viernes, 10 de julio de 2026

El Sur no puede decir no. Eso se llama dominación, no desarrollo..



El Sur no puede decir no. Eso se llama dominación, no desarrollo...


Al saqueo de las riquezas naturales de los Pueblos del sur”...


Por Tommaso Biagi /escritor y analista internacional...

En 2023, el régimen argentino firmó contratos de extracción de litio con empresas multinacionales por valor de miles de millones de dólares. En Chile, el cobre sigue saliendo a un ritmo que ningún régimen ha logrado frenar. En Venezuela, el petróleo financia un Estado que no puede permitirse no financiarlo. En la República Democrática del Congo, el cobalto que alimenta las baterías de los coches eléctricos europeos se extrae en condiciones que ningún país europeo toleraría dentro de sus fronteras.

La narrativa dominante llama a todo esto desarrollo. Los países del Sur global tienen recursos naturales. Los mercados internacionales los necesitan. El intercambio es voluntario. Todos ganan.

Esta narrativa es falsa. Y la razón por la que es falsa no es simplemente que los términos del intercambio sean injustos — aunque lo son. Es que el intercambio no es voluntario. Los países del Sur global no pueden permitirse decir no. Y cuando no puedes permitirte decir no, no estás participando en un intercambio libre. Estás obedeciendo una estructura de poder.

Raúl Prebisch lo llamó deterioro de los términos de intercambio. Ruy Mauro Marini lo llamó superexplotación. Eduardo Galeano lo llamó las venas abiertas. Lo que estos autores identificaron con instrumentos distintos es la misma realidad: la inserción de América Latina en el mercado mundial no ha sido un intercambio entre iguales sino una relación estructural de extracción. Lo que este artículo propone es una forma más precisa de nombrar el mecanismo que la hace posible.

La prueba del rechazo aplicada a los Estados

Existe una forma de identificar la dominación que funciona tanto para las personas como para los estados. La llamamos la prueba del rechazo: una relación es libre si la parte más débil puede negarse sin consecuencias catastróficas. Una relación es de dominación si el rechazo significa perder algo esencial para la supervivencia.

Apliquemos esta prueba a Argentina y el litio.

¿Puede Argentina negarse a extraer litio y venderlo al mercado internacional? Formalmente, sí. Tiene soberanía sobre sus recursos naturales. Ninguna empresa extranjera la obliga con amenazas explícitas.

Pero ¿qué le cuesta decir no?

Argentina tiene una deuda externa de más de 400.000 millones de dólares. Sus reservas en divisas son crónicamente insuficientes. El FMI supervisa su política macroeconómica. Los mercados financieros internacionales determinan el costo de su financiamiento. En este contexto, negarse a extraer y exportar litio no es una decisión soberana libre — es una decisión que puede desencadenar una crisis de balanza de pagos, una fuga de capitales, una nueva ronda de negociaciones con el FMI bajo condiciones aún más restrictivas.

El costo del rechazo es catastrófico. Por lo tanto, Argentina no puede realmente decir no. Y eso significa que la relación entre Argentina y los mercados internacionales de litio no es un intercambio libre. Es dominación estructural. ¿Y la soberanía de Argentina?

Lo que la teoría de la dependencia identificó como estructura, el concepto de comando estructural permite nombrarlo como mecanismo: no es solo que los términos sean desfavorables, es que la arquitectura de la dependencia hace que el rechazo sea sistemáticamente imposible para la parte más débil.

Cómo funciona el comando estructural a escala global

El concepto de comando estructural — el control ejercido no a través de la coerción explícita sino a través de la arquitectura de las alternativas disponibles — funciona con idéntica lógica a escala estatal e internacional.

Un trabajador de plataforma no puede negarse a trabajar bajo las condiciones de Glovo porque hacerlo significa no pagar el alquiler. Un país del Sur global no puede negarse a exportar sus recursos naturales porque hacerlo significa no pagar la deuda, no importar los bienes que no produce, no mantener el tipo de cambio, no acceder a los mercados financieros internacionales.

En ambos casos, nadie apunta con una pistola. En ambos casos, la estructura construye una situación en la que el rechazo equivale al colapso. En ambos casos, la obediencia no es consenso — es el resultado previsible de una arquitectura de dependencia.

Esta arquitectura tiene un nombre en la literatura económica crítica: extractivismo saqueo de las riquezas naturales. Pero el extractivismo se describe habitualmente como un modelo económico — una forma de inserción en el mercado mundial basada en la exportación de materias primas. Lo que raramente se nombra con precisión es su dimensión política: el extractivismo no es simplemente una opción económica subóptima. Es la forma que toma el comando estructural cuando se aplica a estados soberanos en el sistema capitalista determinista global...

La trampa de la deuda como mecanismo de comando

Para entender cómo funciona este comando estructural en la práctica, es necesario analizar el mecanismo central que lo hace posible: la deuda.

La deuda externa no es simplemente un problema financiero. Es una tecnología de gobierno. Funciona de la siguiente manera.

Un país del Sur global necesita divisas para importar bienes que no produce internamente — maquinaria, combustibles, medicamentos, tecnología. Para obtener esas divisas, necesita exportar. Para exportar en cantidades suficientes con la estructura productiva que tiene, necesita exportar materias primas. Para desarrollar la capacidad de exportar otras cosas, necesita inversión. Para obtener inversión, necesita acceso a los mercados financieros internacionales. Para mantener ese acceso, necesita cumplir con los criterios de los inversores y de las instituciones financieras internacionales. Esos criterios incluyen invariablemente la apertura a la inversión extranjera directa en el sector extractivo, la garantía de estabilidad jurídica para las empresas multinacionales y la prioridad del servicio de la deuda sobre el gasto social.

