sábado, 11 de abril de 2026

Trump Derrotado: Suspende su Ultimátum y Decreta un Alto el Fuego de Dos Semanas





Trump Derrotado: Suspende su Ultimátum y Decreta un Alto el Fuego de Dos Semanas:

ultima hora, “el alto al fuego continuara mientras este abierto estrecho de Ormuz”... otra derrota yanqui.

Por José Antonio Gómez* – Diario Sabemos/escritor y analista internacional/ADDHEE.ONG:

El presidente de los Estados Unidos demuestra una vez más que es un bocalán que se tiene que tragar sus amenazas en cuanto sus oponentes no caen en la coacción y el chantaje tan habitual en Trump.

La decisión de Donald Trump de conceder una nueva prórroga a Irán no es un simple gesto táctico en el marco de una negociación. Es, en realidad, la manifestación de una estrategia geopolítica basada en la presión máxima, la imprevisibilidad y la diplomacia coercitiva, donde el tiempo se convierte en un instrumento de poder. La ampliación de dos semanas del ultimátum, solicitada por Shehbaz Sharif y respaldada por el estamento militar pakistaní, introduce además un actor clave en el tablero regional: Pakistán como mediador indirecto en una de las crisis más volátiles del sistema internacional. Sin embargo, dentro del mundo de matón de instituto del presidente estadounidense, esta decisión sino que es una derrota.

El epicentro de esta tensión no es otro que el estrecho de Ormuz, uno de los corredores energéticos más estratégicos del planeta. Por esta vía transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, lo que convierte cualquier alteración en su operatividad en un factor de riesgo sistémico para la economía global. La exigencia estadounidense de su apertura “completa, inmediata y segura” revela que, más allá del conflicto militar, lo que está en juego es el control de las rutas energéticas y, por extensión, la estabilidad del mercado internacional.

La prórroga anunciada por Trump a través de su red Truth Social se produce en un contexto de extrema tensión, apenas horas antes de la expiración de un ultimátum que incluía amenazas explícitas de destrucción masiva. Este elemento es clave para entender la lógica de la actual política exterior estadounidense: una combinación de escalada retórica y repliegue táctico que busca maximizar concesiones sin llegar necesariamente al enfrentamiento directo. En este sentido, la decisión de suspender el ataque no implica una desescalada estructural, sino más bien una reconfiguración temporal del conflicto.

El papel de Pakistán en esta ecuación resulta especialmente significativo. Históricamente alineado con intereses occidentales pero con vínculos complejos con el mundo islámico, Islamabad emerge como un intermediario capaz de dialogar tanto con Washington como con Teherán. La intervención de Sharif y del jefe del Estado Mayor, Asim Munir, sugiere una diplomacia de seguridad donde los actores militares adquieren protagonismo en la gestión de crisis internacionales. Esta mediación refuerza la posición de Pakistán como actor geopolítico relevante en un escenario donde las alianzas tradicionales se encuentran en transformación.

Por su parte, Trump presenta la prórroga como un acuerdo de “doble vía”, en el que ambas partes obtienen beneficios. Sin embargo, esta narrativa encierra una lógica asimétrica. Estados Unidos afirma haber alcanzado sus objetivos militares, mientras que Irán se ve presionado a realizar concesiones estratégicas sin garantías claras de reciprocidad a largo plazo. La referencia a una supuesta propuesta iraní de diez puntos apunta a la existencia de canales de negociación activos, pero también evidencia la opacidad que caracteriza este proceso.

Desde una perspectiva geopolítica, la reiteración de ultimátums y su posterior aplazamiento plantea interrogantes sobre la credibilidad de la estrategia estadounidense. La multiplicación de plazos (hasta cinco en pocas semanas) puede interpretarse como una táctica de desgaste, pero también como un síntoma de indecisión, de cálculo erróneo o de que a Trump le han abierto los ojos y le han mostrado que, posiblemente, fue engañado por Israel. En un entorno internacional donde la percepción de firmeza es crucial, estas oscilaciones pueden debilitar la posición negociadora de Washington y ofrecer margen de maniobra a Teherán.

El componente discursivo de la crisis añade una dimensión adicional. Las declaraciones de Trump sobre la posibilidad de destruir “toda una civilización” no solo generan alarma internacional, sino que sitúan el conflicto en un terreno que roza la retórica de guerra total. La reacción de figuras como el papa León, que calificó estas amenazas de inaceptables, evidencia el rechazo global a una escalada que podría tener consecuencias humanitarias devastadoras.

En el ámbito interno estadounidense, la crisis ha reactivado debates constitucionales de gran calado. La invocación de la Vigésimoquinta Enmienda por parte de legisladores demócratas refleja la preocupación por la capacidad del presidente para gestionar una situación de alta complejidad. Este elemento introduce una variable doméstica en la ecuación geopolítica, donde la estabilidad del liderazgo estadounidense se convierte en un factor de incertidumbre internacional.

El estrecho de Ormuz, en este contexto, se consolida como un punto de fricción global donde convergen intereses energéticos, militares y políticos. Su cierre o apertura no solo afecta a Irán y Estados Unidos, sino a potencias como China, India o la Unión Europea, altamente dependientes del suministro energético que transita por esta ruta. La internacionalización del conflicto es, por tanto, inevitable.

La estrategia de Trump también debe analizarse en relación con su aproximación general a Oriente Próximo. La coordinación con Israel en operaciones militares y la presión simultánea sobre Irán sugieren un intento de redefinir el equilibrio regional en favor de aliados tradicionales de Washington. Sin embargo, esta política conlleva riesgos significativos, incluyendo la posibilidad de una escalada regional que involucre a múltiples actores estatales y no estatales.

