La asfixia como doctrina: dialéctica de la coerción, cerco mediático y resistencia en Cuba…
“Una agresión contra Cuba, es una agresión a la tierra, a la sangre y a la historia de América Latina” … Dr. Salvador Allende Gossens, presidente del Senado de la República de Chile/julio 1960.
Por Águeda Sáez Fick/escritora, periodista, comunicadora social y analista internacional/Semanario Sur Andino/ ADDHEE.ONG:
En el discurso del
poder global, el diferendo entre Estados Unidos y Cuba suele despacharse
un cadáver ideológico de la Guerra Fría. Sin embargo, la realidad
material del conflicto expone uno de los laboratorios geopolíticos más
avanzados del capitalismo determinista tardío: la transformación de la
infraestructura global —los circuitos del crédito, las rutas navieras, los
nodos tecnológicos y las plataformas de comunicación— en aduanas ideológicas y
dispositivos de disciplinamiento estatal…
La última semana de
agosto sintetizó con nitidez esta confrontación de época. Mientras en La Habana
1.500 delegados de 63 países se reunían en el Coloquio Internacional comandante
«Fidel Castro: legado y futuro» para articular redes de internacionalismo
concreto (suministros médicos y paneles solares desmercantilizados), el
Departamento de Estado respondía con una nueva andanada punitiva bajo el amparo
de la Orden Ejecutiva 14404. El contrapunto ilustra el choque frontal entre la
diplomacia solidaria del Sur Global y la fuerza brutal estructural del
unipolarismo.
El sabotaje
a la reproducción social
La asimetría de poder
contemporánea ya no requiere invasiones territoriales para quebrar la soberanía
de una nación periférica. El reciente paquete sancionatorio revela un viraje
táctico: la meta no es únicamente asfixiar la caja fiscal del Estado, sino desarticular
de raíz las cadenas de valor y golpear las condiciones materiales
indispensables para la reproducción de la vida de la Clase Trabajadora Cubana.
Al penalizar a empresas
del complejo minero-metalúrgico (Comandante Ernesto Guevara de la Serna,
GEOMINSAL, Metalcuba), el cerco busca clausurar las fuentes soberanas de
divisas indispensables para sostener el presupuesto público. Pero el golpe más
descarnado se descarga sobre el tejido cotidiano: la inclusión del Ministerio
de la Construcción (MICONS) y de firmas importadoras estratégicas como
Transimport y Consumimport no es un abstracto trámite burocrático; se traduce
en turbinas sin repuestos, apagones prolongados en el sistema
electroenergético, hospitales sin insumos y familias impedidas de reparar sus
viviendas.
A este nuevo
estrangulamiento material se suma un salto cualitativo: la judicialización de
la solidaridad. Al sancionar al Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos
(ICAP) y a espacios culturales como la Casa Memorial Salvador Allende,
Washington formaliza una doctrina alarmante: catalogar la cooperación cívica
transfronteriza, la ayuda humanitaria y la solidaridad como amenazas a la
seguridad nacional.
El frente
simbólico: la maquinaria mediática del cerco
Esta guerra económica
no opera en el vacío; requiere de un blindaje ideológico permanente. El
dispositivo hegemónico se apoya en los conglomerados de medios y en las
plataformas digitales dominantes para construir el sentido común global:
invisibilizar la violencia estructural del bloqueo y presentar sus
consecuencias materiales devastadoras como meras «fallas endógenas del modelo».
El cerco mediático
opera a través de una pinza sistemática:
-Naturalización
de la asfixia: Se borran
deliberadamente de la narrativa pública los efectos del over-compliance bancario y la persecución
financiera, atribuyendo la crisis de suministros o los cortes energéticos
exclusivamente a la ineficiencia administrativa local.
-Criminalización
de la resistencia: La cobertura
internacional hegemónica caricaturiza o silencia encuentros de articulación
Sur-Sur socialista—como el Coloquio del centenario en La Habana—
mientras amplifica informes securitistas diseñados en oficinas de régimen estadounidense,
tales como Cuba: La capital del comunismo del siglo XXI,
legitimando de antemano la agresión punitiva.
La batalla por la
opinión pública es, en los hechos, la retaguardia indispensable de la guerra
económica: despojar a la población sancionada de su condición de víctima de un
asedio para quebrar su moral interna y justificar la impunidad extraterritorial
del agresor.
La trampa
imperial estadounidense y los límites de la asfixia
El dispositivo punitivo
reactiva la premisa histórica del memorando Mallory de 1960: provocar
deliberadamente desencanto, penuria y colapso material para forzar un quiebre
sociopolítico interno. En el siglo XXI, este mecanismo se sofistica mediante la
extraterritorialidad y el terror corporativo, paralizando en puertos remotos
cargamentos de alimentos y fármacos previamente abonados por la isla.
No obstante, en
términos de coercive statecraft, -el arte de gobernar coercitivo-
la estrategia estadounidense tropieza con una dialéctica de rendimientos
decrecientes. La intensificación del
cerco maximiza el costo humanitario sobre la población, pero fracasa
sistemáticamente en doblegar la voluntad política de Cuba, país sancionado. Al
mismo tiempo, el uso abusivo del dólar y la censura narrativa generan el efecto
contrario: erosionan la credibilidad del sistema financiero y mediático
unipolar, estimulando la búsqueda global de mecanismos comerciales, monetarios
e informativos alternativos entre las naciones del Sur.
La
resistencia de Cuba no es una anomalía aislada ni un diferendo bilateral menor;
constituye el campo de batalla testigo del orden mundial contemporáneo. Allí colisionan la voluntad imperial estadounidense de
subordinar el derecho internacional a la hegemonía del capital financiero y la
persistencia de un horizonte basado en la soberanía, la autodeterminación y el
internacionalismo popular.
Frente a la lógica
unipolar de disciplinar orwellianamente al planeta mediante guerras, listas negras, asfixia económica y relatos de odio,
el Sur Global opone una certeza irrenunciable: la dignidad de las naciones y la
solidaridad entre los pueblos jamás podrán ser canceladas por
decreto.
Lo subrayado/interpolado es nuestro.





No hay comentarios:
Publicar un comentario