jueves, 6 de agosto de 2026

47 años de Epopeya Sandinista...

47 años de Epopeya Sandinista...

El 19 de julio de 1979, las tropas del Frente Sandinista de Liberación Nacional entraron en Managua mientras el dictador Anastasio Somoza huía al exterior.



Por Fabrizio Casari/ periodista y analista internacional



Prolegómenos: “Para mí el general Cesar A. Sandino es un héroe”... Profesora Gabriela Mistral, abanderada del ejército Sandinista y premio Nobel de Literatura.

“Para mí el general Sandino, de seres humanos libres, es un héroe. Nicaragua ya dio a Rubén Darío y Sandino. Solo falta que hubiera nacido ahí el general libertador Simón Bolívar Palacios y Blanco. El general Sandino carga sobre su espalda viril de herrero o forjador con la honra de todos nosotros latinoamericanos. Gracias a él, cuando la zancada de la bota de siete leguas que es la yanqui vaya bajando hacia el sur, los del sur se acordaran de los mil sandinos, para asumir su legado revolucionario y libertario”...

Con esperanza y memoria,


Han llegado a 47 los años de sandinismo. Décadas transcurridas bajo el fuego y contra el viento. Pero han sido y siguen siendo 47 años de éxitos innegables, medibles en cuatro etapas históricas diferentes: la guerrilla insurreccional para derrocar la dictadura, el gobierno revolucionario de los años ochenta, la defensa de las conquistas alcanzadas frente a la avalancha reaccionaria y neoliberal de los años noventa y, finalmente, la victoria electoral con el regreso al gobierno en 2006.

Es difícil establecer un orden de importancia entre estas cuatro etapas, pero sin duda esta última representa la materialización plena del proyecto original que, aun incorporando profundas innovaciones coherentes con las transformaciones globales impulsadas por Daniel y Rosario, conserva sus principios fundacionales y los proyecta en el renacimiento de Nicaragua. Un proyecto basado en sacar al país del estancamiento de la pobreza extrema/miseria en el que permanecía hasta 2006, restablecer su equilibrio socio-económico y proyectarlo hacia la condición de potencia regional: Sí, una potencia. Porque cuando la sanidad, la instrucción, la producción de alimentos, la electrificación y la red vial son las mejores de la región; cuando la eficiencia del sistema y la estabilidad política van de la mano con la paz interna, en marcado contraste con el resto de Centroamérica, entonces es legítimo hablar de una potencia regional.

El Sandinismo, como todos los procesos políticos de larga duración, ha suscitado durante estos 47 años adhesiones convencidas tanto dentro como fuera de Nicaragua, así como traiciones y escisiones, individuales y colectivas. La peor fue la que se produjo tras la derrota electoral de 1990, cuando la mayoría del entonces grupo parlamentario decidió dar la espalda al Frente y abrazar a los empresarios, la Iglesia y los partidos de derecha, esperando encontrar una posición más conveniente. No actuaron por iniciativa propia: fueron dirigidos desde el exterior.

Tras la derrota electoral de 1990, Estados Unidos decidió que, aprovechando el desconcierto y la confusión que se habían instalado en el país, había llegado el momento de convertir la derrota electoral en la desaparición política del sandinismo. Identificó en los sandinistas de apellido oligárquico –tradicionalmente poco inclinados a permanecer en la oposición– a quienes podrían encargarse de destruir el FSLN. El objetivo era borrar su identidad política, su memoria histórica y su pasión ideal; archivar su historia rebelde y transformarlo en uno más de tantos partidos burgueses latinoamericanos situados en el centro del camino entre el anexionismo y la independencia, que presentan como realismo político su disposición a arrodillarse ante el altar del Imperio.

Pero habían hecho mal sus cálculos. No habían valorado la tenacidad, la mística y el espíritu de sacrificio de la militancia sandinista, ni comprendido la firmeza de Daniel Ortega, Tomás Borge y otros dirigentes; la credibilidad que habían conquistado con méritos propios ante el Pueblo Sandinista y su absoluta negativa a rendirse. Lo comprobaron en 1994, cuando el FSLN convocó a su militancia y saldó cuentas con los apóstoles de la oligarquía que se convirtieron en profetas de aquel imperialismo del que habían afirmado ser enemigos para siempre.

La defensa de las conquistas de la Revolución Sandinista no fue sencilla ni estuvo exenta de sangre. Los llamados “neoliberales” no lo eran en absoluto: despidos políticos masivos contra la militancia sandinista, una represión desmedida contra estudiantes y trabajadores que protestaban por los drásticos recortes. Sin electricidad durante varias horas al día y con la escasez de agua, poner comida en la mesa se convirtió en un privilegio reservado a una minoría. Para la mayoría quedaron el hambre, el analfabetismo, el regreso de enfermedades endémicas, el desempleo masivo, el estado comatoso de la asistencia sanitaria y la seguridad social, el aumento de la mortalidad infantil y la reducción de la esperanza de vida. Nacer se convirtió en una aventura peligrosa y envejecer pasó a ser un lujo.

Los más vulnerables –mujeres, ancianos y niños– no aparecían en las estadísticas oficiales, pero llenaban las aceras. Las manos ya no saludaban: pedían ayuda. Las cifras de la desesperación se perdían entre los números de los falsos positivos. Fueron dieciséis años de saqueo neoliberal que agotaron al país. El enriquecimiento desmedido de la oligarquía empresarial financiera y de su testaferra, l burguesía parasitaria, vende patria corrupta, tuvo como precio el empobrecimiento de los pobres y de los sectores más vulnerables.

Pero esos dieciséis años de resistencia popular constituyeron la base fundamental para la reconstrucción de un partido que fue acumulando fuerzas, sin las cuales noviembre de 2006 habría sido un mes cualquiera de un año cualquiera. Fue, por el contrario, la fecha de la recuperación. Esa resistencia puede considerarse con justicia la segunda etapa de la Revolución Sandinista. El comandante Daniel Ortega Saavedra había saneado y reconstruido el FSLN y, tras dieciséis años trágicos, marcados por elecciones robadas y coyunturas adversas, el sandinismo volvió a gobernar. La narrativa de Nicaragua cambiò por completo.

Hoy Nicaragua es un país completamente distinto, muy diferente de aquel que Daniel arrebató de las manos de los tecnócratas neoliberales, cleptómanos con másteres y doctorados. Desde hace 19 años, la Nicaragua sandinista ha llevado a la práctica aquello que ya había comenzado a construir tras la liberación del país de la tiranía somocista. Estos últimos 19 años constituyen, por tanto, la tercera etapa de aquella Revolución que triunfó en 1979.