Irán, por su parte, afronta un dilema estratégico. Ceder a las demandas estadounidenses podría interpretarse como una señal de debilidad interna y externa, mientras que resistir aumenta el riesgo de un conflicto abierto. En este escenario, la diplomacia indirecta a través de actores como Pakistán se convierte en una herramienta clave para evitar una confrontación directa.

La prórroga de dos semanas no resuelve el conflicto, pero redefine sus términos. Introduce un margen temporal para la negociación, pero también prolonga la incertidumbre. En términos geopolíticos, este tipo de decisiones tienen efectos acumulativos: cada aplazamiento, cada amenaza y cada concesión contribuyen a moldear un nuevo equilibrio de poder.

*Director de Diario Sabemos. Escritor y analista político. Autor de los ensayos políticos «Gobernar es repartir dolor», «Regeneración», «El líder que marchitó a la Rosa», «IRPH: Operación de Estado» y de las novelas «Josaphat» y «El futuro nos espera».

¿Quién Decide lo que Es Legítimo?

Por Ramzy Baroud- Rebelión/escritor y analista internacional/ADDHEE.ONG

Se invoca la “seuda” democracia como legitimidad moral en la maldita guerra imperialista, mientras que la autoridad de Irán descansa sobre unas complejas bases políticas, religiosas e históricas.

Sin embargo, la Democracia no es el enemigo, lo es manipularla.

El discurso político occidental ha equiparado durante décadas la legitimidad con las elecciones, números que se cuentan en un solo día, certificados por unas instituciones que, a su vez, operan dentro de sistemas moldeados por un inmenso poder financiero. El resultado es una preocupante simplificación: la legitimidad es más procedimental que moral.

En Estados Unidos la democracia funciona dentro de una economía política profundamente influenciada por la financiación corporativa, las estructuras de lobby y la propiedad concentrada de los medios. No se informa meramente a la opinión pública, se la manipula. Existe la competencia electoral, pero dentro de los límites trazados por la riqueza y la continuidad institucional.

Sin embargo, cuando Donald Trump gana unas elecciones, la legitimidad se considera absoluta. Poco importa que se enfrente a acusaciones que van desde conducta criminal hasta extralimitación constitucional. Poco importa que sus políticas puedan violar el derecho humanitario internacional, poco importa que las acciones militares de su gobierno provoquen la muerte de civiles en el extranjero.

Es legítimo porque el recuento de votos fue correcto.

La suposición es clara: la democracia santifica el poder automáticamente, pero el éxito electoral no neutraliza los crímenes de guerra. No borra las violaciones del derecho internacional, no transforma unas políticas cuestionadas en verdades morales.

La democracia es valiosa, pero no es un elemento de disuasión moral.

El escudo “seudo” democrático del sionismo colonialista israelí.

En ningún lugar esta tendencia es más visible como en Israel.

La pretensión de Israel de ser «la única democracia en Oriente Medio» ha servido durante mucho tiempo como armadura diplomática. La frase se invoca no meramente como una descripción política, sino como una exención del escrutinio.

A pesar de que Benjamín Netanyahu se enfrenta a acciones legales nacionales, internacionales y a acusaciones relacionadas con el genocidio de Gaza, sigue presentando el marco democrático de Israel como prueba de su posición moral, las elecciones se citan como prueba de legitimidad y el debate parlamentario se ofrece como prueba de un equilibrio político saludable.

Pero la democracia no anula la ocupación militar, no legaliza el castigo colectivo, no absuelve de violaciones graves del derecho internacional humanitario y no hace que el genocidio sea permisible.

La cuestión no es que Israel celebre elecciones, la cuestión es cómo se utiliza el lenguaje de la democracia para marginar las acusaciones de genocidio y reformular la agresión militar como el comportamiento propio de un Estado civilizado que se defiende a sí mismo.

Desde la Segunda Guerra Mundial a menudo se ha recurrido retóricamente a la democracia para justificar cambios de régimen, invasiones y «guerras preventivas». Irak fue invadido en nombre de la liberación, Afganistán fue ocupado bajo el estandarte de la libertad y las intervenciones en América Latina, África y el Oriente Medio se presentan habitualmente como esfuerzos por defender los valores democráticos.

El problema no es la democracia, sino el excepcionalismo democrático: creer que una estructura electoral de un Estado le otorga inmunidad moral.

El relato iraní

La misma lógica conforma el discurso bélico en torno a Irán.

Se suele calificar a Irán de ilegítimo porque no cumple con las normas democráticas liberales occidentales. Los llamados a un cambio de régimen no se enmarcan simplemente como cálculos estratégicos, sino como imperativos morales.

Incluso quienes son críticos con Trump o Netanyahu frecuentemente operan dentro de este marco. Pueden oponerse a políticas específicas, pero aceptan la premisa más amplia de que las democracias occidentales poseen una autoridad moral inherente, mientras que los sistemas no occidentales deben demostrar su legitimidad.

Este binomio es profundamente perverso.

Cuando se asume la superioridad moral, las víctimas civiles se vuelven desafortunadas pero tolerables, las sanciones que devastan las economías se convierten en herramientas de disciplina, la escalada militar se convierte en una defensa basada en principios. El derecho internacional se vuelve selectivo y vinculante para los adversarios, flexible para los aliados.

Cuando el lenguaje de la democracia se utiliza como arma, se transforma en un escudo retórico tras del cual opera el poder con una responsabilidad mermada.

La legitimidad de Irán

Para entender la resistencia de Irán, hay que ir más allá de lo caricaturesco.

Irán no es una democracia liberal en el sentido occidental, pero tampoco es una autocracia simplista que se mantiene únicamente gracias a la coerción. Su legitimidad proviene de un complejo sistema político arraigado en la historia, la religión y el modelo institucional.

