El fracaso ético y
moral de la Humanidad: ¡Que generalización/masificación!
Prolegómeno:
La Humanidad, el Género
Humano son responsables del genocidio de los Pueblos Palestino, Libanés Yemenita, Iranie, etc.,que
lleva a cabo el imperialismo
estadounidense con su führer, el convicto Trump y su aliado el
régimen nazisionista del
delincuente fugitivo de la Corte Penal
Internacional/ CPI, Netanyahu: una generalización absurda, todos somos
culpables, nadie lo es. Los herederos de
Hitler, de Mussolini, de Franco, la impusieron después de la segunda maldita
guerra mundial... junto al maldito habito de olvidar para negar...
Las responsabilidades
políticas, económicas, civiles, religiosas,
militares, criminales, etc., son personales. El fracaso ético y
moral del “Género Humano” tiene un
nombre los mefistofélicos empresarios
plutócratas oligarcas del capitalismo determinista estadounidense, quienes al fin de la maldita segunda guerra mundial,
teniendo como égida la celestina universal/el dólar y conforme
lo preceptuado en el club Bilderberg le impusieron a la Humanidad que, “ la libertad, la democracia y la
justicia deben ser deseables, aunque
sólo una minoría obtenga ventajas de
ellas “... Los dirigentes de occidente
Europa. Canadá, Japón y del patio trasero latinoamericano
estadounidense/yanqui acataron sumisamente la coyunda estadounidense...
Ochenta años después los
mefistofélicos empresarios plutócratas oligarcas, degenerados estadounidense
encabezados por el convicto genocida, lenguaraz Trump, en el contexto de su
tiranía más despótica, perversa, degenerada e inmoral, en el foro económico
mundial de Davos, Suiza – ayer Club Bilderberg-, reiteraron la receta /récipe,
para el moribundo sistema capitalista determinista globalizado sumido en
el neoliberalismo, el narcotráfico, la
telebasura internet y el consumismo desenfrenado. Creen que la Humanidad es un
mall, una factoría, una satrapía del
imperio estadounidense... “La historia se repite como farsa y después como
tragedia. Quién no aprende las lecciones que le da la historia está condenado a
repetirlas”
Con esperanza y memoria, una
vez más, “bajo el sistema capitalista determinista no hay destino viable para
la Humanidad. Lleva en sí mismo el
germen de su destrucción”. La pregunta es, ¿cuándo desaparecerá de la faz del
mundo este maldito sistema , para que el Género Humano pueda vivir en paz,”
donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente
libres,,,” “Luz, más luz, luchar es
vivir, sólo merecen la libertad y la vida quienes cada día las conquistan...”
Prof. Moreno Peralta /IWA
Secretario ejecutivo
Addhee.Ong
“La Humanidad no puede
tolerar un asesinato más y una bomba más cayendo sobre la cabeza de las
niñas y mujeres palestinas”.
Por Leonardo Boff/Sacerdote de la Teologia de la
Liberacion, escritor y analista internacional/ ADDHEE.ONG
Algunos permanecieron en la parte baja del Valle del Rift,
que se convirtió en una especie de sabana. Nuestros ancestros en esta
“zona árida” desarrollaron sus cuerpos, comenzaron a caminar erguidos, y sus
cerebros, con más sinapsis que neuronas, fomentaron un proceso de
pensamiento inicial, ansiosos por buscar lo necesario para la supervivencia.
Ecológicamente, la vida en la sabana no es tan abundante en recursos como en
otras biorregiones. En 1974, se descubrió un fósil bastante completo de 3,18
millones de años en el desierto de Afar, en Etiopía. Parecía pertenecer a una
mujer. Por esta razón, se le llamó “Lucy”, nombre tomado de la canción de los
Beatles “Lucy in the Sky with Diamonds“.
En conclusión, la bioantropología ha aclarado que los humanos
descendemos de un ancestro común. Este no fue un simio, como se suele
pensar, sino un primate primitivo que se ramificó: por un lado, dio origen a
los grandes simios mencionados anteriormente, y por otro, a las diversas etapas
de la evolución humana, como el Homo habilis, luego el Homo erectus y,
finalmente, el Homo sapiens, del que procedemos.
El gran cambio comenzó con el Homo habilis, hace más de 2
millones de años. Ya utilizaba herramientas como piedras puntiagudas, palos
afilados y huesos gruesos para manipular la naturaleza y facilitar la caza de
animales. Pero esta manipulación aún no era destructiva.
