos, limitados a cosas fácticas a las cuales se ha llevado a incursar el hombre, que lo han despojado de su identidad de ser para convertirlo en una cosa, materia prima para construir una vil codicia.

La vida evoluciona, nada la detiene, nos une y proyecta a través del amor social que da sentido, verdad y sabiduría por medio de una praxis concisa dentro de un desarrollo material de la existencia. Y la desune la apatía de un pueblo y un gobierno ladino que se vulgariza con la política de la oligarquía empresarial plutócrata que solo proclama desventuras seductoras desconociendo al poder popular, sueño de liberaciones e ilusiones emancipadoras. Y de un trabajo creador para un nuevo humanismo catalizador.

Todos nuestros pueblos deben estar conectados por fuerzas convergentes inspiradas en interludios de vida, donde se conviva sin miedos, sin temores, solo asista el querer productivo y el ánimo sin escépticos pensamientos, donde se destaque un vitalismo cósmico emancipador que acceda a razones y reflexiones filosóficas plenas de individuos creativos que sepan llenar los vacíos de las incertidumbres, pensando entre lo divino y lo humano para la realización de la vida y su existencia.

La epifanía política le hace un llamado al mundo como un estilo de hacer política digna. Esta epifanía llega ante el trastorno mundial que se debate entre ideologías confusas frente al modo social de las actuaciones humanas, creador del trabajo colectivo esto es, la transformación del proceso laboral, en un proceso de producción, donde el individuo actúa en libertad orientada a las necesidades humanas. Implica ello buscar la redefinición de una ética en la esfera pública, alineada a producir cambios, donde se reconozca la persona como fundamento de solidaridad, equidad, regulación transformadora, con los nexos históricos que hablaron el lenguaje discursivo social.

La experiencia de la libertad es la verdad, es el sentir la naturaleza del amor en la revolución de Cristo Libertario, para la realización de la vida humana en un pacto por la vida contra las tiranías, los fanatismos y las resignaciones. Somos de la generación del capitalismo determinista icónico que se limitó a procesar seducción para capturar adeptos como medios para alcanzar ilimitadas codicias sin fronteras, desconociendo al ser de la historia, el de la problemática humana, el de la cosmosintesis trágica de la vida, el de las utopías de lo implícito y lo explicito, el ser de los propósitos que se une al existencialismo vivencial del sentir filosófico sustentado por la convivencia humana en un fluir amoroso, donde el corazón tiene razones que la razón ignora.

Hoy estamos también ante una epifanía social, que es el nuevo sentir de una toma de conciencia cosmológica que impulsa el pensar emancipador, tutelado por la soberanía de los pueblos, que claman la praxis del legado del amor y la convergencia de pactos por la vida que enfrenten toda amenaza contra la construcción de nuestra propia historia. La vida siempre está en juego político que se aparta del orden social, haciéndonos vivir una taxidermia política, que no es otra cosa que preservarnos de ideas artificiales plagadas de manipulaciones y discursos   cuya obsolescencia las llevo a la prescripción y a la decadencia de sus autores, Como lo señalo Vargas Vila al ser despojado de su patria, por decir la verdad ascendiendo a los umbrales libres.

Lo subrayado/interpolado es nuestro



EL DECLIVE DEL IMPERIO ESTADOUNIDENSE, ¡LE ESTÁ LLEGANDO SU HORA!...

  



EL DECLIVE DEL IMPERIO ESTADOUNIDENSE, ¡LE ESTÁ LLEGANDO SU HORA!...

Por Àngel Ferrero/escritor, periodista y analista internacional/ADDHEE.ONG:

Al igual que las bestias acorraladas, alerta, “los imperios en declive suelen ser osados y vengativos, atacan en todas direcciones, asumen riesgos descabellados, actúan sin un plan coherente y causan estragos por todas partes”.

La voluntad de un repliegue de su influencia en el hemisferio occidental/USA/Unión Europea/OTAN, Canadá, Inglaterra, Japón y el patio trasero latinoamericano estadounidense, los crecientes problemas internos del país e incluso la victoria de Donald Trump en las pasadas elecciones presidenciales han sido interpretadas por algunos comentaristas como signos de declive de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, el secuestro del presidente de Venezuela, las ambiciones territoriales sobre Groenlandia, las presiones económicas a la Unión Europea, la campaña de bombardeos contra Irán en curso o el estrechamiento del cerco sobre Cuba han sido consideradas por otros como muestras de un imperialismo estadounidense revitalizado. ¿Estamos ante una nueva fase del imperialismo estadounidense, más virulento, o, por el contrario, este recurso a la fuerza y el chantaje abierto es, más bien, un intento desesperado para no perder su influencia y predominio, sobre todo en el hemisferio occidental y en Europa?

Muchos analistas parecen inclinarse, pese a todo, por lo segundo. El economista alemán Wolfgang Münchau, por ejemplo, escribía días atrás en Unherd que la desconexión parcial de la política exterior estadounidense de Europa obedece a un caso clásico de sobreestiramiento (overstretching), puesto que el régimen estadounidense se prepara “para el peor escenario posible: un ataque chino a Taiwan unido a un ataque simultáneo ruso contra Europa occidental y un ataque norcoreano contra Corea del Sur.” “Si se piensa estratégicamente”, continúa Münchau, “es claro que EEUU no puede librar simultáneamente una guerra en Asia oriental y en Europa”, y ello explicaría que el régimen estadounidense empuje desde hace años a Bruselas a aumentar sus inversiones en defensa. “Hemos visto un declive constante del gasto europeo en defensa en términos generales. Hay excepciones –como Polonia, como Estonia– pero en la mayor parte hemos visto un declive constante. Esto tiene que cambiar.” Estas palabras no son de Trump, como podría pensarse, sino de Barack Obama en rueda de prensa en el año 2014.

McCoy: Estados Unidos tiene una cita en Samara

Para el historiador Alfred McCoy, los Estados Unidos son claramente “un imperio en declive”. Según McCoy en una entrevista para Democracy Now!, los imperios en declive pueden diagnosticarse por una combinación fatídica de problemas externos e internos. En el primer caso, se “envían tropas al extranjero, en su vertiginoso declive, pensando que algún tipo de intervención militar logrará volver a recuperar el poder global que se les está escapando de las manos.” En el segundo, está la acumulación de problemas económicos y sociales, que lleva a la polarización política y, finalmente, a intentos cada vez más antidemocráticos de hacerse con el poder, gestionarlo y conservarlo. “Creo que lo que hay que hacer es darse cuenta de que somos un imperio en declive, y que nos retorcemos en este tipo de irracionalidad, especialmente en el ámbito internacional”, comenta, y esto, apostilla, “continuará durante otra década o dos, hasta que el poder, el poder estadounidense, finalmente se desvanezca.”

Este historiador ha expuesto sus ideas con mayor detalle en un artículo publicado en Tom Dispatch. McCoy comienza su artículo recordando la parábola del mercader de Bagdad que envió a su criado al mercado y regresó aterrorizado, pues allí se había encontrado con una mujer que era la Muerte y le había hecho, desde lejos, un gesto amenazador. Para escapar de ella, el criado imploró al mercader poder huir a la ciudad de Samara, donde la Muerte no lo encontraría. El mercader se apiadó de su criado y le entregó sin demora un caballo, con el que éste huyó a galope a Samara, a la que llegó más tarde de noche. Aquella misma tarde el mercador encontró a la Muerte en el bazar y le preguntó por qué había amenazado a su criado. “No era un gesto de amenaza”, respondió la Muerte, “sino de sorpresa: no esperaba encontrármelo en Bagdad porque tenía una cita con él esta misma noche en Samara.” Para McCoy, Estados Unidos tiene “una cita en Samara”, por mucho que galope en dirección opuesta.