El círculo se cierra: para salir del extractivismo, necesitas inversión y divisas; para obtener inversión y divisas, necesitas seguir con el extractivismo. La trampa no es accidental. Es el producto de décadas de políticas deliberadas del FMI, del Banco Mundial y de los países acreedores que han configurado el sistema financiero internacional de manera que hace que el costo del rechazo sea sistemáticamente catastrófico para los países más vulnerables.

Argentina fue progresivamente integrada en una arquitectura que hace extremadamente costosas las alternativas al extractivismo. No es una tragedia natural — es una construcción política que tiene responsables precisos y que puede, en principio, ser deshecha.

El litio como caso paradigmático

El litio argentino — parte del llamado Triángulo del Litio junto con Bolivia y Chile — ilustra con particular claridad esta dinámica.

La demanda global de litio se ha disparado con la transición energética. Los coches eléctricos, las baterías de almacenamiento, los paneles solares: todo esto requiere litio en cantidades crecientes. Europa y Estados Unidos han declarado el litio recurso estratégico crítico. Las empresas multinacionales — europeas, estadounidenses, chinas, australianas — compiten por acceder a los yacimientos del Triángulo del Litio.

Desde la perspectiva de los países productores, esto debería ser una oportunidad. Tienen el recurso que el mundo necesita. Deberían poder negociar en condiciones favorables.

Pero la realidad es diferente. Argentina, Chile y Bolivia negocian desde posiciones estructuralmente débiles. Argentina lo hace con una deuda externa descomunal y bajo supervisión del FMI. Chile lo hace con una constitución que garantiza la propiedad privada de los recursos hídricos necesarios para la extracción. Bolivia, que intentó con Evo Morales una política más soberana de nacionalización y procesamiento interno del litio, enfrentó presiones internacionales, inestabilidad política y dificultades de acceso a los mercados.

El resultado es que los países del Triángulo del Litio exportan fundamentalmente carbonato de litio — el mineral procesado en su forma más básica — a precios determinados por mercados que no controlan, para que sea transformado en baterías y productos de alto valor añadido en Europa, Estados Unidos, Japón y China. El valor se extrae. La contaminación queda. Los salarios pagados son una fracción del valor generado. Y la dependencia estructural se reproduce.

Bajo Milei, Argentina ha profundizado esta lógica. La desregulación del sector extractivo, la eliminación de requisitos de procesamiento local, la apertura irrestricta a la inversión extranjera: todo esto se presenta como libertad económica. Es, en realidad, la consolidación del comando estructural — la construcción deliberada de una arquitectura en la que Argentina tiene cada vez menos capacidad de decir no a las condiciones que los mercados internacionales le imponen. Prebisch habría reconocido el mecanismo. Solo ha cambiado el vocabulario con que se lo justifica.

Por qué la soberanía formal no es soberanía real

Uno de los argumentos más frecuentes contra este análisis es el de la soberanía formal: los países del Sur global son Estados soberanos, tienen constituciones, tienen gobiernos elegidos democráticamente, pueden tomar sus propias decisiones.

Este argumento confunde la soberanía formal con la soberanía real, exactamente de la misma manera que el liberalismo confunde la libertad formal con la libertad real.

Un trabajador es formalmente libre de negarse a firmar un contrato de trabajo en condiciones abusivas. Pero si negarse significa no comer, su libertad formal no es libertad real. Del mismo modo, Argentina es formalmente soberana para decidir su política extractiva. Pero si ejercer esa soberanía significa desencadenar una crisis financiera que destruye el nivel de vida de millones de personas, su soberanía formal no es soberanía real.

Vidorria que impone el sistema capitalista determinista

La soberanía real requiere la capacidad material de ejercer opciones reales. Y esa capacidad requiere, a escala estatal, lo mismo que a escala individual: que el costo del rechazo no sea catastrófico. Que decir no a los términos que ofrece el mercado internacional no equivalga al colapso económico.

Construir esa capacidad es el proyecto político central de cualquier izquierda que tome en serio la libertad como algo más que una fórmula retórica.

Lo que la transición energética revela

Hay algo particularmente revelador en el hecho de que esta dinámica se haya intensificado precisamente en el contexto de la transición energética.

El discurso dominante sobre la transición energética la presenta como una oportunidad para los países del Sur global: tienen los recursos que el mundo necesita para descarbonizarse, y esto les da poder de negociación. El litio argentino, el cobalto congoleño, el cobre chileno son los nuevos recursos estratégicos de la economía verde.

Pero lo que estamos viendo en la práctica es lo contrario: la transición energética está reproduciendo y en algunos casos intensificando las estructuras extractivistas existentes, con una nueva justificación ideológica. Antes se extraían combustibles fósiles en nombre del desarrollo. Ahora se extraen minerales críticos en nombre de la sostenibilidad. El mecanismo de dominación es idéntico. Solo ha cambiado el relato que lo legitima.

Una transición energética genuinamente justa requeriría algo radicalmente diferente: tecnologías diseñadas para minimizar la dependencia de recursos concentrados geográficamente, inversión en capacidades productivas locales en los países extractores, cancelación de las deudas que hacen que el rechazo sea catastrófico, y una arquitectura financiera internacional que no convierta la dependencia en condición permanente de acceso a los mercados.

Nada de esto está en la agenda de la transición energética tal como está siendo implementada. Lo que está en esa agenda es la misma arquitectura de dependencia con un barniz verde.

La misma lógica, la misma respuesta

El comando estructural que impide a un trabajador de plataforma decir no a Glovo y el que impide a Argentina decir no a los mercados internacionales de litio son manifestaciones de la misma lógica: el control ejercido a través de la arquitectura de las alternativas, el poder producido por la imposibilidad de sobrevivir al rechazo.