En la cúspide se encuentra el Líder Supremo, elegido por la Asamblea de Expertos, un organismo establecido por la constitución y compuesto por juristas islámicos electos. La propia Asamblea se elige a través de elecciones nacionales y tiene la autoridad de nombrar y supervisar al Líder Supremo.

Esta estructura refleja la doctrina de Wilayat al-Faqih , la tutela del jurista islámico. En el pensamiento político chiita esta doctrina fusiona la autoridad religiosa con la supervisión política, que emergen tanto de la tradición jurisprudencial como de la ideología revolucionaria.

Sin embargo, el sistema iraní no es exclusivamente religioso...

El presidente se elige por votación popular. Se elige el parlamento (Majles), las facciones políticas compiten dentro de unos parámetros constitucionales definidos. Instituciones como el Consejo de Guardianes supervisan la legislación y las elecciones para asegurar la continuidad constitucional e ideológica.

Quienes lo critican sostienen que estos mecanismos restringen el pluralismo, mientras que sus partidarios afirman que preservan la coherencia y la soberanía.

Independientemente de la posición que se tenga, la legitimidad en Irán proviene de múltiples fuentes:

– La legitimidad revolucionaria de la Revolución Islámica de 1979.

– La legitimidad religiosa arraigada en la jurisprudencia chiíta.

– La legitimidad electoral a través de la recurrente participación pública.

– La legitimidad nacionalista fortalecida por la resistencia a las presiones extranjeras.

Estas formas no reflejan los patrones liberales occidentales, pero la legitimidad es cultural e históricamente contextual, no es un molde universal.

Estas estructuras gozan de suficiente aceptación dentro de Irán como para mantener la continuidad política, incluso bajo una inmensa presión externa.

La supervivencia como prueba

Irán ha soportado durante cuatro décadas una guerra devastadora contra Irak, décadas de sanciones, aislamiento económico, operaciones cibernéticas, asesinatos de altos funcionarios y repetidas amenazas militares.

Los Estados carentes de legitimidad estructural colapsan bajo semejante presión acumulada, se fragmentan internamente o se desintegran institucionalmente.

Esto no implica unanimidad, han estallado protestas, existen divisiones políticas y los problemas económicos son reales. Pero la legitimidad no es la ausencia de desacuerdo, sino la presencia de una cohesión suficiente.

Cuando se intensifica la confrontación externa, se suele fortalecer la consolidación nacional. En contextos existenciales, las poblaciones se unen en torno a la soberanía, aun cuando critiquen la gobernanza.

El discurso occidental/USA, Unión Europea/OTAN, Inglaterra, Japón, Canadá y el patio trasero latinoamericano/yanqui suele suponer que es inevitable que colapse el régimen en Irán si se intensifica lo suficiente la presión, una suposición que ha demostrado ser incorrecta una y otra vez.

La cuestión de la legitimidad

El debate no es democracia frente a no democracia, sino autenticidad frente a manipulación.

La democracia es un sistema de gobierno valioso cuando opera con transparencia y dentro de los límites de la ley. Pero cuando se utiliza el marketing de la democrática para justificar la guerra, para proteger a los dirigentes de la asunción de responsabilidades o normalizar las violaciones del derecho internacional, se convierte en un instrumento retórico de poder.

Estados Unidos e Israel invocan la legitimidad electoral para considerar que la escalada militar está fundada moralmente. Irán, mientras tanto, deriva su legitimidad de un modelo híbrido que fusiona la religión, la revolución y las instituciones republicanas.

Un sistema se promociona en todo el mundo, mientras que el otro se deslegitima en todo el mundo. Sin embargo, su perseverancia habla por sí misma.

Lo subrayado/interpolado es nuestro.

Derechas e izquierdas – según la teoría de los demonios deterministas -, vicios comunes...



Derechas e izquierdas – según la teoría de los demonios deterministas -, vicios comunes...


Por Prof. Juan Pablo Cárdenas S. /escritor, académico y analista internacional/ADDHEE.ONG:


“Las izquierdas nunca mueren” es una expresión tan obvia como decir que las derechas tampoco desaparecen. En todos los tiempos y lugares marcados por la inequidad siempre habrá personas y organizaciones que se inclinen por conservar el orden establecido, sirviendo los intereses de las minorías, mientras otros se empeñen por favorecer a los pobres, desplazados y oprimidos por el poder económico y político.

En el mundo de hoy son los multimillonarios empresarios los que se imponen a los gobiernos y a las organizaciones internacionales, mediante el control de los medios de comunicación, los ejércitos y el comercio mundial. Con los cuales alientan las guerras, la discriminación étnica y social, ejercen su influencia sobre las leyes y los jueces, además de favorecer conscientemente la ignorancia y el atraso de los pueblos para convencer que los millones de excluidos de que son las ideas de los poderosos las mejores o las únicas viables.

Lo dramático es que las supuestas democracias se dobleguen a sus encantos y se produzcan resultados electorales en que los Trump, los Milei y Kast, y tantos otros perturbados se conviertan en sus representantes. Es lo que ha estado ocurriendo en América Latina y los otros continentes donde habita el mayor número de desposeídos. Aunque también sucede en Europa, donde se supone viven los ciudadanos más cultos, y desde donde históricamente han surgido las ideas más humanistas y reformadoras.

De esta forma es que el dinero crea ilusiones en los pobres, manipula conciencias y corrompe voluntades. Ni Napoleón, ni el mismo Hitler, Mussolini  o Franco arribaron al poder con las ideas de derecha. Simplemente se doblegaron a ellas una vez instalados en los gobiernos, para convertirse en emperadores y dictadores. En sus inicios fueron políticos vanguardistas, como tantos otros caudillos latinoamericanos que terminaron oprimiendo a sus pueblos después de sepultar sus ímpetus revolucionarios. Uno por uno en Argentina, Paraguay, Brasil y en casi todas las naciones centroamericanas y caribeñas.

