La guerra de Trump contra la Venezuela Bolivariana
y su inserción en la dinámica regional y global
Quisiera entregar algunas pautas que aporten a la
comprensión de la guerra de Trump contra Venezuela y su inserción en la
dinámica regional y global. Creo que esta situación hay que verla a partir de
dos dimensiones: la internacional y la interna de Estados Unidos.
En primer lugar me parece necesario decir que en el
mundo de hoy ningún hecho está aislado del otro. En esa medida, analizar los
fenómenos que ocurren de forma aislada no permite tener una visión holística
del asunto. La conflictividad mundial que se manifiesta en diferentes latitudes
y longitudes del planeta y en todos los continentes es expresión de una crisis
general de la hegemonía occidental, en particular de Estados Unidos y en última
instancia, es una crisis del capitalismo como modelo económico social que no ha
podido resolver los grandes problemas de la humanidad. Esta crisis se
diferencia de las anteriores en que no es de carácter cíclica sino que
manifiesta elementos de índole estructural y que en su desarrollo dialéctico,
avizora un cambio de época y de sistema.
En su desarrollo, está generando condiciones para la
emergencia de un mundo nuevo, con contornos difusos aún, pero que expresa un
indudable avance respecto del pasado. Así, se manifiestan tres características
fundamentales que dan cuenta de la transformación estratégica de la hegemonía:
1. El espacio noratlántico está dejando de ser el eje
de las decisiones políticas en el planeta. Ese rol está siendo asumido por
Eurasia. En este territorio, la presencia de Estados Unidos y Europa es
irrelevante ante el determinante papel que están jugando China y Rusia en él.
2. A diferencia del pasado que exponía una
preponderancia de los mares y océanos ahora, tal foco se manifiesta desde un
espacio terrestre. Eso implica la necesidad de una transformación estructural
de la doctrina militar y por tanto de la organización y las misiones de las
fuerzas armadas que deben pasar de la preponderancia naval a la terrestre. Los
portaaviones dejaron de ser la más importante arma ofensiva. Ese rol lo juegan
ahora los misiles hipersónicos que solo poseen Rusia, China, Irán y la República
Popular Democrática de Corea.
3. Ahora, la hegemonía no sólo se está construyendo
desde el poderío bélico, también está influyendo de forma determinante el
potencial económico y financiero y sobre todo el científico-tecnológico en los
que Estados Unidos está perdiendo la batalla.
Estados Unidos y Occidente están enfrentando conflictos en Ucrania,
Palestina, África, Asia Occidental (en varios lugares de su geografía), Yemen,
Irán, Europa y…el Caribe. En la medida que está perdiendo la guerra en su
dimensión estratégica en los planos económico, comercial, científico y tecnológico
y, considerando que el dólar está siendo usado cada vez menos, su única
posibilidad de responder a esta situación de alta conflictividad es a través de
la amenaza, el chantaje y la violencia, ya sea usando instrumentos bélicos o,
de igual manera, los comunicacionales, culturales y mediáticos. Estos factores
están presentes en todo el mundo y por supuesto en la agresión imperialista
contra Venezuela desde el Mar Caribe.
De otra parte deben ser considerados los particulares factores internos
de Estados Unidos que están incidiendo como nunca antes en la dinámica
internacional. Tal vez sea esta la primera vez en la historia que el gobierno de
Estados Unidos no pueda ser caracterizado como una administración claramente
republicana o demócrata.
Hoy, el gobierno de Estados Unidos es bipartidista y multisectorial, se
podría caracterizar sencillamente como “la administración Trump”, formada de
manera obvia por republicanos, pero también por demócratas (Tulsi Gabbard,
Directora de Inteligencia Nacional y Robert F. Kennedy Jr., Secretario de Salud
y Servicios Humanos lo son …o por los menos lo eran).
Asimismo forman parte de la administración los neoconservadores de la
ultra derecha neofascista estadounidense que han hecho una alianza con el lobby
cubano americano para intentar mantener a Estados Unidos en una guerra fría
ideológica tal como en el siglo pasado con la única diferencia que antes el
enemigo era la Unión Soviética y ahora es el Partido Comunista de China.
Otros componentes fundamentales del régimen de Trump es el grupo político
e ideológico más próximo a Trump conocido como MAGA (Make American Great Again)
, además de sus familiares y amigos más cercanos, así como los multimillonarios
de los cuales el más connotado (pero no el único) es Elon Musk.