Desde el regreso del sandinismo al frente del país, la geografía política ha cambiado, escribiendo una nueva historia. Está en marcha el mayor proyecto de modernización de un país jamás concebido en toda Centroamérica, diseñado hasta en sus más mínimos detalles por su Comandante  Daniel Ortega Saavedra y por la copresidenta Rosario Murillo Zambrana, un proyecto que revierte el destino que el Norte había reservado para la nación. Ese destino cambió porque cambió por completo el paradigma político y social, así como las prioridades. Entre ellas destaca la reducción de la pobreza, una batalla que se libra mediante la gratuidad de la salud y la educación, la construcción de nuevas estructuras e infraestructuras, la ampliación del acceso al crédito, el fortalecimiento constante del Estado de bienestar y la extensión de los derechos sociales.

Como ocurre siempre cuando las revoluciones transforman la sociedad en profundidad, es decir, cuando alteran de manera decisiva los equilibrios de clase y de poder preexistentes, la reacción de quienes han sido desalojados del poder termina por llegar; desordenada y carente de toda decencia, pero llega. En 2018, quienes habían sido desplazados y que desde 2007 habían dejado de generar pobreza para aumentar su propia riqueza, intentaron recurrir a la violencia para derrocar a un gobierno que había apostado por la paz y la reconciliación. Querían devolver al Estado su papel de servidor de la oligarquía, restableciendo la riqueza para unos pocos y eliminando la idea de una vida digna para todos.

El ludismo oligárquico, empresarial, financiero respaldado por la manipulación mediática dirigida desde el Imperio estadounidense, tenía como programa la difusión del terror, la destrucción del País y el asesinato masivo de militantes sandinistas. Participaron con entusiasmo jerarquías eclesiásticas, latifundistas y militantes de la derecha reaccionaria. Eran agentes de la destrucción, funcionarios de la venganza y recaudadores del odio de clase.

Los golpistas nicaragüenses pertenecen a una derecha fascista y criminal que solo acepta dos posibilidades: ganar las elecciones o, si las pierde, intentar revertir mediante la violencia el resultado. Sin embargo, ese plan tiene un defecto: solo funciona allí donde las respectivas naciones carecen de la fuerza interna necesaria para enfrentarlos primero y derrotarlos después.

Para detenerlos, el sandinismo recurrió a la fuerza, porque no existía otra alternativa posible. Ofreció diálogo, paz, amnistías y perdón, con la condición de que regresaran al ámbito de la política legítima y abandonaran el terrorismo promovido por los sectores patronales, pero no hubo respuesta. Continuaron tejiendo conspiraciones y preparando un nuevo intento de golpe de Estado y, por ello, Daniel y Rosario no tuvieron otra opción que librar al país de semejante grupo. Un viaje gratis de ida hacia el país que siempre habían considerado su verdadera referencia.

El Sandinismo de este nuevo milenio ha sabido unir los sueños y el horizonte histórico con la política cotidiana, haciendo de ambos una sola construcción nacional. Un país que decidió crecer corrigiendo los desequilibrios heredados. Ese es el significado profundo del concepto de “Pueblo Presidente”: formar una ciudadanía activa e invertir la relación tradicional entre gobernantes y gobernados. Se ha llevado Nicaragua a transformar su identidad socioeconómica, preservando su esencia mientras renovaba parte de su estructura. Revolución y evolución.

La apuesta – que resultó vencedora – consistió en mantener una identidad productiva concebida sobre un modelo rural, pero proyectada hacia el desarrollo comercial y turístico mediante un modelo económico basado en las pequeñas empresas familiares, capaz de garantizar una distribución horizontal de la creación de riqueza.

La Revolución Sandinisa lleva ya 47 años porque ha hecho posible una transformación profunda, tanto estructural como superestructural, de Nicaragua. Porque, en circunstancias muy diferentes, el sandinismo ha sabido afrontar tanto los desafíos cotidianos como las situaciones extraordinarias; ha sabido defender el carácter sagrado de la soberanía nacional, de las instituciones y de la paz, y ha derrotado al golpismo, enfermedad endémica y autoinmune del latifundismo. Y continúa porque el Estado no cede su soberanía a las oligarquías internacionales; por el contrario, ejerce con firmeza su función reguladora y organizadora de la sociedad. Conserva el monopolio de la legislación, de la gestión pública y del uso legítimo de la fuerza. Se ha optado por trazar una línea clara entre una democracia popular y una democracia elitista, asentando la primera sobre la paz y el equilibrio social, entendidos como condiciones indispensables para una convivencia duradera.

Dentro del conjunto de las doctrinas políticas de izquierda, el Sandinismo constituye una realidad única: ha sido capaz de imponerse en dos siglos diferentes, atravesando el segundo y el tercer milenio. Nació como un grito de independencia, de soberanía nacional y de libertad frente al invasor yanqui y, desde su regreso al gobierno en enero de 2007, ha asumido una identidad política de alcance global que expresa una concepción precisa de la organización política y social. Incluso en un contexto dominado por el pensamiento único, el sandinismo ha conseguido desarrollar un modelo alternativo, transformándolo todo y transformando a todos. Lo ha hecho con determinación, colocando cada una de las piezas del entramado nacional en el lugar que le corresponde.

Hoy, pese a la fase extremadamente convulsa y peligrosa que atraviesa el mundo, debido a la resistencia obstinada del viejo orden unipolar a aceptar el surgimiento de una dinámica multipolar, Nicaragua vive en tranquilidad, protegida de las quintas columnas del Imperios estadounidense y de las tentaciones desestabilizadoras. No teme al cambio y volverá a cambiar allí donde sea necesario. Porque una verdadera Revolución es, ante todo, la audacia de intentar alcanzar el cielo sin dejar nunca de pisar la tierra. Para eso sirven las revoluciones: para impedir que el miedo termine imponiéndose sobre el valor.

Nicaragua avanza en consulta nacional de reforma constitucional con todos los sectores del país

El Gobierno de Nicaragua inició una consulta nacional sobre la reforma a la Constitución para fortalecer la soberanía, la paz y el sistema electoral.

El proceso, calificado como amplio e incluyente, convoca a instituciones del Estado, sectores productivos, sociales, académicos, comunitarios, empresariales, así como a las fuerzas armadas y pueblos originarios.

El Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional de Nicaragua dio inicio este martes 28 de julio a una consulta nacional sobre el proyecto de reforma a la Constitución Política.

El proceso, calificado como amplio e incluyente, convoca a instituciones del Estado, sectores productivos, sociales, académicos, comunitarios, empresariales, así como a las fuerzas armadas y pueblos originarios, con el propósito de fortalecer la institucionalidad democrática, la seguridad y la soberanía del país centroamericano.

La copresidenta de la República, Rosario Murillo Zambrana, destacó la relevancia de este mecanismo participativo para avanzar en el modelo de autodeterminación nacional y la lucha contra las desigualdades. «Ayer iniciamos la consulta; ayer iniciamos realmente la consulta sobre la reforma a la Constitución Política, Pueblo Presidente, Nicaragua Triunfa en Paz y Unidad», expresó la alta funcionaria.