También en Chile, hasta hoy, se le rinde tributo a un Arturo Alessandri Palma, por ejemplo, que viró desde las posiciones más progresistas a la condición de ser el gobernante que más reprimió a los obreros, campesinos y estudiantes, mediante aquellas bochornosas “matanzas” alentadas por él y otros gobernantes autoritarios, como el mismo Diego Portales, dícese el fundador de nuestra república. Porque la derecha ha sido siempre muy seductora, capaz de detectar tempranamente a los políticos movidos por la ambición personal. Así como también es hábil para comprarse el favor de los militares y las policías e, incluso, la voluntad de los dirigentes sociales que tanta decepción provocan en trabajadores y organizaciones gremiales.

“Chile: Asilo contra toda forma de opresión”...

Miles de muertos que siguen sumándose a decenas de mapuches y ahora también a los inmigrantes, después de valerse de su mano de obra barata y haberlos traídos desde Haití, Perú, Bolivia, Venezuela, Colombia y otras naciones hermanas. A los mismos que quieren ahora expulsar, cavarles una vergonzosa zanja en el desierto o eliminarlos uno por uno en esas diarias balaceras policiales que poco distinguen entre personas decentes y delincuentes, y en que nadie les pide justificar sus actos. Todos hemos podido comprobar cómo se los asalta en sus viviendas precarias, destruyendo sus modestos enseres en los centenares de campamentos y “rucas” que se obligan a levantar para subsistir en un país con un enorme déficit habitacional y de climas tan severos.

Cuentan para todo ello con millones de chilenos que abrazan los despropósitos del nacionalismo y, hasta se han dejado poseer por el odio racial. Ese irracional patrioterismo/chovinismo que se expresa tan neciamente en los estadios por el consumo de drogas del narcotráfico o las borracheras de Fiestas Patrias, convencidos frívolamente de que somos el mejor país del mundo, hasta darse cuenta, posteriormente, de nuestra inferioridad económica y esclava dependencia del exterior. De que la derecha, en la cual depositó millones de sufragios, en menos de una semana les encarece la vida, retrotrae la clase media a la pobreza y ésta a la indigencia. Para comprobar, una vez más en nuestra historia, la codicia empresarial y la mediocridad de sus políticos devenidos en su guardia pretoriana, ahora otra vez en La Moneda y, desde siempre, en el Parlamento. 

Pero la derecha no tiene toda la culpa de lo que sucede actualmente en Chile como al otro lado de los Andes. Gran parte del fracaso del centro y de la izquierda en los últimos comicios se debe a sus propias inconsecuencias y corrupciones. Por ello es que con tanta certeza se repite “no hay nada más derechista que un izquierdista en el poder”. La corrupción que siempre ha acompañado a los políticos esta vez extremó su avidez en los gobiernos que se autocalificaban de izquierda o de centro izquierda.

Desde el llamado “retorno de la democracia”, no han dejado de sucederse los escándalos derivados del cohecho, el nepotismo y otros vicios. Sobresueldos millonarios, tráfico de influencia y malversaciones del erario público han comprometido a cada uno de los gobiernos que siguieron a Pinochet, quien a sus crímenes sumó también el enriquecimiento personal y de tantos cómplices activos y pasivos de la dictadura. Muchos de los cuales siguen vigentes e impunes en los grandes negocios y la política.

Aunque vinieron presidentes de distinto color político, la verdad es que los escándalos de la Concertación y de la Nueva Mayoría fueron comunes, al mismo tiempo que abrazaron las ideas neoliberales heredadas del régimen de facto, junto con prolongar la vigencia de su Constitución de 1980. En resumen, para mayor concentración de la riqueza, privatizaciones de yacimientos y servicios básicos como el agua y la electricidad. Como también de la educación, la salud y del sistema previsional.

Menos pobres e indigentes que antes, posiblemente, pero mayor asimetría entre los ingresos de los ricos y la inmensa mayoría del país. Un abismo sideral entre la calidad de la salud pública y la privada; entre los establecimientos escolares para los que pueden pagar, y los que son subvencionados por el Estado. Millones de chilenos sin techo y la prácticamente nula posibilidad de adquirir hoy una modesta casa o departamento. Cientos de miles de emprendedores pequeños y medianos que terminan vendiendo sus productos y servicios a las grandes empresas que son las que obtienen las multimillonarias utilidades, pagando muy discretos impuestos en relación al IVA que se nos cobra a todos y que representa la mayor recaudación fiscal. Grandes empresarios que ahora quieren ver disminuidos sus tributos con el entusiasta consentimiento de quienes están gobernando.

Es muy pronto para hacer un balance de lo que significó el gobierno de Gabriel Boric, pero mucho se explica en el contundente triunfo electoral de su sucesor José Antonio Kast. De lo que sí sabemos es de sus promesas incumplidas, como la de la “educación gratuita y de calidad”, el fin de las codiciosas Asociaciones de Fondos de Pensiones (AFPs) y de las isapres de la salud. También del turbio manejo de los recursos destinados a los pobres, para ser distraídos en las fundaciones y municipios oficialistas. Controladas por una nueva entidad política que declaró sin complejos ser de izquierda, pero muchos de sus militantes terminaron comportándose como la misma derecha y los partidos otrora también vanguardistas, como el PPD y el Partido Socialista. O como la propia Democracia Cristiana que ahora quema sus últimos cartuchos en la política, después de haber sido el primer partido, de haber chilenizado el cobre, de haber emprendido la reforma agraria y otros avances previos al Golpe Militar. O el Partido Comunista, de estirpe revolucionaria, pero también muy rendido a los embrujos del poder.

