¿Por Qué Putin es Clave en “la Paz” de Trump
en el Sáhara Occidental?
Por Francisco Carrión*/ escritor, periodista y analista
internacional/ ADDHEE.ONG
Diario red,
el Clarín de Colombia, el nortino de Chile, el Clarín de Chile, Jornada de
México, Xinhua.net, la Haine, enred sin fronteras, red latina sin fronteras,
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La posición que adopte Vladímir Putin, a través de su ministro de
Exteriores, Serguéi Lavrov, puede decidir el destino de la iniciativa de
Trump. Rusia preside este mes el Consejo de Seguridad de la ONU y su
voto —o su veto— marcará si el plan estadounidense avanza o naufraga.
La maniobra de Trump: enterrar la autodeterminación
Washington ha diseñado un borrador de resolución en la ONU que busca
“sepultar el derecho de autodeterminación” del Pueblo Saharaui y sustituirlo
por una fórmula de “autonomía genuina bajo soberanía marroquí”. En la práctica,
se trata de un reconocimiento de la soberanía del Reino de Marruecos sobre el
territorio, amparado por un discurso de reconciliación regional.
El plan prevé incluso sustituir a la Minurso, la misión de la ONU
encargada de organizar el referéndum pendiente desde 1991 e
impedido sistemáticamente por la monarquía alauí, por otra fuerza centrada en
“apoyar la aplicación” del plan de autonomía marroquí.
Trump aspira a presentarlo como un logro diplomático de alcance global,
comparable a los Acuerdos de Abraham.
Pero detrás de la grandilocuencia se esconde una realidad compleja: la
iniciativa contradice la legalidad internacional y reescribe las resoluciones
que durante décadas sostuvieron el principio de autodeterminación de la última
colonia de África, huella de una historia colonial cuyo desenlace España no ha
sabido administrar durante medio siglo de democracia.
El contexto, además, es propicio para el cálculo político. Estados
Unidos busca reforzar su influencia en el norte de África, Marruecos consolida
su control sobre el territorio y Argelia intenta evitar el aislamiento en un
momento de tensiones regionales.
Lavrov marca las líneas rojas
En este escenario, el Kremlin deshoja la margarita. Serguéi Lavrov, el sapiente jefe de la diplomacia rusa, recordó en
una reciente rueda de prensa que “la posición de Rusia es bastante simple,
especialmente en relación con las decisiones del Consejo de Seguridad de la ONU
sobre el Sáhara Occidental”.
“Este conflicto —explicó— debe
abordarse conforme a la voluntad del Pueblo Saharaui que vive allí.
Lleva en la mesa medio siglo. Recuerdo cuando el secretario de Estado
estadounidense James Baker fue nombrado enviado especial para el
Sáhara y se acordó celebrar un referéndum sobre su destino. Nadie dudaba
entonces de que era necesario hacerlo”.
Lavrov añadió que Marruecos “no renuncia al principio de autodeterminación,
pero cree que debe aplicarse en forma de autonomía”. Y matizó: “Para nosotros,
cualquier opción que sea aceptable para todas las partes lo será también para
Rusia, siempre que esté establecida en una resolución de la ONU”. El ministro
no evitó señalar la divergencia con Washington: “Estados Unidos fue por otro
camino cuando, durante la primera administración Trump, reconoció este
territorio como parte de Marruecos. Para ellos, el asunto está cerrado. Para
nosotros, solo lo estará cuando todas las partes afectadas sientan que la
decisión se tomó con un equilibrio justo de intereses.” La declaración resume
la doctrina rusa: el único marco válido es el de Naciones Unidas y cualquier
solución que se imponga a una de las partes carece de legitimidad.
“Sería absurdo pensar que Rusia apoyará el unilateralismo de Washington”
Jacob Mundy, profesor de Estudios de Paz y Conflictos en la Universidad
estadounidense de Colgate, cree que el movimiento estadounidense no alterará la
posición rusa. “Creo que será una resolución de statu quo —afirma—, quizá con
una extensión más corta del mandato de la Minurso para fijar un plazo de
reanudación de las negociaciones”, señala en declaraciones a El
Independiente.
Para el académico, Moscú no ha mostrado “ninguna señal de que haya
cambiado su posición”. Recuerda
que “Lavrov ha confirmado su apoyo a una solución política mutuamente
acordada que contemple la autodeterminación del Pueblo Saharaui”.
A su juicio, Rusia lleva años alertando de las maniobras unilaterales de
Washington dentro del Consejo de Seguridad. “Durante varios años —explica—
Rusia ha expresado su preocupación por las acciones unilaterales de Estados
Unidos respecto al Sáhara Occidental. Esa preocupación se refleja en su
política de abstención en todas las resoluciones recientes sobre la Minurso”.
“¿Vamos a creer que, tras casi una década oponiéndose al unilateralismo
estadounidense, Rusia va a apoyarlo ahora? No tiene ningún sentido”.
Según sus tesis, Rusia no votará a favor de una resolución que imponga
el plan marroquí sin el consentimiento del Polisario o de Argelia. En el mejor
de los casos, se abstendrá, preservando su coherencia diplomática y su margen
de negociación con Occidente.
“Rusia no arriesgará por un conflicto que no le importa”
Riccardo Fabiani, director del programa para Oriente Medio y Norte de
África de International Crisis Group, observa el papel de Moscú con cautela.
“Rusia ha sido bastante ambigua en este asunto durante las últimas semanas”,
asegura. “Tiene muy poco que ganar adoptando una postura fuerte, porque
mantiene buenas relaciones tanto con Argelia como con Marruecos y no considera
que este conflicto sea importante para sus propios intereses.”
El ministro Lavrov, apunta Fabiani, “sigue hablando de un proceso de paz
y de la necesidad de que todas las partes acuerden una solución, más que de
descolonización o referéndum”. Pero insiste en un matiz esencial: “Moscú cree
que todas las partes implicadas deben estar de acuerdo, lo que significa que
el Polisario tiene
que participar y que no se puede imponer un arreglo al movimiento
saharaui”.
Para Fabiani, todo dependerá del lenguaje que adopte la nueva resolución
del Consejo de Seguridad. “Si el texto anima a las partes a negociar una
solución que combine autonomía y autodeterminación, Rusia podría apoyarlo. Si
el lenguaje es demasiado pro-marroquí, probablemente se abstendrá”.
Y concluye con un pronóstico que resume la posición rusa: “En cualquier
caso, es poco probable que Moscú vete la resolución o amenace con hacerlo,
porque eso crearía tensiones con los demás miembros del Consejo por una causa
de escasa relevancia para Rusia”.
“Apoyar a Trump en el Sáhara puede ser una forma barata de ganarse su
favor”
Desde una óptica más pragmática, Mark N. Katz, profesor emérito de
Política y Gobierno en la Universidad George Mason, cree que Moscú podría
inclinarse, en última instancia, por respaldar a Washington. “Hay una
evaluación pragmática: el Polisario no tiene ninguna posibilidad real de
hacerse con el control del territorio y, más importante aún, existe un
creciente apoyo internacional a la posición marroquí”.
Katz subraya que el cálculo ruso no pasa por romper con Argelia. “Rusia
mantiene relaciones económicas con ambos países, pero las que tiene con Argelia
—especialmente en materia de exportación de armas— son mucho más importantes.
Sin embargo, Moscú calcula que Argelia seguirá colaborando en defensa, porque
no tiene opciones reales de girar hacia Occidente”. Argel, no obstante, ha
mejorado en los últimos meses su interlocución con EEUU en materia de
cooperación militar y choca con su tradicional aliado ruso en algunos de los
conflictos abiertos en África.
Esa seguridad permite a Putin moverse con flexibilidad. “Apoyar a
Estados Unidos en el Sáhara puede ser una forma barata de ganarse el favor de
la administración Trump”, sostiene Katz. “Al hacer una concesión a Washington
en un asunto que tiene poca importancia para Moscú, el Kremlin podría esperar
obtener una contrapartida en algo que sí le interese”.
Un tablero de equilibrios
Mientras Washington presiona para una “paz histórica” entre Marruecos y
Argelia, las piezas se mueven lentamente. Rabat insiste en su plan de autonomía
de 2007 como única base de negociación. Argelia mantiene que la única salida
legítima pasa por la descolonización y un referéndum. El Frente Polisario, respaldado
por Argel, ya ha advertido que “no aceptará una solución impuesta ni una paz
fabricada mediante maniobras e intrigas”.
La administración Trump, sin embargo, ha decidido avanzar por su cuenta,
alentada por el precedente de los Acuerdos de Abraham y por la convicción de
que puede forzar una normalización entre los dos vecinos magrebíes.
Pero los analistas dudan de ese optimismo. La frontera entre Argelia y
Marruecos lleva cerrada desde 1994 y las relaciones diplomáticas están rotas
desde 2021. En ese contexto, la mediación de Washington parece poco realista
sin un acuerdo previo sobre el Sáhara. Las posiciones de ambos países,
protagonistas de una preocupante escalada armamentística, siguen muy
alejadas.
En paralelo, Rusia ha reforzado discretamente sus contactos con ambos
bandos. Lavrov se ha reunido en Moscú el ministro de Exteriores
marroquí Naser Burita y mantenido una conversación telefónica con el
jefe de la diplomacia argelina Ahmed Attaf, a quienes transmitió que su país “aceptará cualquier acuerdo entre las
partes, pero siempre bajo el prisma de la autodeterminación”.
Moscú, además, ha renovado su acuerdo pesquero con Marruecos -que
incluye la actividad en la costa del Sáhara Occidental ocupado-, un gesto
interpretado como un guiño económico, aunque analistas como Fabiani lo
describen como un “acto de equilibrio” más que como una toma de partido.
La llave de Moscú
La “paz” que Donald Trump busca vender al mundo depende, en última
instancia, de un voto en Nueva York. Rusia —con su asiento permanente y poder
de veto en el Consejo de Seguridad— puede permitir que la resolución avance o
bloquearla con un solo gesto.
Si el Kremlin se abstiene, Washington podrá proclamar un avance
diplomático. Si vota a favor, Marruecos consolidará su control del territorio
con el aval de las Naciones Unidas. Pero si Moscú decide vetar la iniciativa,
el castillo de cartas se vendrá abajo. Por ahora, la postura rusa se resume en
prudencia. Ni el apoyo incondicional que algunos esperaban tras la renovación
del acuerdo pesquero, ni la hostilidad abierta que desearía el Polisario.
Simplemente, una política de espera. Una ambigüedad que se resolverá en
cuestión de días y que otorga a Putin un poder que va mucho más allá del
Magreb. En un momento de tensiones con Occidente por Ucrania y Oriente Medio,
el Sáhara es un territorio para demostrar influencia global.
Rusia, EE.UU. y Ucrania cerca de
solución definitiva al conflicto
Según indican las fuentes, Rusia está muy cerca de alcanzar
una solución diplomática al conflicto ucraniano con Estados Unidos y Kiev.
El enviado especial Kiril Dmítriev afirma que la disposición
de Kiev a reconocer las líneas de batalla supone un cambio en su postura y
acerca a Rusia, Estados Unidos y Ucrania a una solución diplomática.
El enviado especial del Kremlin, Kiril Dmítriev,
declaró este viernes que Rusia, Estados Unidos y Ucrania se encuentran «bastante
cerca» de alcanzar una solución diplomática al conflicto ucraniano. Dmítriev
reiteró que Moscú exige no solo un alto el fuego temporal, sino «la
solución definitiva» de la crisis para evitar que las partes se rearmen y
continúe la confrontación.
En una conversación con medios, el director del Fondo Ruso
de Inversiones Directas afirmó que la principal prioridad de Rusia es
poner fin al conflicto lo antes posible. Sin embargo, enfatizó que un cese
al fuego es meramente una «solución temporal» que podría ser aprovechada
por las partes para rearmarse y reanudar las hostilidades más adelante,
tal como lo advirtió el presidente estadounidense Donald Trump.
El alto cargo ruso calificó como un «gran paso» la
reciente propuesta del líder del régimen de Kiev, Volodímir Zelenski, de congelar
las líneas de conflicto en su estado actual para lograr un alto el fuego. Dmítriev
señaló que el reconocimiento de estas «líneas de batalla» contrasta
con la «postura anterior» de Ucrania, que exigía la retirada rusa
completa.
«Así que, en realidad, creo que estamos razonablemente cerca
de una solución diplomática viable», señaló el representante, reforzando la
idea de que la flexibilización de la postura de Kiev abre una ventana
de oportunidad para una negociación de fondo que evite una guerra
prolongada.
Al ser consultado sobre la decisión del mandatario
estadounidense de cancelar una reunión con su homólogo ruso, Vladímir
Putin, Dmítriev aclaró que el encuentro se llevará a cabo, aunque
probablemente «en una fecha posterior». Subrayó que la necesidad de
una solución definitiva a la crisis fue planteada durante un encuentro previo
entre ambos líderes en Alaska.
El enviado del Kremlin aprovechó para criticar la gestión de
la administración anterior de EE.UU.: «Es mucho mejor mantener un diálogo
con Rusia que lo que hizo el presidente Joe Biden, que no mantuvo ningún
diálogo con Rusia, quería derrotarla estratégicamente y, obviamente, esa
estrategia fracasó».
Dmítriev reiteró los comentarios del propio Putin,
quien recordó que el encuentro fue propuesto inicialmente por Trump. Sin
embargo, indicó que los detalles logísticos y diplomáticos aún no se han
acordado por completo, por lo que considera que la cancelación es «más
bien un aplazamiento» para que la cita pueda ser «bien preparada por
nuestros diplomáticos».
Lo subrayado
interpolado es nuestro.



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