Asimismo, enfatizó que el principal objetivo de las trasformaciones legales radica en garantizar «la continuidad de la paz, la continuidad de la tranquilidad, de la seguridad, de la estabilidad, que nos permite avanzar».

Murillo sostuvo que el Pueblo Nicaragüense cuenta con el «derecho a elegir esas prácticas democráticas que nos llevan adelante» y subrayó que la búsqueda de la equidad es el pilar central del proyecto social de la nación.

La mandataria expresó también: «¿Y qué quiere decir avanzar? Vencer la pobreza, paso a paso, con el trabajo y el esfuerzo de todos, y hacerlo en condiciones de dignidad, de patria y dignidad, de patria y libertad, y de patria y futuro, porque eso es lo que queremos, crear futuro, futuro con vida digna, desde la paz, la seguridad, la estabilidad y el amor a Nicaragua».

En el marco del inicio de las conversacioneslas autoridades del Gobierno y la Asamblea Nacional sostuvieron un encuentro en el Salón Sandino de la Cancillería con miembros del cuerpo diplomático acreditado en Managua para exponer los alcances de la reforma.

En la actividad participaron integrantes de la Comisión Especial Constitucional, representantes del Consejo Supremo Electoral y del Gabinete de Gobierno. Durante la exposición a los diplomáticos, el presidente de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras, explicó que las modificaciones contemplan un perfeccionamiento de los mecanismos de participación ciudadana en los comicios.

El parlamentario señaló que la propuesta abarca «una organización desde el punto de vista electoral, que responde a los intereses del pueblo y que garantiza que las elecciones van a ser del pueblo nicaragüense», ratificando que se celebrarán procesos comiciales «limpios, transparentes, tal y como lo hemos venido haciendo todos estos años».

La reforma plantea además normativas destinadas a frenar el financiamiento foráneo dirigido a desestabilizar las instituciones del Estado.

Al respecto, la copresidenta Murillo Zambrana cuestionó los sectores políticos subordinados a intereses externos y remarcó la vocación patriótica del país«Los que ya no son nicaragüenses, ni tendrían que hablar, porque perdieron el derecho de ser nicaragüenses a punta, precisamente, de querer instalar injerencias, querer instalar prácticas intervencionistas, querer instalar el interés de otros sobre el interés supremo de la patria y de las familias nicaragüenses. Este es un país y un pueblo patriótico, y este es un país que sabe de luchas y de honor».

El cronograma de trabajo contempla la realización de debates con las fuerzas laborales de la construcción, minería, zonas francas, transporte, medios de comunicación, juventud, estudiantes, así como con los Gobiernos regionales y consejos de las regiones autónomas de la Costa Caribe.

De acuerdo con lo informado por la Copresidencia, una vez culminada la fase de recepción de propuestas de todos los sectores, la propuesta formal de reforma a la Constitución Política será presentada e instalada formalmente durante el inicio del mes de septiembre.

Lo subrayado/interpolado es nuestro

sábado, 1 de agosto de 2026

Cuba, legado y Revolución: ¡Patria o muerte, venceremos!... quien tenga patria que la defienda, quien no la tenga que la conquiste...

Cuba, legado y Revolución: ¡Patria o muerte, venceremos!... quien tenga patria que la defienda, quien no la tenga que la conquiste...


Por Dannys Díaz Domínguez/escritor, periodista y analista internacional:

La historia de Cuba durante la segunda mitad del siglo XX estuvo marcada por uno de los procesos políticos y sociales más trascendentes de América Latina: la Revolución Cubana. Aunque el triunfo revolucionario ocurrió el 1 de enero de 1959, sus raíces se encuentran en acontecimientos previos que expresaban el descontento de amplios sectores de la sociedad cubana ante la situación política, económica y social existente. Entre esos acontecimientos destaca el asalto al Cuartel Moncada, ocurrido el 26 de julio de 1953, considerado el punto de partida de un movimiento de liberación nacional que, tras varios años de lucha, desembocaría en una revolución de carácter popular.

El asalto al Moncada constituyó mucho más que una acción militar fallida. Representó el surgimiento de una nueva generación política que buscaba transformar las estructuras del país mediante la lucha contra la dictadura instaurada por Fulgencio Batista tras el golpe de Estado de 1952. A partir de ese momento comenzó a configurarse un movimiento que integró diversas corrientes sociales y políticas, unidas por la aspiración de recuperar la soberanía nacional, restaurar el orden constitucional y promover profundas reformas sociales.

El contexto histórico y el surgimiento del Movimiento

Para comprender el significado histórico del asalto al Cuartel Moncada resulta necesario analizar las circunstancias que atravesaba Cuba a comienzos de la década de 1950. El golpe militar encabezado por Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952 interrumpió el proceso electoral previsto para ese año y puso fin al orden constitucional establecido por la Constitución de 1940. La suspensión de las garantías democráticas generó una creciente oposición entre sectores estudiantiles, obreros, profesionales e intelectuales. Al mismo tiempo, la sociedad cubana enfrentaba profundas desigualdades económicas. Aunque el país mostraba indicadores de desarrollo superiores a los de muchas naciones latinoamericanas, amplios sectores rurales vivían en condiciones de pobreza, con limitadas oportunidades de empleo, educación y acceso a la tierra. La concentración de la propiedad agraria, la dependencia económica respecto al mercado estadounidense y los problemas estructurales vinculados al monocultivo azucarero constituían desafíos permanentes para el desarrollo nacional. En este contexto surgió un grupo de jóvenes que consideró insuficientes las vías tradicionales de oposición política. Entre ellos se encontraba Fidel Castro Ruz, joven abogado que había intentado impugnar jurídicamente el golpe de Estado sin obtener resultados. Convencidos de que era necesario emprender una acción directa contra la dictadura, comenzaron a organizar un movimiento clandestino cuyo objetivo inicial consistía en desencadenar un levantamiento popular que restaurara la legalidad constitucional.

El plan se materializó el 26 de julio de 1953 mediante el ataque al Cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, y al Cuartel Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo. Aunque la operación fracasó desde el punto de vista militar y muchos de sus participantes fueron asesinados, encarcelados o perseguidos, el acontecimiento tuvo una enorme repercusión política. Lejos de significar el fin del movimiento, el Moncada se convirtió en un símbolo de resistencia frente al régimen y en el punto de partida de una nueva etapa de lucha revolucionaria.

De la derrota militar a la reorganización revolucionaria

Tras el fracaso del asalto al Cuartel Moncada, el gobierno de Batista desplegó una intensa represión contra los participantes de la acción. Numerosos combatientes fueron capturados y ejecutados extrajudicialmente, mientras otros enfrentaron largos procesos judiciales. Sin embargo, la dureza de la respuesta gubernamental contribuyó a despertar simpatías hacia los jóvenes rebeldes en diversos sectores de la población, que comenzaron a percibirlos como representantes de una causa nacional frente a la arbitrariedad del régimen.

La historia me absorberá”...