La respuesta, en ambos casos, tiene la misma estructura: construir las condiciones materiales que hagan que el rechazo sea sobrevivible. Para el trabajador: renta incondicional, vivienda garantizada, acceso a la salud independiente del empleo. Para los estados del Sur global: cancelación de deuda, acceso a financiamiento no condicional, transferencia de tecnología, arquitecturas comerciales que no hagan del extractivismo la única opción viable

Estas no son demandas utópicas. Son las condiciones mínimas sin las cuales la soberanía — tanto individual como estatal — no es más que una ficción jurídica que cubre una estructura de obediencia.

Lo que Prebisch, Cardoso y Marini, Eduardo Galeano, las Venas Abiertas, identificaron como estructura sistémica, el concepto de comando estructural permite nombrarlo como mecanismo operativo preciso: no basta describir que el intercambio es desigual, hay que identificar exactamente cómo la arquitectura de la dependencia del sistema capitalista determinista hace que el rechazo sea imposible — y qué se necesita construir para que deje de serlo.

El Sur no puede decir no, mientras sobreviva en el sistema capitalista determinista globalizado. Mientras eso sea verdad, hablar de desarrollo es hablar de dominación con otro nombre.

Lo subrayado/interpolado es nuestro.

Estados Unidos y la carroña mediática se ceban en Venezuela.



Estados Unidos y la carroña mediática se ceban en Venezuela.


Por Sergio Rodríguez Gelfenstein/escritor, historiador y analista internacional/ADDHEE.ONG:


No aporto nada nuevo si digo que el 3 de enero de 2026 marcó un punto de inflexión en la historia de Venezuela. El problema surge de las diferentes interpretaciones que de ese acontecimiento se han estado haciendo. Y ahora, casi seis meses después, otro hecho estremecedor impacta la vida de los venezolanos. En uno y otro, la muerte ha visitado el hogar de decenas de ciudadanos.

Una de las diferencias más notables es que antes del 3 de enero, la responsabilidad de la gestión del país era ejercida por el gobierno constitucional de Venezuela, mientras que Estados Unidos ponía todo su potencial económico, militar, financiero, científico, político y diplomático en función de destruir al Estado venezolano para apropiarse de sus riquezas.

Pero, ahora, una vez consumado el 3 de enero e instalado un protectorado de carácter irregular en el país, según la definición de Charles Rousseau en su libro “Derecho Internacional Público”  que establece que este status “implica una distribución de competencias entre los dos Estados interesados”, esa situación ha cambiado. En esa medida, tras el terremoto del 24 de junio, el gobierno venezolano se abocó de inmediato a actuar -acorde sus capacidades- para hacer frente al terrible designio de la naturaleza.

Pero la otra parte no ha cumplido su función. En primera instancia, no fue capaz de evitar que todo el mundo se volcara caótica y desordenadamente a La Guaira a partir de un sentimiento noble, propio del Pueblo Venezolano. Al contario, sus instrumentos comunicacionales y sus redes -en Venezuela y el extranjero- fomentaron ese caos. El gobierno actuando con celeridad y orden tomó medidas inmediatas: estableció un centro de registro y control unificado en el Poliedro de Caracas para organizar a los voluntarios y vehículos de asistencia humanitaria, militarizó el estado La Guaira para facilitar las operaciones de rescate y despejó las vías para facilitar la llegada de la ayuda.

De esta manera, mostró una capacidad operativa en el terreno que la potencia “protectora” no tiene. Así, se fueron generando condiciones para desplegar la natural e intrínseca solidaridad del Pueblo Venezolano que se ha multiplicado como nunca y como siempre.

Contrario a lo que los buitres de la comunicación se han encargado de decir no faltan insumos en los hospitales que se abastecieron de inmediato con las reservas que se tienen para estas contingencias. El Dr. Mauro Herrera, cardiólogo y jefe del servicio de hemodinamia del Hospital José M. Vargas de Caracas me refirió que “estamos trabajando bastante y afortunadamente no tenemos problemas de insumos que es lo más importante”. En este marco se activaron todos los centros de salud pública para atender a la población afectada a nivel nacional con especial énfasis en los estados con mayor incidencia. Así mismo, se firmó un convenio entre el Estado y la Asociación de Clínicas Privadas de la región Capital para labores de triaje, evaluación y hospitalización de víctimas del sismo, a cargo de estas instituciones privadas mientras el Estado asume los costos de los tratamientos.

Estados Unidos no ha hecho nada de esto porque no tiene capacidad. Mientras las instituciones están trabajando sin reflectores, los “pollitos” de Washington propician y general el caos a través de influencers y tiktokeros que tratan de ir a La Guaira a sacarse fotos como el funcionario de una empresa privada holandesa que se le escucha decir “sácame la foto” mientras entrega UNA botella de agua. Es el gobierno nacional el que tiene capacidad de control y manejo de la situación , lo cual es un dato importante para enfrentar y resolver la contingencia pero también para tener presente en las luchas futuras que sobrevendrán cuando se creen las condiciones propicias para sacudirse el protectorado.

La fuerza de la naturaleza manifestada esta vez como un hecho inédito de dos sismos casi simultáneos que han golpeado con fuerza al país y han puesto a prueba su sistema defensivo territorial a partir de la acción mancomunada de la fuerza armada, la policía, la milicia y las organizaciones populares, comunales y sociales de base a través de las Regiones y Zonas de Defensa Integral que se han movilizado para dar respuesta al desastre.

Se ha hecho evidente que Estados Unidos, la potencia protectora solo vino a robar los recursos de Venezuela. Así lo ha hecho saber su presidente: “Están ganando más dinero del que jamás hayan ganado, nunca han ganado el dinero que están ganando ahora. Aparte del terremoto, la gente está feliz bailando en las calles”. No se puede pedir más a un pedófilo, administrador de prostíbulos y asesino de niños.

