EL PRESIDENTE DE CUBA DIAZ-CANEL y el «Quid Pro Quo» de Cuba
y Estados Unidos:
Por Luis Manuel Arce Isaac/Diario Politika
“Yo soy Cuba, no otro”, podría colegir cualquier buen entendedor de las
recientes palabras del presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez en su reciente
conferencia con la prensa nacional y extranjera en La Habana, sobre la orden
ejecutiva que aplica desde el 1 de febrero el presidente Donald Trump para
bloquear el ingreso de petróleo a la isla y terminar de asfixiarla
económicamente.
No lo dijo con esas palabras, pero esa afirmación podría considerarse
como el quid pro quo del enfrentamiento a las agresiones y el bloqueo que los
presidentes de Estados unidos que han pasado por la casa Blanca desde enero de
1959 han protagonizado contra la pequeña isla antillana para destrozar su
soberanía e independencia.
El mensaje no es solamente para el presidente republicano que se sienta
por segunda vez en la poltrona de la Oficina Oval escudriñando el mapa de la
isla verde en forma de caimán, desplegado en su escritorio, analizando
detenidamente cómo engullirla tras 67 años de tenerla al alcance de la mano —a
apenas 90 millas, como decir Maryland o Virginia— pero, como reza el dicho, no
acaba de adivinar por dónde le entra el agua al coco.
De paso, la explicación del mandatario cubano es también para aquellos
amigos que tal vez con buenas intenciones, o quizás no tanto, aconsejan aceptar
la propuesta de poner sobre la mesa de las negociaciones los reclamos, las
solicitudes, las exigencias y las propuestas de cada país, alegando que la
situación económica y social en Cuba es grave, delicada y difícil de resolver
sin recursos económicos y financieros, y la única salida es hablar con Trump.
Los líderes cubanos agradecen a todos sus consejos, aunque ello no
significa que les sean aceptados. No por capricho, sino porque el término de
“solución por la vía diplomática” queda muy ambiguo si no es acompañado por la
propuesta de una agenda específica de temas y propósitos que satisfagan a ambas
partes, que haya paridad y justicia en el “tú me das y yo te doy”, y no se
alteren los principios básicos de independencia, soberanía, no injerencia en
los asuntos internos de cada negociante, respeto mutuo, colaboración, igualdad
en todo sentido y no discriminatorio, y mucha voluntad de limar asperezas a fin
de lograr una convivencia natural y duradera.
Cuando una propuesta se hace en
medio de una atmósfera de presiones y miedos pierde todo su valor, no es
creíble y, de facto, toma figura de chantaje y la sombra que proyecta es la de
prepotencia, un narcisismo político bien alejado de los principios morales y
éticos que desprecia el dogma de “por la fuerza nada” que las guerras
militares, incluidas las dos mundiales, no han logrado moverlo ni un milímetro
de la conciencia social.
El asunto está en que la ruta escogida por Trump está empedrada de
condicionamientos y radicalismos, y al anteponer criterios y voluntades como un
único perfil del diálogo, deja ipso facto de ser una negociación para
convertirse en una imposición, y eso es inaceptable para el gobierno
revolucionario.
En el caso de Cuba, ese dogma es tan firme como las raíces de la palma
real, y el presidente Díaz-Canel se lo acaba de decir este 5 de febrero a sus
vecinos del norte, no para rechazar la posibilidad de un diálogo, por el
contrario, sino para esclarecer qué tipo de negociación dentro del esquema
básico de obtener acuerdos que resuelvan diferencias con beneficios mutuos,
equilibrados, sin perjuicios ni ceder independencia o soberanía.
Es, por poner un ejemplo actual, lo que ha prevalecido en México entre
los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum, con los de Estados
Unidos de Joe Biden y Donald Trump en tópicos complejos como el narcotráfico,
el contrabando de armas, la seguridad nacional, la imposición de aranceles, el
tratado comercial tripartido con Canadá, la distribución de aguas comunes y
litigios fronterizos.
No obstante la tirantez, las partes han llegado a acuerdos, aunque
siempre bajo un manto suspicaz muy especial por las difíciles relaciones
históricas con profundas raíces en los lamentables hechos de 1846-1848 cuando
México fue privado de la mitad de su territorio, y la frontera norte se
“corrió” dos mil kilómetros al sur, hacia el río Bravo, y los EE.UU. quedaron
como dueños de casi siete estados mexicanos que ellos solos formarían la quinta
economía del mundo.
A los amigos, o no tanto, que se preocupan —y ello incluye al secretario
general de Naciones Unidas y otros altos funcionarios que podrían ayudar a
encausar el diálogo fuera de chantajes y de posicione de fuerza—, el presidente
cubano les volvió a explicar el asunto de negociaciones hipotéticas, en la
conferencia mencionada.
Si no escucharon o leyeron esa parte, les sintetizo sus ideas, que, de
hecho, serían bases reales para el diálogo, repetidas, porque lo ha dicho en
muchas ocasiones sin ser escuchado por la contraparte, que sugieren esas amistades.
Él mencionó:
Cuba está dispuesta a un diálogo con los Estados Unidos a pesar de que
la historia de las relaciones entre ambos países después del triunfo de la
Revolución se ha caracterizado por una asimetría, marcada por la imposición de
un bloqueo económico, comercial y financiero durante tantos años, sostenido y
recrudecido en los momentos actuales.