Entre los detenidos se encontraba Fidel Castro Ruz, quien asumió su propia defensa durante el juicio celebrado en Santiago de Cuba. Su alegato final, posteriormente conocido como La historia me absolverá, trascendió el marco judicial para convertirse en un programa político. En aquel documento se exponían los principales problemas que afectaban a la sociedad cubana y se proponían medidas dirigidas a transformar la realidad nacional. La reforma agraria, la ampliación del acceso a la educación, la protección de los trabajadores y la recuperación de la soberanía económica aparecían entre los objetivos fundamentales planteados por el movimiento...

Condenado a prisión junto a otros participantes de la acción, Fidel Castro fue trasladado al Presidio Modelo de la Isla de Pinos. Durante su estancia en la cárcel, los integrantes del movimiento aprovecharon el tiempo para fortalecer su preparación política y consolidar los vínculos organizativos que más tarde resultarían esenciales para la continuidad de la lucha. La prisión no significó una interrupción del proyecto revolucionario, sino una etapa de reorganización y maduración estratégica. En 1955, como resultado de una amnistía impulsada por la presión de distintos sectores de la opinión pública, los moncadistas recuperaron la libertad. Poco después, comprendiendo las limitaciones existentes para desarrollar sus actividades en Cuba, varios de sus principales dirigentes partieron hacia México. Desde el exilio comenzaron a reorganizar las fuerzas opositoras y a preparar una nueva fase de la lucha contra la dictadura.

La estancia en México resultó decisiva para el futuro del movimiento. Así la Generación del Centenario del Natalicio del Maestro libertario José Martí Pérez, nombre del grupo de jóvenes que asaltaron el Moncada, se convertiría en el Movimiento 26 de Julio (M-26-7), en memoria de aquella fecha que marcó el comienzo de todo un movimiento de liberación nacional. Allí se incorporaron nuevos combatientes procedentes de diferentes experiencias políticas y sociales. Entre ellos destacó Ernesto Guevara de la Serna, joven médico argentino que compartía la convicción de que los problemas latinoamericanos estaban estrechamente vinculados a las estructuras de dependencia económica y dominación política existentes en la región. Su incorporación contribuyó a enriquecer el carácter internacionalista que posteriormente adquiriría la Revolución Cubana. Durante esos meses se desarrolló un intenso proceso de preparación militar y organizativa. El objetivo consistía en regresar a Cuba para iniciar una lucha armada que permitiera crear las condiciones necesarias para un levantamiento popular más amplio. Esta estrategia se apoyaba en la idea de que la resistencia armada podía convertirse en el núcleo de un movimiento capaz de aglutinar a campesinos, obreros, estudiantes y otros sectores descontentos con el régimen.

“El que tenga Patria que la defienda, quien no la tenga que la conquiste”... desembarco del Granma, 2 diciembre 1956...

La materialización de esos planes ocurrió el 25 de noviembre de 1956, cuando ochenta y dos expedicionarios partieron desde el puerto mexicano de Tuxpan a bordo del yate Granma. A pesar de las dificultades de la travesía y de los reveses sufridos tras el desembarco en las costas orientales de Cuba, la expedición marcó el inicio de una nueva etapa en el proceso revolucionario. La lucha dejaba de ser un proyecto clandestino limitado a pequeños grupos urbanos para transformarse en una guerra de liberación nacional que encontraría en las montañas de la Sierra Maestra su principal escenario de desarrollo.

De esta manera, el período comprendido entre 1953 y 1956 representó la transición entre el impulso inicial del Moncada y la consolidación de un movimiento revolucionario organizado. Lo que comenzó como una acción armada aislada terminó convirtiéndose en una fuerza política con capacidad para desafiar al régimen de Batista y proyectar una alternativa de transformación para la sociedad cubana.

La guerra revolucionaria y el camino hacia el triunfo de 1959

El desembarco del Granma el 2 de diciembre de 1956 estuvo lejos de desarrollarse según lo planificado. Las fuerzas expedicionarias fueron detectadas rápidamente y sufrieron importantes pérdidas durante los primeros enfrentamientos con el ejército. Sin embargo, un pequeño grupo de sobrevivientes logró reagruparse en la Sierra Maestra, región montañosa del oriente cubano que se convertiría en el principal escenario de la lucha revolucionaria durante los años siguientes. Desde sus inicios, la guerrilla enfrentó enormes dificultades materiales y militares. El ejército gubernamental contaba con una superioridad considerable en armamento, efectivos y recursos logísticos. No obstante, los rebeldes encontraron en las zonas rurales un espacio favorable para reorganizarse y establecer vínculos con la población campesina. La relación construida entre la guerrilla y numerosos habitantes de la Sierra Maestra resultó fundamental para la supervivencia y posterior expansión del movimiento.

A medida que avanzaba la lucha, el Movimiento 26 de Julio fue ampliando su influencia más allá de las montañas orientales. En las ciudades, diversos grupos clandestinos desarrollaban actividades de propaganda, sabotaje y organización política destinadas a debilitar al régimen. Estudiantes, trabajadores, profesionales e intelectuales participaron de distintas formas en la oposición a Batista, contribuyendo a convertir la lucha revolucionaria en un fenómeno de alcance nacional. Durante los años 1957 y 1958, la situación política del régimen comenzó a deteriorarse progresivamente. Las denuncias sobre la represión, la corrupción administrativa y las limitaciones de las libertades públicas erosionaron su legitimidad ante amplios sectores de la sociedad. Paralelamente, los éxitos militares de la guerrilla fortalecieron la imagen del movimiento revolucionario y aumentaron su capacidad de convocatoria.

Un momento decisivo ocurrió en el verano de 1958, cuando el ejército lanzó una gran ofensiva contra las posiciones rebeldes en la Sierra Maestra. El objetivo era destruir definitivamente a la guerrilla y poner fin a la insurrección. Sin embargo, la operación no logró alcanzar sus propósitos. Los combatientes revolucionarios resistieron los ataques y, posteriormente, pasaron a la ofensiva. Este cambio en la correlación de fuerzas marcó el inicio de la fase final de la guerra.

En los últimos meses de 1958, las columnas rebeldes extendieron sus operaciones hacia diferentes regiones del país. La lucha dejó de concentrarse exclusivamente en Oriente y adquirió una dimensión nacional. Las victorias obtenidas por las fuerzas revolucionarias, junto con el creciente aislamiento político del gobierno, aceleraron el proceso de descomposición del régimen batistiano. La situación alcanzó su desenlace durante los últimos días de diciembre de 1958. Diversas ciudades fueron ocupadas por las fuerzas rebeldes y el control gubernamental comenzó a derrumbarse. Ante la imposibilidad de revertir el avance revolucionario, Fulgencio Batista abandonó Cuba en la madrugada del 1 de enero de 1959. Con la huida del dictador, llegó a su fin el régimen instaurado tras el golpe de Estado de 1952.

