
Carta de las comunidades Williche de Chiloé en Acto de Conmemoración del Bicentenario
Mai mai pu Cacique, Lonkos, Tuncunoy (Maestra de
paz), autoridades ancestrales, autoridades regionales, Alcalde saludamos
respetuosamente a todas y todos quienes hoy se reúnen en este acto de
conmemoración.
Como comunidades
Williches del territorio de Chiloé, nos dirigimos a ustedes en esta fecha que
el Estado de Chile ha definido como el Bicentenario de la anexión de nuestro
archipiélago a la República. Para nuestro pueblo, esta conmemoración no puede
ser solo una celebración, sino, sobre todo, un tiempo de memoria, reflexión y
verdad.
Nuestra historia
en este territorio es muy anterior a 1826. Desde tiempos ancestrales habitamos
estas islas, sus mares, ríos y montes, organizados en Lof y Machullas, con
autoridades propias, con lengua, espiritualidad y una profunda relación con la
naturaleza y sus Ngen. Esa historia no comienza con la llegada de los españoles
en 1567, ni con la anexión a Chile; comienza mucho antes, y sigue viva hasta
hoy y hasta que el mundo sea.
Durante la
colonia española sufrimos la primera gran colonización: la encomienda, la
esclavitud y el despojo.
Sin embargo,
también existieron formas de resistencia y acuerdos que permitieron mantener
parte de nuestras costumbres, nuestras tierras y nuestra organización. El levantamiento
huilliche de 1712 y el fin de la encomienda en 1783 son hitos que dan cuenta de
ello, al igual que la entrega de los títulos de realengo en 1824, que reconocían
jurídicamente nuestras tierras.
Con la anexión de
Chiloé a la República de Chile en 1826 comenzó una segunda colonización. Bajo
el discurso de la unidad nacional y de que “todos somos iguales”, se nos impuso
una asimilación forzada: se cambiaron apellidos, se castigó nuestra lengua, se
invisibilizó nuestra historia en las escuelas y se quebró la transmisión cultural.
El juicio a los brujos de Chiloé fue una expresión brutal de esta violencia
cultural, un intento de destruir nuestro conocimiento y espiritualidad.
A esto se sumó,
posteriormente, una tercera colonización: la entrega de nuestras tierras a
colonos y empresas, la subdivisión forzada de los territorios indígenas, la aplicación
de leyes que nunca nos fueron explicadas ni consultadas, y la pérdida
progresiva de nuestro espacio vital. El Tratado de Tantauco sigue siendo, para
nuestro pueblo, una herida abierta, un acuerdo histórico del cual jamás tuvimos
garantías reales.
Hoy seguimos
preguntándonos:
¿En qué grado nos
independizamos realmente?
Cuando aún
pagamos a empresas extranjeras por derechos básicos como el agua, la luz y los
caminos; cuando el mar se concesiona a la industria salmonera; cuando se entregan
concesiones mineras, eólicas y extractivas sin considerar nuestra cosmovisión
ni nuestros territorios sagrados.
Reivindicamos territorios
que aún nos pertenecen por derecho ancestral, como el Fundo Millanes y sectores
de Butamanga, Manao, Hueihue y Lecam. Defendemos los ojos de agua, los nacimientos de
ríos y los espacios donde habitan nuestros Ngen, porque allí se sostiene no
sólo nuestra cultura, sino también el equilibrio del territorio para todas y
todos.
Exigimos que el
Estado de Chile reconozca las tierras indígenas antiguas del territorio de
Ancud y de todo Chiloé, y que esta verdad sea incorporada en los relatos oficiales,
en los documentos y en los actos conmemorativos. Que se cuente la verdad.
Reconocemos y honramos la organización histórica
de nuestro pueblo, expresada en el Consejo General de Caciques del
Butahuillimapu, institución que se remonta al siglo XVIII y que ha sostenido la
defensa de nuestros derechos y nuestra identidad hasta el presente.
Pero este
bicentenario no es solo memoria del dolor.
También es una
oportunidad para proyectar el futuro de nuestro pueblo. Nuestro aporte al
universo cultural chilote, hoy llamado “patrimonio”, proviene de saberes indígenas
milenarios: en la agricultura, la pesca, la medicina, alimentación, construcción,
la música y la espiritualidad. Queremos
un desarrollo con dignidad que abarque como mínimo estos 3 ámbitos
* Kiñe: una salud
intercultural real, que incorpore los conocimientos ancestrales y ejercicio la
medicina de nuestros Lawentuchefe, Componedores de huesos, parteras y machis,
con recursos suficientes para la correcta
implementación
del decreto 21 artículo 7 de La ley 20.584 sobre Modelos de Salud Intercultural
que considere la prevención y la salud mental de nuestras juventudes, recuperar
el respeto y cuidados de nuestros adultos mayores.;
* Epu: una
educación con pertinencia territorial, que enseñe la historia local y no
quiebre la identidad de nuestras niñas, niños y jóvenes, dándoles a conocer el Territorio
donde se estan creciendo su itxofill mogen, acontecimientos históricos
importantes como la batalla de Chadmo, 1712, líderes figuras notables Rosario Hueicha,
maestras de paz. Con textos propios, poemarios, música, material disponible en
bibliotecas y centros educacionales.
Que en las mallas
curriculares de carreras técnicas y universitarias se incorpore la
interculturalidad como base de la enseñanza aún más en carreras del área de
salud y educación. Inversión en investigación para reivindicar la historia.
* Kila: una
productividad sustentable, con apoyo y seguimiento efectivo a proyectos
turísticos, agrícolas, marinos, comunitarios y culturales que respeten el
territorio y fortalezcan la autonomía.
Rechazamos los intentos de modificar la Ley
Lafquenche, que significaría un nuevo despojo al intentar arrebatarnos el
derecho ancestral al mar y nuestros bordes costeros.
Necesitamos
proyectos energeticos a baja escala y en beneficio directo para las comunidades
respetando y resguardando los lugares en los cuales nuestra ritualidad y cosmovisión
Williche se ve afectada.
A 200 años de la anexión de Chiloé a Chile, como
pueblo williche decimos con claridad: seguimos aquí. No somos parte del pasado.
Somos un pueblo vivo, con memoria, con derechos y con futuro.
Que este
bicentenario no sea un acto de olvido, sino un compromiso real con la verdad,
la justicia histórica y el respeto a los pueblos originarios de este
territorio.
Wema trekan,
primer paso, es el llamado a la unidad, a resolver las diferencias dentro de
casa con puerta cerrada y nula injerencia de políticos partidarios, volver a
hacer uso de nuestro Rakizuam, volver a pensar y actuar como lo que somos,
Indígenas Williche de Chiloé.
Mañunto kompu
che.
Comisión Bicentenario
del Kawin de Comunidades y Asociaciones Williche de Ancud.





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