sábado, 28 de marzo de 2026

El Papa, Trump y la guerra...

El Papa, Trump y la guerra...

Por. Prof. Juan Pablo Cárdenas S. /académico, periodista, escritor y analista internacional/ ADDHEE.ONG:


El papa León XIV ha reaccionado con intensidad para fustigar aquella reunión en la Casa Blanca en que algunas dignidades eclesiásticas han bendecido a Donald Trump y apoyado la guerra que éste y el presidente de Israel mantienen en el Medio Oriente. “No hay guerra santa, ha dicho, solo la paz corresponde bendecir”; “no se puede rezar el domingo y ordenar bombardeos el lunes”. Con estas palabras el Pontífice precisa la posición de su Iglesia Católica frente a los conflictos bélicos que asolan al mundo. Al mismo tiempo que se deslinda de lo expresado por algunos integrantes del judaísmo y de algunas iglesias evangélicas, convocadas por el desquiciado gobernante estadounidense.

Aunque en la historia del catolicismo muchos papas, obispos y sacerdotes han bendecido guerras y criminales acciones de exterminio contra pueblos y personas, no hay duda que desde el Concilio Vaticano ll la iglesia romana, amén de pedir perdón, ha tomado posición con los que buscan la paz y renuncian a la guerra como solución de los diferendos entre países y regímenes políticos. Con lo cual ha mostrado su complacencia con las Naciones Unidas y todas aquellas instituciones que velan por la paz y el respeto a los Derechos Humanos.

Algo más podría hacer el Pontífice para acusar que hay gobernantes como Trump que justifican la carrera armamentista y convocan a las guerras, provocando la muerte de millones de seres humanos y el sostenimiento de ejércitos que, bajo la idea de asumir una labor preventiva frente al mal, invaden naciones, destruyen ciudades y dejan a la intemperie, como en Gaza, a millones de seres inocentes que caen en defensa de su soberana determinación.

Los actuales promotores de la guerra acometen acciones brutales también para bloquear el libre tránsito de los recursos energéticos, las medicinas y los alimentos que un país como Cuba necesita para su subsistencia, aun cuando ésta y otras naciones no están en guerra y hayan realizado manifestaciones populares más que contundentes de fidelidad hacia sus gobernantes. Además de probar ostensibles progresos en favor del bienestar de sus pueblos, si se los compara con otros países de similar condición geográfica y recursos naturales, como los de Centroamérica y el Caribe.

Hasta aquí muy pocos enemigos o adversarios del socialismo cubano se habían atrevido a desconocer los avances de la Revolución Cubana en materia de salud, educación y otros derechos humanos. Índices de prosperidad reconocidos por las instituciones internacionales competentes, lo que explica el prácticamente universal repudio al bloqueo estadounidense ejercido por más de 60 años y que llevaron tiempo atrás a que el propio Papa Juan Pablo ll visitara la isla y fraternizara con Fidel Castro Ruz y el propio pueblo que lo acogiera con entusiasmo. Un país pionero en la notable atención de sus hospitales, la lucha contra la pandemia, la erradicación del analfabetismo, así como muy exitoso en el desarrollo de la cultura las artes y el deporte. Un régimen solidario, dicho sea de paso, que brindó asilo contra la opresión a esos miles de luchadores de América Latina, África y Asia.

Pero tuvo que aliarse Trump con figuras tan deleznables como Marcos Rubio y esos centenares de millonarios cubanos que se sintieron afectados en su bolsillo con las políticas de redistribución del ingreso impulsados por Cuba, arrastrándose hasta Miami para conseguir por fin convencer al gobierno estadounidense de intensificar de bloqueo al extremo. Ahora para paralizar su economía y lograr que millones de cubanos tengan que sufrir los rigores del desabastecimiento, la privación de todas las formas de energía. Persiguiendo que el Pueblo Cubano se vea forzado a rebelarse contra sus autoridades, en la inminencia del hambre, la enfermedad y la falta de recursos básicos como la luz eléctrica.

Pero seguramente Trump y sus secuaces saben que los ejércitos que invadieron Palestina y tantas otras incursiones imperiales, a pocos kilómetros de su territorio no se animan a entrar a la Isla, sabedores que Cuba ya los expulso una vez de Playa Girón y que nuevamente, pese a su apremiante situación actual, pudieran repetir esa proeza histórica.

Después de la potente alocución de León XlV, debe avergonzarnos como chilenos y latinoamericanos que varios de nuestros gobernantes, haciendo ostentación de su fe católica estén respaldando los despropósitos del trastornado sujeto de la Casa Blanca quien, además de ser un amante de la guerra, es un multimillonario corrupto, pedófilo y asesino que busca encubrir sus vicios con su supuesta guerra al narcotráfico. Una cuestión que por fin reconoce la población de los Estados Unidos que a diario le resta apoyo y abre la esperanza al mundo de que éste sea lo antes posible depuesto de su cargo imperial. En beneficio, sin duda, de toda la humanidad, salvo de quien todavía gobiernan la nación israelí.

Qué suerte tuvimos que el propio Trump, Rubio y otros de sus sicarios decidieran ausentarse de nuestra reciente transmisión del mando presidencial, con lo que la Casa Blanca, además, nos demostró que no tiene mayor interés en nuestro país, seguramente porque aquí no tenemos el petróleo y otros recursos que su codicia persigue. Salvo obtener que Chile renuncie al cable oceánico convenido con China, proyecto que La Moneda desahuciará, sin mayores consideraciones al interés nacional, sino únicamente para seguir postrándose sumisa frente al Imperio. Pese a que esta nación asiática es nuestro mayor socio comercial.

El nuevo presidente chileno, José Antonio Kast, tiene la posibilidad de poner a prueba su fe religiosa privilegiando los intereses del pueblo que lo elogió. Que tanto alegró y produjo elogios de la Iglesia Católica chilena con su victoria, pero que ahora podría desilusionar a millones de chilenos cuya fe no puede condescender con los enemigos de paz mundial. Como tampoco con la de aquellos mandatarios que hacen caso omiso de los derechos humanos al momento de perseguir a los disidentes, incluso inmisericordes respecto de quienes delinquen. 

Al menos en esto último Kast aseguró que los que disienten con él y tienen otras convicciones no los considera enemigos. Aunque hoy se teme que su gobierno indulte a los más tenebrosos delincuentes y terroristas de Estado por el hecho de haber servido a la Dictadura pinochetista y a la represión popular ejercida posteriormente para aplacar el descontento social.

Lo subrayado/interpolado es nuestro.

EL COMPAÑERO CLOTARIO BLEST RIFFO CANDIDATO AL PREMIO NOBEL DE LA PAZ/ 1980.

EL COMPAÑERO CLOTARIO BLEST RIFFO CANDIDATO AL PREMIO NOBEL DE LA PAZ/ 1980.

Por la fundación compañero Clotario Blest Riffo, reivindicando su histórico legado, hoy 17 de noviembre de 1990, presente...

En el marco de la larga lucha  de los pensadores humanistas  que se inició en el Renacimiento contra la servidumbre feudal y que desemboca en la Revolución Francesa con su Ilustración y su Humanismo racional que respete  las dimensiones del ser humano integralmente,  nace en Chile,  el 23 de Julio de 1970 , el Comité de Defensa de los Derechos Humanos, a iniciativa del Presidente fundador de la Central Única  de Trabajadores de Chile / CUT, compañero Clotario Blest Riffo, quien  con su magnífico ejemplo de lucha, coraje y de dignidad humana se ha hecho acreedor al respeto y la admiración no solo de su pueblo, sino también de todos los pueblos que luchan por humanizar al género humano.

