El principio del fin de la paz hemisférica
sigue
un curso invariable
–
en un determinado periodo de tiempo–
sólo
la anticipación a las consecuencias
puede
suspender la tendencia.
En el 2014, la CELAC proclamó a Latinoamérica como “zona de
paz”; proclamación que afirmaba el compromiso de vocación democrática, defensa
de los DD.HH. y la preponderancia de la diplomacia, reivindicando las
resoluciones pacíficas por sobre toda apuesta ofensiva conducente a la guerra.
Eso se terminó. Y los recientes acontecimiento lo están corroborando.
Primero, Honduras y Bolivia se apartan de “El Grupo de La
Haya”, cuyo propósito era hacer prevalecer, según el derecho internacional, la
defensa de Palestina y exigir a Israel la responsabilidad por la crisis en
Gaza; lo cual señala un alineamiento explícito con la geopolítica del “Gran
Israel”, promovida por Estados Unidos y el nazisionismo
judeo-cristiano-anglosajón (es menester recordar que el proyecto sionista no es
sólo regional –evocado hasta por Zelensky–, tampoco sólo de contención ante la
expansión china conectada a Europa, vía el corredor geoestratégico que le
brinda Irán, sino de demarcación ontológica de Occidente: el mundo, o es mío o
no es de nadie).
Segundo, la condena implícita de varios países de la región
contra Irán, llamando “injustificable” al recurso iraní del derecho a la
defensa, cuando es el fuego yanqui-sionista el que, unilateralmente,
suspende las negociaciones (que, según el ministro de exteriores de Omán y
principal mediador entre Irán y Estados Unidos Badr Al Busaidi –en medio de su
consternación, mientras la lluvia de bombas caían sobre Irán, el 28 de
febrero–, Teherán había aceptado comprometerse, por primera vez, a no acumular
uranio enriquecido y a degradar el existente; es decir, había aceptado casi
todas las exigencias de Estados Unidos y eso le comunicó al grupo
liderado por el vicepresidente J. D. Vance, horas antes de que empezara el
bombardeo).
Tercero (para redondear el asunto), la reunión que encabeza
el presidente Trump, a la cual asisten la mayoría de mandatarios de
Latinoamérica, este 7 de marzo en Mar-A-Lago y que ha denominado: “Shield of
the Americas Summit”. Este encuentro no es uno más, sino que, ante el
descrédito de la OEA y promoviendo las exequias de la CELAC, constituye una
nueva Cumbre de las Americas que pretende sustituir la institucionalidad
regional vigente (desde la creación de la OEA), por otra más dúctil a los
propósitos de Estados Unidos.
Con un carácter decididamente más ofensivo, pasa a
constituirse, ante la guerra desatada en el Medio Oriente, en un
involucramiento nefasto para toda la región; sabiendo que, desde la eliminación
de uno de los principales capos del narcotráfico en México, el secuestro del
presidente Maduro, las medidas adoptadas contra Cuba y la amenaza abierta al
gobierno mexicano, se dibuja un panorama enrarecido y preso de la incertidumbre
creciente en la región, señalada en los índices bursátiles (que siempre
manifiestan más que la política escenificada).
Trump hace prevalecer su política amenazante y es aquí donde
entra en juego la estabilidad continental. Porque esta amenaza se deriva de la
otra amenaza que Marco Rubio les hizo a los países europeones en la última
“Conferencia de Seguridad de Munich”. Se trataba del lamento de un moribundo,
un poderoso hecho a la víctima y lo peligroso que eso implica:
“El gran Imperio occidental ha entrado en declinación
terminal, acelerada por revoluciones socialistas/marxistas ateas y
levantamientos anti-coloniales…, muchos creen que el dominio occidental ha
llegado a su fin…, pero nuestros predecesores reconocerán que esa fue una
opción que se rehusaron a aceptar. Eso es lo que el presidente Trump quiere y
lo quiere hacer junto a ustedes… Queremos aliados que estén orgullosos de
nuestra cultura y de ser herederos de una gran y noble civilización… No tenemos
interés en ser administradores de semejante declive…, buscamos renovar la más
grande civilización en la historia humana…, buscamos revitalizar una alianza
que no se paralice por miedo alguno, como el cambio climático, la guerra, la
tecnología… Nuestro único temor es la vergüenza de no dejar a nuestra nación
más poderosa, orgullosa y opulenta”.