Tras milenios en África, migrando de un lugar a otro, pero
siempre dentro del continente africano, comenzó la gran migración del Homo
erectus. Emigró a Eurasia, Asia Central, llegando a India, China e incluso
Australia. Posteriormente, sus descendientes, el Homo sapiens, llegaron a
América hace unos 20.000 años, ocupando así todo el planeta.
Del emigrante Homo erectus, llegamos al Homo sapiens de hace
100.000 años. Hace diez mil años, el Homo sapiens marcó el comienzo de la que
quizás sea la mayor revolución de la historia, la única que se universalizó,
cuyas consecuencias han perdurado y se han profundizado hasta nuestros días. Se
trata de la revolución neolítica. Los humanos se volvieron sedentarios:
crearon aldeas y ciudades. La gran invención fue la agricultura y el riego,
especialmente a lo largo de los grandes ríos: el Tigris, el Éufrates, el Nilo y
el Indo.
Con la agricultura, se creó un excedente de medios de
subsistencia. En ese momento, comenzó su proceso de violencia y agresión, no
solo contra la naturaleza, como había ocurrido cada vez más hasta entonces,
sino también contra otros seres humanos. La producción agrícola produjo un
excedente significativo. Esto posibilitó la guerra, ya que existían reservas
para alimentar a los soldados. Fue en ese momento que el historiador Arnold
Toynbee, en su extensa obra “Un estudio de la historia”, presenció el
surgimiento de un fenómeno que nunca ha desaparecido de la faz de la Tierra: la
guerra. Comenzó la verdadera “abominación de la desolación”, como se describe
bíblicamente el nivel de destructividad humana.
Pero la violencia sistemática contra otros seres humanos y la
naturaleza alcanzó proporciones sin precedentes con la colonización y
esclavización de África, América Latina y otras regiones, empezando por Europa.
Millones de personas fueron sacrificadas. Solo en América, 61 millones, a lo
largo de un siglo y medio. Fue el mayor holocausto de la historia. Hubo
verdaderos genocidios, que aún perduran, como el de la Franja de Gaza contra
los palestinos. El advenimiento de la industrialización moderna, con sus formas
más sofisticadas de dominación sobre las personas y la depredación de
prácticamente todos los ecosistemas mediante inteligencia artificial, ha
llevado al auge de la violencia. Esto ha llevado a la creación del principio de
autodestrucción con todo tipo de armas letales.
Debemos reconocer que, gracias a la ciencia y la tecnología
modernas, el bienestar de la Humanidad ha crecido prodigiosamente. Ha logrado
que la vida sea más cómoda y larga, aunque gran parte de la Humanidad está
condenada a la exclusión de estos beneficios. Sin duda, ha habido avances en
todos los ámbitos: en salud, educación, movilidad y mil inventos más. Pero no
deberíamos presumir demasiado, ya que, como observó el genetista francés André
Langaney (*1942), las algas y las mariposas han desarrollado su ADN más que
nosotros. En términos de masa, las lombrices de tierra poseen más que
toda la Humanidad.
A pesar de este desarrollo cultural, en términos morales
(formas de organizar la vida) y éticos (los principios que la guían), aún nos
encontramos en la prehistoria. La maldad, la crueldad, las mentiras
intencionadas y la falta de empatía siempre nos han acompañado, como lo
presenciamos hoy. Los escándalos de pederastia y el atroz abuso infantil,
atestiguados en los archivos de Epstein, que involucran al presidente Trump y a
otros, dan testimonio del nivel de degradación moral y ética.
Somos los últimos seres dotados de inteligencia reflexiva en
entrar en el proceso evolutivo. Estamos en el último minuto antes de la
medianoche, si reducimos la edad del universo (13.700 millones de años) a un
año solar. ¿Podría ser que aún tengamos la oportunidad de que la bondad
prevalezca sobre la brutalidad, la preocupación sobre la destructividad, en
nuestra forma de vida? Un hombre mentalmente demente como el presidente Donald
Trump amenaza con usar su poder militar para subyugar a todos los países,
arriesgando la eliminación de la vida humana mediante una guerra nuclear. ¿O,
mediante su desenfrenado afán destructivo, él, el enemigo de la vida, el
representante del Anticristo, pondría fin a la saga humana? La Tierra
seguirá girando alrededor del sol durante milenios, pero sin nosotros, o solo
con los billones y billones de microorganismos subterráneos que sobrevivirán.