 Nuestra organización Codeh-Codes Chile, reconocida por Naciones Unidas ha sido constantemente atropellada y prohibida y su presidente Clotario Blest Riffo amenazado de muerte por los militares fascistas que el 11 de septiembre de 1973, asaltaron el poder constitucional , destruyeron el Estado de Derecho y asesinaron al presidente de Chile Dr. Salvador Allende Gossens. El dictador Pinochet y sus asaltantes cometieron  miles de crímenes de lesa humanidad en el marco de su ideología fascista que es una apología de la violencia y del terror y de la maldita guerra, con pretensión de negar los valores y la realidad misma de las personas en beneficio de un Estado que reina sin dificultades sobre  las consciencias  del Pueblo con una violenta exaltación del poderío militar y de una filosofía del terror y la desesperación.

Codeh- Codes Chile sigue luchando por el retorno de la libertad, democracia y la justicia y la vigencia de los Derechos Humanos y Sindicales. Rechaza el Estado de sitio que ya dura siete años y el Estado policial que quieren imponerle a Chile los enemigos de la Humanidad, la dictadura fascista militar de Pinochet por orden del régimen de los Estados Unidos y la oligarquía empresarial sofofa.

El compañero Clotario Blest Riffo, Presidente de Codeh- Codes Chile acentuó: “Queremos construir una sociedad fundada en los principios de la libertad, democracia, la justicia y la fraternidad, donde  el ser humano sea un creador en todos los niveles de su existencia social, la dignidad humana exige que la persona se sienta gozando de la libertad y de la democracia y pueda expresar su crítica sin temor a aquel aparato policial represivo le prive  de su libertad o de su vida”.

Entrevista exclusiva con el compañero Clotario Blest Riffo, Presidente fundador de la Central Única de Trabajadores de Chile y del Comité de defensa de los Derechos Humanos y Sindicales Codeh-Codes, Chile, y de la asociación por la defensa de la Dignidad, los derechos del ser humano y del entorno ecológico/ADDHEE.ONG, candidato al Premio Nobel de la Paz, 1980

Entrevistaron: la Señora Gerda Bottcher, directora de la “Revista Latinoamérica Un Pueblo Continente” y el Señor Otto Frank Director de la “Revista Chile, un Pueblo que lucha”.

P.: ¿Cómo asume usted este nuevo desafío como líder de la Clase Trabajadora Chilena, la candidatura al premio Nobel de la Paz?

R.: Como una nueva oportunidad  para  aumentar el frente de lucha contra la dictadura fascista de Pinochet por la liberación del Pueblo Chileno,

P.: ¿Cómo nace esta candidatura?

R.: Los compañeros exiliados en Europa y en especial en Alemania  con el Codeh- Codes /Berlín que organizo  y es su secretario ejecutivo el Profesor Moreno Peralta, me propusieron  esa alternativa de lucha y yo tratándose de la lucha de mi pueblo, valga la redundancia, de la Clase Trabajadora, bueno, yo estoy en la primera línea de la lucha. Agradezco mucho  a los compañeros  de Codeh-Codes, Berlín por sus solidaridad  que nos han hecho llegar y hoy la propuesta de esta candidatura del Premio Nobel de la Paz.

P. ¿Qué le parece que destacadas figuras del quehacer académico como  el Prof. Dr. Pedro Vuskovic Bravo, el Prof. Dr. Edgardo Enríquez Frodden, el Prof. Ing. Víctor Pey Casado,  el Prof. Dr. Enrique Kirberg Baltiansky, el Prof. Dr. Luis Inostroza Fernández, el escritor, historiador  Alejandro Chelen Rojas, el escritor Belarmino Elgueta Becker, el Prof. Arquitecto Fernando Castillo Velasco,  el Prof. Dr.  Carlos Aldunate Lyon S.J.,  ex Rector de la Universidad del Norte / Chile. El Prof. Dr. Héctor Muñoz Cruz, el Dr. Patricio Quiroga Zamora,  el Prof. Dr. Viterbo Osorio Santelices, el Dr. Jaime Ahumada Pacheco, Prof. Dra. Teresinka Pereira y una larga etc que apoyan su candidatura al premio nobel de la paz?

R.: Agradezco de todo corazón este apoyo. Me da mucha fuerza seguir luchando contra la dictadura terrorista de Pinochet. P.: ¿La CUT, y el Codeh-Codes, Chile están prohibidos por la dictadura, pero usted sigue realizando  reuniones clandestinas, no le preocupa un atentado a su vida?

R.: Preciso yo siempre he trabajado a plena luz del día, no tengo nada que ocultar. Mi única preocupación es la libertad de mi pueblo y sus trabajadores.

P.: ¿Pero usted estuvo en una reunión no autorizada para celebrar un nuevo aniversario de la CUT?

R.: Claro que estuve. No solo  preparé esa reunión, sino que la organicé  personalmente, porque yo soy el presidente de Codeh-Codes, Chile. Además fui uno de los oradores. Más aún la reunión se efectué el 12 de febrero de 1980, a las 19,30 hrs. en el sindicato Sumar.

P.: ¿Tenía permiso para celebrar esa reunión?

R.: No, no teníamos porqué pedir permiso, No pedimos permiso a nadie, menos a los asaltantes de la moneda y asesinos del compañero presidente Salvador Allende Gossens, mi compañero y amigo.

P.: ¿La CUT está prohibida, disuelta, como sigue usted haciendo declaraciones y concentraciones en su nombre?

R.: Muy claro y definitivo: la CUT está legalmente con vida. Tenemos una CUT en Chile y otra en el exterior. Yo soy el Presidente de la CUT.

P.: ¿Cómo es eso?

R.: Yo fui fundador de la CUT  el 12 de febrero de 1953, hace 27 años. Fui presidente durante 8 años. Luego me retire  cuando  algunos partidos y grupos políticos actuaban sectariamente, no respetaban el aspecto gremial/ sindical .

P.: ¿Pero usted no me ha respondido la pregunta?

R. Si quiere que conversemos sobre el gremialismo y sindicalismo y su historia, necesitamos meses. Le decía yo, que yo soy presidente de la CUT, porque soy  su presidente honorario. Mire, aquí tengo la medalla que me entregaron los trabajadores de mi patria. Muerto Luis Figueroa, el presidente titular de la Cut, soy  yo , el presidente de los Trabajadores de Chile.

P.:¿Quienes estuvieron en la concentración ¿

R.: Los trabajadores y sus dirigentes sindicales, no los elegidos a espaldas de los trabajadores por la dictadura fascista militar

P.: ¿Le preocupa ser detenido?

R.: En verdad me es indiferente. Me han detenido  tantas veces, me han apaleado los carabineros (pacos) por defender a los trabajadores de mi patria 25 0 30 veces que ya me da igual.

P.: En la Unión Soviética no se puede discrepar?

