Irán descarta negociar con EE.UU. y reitera defensa de su soberanía
Irán
no contempla negociaciones con Estados Unidos mientras continúe la guerra,
afirmó el representante de la República Islámica ante la ONU en Ginebra, Ali
Bahreini.
Ali
Bahreini, representante de la República Islámica de Irán ante la Organización
de las Naciones Unidas (ONU) en Ginebra, afirmó este martes 3 de marzo durante
una rueda de prensa que su país no contempla ningún tipo de negociación con
Estados Unidos mientras persista el estado de guerra. El diplomático subrayó
que el «único lenguaje» actual de Teherán es la defensa soberana y la
protección del territorio nacional ante la ofensiva extranjera.
El convicto presidente Trump es un
mentiroso...
Bahreini
descartó cualquier contacto con funcionarios de la Administración
estadounidense y cuestionó la veracidad de las declaraciones del presidente
Donald Trump, a quien acusó de difundir falsedades sobre el conflicto. El
representante iraní enfatizó que la condición indispensable para un cambio en
el panorama actual es el cese inmediato de las agresiones contra el país persa.
En
la misma línea, el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi,
recordó que Estados Unidos ha entrado en la contienda por decisión propia y en
beneficio de los intereses de Israel. El canciller sostuvo que la supuesta
«amenaza» iraní nunca existió y que la responsabilidad por el derramamiento de
sangre recae en quienes priorizan la agenda israelí.
Araghchi
aludió también a declaraciones del secretario de Estado estadounidense, Marco
Rubio, las cuales, sugirió, confirman que Washington ha reconocido esta
realidad operativa. «El pueblo de Estados Unidos merece algo mejor y debería
recuperar su país», sentenció el jefe de la diplomacia iraní, en una clara
apelación a la ciudadanía estadounidense.
Ante
la persistente escalada de las hostilidades, las autoridades iraníes
ratificaron que el sistema de defensa nacional actuará con fuerza y determinación.
El objetivo primordial de las fuerzas iraníes es garantizar el cese total de
los ataques e impedir cualquier intento de nueva ofensiva contra su integridad
territorial.
La
postura oficial de Teherán se mantiene firme en priorizar la defensa de su
soberanía frente a cualquier acercamiento diplomático con los responsables de
la operación militar en la región. El escenario geopolítico actual está marcado
por una agresión directa y coordinada entre Estados Unidos y la entidad
sionista (Israel), que ha escalado al punto de asesinar al Líder Supremo de
Irán, Sayyed Ali Jameneí.
Teherán
ha calificado este acto no solo como una violación a su soberanía, sino como un
«crimen religioso», detonando una respuesta militar contundente por parte de
sus fuerzas armadas, que actuaron de manera independiente para salvaguardar la
nación.
En
respuesta a esta agresión, el canciller Abbas Araqchi ha definido a las bases
militares estadounidenses en la región como objetivos legítimos, asegurando que
los misiles iraníes tienen la capacidad de superar los sistemas de defensa
aérea occidentales.
Finalmente,
Teherán combina esta acción militar con una ofensiva diplomática internacional,
buscando el respaldo de potencias como Rusia y China, y denunciando la agresión
ante organismos como la ONU y la Organización de Cooperación de Shanghái, bajo
la premisa de la legítima defensa de su soberanía y la inevitabilidad de la
victoria ante el intervencionismo extranjero.
Irán derriba los THAAD de EE.UU. y
consolida su mando militar
El
CGRI destruyó los dos sistemas THAAD de EE.UU. en Asia Occidental.
Cinco
días después de que Estados Unidos e Israel iniciaran
una campaña de bombardeos coordinados contra Irán —el 28 de
febrero, bajo el pretexto de un supuesto reinicio del programa nuclear
iraní— la República Islámica respondió con una
demostración de fuerza que reconfiguró el equilibrio militar en Asia
Occidental. Sus misiles destruyeron, entre los objetivos estratégicos, los
dos únicos sistemas de defensa antimisiles THAAD que
Washington tenía desplegados en la región.
El Cuerpo
de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) confirmó que misiles
de precisión aéreos y espaciales alcanzaron e inutilizaron el primero
de esos escudos. Horas antes, la estación de radar THAAD estacionada
en la base de Al-Ruways, en los Emiratos Árabes Unidos,
había corrido la misma suerte.