El cálculo de los daños estimados por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) asciende a $6.700 millones de dólares aunque la institución advierte que el costo total de una catástrofe suele calcularse entre 1,5 y 3 veces el valor de los daños directos

Al día de hoy, 1° de julio la información oficial señala que la cifra de fallecidos es de 2.295 y se cuentan para el momento 11.267 heridos. Otras 12.841 personas damnificadas. También se informó que 855 edificios presentan daños, de los cuales 189 sufrieron un colapso total y 666 registran colapso parcial o afectaciones estructurales graves. 

Trump ha prometido 300 millones de dólares para Venezuela. Eso, además de los 500 millones que han entregado desde enero representan solo el 10% de lo que se han robado desde comienzos de año, lo cual se suma a una cifra que varía entre 4.000 y 22.000 millones de dólares de activos venezolanos retenidos o incautados en el exterior dependiendo del tipo de contabilidad que se haga, incluyendo en ello los fondos bloqueados por sanciones.

También se ha sabido que Trump envió 900 militares, pero de ellos solo 300 son rescatistas. Así mismo llegaron a Venezuela dos barcos de guerra: el USS Fort Lauderdale y el USS Billings, dotados de gran poder de fuego pero sin ninguna capacidad de enfrentar desastres de la naturaleza del que ha afectado a Venezuela. Nadie ha visto a los rescatistas estadounidenses, su única manifestación pública fue para entorpecer las acciones de los que si están trabajando, lo cual obligó a la intervención directa del ministro del interior Diosdado Cabello. En realidad la acción intervencionista de Estados Unidos se vincula al esfuerzo de apropiación y control del aeropuerto Simón Bolívar y el puerto de La Guaira.

Paralelamente, han hecho efectiva la presencia de la 82ava. División Aerotransportada que junto a la 101 División configuran la principal fuerza intervencionista de Estados Unidos en el mundo y cuyo historial evidencia que han actuado militarmente en República Dominicana, Honduras, Panamá y Haití además de Vietnam, Afganistán, Irak, Bosnia y Kosovo entre otros países, ninguno de los cuales recibió ayuda humanitaria sino plomo y metralla. Su única experiencia en el manejo de desastres en sus 109 años de existencia fue en Florida durante el huracán Andrew en 1992 y en 2005 después del huracán Katrina en Nueva Orleans, es decir que es la primera vez que sale formalmente del territorio de Estados Unidos a una misión distinta de una invasión a otro país, lo cual cuando menos, es sospechoso, dados sus antecedentes.

Por otro lado, se supo que arribó a Venezuela un “cuerpo de rescate” israelí que debería ser expulsado inmediatamente del territorio nacional si el gobierno tuviera potestad para hacerlo. Nadie puede suponer que los que transformaron Gaza en una ciudad bajo escombros por la fuerza de sus bombas y que han asesinado más de 30 mil niños palestinos, libaneses e iraníes tengan interés en salvar niños venezolanos y ayudar a recuperar al país. Esos malditos asesinos sionistas no deben ser bienvenidos en Venezuela porque no vienen a nada bueno.

En otro ámbito, como es natural a la condición humana, mientras una gran masa se dedica a construir, otros se proponen destruir el trabajo de la mayoría. Una red de medios de engaño masivo (como los definió el presidente Putin) cuales carroñeros que se alimentan de la putrefacción, mienten impúdicamente sobre el desastre de Venezuela solo para aumentar las ventas de publicidad.

Es notorio como el periódico fascista español ABC propagandista de la dictadura de Franco y adulador extremo del propio Hitler pretenden señalar la razón y la verdad. Mientras tanto, el “liberal“ New York Times se tiñe de amarillo para desinformar. Está acostumbrado a eso. No importa cuál sea la orientación política del gobierno: el 2 de septiembre de 2005 después de Katrina titularon “Críticas a Bush por su respuesta a la tormenta” y el 12 de marzo de 2012: “Los críticos sostienen que el desastre en Japón era inevitable”. Estos sabelotodo, que se ponen por encima de la humanidad y cuya única preocupación es ganar dinero a partir del sufrimiento humano, son parte de la basura mediática moderna y de la lacra perniciosa que se propone contaminar las mentes de las personas para después dominarlas.

La verdad está en los hechos. Los venezolanos tenemos presente las palabras de nuestro Libertador Simón Bolívar Palacios y Blanco tras el terremoto del 26 de marzo de 1812 que destruyó toda la Guaira y buena parte de la Caracas de entonces. Ese día, tras recorrer los escombros en el centro de la ciudad, Bolivar dijo: “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”, aún si -como dicen algunos- en este caso, la acción de la naturaleza estuvo motivada en el desarrollo del programa de investigación High-Frequency Active Auroral Research Program (HAARP) de las fuerzas armadas de Estados Unidos, cuyo objetivo es provocar sequías, huracanes, inundaciones y terremotos como nueva arma de destrucción masiva a ser utilizada por la política intervencionista de Estados Unidos en el mundo.

Lo subrayado/interpolado es nuestro.

La «desmaradoniación» es una estrategia de fútbol-mercancía/peloteo del sistema capitalista determinista globalizado…




La «desmaradoniación» es una estrategia de fútbol-mercancía/peloteo del sistema capitalista determinista globalizado

Por Prof. Vìctor Ego Ducrot/ académico, escritor y analista internacional/ADDHEE.ONG:

“Desmaradonización” es la operación simbólica de cierta complejidad mediante la cual las voces que responden al meganegocio del fútbol/el peloteo, convertido en mercancía absoluta – hasta las tribunas y los televidentes lo son – buscan convertir a D10S sólo en memoria cristalizada, despojada de su poder como fuerza creadora...

