viernes, 20 de marzo de 2026

El fracaso ético y moral de la Humanidad: ¡Que generalización/masificación!



El fracaso ético y moral de la Humanidad: ¡Que generalización/masificación!

Prolegomeno: “Lo etico es lo honesto. No hay etica sin una radical honestidad”...

Prolegómeno:

La Humanidad, el Género Humano son responsables del genocidio de los Pueblos  Palestino, Libanés Yemenita, Iranie, etc.,que lleva a cabo el imperialismo  estadounidense con su führer, el convicto Trump y su aliado el régimen  nazisionista del delincuente  fugitivo de la Corte Penal Internacional/ CPI, Netanyahu: una generalización absurda, todos somos culpables,  nadie lo es. Los herederos de Hitler, de Mussolini, de Franco, la impusieron después de la segunda maldita guerra mundial... junto al maldito habito de olvidar para negar...

Las responsabilidades políticas, económicas, civiles, religiosas,  militares, criminales, etc., son personales. El fracaso ético y moral  del “Género Humano” tiene un nombre  los mefistofélicos empresarios plutócratas oligarcas del capitalismo determinista  estadounidense, quienes  al fin de la maldita segunda guerra mundial, teniendo como égida la celestina universal/el dólar y  conforme  lo preceptuado en el club Bilderberg le impusieron a la Humanidad  que, “ la libertad, la democracia y la justicia  deben ser deseables, aunque sólo una minoría  obtenga ventajas de ellas “... Los dirigentes de occidente  Europa. Canadá, Japón  y  del patio trasero latinoamericano estadounidense/yanqui acataron sumisamente la coyunda estadounidense...

Ochenta años después los mefistofélicos empresarios plutócratas oligarcas, degenerados estadounidense encabezados por el convicto genocida, lenguaraz Trump, en el contexto de su tiranía más despótica, perversa, degenerada e inmoral, en el foro económico mundial de Davos, Suiza – ayer Club Bilderberg-, reiteraron la receta /récipe, para el moribundo sistema capitalista determinista globalizado sumido en el  neoliberalismo, el narcotráfico, la telebasura internet y el consumismo desenfrenado. Creen que la Humanidad es un mall, una factoría, una  satrapía del imperio estadounidense... “La historia se repite como farsa y después como tragedia. Quién no aprende las lecciones que le da la historia está condenado a repetirlas”

Con esperanza y memoria, una vez más, “bajo el sistema capitalista determinista no hay destino viable para la Humanidad.  Lleva en sí mismo el germen de su destrucción”. La pregunta es, ¿cuándo desaparecerá de la faz del mundo este maldito sistema , para que el Género Humano pueda vivir en paz,” donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres,,,”  “Luz, más luz, luchar es vivir, sólo merecen la libertad y la vida quienes cada día las conquistan...”

Prof. Moreno Peralta /IWA

Secretario ejecutivo Addhee.Ong

“La Humanidad no puede tolerar un asesinato más y una bomba más cayendo sobre la cabeza de las niñas y mujeres palestinas”.

Por Leonardo Boff/Sacerdote de la Teologia de la Liberacion, escritor y analista internacional/ ADDHEE.ONG

Nuestros orígenes están en África. Por eso todos somos africanos. El Valle del Rift, visible desde la luna, que se extiende 3.000 kilómetros desde el norte de Siria hasta el centro de Mozambique, es una zona privilegiada. En este valle se produjo una gran división: a un lado, al norte, permanecieron los bosques donde vivieron nuestros ancestros antropoides y, posteriormente, simios superiores como gorilas y orangutanes, que disponían de abundante alimento. No necesitaron evolucionar para sobrevivir.

Algunos permanecieron en la parte baja del Valle del Rift, que se convirtió en una especie de sabana. Nuestros ancestros en esta “zona árida” desarrollaron sus cuerpos, comenzaron a caminar erguidos, y sus cerebros, con más sinapsis que neuronas, fomentaron un proceso de pensamiento inicial, ansiosos por buscar lo necesario para la supervivencia. Ecológicamente, la vida en la sabana no es tan abundante en recursos como en otras biorregiones. En 1974, se descubrió un fósil bastante completo de 3,18 millones de años en el desierto de Afar, en Etiopía. Parecía pertenecer a una mujer. Por esta razón, se le llamó “Lucy”, nombre tomado de la canción de los Beatles “Lucy in the Sky with Diamonds“.

