jueves, 5 de marzo de 2026

Irán descarta negociar con EE.UU. y reitera defensa de su soberanía



Irán descarta negociar con EE.UU. y reitera defensa de su soberanía

El representante iraní ante la ONU, Ali Bahreini, afirmó que su país no contempla conversaciones con Washington mientras persista el estado de guerra.

Irán no contempla negociaciones con Estados Unidos mientras continúe la guerra, afirmó el representante de la República Islámica ante la ONU en Ginebra, Ali Bahreini.

Ali Bahreini, representante de la República Islámica de Irán ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Ginebra, afirmó este martes 3 de marzo durante una rueda de prensa que su país no contempla ningún tipo de negociación con Estados Unidos mientras persista el estado de guerra. El diplomático subrayó que el «único lenguaje» actual de Teherán es la defensa soberana y la protección del territorio nacional ante la ofensiva extranjera.

El convicto presidente Trump es un mentiroso...

Bahreini descartó cualquier contacto con funcionarios de la Administración estadounidense y cuestionó la veracidad de las declaraciones del presidente Donald Trump, a quien acusó de difundir falsedades sobre el conflicto. El representante iraní enfatizó que la condición indispensable para un cambio en el panorama actual es el cese inmediato de las agresiones contra el país persa.

En la misma línea, el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, recordó que Estados Unidos ha entrado en la contienda por decisión propia y en beneficio de los intereses de Israel. El canciller sostuvo que la supuesta «amenaza» iraní nunca existió y que la responsabilidad por el derramamiento de sangre recae en quienes priorizan la agenda israelí.

Araghchi aludió también a declaraciones del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, las cuales, sugirió, confirman que Washington ha reconocido esta realidad operativa. «El pueblo de Estados Unidos merece algo mejor y debería recuperar su país», sentenció el jefe de la diplomacia iraní, en una clara apelación a la ciudadanía estadounidense.

Ante la persistente escalada de las hostilidades, las autoridades iraníes ratificaron que el sistema de defensa nacional actuará con fuerza y determinación. El objetivo primordial de las fuerzas iraníes es garantizar el cese total de los ataques e impedir cualquier intento de nueva ofensiva contra su integridad territorial.

La postura oficial de Teherán se mantiene firme en priorizar la defensa de su soberanía frente a cualquier acercamiento diplomático con los responsables de la operación militar en la región. El escenario geopolítico actual está marcado por una agresión directa y coordinada entre Estados Unidos y la entidad sionista (Israel), que ha escalado al punto de asesinar al Líder Supremo de Irán, Sayyed Ali Jameneí.

Teherán ha calificado este acto no solo como una violación a su soberanía, sino como un «crimen religioso», detonando una respuesta militar contundente por parte de sus fuerzas armadas, que actuaron de manera independiente para salvaguardar la nación.

En respuesta a esta agresión, el canciller Abbas Araqchi ha definido a las bases militares estadounidenses en la región como objetivos legítimos, asegurando que los misiles iraníes tienen la capacidad de superar los sistemas de defensa aérea occidentales.

Finalmente, Teherán combina esta acción militar con una ofensiva diplomática internacional, buscando el respaldo de potencias como Rusia y China, y denunciando la agresión ante organismos como la ONU y la Organización de Cooperación de Shanghái, bajo la premisa de la legítima defensa de su soberanía y la inevitabilidad de la victoria ante el intervencionismo extranjero.

Irán derriba los THAAD de EE.UU. y consolida su mando militar

El CGRI neutralizó los dos escudos antimisiles estadounidenses en Asia Occidental mientras la cadena de mando iraní opera sin fisuras, extendiendo sus operaciones con sus aliados activos en una guerra que desborda fronteras.

El CGRI destruyó los dos sistemas THAAD de EE.UU. en Asia Occidental.

Cinco días después de que Estados Unidos e Israel iniciaran una campaña de bombardeos coordinados contra Irán —el 28 de febrero, bajo el pretexto de un supuesto reinicio del programa nuclear iraní— la República Islámica respondió con una demostración de fuerza que reconfiguró el equilibrio militar en Asia Occidental. Sus misiles destruyeron, entre los objetivos estratégicos, los dos únicos sistemas de defensa antimisiles THAAD que Washington tenía desplegados en la región.

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) confirmó que misiles de precisión aéreos y espaciales alcanzaron e inutilizaron el primero de esos escudos. Horas antes, la estación de radar THAAD estacionada en la base de Al-Ruways, en los Emiratos Árabes Unidos, había corrido la misma suerte.