En Argentina se registran dos procesos similares en distintos ámbitos pero de consecuencias afines. El de “desmalvinización” para bloquear lo que pueda sobrevivir aunque sea como cenizas de alguna pulsión colectiva de antiimperialismo. Y el que se propone por todos los medios deslegitimar y paralizar los principios de acción por “Memoria, Verdad y Justicia”.

Maradona. Dios en Nápoles también

La “desmaradonización” va en ese mismo sentido de la ultra derecha obstinada pero contiene un propósito específico. El fútbol/el peloteo – mercancía absoluta requiere de ídolos pasteurizados masificados, comparsas del poder real y hasta tribunas y que sean parte del espectáculo pero más allá del partido, también vendibles; que ya no sean espectadores activos, hinchas del fútbol en sí; y para eso la funcionalidad de los estadios de este Mundial, convertidos en arquitecturas del Super Bowl, como gigantografías para el boxeo en La Vegas...

Y Maradona es lo contrario: barro, barriadas pobres, gloria y rebeldía, incorrecciones, contradicciones y “mala vida”; el gran trazo a lo Caravaggio pero con sus botines y una pelota. Es amigo del zurdaje y su verba es quevediana por lo injuriosa; D10S no vende, molesta.

No sólo TyC Sports -la señal argentina que transmite los partidos del Mundial- está trabajando en “matar” a Maradona, pero es el más obvio de los canales de la TV deportiva local y tiene a dos de las voces más insistentes en esa mísera tarea, la del relator Hernán Feler y la del comentarista con vanos aires de pensador, Juan Pablo Varsky; y no es casual, ambos son emblemáticos defensores de Israel y sus políticas genocidas contra el Pueblo Palestino...

Y ahí están vociferando, lanzando arengas disfrazadas, encubiertas, para proclamar al nuevo rey made in USA/Miami, Messi, como el más grande de todos los deportistas de la historia…¡Hay que matar a Maradona!…

Sucede que la ultra derecha/chovinista más reaccionaria es una suerte de movimiento circular y envolvente a la hora de operar en el plano simbólico y entendieron, como Henry Kissinger lo vislumbró en los ’70, que fútbol convertido por fin en mercancía absoluta puede ser un arma de “destrucción masiva”...

Lo subrayado/interpolado es nuestro

 

viernes, 3 de julio de 2026

Visita de Peter Thiel y registro de vándalos de los servicios de inteligencia/ estadounidense/ Pentágono...



La embestida sudamericana del Imperio estadounidense en el contexto del escudo de las Américas...

Visita de Peter Thiel y registro de vándalos  de los servicios de inteligencia/ estadounidense/ Pentágono...

El objetivo es la mantención del control total de la región asegurando la expansión hacia el continente antártico.

La idea de confeccionar un registro de vándalos no es una iniciativa de Kast, sino de los servicios de inteligencia estadounidenses. Cuando Donald Trump afirma que el espacio geopolítico de influencia de su país es el hemisferio occidental, se refiere a la macroregión que se extiende desde el Ártico hasta la Antártida, es decir, Sudamérica y el continente antártico, constituyendo un área estratégica en el escenario mundial. De ahí la importancia del control que Estados Unidos busca mantener en la región.

En tal contexto, la visita de Peter Thiel, líder de Palantir Technologies, una compañía de análisis de datos e inteligencia al servicio del Pentágono, es parte del montaje de una red de control mediante herramientas informáticas. Paraguay sería el futuro centro neurálgico del dispositivo de ocupación; sin embargo, el control se extendería a todos los países de la región. En Chile, Thiel se reunió "privadamente" con José Kast. Coincidentemente, pocos días después se actualizó la base de datos del denominado "registro de vándalos", obviamente, una ley que se inserta en el plan del Comando Sur. A ello se agregaría el uso intensivo de inteligencia artificial genocida en seguridad pública y dominio del ecosistema digital. Las Fuerzas Armadas quedarían excluidas de todo control,  como corresponde en una satrapía del imperio estadounidense. De esta forma, los datos de todos los chilenos quedarían "resguardados" por una red de información estadounidense.

Tan siniestro plan explicaría la reserva de Kast en su reunión con Thiel, pero lo que no puede decir es en qué acordaron el modo en que el país se incorporará, subordinadamente, a la extensa red de registros de Washington en sudamerica, dispositivo del que será muy difícil salir... ¿y la soberanía chilensis?

La visita de Peter Thiel, líder gay de una de las mayores procesadoras de daos del mundo y que trabaja estrechamente con la inteligencia de los Estados Unidos, significa que toda la información del país, entre ella el “registro de vándalos”, estará a disposición del Pentágono: ¿y la soberanía chilensis?, durante la dictadura cívico militar, la seuda soberanía estaba radicada en la fuerzas armadas jamás vencidas...

El Waterloo del emperador Donald Trump...

 



El Waterloo del emperador Donald Trump...

Por Prof. Juan Torres López/académico, escritor, analista internacional/Sur Andino/ADDHEE.ONG:

En el destino de los imperios siempre actúan así: cuanto más inseguros están de su poder real, más necesitan monumentalizarlo, mientras que las potencias en fase de apogeo genuino no necesitan nunca proclamarlo en piedra y oro. Lo demuestran y ejercen con hechos

No parece que Donald Trump sea muy aficionado a los libros de historia, así que no creo que sepa lo que le ocurrió a Napoleón en Waterloo. Si lo supiera no pararía de tener pesadillas con ello.

El economista Blair Fix publicó en mayo de 2026 un artículo que derrumba el mito del poderío militar estadounidense. Su título (traducido: El negocio de la maldita guerra y la mala medición del poder militar) lo dice casi todo: el ejército de Estados Unidos ha dejado de ser una máquina de ganar guerras porque se ha convertido en una de generar beneficios financieros. Y cuando Fix buscó un referente histórico para ilustrar ese tránsito, no eligió Vietnam ni Irak. Encontró a Napoleón.