El triunfo revolucionario fue recibido con amplias manifestaciones de apoyo popular. Para numerosos sectores de la sociedad cubana, aquel acontecimiento representaba la posibilidad de construir un país más justo, soberano y democrático. La victoria militar no significó únicamente el reemplazo de un gobierno por otro, sino la apertura de un profundo proceso de transformaciones políticas, económicas y sociales que modificaría de manera significativa la historia nacional y tendría repercusiones en toda América Latina.

De este modo, el movimiento iniciado con el asalto al Cuartel Moncada en 1953 culminó una primera etapa de su desarrollo con el triunfo revolucionario de 1959. Lo que comenzó como la acción de un reducido grupo de jóvenes opositores terminó convirtiéndose en un amplio movimiento de liberación nacional capaz de movilizar a diversos sectores de la sociedad cubana y transformar el rumbo histórico del país.

La Revolución Cubana

El proceso revolucionario cubano constituye uno de los acontecimientos más relevantes de la historia latinoamericana contemporánea. Su origen puede situarse en el asalto al Cuartel Moncada del 26 de julio de 1953, acción que, aunque militarmente derrotada, logró convertirse en el símbolo fundacional de un movimiento de liberación nacional que canalizó las aspiraciones de cambio de amplios sectores de la sociedad cubana. Desde entonces, la lucha contra la dictadura de Batista evolucionó hacia un proyecto político de transformación profunda que culminó con el triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959.

La Revolución Cubana fue el resultado de un complejo proceso histórico en el que confluyeron factores políticos, económicos y sociales. La oposición al régimen dictatorial, las demandas de justicia social, la búsqueda de una mayor independencia económica y el anhelo de soberanía nacional se combinaron para dar forma a un movimiento capaz de movilizar a campesinos, obreros, estudiantes, intelectuales y otros sectores de la población. Esta amplia participación popular explica, en gran medida, la capacidad de resistencia y crecimiento que caracterizó al movimiento revolucionario desde sus inicios hasta la victoria final.

Tras el triunfo de 1959, el nuevo gobierno impulsó una serie de transformaciones orientadas a modificar las estructuras heredadas del pasado. Las reformas agrarias, la expansión de la educación, las campañas de alfabetización, el fortalecimiento de los servicios de salud y la ampliación del acceso a diversos derechos sociales formaron parte de un programa de cambios que buscó reducir las desigualdades históricas existentes en el país. Al mismo tiempo, la Revolución redefinió el papel de Cuba en el escenario internacional, proyectando una política exterior basada en la defensa de la soberanía nacional y la solidaridad con otros movimientos de liberación.

El legado histórico de este proceso ha trascendido las fronteras cubanas. Para numerosos movimientos sociales y políticos de América Latina, África y otras regiones del mundo, la experiencia revolucionaria cubana se convirtió en una referencia de lucha contra la dependencia, el colonialismo y las distintas formas de dominación externa. La figura de sus principales dirigentes y los acontecimientos vinculados a la Revolución adquirieron una dimensión internacional que influyó en los debates políticos del siglo XX y continúan siendo objeto de estudio e interpretación en la actualidad.

Su victoria modificó el panorama político de América Latina y convirtió a la isla en un referente para numerosos movimientos de liberación nacional durante la segunda mitad del siglo XX. Como señala Sergio Guerra Vilaboy, la historia latinoamericana ha estado marcada por una permanente búsqueda de integración, soberanía y resistencia frente a las distintas formas de dominación externa, ideales que hunden sus raíces en el pensamiento del general libertador Simón Bolívar Palacios y Blanco, del maestro libertario José Martí Pérez y otros líderes independentistas.

En ese contexto, el triunfo revolucionario de 1959 fue interpretado por amplios sectores del continente como la demostración de que era posible desafiar estructuras políticas consideradas dependientes y promover proyectos nacionales basados en la autodeterminación. Durante las décadas de 1960 y 1970, diversas organizaciones revolucionarias y movimientos de liberación encontraron en la experiencia cubana una fuente de inspiración política e ideológica. Paralelamente, el gobierno cubano brindó apoyo de distinta naturaleza —político, diplomático y, en algunos casos, militar— a procesos revolucionarios y anticoloniales en América Latina y África, convirtiéndose en un actor de relevancia en el escenario internacional de la Guerra Fría.

Desde una perspectiva histórica, la Revolución Cubana fortaleció también la idea de una América Latina unida por una historia común de luchas por la independencia, la justicia social y la soberanía. El concepto de América Latina expresa precisamente esa comunidad histórica de pueblos hermanados por sus luchas anticoloniales, anticapitalistas y antiimperialistas, así como por la aspiración de construir un destino común.

Por ello, el legado de la Revolución Cubana trasciende los cambios ocurridos dentro de la isla. Su influencia se manifestó en los debates políticos, en el desarrollo de movimientos sociales y revolucionarios y en la consolidación de un pensamiento latinoamericanista que continuó reivindicando la integración regional y la defensa de la soberanía de los pueblos. Aunque sus resultados históricos han sido objeto de diversas interpretaciones, su impacto en la historia de América Latina resulta incuestionable y constituye uno de los fenómenos políticos más significativos del siglo XX.

Asimismo, la Revolución Cubana dejó una profunda huella en la identidad nacional. Más allá de las diversas valoraciones que existen sobre sus resultados y evolución histórica, constituye un fenómeno inseparable de la historia contemporánea de Cuba. Su impacto se refleja en la cultura, la educación, la memoria colectiva y en la manera en que varias generaciones han comprendido conceptos como independencia, soberanía y justicia social.

En definitiva, el asalto al Cuartel Moncada marcó el comienzo de un proceso que transformó radicalmente la realidad cubana. Lo que inició como la acción de un grupo de jóvenes comprometidos con la restauración del orden constitucional terminó convirtiéndose en una revolución popular que modificó las estructuras políticas y sociales del país y proyectó su influencia más allá de las fronteras nacionales. Por ello, el Moncada no solo representa el inicio de una lucha revolucionaria, sino también el punto de partida de un acontecimiento histórico cuyo legado continúa ocupando un lugar central en la historia de Cuba y de América Latina.

Lo subrayado/interpolado es nuestro.

Temporales desnudan su pobreza y la miseria real

Chile, exitista y autocomplaciente:

Temporales desnudan su pobreza y la miseria real...


Por Prof. Juan Pablo Cárdenas Squella/académico, escritor, periodista y analista internacional:


Prolegómenos: “Un pueblo sin memoria histórica y dignidad nada dignifica ni nada valen”...

Cuando las miserias morales asolan a un país, culpa es de todos los que por falta de educación/cultura y de ideales no han sabido amarlo como Patria. De todos los parásitos, vende patria/CPC/SOFOFA, que han vivido de ella sin trabajar, por y para ella...