“Desde que Sargón el Grande de Asiria fundó el primer imperio transregional de la historia en el 2.300 AC el mundo ha sido testigo de una sucesión de unos 200 imperios”, escribe McCoy. “A lo largo de esos 4.000 años”, sigue, “cada uno de esos imperios creció y alcanzó su apogeo, tan poderoso que parecía eterno, sólo para decaer y finalmente desintegrarse, dando paso a la siguiente realidad imperial.” Según McCoy, EEUU podría estar adentrándose en esa fase después de haber alcanzado su apogeo tras el fin de la guerra fría, cuando Francis Fukuyama publicó un artículo proclamando nada menos que “el fin de la historia” debido a la “universalización de la democracia liberal occidental como forma definitiva de gobierno” y ante el “agotamiento de alternativas sistémicas viables” y la “expansión ineluctable de la cultura de consumo occidental”, incluso entre los dos antiguos adversarios sistémicos de Estados Unidos, China y Rusia.

En menos de dos décadas esa impresión comenzó a tambalearse. McCoy cita unos cuantos ejemplos de ello, como el pronóstico del Fondo Monetario Internacional (FMI) de que, en términos de paridad de poder adquisitivo (PPP), China, con un 20%, encabeza la lista, seguido por Estados Unidos, con un 15%, y la Unión Europea, con un 14%. “A medida que la superioridad económica del país, la fundación de su hegemonía global comenzó a retroceder, los dirigentes en Estados Unidos hicieron algunas decisiones cuestionables sobre Oriente Medio y también que China que contribuyeron a la erosión de su influencia internacional.” Trump no habría hecho más que acelerar este proceso.

Mohadensi: “No un signo de fuerza, sino de debilidad”

Éste es un diagnóstico compartido, a grandes rasgos, por otro historiador, Salar Mohandesi. En un artículo para la revista Jacobin, Mohandesi afirma que “por aterradoras que estas ofensivas imperialistas puedan ser, no son un signo de fuerza, sino de debilidad” y “no simplemente la debilidad de individuos que están al mando, sino de los Estados Unidos en su conjunto.” Aunque “la senilidad de Biden y la caprichosidad de Trump ciertamente han desempeñado un papel, la aterradora trayectoria del imperialismo estadounidense tiene su origen en acontecimientos más profundos.”

“Uno por uno”, escribe Mohandesi, “los principales factores que alguna vez lo hicieron tan poderoso han comenzado a desmoronarse.” Estados Unidos, por ejemplo, “ha perdido su ventaja tecnológica en muchos campos, y la reciente guerra de Trump contra las universidades solo ampliará la brecha, retrasando la investigación y el desarrollo de EEUU durante décadas.” También la economía estadounidense/bancarrota “se encuentra en una situación delicada” y Mohadensi cita su “déficit sin precedentes” y cómo gran parte de la economía “está ligada a activos especulativos como los inmuebles, las acciones, los metales preciosos, las criptomonedas y una burbuja de inteligencia artificial”, mientras “rivales como China no solo están alcanzando a Estados Unidos, sino que lo están superando en aspectos importantes.” Así, señala este historiador, mientras, “las principales exportaciones de China a Estados Unidos han sido productos electrónicos, la principal exportación de Estados Unidos a China en los últimos años ha sido la soja.”

Como consecuencia de ello, “el tejido social de la vida estadounidense se desmorona, con un coste de vida que se dispara, un sistema sanitario disfuncional”, e incluso una sucesión de “tiroteos en masa” y un incremento del racismo, al punto que “para muchas personas, este país no es un lugar seguro, estable o agradable para vivir: según una encuesta, solo el 13 % de los jóvenes estadounidenses cree que su país va por buen camino.” En efecto, “la legitimidad interna del Estado estadounidense se ha desplomado y la confianza en las principales instituciones del país –los medios de comunicación, las universidades, el propio Estado– se encuentra en su nivel más bajo.”

Finalmente, Mohadensi menciona cómo régimen estadounidense ha terminado por alienar “a sus aliados europeos, que, en cualquier caso, son mucho más débiles que en los años cincuenta y sesenta”, mientras ha tensado las relaciones con otros aliados, como la India, “y ha infligido un daño permanente al orden internacional que construyó después de la Segunda Guerra Mundial.” “Al carecer de una gran visión organizativa, o de los medios para hacerla realidad aunque la tuvieran”, explica, “los imperialistas estadounidenses están echando mano de todo lo que tienen a su alcance para ver si pueden revertir el declive imperial: apoyan genocidios, imponen aranceles, secuestran a líderes extranjeros, presionan a sus vasallos europeos, libran guerras por control del narcotrafico, atacan a los inmigrantes, aceleran el cambio de régimen en el extranjero, promueven la supremacía blanca y destrozan el orden internacional.” Sin embargo, “ninguna de estas espectaculares maniobras ha logrado resolver la crisis del imperio, por lo que siguen subiendo la apuesta.”

Mohadensi finaliza su artículo con una advertencia: incluso si damos por hecho que el imperialismo estadounidense está en declive, “no está ni mucho menos acabado, y sus frenéticos esfuerzos por salvarse probablemente lo harán aún más amenazador en los próximos años.” Al igual que las bestias acorraladas, alerta, “los imperios en declive suelen ser osados y vengativos, atacan en todas direcciones, asumen riesgos descabellados, actúan sin un plan coherente y causan estragos por todas partes.” 

Lo subrayado/interpolado es nuestro

 


El fracaso ético y moral de la Humanidad: ¡Que generalización/masificación!



El fracaso ético y moral de la Humanidad: ¡Que generalización/masificación!

Prolegomeno: “Lo etico es lo honesto. No hay etica sin una radical honestidad”...

Prolegómeno:

La Humanidad, el Género Humano son responsables del genocidio de los Pueblos  Palestino, Libanés Yemenita, Iranie, etc.,que lleva a cabo el imperialismo  estadounidense con su führer, el convicto Trump y su aliado el régimen  nazisionista del delincuente  fugitivo de la Corte Penal Internacional/ CPI, Netanyahu: una generalización absurda, todos somos culpables,  nadie lo es. Los herederos de Hitler, de Mussolini, de Franco, la impusieron después de la segunda maldita guerra mundial... junto al maldito habito de olvidar para negar...

Las responsabilidades políticas, económicas, civiles, religiosas,  militares, criminales, etc., son personales. El fracaso ético y moral  del “Género Humano” tiene un nombre  los mefistofélicos empresarios plutócratas oligarcas del capitalismo determinista  estadounidense, quienes  al fin de la maldita segunda guerra mundial, teniendo como égida la celestina universal/el dólar y  conforme  lo preceptuado en el club Bilderberg le impusieron a la Humanidad  que, “ la libertad, la democracia y la justicia  deben ser deseables, aunque sólo una minoría  obtenga ventajas de ellas “... Los dirigentes de occidente  Europa. Canadá, Japón  y  del patio trasero latinoamericano estadounidense/yanqui acataron sumisamente la coyunda estadounidense...