Con
ambos sistemas fuera de servicio, el brazo de misiles de Teherán registró un
éxito operativo contra la infraestructura defensiva estadonidense en la
zona. La magnitud del golpe no es solo estratégica. Cada interceptor
THAAD tiene un costo de entre 12 y 15 millones de dólares,
y la producción anual ronda las 96 unidades con un gasto de
entre 1.200 y 1.400 millones de dólares. Reponerlos, en términos
materiales y de tiempo, no es una operación inmediata.
Pero
Estados Unidos e Israel no apostaron únicamente por sus escudos
antimisiles. El otro pilar de su estrategia fue la decapitación del
mando iraní, un golpe que, sobre el papel, debía paralizar la respuesta de
Teherán desde adentro. Los ataques del 28 de febrero causaron la muerte
del líder supremo Alí Jameneí y varios miembros de su familia,
junto al secretario del Consejo de Defensa, el comandante
del CGRI, el jefe del Estado Mayor General y el ministro
de Defensa. Una decapitación institucional que, en cualquier otra fuerza
armada, habría derivado en parálisis.
Una arquitectura
pensada para sobrevivir
El
sistema establece que, para cada comandante de las fuerzas armadas
iraníes, se identifican y preparan de antemano hasta tres niveles de
sustitutos. Estos relevos han recibido formación práctica, acumulado
experiencia de campo y, en el momento de los ataques, ya se encontraban
desplegados sobre el terreno. La guerra de los 12 días —como
se denomina al anterior conflicto de 2025— confirmó la eficacia de esa
arquitectura. Ahora, aunque Jameneí dejó de estar físicamente presente desde el
primer momento, el funcionamiento de cada unidad, rama y servicio de las
fuerzas armadas continúa sin interrupción.
La
lógica es que ningún cargo es indispensable. Cada función dentro de las fuerzas
armadas de la República Islámica está concebida para que la baja de un
comandante desencadene una transición inmediata, no un vacío. Es, en términos
doctrinales, una apuesta por la resiliencia institucional frente
a la estrategia de decapitación militar que Estados Unidos
e Israel intentaron ejecutar.
Teherán
traza sus líneas
La
ofensiva iraní tiene objetivos precisos. El cuartel general del mando
militar declaró que sus operaciones están dirigidas exclusivamente
contra Israel y los objetivos militares
estadounidenses en la región —bases de despliegue, infraestructura de
seguridad, intereses estratégicos— y descartó cualquier hostilidad hacia los
países vecinos y musulmanes. La declaración es una delimitación estratégica,
además una advertencia sobre maniobras de falsa bandera. Según Teherán,
ante el avance iraní, Washington y Tel Aviv habrían atacado centros
diplomáticos e intereses de países musulmanes con el propósito de
atribuirle esos golpes a Irán.
El
mando iraní describió la situación de sus adversarios sin ambages. Israel está
al borde del colapso y Estados Unidos no tiene más remedio que
admitir su derrota en la guerra que impuso. Esa lectura, que podría leerse como
propaganda, encuentra sustento en los hechos militares del primer bloque: dos
sistemas THAAD destruidos, cadena de mando intacta, respuesta en curso.
El
conflicto ya no cabe en un mapa bilateral. El mando de Hezbolá confirmó
su participación plena en las operaciones contra Israel y aguarda la
incorporación de los hutíes y otros grupos aliados. El eje
de resistencia activa múltiples frentes de forma simultánea, y el
escenario apunta a una guerra de geometría variable cuyo alcance aún no tiene
contorno definitivo.
Las
últimas informaciones señalan que Irán habría extendido su
alcance a Qatar y Baréin en la última jornada
de la Operación Promesa Verdadera IV. El radio de la ofensiva iraní
rebasó cualquier precedente reciente en la región. Lo que comenzó el 28 de
febrero como un ataque diseñado para liquidar el mando de la República
Islámica es, por ahora, el detonante de una escalada que avanza en
dirección contraria a la que Estados Unidos e Israel calcularon.
Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica
de Irán/CGRI






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