Prof. Moreno Peralta

Secretario Ejecutivo ADDHEE.ONG

Reflexiona el Prof. Cárdenas Squella

Con los terremotos, temporales y otras calamidades, los canales de televisión compiten en difundir imágenes de las tragedias, así como del dolor de quienes las padecen. Todo lo más sórdido es lo que pasa a protagonizar sus noticiarios

Pero de pronto todo el país puede enterarse de las precarias condiciones en que viven millones de personas y de cómo los afectan particularmente estos desastres naturales. De cómo cinco o seis días de lluvias y vientos pueden acabar con sus viviendas, arrasar con sus escuelas, hospitales, plazas, caminos, puentes y carreteras. Esto es, quebrar con la conectividad de sus pueblos echar al suelo sus enseres, emprendimientos, cultivos y crianza de animales para su sostenimiento. Además de perder servicios fundamentales como la luz eléctrica y el agua potable. 

Cierto es que la última emergencia climática ha sido inédita, desmedida, y que igualmente habría provocado serios trastornos en nuestro territorio, pero todo se vio agravado por la precariedad de las viviendas en que habita el 17,3 por ciento de chilenos, esto es 3 millones 500 mil personas. Además del 6 por ciento de indigentes que no logran superar la extrema miseria, que viven en las calles, centros religiosos de acogida, de allegados o guarecidos por las estaciones de autobuses o edificios públicos.

Condiciones muy similares a las de esas mil 200 familias que pueblan los más de mil 400 campamentos “irregulares” a lo largo y ancho de Chile, y que el Estado democrático se encuentra demoliendo y erradicando a sus moradores para cumplir con la demanda de sus propietarios y el “sacrosanto” derecho de propiedad consagrado en la Constitución/artilugio de  1980.

Dificulto que quien haya seguido las trasmisiones de la televisión puedan pensar que Chile es un país pudiente, que estaría dando pasos relevantes en ponerle fin a la pobreza, cuando centenares de viviendas populares y miles de personas se incorporan abruptamente a la miseria al quedarse sin nada. Con suerte solo con sus mascotas. 

Damnificados esta vez por los temporales que han acabado con sus trabajos y fuentes de ingreso, pasando automáticamente a incrementar la cifra de ese 10 por ciento de trabajadores desempleados. Que, por cierto, son muchos más si se considera el empleo estacional y solo por horas. En los últimos días una voz oficial ha confirmado que los que encuentran empleo irregular son más si se compara con los contratados con sus derechos previsionales, horas de trabajo, vacaciones y otros. Afectando sobre todo a las mujeres.

La patética ley de reconstrucción nace propiciada por el régimen de los ricos!

Pero mientras la lluvia se hacía copiosa y se extendía al norte del país de geografía desierta, el Parlamento no suspendía sus afanes para que los parlamentarios pudieran visitar sus regiones y tomar debida cuenta del desastre, cuando próximamente tengan que discutir y aprobar una nueva ley de presupuesto. Por el contrario, siguieron apoltronados en sus cómodos y calientitos curules para aprobar, y muchos lamentar, la miscelánea ley de Reconstrucción Nacional propiciada por el Gobierno. Un conjunto de medidas que, en lo fundamental, significan rebajarle los impuestos a los más ricos y rebajar los recursos destinados a los más pobres y de clase media. Una iniciativa que ha dejado meridianamente claro que estamos ante un gobierno de los ricos, que se humilla ante los inversionistas extranjeros, desprecia los derechos de los trabajadores y carece de sensibilidad para conmoverse, siquiera, frente los terribles efectos sociales de los cataclismos. 

Cuando todavía estamos lejos de cumplir con las víctimas de los terremotos, sunamis, incendios y avalanchas sucedidas durante los gobiernos de Michelle Bachelet y Gabriel Boric, poco se puede confiar en la promesa de La Moneda de ir al rescate de las nuevas víctimas y comprometerse a la edificación de sus viviendas en lugares que no estén expuestos a recibir los embates de la naturaleza.

Paradojalmente, son estos desastres naturales y las imágenes televisivas las que nos desnudan la realidad de un país precario, de escandalosa inequidad social y ese arrogante sentido de superioridad respecto de tantos países próximos o lejanos. Con una democracia tan frágil como nuestra naturaleza y un sistema económico que pone la esperanza de los pobres en manos de las ganancias de los millonarios.  Que históricamente lo único que señala es la ilimitada voracidad de los ricos y el amargo devenir de los que menos tienen. 

En efecto, estas graves condiciones ambientales han hecho crecer el número de pobres en cientos de miles. Aunque, por otro lado, hay otros que aseguran que la tragedia se constituye en una gran oportunidad para las grandes empresas constructoras y habitacionales.

Lo subrayado/interpolado es nuestro.

 

miércoles, 29 de julio de 2026

La crisis del orden social en Chile exige una salida estructural...

 



La crisis del orden social en Chile exige una salida estructural...




Por Prof. Juan Pablo Cárdenas S./académico, escritor, periodista u analista internacional/ADDHEE.ONG/OTHER NEWS:


La oposición chilena ha quedado atónita con el voluntarismo del gobierno de Kast y, en especial, de su ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, en su empeño por lograr una profunda reforma al sistema tributario. El Ejecutivo está confiando en aprobar su proyecto con solo los 26 votos de la derecha que controla en el Senado de la República. Apenas dos o tres sufragios más de los que suman los opositores.

La intransigencia oficial y sus oídos sordos a las posiciones opositoras se fundamentan en que esta iniciativa obedece a la promesa del actual gobierno de rebajarle considerablemente los impuestos a las empresas más ricas del país. Esto es del 27 por ciento que hoy tributan solo al 23; lo que, sin mucha certeza, podría atraer millones de dólares en inversiones y con ello, generar muchas plazas de trabajo, al tiempo de mejorar las alicaídas cifras de nuestra economía, bla, bla, bla...

A nadie debiera causarle sorpresa que fue ese puñado de multimillonarios nacionales y extranjeros los que financiaron la onerosa campaña presidencial de José Antonio Kast como de los candidatos a parlamentarios de toda la derecha. Se trata, entonces, de un pacto de sangre de La Moneda con el gran empresariado, por lo cual el oficialismo está dispuesto a imponer esta importante reforma, aunque sea por un solo voto más, como han advertido algunas de sus destacadas figuras parlamentarias. Sobre todo, si ella incluye la cláusula de la invariabilidad tributaria que le daría a los potenciales inversionistas la seguridad de que hasta por 15 o 20 años ningún otro gobierno o parlamento les cambie las reglas del juego. Algo completamente iluso, por supuesto, salvo que la derecha que hoy gobierna se mantuviera por ese mismo tiempo en el gobierno. Más ingenuo, aún, si se considera la práctica cupular de la “alternancia en el poder “ que tanto caracteriza a nuestra peculiar democracia...

En las cifras, el Estado dejaría de recaudar ingentes recursos, por lo que quienes hoy nos gobiernan están procurando restringir el gasto fiscal y suprimir muchos de aquellos aportes fiscales destinados a los más pobres e indigentes, a la cultura y a los municipios, ávidos siempre de contar con los recursos demandados por sus hospitales y establecimientos educacionales, como financiar sus gastos vinculados a la protección del medio ambiente. Temas que no sensibilizan mayormente a las derechas cavernarias de la edad de piedra.

