47 años de Epopeya Sandinista...
El 19 de julio de 1979, las tropas del Frente Sandinista
de Liberación Nacional entraron en Managua mientras el dictador Anastasio
Somoza huía al exterior.
Prolegómenos: “Para mí el general Cesar A. Sandino es un héroe”... Profesora Gabriela
Mistral, abanderada del ejército Sandinista y premio Nobel de Literatura.
Con esperanza y memoria,
Han llegado a 47 los años de
sandinismo. Décadas transcurridas bajo el fuego y contra el viento. Pero han
sido y siguen siendo 47 años de éxitos innegables, medibles en cuatro etapas
históricas diferentes: la guerrilla
insurreccional para derrocar la dictadura, el gobierno revolucionario de los
años ochenta, la defensa de las conquistas alcanzadas frente a la avalancha
reaccionaria y neoliberal de los años noventa y, finalmente, la victoria
electoral con el regreso al gobierno en 2006.
Es difícil establecer
un orden de importancia entre estas cuatro etapas, pero sin duda esta última
representa la materialización plena del proyecto original que, aun incorporando
profundas innovaciones coherentes con las transformaciones globales impulsadas
por Daniel y Rosario, conserva sus principios fundacionales y los proyecta en
el renacimiento de Nicaragua. Un proyecto basado en sacar al país del
estancamiento de la pobreza extrema/miseria en el que permanecía hasta
2006, restablecer su equilibrio socio-económico y proyectarlo hacia la
condición de potencia regional: Sí, una
potencia. Porque cuando la sanidad, la instrucción, la producción de alimentos,
la electrificación y la red vial son las mejores de la región; cuando la
eficiencia del sistema y la estabilidad política van de la mano con la paz
interna, en marcado contraste con el resto de Centroamérica, entonces es
legítimo hablar de una potencia regional.
Tras la derrota electoral de
1990, Estados Unidos decidió que, aprovechando el desconcierto y la
confusión que se habían instalado en el país, había llegado el momento de
convertir la derrota electoral en la desaparición política del sandinismo.
Identificó en los sandinistas de apellido oligárquico –tradicionalmente poco
inclinados a permanecer en la oposición– a quienes podrían encargarse de
destruir el FSLN. El objetivo era borrar
su identidad política, su memoria histórica y su pasión ideal; archivar su
historia rebelde y transformarlo en uno más de tantos partidos burgueses latinoamericanos
situados en el centro del camino entre el anexionismo y la independencia, que
presentan como realismo político su disposición a arrodillarse ante el altar
del Imperio.
Pero habían hecho mal sus
cálculos. No habían valorado la tenacidad, la mística y el espíritu de
sacrificio de la militancia sandinista, ni comprendido la firmeza de Daniel
Ortega, Tomás Borge y otros dirigentes; la credibilidad que habían conquistado
con méritos propios ante el Pueblo Sandinista y su absoluta negativa a
rendirse. Lo comprobaron en 1994, cuando el FSLN convocó a su militancia y
saldó cuentas con los apóstoles de la oligarquía que se convirtieron en
profetas de aquel imperialismo del que habían afirmado ser enemigos para
siempre.
La defensa de las conquistas de
la Revolución Sandinista no fue sencilla ni estuvo exenta de sangre. Los
llamados “neoliberales” no lo eran en absoluto: despidos políticos masivos
contra la militancia sandinista, una represión desmedida contra estudiantes y
trabajadores que protestaban por los drásticos recortes. Sin electricidad
durante varias horas al día y con la escasez de agua, poner comida en la mesa
se convirtió en un privilegio reservado a una minoría. Para la mayoría quedaron
el hambre, el analfabetismo, el regreso de enfermedades endémicas, el desempleo
masivo, el estado comatoso de la asistencia sanitaria y la seguridad social, el
aumento de la mortalidad infantil y la reducción de la esperanza de vida. Nacer se convirtió en una aventura
peligrosa y envejecer pasó a ser un lujo.