Es la reafirmación de la nueva Cruzada mundial que se inició
con la declaración de guerra contra el terrorismo, el 2001, después del
autoatentado a las torres gemelas. Es la descripción del cómo pretende ser la
respuesta imperial estadounidense ante su propia decadencia. El mundo
entero es una amenaza para el Imperio/yanqui; los pobres y los
inmigrantes son una amenaza, por eso humilló en su cara deshonrada a los
presidentes invitados a su propiedad de Mar-A-Lago: “no tengo interés en aprender su maldito idioma, ni tengo tiempo”.
El desprecio es colosal y reafirma lo que ya una vez dijo la
jefa del Comando Sur, Laura Richardson: “de
Latinoamérica sólo nos interesa sus riquezas y que éstas no estén a disposición
de China”. Sabe Estados Unidos y el Estado profundo que se iniciaba
una lucha anti-colonial con la “primavera democrática” liderada por el
comandante Hugo Chávez Frías; que los procesos revolucionarios ya no
eran sólo emancipatorios (locales y anti sistémicos) sino, acentuadamente,
buscaban una transformación de las estructuras coloniales y dependientes y
apuntaban a una liberación continental (cosa que los gobiernos progres no
entendieron).
Para Trump y para toda la idiosincrasia
anglo-sajona-sionista, un mundo compartido no es opción para un Imperio. El
mundo, o es de ellos o no hay mundo para nadie. La más grande civilización
(para ellos) es la mayor causante de genocidios en el mundo. Gaza y Abya Yala
–desde 1492– dan testimonio de aquello. Por eso no es raro escuchar al senador
Lindsey Graham decir que, las nuevas guerras se planifican en Israel. La
aniquilación y el genocidio siguen siendo rentables para los negocios. El
Imperio estadounidense se expresa de ese modo: no le teme a la guerra,
porque la provoca y la inicia, tampoco les teme a los verdaderos costos de su
expansión civilizatoria, como la crisis climática, hídrica, energética,
humanitaria, etc.; lo único que no admite es renunciar a su soberbia, al poder
y su opulencia.
Mientras tanto, el primer ministro de Canada Mark Carney, se
rehusó pública y oficialmente a las exigencias energéticas de Trump (la “oferta
generosa” de Trump consistía, siempre y cuando “Canadá garantizaría la
continuidad de las exportaciones de energía a Estados Unidos en los niveles
actuales y a los precios actuales durante los próximos 10 años”, a suspender
todos los aranceles a los bienes canadiense, no sufrir con sanciones
contractuales y el intercambio total de inteligencia). Aún se desconoce la
respuesta rusa a la propuesta de Trump de levantar las sanciones al petróleo
ruso, como un modo de contención a la subida de precios del crudo a nivel
mundial.
Más allá de las declaraciones del secretario del Tesoro,
Scott Bessent, reconociendo el ofrecimiento de levantar parte de las sanciones
contra Rusia, para reducir, de ese modo, el alza de los precios energéticos, Estados
Unidos no hace sino confesar la inutilidad estratégica que representó el secuestro
del presidente Maduro. Estados Unidos está lejos de vencer (a no ser
pírricamente, hasta el propio ahogamiento económico y financiero) la guerra
contra Irán; sobre todo cuando el gobierno persa decidió cerrar el estrecho de
Ormuz, bloqueando el tránsito del 25% del petróleo y, si a ello, sumamos las
amenazas de Ansar Allah (o hutíes de Yemen) del cierre del Estrecho de Bab
al-Mandab, se paralizaría el 40% del suministro mundial de petróleo.