La comparación no es caprichosa. Napoleón construyó el mayor aparato militar que Europa había conocido, lo financió con deuda y conquistas, y lo administró como un instrumento de poder personal más que como una herramienta al servicio de una estrategia sostenible. El resultado fue Waterloo: no sólo una derrota puntual, sino el colapso de un modelo que había confundido la apariencia del poder con su sustancia. Fix argumenta que Estados Unidos lleva décadas recorriendo ese mismo camino. Gasta cada año más, pero si se mide bien, su peso no es el aparente.

Según los cálculos de Fix, su poder adquisitivo global en términos relativos se sitúa ahora en tan solo el 4% de su máximo alcanzado durante la Segunda Guerra Mundial. Y lo más revelador: esa cifra monetaria probablemente sobreestima el poder militar real, porque una parte creciente de ese gasto no compra capacidad combativa, sino rentabilidad para los accionistas de los grandes contratistas de defensa. El economista Michael Hudson compara las armas que fabrica Estados Unidos con un Rolls-Royce: sirve para ir al trabajo, pero a un coste prohibitivo. Otros países, como ha puesto de manifiesto la reciente guerra en Irán, las fabrican más baratas y operativas -porque no buscan alimentar el negocio financiero- y con ellas pueden neutralizar o destruir sistemas de armamento estadounidenses enormemente más caros gastando mucho menos dinero.

Lo curioso del caso es que, aunque el análisis de Fix es original, brillante y riguroso, en realidad viene a confirmar lo que el propio presidente Trump reconoció en enero de 2026. En su Orden Ejecutiva 14372 para dar prioridad al personal militar en la contratación de defensa lo afirma sin matices: «Tras años de prioridades equivocadas, los contratistas de defensa tradicionales se han visto incentivados a priorizar la rentabilidad para los inversores por encima de las fuerzas armadas de la nación (…) Numerosos contratistas de gran tamaño, a la vez que incumplen sus contratos actuales, buscan contratos nuevos y más lucrativos, recompras de acciones y dividendos excesivos para los accionistas, a costa de la capacidad de producción, la innovación y la puntualidad en las entregas».

El arco del triunfo del emperador Trump

Y no deja de ser igualmente significativo que, mientras Fix publicaba su análisis, el emperador Trump mostraba los planos de un arco del triunfo de 75 metros de altura, el mayor del mundo, que piensa construir, coronado por una figura alada con antorcha y flanqueado por águilas y leones dorados, frente al Memorial Lincoln en Washington. Tal y como reconoció el propio Trump, a imagen y semejanza del Arc de Triomphe parisino encargado por Napoleón en 1806, en el momento de su máxima ilusión imperial.

Los imperios en su declive siempre actúan igual. Cuanto más inseguros están de su poder real, más necesitan monumentalizarlo, mientras que las potencias en fase de apogeo genuino no necesitan nunca proclamarlo en piedra y oro. Lo demuestran y ejercen con hechos.

El Waterloo del emperador Donald Trump

El presidente de Estados Unidos anunció y celebró el acuerdo preliminar de paz del pasado 14 de junio de 2026 con Irán como una gran victoria. Pero quien lo lea con mínimo detalle tiene que llegar a una conclusión diferente. Estados Unidos había exigido en marzo que Irán desmantelara sus tres principales instalaciones nucleares, pusiera fin al enriquecimiento de uranio en suelo iraní, suspendiera su programa de misiles balísticos y garantizara la reapertura total del Estrecho de Ormuz.

Lo que el memorándum firmado contiene es otra cosa: el programa nuclear no se desmantela; el uranio enriquecido existente se diluirá en suelo iraní bajo supervisión de la AIEA, y las actividades de enriquecimiento se discutirán en el marco del acuerdo final; Irán conserva sus instalaciones y el enriquecimiento se negocia, no se elimina; no hay mención alguna a los misiles; Estados Unidos se compromete a levantar todas las sanciones y a desarrollar un plan de reconstrucción económica para Irán valorado en al menos 300.000 millones de dólares, con todos los permisos y licencias necesarios para las transacciones financieras; Irán se compromete a garantizar el paso libre de buques comerciales sin cobrar tasas tan sólo durante 60 días; Estados Unidos no tendrá allí soberanía y acuerda retirar sus fuerzas de la proximidad de Irán en un plazo de 30 días tras la conclusión del acuerdo final. Y las dos guindas del pastel. Una, el punto 14 que establece que el acuerdo requiere aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU, lo que otorga a Moscú y Pekín veto efectivo sobre el resultado. La potencia que declaró la guerra unilateralmente necesita el aval de sus adversarios estratégicos para cerrarla. La otra perla, que Israel queda en fuera de juego, al no aparecer como actor determinante en la arquitectura final del acuerdo.

Lo que ha firmado Trump no es el acta de una victoria. En la práctica equivale al reconocimiento de una derrota negociada.

El fracaso militar de Estados Unidos en Irán no ha sido tan claro como la derrota de Napoleón en Waterloo. Y, obviamente, no supone su fin como potencia imperial, como Waterloo tampoco fue el fin inmediato del poder francés. Simplemente marcó el fin de su forma de ejercer el poder, la creencia de que la voluntad del líder y el tamaño de sus ejércitos bastan para torcer la historia.

Por eso es aceptable decir que Trump se enfrenta a su momento Waterloo. El memorándum del 14 de junio certifica que la potencia que fue a la guerra para demostrar su dominio absoluto la ha tenido que concluir pidiendo permiso al Consejo de Seguridad de unas Naciones Unidas con las que hace unos meses quería acabar a base de no contribuir a su financiación.