Los más vulnerables –mujeres,
ancianos y niños– no aparecían en las estadísticas oficiales, pero llenaban las
aceras. Las manos ya no saludaban: pedían ayuda. Las cifras de la desesperación
se perdían entre los números de los falsos positivos. Fueron dieciséis años de
saqueo neoliberal que agotaron al país. El enriquecimiento desmedido de la oligarquía
empresarial financiera y de su testaferra, l burguesía parasitaria, vende
patria corrupta, tuvo como precio el empobrecimiento de los pobres y de los
sectores más vulnerables.
Pero esos dieciséis años de
resistencia popular constituyeron la base fundamental para la reconstrucción de
un partido que fue acumulando fuerzas, sin las cuales noviembre de 2006 habría
sido un mes cualquiera de un año cualquiera. Fue, por el contrario, la fecha de
la recuperación. Esa resistencia puede considerarse con justicia la segunda
etapa de la Revolución Sandinista. El comandante Daniel Ortega Saavedra había
saneado y reconstruido el FSLN y, tras dieciséis años trágicos, marcados por
elecciones robadas y coyunturas adversas, el sandinismo volvió a gobernar. La
narrativa de Nicaragua cambiò por completo.
Hoy Nicaragua es un país
completamente distinto, muy diferente de aquel que Daniel arrebató de las manos
de los tecnócratas neoliberales, cleptómanos con másteres y doctorados. Desde
hace 19 años, la Nicaragua sandinista ha llevado a la práctica aquello que ya
había comenzado a construir tras la liberación del país de la tiranía
somocista. Estos últimos 19 años constituyen, por tanto, la tercera etapa de
aquella Revolución que triunfó en 1979.
Desde el regreso del sandinismo
al frente del país, la geografía política ha cambiado, escribiendo una nueva
historia. Está en marcha el mayor proyecto de modernización de un país jamás
concebido en toda Centroamérica, diseñado hasta en sus más mínimos detalles por
su Comandante Daniel Ortega Saavedra
y por la copresidenta Rosario Murillo Zambrana, un proyecto que
revierte el destino que el Norte había reservado para la nación. Ese destino
cambió porque cambió por completo el paradigma político y social, así como las
prioridades. Entre ellas destaca la reducción de la pobreza, una batalla que se
libra mediante la gratuidad de la salud y la educación, la construcción de nuevas
estructuras e infraestructuras, la ampliación del acceso al crédito, el
fortalecimiento constante del Estado de bienestar y la extensión de los
derechos sociales.
Como ocurre siempre cuando las
revoluciones transforman la sociedad en profundidad, es decir, cuando alteran
de manera decisiva los equilibrios de clase y de poder preexistentes, la
reacción de quienes han sido desalojados del poder termina por llegar;
desordenada y carente de toda decencia, pero llega. En 2018, quienes habían
sido desplazados y que desde 2007 habían dejado de generar pobreza para
aumentar su propia riqueza, intentaron recurrir a la violencia para derrocar a
un gobierno que había apostado por la paz y la reconciliación. Querían devolver
al Estado su papel de servidor de la oligarquía, restableciendo la riqueza para
unos pocos y eliminando la idea de una vida digna para todos.
El ludismo oligárquico, empresarial,
financiero respaldado por la manipulación mediática dirigida desde el
Imperio estadounidense, tenía como programa la difusión del terror, la
destrucción del País y el asesinato masivo de militantes sandinistas.
Participaron con entusiasmo jerarquías eclesiásticas, latifundistas y
militantes de la derecha reaccionaria. Eran agentes de la destrucción,
funcionarios de la venganza y recaudadores del odio de clase.
Los golpistas nicaragüenses
pertenecen a una derecha fascista y criminal que solo acepta dos posibilidades:
ganar las elecciones o, si las pierde, intentar revertir mediante la violencia
el resultado. Sin embargo, ese plan tiene un defecto: solo funciona allí donde
las respectivas naciones carecen de la fuerza interna necesaria para
enfrentarlos primero y derrotarlos después.