Las empresas de producción bélicas, como Raytheon, Lockheed
Martin, Northrop Grumman y Boeing, ya incrementaron el presupuesto de un nuevo
arsenal de armamento de última generación y dejaron sentado que esto no será de
modo inmediato. Irán acaba de transformar el concepto de la guerra y demostró
que el poderío militar yanqui y sionista es apenas un espejismo que,
pese a su costo, a su agresividad y peligrosidad, no es ni eficaz ni eficiente
en el nuevo concepto que diagrama las nuevas tácticas y estrategias militares
del siglo XXI. Si los drones y los misiles hipersónicos iraníes (no los de
última generación) son capaces de eludir los sistemas de defensa aérea Patriot,
THAAD, Aegis SM3, los interceptores Aegis SM-2 y SM-6, el radar de alerta
temprana mejorado AN/FPS-132 de Qatar (UEWR), etc., esto significa que la batería
de fuego aéreo iraní tiene la capacidad de enceguecer a todo el sistema de
defensa enemigo[1]. Por eso Irán fue primero por los radares y las bases
militares yanqui en Qatar, Emiratos Árabes, Arabia Saudita, etc.; ya que
la estrategia iraní no se plantea un triunfo convencional sino el hacer que el
mantener la presencia imperial sea tan insoportable, que la presión regional
obligue a Estados Unidos e Israel, a ceder en sus pretensiones.
A nivel global, las consecuencias de esta guerra, lleva a un
colapso de los mercados, debido al incremento de los precios del crudo, que
multiplican los costos de producción de mercancías que, hoy en día, dependen,
casi todos, de los derivados del petróleo. Esto podría conducir –de seguir la
guerra– a la paralización de la producción global en días, si atendemos a los
analistas financieros que calculan el incremento creciente del precio del
barril (el índice del precio del Brent ya superó el límite de los 110 dólares
por barril). El petróleo está en toda la cadena de suministros y la subida del
crudo hace que se multipliquen los precios en toda la cadena económica global,
lo cual provoca la desaceleración en la producción; y los mercados no esperan a
que la escasez suceda, sino que la determinan en los precios cuando ya es inobjetable.
Si Irán triunfara, sería no sólo para frenar el proyecto nazisionista
del Gran Israel sino para que los propios países del Medio Oriente ya no
consientan la presencia del Imperio estadounidense. Por eso, una vez que
Trump repite la costumbre de Estados Unidos de supeditarse a la
influencia del AIPAC[2] y del nazisionismo yanqui-judeo-cristiano,
se encuentra sin muchas opciones para seguir haciendo creíble el MAGA. Pero, el
Imperio estadounidense en decadencia/bancarrota, aún puede
trasladar sus pérdidas y los costos de sus guerras futuras en su “backyard”.
Eso es lo que se vislumbra en la reunión de Mar-A-Lago que, más que una
confluencia, representa un alineamiento disciplinado para salvar al dólar, como
literal arma de destrucción masiva.
Sin mucho ruido, porque también la permisividad de los
gobiernos lo permite, los intereses de las oligarquías empresariales
locales han ido reconfigurándose según los intereses anglo-sionistas. Los
propios gobiernos, como es el caso de Colombia o México (ciber espionaje por
parte del software Pegasus, de procedencia israelí), han ido cediendo soberanía
en todos los aspectos de tecnologías de impacto crítico y se hallan penetrados
por la inteligencia del MOSAD (incluso más que la CIA); esto le resta a los
Estados el control efectivo sobre su propia administración autónoma de información
estratégica. Lo que es peor, les compromete en el nivel delicado de los
secretos de Estado.
Entonces, los acontecimientos van configurando la apuesta
que posee Estados Unidos en su baraja de opciones. Hacernos pagar su
guerra y su fracaso, vía deuda, es lo de menos. El problema es la diseminación
del conflicto como parte de la contención a China. Todos coinciden que la
guerra contra Irán es, en realidad, una advertencia contra China. Irán
constituye el eje de los corredores geoestratégicos, tanto de la conexión
China-Europa, como de la ruta Norte-Sur que patrocina la Federación Rusa e
integra al Asia.