Ochenta años después los mefistofélicos empresarios plutócratas oligarcas, degenerados estadounidense encabezados por el convicto genocida, lenguaraz Trump, en el contexto de su tiranía más despótica, perversa, degenerada e inmoral, en el foro económico mundial de Davos, Suiza – ayer Club Bilderberg-, reiteraron la receta /récipe, para el moribundo sistema capitalista determinista globalizado sumido en el  neoliberalismo, el narcotráfico, la telebasura internet y el consumismo desenfrenado. Creen que la Humanidad es un mall, una factoría, una  satrapía del imperio estadounidense... “La historia se repite como farsa y después como tragedia. Quién no aprende las lecciones que le da la historia está condenado a repetirlas”

Con esperanza y memoria, una vez más, “bajo el sistema capitalista determinista no hay destino viable para la Humanidad.  Lleva en sí mismo el germen de su destrucción”. La pregunta es, ¿cuándo desaparecerá de la faz del mundo este maldito sistema , para que el Género Humano pueda vivir en paz,” donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres,,,”  “Luz, más luz, luchar es vivir, sólo merecen la libertad y la vida quienes cada día las conquistan...”

Prof. Moreno Peralta /IWA

Secretario ejecutivo Addhee.Ong

“La Humanidad no puede tolerar un asesinato más y una bomba más cayendo sobre la cabeza de las niñas y mujeres palestinas”.

Por Leonardo Boff/Sacerdote de la Teologia de la Liberacion, escritor y analista internacional/ ADDHEE.ONG

Nuestros orígenes están en África. Por eso todos somos africanos. El Valle del Rift, visible desde la luna, que se extiende 3.000 kilómetros desde el norte de Siria hasta el centro de Mozambique, es una zona privilegiada. En este valle se produjo una gran división: a un lado, al norte, permanecieron los bosques donde vivieron nuestros ancestros antropoides y, posteriormente, simios superiores como gorilas y orangutanes, que disponían de abundante alimento. No necesitaron evolucionar para sobrevivir.

Algunos permanecieron en la parte baja del Valle del Rift, que se convirtió en una especie de sabana. Nuestros ancestros en esta “zona árida” desarrollaron sus cuerpos, comenzaron a caminar erguidos, y sus cerebros, con más sinapsis que neuronas, fomentaron un proceso de pensamiento inicial, ansiosos por buscar lo necesario para la supervivencia. Ecológicamente, la vida en la sabana no es tan abundante en recursos como en otras biorregiones. En 1974, se descubrió un fósil bastante completo de 3,18 millones de años en el desierto de Afar, en Etiopía. Parecía pertenecer a una mujer. Por esta razón, se le llamó “Lucy”, nombre tomado de la canción de los Beatles “Lucy in the Sky with Diamonds“.

En conclusión, la bioantropología ha aclarado que los humanos descendemos de un ancestro común. Este no fue un simio, como se suele pensar, sino un primate primitivo que se ramificó: por un lado, dio origen a los grandes simios mencionados anteriormente, y por otro, a las diversas etapas de la evolución humana, como el Homo habilis, luego el Homo erectus y, finalmente, el Homo sapiens, del que procedemos.

El gran cambio comenzó con el Homo habilis, hace más de 2 millones de años. Ya utilizaba herramientas como piedras puntiagudas, palos afilados y huesos gruesos para manipular la naturaleza y facilitar la caza de animales. Pero esta manipulación aún no era destructiva.

Cientos de años después, surgió el Homo erectus, ya bípedo y equipado con herramientas más poderosas, capaz de cazar ganado e incluso elefantes en grupos coordinados. Utilizó el fuego por primera vez, marcando el comienzo de una verdadera revolución cultural, pasando de la comida cruda a la cocinada, como estudió el antropólogo Claude Lévi-Strauss. Su manipulación de la naturaleza aumentó, llegando a animales de mayor tamaño, como los grandes perezosos.

Tras milenios en África, migrando de un lugar a otro, pero siempre dentro del continente africano, comenzó la gran migración del Homo erectus. Emigró a Eurasia, Asia Central, llegando a India, China e incluso Australia. Posteriormente, sus descendientes, el Homo sapiens, llegaron a América hace unos 20.000 años, ocupando así todo el planeta.

Del emigrante Homo erectus, llegamos al Homo sapiens de hace 100.000 años. Hace diez mil años, el Homo sapiens marcó el comienzo de la que quizás sea la mayor revolución de la historia, la única que se universalizó, cuyas consecuencias han perdurado y se han profundizado hasta nuestros días. Se trata de la revolución neolítica. Los humanos se volvieron sedentarios: crearon aldeas y ciudades. La gran invención fue la agricultura y el riego, especialmente a lo largo de los grandes ríos: el Tigris, el Éufrates, el Nilo y el Indo.

Con la agricultura, se creó un excedente de medios de subsistencia. En ese momento, comenzó su proceso de violencia y agresión, no solo contra la naturaleza, como había ocurrido cada vez más hasta entonces, sino también contra otros seres humanos. La producción agrícola produjo un excedente significativo. Esto posibilitó la guerra, ya que existían reservas para alimentar a los soldados. Fue en ese momento que el historiador Arnold Toynbee, en su extensa obra “Un estudio de la historia”, presenció el surgimiento de un fenómeno que nunca ha desaparecido de la faz de la Tierra: la guerra. Comenzó la verdadera “abominación de la desolación”, como se describe bíblicamente el nivel de destructividad humana.

Pero la violencia sistemática contra otros seres humanos y la naturaleza alcanzó proporciones sin precedentes con la colonización y esclavización de África, América Latina y otras regiones, empezando por Europa. Millones de personas fueron sacrificadas. Solo en América, 61 millones, a lo largo de un siglo y medio. Fue el mayor holocausto de la historia. Hubo verdaderos genocidios, que aún perduran, como el de la Franja de Gaza contra los palestinos. El advenimiento de la industrialización moderna, con sus formas más sofisticadas de dominación sobre las personas y la depredación de prácticamente todos los ecosistemas mediante inteligencia artificial, ha llevado al auge de la violencia. Esto ha llevado a la creación del principio de autodestrucción con todo tipo de armas letales.

Debemos reconocer que, gracias a la ciencia y la tecnología modernas, el bienestar de la Humanidad ha crecido prodigiosamente. Ha logrado que la vida sea más cómoda y larga, aunque gran parte de la Humanidad está condenada a la exclusión de estos beneficios. Sin duda, ha habido avances en todos los ámbitos: en salud, educación, movilidad y mil inventos más. Pero no deberíamos presumir demasiado, ya que, como observó el genetista francés André Langaney (*1942), las algas y las mariposas han desarrollado su ADN más que nosotros. En términos de masa, las lombrices de tierra poseen más que toda la Humanidad.

A pesar de este desarrollo cultural, en términos morales (formas de organizar la vida) y éticos (los principios que la guían), aún nos encontramos en la prehistoria. La maldad, la crueldad, las mentiras intencionadas y la falta de empatía siempre nos han acompañado, como lo presenciamos hoy. Los escándalos de pederastia y el atroz abuso infantil, atestiguados en los archivos de Epstein, que involucran al presidente Trump y a otros, dan testimonio del nivel de degradación moral y ética.