R.: Yo pienso que todas las dictaduras son iguales, incluyendo a la fascista de Pinochet. Yo soy contrario a esta autocracia que tenemos en Chile. Lo soy desde el mismo día del asalto a La Moneda, y el asesinato del compañero Presidente Allende, un enemigo de la dictadura terrorista terrorista fascista de Pinochet

P.: ¿Asalto? ¿Como es eso?

R.: el 11 de septiembre de 1973, los militares fascistas  mercenarios al servicio del capital foráneo asaltaron el Palacio de la Moneda y asesinaron al Presidente Constitucional de Chile, el compañero Allende. A estos asaltantes no los eligió nadie. Ellos se auto designaron.

P.: ¿Qué gobierno le gustaría para Chile?

R.: El gobierno de los trabajadores. El gobierno de la mayoría, de la democracia por y para  el Pueblo  con respeto a las minorías.

P.: ¿Usted era amigo del presidente Salvador Allende Gossens?

R.: Claro que lo era. El Presidente Allende tuvo muchos problemas con sus colaboradores: Ministros, subsecretarios, y en especial los dirigentes  de los partidos políticos que constituían la Unidad Popular, porque apenas de ganar la elección se transformaron en  críticos de la crítica a toda la acción del Gobierno Popular. Preocupado solos de los asuntos partidistas  dogmáticamente

P.:¿Cómo fue esa entrevista?

R.: Con el compañero Allende yo tuve una muy buena relación. Él fue muy categórico cuando me dijo” Yo soy el Presidente de Chile compañero Clotario, cuando yo doy una orden no se cumple, prohíbo algo y se hace. Estoy amenazado de muerte pero pareciera que a ningún dirigente le preocupa.

P.: ¿Qué más le dijo el Presidente Allende?

R.: Muchas cosas más que algún día las publicare. El presidente Allende era un ser humano leal y consecuente. Fue traicionado por sus mismos compañeros de la Unidad Popular.

P.: ¿Quiénes  lo traicionaron?

R.: Los marxistas leninistas, estalinistas, los  socialistas  radicalizados, etc. Todos preocupados de echarle agua a sus molinos y que el presidente Allende se las arreglara como pudiera. Los intereses de los partidos políticos destruyeron la CUT durante tres años.  Discutí mucho esto con Luis Figueroa y él me reconoció que tenía razón, Incluso llego a decirme: “Sé que tienes razón, pero que quieres que haga, el partido lo ordena y solo me queda obedecer. 

P.: ¿Usted es católico?

R.: Yo soy cristiano, de la Iglesia de los Pobres, de la Teología de la Liberación, del Evangelio de Cristo. Cristo fue un luchador social  antiimperialista, el Imperio Romano lo asesinó, como  el imperialismo yanqui asesinó al compañero Presidente Dr. Allende.

P.: Una última pregunta: ¿algún recuerdo del Profesor Moreno Peralta?

R.: Muchos recuerdos. Durante la década de los 60 la federación de Estudiantes de la Universidad Norte / Chile, donde él era su vice presidente y el admirado amigo rector Carlos Aldunate Lyon S.J. me invitaron a participar  en el Claustro de Reforma  de la Universidad Regional, cuyo desafío fundacional era “ Unir la luz con el sudor”: Un gran honor. Con el compañero Prof. Moreno Peralta, después viajé a Chuquicamata, María Elena y Pedro de Valdivia y participamos en sendas asambleas de los trabajadores del cobre y del salitre.

P.: ¿Algunas palabras para su pueblo, los trabajadores y los exiliados?

R.: Asumiendo las palabras del Compañero Presidente Allende, “La historia es nuestra, el presente es de lucha, el futuro es del Pueblo, de los Trabajadores. La derrota jamás  ha sido una opción para el Pueblo Chileno y su raíz etnológica el Pueblo Mapuche.

Entrevistaron:

Señora Gerda Bottcher. Directora  de la revista “Latinoamérica Un Pueblo Continente”.

Señor Otto Franck, director Revista “Chile Un Pueblo que lucha”

Estimados amigos asociados de la Latinoamérica y de Europa:

Nuevo atentado contra el presidente de Codeh-Codes Chile Clotario Blest Riffo.

La Gestapo de Pinochet CNI, el día 16 de Julio de 1980, asaltó la casa  del presidente de la central Única de Trabajadores de Chile, CUT, Presidente de Codeh-Codes Chile y candidato al premio Nobel de la Paz 1980 compañero Clotario Blest Riffo. A las 4 de la mañana, una banda de delincuentes terroristas con metralleta en mano, violentaron el hogar del ilustre chileno de 80 años de edad. Destruyeron materiales, libros y se incautaron de otros, de paso amenazaron de muerte al compañero Blest Riffo.

Frente a estos hechos  delictuales y criminales, Codeh-.Codes Berlín le reitera su llamado a la conciencia del Pueblo Alemán  y la conciencia de la Humanidad  para detener la mano asesina del dictador fascista Pinochet y sus  taifas de asesinos terroristas.

El dictador Pinochet es un miserable dictador que tiene a un pueblo sometido por la fuerza y el terror. El cinismo de este mercenario del capital buitre foráneo,  el que es difícil de superar lo va a llevar a negar este nuevo atentado contra la vida del máximo dirigente de la Clase Trabajadora chilena, La lucha del Pueblo Chileno no terminara mientras no sea derrocado el dictador fascista y condenado por la justicia por los crímenes cometidos, empezando por el asesinato del compañero presidente Salvador Allende, el saqueo de los bienes del Estado, la destrucción de las riquezas naturales del Pueblo Chileno y del Pueblo Mapuche, y tráfico de drogas. En esta acción revolucionaria nadie puede evadirse. La evasión no es otra cosa que aceptar la brutalidad y el crimen de los militares fascistas del poder un infausto 11 de septiembre de 1973. Todos los demócratas sinceros están implicados en la contestación a la conciencia de la Humanidad que exige terminar la noche negra del fascismo militar en Chile, que impone el régimen estadounidense/yanqui y sus testaferra la clase empresarial oligarca, financiera-bancaria/agiotista, agrícola monopolista, CMPC/SOFOFA.

La fundación, compañero Clotario Blest Riffo, para reivindicar su histórico legado: presente hoy 17 de noviembre y siempre...

Como colofón: compañero Clotario Blest Riffo, presente hoy y siempre

Con esperanza y memoria reiteramos que recuperado nuestro Chile, el de la mayoría, crearemos la Fundación Clotario Blest Riffo, fundador y presidente de la Central Única de Trabajadores de Chile /CUT, del Comité  por la Defensa de los Derechos Humanos y Sindicales Codeh/Codes y de la Asociación por la Dignidad, los Derechos del Ser Humano y del Entorno Ecológico/Addhee.Ong, y construiremos la nueva República Socialista  de la Democracia  soberana, socialista a partir  de la raíz etnológica , el Pueblo Mapuche, y los legados  del General Libertador Bernardo O’Higgins Riquelme y del compañero Presidente Dr. Salvador Allende Gossens. ¡Que nadie se confunda!, el Socialismo Marxista no ha muerto por la razón de  que no ha nacido aún. “El modelo de Sociedad Socialista que construiremos es “donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”.  Rechazamos de plano la siniestra  teoría de los demonios deterministas impuesta por los sistemas capitalista y  estalinista: “la seuda izquierda/socialdemocracia y  la derecha  empresarial, financiera-bancaria/agiotista, agrícola monopolista que impone  la celestina universal/el dinero. A partir de la derrota del Movimiento Social Revolucionario del Pueblo Francés/1790, la traición de la asamblea legislativa constituyente controlada por los dueños de la celestina universal/el dinero, terratenientes/feudales, y de la jerarquía del clerical/Vaticano y administrada por la burguesía liberal,  al grito de “somos libres, viva la libertad, viva el liberalismo, dejar hacer, dejar pasar”... Se suma a esta traición, la de la Comuna de París y la guerra civil que la oligarquía empresarial y su testaferra, la clase burguesa liberal politicastra/castrense le impone al Pueblo Francés con el apoyo militar de una potencia extranjera, Prusia/Alemania. El costo de la invasión del ejército mercenario prusiano lo pagó el Pueblo Francés...