La reciente remoción del presidente del Perú, tiene que ver
con la pugna contra China en Sudamérica. Estados Unidos se resiste a
convivir con otra potencia en su backyard. La presencia china representa la
apertura de Sudamérica a la economía del siglo XXI, o sea, al pacífico. Eso
haría sustituible a la geoeconomía del dólar. Tampoco las oligarquías empresariales
hegemónicas aceptarían aquello, porque el dólar no es sólo una moneda sino toda
una religiosidad mundana que sirve piadosamente al Moloch de este tiempo que,
en los “archivos Epstein”, se constata el proverbial sacrificio de niñas (lo
mismo significa el genocidio en Gaza y el último bombardeo yanqui-israelí
a una escuela en Teherán. Eso el mundo pretende desconocer desde 1492, como
fecha inaugural del mundo moderno).
Dolarizar toda la economía sudamericana es la primera medida
que surgirá, como política de contención, de la “Cumbre del Escudo para las
Américas”. Y ésta será la primera medida de capitulación monetaria que lo
administrará la FED, por sobre nuestras soberanías estatales. Ahí se entiende
la actualizada demonización del Estado por parte de los gobiernos alineados al
dólar y la transición conceptual que entra en vigencia, una vez que las
relaciones internacionales dejan de tener reglas convenidas: en un orden que
abandona el respeto a la soberanía se impone un simple régimen global de
garantías.
Pero la garantía no es gratis y lo oferta el mercado
financiero; con el siguiente añadido: la deuda obligada lleva a la quiebra y la
garantía consiste, no en superar la quiebra, sino en mantenerla en desmedro de
los pobres (que cada vez serán más, por las medidas que se adopten para
custodiar la quiebra).
Tal situación es un palpitante estado de guerra no
declarado, de inflamación exponencial. Eso ya se está viviendo en algunos
países de la región, de modo que la amenaza es inobjetable y la única garantía
que brinda el Imperio estadounidense, tampoco es solución alguna. En
realidad, el escudo que se pretende instalar, significa colocar a nuestras
economías como escudo exclusivo del dólar. Se hipoteca el destino mismo de
nuestros países, sin posibilidad de integración a la economía del siglo XXI y
nos confina a un subdesarrollo más crónico, cuya fisonomía es la guerra
dispersa con capacidad de atravesar cordones fronterizos. Guerras civiles
internas con irradiación transfronteriza. ¿Cómo se administra semejante
escenografía?
El Imperio estadounidense vende a nuestros países
garantías transitorias pero saturadas de costos exponenciales. Latinoamérica no
interesa como “zona de paz” sino pasa a ser el laboratorio de una nueva
balcanización. Gaza es la imagen que se impone como el nuevo infierno en la
tierra, en los términos de la doctrina “core and the gap”[3]. Por eso el
senador Lindsey Graham decía que las nuevas guerras se planifican en Israel,
añadiendo que “las leyes internacionales, son para los débiles”. La ingeniería
neomalthusiana ya lo proclaman abiertamente las agendas globalistas de control
de la población mundial (agendas patrocinadas y financiadas por grupos de poder
–cuyos operadores aparecen curiosamente en los “archivos Epstein”– que
sostienen económicamente a la ideología woke, el transhumanismo y las
diversidades sexuales). El problema, para los billonarios, son siempre los
sobrantes que vomita la gula del capital.
Ese es el contexto que vincula los intereses sionistas en
Sudamérica. por eso, los “Acuerdos de Isaac”, anunciados por Milei y la
Fundación Genesis en junio de 2025 que, supuestamente promueven la cooperación,
el comercio, la tecnología e inteligencia, cumplen propósitos encubiertos,
señalados ya como el “plan de captura sionista de Latinoamérica”; con Argentina
a la cabeza de compromisos políticos y de seguridad al servicio de los planes
sionistas que planean nuevas Gazas, donde se promueva el proyecto del Gran
Israel. Incluso circula un nuevo mapa de todo el bloque de países proclives a
los planes sionista en Sudamérica, incluido Brasil, por la fuerte presencia
evangélica pro-sionista.
“La cumbre escudo
de las Americas”...