Trump tiene además que hacer que estos grupos de interés de su
administración convivan con el “Estado Profundo” que tiene opiniones propias:
(Fuerzas Armadas, comunidad de inteligencia, sistema financiero [Wall Street],
medios de comunicación, Complejo Militar Industrial, transnacionales
energéticas, la gran industria farmacéutica y el narcotráfico manejado y
organizado de forma sistémica por la DEA), sin ninguno de los cuales puede
sobrevivir un presidente de Estados Unidos porque todos ellos configuran el
sostén de su sistema político.
Es decir que, hoy no se puede hablar de Estados Unidos como si fuera un
país monolítico y cohesionado y no se puede hablar de “gobierno estadounidense” como si hubiera uno
solo. Hay muchos gobiernos dentro de una misma administración. Trump los une,
ellos lo necesitan para conservar espacios de poder y Trump, a su vez, los requiere y los usa para sostenerse en el
poder. Es una relación simbiótica.
En el caso de Venezuela y sus relaciones con Estados Unidos, esta
situación es particularmente notoria. En simultáneo, el gobierno del presidente
Nicolás Maduro debe vincularse con los MAGA (Richard Grenell) con quien se
tiene una cierta relación de respeto que ha permitido que Estados Unidos, por
instrucciones de Trump, resuelva con prontitud los tres problemas que tenía con
Venezuela: el restablecimiento del envío de petróleo, la recepción de los
venezolanos deportados y el retorno a su país de los estadounidenses presos en
Venezuela por actividades terroristas y delincuenciales. La negociación y el diálogo han permitido
solventar estos diferendos en cada caso.
Pero en paralelo, la misma administración, bajo el gobierno de los neoconservadores
y los líderes neofascistas cubano americanos, con anuencia del mismo Trump que
le ordena a Grenell negociar y dialogar, han desplegado una flota para amenazar
a Venezuela con acciones militares bajo argumentos falsos, que no se han podido
probar ni demostrar.
Este manejo difuso de Trump responde a ese carácter multi sectorial y de
intereses variopintos de su administración y, por cierto, a la personalidad
ególatra, soberbia prepotente, narcisista y grandilocuente de alguien que se
crió como niño rico y que se acostumbró a vivir de esa manera, es decir
obteniendo todo lo que quiere por vía del dinero o de la adquisición por la
fuerza cuando algo no estaba a su alcance.
Los pueblos del mundo tienen que comprender esta dinámica y aprender a
actuar en las condiciones que ella genera.
En el caso de la amenaza a Venezuela, una invasión militar al país es
poco probable por varias razones:
1. No existe consenso en la administración
estadounidense respecto de la validez de una acción de este tipo.
2. No hay apoyo de la opinión pública de Estados Unidos
a la realización de un ataque de estas dimensiones.
3. No hay convicción absoluta en las Fuerzas Armadas de
Estados Unidos de poder lograr una victoria inmediata a fin de que su acción no
derive en una larga guerra de resistencia que no desean.
4. No existe un consenso regional de apoyo a una
invasión a Venezuela. Hasta gobiernos leales y subordinados a Washington lo
rechazan. No existe el Grupo de Lima.
5. No está Duque en Colombia ni Bolsonaro en Brasil
para dar el apoyo terrestre necesario para una potencial operación desde el
mar.
6. Y lo más importante, no hay un frente interno que
reciba a los invasores para darle apoyo y soporte. La oposición terrorista
configura hoy una minoría ínfima que solo existe por el apoyo financiero y
logístico de los sectores políticos neoconservadores de Estados Unidos y Europa.
Esa oposición desarticulada no tiene proyecto y está bajo control de los
órganos de inteligencia de Venezuela que actuarán contra ella en el mismo
momento que Washington dé un paso para invadir el país.
No obstante todo lo anterior, no se puede descartar que Estados Unidos
produzca alguna acción terrorista de otro tipo contra Venezuela. En el
contexto, su gran problema es cómo salirse del conflicto en que se metió con
una “victoria” que le permita demostrar ante su opinión pública que la acción
tomada hizo que Estados Unidos fuera más seguro. Eso no es tan difícil ante esa
opinión pública idiotizada por el poder mediático.
Por ello, Venezuela debe estar alerta. Las armas de Venezuela son un
pueblo unido y movilizado, un liderazgo sólido del presidente Maduro, una
fuerza armada desplegada y en total disposición de combate y sobre todo, un
pueblo con innegable voluntad de combatir y de vencer.
*Texto
revisado y ampliado de la ponencia presentada en el XXIX Seminario “Los
partidos y una nueva sociedad” organizado por el Partido del Trabajo (PT) de México, realizado en la Ciudad de
México el pasado 27 de septiembre de 2025.
Lo
subrayado/interpolado es nuestro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario