El Papa, Trump y la guerra...
Por. Prof. Juan Pablo Cárdenas S. /académico, periodista, escritor y analista internacional/ ADDHEE.ONG:
Aunque en la historia del catolicismo
muchos papas, obispos y sacerdotes han bendecido guerras y criminales acciones
de exterminio contra pueblos y personas, no hay duda que desde el Concilio
Vaticano ll la iglesia romana, amén de pedir perdón, ha tomado posición con los
que buscan la paz y renuncian a la guerra como solución de los diferendos entre
países y regímenes políticos. Con lo cual ha mostrado su complacencia con las
Naciones Unidas y todas aquellas instituciones que velan por la paz y el
respeto a los Derechos Humanos.
Algo más podría hacer el Pontífice
para acusar que hay gobernantes como Trump que justifican la carrera
armamentista y convocan a las guerras, provocando la muerte de millones de
seres humanos y el sostenimiento de ejércitos que, bajo la idea de asumir una
labor preventiva frente al mal, invaden naciones, destruyen ciudades y dejan a
la intemperie, como en Gaza, a millones de seres inocentes que caen en defensa
de su soberana determinación.
Los actuales promotores de la guerra
acometen acciones brutales también para bloquear el libre tránsito de los
recursos energéticos, las medicinas y los alimentos que un país como Cuba
necesita para su subsistencia, aun cuando ésta y otras naciones no están en
guerra y hayan realizado manifestaciones populares más que contundentes de
fidelidad hacia sus gobernantes. Además de probar ostensibles progresos en
favor del bienestar de sus pueblos, si se los compara con otros países de
similar condición geográfica y recursos naturales, como los de Centroamérica y
el Caribe.
Hasta aquí muy pocos enemigos o
adversarios del socialismo cubano se habían atrevido a desconocer los
avances de la Revolución Cubana en materia de salud, educación y otros derechos
humanos. Índices de prosperidad reconocidos por las instituciones
internacionales competentes, lo que explica el prácticamente universal repudio
al bloqueo estadounidense ejercido por más de 60 años y que llevaron
tiempo atrás a que el propio Papa Juan Pablo ll visitara la isla y fraternizara
con Fidel Castro Ruz y el propio pueblo que lo acogiera con entusiasmo.
Un país pionero en la notable atención de sus hospitales, la lucha contra la
pandemia, la erradicación del analfabetismo, así como muy exitoso en el
desarrollo de la cultura las artes y el deporte. Un régimen solidario, dicho
sea de paso, que brindó asilo contra la opresión a esos miles de luchadores de
América Latina, África y Asia.
Pero tuvo que aliarse Trump con
figuras tan deleznables como Marcos Rubio y esos centenares de millonarios
cubanos que se sintieron afectados en su bolsillo con las políticas de
redistribución del ingreso impulsados por Cuba, arrastrándose hasta Miami para
conseguir por fin convencer al gobierno estadounidense de intensificar
de bloqueo al extremo. Ahora para paralizar su economía y lograr que millones
de cubanos tengan que sufrir los rigores del desabastecimiento, la privación de
todas las formas de energía. Persiguiendo que el Pueblo Cubano se vea forzado a
rebelarse contra sus autoridades, en la inminencia del hambre, la enfermedad y
la falta de recursos básicos como la luz eléctrica.
Pero seguramente Trump y sus secuaces
saben que los ejércitos que invadieron Palestina y tantas otras incursiones
imperiales, a pocos kilómetros de su territorio no se animan a entrar a la
Isla, sabedores que Cuba ya los expulso una vez de Playa Girón y que
nuevamente, pese a su apremiante situación actual, pudieran repetir esa proeza
histórica.
Después de la potente alocución de
León XlV, debe avergonzarnos como chilenos y latinoamericanos que varios de
nuestros gobernantes, haciendo ostentación de su fe católica estén respaldando
los despropósitos del trastornado sujeto de la Casa Blanca quien, además de ser
un amante de la guerra, es un multimillonario corrupto, pedófilo y asesino que
busca encubrir sus vicios con su supuesta guerra al narcotráfico. Una cuestión
que por fin reconoce la población de los Estados Unidos que a diario le resta
apoyo y abre la esperanza al mundo de que éste sea lo antes posible depuesto de
su cargo imperial. En beneficio, sin duda, de toda la humanidad, salvo de quien
todavía gobiernan la nación israelí.
Qué suerte tuvimos que el propio
Trump, Rubio y otros de sus sicarios decidieran ausentarse de nuestra reciente
transmisión del mando presidencial, con lo que la Casa Blanca, además, nos
demostró que no tiene mayor interés en nuestro país, seguramente porque aquí no
tenemos el petróleo y otros recursos que su codicia persigue. Salvo obtener que
Chile renuncie al cable oceánico convenido con China, proyecto que La Moneda desahuciará,
sin mayores consideraciones al interés nacional, sino únicamente para seguir
postrándose sumisa frente al Imperio. Pese a que esta nación asiática es
nuestro mayor socio comercial.
El nuevo presidente chileno, José
Antonio Kast, tiene la posibilidad de poner a prueba su fe religiosa
privilegiando los intereses del pueblo que lo elogió. Que tanto alegró y
produjo elogios de la Iglesia Católica chilena con su victoria, pero que ahora
podría desilusionar a millones de chilenos cuya fe no puede condescender con
los enemigos de paz mundial. Como tampoco con la de aquellos mandatarios que
hacen caso omiso de los derechos humanos al momento de perseguir a los
disidentes, incluso inmisericordes respecto de quienes delinquen.
Al menos en esto último Kast aseguró
que los que disienten con él y tienen otras convicciones no los considera
enemigos. Aunque hoy se teme que su gobierno indulte a los más tenebrosos
delincuentes y terroristas de Estado por el hecho de haber servido a la
Dictadura pinochetista y a la represión popular ejercida posteriormente para
aplacar el descontento social.
Lo subrayado/interpolado es nuestro.





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