Descaradamente los dueños de la celestina universal /el dinero y su testaferra la clase burguesa liberal, después de tantas traiciones imponen en el contexto de la Asamblea legislativa determinista reaccionaria francesa, la teoría  de los demonios deterministas, la derecha empresarial con el control político y económico y la burguesía liberal paniaguada, la seuda izquierda socialdemocracia como sus administradores, al grito de  viva la revolución  francesa libertad, igualdad y fraternidad, se impone, de larga data, una condena  siniestra  al Género Humano, que aún espera la libertad ,la igualdad y la fraternidad... Los que asumimos que la democracia no será jamás un sistema político formal, sino un instrumento de liberación y realización del ser humano, porque bajo el sistema capitalista determinista globalizado no hay destino viable para la Humanidad. Que la soberanía reside en el pueblo que lucha construyendo futuro consciente, que “solo merecen la libertad y la vida quienes cada día la conquistan”...

Prof. Moreno Peralta/ IWA

Secretario Ejecutivo Codeh-Codes/ Berlín.

viernes, 27 de marzo de 2026

Cuba en la encrucijada de un multilateralismo hipócrita...

Cuba en la encrucijada de un multilateralismo hipócrita...


Si Cuba no representara ninguna amenaza real, bastaría con ignorarla. El hecho de que haya que destruirla demuestra que su mera existencia sigue siendo intolerable para el orden del Amo
imperialismo/yanqui.

El síntoma del amo es precisamente no querer saber nada de lo que sostiene su poder. Por Jacques Lacan

“Una agresión contra Cuba es una agresión a la tierra, a la sangre y a la historia de América Latina”... Dr. Salvador Allende Gossens, presidente del Senado de la República de Chile, Julio 1960.

Por Josué Veloz Serrade* – La Tizza, académico, escritor, y analista internacional/ADDHEE.ONG:

El asedio perfecto: cuando la asfixia es la política

La actual crisis energética que atraviesa Cuba no es un accidente de la naturaleza ni una mera falla de infraestructura. Es el punto álgido de un asedio geopolítico diseñado con precisión quirúrgica a lo largo de seis décadas. Lo que hoy vive la isla es la convergencia letal de la guerra económica tradicional — el bloqueo — y un nuevo contexto internacional donde los actores que deberían equilibrar la balanza han optado por lo que podríamos denominar una geopolítica de mínimos.

Cuba no solo enfrenta la hostilidad del imperio estadounidense, sino el abandono silencioso de aquellos que, en teoría, debieran disputar el orden unipolar.

Pero antes de analizar las coordenadas geopolíticas, es necesario interrogar el mapa psíquico que subyace a esta situación. Porque lo que ocurre con Cuba no es solo un problema de correlación de fuerzas; es también un problema de deseo, de fantasma político, de aquello que Freud llamó Verneinung, la negación como forma de reconocimiento encubierto. Los que abandonan a Cuba la niegan, pero al negarla, la confirman, y sobre todo confirman lo que niegan de sí mismos. El bloqueo existe porque Cuba aún interpela, sigue siendo un síntoma incómodo dentro del sistema capitalista global. Si Cuba no representara ninguna amenaza real, bastaría con ignorarla. El hecho de que haya que destruirla demuestra que su mera existencia sigue siendo intolerable para el orden del Amo.

La pregunta que sobrevuela este texto puede enojar a más de uno, pero es necesaria: ¿qué queda de la solidaridad internacional cuando los gestos simbólicos reemplazan a las acciones concretas? ¿Qué significa realmente apoyar a Cuba cuando el cerco se estrecha y la asfixia se vuelve material? Y sobre todo: ¿qué dice del conjunto de fuerzas geopolíticas que declaran querer otro mundo, el hecho de que sean capaces de mirar ese ahogamiento sin mover una mano?

El abandono no declarado de los socios estratégicos

En estos días de tensiones mundiales se desempolva también la teoría de las relaciones internacionales, en la que se aborda el realismo periférico que describe la tendencia de los Estados a priorizar sus intereses inmediatos — comercio, estabilidad fronteriza, no incomodar al hegemón — sobre alianzas ideológicas o históricas cuando la presión del imperio aumenta. Pero el realismo periférico no alcanza para explicar del todo la conducta actual de Rusia y China frente a Cuba. Aquí opera algo más profundo. Opera la renuncia al deseo propio como condición para sobrevivir en el sistema que, supuestamente, desean transformar.

Lacan distingue entre la demanda y el deseo. La demanda es lo que se pide explícitamente; el deseo es lo que subyace y que a menudo no puede articularse sin costo. Rusia y China demandan, en sus discursos, un mundo multipolar, el fin de la unipolaridad, el respeto a la soberanía. Pero su deseo, revelado por sus actos y no por sus palabras, es la integración progresiva en las reglas del mismo sistema que dicen impugnar.

Por amargo que resulte escucharlo, al abandonar a Cuba, no están siendo simplemente pragmáticos, están confesando que su horizonte real no es la transformación del orden mundial, sino la negociación de un lugar más cómodo dentro de él.

Atrapados en sus propios conflictos de desgaste — Ucrania para Rusia, Taiwán y el mar de China Meridional para Pekín — , ambas potencias han consolidado una postura defensiva. Su apoyo a Cuba se ha reducido al discurso en los foros multilaterales y a la provisión de determinados recursos, sin desafiar estructuralmente el bloqueo. No envían el petróleo necesario, no habilitan líneas de crédito que esquiven las sanciones secundarias, no escoltan con sus buques los suministros hacia la isla. Si se les preguntara por qué, la respuesta quizás sería la misma del gran conformista: el momento no es oportuno, los costos son demasiado altos, hay que ser realistas.

Pero el realismo, en este contexto, es otra forma de avanzar hacia una capitulación anticipada. Quizás en su fuero interno creen que están abandonando a los que pueden caer primero, no a los que caerán últimos, que podrían ser ellos mismos. Han encontrado su límite histórico y, en lugar de empujarlo y quebrarlo, lo han normalizado. Al hacerlo, cometen un error de cálculo estratégico que la historia ya ha castigado antes. Cada vez que una potencia permite que el orden hegemónico destruya a un eslabón sin costo, ese orden sale fortalecido y se acerca un paso más al sometimiento de los que creyeron estar a salvo. Al permitir que un proyecto soberano sea destruido por el imperio sin consecuencias, envían un mensaje a sus propias poblaciones y a otros actores secundarios: la solidaridad es un lujo que no podemos permitirnos; cuando llegue tu turno, estarás solo.

