De Epstein a Guatemala: cuando la impunidad es sistema, no excepción:
“Degenerados, depravados del régimen estadounidenses, la
impunidad no es eterna, porque existe la justicia plena” ADDHEE.ONG
Estatua de bronce: Donald Trump y Jefrey Epstein en el Titanic educaoaxaca.org
Una estatua de bronce que presenta a Donald Trump y
Jefrey Epstein, que simulan una famosa escena de la película ‘Titanic’,
apareció esta mañana en el National Mall de Washington DC. La gran escultura,
titulada “El rey del mundo” fue colocada como forma de protesta
para denunciar la relación entre el presidente de los Estados Unidos y el
fallecido pedófilo.
El caso Epstein ha ocasionado un gran escándalo a nivel
mundial por los terribles testimonios y denuncias de trata de mujeres
jóvenes y niñas con fines de explotación y abuso sexual. En los más de
tres millones de documentos, entre fotografías, correos y videos, ha quedado
evidenciado que a su isla privada llegaron invitados de todo el mundo y de
los más altos rangos de la sociedad: desde políticos, celebridades y miembros
de familias reales, hasta científicos, que aterrizaban en un jet privado y
luego subían a un helicóptero para llegar al lugar. Sin embargo la lista
de clientes poderosos siguen protegidas, Trump, Clinton, cantantes famosos
siguen intocables.
Entre el mar de documentos, la comunicadora
guatemalteca Andrea Ixchíu, pone énfasis en su reciente
texto, el olvido e invisibilización de las victimas, en este
caso niñas guatemaltecas “Documentos del FBI de 2019
identifican niñas guatemaltecas como víctimas. Y ahí termina la
historia. Permanecen invisibles mientras sus perpetradores nunca son nombrados.
Esto no es un olvido, es una decisión narrativa. Quién controla qué historias
se cuentan, con qué recursos y en qué idioma, determina qué violencias generan
indignación colectiva y cuáles se normalizan. El racismo estructural opera
también como régimen de visibilidad”.
Ixchíu apunta a que la violencia feminicida no es solo
el acto de privar a una mujer de su vida: es todo lo que vino antes y todo
lo que viene después. Es una falla sistémica, una omisión perpetua, la
legitimación constante de la violencia contra cuerpos racializados,
empobrecidos, indígenas. Cuerpos cuyas historias no generan maquinaria
publicitaria.
Esta violencia sistémica y racial es perpetuada porque desde
el gobierno de Guatemala se ha permitido, señala, “esta arquitectura tiene
nombre: Consuelo Porras. La fiscal general capturó el Ministerio Público para
perseguir defensoras y jueces íntegros mientras garantiza impunidad a
militares, empresarios extractivistas y políticos corruptos. Porras fue «tutora
legal» de niños indígenas robados en 1982, durante la política de tierra
arrasada. No es coincidencia. Es continuidad” afirma.
“Porras, como Maxwell, es una operadora consciente de un
sistema que protege a hombres con poder. Lo que conecta ambos casos no son solo
los 126 registros en archivos del FBI, es la misma arquitectura de
instituciones capturadas, espacios donde las reglas no aplican para los
poderosos, y víctimas tratadas como prescindibles. Esto no es falla del
sistema. Este es el sistema.
Ante este contexto, Andrea señala que no alcanza con
denunciar, hace falta disputar el terreno de lo narrable “Entendemos la
acción narrativa como una práctica política, nombrar lo que el poder prefiere
invisible, construir relatos desde las comunidades afectadas”.
Hackeo Cultural De Epstein a Guatemala: cuando la impunidad es sistema, no
excepción| Revista Volcánicas Epstein (pedo)files: línea de tiempo de casi 3 décadas de
impunidad | DW Caso Epstein en América Latina: el peligro del rumor |
Independent ¿Qué sucedió en la isla de Jeffrey Epstein? El paraíso
que ocultaba una red de abusos | Clarín Instalaron en Washington una estatua de Trump y Epstein que
recrea una escena de Titanic: “Honra una amistad cimentada en fiestas y
desnudos secretos”
Donald
Trump, Muerte, Destrucción y Pornografía de Guerra
Por Iñigo
Sáenz de Ugarte*: El Diario.es/ escritor, periodista y analista
internacional/ADDHEE.ONG:
El régimen estadounidense proyecta una imagen de
la guerra contra Irán en su propaganda basada en tratarla como un espectáculo
que sus seguidores deben disfrutar. La situación se ha degradado bastante en
EEUU desde que Eisenhower dijo: “Odio la guerra como sólo puede hacerlo un
soldado que la ha vivido”.