Hay una agenda de temas que se pueden tocar. Cuba está dispuesta a un
diálogo sobre cualquiera de los que se quiera debatir. “¿Con qué condiciones? Sin
presiones, bajo presiones no se puede dialogar. Sin precondicionamiento, en una
posición de iguales. En una posición de respeto a nuestra soberanía, a nuestra
independencia, a nuestra autodeterminación, sin abordar temas que nos laceran y
que podamos entender como injerencia en nuestros asuntos internos”.
“En un diálogo como ese, se puede construir una relación entre vecinos
civilizada, que le podría aportar un beneficio mutuo a nuestros pueblos, a los
pueblos de las dos naciones. Las cubanas y los cubanos no odiamos al pueblo
norteamericano, reconocemos valores del pueblo norteamericano, valores de su
historia, valores de su cultura”. Es la posición diáfana de La Habana.
La base del dialogo: “Para
empezar, en primer lugar, deberá eliminarse el bloqueo e impulsar apoyo para
levantar la economía cubana”...
Heriberto M. Galindo Quiñones, ex embajador de México en Cuba durante el
gobierno del presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, quien, más allá de
criterios personales propugna el diálogo, decía de forma acertada que, “para
empezar, en primer lugar, deberá eliminarse el bloqueo e impulsar apoyos para
levantar la economía cubana con beneficios tangibles para el pueblo y para la
nación en su conjunto”.
Bueno, las cartas están sobre la mesa y Díaz-Canel las volvió a colocar
boca arriba: las barajas cubanas son las clásicas españolas; los naipes de
Trump, estadounidenses. La diferencia está en que las primeras no tienen joker
y se descarta toda aberración lúdica, los de su adversario, en cambio, pueden
tener hasta ocho comodines y afectar lo racional. Mientras, el quid pro quo de
Cuba el presidente Díaz-Canel lo dejó bien claro: eliminación de la guerra
económica y respeto a la soberanía e independencia a cambio de buena vecindad y
colaboración, el de Trump sigue en tinieblas y mantiene como leitmotiv hasta
ahora, como en Venezuela, una capitulación de los cubanos que no va a lograr
jamás.
Lo subrayado/interpolado es
nuestro
El canciller Lavrov reiteró su respaldo absoluto de Rusia a Cuba
El ministro de Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, realizó
este lunes 2 de febrero una llamada telefónica a su homólogo cubano, Bruno
Rodríguez Parrilla, para reafirmar el respaldo absoluto de su país a Cuba, frente a las nuevas
agresiones de Washington.
El canciller ruso enfatizó que estas medidas amenazan con empeorar la
situación humanitaria del Pueblo Cubano y expresó la disposición firme de Rusia para
seguir brindando el apoyo político y material necesario para contrarrestar el
asedio. Durante el intercambio,
ambos diplomáticos abordaron los temas prioritarios de la agenda bilateral y
coordinaron el calendario de los próximos contactos de alto nivel entre ambas
naciones.
Esta conversación ocurre en respuesta directa
a la orden ejecutiva firmada por Trump, la cual declara a Cuba como una
emergencia nacional y amenaza con aranceles adicionales a terceros países que
suministren petróleo a la mayor de las Antillas. La Cancillería rusa ratificó que Moscú no permitirá que se
impongan condiciones de vida extremas a la isla mediante la coacción
financiera, fortaleciendo la alianza estratégica entre el gigante euroasiático
y la nación caribeña en defensa de la soberanía.
Por su parte, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla denunció la
actuación de Estados Unidos como un brutal acto de agresión que recrudece el
bloqueo económico más prolongado de la historia, aplicado por más de 65
años. El jefe de la diplomacia
cubana agradeció la solidaridad de Rusia en este momento crucial, donde el régimen
estadounidense utiliza el chantaje arancelario para intentar doblegar la
voluntad de un pueblo libre.
Zajárova señaló que este nuevo episodio de
máxima presión busca asfixiar la economía cubana, pero reafirmó que la nación
caribeña seguirá manteniendo vínculos económicos exteriores eficaces pese a los
obstáculos ilegítimos impuestos por el régimen de Donald Trump. La diplomática rusa denunció que el nuevo documento
del régimen estadounidense etiqueta a Rusia como un Estado hostil
y malintencionado por su relación con La Habana, lo cual entorpece cualquier
diálogo bilateral y desacredita los esfuerzos de mediación de Estados Unidos en
otras regiones.
Zajárova insistió en que la cooperación integral entre Moscú y Cuba
posee raíces profundas y un respaldo sociopolítico sólido que no está dirigido
contra terceros países. Ante las
amenazas de Trump sobre una posible intervención para destrozar la isla, Rusia
ratificó que los vínculos históricos especiales con el Pueblo Cubano son inquebrantables y no se verán afectados
por el chantaje arancelario o la coerción diplomática.
Ante este escenario, el
Gobierno cubano aseguró que se encuentra dispuesto a defender la patria hasta
la última gota de sangre, contando
con el respaldo de aliados estratégicos que rechazan la hegemonía y el
intervencionismo de régimen imperialista estadounidense/yanqui.
Lo subrayado/interpolado es nuestro





