Somos los últimos seres dotados de inteligencia reflexiva en entrar en el proceso evolutivo. Estamos en el último minuto antes de la medianoche, si reducimos la edad del universo (13.700 millones de años) a un año solar. ¿Podría ser que aún tengamos la oportunidad de que la bondad prevalezca sobre la brutalidad, la preocupación sobre la destructividad, en nuestra forma de vida? Un hombre mentalmente demente como el presidente Donald Trump amenaza con usar su poder militar para subyugar a todos los países, arriesgando la eliminación de la vida humana mediante una guerra nuclear. ¿O, mediante su desenfrenado afán destructivo, él, el enemigo de la vida, el representante del Anticristo, pondría fin a la saga humana? La Tierra seguirá girando alrededor del sol durante milenios, pero sin nosotros, o solo con los billones y billones de microorganismos subterráneos que sobrevivirán. El destino está en nuestras decisiones, en nuestras manos. ¿Cómo podemos salvarnos a nosotros mismos y a la vida haciendo del amor, el cuidado y la empatía las piedras angulares de un nuevo tipo de civilización? Sin esto, no tendremos futuro.

La pelea por la Ética de la inteligencia artificial/IA.

“Lo etico es lo honesto. No hay etica sin una radical honestidad”...

El choque de la empresa Anthropic con el Pentágono demuestra que el convicto Trump prefiere una inteligencia artificial genocida sin escrúpulos...

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha ordenado a todas las agencias federales que dejen de utilizar los productos que desarrolla la empresa Anthropic, en especial su herramienta de inteligencia artificial generativa Claude, según los expertos, el mejor modelo para uso militar y la única autorizada en operaciones clasificadas (como la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro). La empresa exige garantías de que la Administración no utilizará su IA para llevar a cabo una vigilancia masiva de los ciudadanos estadounidenses ni como parte de sistemas de armas autónomas sin supervisión humana. Trump sostiene que una empresa privada no debe decir a los militares cómo combatir ni cómo ganar guerras. El Pentágono ha amenazado incluso con calificar a la compañía como una amenaza para la cadena de suministro. Un trato solo dispensado hasta ahora a tecnológicas extranjeras (las chinas Huawei y ZTE, y la rusa Kaspersky) y que pondría en peligro su capacidad para contratar con otras empresas que a su vez trabajen para la Administración.

Además de los 200 millones de dólares del acuerdo en juego, el episodio desvela lo lejos que ha llegado ya el uso de la IA en las operaciones militares pese a que aún estamos en los primeros pasos en sus desarrollo. De hecho, apenas horas después de romper con con Anthropic, el régimen estadounidense lanzó su ataque sobre Irán con la ayuda de esas mismas herramientas/arnas. Por encima de todo, el pulso entre la Administración estadounidense y la compañía que dirige Dario Amodei abre un debate sobre cómo usar la IA, sus riesgos y quién decide los límites a su uso: las empresas que la desarrollan o los Gobiernos. Comienzan a definirse así los contornos de un dilema crucial para nuestro futuro inmediato en torno a la inteligencia artificial y a su relación con el poder, es decir, a la ética. Algunas de las reticencias expresadas por la compañía californiana son las mismas que suscita el uso que puedan hacer de los datos de los ciudadanos los regímenes no democráticos.

El enfrentamiento tiene, además, un elevado componente personal y es un ejemplo de cómo Trump entiende el gobierno. Amodei respaldó en la campaña electoral de 2024 a la candidata demócrata, Kamala Harris, y se ha mostrado partidario de regular el uso de una tecnología que está revolucionando nuestras vidas a velocidad de vértigo. No en vano, Anthropic ha construido su identidad alrededor de la seguridad y la ética en los sistemas de IA. Trump, mientras, ha acusado al desarrollador de Claude de ser una empresa de izquierda radical y woke. Horas después de que el presidente ordenara romper con Anthropic, OpenAI —cuyo consejero delegado, Sam Altman, es un entusiasta donante de Trump— cerró un acuerdo con el Departamento de Guerra por el que cede todas las capacidades de su herramienta para cualquier uso legal.

La batalla de Anthropic —fundada por programadores que abandonaron OpenAI por diferencias de criterio sobre control de la IA— estaba en garantizar que el Pentágono no levantará las restricciones sobre vigilancia ciudadana y autonomía de combate cuando lo considere necesario aduciendo opacos motivos de seguridad militar. Perdió esta batalla porque los escrúpulos parecen ser un obstáculo para trabajar con la Administración Trump, pero el debate de la ética sigue. De cómo se resuelva dependerá que los aliados de la primera economía del mundo —entre ellos la UE— determinen si el modelo estadounidense de gobernanza tecnológica merece la confianza que hasta ahora se le había dispensado.

Lo subrayado interpolado es nuestro

viernes, 13 de marzo de 2026

De Epstein a Guatemala: cuando la impunidad es sistema, no excepción:


De Epstein a Guatemala: cuando la impunidad es sistema, no excepción:

“Degenerados, depravados del régimen estadounidenses, la impunidad no es eterna, porque existe la justicia plena” ADDHEE.ONG

Estatua de bronce: Donald Trump y Jefrey Epstein en el Titanic  educaoaxaca.org

Una estatua de bronce que presenta a Donald Trump y Jefrey Epstein, que simulan una famosa escena de la película ‘Titanic’, apareció esta mañana en el National Mall de Washington DC. La gran escultura, titulada “El rey del mundo” fue colocada como forma de protesta para denunciar la relación entre el presidente de los Estados Unidos y el fallecido pedófilo.

El caso Epstein ha ocasionado un gran escándalo a nivel mundial por los terribles testimonios y denuncias de trata de mujeres jóvenes y niñas con fines de explotación y abuso sexual. En los más de tres millones de documentos, entre fotografías, correos y videos, ha quedado evidenciado que a su isla privada llegaron invitados de todo el mundo y de los más altos rangos de la sociedad: desde políticos, celebridades y miembros de familias reales, hasta científicos, que aterrizaban en un jet privado y luego subían a un helicóptero para llegar al lugar. Sin embargo la lista de clientes poderosos siguen protegidas, Trump, Clinton, cantantes famosos siguen intocables.

Entre el mar de documentos, la comunicadora guatemalteca Andrea Ixchíu, pone énfasis en su reciente texto, el olvido e invisibilización de las victimas, en este caso niñas guatemaltecas “Documentos del FBI de 2019 identifican niñas guatemaltecas como víctimas. Y ahí termina la historia. Permanecen invisibles mientras sus perpetradores nunca son nombrados. Esto no es un olvido, es una decisión narrativa. Quién controla qué historias se cuentan, con qué recursos y en qué idioma, determina qué violencias generan indignación colectiva y cuáles se normalizan. El racismo estructural opera también como régimen de visibilidad”.

Ixchíu apunta a que la violencia feminicida no es solo el acto de privar a una mujer de su vida: es todo lo que vino antes y todo lo que viene después. Es una falla sistémica, una omisión perpetua, la legitimación constante de la violencia contra cuerpos racializados, empobrecidos, indígenas. Cuerpos cuyas historias no generan maquinaria publicitaria.

Esta violencia sistémica y racial es perpetuada porque desde el gobierno de Guatemala se ha permitido, señala, “esta arquitectura tiene nombre: Consuelo Porras. La fiscal general capturó el Ministerio Público para perseguir defensoras y jueces íntegros mientras garantiza impunidad a militares, empresarios extractivistas y políticos corruptos. Porras fue «tutora legal» de niños indígenas robados en 1982, durante la política de tierra arrasada. No es coincidencia. Es continuidad” afirma.

“Porras, como Maxwell, es una operadora consciente de un sistema que protege a hombres con poder. Lo que conecta ambos casos no son solo los 126 registros en archivos del FBI, es la misma arquitectura de instituciones capturadas, espacios donde las reglas no aplican para los poderosos, y víctimas tratadas como prescindibles. Esto no es falla del sistema. Este es el sistema.