Por lo demás, los que hoy nos gobiernan piensan que la oposición no constituye más que una montonera de referentes de centro y de izquierda incapaces de ponerse de acuerdo tan siquiera para oponerse a un mega proyecto monstruoso que nos pondría nuevamente a la cabeza de los países más ultra neoliberales del Planeta y dispuesto a entregar a dominio extranjero lo que queda de nuestros recursos naturales, empresas públicas, yacimientos y concesiones marítimas. Incluso la posibilidad de privatizar Codelco, la principal minera estatal que, para beneficio de este cometido, ha demostrado una pésima administración, se ha convertido en la alcancía de los gobiernos en el poder y ha sido ampliamente sobrepasada por la gestión de las grandes mineras privadas.

A pocos días u horas de la votación en el Parlamento de esta iniciativa, el Gobierno está demostrando que, además de sus votos, podría sumar a los parlamentarios descolgados del llamado socialismo democrático. Concretamente con el PPD, el ministro Quiroz y la Presidenta del Senado se ufanaron el fin de semana con un acuerdo con legisladores de esta colectividad, con lo cual sumarían más voluntades, dándole visos de mayor legitimidad a su ley miscelánea. Habrá que investigar cuánto le habrá costado al Ejecutivo lograr de estos parlamentarios del PPD cambien su posición. Sin embargo, una trampa del ministro Quiroz en la redacción posterior del texto, deja hasta ahora en duda si los senadores PPD van a mantener finalmente su pacto con el Ejecutivo.

Asimismo, fue público y bullado el encontronazo público entre algunos senadores socialistas y la presidenta del Partido, Paulina Vodanovic, al denunciar los primeros una secreta negociación de ésta y otros parlamentarios con algunos legisladores oficialistas, destinado a conseguir algunas reformas en el Proyecto que faciliten su aprobación más amplia en el Poder Legislativo. 

El tono verbal de esta controversia fue extremo y lleva a pensar que más temprano que tarde se produzca un quiebre en el Partido del presidente Allende Gossens y la dificultad de consolidar acuerdos o pacto con comunistas y frenteamplistas, hasta aquí férreamente dispuestos a oponerse al proyecto gubernamental e, incluso, a recurrir al Tribunal Constitucional para demostrar la inconstitucionalidad del mismo. 

Todo lo anterior sucede, por cierto, a nivel cupular, al grado que hasta las militancias partidarias han quedado aisladas de los debates y los vergonzosos dimes y diretes que provoca la voluntariosa decisión del Gobierno de aprobar una ley de alta connotación y consecuencias económicas, sociales y políticas. 

Ciertamente, ya no se le puede confiar a las cúpulas la organización de una amplia movilización social que detenga el desarrollo de la ideología ultraderechista e impida sus despropósitos en el poder. Ya sería hora que la clase política dejara de atesorar cargos y prebendas para su propio usufructo y se proponga la consolidación de un proyecto histórico nacional y popular, como aquellos de Frei Montalva y de la Unidad Popular. Una propuesta de cambios que sea capaz de conmover al pueblo para efectivamente consolidar democracia y abrirle las puertas del poder. Evitando que nuestros millones de jóvenes, pobres y chilenos de diversa condición abandonen la idea de que en los proyectos derechistas y ultra capitalistas puede haber alguna esperanza de justicia social y progreso.

Lo subrayado/interpolado es nuestro



Conferencia Mundial sobre “Inteligencia Artificial” 2026, Shanghai/China

Para: Excelentísimo Señor  Xi Jinping, Presidente de la República Popular China

De: Prof. Dr. Hugo Moreno Peralta, Secretario ejecutivo  Asociación por la Dignidad, los Derechos del Ser Humano y del Entorno Ecológico. Addhee.Ong...

Asunto: Su conferencia sobre “La Inteligencia Artificial” 2026. Sanghai/China. Una sobresaliente, pertinente y necesaria Clase Magistral, digna y meritoria de una promoción/doctorado habilitación académica...  Solicitamos copia completa de ella.

Excelentísimo Señor Presidente Xi Jinping:

Distinguidos académicos y científicos, y estudiantes de la Universidad de Humboldt, Berlín/Alemania;  de Lomonosov de Moscú, Rusia; de la UNAM/Universidad Autónoma Nacional de México, Ciudad de México; de la Columbia University NY/USA, de Barcelona, España, de Universidad de Humboldt Nueva York/USA, de la Universidad de La Habana, Cuba y de la Universidad  Jacksonville/USA, y del Secretariat de la Unesco/ Paris, Francia, se han dirigido  a nuestra  Organización  No Gubernamental, solicitándonos la copia de su Conferencia al rubro señalado para promoverla, habilitarla, académicamente...

Durante la maldita guerra de 1914, la masificación, la enajenación nacional y política determinista había alcanzado su punto culminante del  que no estuvo  ausente la ciencia, un ser humano sabio, académico,  Emilio Fischer, en la Academia de la Ciencia, preciso: “ Nada pueden hacer ustedes señores, la ciencia es  y seguirá siendo internacional “... Fue en vano. Las academias  habían traicionado durante la maldita guerra el sagrado bien que se les había confiado: La ciencia al servicio  del ser humano. Más aún  se destruyó la Asociación Internacional de Academias. Lo que ocurre con la ciencia en nuestros días  hay más comparaciones que diferencias. La ciencia al servicio de la destrucción del ser humano, ¡si quieres la paz prepárate para la guerra! El imperialismo estadounidense y sus testaferro el régimen sionista israelí continúa con el genocidio del Pueblo Palestino asesinando mujeres y niños...

Nuestro admirado presidente  Xi Jinping en su Clase Magistral 2026,  en Sanghai, levanta su voz en defensa de la Ciencia al servicio del ser humano y de la Paz fundada en la Justicia social, frente a los pueblos domesticados, enajenados, resignados que callan por cobardía u oportunismo, porque  el ideal de la ciencia es la verdad, de la moral, el bien común concluyendo en una apretada síntesis sobre “ la inteligencia artificial”, que la competencia internacional sobre ésta ya no se limita al desarrollo del algoritmos, modelos fundacionales o semiconductores. La verdadera disputa se extiende hacia la definición de las reglas internacionales que gobernarán el uso de esta tecnología, la creación de instituciones multilaterales, la fijación de estándares técnicos y éticos, y la capacidad de atraer aliados mediante cooperación tecnológica. En este contexto, China intenta presentarse no sólo como una potencia tecnológica capaz de competir con Estados Unidos, sino también como un  proveedor de  gobernanza global y de un defensor de un orden internacional multipolar...