En conclusión, la bioantropología ha aclarado que los humanos descendemos de un ancestro común. Este no fue un simio, como se suele pensar, sino un primate primitivo que se ramificó: por un lado, dio origen a los grandes simios mencionados anteriormente, y por otro, a las diversas etapas de la evolución humana, como el Homo habilis, luego el Homo erectus y, finalmente, el Homo sapiens, del que procedemos.

El gran cambio comenzó con el Homo habilis, hace más de 2 millones de años. Ya utilizaba herramientas como piedras puntiagudas, palos afilados y huesos gruesos para manipular la naturaleza y facilitar la caza de animales. Pero esta manipulación aún no era destructiva.

Cientos de años después, surgió el Homo erectus, ya bípedo y equipado con herramientas más poderosas, capaz de cazar ganado e incluso elefantes en grupos coordinados. Utilizó el fuego por primera vez, marcando el comienzo de una verdadera revolución cultural, pasando de la comida cruda a la cocinada, como estudió el antropólogo Claude Lévi-Strauss. Su manipulación de la naturaleza aumentó, llegando a animales de mayor tamaño, como los grandes perezosos.

Tras milenios en África, migrando de un lugar a otro, pero siempre dentro del continente africano, comenzó la gran migración del Homo erectus. Emigró a Eurasia, Asia Central, llegando a India, China e incluso Australia. Posteriormente, sus descendientes, el Homo sapiens, llegaron a América hace unos 20.000 años, ocupando así todo el planeta.

Del emigrante Homo erectus, llegamos al Homo sapiens de hace 100.000 años. Hace diez mil años, el Homo sapiens marcó el comienzo de la que quizás sea la mayor revolución de la historia, la única que se universalizó, cuyas consecuencias han perdurado y se han profundizado hasta nuestros días. Se trata de la revolución neolítica. Los humanos se volvieron sedentarios: crearon aldeas y ciudades. La gran invención fue la agricultura y el riego, especialmente a lo largo de los grandes ríos: el Tigris, el Éufrates, el Nilo y el Indo.

Con la agricultura, se creó un excedente de medios de subsistencia. En ese momento, comenzó su proceso de violencia y agresión, no solo contra la naturaleza, como había ocurrido cada vez más hasta entonces, sino también contra otros seres humanos. La producción agrícola produjo un excedente significativo. Esto posibilitó la guerra, ya que existían reservas para alimentar a los soldados. Fue en ese momento que el historiador Arnold Toynbee, en su extensa obra “Un estudio de la historia”, presenció el surgimiento de un fenómeno que nunca ha desaparecido de la faz de la Tierra: la guerra. Comenzó la verdadera “abominación de la desolación”, como se describe bíblicamente el nivel de destructividad humana.

Pero la violencia sistemática contra otros seres humanos y la naturaleza alcanzó proporciones sin precedentes con la colonización y esclavización de África, América Latina y otras regiones, empezando por Europa. Millones de personas fueron sacrificadas. Solo en América, 61 millones, a lo largo de un siglo y medio. Fue el mayor holocausto de la historia. Hubo verdaderos genocidios, que aún perduran, como el de la Franja de Gaza contra los palestinos. El advenimiento de la industrialización moderna, con sus formas más sofisticadas de dominación sobre las personas y la depredación de prácticamente todos los ecosistemas mediante inteligencia artificial, ha llevado al auge de la violencia. Esto ha llevado a la creación del principio de autodestrucción con todo tipo de armas letales.

Debemos reconocer que, gracias a la ciencia y la tecnología modernas, el bienestar de la Humanidad ha crecido prodigiosamente. Ha logrado que la vida sea más cómoda y larga, aunque gran parte de la Humanidad está condenada a la exclusión de estos beneficios. Sin duda, ha habido avances en todos los ámbitos: en salud, educación, movilidad y mil inventos más. Pero no deberíamos presumir demasiado, ya que, como observó el genetista francés André Langaney (*1942), las algas y las mariposas han desarrollado su ADN más que nosotros. En términos de masa, las lombrices de tierra poseen más que toda la Humanidad.

A pesar de este desarrollo cultural, en términos morales (formas de organizar la vida) y éticos (los principios que la guían), aún nos encontramos en la prehistoria. La maldad, la crueldad, las mentiras intencionadas y la falta de empatía siempre nos han acompañado, como lo presenciamos hoy. Los escándalos de pederastia y el atroz abuso infantil, atestiguados en los archivos de Epstein, que involucran al presidente Trump y a otros, dan testimonio del nivel de degradación moral y ética.