Es sabido que los imperios no respetan los acuerdos que firman en declive y Estados Unidos no será la excepción. Pero, de momento, lo ocurrido en Irán revela que Washington ya no dispone de la capacidad de imponer unilateralmente su voluntad como hizo durante décadas y que la conversión de su complejo militar-industrial en un negocio financiero está empezando a traducirse en límites geopolíticos visibles que pueden resultarle muy pronto demoledores.

Lo subrayado/interpolado es nuestro.



sábado, 27 de junio de 2026

Trump perdió la guerra, se firmó el acuerdo con Irán..

 

Trump perdió la guerra, se firmó el acuerdo con Irán...

Por Miguel Sorans/ Miembro de la dirección de Izquierda Socialista, de Argentina, y de la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores- Cuarta Internacional (UIT-CI)


Prolegómeno:

Una vez más, el imperialismo estadounidense/yanqui, gano la guerra en la tele basura, ayer en Vietnam el cine hollywoodense...

1.  Cese permanente e inmediato de las hostilidades en todos los frentes, incluido el Líbano;

2.  Compromiso de Estados Unidos de no injerencia en los asuntos internos de Irán y respeto a la soberanía de la República Islámica de Irán;

3.  Levantamiento completo del bloqueo naval en un plazo de 30 días;

4.  Compromiso de Estados Unidos de retirar sus fuerzas de las inmediaciones de Irán;

5.  Reapertura del estrecho de Ormuz en un plazo de 30 días con arreglos iraníes;

6.  Suspensión de las sanciones a la venta de petróleo, productos petroquímicos y derivados, y pleno acceso de Irán a sus recursos financieros;

7.  Necesidad de que Estados Unidos y sus aliados presenten planes de reconstrucción por un valor de al menos 300 mil millones de dólares;

8.  Sesenta días de negociaciones para alcanzar un acuerdo final basado en cuestiones nucleares y el levantamiento completo de las sanciones primarias y secundarias estadounidenses y de las resoluciones del Consejo de Seguridad y de la Junta de Gobernadores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA);

9.  Reiteración del compromiso de Irán, en virtud del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), de no producir armas nucleares;

10.  Durante el período de negociación, Estados Unidos se ha comprometido a no aumentar sus fuerzas en la región ni a imponer nuevas sanciones;

11.  Liberación de 24.000 millones de dólares en fondos de Irán congelados durante el período final de 60 días de negociaciones. La mitad de esta cantidad debe estar disponible para Irán antes del inicio de las negociaciones.

12.  Establecimiento de un mecanismo de seguimiento para la implementación del acuerdo.

13.  El acuerdo final será aprobado por una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU.

14.  Las negociaciones finales no comenzarán antes de la liberación de la mitad de los fondos congelados de Irán, la suspensión de las sanciones petroleras contra Irán y el levantamiento del bloqueo naval, y el acuerdo final solo incluirá el destino de los materiales enriquecidos y el enriquecimiento, el levantamiento de las sanciones y un plan para la reconstrucción económica de Irán. El debate sobre el programa de misiles de Irán y el apoyo a los grupos de resistencia se eliminará definitivamente de la agenda.

Trump ha anunciado al mundo que finalmente se firmó el “memorandum de acuerdo” con Irán para terminar la guerra con Irán, iniciada el 28 de febrero. Luego de que Trump lo anunciara por 39 veces sin que se cumpliera ahora el miércoles 17 se concretó.

En un acto simbólico realizado en el palacio de Versalles, Francia, y que contó con la presencia del presidente francés, Emmanuel Macron, el encargado de firmar el pacto por el lado de Estados Unidos fue Trump. Por su parte, el primer Ministro de Irán, Shehbaz Sharif lo suscribió en nombre de Irán mediante una firma electrónica.

El acuerdo de 14 puntos establece un “cese permanente e inmediato de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano”. También contempla la liberación de miles de millones de dólares en activos iraníes congelados en un plazo de 60 días en los que debe empezar la siguiente fase de negociación. La mitad de ese monto debería liberarse antes del inicio de las conversaciones.

El memorándum incluye la suspensión de las sanciones sobre la venta de petróleo iraní, de productos petroquímicos y sus derivados y el levantamiento del bloqueo naval impuesto por EE.UU. De parte de Irán debe abrir el estrecho de Ormuz, aunque trascendió que estará bajo su control. La cuestión nuclear se seguirá discutiendo.

El acuerdo es una derrota política y militar para EE.UU.

Aunque Trump ha querido presentar este acuerdo “de paz” como un triunfo personal y de los EE.UU. se trata de lo opuesto.

Trump inició de esta guerra de agresión, junto con el Estado genocida de Israel, el 28/2 anunciando que en pocas semanas estaba terminada, con el fin del régimen iraní, con la destrucción de sus fuerzas armadas, sus misiles y su energía nuclear. Trump llegó a amenazar a Irán con el “fin de su civilización” y que volverían a la Edad de Piedra” si no se rendían y abrían el ya famoso estrecho de Ormuz. Puso como fecha límite el 7 de abril. Irán se mantuvo firme y nada de las amenazas de Trump se cumplieron. El estrecho de Ormuz nunca se abrió y, desde entonces, Trump ni se atrevió a un tirar un cañonazo sobre territorio iraní. Y más de dos meses después Trump tiene que firmar un acuerdo con Irán que todo indica no le es favorable.

Esta definición de derrota política y militar no las decimos solo nosotros, desde la UIT-CI y como izquierda trotskista. La dijo nada más y nada menos que el The New York Times, uno de los principales, sino el más importante, diario capitalista de los EE.UU. En su edición del 16 de junio de 2026 título, en una nota firmada por su Comité Editorial, “El presidente Trump perdió esta guerra”. Vale la pena reproducir su descripción del significado de esa derrota de Trump:

Estados Unidos sale debilitado —militar, diplomática y económicamente— y pagará un alto precio estratégico en los próximos años” (…) Es una humillante degradación para él y para el país que dirige”. Desde que empezó la guerra, dijo que Estados Unidos lograría una “victoria total y completa” y que Irán debía aceptar una “rendición incondicional”. Insinuó que se produciría un cambio de régimen. Dijo que a Irán no se le permitiría “ningún enriquecimiento” de uranio y que “Estados Unidos, en colaboración con Irán, desenterraría y retiraría todo el material nuclear de grado casi militar” que ya posee y que está bajo tierra. Nada de esto parece ser cierto. El gobierno de línea dura de Irán sigue en el poder”.