Ante este contexto, Andrea señala que no alcanza con denunciar, hace falta disputar el terreno de lo narrable “Entendemos la acción narrativa como una práctica política, nombrar lo que el poder prefiere invisible, construir relatos desde las comunidades afectadas”.

Hackeo Cultural De Epstein a Guatemala: cuando la impunidad es sistema, no excepción| Revista Volcánicas Epstein (pedo)files: línea de tiempo de casi 3 décadas de impunidad | DW Caso Epstein en América Latina: el peligro del rumor | Independent ¿Qué sucedió en la isla de Jeffrey Epstein? El paraíso que ocultaba una red de abusos | Clarín Instalaron en Washington una estatua de Trump y Epstein que recrea una escena de Titanic: “Honra una amistad cimentada en fiestas y desnudos secretos”

Donald Trump, Muerte, Destrucción y Pornografía de Guerra

Por Iñigo Sáenz de Ugarte*: El Diario.es/ escritor, periodista y analista internacional/ADDHEE.ONG:

El régimen estadounidense proyecta una imagen de la guerra contra Irán en su propaganda basada en tratarla como un espectáculo que sus seguidores deben disfrutar. La situación se ha degradado bastante en EEUU desde que Eisenhower dijo: “Odio la guerra como sólo puede hacerlo un soldado que la ha vivido”.

Estamos destruyendo un país y nos lo estamos pasando en grande. El ataque estadounidense e israelí a Irán ha permitido al régimen yanqui desarrollar un estilo de propaganda visual con el objetivo de que sus partidarios del mundo MAGA disfruten del momento. Antes que preguntarse por el coste humano de una campaña de bombardeos o el impacto que ya está teniendo en el mercado del petróleo, Donald Trump quiere que su público disfrute de un gran espectáculo. Relájense y disfruten.

“Justicia al estilo “americano”/estadounidense”, dice uno de los vídeos difundidos por las cuentas del régimen yanqui en redes sociales. Es una mezcla de glorificación de la guerra y masculinidad tóxica en la que los ingredientes son escenas de videojuegos y planos con actores en películas de acción. Hay otro concepto al que remite este uso de la propaganda. La ‘pornografía de guerra’ (war porn) tiene que ver con vídeos, imágenes y discursos que utilizan la violencia más gráfica para obtener una satisfacción emocional por la victoria o el placer voyeurista del mirón.

Si hablamos de masculinidad en su vertiente más agresiva y a veces histriónica, el mejor ejemplo es el secretario de Defensa, Pete Hegseth (ahora llamado secretario de Guerra). El presentador de Fox News, que tuvo un no muy brillante paso por el Ejército años atrás, no estaba cualificado para dirigir una gigantesca burocracia militar, pero sí para fingir ser el guerrero favorito del mundo MAGA, o al menos el más dispuesto a acatar cualquier orden de Trump por absurda que sea. Donde no llega la experiencia militar, sirven la retórica belicista y los tatuajes sobre las Cruzadas, los suyos.

Ya venía caliente desde antes de la guerra. Con la idea de que la cúpula militar había sido abducida por los valores progresistas, prometió hace meses que iba a curar a un paciente enfermo. “Dijeron a toda una generación de generales y almirantes que debían repetir de forma mecánica la falacia demente de que, cito, ‘nuestra diversidad es nuestra fuerza’”, afirmó en septiembre. Él iba a acabar con el “Ejército woke”, culpable de haber ascendido a mujeres y negros con el fin de apostar por la diversidad.

Antes de ser nombrado miembro del Gabinete, había defendido en televisión que las mujeres no debían formar parte de las unidades de combate. Ya en el cargo se ha ocupado de decidir que no habrá diferencias de estatura, peso o de otro tipo en las pruebas para hombres y mujeres. “Si eso significa que no habrá mujeres cualificadas para algunos puestos de combate, que así sea”.

El lenguaje vulgar y directo, lo más alejado del discurso habitual en un político, es un requisito necesario. Por eso, Hegseth quiso sonar agresivo y exaltado: “Hemos acabado con esta mierda”.

Una de las mejores descripciones de Hegseth la ha dado la columnista conservadora Peggy Noonan en The Wall Street Journal. Lo presenta como alguien que está “entre un excitado presentador de la televisión matutina a un gallo que cree que ha sido él quien ha hecho que salga el sol”. Es difícil apreciar diferencias entre el estilo de las declaraciones públicas de Hegseth y la parodia que hacen de él en el programa cómico ‘Saturday Night Live’.

Los vídeos de la cuenta oficial de la Casa Blanca buscan dar un aire festivo a la guerra y anunciar que la victoria estadounidense es ineludible. Los planos de películas como Braveheart, Gladiator e inevitablemente Top Gun se alternan con los vídeos de la destrucción de objetivos iraníes. El hecho de que William Wallace (Mel Gibson en Braveheart) sea un escocés que lucha contra un imperio, el inglés, aporta un elemento irónico que no preocupa a los autores del vídeo. El caso es poner en pantalla a tipos duros de ficción para que hagan de avatares de las tropas estadounidenses.

Entre las imágenes reales de ataques que alternan en estos vídeos con los referentes cinematográficos, están las del hundimiento del destructor iraní ‘Iris Dena’ en la costa de Sri Lanka. Fue torpedeado por un submarino de EEUU cuando volvía de un encuentro internacional de fuerzas navales en India. Se recuperaron los cadáveres de 87 marineros y se rescató con vida a 32. Hubo también unos sesenta desaparecidos. No fue el submarino estadounidense el que se molestó en salvar la vida de los náufragos, lo que ha suscitado acusaciones de crimen de guerra.

Considerar este hundimiento una hazaña militar e incluirla en estos vídeos cuando el buque iraní no esperaba tener que afrontar ninguna amenaza es algo más que una exageración. Casi podría definirse como un intento patético de apuntarse victorias conseguidas con mínimo esfuerzo.

Ante una audiencia de dirigentes y activistas republicanos, Trump creyó el lunes que era un buen momento para hacer bromas sobre el ataque del submarino. Describió una supuesta conversación con un mando militar de la Armada: “Le dije: ‘¿Por qué no se limitaron a apoderarse del barco? Podríamos aprovecharlo. ¿Por qué lo hundieron?’. Él dijo: ‘Es más divertido hundirlo’” (risas entre el público).

Las imágenes de videojuegos son otro recurso utilizado en esta propaganda bélica contemporánea. Presentar la guerra como un gran espectáculo lleva con facilidad a recurrir a un ejemplo de la cultura popular en el que la muerte del rival es una gran victoria que hay que celebrar y la propia solo es una incidencia más del juego y sólo obliga a comenzar de nuevo. En un caso concreto, en el régimen estadounidense llegaron a insertar un “+100” después de cada explosión, como si fuera la bonificación en puntos o vidas habitual en un videojuego. Quizá pensaron que ahí se habían pasado, porque más tarde lo borraron.

El propio nombre de la operación asignado por el Pentágono –“Epic Fury”– podría aparecer en la carátula de un videojuego o en el título de una película cuyo mayor gancho es el número de tiros y explosiones. Esas dos palabras junto a la foto de un caza en la cubierta de un portaaviones daría el pego como cartel de una película. Eso no impide que otras personas den la vuelta al mensaje cambiando una sola palabra.