El destino está en nuestras decisiones, en nuestras manos. ¿Cómo podemos
salvarnos a nosotros mismos y a la vida haciendo del amor, el cuidado y la
empatía las piedras angulares de un nuevo tipo de civilización? Sin esto, no
tendremos futuro.
La pelea por la
Ética de la inteligencia artificial/IA.
“Lo etico
es lo honesto. No hay etica sin una radical honestidad”...
El choque de la empresa Anthropic con el Pentágono demuestra
que el convicto Trump prefiere una inteligencia artificial genocida sin
escrúpulos...
El presidente de Estados Unidos,
Donald Trump, ha ordenado a todas las agencias federales que dejen de
utilizar los productos que desarrolla la empresa Anthropic, en especial su
herramienta de inteligencia artificial generativa Claude, según los expertos,
el mejor modelo para uso militar y la única autorizada en operaciones
clasificadas (como la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro). La
empresa exige garantías de que la Administración no utilizará su IA para llevar
a cabo una vigilancia masiva de los ciudadanos estadounidenses ni como
parte de sistemas de armas autónomas sin supervisión humana. Trump sostiene que
una empresa privada no debe decir a los militares cómo combatir ni cómo ganar
guerras. El Pentágono ha amenazado incluso con calificar a la compañía como una
amenaza para la cadena de suministro. Un trato solo dispensado hasta ahora a
tecnológicas extranjeras (las chinas Huawei y ZTE, y la rusa Kaspersky) y que
pondría en peligro su capacidad para contratar con otras empresas que a su vez
trabajen para la Administración.
Además de los 200 millones de
dólares del acuerdo en juego, el episodio desvela lo lejos que ha llegado ya el
uso de la IA en las operaciones militares pese a que aún estamos en los
primeros pasos en sus desarrollo. De hecho, apenas horas después de romper con
con Anthropic, el régimen estadounidense lanzó su ataque sobre Irán
con la ayuda de esas mismas herramientas/arnas. Por encima de todo, el
pulso entre la Administración estadounidense y la compañía que dirige Dario
Amodei abre un debate sobre cómo usar la IA, sus riesgos y quién decide los
límites a su uso: las empresas que la desarrollan o los Gobiernos. Comienzan a
definirse así los contornos de un dilema crucial para nuestro futuro inmediato
en torno a la inteligencia artificial y a su relación con el poder, es decir, a
la ética. Algunas de las reticencias expresadas por la compañía californiana
son las mismas que suscita el uso que puedan hacer de los datos de los
ciudadanos los regímenes no democráticos.
El enfrentamiento tiene, además, un
elevado componente personal y es un ejemplo de cómo Trump entiende el gobierno.
Amodei respaldó en la campaña electoral de 2024 a la candidata demócrata,
Kamala Harris, y se ha mostrado partidario de regular el uso de una tecnología
que está revolucionando nuestras vidas a velocidad de vértigo. No en vano,
Anthropic ha construido su identidad alrededor de la seguridad y la ética en
los sistemas de IA. Trump, mientras, ha acusado al desarrollador de Claude de
ser una empresa de izquierda radical y woke. Horas después de que
el presidente ordenara romper con Anthropic, OpenAI —cuyo consejero delegado,
Sam Altman, es un entusiasta donante de Trump— cerró un acuerdo con
el Departamento de Guerra por el que cede todas las capacidades de su
herramienta para cualquier uso legal.
La batalla de Anthropic —fundada
por programadores que abandonaron OpenAI por diferencias de criterio sobre
control de la IA— estaba en garantizar que el Pentágono no levantará las
restricciones sobre vigilancia ciudadana y autonomía de combate cuando lo
considere necesario aduciendo opacos motivos de seguridad militar. Perdió esta
batalla porque los escrúpulos parecen ser un obstáculo para trabajar con la
Administración Trump, pero el debate de la ética sigue. De cómo se resuelva
dependerá que los aliados de la primera economía del mundo —entre ellos la UE—
determinen si el modelo estadounidense de gobernanza tecnológica merece la
confianza que hasta ahora se le había dispensado.
Lo subrayado interpolado es nuestro





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