América Latina y el Caribe: la diplomacia de los abrazos vacíos

La postura de Brasil y Colombia es, quizás, la más paradigmática de la bancarrota contemporánea del progresismo. Lula da Silva y Gustavo Petro, dos líderes que deben su capital político a la narrativa de la transformación social y la soberanía regional, han optado por lo que podríamos llamar una especie de simbolismo de bajo costo con declaraciones de apoyo moral, llamados al diálogo, presencia discursiva en los foros internacionales. Pero mientras las palabras circulan, las condiciones estructurales de asfixia — el bloqueo, las listas de países patrocinadores del terrorismo, las sanciones financieras — permanecen intactas.

Todo transcurre como si operara una especie de identificación con el agresor, como un mecanismo por el cual el sujeto sometido a una fuerza superior asimila, inconscientemente, los valores y las lógicas de ese poder para sobrevivir. No se trata de una traición consciente sino de una adaptación que, con el tiempo, se vuelve constitutiva de la propia identidad. Algo de eso ocurre con ciertos gobiernos progresistas latinoamericanos, han incorporado tanto la lógica del campo de juego imperial — sus instituciones, sus mercados, sus reglas — que ya no pueden imaginar una acción política que rompa con ese campo, aunque en el discurso la proclamen necesaria.

Brasil y Colombia olvidan que si fueran hoy una verdadera retaguardia estratégica no sería un favor el que le harían a Cuba, sería una necesidad propia. Si Estados Unidos sigue inclinando la balanza a su favor en la región — como lo hace con su política de sanciones, su dominio del FMI, su control de la OEA y su influencia sobre las derechas locales — , ¿con quién contarán Lula y Petro cuando la marea reaccionaria los golpee a ellos? Habrán quemado, con su prudencia, la retaguardia que desesperadamente necesitarán. En días recientes Lula afirmó que podrían ser invadidos «cualquier día»; podríamos contestarle: «Y mientras más sólo te quedes, más posibilidades reales hay de que eso ocurra».

El caso de Venezuela es el más doloroso porque representa la mutilación de un proyecto que alguna vez fue el pilar de la solidaridad regional. Hoy, Venezuela está de facto sometida a las decisiones geopolíticas de los Estados Unidos.

El régimen de sanciones extrema, el secuestro de Maduro y Cilia Flores, han logrado su objetivo: condicionar al Estado venezolano, obligarlo a negociar en condiciones de inferioridad y reducir su capacidad de proyección internacional. Venezuela ya no puede ayudar a Cuba porque apenas puede ayudarse a sí misma. Si el imperio pudo con Venezuela, con las reservas de petróleo más grandes del mundo, ¿qué esperanza tiene un país más pequeño sin ese recurso? Pero los gobiernos de la región no extraen la conclusión correcta. En lugar de unirse para romper el cerco, se dispersan, negocian por separado, y caen uno tras otro.

Algunos de los países pequeños que recibieron solidaridad cubana — médicos en sus aldeas, maestros en sus escuelas, brigadas en medio de sus catástrofes — aprietan hoy la nariz y dan la espalda. En relaciones internacionales, es lo que se denomina bandwagoning: la tendencia de los actores débiles a alinearse con el más fuerte cuando perciben que el benefactor histórico está en retirada. Es una lógica cruel pero predecible.

Lo que no entienden es que su supervivencia a largo plazo no depende de complacer al Amo, sino de la existencia de un ecosistema regional soberano. Al dar la espalda a Cuba, están contribuyendo a desmantelar el único tejido de solidaridad que podría protegerlos cuando ellos sean los siguientes en la lista. Es la lógica del «yo me salvo» que conduce inevitablemente al «todos nos hundimos». Todo el que elige salvarse a sí mismo termina aislado y luego sometido. Al final, igual le espera la muerte, pero una muerte solitaria, sin la dignidad de haber luchado junto a los demás.

El mito de la autosuficiencia es una trampa discursiva

Frente a ese panorama, la objeción liberal, y a veces incluso la de cierta izquierda, suena previsible: ¿por qué apelar a otros? ¿Acaso Cuba no debería valerse por sí misma? Esa pregunta merece ser demolida con rigor, porque opera como una trampa retórica que naturaliza la violencia del bloqueo y culpabiliza a la víctima.

La autarquía es un mito en el sistema mundial contemporáneo. Ningún país es una isla, ni siquiera las islas. Estados Unidos no se vale por sí mismo, depende de una red global de bases militares, del dólar como moneda de reserva impuesta al mundo mediante los acuerdos de Bretton Woods y la presión de sus portaaviones, y de cadenas de suministro que explota sistemáticamente. China no se vale por sí misma, depende de materias primas africanas y latinoamericanas y de mercados globales para su sobreproducción industrial. Rusia no se vale por sí misma, su poderío energético es nulo sin los gasoductos y sin compradores dispuestos a pagar su tecnología militar.

La dependencia no es la excepción en el sistema internacional, es una regla estructural. Lo que varía es el tipo de dependencia y el margen de autonomía que se puede construir dentro de ella. Un país como Luxemburgo disfruta de altos estándares de vida porque está incrustado en el corazón del bloque imperial. Un país como Cuba tiene que sobrevivir a pesar de estar bloqueado por el imperialismo. La pregunta correcta, entonces, no es por qué Cuba no es autosuficiente, sino por qué se le exige a Cuba un nivel de autosuficiencia que no se le exige a nadie más. Esa exigencia asimétrica no es inocente, es una trampa discursiva y cobarde que coloca a la isla en una posición ontológicamente imposible, para luego presentar su imposibilidad como evidencia de su fracaso.

Se le impone a Cuba una especie de doble vínculo, se somete al sujeto una condición que no puede cumplir, y se le culpa del incumplimiento. El neurótico producido por el doble vínculo no puede escapar porque la trampa está inscrita en el lenguaje mismo con el que se le habla. Cuba está atrapada en ese lenguaje: si resiste, es una dictadura que hace sufrir a su pueblo; si negocia, está cediendo al chantaje imperial; si pide ayuda, es un Estado fallido que no puede sostenerse solo. No hay salida dentro del discurso del Amo imperialista, porque el discurso del Amo no está diseñado para tener una salida, sino para atrapar.

La metodología del imperio: negociar, ahogar, culpar

Lo que hemos descrito no ocurre en el vacío. Responde a una metodología del imperialismo estadounidense en sus negociaciones con actores soberanos que se niegan a capitular. El libreto histórico es invariable y ha sido ejecutado con mínimas variaciones.

Primero, la mesa del diálogo como trampa. Se sientan a negociar no para llegar a acuerdos, sino para ganar tiempo. Mientras la contraparte deposita esperanzas en la vía diplomática — mientras el sujeto cree que el Otro es susceptible de ser convencido — , el imperio continúa aplicando sanciones, fortaleciendo a la oposición interna, preparando el terreno. Es el gesto que Lacan identificaría como perverso, la promesa que estructura el vínculo solo para perpetuar la dependencia.

Segundo, la exigencia de concesiones unilaterales. El imperio estadounidense nunca negocia de buena fe; negocia desde la posición de fuerza absoluta. Exige que la otra parte ceda primero, que demuestre voluntad de cambio, que desmonte sus estructuras defensivas como gesto de buena voluntad. Cada concesión que hace la parte débil es interpretada como signo de debilidad ulterior y se responde con más presión. El mecanismo es siniestro en su lógica: cuanto más se cede, más se debe ceder. La negociación se convierte en un proceso de vaciamiento progresivo de la soberanía.