Insertar un plano de Bob Esponja entre una serie de explosiones puede parecer el colmo de la frivolidad y hacerlo en mitad de una guerra casi imperdonable. Pero la intención es esa. Cuando crees que la guerra será un paseo sin interrupciones, crees que te puedes permitir ese sentimiento de superioridad.

El arzobispo de Chicago estaba tan molesto por la falta de sensibilidad que reflejaban los vídeos del régimen estadounidense que creyó oportuno emitir un comunicado con el que acusó al Gobierno de convertir el sufrimiento de los iraníes en una forma de entretenimiento. “Cuanto más tiempo estemos ciegos ante las terribles consecuencias de la guerra, más nos arriesgaremos a perder el regalo que Dios nos concedió, nuestra humanidad”, dijo el cardenal estadounidense Blase Cupich. “Irán es una nación de personas, no un videojuego que juegan otros para entreternos”.

Muchos analistas han comentado que la Administración de Trump no cuenta con un plan para el día después ni una idea definida sobre cómo y en qué condiciones podría poner fin a la guerra. Muchas de las opiniones de sus dirigentes están teñidas de una asombrosa ignorancia sobre Irán, su historia y las características de su régimen, algo inexplicable en relación a un país que ha aparecido en los titulares de EEUU desde hace décadas. Hay gente que no aprende ni por repetición.

Hubo un tiempo en que los grandes guerreros de EEUU, los que combatieron a los nazis en la Segunda Guerra Mundial, eran muy conscientes de la tragedia que suponía y del dolor que exigía alcanzar la victoria. “Odio la guerra como sólo puede hacerlo un soldado que la ha vivido, como alguien que ha visto su brutalidad, su futilidad, su estupidez”, dijo el general Eisenhower en 1946.

La situación se ha degradado bastante en nuestros días. Mientras Hegseth se golpea en el pecho con el estilo involuntariamente cómico de los espartanos que aparecen en la película ‘300’, Trump se permite divagar sobre la duración de la guerra cambiando de opinión de un día a otro. “Usted dijo que la guerra estaba completada”, le preguntó un periodista en la rueda de prensa del lunes, “Pero su secretario de Defensa dice que ‘esto no ha hecho más que comenzar’. ¿En qué quedamos?”. “Podrían ser las dos cosas”, respondió Trump. Lo único que está garantizado es el culto a la personalidad, la suya, y la diversión de sus seguidores.

*Iñigo Sáenz de Ugarte, periodista con experiencia en prensa, radio, televisión e Internet. Fue miembro del equipo fundador de Público, donde comenzó como redactor jefe de Internacional y acabó como corresponsal en Londres.

El principio del fin de la paz hemisférica


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El principio del fin de la paz hemisférica

 Por Rafael Bautista S./escritor y analista internacional/ADDHEE.ONG:





Una vez que la tendencia principal

sigue un curso invariable

– en un determinado periodo de tiempo–

sólo la anticipación a las consecuencias

puede suspender la tendencia.



En el 2014, la CELAC proclamó a Latinoamérica como “zona de paz”; proclamación que afirmaba el compromiso de vocación democrática, defensa de los DD.HH. y la preponderancia de la diplomacia, reivindicando las resoluciones pacíficas por sobre toda apuesta ofensiva conducente a la guerra. Eso se terminó. Y los recientes acontecimiento lo están corroborando.

Primero, Honduras y Bolivia se apartan de “El Grupo de La Haya”, cuyo propósito era hacer prevalecer, según el derecho internacional, la defensa de Palestina y exigir a Israel la responsabilidad por la crisis en Gaza; lo cual señala un alineamiento explícito con la geopolítica del “Gran Israel”, promovida por Estados Unidos y el nazisionismo judeo-cristiano-anglosajón (es menester recordar que el proyecto sionista no es sólo regional –evocado hasta por Zelensky–, tampoco sólo de contención ante la expansión china conectada a Europa, vía el corredor geoestratégico que le brinda Irán, sino de demarcación ontológica de Occidente: el mundo, o es mío o no es de nadie).

Segundo, la condena implícita de varios países de la región contra Irán, llamando “injustificable” al recurso iraní del derecho a la defensa, cuando es el fuego yanqui-sionista el que, unilateralmente, suspende las negociaciones (que, según el ministro de exteriores de Omán y principal mediador entre Irán y Estados Unidos Badr Al Busaidi –en medio de su consternación, mientras la lluvia de bombas caían sobre Irán, el 28 de febrero–, Teherán había aceptado comprometerse, por primera vez, a no acumular uranio enriquecido y a degradar el existente; es decir, había aceptado casi todas las exigencias de Estados Unidos y eso le comunicó al grupo liderado por el vicepresidente J. D. Vance, horas antes de que empezara el bombardeo).

Tercero (para redondear el asunto), la reunión que encabeza el presidente Trump, a la cual asisten la mayoría de mandatarios de Latinoamérica, este 7 de marzo en Mar-A-Lago y que ha denominado: “Shield of the Americas Summit”. Este encuentro no es uno más, sino que, ante el descrédito de la OEA y promoviendo las exequias de la CELAC, constituye una nueva Cumbre de las Americas que pretende sustituir la institucionalidad regional vigente (desde la creación de la OEA), por otra más dúctil a los propósitos de Estados Unidos.

Con un carácter decididamente más ofensivo, pasa a constituirse, ante la guerra desatada en el Medio Oriente, en un involucramiento nefasto para toda la región; sabiendo que, desde la eliminación de uno de los principales capos del narcotráfico en México, el secuestro del presidente Maduro, las medidas adoptadas contra Cuba y la amenaza abierta al gobierno mexicano, se dibuja un panorama enrarecido y preso de la incertidumbre creciente en la región, señalada en los índices bursátiles (que siempre manifiestan más que la política escenificada).

Trump hace prevalecer su política amenazante y es aquí donde entra en juego la estabilidad continental. Porque esta amenaza se deriva de la otra amenaza que Marco Rubio les hizo a los países europeones en la última “Conferencia de Seguridad de Munich”. Se trataba del lamento de un moribundo, un poderoso hecho a la víctima y lo peligroso que eso implica:

“El gran Imperio occidental ha entrado en declinación terminal, acelerada por revoluciones socialistas/marxistas ateas y levantamientos anti-coloniales…, muchos creen que el dominio occidental ha llegado a su fin…, pero nuestros predecesores reconocerán que esa fue una opción que se rehusaron a aceptar. Eso es lo que el presidente Trump quiere y lo quiere hacer junto a ustedes… Queremos aliados que estén orgullosos de nuestra cultura y de ser herederos de una gran y noble civilización… No tenemos interés en ser administradores de semejante declive…, buscamos renovar la más grande civilización en la historia humana…, buscamos revitalizar una alianza que no se paralice por miedo alguno, como el cambio climático, la guerra, la tecnología… Nuestro único temor es la vergüenza de no dejar a nuestra nación más poderosa, orgullosa y opulenta”.

Es la reafirmación de la nueva Cruzada mundial que se inició con la declaración de guerra contra el terrorismo, el 2001, después del autoatentado a las torres gemelas. Es la descripción del cómo pretende ser la respuesta imperial estadounidense ante su propia decadencia. El mundo entero es una amenaza para el Imperio/yanqui; los pobres y los inmigrantes son una amenaza, por eso humilló en su cara deshonrada a los presidentes invitados a su propiedad de Mar-A-Lago: “no tengo interés en aprender su maldito idioma, ni tengo tiempo”.