Con la mediación del Presidente XI Jinping, llena de  tacto y guía por  intereses puros e impulsados por el bien común del género humano,  y el verdadero camino siempre repetido, nunca dominar, sino servir, por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres, con esperanza y memoria, le reiteramos los sentimientos de nuestra más alta consideración y estima. 

Prof. Moreno Peralta /IWA

Secretario Ejecutivo ADDHEE.ONG

Berlín, 26/julio/2026

CC: SS. Papa León XIV, Vaticano.

Adjuntamos copia de documento adhoc. 

viernes, 24 de julio de 2026

China Socialista: propiedad y control social de medios de producción...


China Socialista: propiedad y control social de medios de producción...


Por Luis Lizama Barrientos/ Cidecon/Sur andino/ADDHEE.ONG


En un mundo marcado por crisis económicas recurrentes, guerras prolongadas, desigualdad creciente y deterioro ambiental, China se ha convertido en una anomalía histórica difícil de ignorar. Mientras gran parte de Occidente enfrenta estancamiento productivo, polarización política y pérdida de cohesión social, China mantiene un crecimiento sostenido, estabilidad interna y una capacidad de transformación económica y tecnológica que ha alterado el equilibrio global.  La pregunta, entonces, es inevitable: ¿estamos ante el éxito de una lógica socialista o simplemente frente a una sofisticada forma de capitalismo de Estado?

La respuesta no es menor. Tiene implicancias estratégicas para quienes buscan alternativas viables al capitalismo determinista en el siglo XXI. Si China ha logrado construir un modelo eficaz de desarrollo bajo conducción estatal, su experiencia podría estar reabriendo un debate que muchos dieron por cerrado tras la caída de la Unión Soviética. Si se revisa el pensamiento de Vladimir Lenin en El Estado y la Revolución, y las bases teóricas de Karl Marx, se entiende que el socialismo nunca fue concebido como un punto de llegada definitivo, sino como una fase de transición entre capitalismo determinista y comunismo, entiéndase por comunismo la sociedad sin clases. En esa etapa pueden persistir desigualdades y contradicciones heredadas, pero existe una diferencia esencial: desaparece la apropiación privada de los medios fundamentales de producción. En otras palabras, los sectores estratégicos de la economía dejan de responder a los intereses de una élite capitalista y pasan a estar subordinados al interés colectivo.

Pero Lenin fue claro en advertir que la mera nacionalización no basta. Estatizar empresas sin desarrollar la capacidad productiva solo reproduce escasez. El verdadero núcleo del socialismo radica en la expansión de las fuerzas productivas: aumentar la riqueza material, la productividad y la capacidad tecnológica. Solo sobre esa base es posible construir una sociedad capaz de distribuir según las necesidades y no únicamente según el trabajo aportado.

Y es precisamente ahí donde China ofrece el caso más interesante del siglo XXI.

Desde las reformas iniciadas en 1978 bajo el liderazgo de Deng Xiaoping, China ha protagonizado el proceso de modernización más rápido de la historia contemporánea. Pasó de ser una economía predominantemente rural, pobre y periférica, a convertirse en la segunda economía del mundo y en muchos indicadores — como paridad de poder adquisitivo— la primera. Lo decisivo es que ese crecimiento no fue abandonado al mercado, sino orientado por el Estado.

Aunque la apertura introdujo mecanismos de mercado y permitió el surgimiento de un dinámico sector privado, el Estado nunca perdió el control de los sectores estratégicos: banca, energía, telecomunicaciones, transporte, infraestructura y defensa siguen bajo conducción pública. Las grandes empresas estatales continúan siendo el corazón del sistema económico. Y sobre todo, el Partido Comunista Chino mantiene la dirección política del proceso. Esto marca una diferencia sustancial con el capitalismo liberal determinista: en China, el mercado es una herramienta; no el soberano. Deng entendió algo que transformó la praxis socialista: la pobreza no podía ser romantizada. “La pobreza no es socialismo”, afirmó, en una frase que redefinió el debate ideológico. Bajo esa lógica, la igualdad inmediata dejó de ser la prioridad absoluta. Primero había que crear riqueza; después, distribuirla mejor. Esa reinterpretación permitió combinar planificación estatal con mecanismos de mercado, sin abandonar la conducción política central./Estado.

Sin embargo, el llamado “milagro chino” no puede entenderse sin reconocer el papel previo de Mao Zedong. Su período a la cabeza del Estado chino dejó la infraestructura social básica que hizo posible el despegue posterior: alfabetización masiva, salud pública universal, industrialización básica y una estructura estatal sólida. Deng aceleró el desarrollo; Mao construyó las bases.

Otro elemento central es la planificación económica. Mientras en Occidente las economías son arrastradas por ciclos financieros, especulación y decisiones fragmentadas del capital privado, China sigue estructurando su crecimiento mediante planes quinquenales. Estos no solo fijan metas económicas, sino objetivos en innovación tecnológica, transición energética, reducción de emisiones, desarrollo regional y bienestar social.

Eso significa que la economía china no está sometida al caos del mercado, sino subordinada a una visión estratégica nacional. Y quizás el aspecto más decisivo hoy sea la apuesta por la ciencia y la tecnología. China comprendió tempranamente que la soberanía del siglo XXI no depende solo de recursos naturales o poder militar, sino de innovación. La inversión masiva en inteligencia artificial, telecomunicaciones, energías renovables y exploración espacial es parte de esa lógica. Lo que antes era monopolio tecnológico occidental hoy es terreno de disputa abierta.

El punto más complejo sigue siendo la desigualdad. Sería ingenuo negar que las reformas económicas ampliaron brechas sociales durante décadas. Pero el fenómeno debe ser leído en perspectiva histórica. A diferencia de muchas economías capitalistas donde la desigualdad crece junto al estancamiento de las mayorías, en China esa desigualdad coexistió con una mejora generalizada del nivel de vida. Cientos de millones salieron de la pobreza extrema, en la mayor reducción de pobreza registrada en la historia humana.

Hoy, bajo la política de “prosperidad común”, el Estado chino busca corregir esos desequilibrios y avanzar hacia una distribución más equilibrada. Todo esto lleva a una conclusión incómoda para muchos analistas occidentales: China no encaja fácilmente en las categorías tradicionales. No es el socialismo clásico del siglo XX, pero tampoco es restauración del capitalismo determinista. Es una síntesis propia, adaptada a sus condiciones históricas y nacionales.

Y quizás allí radique su mayor importancia.

En momentos en que el capitalismo determinista global muestra señales evidentes de agotamiento estructural, China emerge como una alternativa histórica concreta. Su combinación de planificación estatal, control estratégico de la economía, uso instrumental del mercado y apuesta tecnológica plantea un modelo que desafía la idea de que no existe alternativa.

La gran disputa del siglo XXI no será solo geopolítica o comercial. Será, en esencia, una disputa entre modelos de organización económica y social. Y en ese terreno, China ya no es solo un actor: es el laboratorio vivo de una nueva forma de socialismo.

Lo subrayado/interpolado es nuestro.