Estamos destruyendo un país y nos lo estamos pasando en
grande. El ataque estadounidense e israelí a Irán ha permitido al régimen
yanqui desarrollar un estilo de propaganda visual con el objetivo de que
sus partidarios del mundo MAGA disfruten del momento. Antes que preguntarse por
el coste humano de una campaña de bombardeos o el impacto que ya está teniendo
en el mercado del petróleo, Donald Trump quiere que su público disfrute de un
gran espectáculo. Relájense y disfruten.
“Justicia
al estilo “americano”/estadounidense”, dice uno de los vídeos difundidos
por las cuentas del régimen yanqui en redes sociales. Es una mezcla de
glorificación de la guerra y masculinidad tóxica en la que los ingredientes son
escenas de videojuegos y planos con actores en películas de acción. Hay otro
concepto al que remite este uso de la propaganda. La ‘pornografía de guerra’ (war
porn) tiene que ver con vídeos, imágenes y discursos que utilizan la
violencia más gráfica para obtener una satisfacción emocional por la victoria o
el placer voyeurista del mirón.
Si hablamos de masculinidad en su vertiente más agresiva y a
veces histriónica, el mejor ejemplo es el secretario de Defensa, Pete Hegseth
(ahora llamado secretario de Guerra). El presentador de Fox News, que tuvo un
no muy brillante paso por el Ejército años atrás, no estaba cualificado para
dirigir una gigantesca burocracia militar, pero sí para fingir ser el guerrero
favorito del mundo MAGA, o al menos el más dispuesto a acatar cualquier orden
de Trump por absurda que sea. Donde no llega la experiencia militar, sirven la
retórica belicista y los
tatuajes sobre las Cruzadas, los suyos.
Ya venía caliente desde antes de la guerra. Con la idea de
que la cúpula militar había sido abducida por los valores progresistas,
prometió hace meses que iba a curar a un paciente enfermo. “Dijeron
a toda una generación de generales y almirantes que debían repetir de
forma mecánica la falacia demente de que, cito, ‘nuestra diversidad es nuestra
fuerza’”, afirmó en septiembre. Él iba a acabar con el “Ejército woke”,
culpable de haber ascendido a mujeres y negros con el fin de apostar por la
diversidad.
Antes de ser nombrado miembro del Gabinete, había defendido
en televisión que las mujeres no debían formar parte de las unidades de
combate. Ya en el cargo se ha ocupado de decidir que no habrá diferencias de
estatura, peso o de otro tipo en las pruebas para hombres y mujeres. “Si eso
significa que no habrá mujeres cualificadas para algunos puestos de combate,
que así sea”.
El lenguaje vulgar y directo, lo más alejado del discurso
habitual en un político, es un requisito necesario. Por eso, Hegseth quiso
sonar agresivo y exaltado: “Hemos acabado con esta mierda”.
Una de las mejores descripciones de Hegseth la ha dado la
columnista conservadora Peggy Noonan en The Wall Street Journal. Lo presenta
como alguien que está “entre
un excitado presentador de la televisión matutina a un gallo que cree
que ha sido él quien ha hecho que salga el sol”. Es difícil apreciar
diferencias entre el estilo de las declaraciones públicas de Hegseth y la parodia que hacen de
él en el programa cómico ‘Saturday Night Live’.
Los vídeos de la cuenta oficial de la Casa Blanca buscan dar
un aire festivo a la guerra y anunciar que la victoria estadounidense es
ineludible. Los planos de películas como Braveheart, Gladiator e
inevitablemente Top Gun se alternan con los vídeos de la
destrucción de objetivos iraníes. El hecho de que William Wallace (Mel Gibson
en Braveheart) sea un escocés que lucha contra un imperio, el
inglés, aporta un elemento irónico que no preocupa a los autores del vídeo. El
caso es poner en pantalla a tipos duros de ficción para que hagan de avatares
de las tropas estadounidenses.
Entre las imágenes reales de ataques que alternan en estos
vídeos con los referentes cinematográficos, están las del hundimiento
del destructor iraní ‘Iris Dena’ en la costa de Sri Lanka. Fue
torpedeado por un submarino de EEUU cuando volvía de un encuentro internacional
de fuerzas navales en India. Se recuperaron los cadáveres de 87 marineros y se
rescató con vida a 32. Hubo también unos sesenta desaparecidos. No fue el
submarino estadounidense el que se molestó en salvar la vida de los náufragos,
lo que ha suscitado acusaciones de crimen de guerra.