El desprecio es colosal y reafirma lo que ya una vez dijo la jefa del Comando Sur, Laura Richardson: “de Latinoamérica sólo nos interesa sus riquezas y que éstas no estén a disposición de China”. Sabe Estados Unidos y el Estado profundo que se iniciaba una lucha anti-colonial con la “primavera democrática” liderada por el comandante Hugo Chávez Frías; que los procesos revolucionarios ya no eran sólo emancipatorios (locales y anti sistémicos) sino, acentuadamente, buscaban una transformación de las estructuras coloniales y dependientes y apuntaban a una liberación continental (cosa que los gobiernos progres no entendieron).

Para Trump y para toda la idiosincrasia anglo-sajona-sionista, un mundo compartido no es opción para un Imperio. El mundo, o es de ellos o no hay mundo para nadie. La más grande civilización (para ellos) es la mayor causante de genocidios en el mundo. Gaza y Abya Yala –desde 1492– dan testimonio de aquello. Por eso no es raro escuchar al senador Lindsey Graham decir que, las nuevas guerras se planifican en Israel. La aniquilación y el genocidio siguen siendo rentables para los negocios. El Imperio estadounidense se expresa de ese modo: no le teme a la guerra, porque la provoca y la inicia, tampoco les teme a los verdaderos costos de su expansión civilizatoria, como la crisis climática, hídrica, energética, humanitaria, etc.; lo único que no admite es renunciar a su soberbia, al poder y su opulencia.

Mientras tanto, el primer ministro de Canada Mark Carney, se rehusó pública y oficialmente a las exigencias energéticas de Trump (la “oferta generosa” de Trump consistía, siempre y cuando “Canadá garantizaría la continuidad de las exportaciones de energía a Estados Unidos en los niveles actuales y a los precios actuales durante los próximos 10 años”, a suspender todos los aranceles a los bienes canadiense, no sufrir con sanciones contractuales y el intercambio total de inteligencia). Aún se desconoce la respuesta rusa a la propuesta de Trump de levantar las sanciones al petróleo ruso, como un modo de contención a la subida de precios del crudo a nivel mundial.

Más allá de las declaraciones del secretario del Tesoro, Scott Bessent, reconociendo el ofrecimiento de levantar parte de las sanciones contra Rusia, para reducir, de ese modo, el alza de los precios energéticos, Estados Unidos no hace sino confesar la inutilidad estratégica que representó el secuestro del presidente Maduro. Estados Unidos está lejos de vencer (a no ser pírricamente, hasta el propio ahogamiento económico y financiero) la guerra contra Irán; sobre todo cuando el gobierno persa decidió cerrar el estrecho de Ormuz, bloqueando el tránsito del 25% del petróleo y, si a ello, sumamos las amenazas de Ansar Allah (o hutíes de Yemen) del cierre del Estrecho de Bab al-Mandab, se paralizaría el 40% del suministro mundial de petróleo.

Las empresas de producción bélicas, como Raytheon, Lockheed Martin, Northrop Grumman y Boeing, ya incrementaron el presupuesto de un nuevo arsenal de armamento de última generación y dejaron sentado que esto no será de modo inmediato. Irán acaba de transformar el concepto de la guerra y demostró que el poderío militar yanqui y sionista es apenas un espejismo que, pese a su costo, a su agresividad y peligrosidad, no es ni eficaz ni eficiente en el nuevo concepto que diagrama las nuevas tácticas y estrategias militares del siglo XXI. Si los drones y los misiles hipersónicos iraníes (no los de última generación) son capaces de eludir los sistemas de defensa aérea Patriot, THAAD, Aegis SM3, los interceptores Aegis SM-2 y SM-6, el radar de alerta temprana mejorado AN/FPS-132 de Qatar (UEWR), etc., esto significa que la batería de fuego aéreo iraní tiene la capacidad de enceguecer a todo el sistema de defensa enemigo[1]. Por eso Irán fue primero por los radares y las bases militares yanqui en Qatar, Emiratos Árabes, Arabia Saudita, etc.; ya que la estrategia iraní no se plantea un triunfo convencional sino el hacer que el mantener la presencia imperial sea tan insoportable, que la presión regional obligue a Estados Unidos e Israel, a ceder en sus pretensiones.

A nivel global, las consecuencias de esta guerra, lleva a un colapso de los mercados, debido al incremento de los precios del crudo, que multiplican los costos de producción de mercancías que, hoy en día, dependen, casi todos, de los derivados del petróleo. Esto podría conducir –de seguir la guerra– a la paralización de la producción global en días, si atendemos a los analistas financieros que calculan el incremento creciente del precio del barril (el índice del precio del Brent ya superó el límite de los 110 dólares por barril). El petróleo está en toda la cadena de suministros y la subida del crudo hace que se multipliquen los precios en toda la cadena económica global, lo cual provoca la desaceleración en la producción; y los mercados no esperan a que la escasez suceda, sino que la determinan en los precios cuando ya es inobjetable.

Si Irán triunfara, sería no sólo para frenar el proyecto nazisionista del Gran Israel sino para que los propios países del Medio Oriente ya no consientan la presencia del Imperio estadounidense. Por eso, una vez que Trump repite la costumbre de Estados Unidos de supeditarse a la influencia del AIPAC[2] y del nazisionismo yanqui-judeo-cristiano, se encuentra sin muchas opciones para seguir haciendo creíble el MAGA. Pero, el Imperio estadounidense en decadencia/bancarrota, aún puede trasladar sus pérdidas y los costos de sus guerras futuras en su “backyard”. Eso es lo que se vislumbra en la reunión de Mar-A-Lago que, más que una confluencia, representa un alineamiento disciplinado para salvar al dólar, como literal arma de destrucción masiva.

Sin mucho ruido, porque también la permisividad de los gobiernos lo permite, los intereses de las oligarquías empresariales locales han ido reconfigurándose según los intereses anglo-sionistas. Los propios gobiernos, como es el caso de Colombia o México (ciber espionaje por parte del software Pegasus, de procedencia israelí), han ido cediendo soberanía en todos los aspectos de tecnologías de impacto crítico y se hallan penetrados por la inteligencia del MOSAD (incluso más que la CIA); esto le resta a los Estados el control efectivo sobre su propia administración autónoma de información estratégica. Lo que es peor, les compromete en el nivel delicado de los secretos de Estado.

Entonces, los acontecimientos van configurando la apuesta que posee Estados Unidos en su baraja de opciones. Hacernos pagar su guerra y su fracaso, vía deuda, es lo de menos. El problema es la diseminación del conflicto como parte de la contención a China. Todos coinciden que la guerra contra Irán es, en realidad, una advertencia contra China. Irán constituye el eje de los corredores geoestratégicos, tanto de la conexión China-Europa, como de la ruta Norte-Sur que patrocina la Federación Rusa e integra al Asia.

La reciente remoción del presidente del Perú, tiene que ver con la pugna contra China en Sudamérica. Estados Unidos se resiste a convivir con otra potencia en su backyard. La presencia china representa la apertura de Sudamérica a la economía del siglo XXI, o sea, al pacífico. Eso haría sustituible a la geoeconomía del dólar. Tampoco las oligarquías empresariales hegemónicas aceptarían aquello, porque el dólar no es sólo una moneda sino toda una religiosidad mundana que sirve piadosamente al Moloch de este tiempo que, en los “archivos Epstein”, se constata el proverbial sacrificio de niñas (lo mismo significa el genocidio en Gaza y el último bombardeo yanqui-israelí a una escuela en Teherán. Eso el mundo pretende desconocer desde 1492, como fecha inaugural del mundo moderno).