Cuando Trump, en la Cumbre de Mar-A-Lago, les dice a los
presidentes que puede mandar un misil directo a la sala de estar del líder
narco más importante de su país, está diciendo que puede hacer eso con
cualquiera que se atreva a desobedecer. Por eso en la “Cumbre Escudo de las
Américas”, se hace una pequeña pero significativa transición del concepto: ya
no es la “guerra contra el terrorismo” que se desató el 2001 sino que es,
ahora, como amenaza a Latinoamérica, la guerra contra el narco-terrorismo.
Trump precisa de nuevas guerras para sostener la caída del orden unipolar. No
para ganarlas precisamente, sino para diseminar la guerra como la nueva
normalidad.
“el convicto
emperador Trump y sus satrapías del patio trasero latinoamericano...
Esa es la amenaza. Y a los presidentes, a nombre de sus
países, no les queda otra que aceptar las condiciones que se les imponga. Tal
el grado de entreguismo, obediencia y sumisión absoluta de los representantes
de las elites iligarcas empresariales latinoamericanas; las verdaderas
colonizadas y escandalosamente dependientes del Imperio. Por ello hasta se sonríen cuando Trump les dice que no le interesa
aprender su maldito lenguaje.
Mas aún, el guion de la escalada bélica lo están cumpliendo,
de modo oficial y comedidamente, los peones, como es el caso de la presidenta
de Costa Rica, asegurando que “Mexico es un referente de a dónde no queremos
llegar”. El lenguaje diplomático ya no será más el mismo, ante la ausencia de
líderes legítimos, y desencadenará en enfrentamientos verbales cada vez más
recurrentes, con las consecuencias que eso engendra.
Lo que a Estados Unidos le interesa es, sobre todo,
contrarrestar la influencia china en la región y, para ella, detrás de su
demagogia de cooperación, libertad seguridad y prosperidad regional, su agenda
se enfoca en el control y la administración del narcotráfico y de la migración
irregular, homologados en la fórmula –sin diferenciación delimitada– del narcoterrorismo,
provocando lo opuesto a aquello que se dice garantizar: la seguridad regional.
Si la Cumbre se realiza antes de la visita de Trump a China
es porque los acuerdos conducentes a frenar la influencia china, constituyan un
modo de presión que presuma Trump ante el presidente Xi Jinping; condenando a
nuestros países en la imposibilidad de contar con la inversión china en
infraestructura, tan necesaria para la región. Ello conducirá a disputas de
poder entre las oligarquías empresariales decadentes y obedientes al
dólar y las nuevas elites económicas que dependen del comercio con China.
Aquí una digresión. En nuestro país, El Alto y la parte
altiplánica, tienen la gran oportunidad de remediar y superar su postración
económica, provocada por el favoritismo de gobiernos con fuerte presencia
cruceña (oligarquía agroindustrial, maderera, soyera, hasta mediática),
abriéndose al pacífico. Por eso era tan vital, en tiempos de Evo, de insistir
en el proyecto de la bioceánica para hacer de Bolivia un corredor
geoestratégico de conexión de dos grandes de la economía global y miembros del
BRICS, como son Brasil y China. Pero la miopía geopolítica del “gobierno del
cambio” nunca tomó en serio esa posibilidad.
El panorama es más que preocupante y a nuestros pueblos les
toca tomar la iniciativa y, una vez más, levantar el espíritu abatido por la
fractura del bloque popular (aquí y en todos los países cuyos gobiernos de
izquierda tuvieron y traicionaron la confianza del pueblo). En Bolivia, hay que
decirlo: las medidas del nuevo gobierno no son sólo inconstitucionales (a lo
cual está acostumbrada la derecha) sino de traición a la patria, en todos los
ámbitos. Este gobierno improvisado no gobierna, sólo es el portavoz de
intereses nacionales y extranjeros que están apostando sus prerrogativas a
costa de toda una nación, de su futuro, su presente y su pasado. No permitir la
balcanización de nuestros países, pasa por la remoción de gobiernos que están
hipotecando todo lo que nos queda.
La Paz, Chuquiago Marka, 9 de marzo de 2026
Rafael Bautista S.
rafaelcorso@yahoo.com
Autor de:
El ángel de la Historia. Volumen II.
La disputa del arco sudamericano y la geopolítica del
reseteo global. 2024
Dirige “el taller de la descolonización”





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