Considerar este hundimiento una hazaña militar e incluirla
en estos vídeos cuando el buque iraní no esperaba tener que afrontar ninguna
amenaza es algo más que una exageración. Casi podría definirse como un intento
patético de apuntarse victorias conseguidas con mínimo esfuerzo.
Ante una audiencia de dirigentes y activistas republicanos,
Trump creyó el lunes que era un buen momento para hacer bromas sobre el ataque
del submarino. Describió una supuesta conversación con un mando militar de la
Armada: “Le
dije: ‘¿Por qué no se limitaron a apoderarse del barco? Podríamos
aprovecharlo. ¿Por qué lo hundieron?’. Él dijo: ‘Es más divertido hundirlo’”
(risas entre el público).
Las
imágenes de videojuegos son otro recurso utilizado en esta propaganda
bélica contemporánea. Presentar la guerra como un gran espectáculo lleva con
facilidad a recurrir a un ejemplo de la cultura popular en el que la muerte del
rival es una gran victoria que hay que celebrar y la propia solo es una
incidencia más del juego y sólo obliga a comenzar de nuevo. En un caso
concreto, en el régimen estadounidense llegaron a insertar un “+100”
después de cada explosión, como si fuera la bonificación en puntos o vidas
habitual en un videojuego. Quizá pensaron que ahí se habían pasado, porque más
tarde lo borraron.
El propio nombre de la operación asignado por el Pentágono
–“Epic Fury”– podría aparecer en la carátula de un videojuego o en el título de
una película cuyo mayor gancho es el número de tiros y explosiones. Esas dos palabras
junto a la foto de un caza en la cubierta de un portaaviones daría el
pego como cartel de una película. Eso no impide que otras personas den la
vuelta al mensaje cambiando una sola palabra.
Insertar
un plano de Bob Esponja entre una serie de explosiones puede parecer
el colmo de la frivolidad y hacerlo en mitad de una guerra casi imperdonable.
Pero la intención es esa. Cuando crees que la guerra será un paseo sin
interrupciones, crees que te puedes permitir ese sentimiento de superioridad.
El arzobispo de Chicago estaba tan molesto por la falta de
sensibilidad que reflejaban los vídeos del régimen estadounidense que
creyó oportuno emitir un comunicado con el que acusó al Gobierno de convertir
el sufrimiento de los iraníes en una forma de entretenimiento. “Cuanto más tiempo estemos ciegos ante
las terribles consecuencias de la guerra, más nos arriesgaremos a perder el
regalo que Dios nos concedió, nuestra humanidad”, dijo el cardenal estadounidense
Blase Cupich. “Irán es una nación de personas, no un videojuego que juegan
otros para entreternos”.
Muchos analistas han comentado que la Administración de
Trump no cuenta con un plan para el día después ni una idea definida sobre cómo
y en qué condiciones podría poner fin a la guerra. Muchas de las opiniones de
sus dirigentes están teñidas de una asombrosa ignorancia sobre Irán, su
historia y las características de su régimen, algo inexplicable en relación a
un país que ha aparecido en los titulares de EEUU desde hace décadas. Hay gente
que no aprende ni por repetición.
Hubo un tiempo en que los grandes guerreros de EEUU, los que
combatieron a los nazis en la Segunda Guerra Mundial, eran muy conscientes de
la tragedia que suponía y del dolor que exigía alcanzar la victoria. “Odio la
guerra como sólo puede hacerlo un soldado que la ha vivido, como alguien que ha
visto su brutalidad, su futilidad, su estupidez”, dijo el general
Eisenhower en 1946.
La situación se ha degradado bastante en nuestros días.
Mientras Hegseth se golpea en el pecho con el estilo involuntariamente cómico
de los espartanos que aparecen en la película ‘300’, Trump se permite divagar
sobre la duración de la guerra cambiando de opinión de un día a otro. “Usted
dijo que la guerra estaba completada”, le preguntó un periodista en la rueda de
prensa del lunes, “Pero su secretario de Defensa dice que ‘esto no ha hecho más
que comenzar’. ¿En qué quedamos?”. “Podrían ser las dos cosas”, respondió
Trump. Lo único que está garantizado es el culto a la personalidad, la suya, y
la diversión de sus seguidores.
*Iñigo Sáenz de Ugarte, periodista con experiencia en
prensa, radio, televisión e Internet. Fue miembro del equipo fundador de
Público, donde comenzó como redactor jefe de Internacional y acabó como
corresponsal en Londres.




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