Somos los últimos seres dotados de inteligencia reflexiva en entrar en el proceso evolutivo. Estamos en el último minuto antes de la medianoche, si reducimos la edad del universo (13.700 millones de años) a un año solar. ¿Podría ser que aún tengamos la oportunidad de que la bondad prevalezca sobre la brutalidad, la preocupación sobre la destructividad, en nuestra forma de vida? Un hombre mentalmente demente como el presidente Donald Trump amenaza con usar su poder militar para subyugar a todos los países, arriesgando la eliminación de la vida humana mediante una guerra nuclear. ¿O, mediante su desenfrenado afán destructivo, él, el enemigo de la vida, el representante del Anticristo, pondría fin a la saga humana? La Tierra seguirá girando alrededor del sol durante milenios, pero sin nosotros, o solo con los billones y billones de microorganismos subterráneos que sobrevivirán. El destino está en nuestras decisiones, en nuestras manos. ¿Cómo podemos salvarnos a nosotros mismos y a la vida haciendo del amor, el cuidado y la empatía las piedras angulares de un nuevo tipo de civilización? Sin esto, no tendremos futuro.

La pelea por la Ética de la inteligencia artificial/IA.

“Lo etico es lo honesto. No hay etica sin una radical honestidad”...

El choque de la empresa Anthropic con el Pentágono demuestra que el convicto Trump prefiere una inteligencia artificial genocida sin escrúpulos...

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha ordenado a todas las agencias federales que dejen de utilizar los productos que desarrolla la empresa Anthropic, en especial su herramienta de inteligencia artificial generativa Claude, según los expertos, el mejor modelo para uso militar y la única autorizada en operaciones clasificadas (como la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro). La empresa exige garantías de que la Administración no utilizará su IA para llevar a cabo una vigilancia masiva de los ciudadanos estadounidenses ni como parte de sistemas de armas autónomas sin supervisión humana. Trump sostiene que una empresa privada no debe decir a los militares cómo combatir ni cómo ganar guerras. El Pentágono ha amenazado incluso con calificar a la compañía como una amenaza para la cadena de suministro. Un trato solo dispensado hasta ahora a tecnológicas extranjeras (las chinas Huawei y ZTE, y la rusa Kaspersky) y que pondría en peligro su capacidad para contratar con otras empresas que a su vez trabajen para la Administración.

Además de los 200 millones de dólares del acuerdo en juego, el episodio desvela lo lejos que ha llegado ya el uso de la IA en las operaciones militares pese a que aún estamos en los primeros pasos en sus desarrollo. De hecho, apenas horas después de romper con con Anthropic, el régimen estadounidense lanzó su ataque sobre Irán con la ayuda de esas mismas herramientas/arnas. Por encima de todo, el pulso entre la Administración estadounidense y la compañía que dirige Dario Amodei abre un debate sobre cómo usar la IA, sus riesgos y quién decide los límites a su uso: las empresas que la desarrollan o los Gobiernos. Comienzan a definirse así los contornos de un dilema crucial para nuestro futuro inmediato en torno a la inteligencia artificial y a su relación con el poder, es decir, a la ética. Algunas de las reticencias expresadas por la compañía californiana son las mismas que suscita el uso que puedan hacer de los datos de los ciudadanos los regímenes no democráticos.

El enfrentamiento tiene, además, un elevado componente personal y es un ejemplo de cómo Trump entiende el gobierno. Amodei respaldó en la campaña electoral de 2024 a la candidata demócrata, Kamala Harris, y se ha mostrado partidario de regular el uso de una tecnología que está revolucionando nuestras vidas a velocidad de vértigo. No en vano, Anthropic ha construido su identidad alrededor de la seguridad y la ética en los sistemas de IA. Trump, mientras, ha acusado al desarrollador de Claude de ser una empresa de izquierda radical y woke. Horas después de que el presidente ordenara romper con Anthropic, OpenAI —cuyo consejero delegado, Sam Altman, es un entusiasta donante de Trump— cerró un acuerdo con el Departamento de Guerra por el que cede todas las capacidades de su herramienta para cualquier uso legal.

La batalla de Anthropic —fundada por programadores que abandonaron OpenAI por diferencias de criterio sobre control de la IA— estaba en garantizar que el Pentágono no levantará las restricciones sobre vigilancia ciudadana y autonomía de combate cuando lo considere necesario aduciendo opacos motivos de seguridad militar. Perdió esta batalla porque los escrúpulos parecen ser un obstáculo para trabajar con la Administración Trump, pero el debate de la ética sigue. De cómo se resuelva dependerá que los aliados de la primera economía del mundo —entre ellos la UE— determinen si el modelo estadounidense de gobernanza tecnológica merece la confianza que hasta ahora se le había dispensado.

Lo subrayado interpolado es nuestro

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