Cuatro años nos vienen ahora con la ultra derecha en el poder, cuyo protagonista es el Partido Republicano que se dio el lujo de vencer electoralmente humillando a la UDI y Renovación Nacional que ahora los tiene de séquito en La Moneda. Un nuevo período presidencial en que varios de sus miembros declaran tener las mejores intenciones, incluso una “evangélica” compasión con los pobres y la clase media, pero que no le ha temblado la mano para subir en más de un 30 por ciento el precio de los combustibles, reconocer que vendrá una fuerte inflación y anunciar una política tributaria en favor de los más ricos. Por culpa, como dicen, “de una guerra que no es de nosotros”, a pesar de los besamanos de Kast a Trump y los gobernantes más reaccionarios del mundo.

La esperanza que en realidad le queda al pueblo es la de mirar hacia la calle, a los miles de estudiantes que vuelven a movilizarse, a los millones de trabajadores que se resistirán a seguir esperando. En las ideas que siguen tan vigentes del humanismo y la redención de los oprimidos. Convenciéndose de que la derecha en La Moneda o la oposición es la que, en realidad, nos ha gobernado por largas décadas.

Lo subrayado/interpolado es nuestro.

La maldita guerra digitalizada: las grandes tecnológicas, la soberanía digital y el imperialismo estadounidense/yanqui en el siglo XXI

La maldita guerra digitalizada: las grandes tecnológicas, la soberanía digital y el imperialismo estadounidense/yanqui en el siglo XXI

Por Observatorio de las Metrópolis/Brasil de Fato

*Luiz Cesar de Queiroz Ribeiro – Catedrático del Instituto de Planificación Urbana y Regional e Investigación (IPPUR) de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). Coordinador Nacional del Observatorio de Metrópolis del INCT.

** Nelson Diniz – Profesor del Departamento de Geografía (Licenciatura y Educación Básica) del Colegio Pedro II. Investigador del Observatorio de Metrópolis del INCT, Núcleo de Río de Janeiro.**

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LA MALDITA GUERRA DIGITALIZADA: LAS GRANDES TECNOLOGÍAS ,LA SOBERANIA DIGITAL Y EL IMPERIALISMO ESTADOUNIDENSE EN EL SIGLO XXI

-     Las egidas del imperialismo estadounidense/yanqui:

-     La cúpula dorada de propiedad privada del convicto emperador Trump

-     El escudo/de latón de las satrapías de las Américas.

Una nueva  forma  de la maldita guerra aniquiladora y exterminadora.

El apocalipsis no es un evento futuro repentino, sino un proceso en desarrollo...

Pueblo de Estados Unidos: “en una noche desapareceríamos a Irán”...

Esta fascista afirmación  no la formularon las mentes canijas, desquiciadas,  intrínsecamente perversas de los malditos bastardos dictadores: Hitler, Mussolini, Franco, ni sus herederos del patio trasero latinoamericano/estadounidense/yanqui, de Brasil: Humberto Castello Branco, Arthur Da Costa e Silva y Emilio Garrastazu Médici. De Argentina: Jorge Rafael Videla, De Uruguay: Juan María Bordaberry, de Bolivia: Rene Barrientos Ortuño, Hugo Banzer Suárez, y Luis García Meza, de Chile: Augusto Pinochet, sino  vuestro convicto presidente Trump. Total cada pueblo se da el gobierno/régimen que se merece.

-      Donde la razón campea florece la educación/la cultura, la solidaridad a escala humana. Donde la irracionalidad, la indigencia educacional/cultural, el narcotráfico y la telebasura campean, no hay sol que alumbre. El Género Humano sobrevive en la oscuridad y la injusticia.

-      Cuando la ignorancia y la prepotencia de los dueños de la celestina universal/el dólar, la plutocracia empresarial oligarca  mefistofélica pretenden convertirla en Derecho, la idea, el desafío de cambiar el mundo no es una locura ni una utopía, sino Justicia Plena...

Con esperanza y memoria: ¡Sapere Aude!, ¡No piensas, no existes!...

Prof. Moreno Peralta / IWA

Secretario ejecutivo Addhee. Ong

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Una nueva forma  de la maldita guerra digitalizada, aniquiladora y exterminadora:

«Una distopía como la que se muestra en la película estadounidense Terminator podría convertirse algún día en realidad». Esta declaración del portavoz del Ministerio de Defensa chino, Jiang Bin, resume el contenido de la reciente advertencia de China a Estados Unidos sobre un posible «apocalipsis» provocado por la expansión del uso militar de la inteligencia artificial (IA). Desde nuestra perspectiva, esto no es mera exageración retórica. Refleja, aunque de forma dramática, un proceso que ya está en marcha, cuya principal consecuencia será profunda y duradera: la consolidación de una nueva forma de guerra, estructurada por la articulación entre las finanzas, la extracción masiva de datos, la georreferenciación, las tecnologías algorítmicas y la creciente convergencia entre el poder corporativo y el aparato militar.

Lo que está en juego, por lo tanto, no es solo la creación e introducción de nuevas armas, como los drones, en el campo de batalla. Nos enfrentamos a una reorganización completa de la racionalidad de la guerra y sus vínculos con la vida económica, política y social. Argumentos como este se pueden encontrar, por ejemplo, en «Big Tech and Total War «, un ensayo en el que el sociólogo Sérgio Amadeu da Silveira propone el concepto de un «complejo militar-industrial digitalizado». Como sugiere el título, el autor ofrece una actualización del concepto clásico de complejo militar-industrial, destacando la incorporación de grandes empresas tecnológicas al núcleo estratégico de las operaciones militares contemporáneas. En este nuevo contexto, el big data , la inteligencia artificial y las infraestructuras digitales ( hardware y software ) se convierten en elementos centrales para la vigilancia, la toma de decisiones y la conducción de la guerra, ampliando el enfoque de la producción de armas al control y procesamiento de datos.