Dolarizar toda la economía sudamericana es la primera medida que surgirá, como política de contención, de la “Cumbre del Escudo para las Américas”. Y ésta será la primera medida de capitulación monetaria que lo administrará la FED, por sobre nuestras soberanías estatales. Ahí se entiende la actualizada demonización del Estado por parte de los gobiernos alineados al dólar y la transición conceptual que entra en vigencia, una vez que las relaciones internacionales dejan de tener reglas convenidas: en un orden que abandona el respeto a la soberanía se impone un simple régimen global de garantías.

Pero la garantía no es gratis y lo oferta el mercado financiero; con el siguiente añadido: la deuda obligada lleva a la quiebra y la garantía consiste, no en superar la quiebra, sino en mantenerla en desmedro de los pobres (que cada vez serán más, por las medidas que se adopten para custodiar la quiebra).

Tal situación es un palpitante estado de guerra no declarado, de inflamación exponencial. Eso ya se está viviendo en algunos países de la región, de modo que la amenaza es inobjetable y la única garantía que brinda el Imperio estadounidense, tampoco es solución alguna. En realidad, el escudo que se pretende instalar, significa colocar a nuestras economías como escudo exclusivo del dólar. Se hipoteca el destino mismo de nuestros países, sin posibilidad de integración a la economía del siglo XXI y nos confina a un subdesarrollo más crónico, cuya fisonomía es la guerra dispersa con capacidad de atravesar cordones fronterizos. Guerras civiles internas con irradiación transfronteriza. ¿Cómo se administra semejante escenografía?

El Imperio estadounidense vende a nuestros países garantías transitorias pero saturadas de costos exponenciales. Latinoamérica no interesa como “zona de paz” sino pasa a ser el laboratorio de una nueva balcanización. Gaza es la imagen que se impone como el nuevo infierno en la tierra, en los términos de la doctrina “core and the gap”[3]. Por eso el senador Lindsey Graham decía que las nuevas guerras se planifican en Israel, añadiendo que “las leyes internacionales, son para los débiles”. La ingeniería neomalthusiana ya lo proclaman abiertamente las agendas globalistas de control de la población mundial (agendas patrocinadas y financiadas por grupos de poder –cuyos operadores aparecen curiosamente en los “archivos Epstein”– que sostienen económicamente a la ideología woke, el transhumanismo y las diversidades sexuales). El problema, para los billonarios, son siempre los sobrantes que vomita la gula del capital.

Ese es el contexto que vincula los intereses sionistas en Sudamérica. por eso, los “Acuerdos de Isaac”, anunciados por Milei y la Fundación Genesis en junio de 2025 que, supuestamente promueven la cooperación, el comercio, la tecnología e inteligencia, cumplen propósitos encubiertos, señalados ya como el “plan de captura sionista de Latinoamérica”; con Argentina a la cabeza de compromisos políticos y de seguridad al servicio de los planes sionistas que planean nuevas Gazas, donde se promueva el proyecto del Gran Israel. Incluso circula un nuevo mapa de todo el bloque de países proclives a los planes sionista en Sudamérica, incluido Brasil, por la fuerte presencia evangélica pro-sionista.

“La cumbre escudo de las Americas”...

Cuando Trump, en la Cumbre de Mar-A-Lago, les dice a los presidentes que puede mandar un misil directo a la sala de estar del líder narco más importante de su país, está diciendo que puede hacer eso con cualquiera que se atreva a desobedecer. Por eso en la “Cumbre Escudo de las Américas”, se hace una pequeña pero significativa transición del concepto: ya no es la “guerra contra el terrorismo” que se desató el 2001 sino que es, ahora, como amenaza a Latinoamérica, la guerra contra el narco-terrorismo. Trump precisa de nuevas guerras para sostener la caída del orden unipolar. No para ganarlas precisamente, sino para diseminar la guerra como la nueva normalidad.

“el convicto emperador Trump y sus satrapías del patio trasero latinoamericano...

Esa es la amenaza. Y a los presidentes, a nombre de sus países, no les queda otra que aceptar las condiciones que se les imponga. Tal el grado de entreguismo, obediencia y sumisión absoluta de los representantes de las elites iligarcas empresariales latinoamericanas; las verdaderas colonizadas y escandalosamente dependientes del Imperio. Por ello hasta se sonríen cuando Trump les dice que no le interesa aprender su maldito lenguaje.

Mas aún, el guion de la escalada bélica lo están cumpliendo, de modo oficial y comedidamente, los peones, como es el caso de la presidenta de Costa Rica, asegurando que “Mexico es un referente de a dónde no queremos llegar”. El lenguaje diplomático ya no será más el mismo, ante la ausencia de líderes legítimos, y desencadenará en enfrentamientos verbales cada vez más recurrentes, con las consecuencias que eso engendra.

Lo que a Estados Unidos le interesa es, sobre todo, contrarrestar la influencia china en la región y, para ella, detrás de su demagogia de cooperación, libertad seguridad y prosperidad regional, su agenda se enfoca en el control y la administración del narcotráfico y de la migración irregular, homologados en la fórmula –sin diferenciación delimitada– del narcoterrorismo, provocando lo opuesto a aquello que se dice garantizar: la seguridad regional.

Si la Cumbre se realiza antes de la visita de Trump a China es porque los acuerdos conducentes a frenar la influencia china, constituyan un modo de presión que presuma Trump ante el presidente Xi Jinping; condenando a nuestros países en la imposibilidad de contar con la inversión china en infraestructura, tan necesaria para la región. Ello conducirá a disputas de poder entre las oligarquías empresariales decadentes y obedientes al dólar y las nuevas elites económicas que dependen del comercio con China.

Aquí una digresión. En nuestro país, El Alto y la parte altiplánica, tienen la gran oportunidad de remediar y superar su postración económica, provocada por el favoritismo de gobiernos con fuerte presencia cruceña (oligarquía agroindustrial, maderera, soyera, hasta mediática), abriéndose al pacífico. Por eso era tan vital, en tiempos de Evo, de insistir en el proyecto de la bioceánica para hacer de Bolivia un corredor geoestratégico de conexión de dos grandes de la economía global y miembros del BRICS, como son Brasil y China. Pero la miopía geopolítica del “gobierno del cambio” nunca tomó en serio esa posibilidad.

El panorama es más que preocupante y a nuestros pueblos les toca tomar la iniciativa y, una vez más, levantar el espíritu abatido por la fractura del bloque popular (aquí y en todos los países cuyos gobiernos de izquierda tuvieron y traicionaron la confianza del pueblo). En Bolivia, hay que decirlo: las medidas del nuevo gobierno no son sólo inconstitucionales (a lo cual está acostumbrada la derecha) sino de traición a la patria, en todos los ámbitos. Este gobierno improvisado no gobierna, sólo es el portavoz de intereses nacionales y extranjeros que están apostando sus prerrogativas a costa de toda una nación, de su futuro, su presente y su pasado. No permitir la balcanización de nuestros países, pasa por la remoción de gobiernos que están hipotecando todo lo que nos queda.

La Paz, Chuquiago Marka,   9 de marzo de 2026

Rafael Bautista S.          rafaelcorso@yahoo.com

Autor de:

El ángel de la Historia. Volumen II.

La disputa del arco sudamericano y la geopolítica del reseteo global. 2024

Dirige “el taller de la descolonización”