Tercero, si no obtienen lo que quieren, invaden o destruyen. Cuando el diálogo no produce la rendición completa, pasan a la siguiente fase: invasión directa — Panamá, Granada, Irak — , golpe de Estado — Honduras, 2009; Bolivia, 2019 — , guerra de baja intensidad — Nicaragua en los ochenta — , o destrucción económica sistemática — Cuba, Venezuela, Irán — . La diplomacia es solo la antesala de la agresión.

Quienes, con buena fe, instan a Cuba a negociar con Washington ignoran esa estructura. Cuba no es empujada a la mesa para dialogar; es empujada a la mesa para rendirse en las condiciones más desfavorables posibles.

La crisis humanitaria como arma de guerra

La ayuda humanitaria que llega a Cuba hoy — los envíos de alimentos, medicinas, generadores — es vital para aliviar el sufrimiento inmediato. Pero en términos políticos, funciona como un paliativo que corre el riesgo de despolitizar la crisis. Es el respirador que se le pone a un paciente en coma: mantiene al enfermo con vida, pero no repara la lesión que lo llevó al coma. El paciente necesita una operación estructural, no la perpetuación de la emergencia.

El bloqueo no es una sanción, es un mecanismo de desgaste diseñado para provocar una implosión desde adentro. Ofrecer ayuda humanitaria, por más valiosa que sea, sin romper el cerco financiero y energético es como bombear agua de un barco que sigue teniendo un boquete abierto por el ataque enemigo.

El boquete es permanente; y el bombeo, agotador. El objetivo estratégico del bloqueo — lo que en la terminología militar se llama guerra de cuarta generación o cambio de régimen por asfixia — es negar al Estado la capacidad de satisfacer las necesidades básicas de su población, para que sea la propia población la que termine desbordando a su gobierno. No hay nada de accidental en esa estrategia: es deliberada, está documentada y ha sido aplicada con distintos grados de intensidad durante más de seis décadas.

El apagón no es solo ausencia de luz, es una pedagogía del miedo, una lección que el Amo imparte día tras día. Cada hora sin electricidad, cada fila para conseguir alimentos, cada médico que no tiene insumos es un recordatorio de lo que cuesta resistir. Es el goce del poder en su forma más cruel, no el goce de destruir al enemigo de un golpe, sino el goce de verlo degradarse lentamente, de convertir su vida en una demostración permanente de que la resistencia conduce al sufrimiento. Duele constatarlo, pero la mayor crueldad del bloqueo no es su fuerza, es su lentitud.

La narrativa del Estado fallido o la culpa siempre es de la víctima

Y aquí llegamos al punto más perverso de toda la operación, la construcción del relato que invierte la causalidad.

El imperio  estadounidense no solo destruye; además construye el dispositivo discursivo para que la destrucción parezca merecida o inevitable.

Un Estado al que se le niega la posibilidad de importar alimentos, medicinas, combustible y repuestos; al que se le bloquean sus finanzas internacionales; al que se le impide acceder a créditos; al que se le somete a una guerra mediática; al que se le castiga por comerciar con quien sea: ese Estado tendrá, por definición, enormes dificultades para funcionar con normalidad. Luego, cuando esas dificultades se manifiestan — apagones, desabastecimiento, migración — , el coro imperial y sus voceros locales dicen: miren, es un Estado fallido, el socialismo no funciona.

Se presenta como fracaso interno lo que es resultado de una agresión externa.

La causalidad se invierte, el bloqueo no es la causa de la crisis; la crisis es la prueba de que el régimen es incompetente. Es la misma lógica del abuso, se le ata las manos al sujeto, se le golpea durante horas, y luego se le acusa de no poder defenderse. Ese mecanismo tiene nombre: proyección. El agresor proyecta sobre la víctima la responsabilidad de lo que le hace; así externaliza su propia culpa y mantiene intacta su imagen de orden y civilización.

La categoría de Estado fallido no es descriptiva, es performativa. Nombrar a Cuba como Estado fallido no constata una realidad; construye una realidad que justifica el abandono y eventualmente la intervención. Es el concepto que hace posible lo que viene después, la haitianización como dijera Claudio Katz en días recientes. Reducir la isla a un estado de degradación tal que se convierta en vitrina del horror, en demostración permanente de lo que le ocurre a quienes se atreven a elegir un camino soberano.

El mensaje es perverso en su transparencia: miren lo que pasa si se atreven a ser libres.

Pero un Estado fallido de verdad no resiste 65 años de bloqueo. Un Estado fallido de verdad no tiene una tasa de mortalidad infantil más baja que la de Estados Unidos. No forma médicos que salvan vidas en todo el mundo. No mantiene un sistema educativo universal, una ciencia propia — con vacunas incluidas — y una cultura vibrante. Lo que el imperio estadounidense llama Estado fallido es, en realidad, un Estado agredido que se niega a morir. Esa es la verdad incómoda. Y esa es, precisamente, la razón de la furia imperial. Cuba en realidad no fracasa, es inmortal. Cuba insiste. Y esa insistencia es intolerable.

¿Qué opciones le han dejado a Cuba?

Analizadas las coordenadas del asedio, la pregunta se vuelve ineludible, ¿qué opciones tiene en verdad la conducción política cubana? O para ser más preciso: ¿qué opciones le han dejado?

La primera es la negociación en condiciones de asfixia con la pistola en la cabeza.

Es la que recomiendan los bienintencionados, los que quieren que Cuba dialogue y negocie con los Estados Unidos. Pero negociar con un imperio que tiene el pie en tu cuello no es diálogo, puede ser rendición condicionada. Cuba ha demostrado voluntad de diálogo histórico en múltiples momentos, pero siempre desde posiciones de dignidad. Sentarse hoy a negociar sin haber roto antes el cerco energético y financiero es aceptar la negociación del ahogado, aceptar cualquier cláusula por una bocanada de aire. El resultado sería una normalización que equivaldría a la liquidación del proyecto revolucionario por goteo, como ocurrió en Europa del Este tras la caída del muro, pero con el agravante de tener al imperio a 90 millas.

La segunda opción es la resistencia heroica pero solitaria.

Es la que Cuba ha practicado durante décadas: innovar, resistir, buscar rendijas, diversificar relaciones. Pero esa opción, que fue viable cuando existía un campo socialista dispuesto a sostener el flujo de recursos, hoy se enfrenta a un límite material concreto. La resistencia heroica sin retaguardia se convierte, con el tiempo, en resistencia agónica. No porque el pueblo cubano haya perdido la voluntad, sino porque la voluntad sola no mueve turbinas ni llena estantes.

La tercera opción es la que el imperio diseña como escenario deseado: la implosión.

El estallido inducido por la acumulación de sufrimiento, amplificado por las redes de oposición financiadas desde el exterior, que permita una intervención humanitaria o una transición pactada. Esta no es una opción para Cuba; es la trampa que se le tiende.

La cuarta, la única que cambiaría en verdad el tablero, no depende de Cuba.