Si bien existen precedentes, dado que el complejo militar-industrial siempre ha estado a la vanguardia del desarrollo tecnológico, nos enfrentamos a transformaciones radicales. Así, los grandes conglomerados digitales dejan de ser meros proveedores y comienzan a actuar como agentes fundamentales de este complejo. Al hacerlo, articulan intereses económicos y militares de acuerdo con un modelo que revoluciona la capacidad de vigilancia e intervención, al tiempo que intensifica/profundiza los riesgos para la Democracia, la Soberanía y los Derechos Humanos.

La operación de Estados Unidos e Israel contra el liderazgo iraní, iniciada el 28 de febrero de 2026, ejemplifica este punto de inflexión histórico. Resulta cada vez más evidente que la violencia y los actos de guerra ya no se rigen principalmente por decisiones humanas limitadas por principios éticos (o, al menos, por el cálculo de riesgos políticos). Lo que observamos ahora son las acciones de sistemas capaces de procesar, en tiempo real, volúmenes gigantescos de datos, desde metadatos de comunicación y rastros digitales hasta datos geoespaciales en tiempo real, imágenes de teledetección, patrones de movilidad urbana y militar, flujos económicos y logísticos, interacciones en plataformas digitales e información biométrica y de comportamiento. Todo esto allana el camino para decisiones letales que pueden tomarse casi instantáneamente, si no automáticamente.

El cálculo algorítmico y la ventana de oportunidad en el ataque a Irán

La denominada «ventana de oportunidad» que supuestamente precipitó el ataque que acabó con la vida del líder supremo iraní, Ali Khamenei, dista mucho de ser un mero detalle operativo: refleja la radical aceleración del tiempo de toma de decisiones que caracteriza la guerra contemporánea. Todo indica que el ciclo militar tradicional de observación, orientación, decisión y acción (conocido como ciclo OODA) tiende a reducirse a minutos, segundos o incluso fracciones de segundo, en una dinámica donde la velocidad de procesamiento se vuelve decisiva para el desarrollo del conflicto.

Según informes, la operación llevada a cabo por Estados Unidos e Israel fue precedida por meses de vigilancia intensiva y, en los momentos previos al ataque, los sistemas de inteligencia detectaron la presencia simultánea de altos dirigentes iraníes en el mismo complejo de Teherán. Se cree que este tipo de información, obtenida mediante interceptaciones, vigilancia electrónica y análisis de señales, fue decisiva para el inicio de la ofensiva.

Como señalan algunas fuentes periodísticas, es plausible suponer que esta identificación fue resultado del cruce de múltiples bases de datos heterogéneas procesadas por sistemas de inteligencia artificial capaces de detectar anomalías y correlaciones invisibles para el análisis humano convencional. En otras palabras, la oportunidad no surgió de un único indicio, sino de la convergencia probabilística de datos que, en conjunto, apuntaban a la inminencia de una debilidad estratégica iraní.

Sea como fuere, más que reconstruir los detalles de la operación, que permanecen en gran parte en secreto, lo que importa es comprender su lógica: la transformación de un volumen gigantesco de datos, capturados incluso de fragmentos dispersos de la vida cotidiana, en señales procesables, convertidas en decisiones letales mediante sistemas algorítmicos. Es precisamente este tipo de actividad la que expresa la racionalidad de la guerra basada en datos.

Cuando se desplegó en Irán, este poder algorítmico-informativo, concentrado principalmente en Estados Unidos y sus aliados, generó una gran incertidumbre, arrastrando a varios países a un nuevo conflicto cuyas dimensiones y repercusiones aún están por definirse. Sin embargo, ya se vislumbra que sus efectos trascienden el ámbito geopolítico inmediato y la escala geográfica de Oriente Medio.

Estos efectos tienden, por ejemplo, a impactar la dinámica de la «Gran Inflación» que, al menos desde la pandemia de COVID-19, ha estado ejerciendo presión sobre los precios a nivel mundial. También es posible que modifiquen el panorama de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, previstas para la segunda mitad de 2026. Aun así, nos encontramos apenas en el umbral de un proceso conflictivo cuyas transformaciones más importantes permanecen, por ahora, inciertas. Lo que sí es seguro, cabe reiterar, es que estamos presenciando cambios disruptivos en la forma en que se libra la guerra.

Estas transformaciones en el «arte de la guerra» no pueden entenderse simplemente como un salto tecnológico. Como ya se ha mencionado, expresan una reconfiguración estructural del poder militar, que ahora se basa en infraestructuras digitales monopolizadas por unos pocos Estados y grandes corporaciones. Si bien existen precedentes, se trata de un cambio histórico que vincula cada vez más las capacidades militares, la arquitectura de la información y los circuitos financieros globales. Finalmente detrás del aparataje siniestro hay criminales bastardos obsesionados con las malditas guerras imperialistas...

Pero este proceso no surgió espontáneamente. Fue posible gracias a una reorientación masiva de capital desde la crisis de 2007-2008, cuando las políticas monetarias expansivas, impulsadas principalmente por los bancos centrales de los países desarrollados, fomentaron el crecimiento y la expansión de las empresas tecnológicas. Fue en este entorno de abundante liquidez y financiarización donde se estableció la base material del actual poder algorítmico-informativo. Como resultado, empresas como Palantir Technologies, Google, Amazon y Microsoft ya no pueden considerarse meros proveedores de servicios. Hoy en día, constituyen la columna vertebral del complejo militar-industrial basado en datos.