Con ambos sistemas fuera de servicio, el brazo de misiles de Teherán registró un éxito operativo contra la infraestructura defensiva estadonidense en la zona. La magnitud del golpe no es solo estratégica. Cada interceptor THAAD tiene un costo de entre 12 y 15 millones de dólares, y la producción anual ronda las 96 unidades con un gasto de entre 1.200 y 1.400 millones de dólares. Reponerlos, en términos materiales y de tiempo, no es una operación inmediata.

Pero Estados Unidos e Israel no apostaron únicamente por sus escudos antimisiles. El otro pilar de su estrategia fue la decapitación del mando iraní, un golpe que, sobre el papel, debía paralizar la respuesta de Teherán desde adentro. Los ataques del 28 de febrero causaron la muerte del líder supremo Alí Jameneí y varios miembros de su familia, junto al secretario del Consejo de Defensa, el comandante del CGRI, el jefe del Estado Mayor General y el ministro de Defensa. Una decapitación institucional que, en cualquier otra fuerza armada, habría derivado en parálisis.

Una arquitectura pensada para sobrevivir

Irán, sin embargo, ya había previsto ese escenario. El general de brigada Reza Talaei-Nik, portavoz del Ministerio de Defensa, fue claro al respecto: «Se han nombrado sucesores para cada comandante en al menos tres niveles, y no nos enfrentaremos a un vacío tras el martirio de los comandantes». Este es el resultado de un sistema de planificación de la sucesión diseñado y puesto en marcha por el propio Jameneí con anterioridad.

El sistema establece que, para cada comandante de las fuerzas armadas iraníes, se identifican y preparan de antemano hasta tres niveles de sustitutos. Estos relevos han recibido formación práctica, acumulado experiencia de campo y, en el momento de los ataques, ya se encontraban desplegados sobre el terreno. La guerra de los 12 días —como se denomina al anterior conflicto de 2025— confirmó la eficacia de esa arquitectura. Ahora, aunque Jameneí dejó de estar físicamente presente desde el primer momento, el funcionamiento de cada unidad, rama y servicio de las fuerzas armadas continúa sin interrupción.

La lógica es que ningún cargo es indispensable. Cada función dentro de las fuerzas armadas de la República Islámica está concebida para que la baja de un comandante desencadene una transición inmediata, no un vacío. Es, en términos doctrinales, una apuesta por la resiliencia institucional frente a la estrategia de decapitación militar que Estados Unidos e Israel intentaron ejecutar.

Teherán traza sus líneas

La ofensiva iraní tiene objetivos precisos. El cuartel general del mando militar declaró que sus operaciones están dirigidas exclusivamente contra Israel y los objetivos militares estadounidenses en la región —bases de despliegue, infraestructura de seguridad, intereses estratégicos— y descartó cualquier hostilidad hacia los países vecinos y musulmanes. La declaración es una delimitación estratégica, además una advertencia sobre maniobras de falsa bandera. Según Teherán, ante el avance iraní, Washington y Tel Aviv habrían atacado centros diplomáticos e intereses de países musulmanes con el propósito de atribuirle esos golpes a Irán.

El mando iraní describió la situación de sus adversarios sin ambages. Israel está al borde del colapso y Estados Unidos no tiene más remedio que admitir su derrota en la guerra que impuso. Esa lectura, que podría leerse como propaganda, encuentra sustento en los hechos militares del primer bloque: dos sistemas THAAD destruidos, cadena de mando intacta, respuesta en curso.

El conflicto ya no cabe en un mapa bilateral. El mando de Hezbolá confirmó su participación plena en las operaciones contra Israel y aguarda la incorporación de los hutíes y otros grupos aliados. El eje de resistencia activa múltiples frentes de forma simultánea, y el escenario apunta a una guerra de geometría variable cuyo alcance aún no tiene contorno definitivo.

Las últimas informaciones señalan que Irán habría extendido su alcance a Qatar y Baréin en la última jornada de la Operación Promesa Verdadera IV. El radio de la ofensiva iraní rebasó cualquier precedente reciente en la región. Lo que comenzó el 28 de febrero como un ataque diseñado para liquidar el mando de la República Islámica es, por ahora, el detonante de una escalada que avanza en dirección contraria a la que Estados Unidos e Israel calcularon.

Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán/CGRI



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