Depende de que quienes dicen apoyarla pasen de las palabras a los hechos. Depende de que envíen el petróleo necesario, de que pongan los buques, de que escolten los suministros, de que rompan el cerco financiero con mecanismos concretos. Depende de que pregunten a Cuba qué hay que hacer y lo hagan.

No hay más metáforas. Es el petróleo o la asfixia. Son los buques o el bloqueo. Es la acción o la complicidad.

Las lecciones de la historia que el mundo prefiere olvidar

El olvido no es pasivo. El olvido es un acto: la represión activa de aquello que, si fuera recordado, obligaría a actuar de otra manera. La comunidad internacional olvida a conveniencia los paralelismos históricos, porque recordarlos haría insostenible la postura actual.

En 1941, los tanques alemanes estaban a las puertas de Moscú. ¿Cuánto tiempo estuvieron sin reaccionar? ¿Cómo saben que no irán luego por ustedes? Hoy, nadie parece entender que la retaguardia cubana es la retaguardia del mundo entero. Algunos quizás la ven como un cadáver político adelantado y se comportan en consecuencia.

Durante décadas, los Estados Unidos sostuvo al régimen de Chiang Kai-shek en Taiwán con dinero, armas y flota naval, incluso cuando era evidente su derrota en la guerra civil China. Lo hicieron porque Taiwán era un portaaviones estratégico contra la China popular. Es decir, el imperio  estadounidense sostiene a sus aliados hasta el final, porque entiende que la fidelidad a los suyos es una condición de su propio poder. Pero los aliados de Cuba hacen lo contrario: la abandonan cuando el costo político de sostenerla supera el beneficio de no hacerlo.

La República española es el recuerdo más exacto de la situación que hoy vive Cuba. Luchaba contra el fascismo, pero las democracias occidentales — Francia y Reino Unido, principalmente — firmaron el Comité de No Intervención mientras Alemania e Italia enviaban tropas, aviones y artillería a las fuerzas de Franco. Estados Unidos por su parte, promovió el embargo de armas. La no intervención fue el nombre elegante para la complicidad. La República fue abandonada, asfixiada y finalmente derrotada.

¿El resultado? Cuarenta años de dictadura franquista. Pero el mundo pagó además un precio mayor, la impunidad con que triunfó el fascismo en España alentó al nazismo en tanto reforzó la impunidad fascista y contribuyó al inicio de la Segunda Guerra Mundial. El abandono de la República no fue inintencional; fue una decisión con consecuencias históricas catastróficas. Hoy algunos gobiernos progresistas practican la misma no intervención frente a Cuba, mientras el imperio ejerce su intervención permanente a través del bloqueo. No hay lección aprendida. El olvido es productivo y permite repetir.

Lo que el imperio olvida: los pueblos no se rinden

Y sin embargo, frente a este panorama desolador, existe un contrapunto que el análisis geopolítico clásico tiende a subestimar. Cuba cuenta con algo que ningún bloqueo puede estrangular del todo: cuenta con los pueblos del mundo más que con los Estados. Con los movimientos de solidaridad que en cada país se reúnen, organizan y preparan envíos de ayuda. Con la memoria viva de millones de personas que saben lo que Cuba ha dado al mundo y no están dispuestas a permitir que sea reducida a escombros en silencio.

Los Estados calculan, miden costos, evalúan riesgos, sopesan sanciones. Los pueblos, cuando están organizados y conscientes, actúan por convicción.

La solidaridad interestatal es frágil porque depende de gobiernos, de ciclos electorales, de alianzas cambiantes, alianzas que hoy están muertas. La solidaridad de los pueblos es más lenta, más difícil de articular, pero cuando se activa es diferente: no puede ser sancionada por el FMI ni coaccionada por la OTAN.

No hay otro país en el mundo que tenga una red de movimientos de solidaridad tan extendida, persistente y arraigada en múltiples generaciones como Cuba. Ese tejido humano es un activo estratégico que no aparece en ningún balance convencional.

La diáspora como quinta columna inversa

Hay un factor que el Pentágono parece ignorar, quizás porque no entra en sus modelos de análisis: la composición demográfica de la emigración cubana en Estados Unidos ha cambiado mucho en las últimas décadas. Los cubanos de Miami en los años sesenta eran la élite blanca que huyó de la revolución, propietarios expropiados, profesionales de clase alta, figuras del antiguo régimen batistiano. Eran el lobby más feroz contra la revolución, el motor del bloqueo, la base social del exilio duro.

Hoy la mayoría de los cubanos en los Estados Unidos son emigrantes económicos de las últimas décadas, llegados en balsas o por terceros países, con familia en la isla, con vínculos afectivos y culturales intactos, con una visión mucho más matizada de la realidad cubana.

Si el imperio osara invadir, las bombas caerían sobre sus pueblos, sobre sus abuelas, sobre sus hermanos. ¿De verdad alguien cree que los miles de cubanoamericanos — sus hijos y sus nietos — recibirían esa guerra con entusiasmo?

El cálculo político es el inverso: lo que el imperio tendría no es una retaguardia en Miami, sino una quinta columna dentro de sus propias fronteras, una comunidad dispuesta a rebelarse desde adentro del Amo.

Eso es lo que el análisis puramente institucional no puede ver, porque trabaja con categorías frías, alianzas, intereses y recursos. Lo que escapa a esas categorías es la dimensión libidinal de la política: el amor, el duelo, la pertenencia. Un pueblo no es una variable geopolítica. Un pueblo tiene madre. Y cuando las bombas caen sobre la madre, el cálculo racional se disuelve en algo más antiguo y poderoso.

Irán y Vietnam: lecciones de la resistencia asimétrica

La heroica resistencia de Irán frente al imperialismo nos ha mostrado el camino: donde caiga alguien, aparecerán cien dispuestos a empuñar las armas y defender a la patria. No es retórica, es la descripción de una sociedad que ha interiorizado la defensa de la nación como valor irrenunciable, que ha hecho de la resistencia una identidad colectiva más fuerte que el miedo.

Cuba tiene ese mismo ADN: es una nación en armas no por conscripción forzosa, sino por la conciencia histórica acumulada en sesenta y cinco años de asedio.

Vietnam enseñó que una guerra no se decide únicamente en el plano militar.

La Ofensiva del Tet de 1968 fue una derrota táctica para el Viet Cong y el ejército de Vietnam del Norte, que sufrieron enormes pérdidas y no lograron sostener las posiciones tomadas. Pero fue una victoria política estratégica: demostró que podían atacar en cualquier punto del país, incluso en los centros del poder sudvietnamita, y quebró la narrativa de Washington de que la guerra estaba cerca de ganarse. A partir de entonces, la confianza de la sociedad estadounidense en la guerra comenzó a desmoronarse. La guerra no se gana ocupando territorio; se gana desgastando la voluntad política del invasor. Y esa voluntad, en las democracias liberales con opinión pública y elecciones periódicas, tiene un límite medible en ataúdes y en puntos de aprobación presidencial. Cuba, con su geografía compleja, con su población preparada durante décadas de defensa territorial, podría reproducir ese escenario.

Una invasión a Cuba no sería la operación quirúrgica de Granada ni el paseo de Panamá. Sería un atolladero sangriento y prolongado, que duraría años y costaría miles de vidas estadounidenses.