Tres son las razones que explican esta nueva derrota del imperialismo yanqui: 1) la inesperada dura resistencia que ofreció Irán, 2) la guerra de agresión provocó un salto en la crisis de la economía capitalista mundial ante el cierre del estrecho de Ormuz y 3) hubo un masivo rechazo popular a la guerra en los EE.UU. incluso en la base republicana. El rechazo llegó a  más del 60 por ciento en las encuestas de opinión. Solo el 27 por ciento la apoyaba. En marzo hubo marchas en más de 3 mil ciudades de los EE.UU, que llegaron a 8 millones de personas en las calles con las consignas “No kings (No reyes) y No a la guerra. Decimos nueva derrota política y militar porque la última fue la retirada militar de Afganistán, en 2022, luego de 20 años de fallida ocupación del país.

El rechazo de Israel y la crisis del sionismo pone todo en duda

Otra expresión de la derrota de Trump y EE.UU. es el obligado distanciamiento político, aunque sea declarativo, con Netanyahu e Israel.

El Estado sionista/colonialista genocida de Israel, más allá de sus crímenes de lesa humanidad en Líbano, Irán y Palestina, también sale derrotado. Al punto que no fueron parte de la negociación y Trump estuvo forzado a salir públicamente a criticar a Netanyahu por su accionar en el Líbano. Estuvo obligado por las exigencias de Irán y porque necesitaba firmar el acuerdo salir cuanto antes de su empantamiento político y militar. Por esta vía intenta recuperar algo de aire político para las elecciones legislativas de noviembre en EE.UU. que puede perder.

El grado de la derrota de Trump y Netanyahu se evidencia al producirse un choque inédito entre el imperialismo yanqui e Israel. El fracaso de ambos en Irán profundiza la crisis interna del sionismo colonialista genocida y pone en evidencia el crecimiento del aislamiento político de Israel en el mundo.

Netanyahu y sus aliados de ultraderecha sionista colonialista genocida, como los ministros Ben-Gyr y Katz, no pueden aceptar que se cuestione la invasión al Líbano y su política de colonización de Israel en Palestina y Medio Oriente. Ya han anunciado que ellos pretenden seguir en Líbano. Pero el anuncio del acuerdo y el evidente fortalecimiento de Irán profundiza la división del sionismo colonialista genocida. El acuerdo hace que parte importante de la base popular sionista  colonialista genocida y los dirigentes políticos opositores al gobierno salgan a denunciar y repudiar a Netanyahu. Esta división y cuestionamientos se van a expresar también en las elecciones de octubre de Israel.

El ex primer ministro Ehud Barak afirmó: «Israel está pagando el precio de la soberbia y la ceguera de Netanyahu. Irán ha salido fortalecido y Israel debilitado, esa es la responsabilidad estratégica de Netanyahu. Fracasó». (Clarin, Argentina, 16/6/2026)

El colmo de la crisis son las declaraciones que viene haciendo Trump contra Netanyahu. “Estás completamente loco. Estarías en la cárcel si no fuera por mí. Todo el mundo odia a Israel por esto” (Clarin de Argentina. 2/06/2026). Y ya ante la confirmación del acuerdo, señaló que: “Sin nosotros, sin EE.UU., no existiría Israel” (…) “Ahora Bibi (por Netanyahu) tiene que ser más responsable con respecto al Líbano” (idem, 17/6/2026)

La firma del acuerdo no asegura su cumplimiento y la crisis seguirá abierta.

El memorandum firmado entre EE.UU. e Irán nace sin bases sólidas. Solo es un intento precario de Trump de salir de su fracasada agresión imperialista. El factor Israel y su intento de mantener su invasión criminal al Líbano puede ser el primer y principal obstáculo. La endeblez del acuerdo firmado puede hacer que se retomen nuevas agresiones militares de Trump y los EE.UU. sobre Irán y el Medio Oriente. Desde la UIT-CI seremos parte de la movilización unitaria de los pueblos del mundo contra nuevas agresiones a Irán. Seguiremos estando con la causa justa del pueblo iraní sin dar apoyo político ni despertar confianza en su régimen capitalista y teocrático.

Desde la UIT-CI, consideramos que la derrota política y militar sufrida por Trump e Israel en Irán es un triunfo para el movimiento popular en el mundo. Muestra que el imperialismo no es invencible, Que su poderío militar y económico no basta para derrotar a los pueblos. Este paso atrás de Trump es también una derrota para la ultraderecha mundial, en especial para los Milei de Argentina, Bukele de El Salvador o Kast de Chile que vienen respaldando sus crímenes y los de Israel. Fortalece la pelea por derrotar la contraofensiva imperialista, a la ultraderecha, y a los regímenes del ajuste y los recortes sociales. Fortalece también la continuidad de la lucha en apoyo al Pueblo Palestino, del Líbano y Yemenita, para terminar con el genocidio del estado sionista colonialista genocida de Israel y lograr una Palestina libre del Rio al mar. En Bolivia también la clase trabajadora y las y los campesinos salieron a enfrentar al régimen de derecha de Rodrigo Paz que había asumido hace solo seis meses. Ese es el camino, el de la movilización de las masas, para derrotar a Trump y los planes de dominación del imperialismo yanqui.