Sin embargo, todo esto conlleva contradicciones. La disputa entre Anthropic y el Pentágono, que llegó a la portada de la revista Time , es sintomática. Revela un choque entre, por un lado, los intentos, aunque limitados, de imponer salvaguardias éticas al uso militar de los sistemas de IA y, por otro, la presión estatal para que se relajen en nombre de la «seguridad nacional».

Gestión algorítmica de la muerte: la dimensión antropológica de la maldita guerra basada en datos

La maldita guerra basada en datos revela también una profunda mutación antropológica. A la luz de los argumentos de Grégoire Chamayou en su ensayo « Teoría de los drones », se puede afirmar que la conversión del enemigo en una «firma de datos» constituye el núcleo de esta transformación. Ya no se trata de enfrentarse a un adversario identificado en el campo de batalla, sino de rastrear y neutralizar perfiles construidos a partir de correlaciones algorítmicas; lo que el autor describe como un cambio del combate a la lógica de la caza. En este marco, el objetivo deja de ser un sujeto concreto y se convierte en un patrón de comportamiento inferido a distancia, inscrito en flujos de datos y susceptible de eliminación remota, a menudo disociado de cualquier forma de reciprocidad o reconocimiento.

Por lo tanto, en este siniestro régimen terrorista la maldita guerra genocida/IAG, la muerte deja de ser un acto moralmente imputable y se convierte en un resultado técnico. En última instancia, cuando ocurre un error, como el bombardeo de objetivos civiles, ya no se trata de un crimen, sino de una falla del sistema o una imperfección corregible en la base de datos. Esta deshumanización se agrava por la asimetría absoluta entre ataque y riesgo. Como es sabido, el uso de drones, por ejemplo, y equipos similares reduce drásticamente las posibilidades de reciprocidad. La guerra deja de ser una confrontación y se asemeja a un proceso industrial de caza y eliminación.

Por lo tanto, la advertencia china debe interpretarse menos como una profecía distópica y más como un diagnóstico geopolítico. El «apocalipsis» no es un evento futuro repentino, sino un proceso en desarrollo: la naturalización de una forma de violencia cada vez más automatizada, opaca y deshumanizada. En resumen, si hay algo verdaderamente novedoso en la  maldita guerra basada en datos, no es solo su capacidad destructiva fundamentada en el análisis masivo de datos, sino su pretensión de eliminar el conflicto moral que históricamente ha acompañado el acto de matar/asesinar con fines militares.

La cuestión de la soberanía digital

Las implicaciones de este modelo para el sistema global de poder y acumulación de riqueza son igualmente radicales. La centralización de la infraestructura de datos en manos de grandes corporaciones, principalmente con sede en Estados Unidos y otros países centrales, genera una nueva forma histórica de dependencia. Como se argumenta en el manifiesto del Frente de Soberanía Digital , la concentración de las capacidades de almacenamiento, procesamiento y circulación de datos en plataformas privadas extranjeras compromete la autonomía tecnológica y política de los países periféricos, sometiéndolos a regímenes jurídicos extraterritoriales e intereses estratégicos que escapan al control democrático local.

Esta dinámica se hace aún más evidente al vincularla con el debate sobre las ciudades inteligentes y el urbanismo de plataformas. La urbanización contemporánea, intensamente mediada por sensores, plataformas y sistemas de gestión algorítmica, transforma la vida urbana en una fuente continua de extracción de datos. La movilidad, el consumo, la seguridad pública y los servicios básicos se organizan ahora mediante infraestructuras digitales operadas o proporcionadas con frecuencia por grandes corporaciones transnacionales. De este modo, el espacio urbano se convierte en un terreno privilegiado para capturar no solo valor, sino también información, reforzando la dependencia tecnológica y profundizando las asimetrías en el control de los datos que la población genera diariamente.

Por lo tanto, se puede concluir que fenómenos como la guerra digitalizada no indican la desaparición de las dinámicas del imperialismo y las relaciones de dependencia, sino más bien su reconfiguración sobre nuevas bases. Si bien el poder económico, la ocupación territorial y el control directo de los recursos naturales siguen siendo relevantes, estas dinámicas dejan de basarse exclusivamente en estos elementos y se estructuran decisivamente en la capacidad de dominar las infraestructuras digitales, gestionar los flujos de datos y construir arquitecturas algorítmicas que organizan el mundo contemporáneo.

Lo subrayado/interpolado es nuestro

viernes, 10 de abril de 2026

En Cuba se juega el futuro de la independencia y la libertad de nuestra América Latina y el Caribe, rompamos el bloqueo imperialista



En Cuba se juega el futuro de la independencia y la libertad de nuestra América Latina y el Caribe, rompamos el bloqueo imperialista

El canciller cubano valoró el envío de combustible de Rusia a la isla en medio del bloqueo energético estadounidense/yanqui.

Por: Olmedo Beluche

Lo que está pasando con Cuba es sumamente grave. Es el equivalente en Latinoamérica y el Caribe de lo que ha pasado en Gaza. En Cuba lo único que falta es que empiecen a caer las bombas. Al igual que en Gaza se intenta matar por hambre a un pueblo que ha decidido ser libre y no someterse
a la expoliación imperialista de Estados Unidos. El pecado del pueblo y el gobierno cubano es querer mantenerse libres e independientes, por eso se les cerca, se les bloquea y se les asfixia.