Para detenerlos, el sandinismo
recurrió a la fuerza, porque no existía otra alternativa posible. Ofreció
diálogo, paz, amnistías y perdón, con la condición de que regresaran al ámbito
de la política legítima y abandonaran el terrorismo promovido por los sectores
patronales, pero no hubo respuesta. Continuaron tejiendo conspiraciones y
preparando un nuevo intento de golpe de Estado y, por ello, Daniel y Rosario no
tuvieron otra opción que librar al país de semejante grupo. Un viaje gratis de
ida hacia el país que siempre habían considerado su verdadera referencia.
El Sandinismo de este nuevo
milenio ha sabido unir los sueños y el horizonte histórico con la política
cotidiana, haciendo de ambos una sola construcción nacional. Un país que
decidió crecer corrigiendo los desequilibrios heredados. Ese es el significado
profundo del concepto de “Pueblo Presidente”: formar una ciudadanía activa e invertir
la relación tradicional entre gobernantes y gobernados. Se ha llevado Nicaragua
a transformar su identidad socioeconómica, preservando su esencia mientras
renovaba parte de su estructura. Revolución y evolución.
La apuesta – que resultó
vencedora – consistió en mantener una identidad productiva concebida sobre un
modelo rural, pero proyectada hacia el desarrollo comercial y turístico
mediante un modelo económico basado en las pequeñas empresas familiares, capaz
de garantizar una distribución horizontal de la creación de riqueza.
La Revolución Sandinisa lleva ya 47 años porque ha hecho posible
una transformación profunda, tanto estructural como superestructural, de
Nicaragua. Porque, en circunstancias muy diferentes, el sandinismo ha
sabido afrontar tanto los desafíos cotidianos como las situaciones
extraordinarias; ha sabido defender el carácter sagrado de la soberanía
nacional, de las instituciones y de la paz, y ha derrotado al golpismo,
enfermedad endémica y autoinmune del latifundismo. Y continúa porque el Estado
no cede su soberanía a las oligarquías internacionales; por el contrario,
ejerce con firmeza su función reguladora y organizadora de la sociedad.
Conserva el monopolio de la legislación, de la gestión pública y del uso
legítimo de la fuerza. Se ha optado por
trazar una línea clara entre una democracia popular y una democracia elitista,
asentando la primera sobre la paz y el equilibrio social, entendidos como
condiciones indispensables para una convivencia duradera.
Dentro del conjunto de las
doctrinas políticas de izquierda, el Sandinismo constituye una realidad única:
ha sido capaz de imponerse en dos siglos diferentes, atravesando el segundo y
el tercer milenio. Nació como un grito de independencia, de soberanía nacional
y de libertad frente al invasor yanqui y, desde su regreso al gobierno en enero
de 2007, ha asumido una identidad política de alcance global que expresa una
concepción precisa de la organización política y social. Incluso en un contexto
dominado por el pensamiento único, el sandinismo ha conseguido desarrollar un modelo
alternativo, transformándolo todo y transformando a todos. Lo ha hecho con
determinación, colocando cada una de las piezas del entramado nacional en el
lugar que le corresponde.
Hoy, pese a la fase
extremadamente convulsa y peligrosa que atraviesa el mundo, debido a la
resistencia obstinada del viejo orden unipolar a aceptar el surgimiento de una
dinámica multipolar, Nicaragua vive en tranquilidad, protegida de las quintas
columnas del Imperios estadounidense y de las tentaciones
desestabilizadoras. No teme al cambio y volverá a cambiar allí donde sea
necesario. Porque una verdadera Revolución
es, ante todo, la audacia de intentar alcanzar el cielo sin dejar nunca de
pisar la tierra. Para eso sirven las revoluciones: para impedir que el miedo
termine imponiéndose sobre el valor.
Nicaragua avanza en consulta nacional de reforma constitucional con todos los sectores del país
El proceso, calificado como amplio e incluyente, convoca a
instituciones del Estado, sectores productivos, sociales, académicos,
comunitarios, empresariales, así como a las fuerzas armadas y pueblos
originarios.
El Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional de
Nicaragua dio inicio este martes 28 de julio a una consulta
nacional sobre el proyecto de reforma a la Constitución
Política.
El proceso, calificado como amplio e incluyente,
convoca a instituciones del Estado, sectores productivos, sociales, académicos,
comunitarios, empresariales, así como a las fuerzas armadas y pueblos
originarios, con el propósito de fortalecer la institucionalidad
democrática, la seguridad y la soberanía del país centroamericano.
La copresidenta de la República, Rosario Murillo Zambrana,
destacó la relevancia de este mecanismo participativo para avanzar en
el modelo de autodeterminación nacional y la lucha contra las desigualdades. «Ayer
iniciamos la consulta; ayer iniciamos realmente la consulta sobre la reforma a
la Constitución Política, Pueblo Presidente, Nicaragua Triunfa en Paz y Unidad»,
expresó la alta funcionaria.
Asimismo, enfatizó que el principal objetivo de las trasformaciones
legales radica en garantizar «la continuidad de la paz, la continuidad
de la tranquilidad, de la seguridad, de la estabilidad, que nos permite
avanzar».
Murillo sostuvo que el Pueblo Nicaragüense cuenta con
el «derecho a elegir esas prácticas democráticas que nos llevan
adelante» y subrayó que la búsqueda de la equidad es el pilar
central del proyecto social de la nación.
La mandataria expresó también: «¿Y qué quiere decir
avanzar? Vencer la pobreza, paso a paso, con el trabajo y el esfuerzo de todos,
y hacerlo en condiciones de dignidad, de patria y dignidad, de patria y
libertad, y de patria y futuro, porque eso es lo que queremos, crear futuro,
futuro con vida digna, desde la paz, la seguridad, la estabilidad y el amor a
Nicaragua».
En el marco del inicio de las conversaciones, las
autoridades del Gobierno y la Asamblea Nacional sostuvieron un encuentro en
el Salón Sandino de la Cancillería con miembros del cuerpo diplomático
acreditado en Managua para exponer los alcances de la reforma.
En la actividad participaron integrantes de la Comisión
Especial Constitucional, representantes del Consejo Supremo Electoral y del
Gabinete de Gobierno. Durante la exposición a los diplomáticos, el presidente
de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras, explicó que las modificaciones
contemplan un perfeccionamiento de los mecanismos de participación ciudadana en
los comicios.
El parlamentario señaló que la propuesta abarca «una
organización desde el punto de vista electoral, que responde a los intereses
del pueblo y que garantiza que las elecciones van a ser del pueblo
nicaragüense», ratificando que se celebrarán procesos comiciales «limpios,
transparentes, tal y como lo hemos venido haciendo todos estos años».
La reforma plantea además normativas destinadas a
frenar el financiamiento foráneo dirigido a desestabilizar las
instituciones del Estado.
Al respecto, la
copresidenta Murillo Zambrana
cuestionó los sectores políticos subordinados a intereses externos y
remarcó la vocación patriótica del país: «Los que ya no son
nicaragüenses, ni tendrían que hablar, porque perdieron el derecho de ser
nicaragüenses a punta, precisamente, de querer instalar injerencias, querer
instalar prácticas intervencionistas, querer instalar el interés de otros sobre
el interés supremo de la patria y de las familias nicaragüenses. Este es un
país y un pueblo patriótico, y este es un país que sabe de luchas y de honor».
El cronograma de trabajo contempla la
realización de debates con las fuerzas laborales de la
construcción, minería, zonas francas, transporte, medios de comunicación,
juventud, estudiantes, así como con los Gobiernos regionales y consejos
de las regiones autónomas de la Costa Caribe.
De acuerdo con lo informado por la Copresidencia, una
vez culminada la fase de recepción de propuestas de todos los sectores, la
propuesta formal de reforma a la Constitución Política será presentada e
instalada formalmente durante el inicio del mes de septiembre.
Lo subrayado/interpolado es nuestro
