La paradoja del aislamiento preventivo, morir solo para no morir juntos

Llegados a este punto, debemos interrogar el mecanismo profundo que lleva a las potencias que deberían disputar el orden unipolar a abandonar a Cuba. La respuesta superficial es el cálculo de costos: sostener a Cuba tiene un precio en términos de sanciones secundarias, de tensión con Washington, de riesgo comercial. Pero esa explicación es insuficiente, porque el abandono no es solo racional, tiene una dimensión de satisfacción, de alivio, que quizás solo el psicoanálisis puede iluminar.

Existe en la política internacional algo análogo a lo que Freud describió como pulsión de muerte en el individuo: la tendencia a la autodestrucción, al retorno a un estado de quietud que se alcanza a costa de la vida misma.

Los actores que abandonan a Cuba no solo están calculando sus intereses; están también, de alguna manera, renunciando a su propio deseo de transformación. El abandono de Cuba es la renuncia a la posibilidad de otro mundo. Es la aceptación, en el fondo, de que el orden del Amo es el único orden posible, de que el capitalismo global es el horizonte insuperable de la historia.

Hay en esa renuncia algo de lo que Marcuse llamó la desublimación represiva, que es la integración del sujeto en el sistema a través de la promesa de pequeñas satisfacciones que neutralizan el impulso radical. Los gobiernos progresistas latinoamericanos, las potencias del BRICS, los partidos de izquierda europeos, las organizaciones solidarias que hoy miran para otro lado: todos han encontrado, de una manera u otra, su nicho dentro del orden. Han obtenido su cuota de reconocimiento, su espacio de cómoda disidencia, sus gestos permitidos. Y en ese proceso, han dejado de ver a Cuba como un espejo de lo que podrían ser, para verla entonces como un recordatorio incómodo de lo que han dejado de ser.

Porque Cuba interpela: eso es lo insoportable. No que sea un fracaso, sino que sea una pregunta permanente, dirigida a todos los que, en algún momento, creyeron que otro mundo era posible y luego decidieron que era demasiado costoso. Cuba les pregunta: ¿en qué momento exacto decidiste que la normalidad capitalista era preferible a la lucha? ¿En qué momento exacto entregaste el deseo? Esa pregunta es la razón profunda del bloqueo y del abandono.

Al abandonar a Cuba, no están evitando su propio final; solo lo están aplazando y asegurándose de que, cuando llegue, se encuentren en la más absoluta soledad. Están cavando su propia tumba con la excusa de no mancharse las manos con la tierra de la tumba de Cuba. Porque el que elige salvarse a sí mismo en una tormenta colectiva termina aislado y luego sometido. El Amo, una vez que termina con el hermano, no firma la paz con los que miraron, los incorpora a la lista de los siguientes. Siempre necesita nuevas víctimas para legitimar su existencia.

La solidaridad como necesidad estratégica y acto de dignidad

Lo que hemos presenciado en este análisis no es una serie de errores tácticos aislados, sino una profunda crisis de conciencia geopolítica y moral en el progresismo global. Se ha perdido la noción de que la solidaridad no es un lujo moral reservado para los tiempos buenos, es una necesidad estratégica y, al mismo tiempo, la definición misma de lo que significa pertenecer a un proyecto político que aspira a algo más que la administración del orden existente.

Cuba no es solo Cuba: es la demostración viva de que es posible resistir durante décadas el asedio del poder más grande del mundo y mantener en pie un sistema de salud universal, una educación gratuita, una cultura propia, una dignidad irrenunciable.

Eso no prueba que el modelo cubano sea perfecto: prueba que la alternativa al capitalismo global no es el caos ni el fracaso automático, sino que es posible y vale la pena construir algo diferente e incluso hermoso. Al destruir a Cuba, el imperio no está eliminando una amenaza militar, está eliminando una prueba, está borrando un ejemplo. Pretende demostrar que fuera de la normalidad capitalista no hay vida posible.

Los que entregan a Cuba se entregan a sí mismos. No como metáfora, sino en el orden estratégico. Un orden mundial que dice llamarse multipolar, pero no protege a sus miembros más vulnerables cuando el Amo aprieta, no es un orden alternativo, es una extensión descentralizada del mismo dominio, un sistema donde la multipolaridad es la forma decorativa de la unipolaridad efectiva. Al traicionar a Cuba le dicen al Sur Global: «si no tienes petróleo o una posición geográfica vital para nosotros, no esperes nada». Eso, a largo plazo, los priva de aliados auténticos y los deja en un mundo donde solo importa la fuerza bruta: un mundo donde ellos también, aunque grandes, son vulnerables.

Cuando el imperio mira a Cuba, ve una isla pequeña que puede bloquear y asfixiar casi sin consecuencias. Lo que no ve — o lo que no quiere ver — es que esa isla es un volcán dormido sobre una falla tectónica global.

Cuba no es solo su geografía, es su historia, es su ejemplo, es el sueño de millones de personas que en algún rincón del mundo todavía creen que otro mundo es posible. Y mientras ese sueño exista, mientras haya un pueblo que lo encarne con su resistencia cotidiana, el orden del Amo no estará completo. Siempre habrá una grieta. Siempre habrá una pregunta sin responder.

Si algún día el imperio estadounidense olvida Vietnam, olvida Irán, olvida que los pueblos no se rinden y se atreve a invadir la isla, descubrirá que la guerra no se gana con portaaviones. Se gana con la capacidad de un pueblo para decir «no» aunque le cueste la vida. Y ese «no» de Cuba, multiplicado por millones dentro y fuera de la isla, será su tumba.

Mientras tanto, la batalla es otra. Es la batalla por la vida cotidiana, por la luz, por la comida, por la esperanza. Y en esa batalla, los pueblos del mundo tienen la palabra. No para reemplazar a los Estados, sino para obligarlos a actuar. Para recordarles que la historia juzga. Que el juicio sobre los que abandonaron a la República española fue severo y permanente.

Que el silencio, cuando puede romperse, es una decisión. Y que las decisiones tienen consecuencias.

Cuba pide acciones concretas: el petróleo necesario, los buques, la custodia, la ruptura del cerco financiero, la protección del espacio marítimo, la presión real en los organismos internacionales. Pide que quienes dicen apoyarla pregunten qué hay que hacer y lo hagan. No es una petición de caridad, es una exigencia de coherencia. Basta de declaraciones. Basta de mensajes de apoyo que funcionan como coartada para la inacción.

La pregunta final no es para Cuba. Cuba ya ha dado su respuesta con 67 años de Revolución. La pregunta es para el mundo. Para los que dicen querer otro orden.

Para los que firmaron declaraciones y enviaron mensajes. Para los que tienen petróleo y buques, pero no los envían, o votos relevantes en la ONU que solo emplean para abstenerse.

¿De qué lado estás? ¿Del lado de los que esperan a que los Estados se decidan, o del lado de los que ya están actuando? ¿Del lado de los que envían mensajes de apoyo, o del lado de los que envían los buques y deciden enfrentarse de una vez a los designios del Imperialismo?

*Josué Veloz Serrade es un psicólogo, académico y articulista cubano, especializado en psicología clínica y estudios sociopolíticos. Miembro del consejo editorial de La Tizza y de la Cátedra Gramsci del Instituto Juan Marinello, publica análisis sobre la Revolución Cubana, el Caribe y el pensamiento marxista en medios como Huella del Sur.

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