En Cuba se libra la batalla decisiva de la guerra por la libertad frente al colonialismo e imperialismo que, desde hace 200 años libran nuestros pueblos, en la que El Libertador, Simón Bolívar Palacios y Blanco, nos mostró el camino de unidad e independencia en el Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826. Nuestra América independiente por la que lucharon el maestro libertario José Martí Pérez, San Martin, O’Higgins, Manuela Sáenz, el comandante Guevara de la Serna y tantos otros y otras. Unidad y libertad que han saboteado sistemáticamente las oligarquías empresariales y su testaferra las burguesías criollas sometiéndonos a la dominación neocolonial y a la expoliación imperialista de Estados Unidos a través del supuesto “panamericanismo” tutelado desde el norte, hoy renombrado como “Escudo de latón de las satrapías de las Américas” ...

Hoy, como lo hicieron en la década de los 60, los más abyectos régimen latinoamericanos y del Caribe, se suman a la agresión imperialista dirigida por Trump y Rubio, con “rupturas’ de relaciones diplomáticas, como lo han hecho los repugnantes régimen de Ecuador y Costa Rica.

Los gobiernos que aún se hacen llamar “progresistas”, como los de México, Colombia y Brasil, aunque hayan enviado ayuda humanitaria básica a Cuba, aún es insuficiente, se requiere un apoyo estratégico para solventar las carencias que ponen en peligro la vida del Pueblo Cubano. Estos tres gobiernos deben ser solidarios en los hechos y romper el bloqueo petrolero, enviando tanqueros.
Si les van a imponer aranceles en castigo, pues que asuman el sacrificio necesario, ya que, si hoy cae Cuba, está claro que dichos gobiernos podrán ser los próximos y caerían mañana.

El silencio cómplice de los gobiernos y partidos políticos latinoamericanos y caribeños servirá de poco. La agresión militar contra Venezuela, la ruptura completa con el “derecho internacional’ al secuestrar a su presidente legítimo, Nicolás Maduro, y a la diputada Cilia Flores, envalentonó a Donald Trump y a Marco Rubio para lanzar su intento de “asalto final” a Cuba. Si logran esto, sin
responder debidamente, mañana invadirán México con la excusa del narcotráfico, o intervendrán en las elecciones colombianas y brasileñas para apoyar a sus títeres.

No es válida ni decente la indiferencia, como hacen los regímenes árabes, y las llamadas “democracias” europeas, con el Pueblo de Gaza y su sumisión ante el Estado Genocida de Israel.

¡Viva Cuba independiente y libre! ¡Rompamos el bloqueo imperialista!

¡Que los gobiernos de México, Colombia y Brasil envíen petróleo a Cuba!

Las egidas del imperialismo estadounidense/yanqui: La cúpula dorada de propiedad privada del convicto emperador Trump, el escudo/de latón de las satrapías de las Américas...

Gobierno de Rusia reafirma diálogo permanente con Cuba

El envío ruso representa el primer cargamento de crudo que recibe Cuba en tres meses, luego de que las presiones del régimen estadounidense obligaran a otros países/sátrapas de la región a suspender el suministro.

Peskov señaló que Rusia considera que es su deber involucrarse activamente y brindar la ayuda necesaria/solidaria al Pueblo Cubano.

El portavoz del soberano ruso, Dmitri Peskov, ratificó este martes 31 de marzo que Moscú mantiene un contacto constante y operativo con las autoridades de Cuba. Esta declaración de respaldo ocurre tras el arribo del buque Anatoli Kolodkin al puerto de Matanzas con 100.000 toneladas de petróleo ruso como ayuda solidaria humanitaria.

El vocero destacó que la isla enfrenta un bloqueo severísimo por parte de Estados Unidos y requiere de estos suministros para garantizar el funcionamiento de los sistemas de soporte vital, la generación de electricidad y la prestación de servicios médicos esenciales para la población.

El Kremlin enfatizó que considera un deber involucrarse activamente para brindar la ayuda necesaria al Pueblo Cubano ante el incremento de la presión económica estadounidense. 

Moscú ha reiterado en diversas ocasiones, su compromiso de apoyo frente a la compleja situación energética que atraviesa la nación caribeña, agravada por las medidas coercitivas unilaterales impuestas desde la Casa Blanca para asfixiar la economía de la isla.

La tensión escaló luego de que el convicto presidente Donald Trump firmara una orden ejecutiva declarando a Cuba como una «emergencia nacional» y una supuesta amenaza para la seguridad de Estados Unidos. Bajo este argumento, el régimen estadounidense impuso aranceles a los países que vendan petróleo a la nación antillana y amenazó con represalias a quienes desafíen la orden. 

Por su parte, el Gobierno cubano rechazó estas acusaciones, calificando las medidas de fascistas y genocidas, mientras reafirmó su determinación de defender la integridad territorial frente a un bloqueo comercial que se ha extendido por más de seis décadas y que ahora se refuerza con nuevas agresiones imperiales.

El envío ruso representa el primer cargamento de crudo que recibe Cuba en tres meses, luego de que las presiones de Washington obligaran a otros países de la región a suspender el suministro desde el pasado 9 de enero. 

La Dra. presidenta Claudia Sheinbaum Pardo defiende a médicos cubanos

La mandataria mexicana defendió el convenio que su país mantiene con Cuba para la prestación de asistencia por parte de médicos de dicho país.

Señaló que no claudicará ante las presiones del régimen estadounidense para que cese dicho acuerdo, indicando que la presencia de los facultativos isleños es de mucha ayuda y que ya lo observaron durante la pandemia del Covid. Además, recalcó que están dispuestos ir a lugares apartados a los que los médicos mexicanos no desean acudir como Baja California.

Igualmente, la Dra. Sheinbaum sostuvo que su gobierno va a continuar enviando ayuda humanitaria a Cuba, ya que es parte del histórico humanismo mexicano.