
¡Brasil, las campanas doblan por ti!...
Prolegómenos: ¡Yanki go home, de América latina y el Caribe! “América
Latina una sola, unida por la misma lengua y el mismo dolor que nos causa Estados
Unidos” … Profesora Gabriela Mistral: ¿Por qué el odio a Estados Unidos?
La respuesta nos la da el ilustre jurista Thomas Jefferson, Presidente
de Estados Unidos - 1801-1809 -, uno de los principales redactores de la
institución de Estados Unidos, refiriéndose a “la madre patria inglesa”,
precisó: “La honradez de esta nación de
mercaderes, una nación que no ha
aceptado nunca en su código político un solo capítulo de moral. El gobierno inglés
carece de todo sentido moral, en que es desvergonzado hasta lo insoportable
henchidos de vanidad y ambición, pretencioso del dominio exclusivo de los
mares, hundido en la corrupción, animado de un odio mortal a todo lo nuestro,
enemigo de la libertad donde quiera que levante la cabeza y eterno violador de
la paz del mundo” …
“Lo que no esperamos heredar de Inglaterra, concluye el presidente
Jefferson: esta nación tiene el atrevimiento de pretender que todo lo que ha
ganado por la fuerza le pertenece de derecho. El dinero/la celestina universal,
y es sabido que todos los pueblos europeos, es el pueblo inglés es el que ha
cumplido peor sus tratados” …
Colofón: entre Inglaterra y
Estados Unidos la historia nos ha demostrado que hay más comparaciones que
diferencias. Me atrevo a asegurar que el
hijo superó a la Madre Patria. El hijo estadounidense es un miserable bellaco
bastardo desquiciado….
Estados Unidos es la nación más violenta, dominante, agresiva,
criminal, perversa y estúpida. Al extranjero, al que su destino le llevó a la
arcadia de la felicidad estadounidense y cayó en la miseria, puede estar seguro
de morir en la mayor indigencia porque no es yanqui, es decir, persona…
Con esperanza y memoria, acentúo, nuestra América Latina y Caribeña es
una realidad colosal y, sin embargo, casi no ha producido filósofos. Necesita
que la piensen en profundidad, para que de allí surjan las concepciones
sociales, políticas y económicas adecuadas a su propia naturaleza espiritual y
física, hasta ahora nos hemos manejado de prestado en ese terreno, a ello se debe la actitud de servilismo
intelectual de las elites empresariales
financieras agrícolas monopolistas y la
burguesía politicastra castrense corrupta y el mimetismo cultural que muchos
encuentran más fácil andar con muletas creyendo que lo que es bueno en Estados Unidos y Europa tiene que ser
necesariamente bueno en nuestro Continente
Latinoamericano y Caribeño.
“Los tiempos revueltos, según Toynbee fueron siempre precursores de una
nueva era de la Humanidad. Esta vez serán sus protagonistas los Pueblos Latinoamericanos
y Caribeños, aún en la catástrofe económica y política que sobreviven serán sus
protagonistas en la fecunda creación en la Patria continente latinoamericana y
caribeña, más temprano que tarde…
Prof. Moreno Peralta IWA
Secretario Ejecutivo ADDHEE.ONG
Reflexiona el professor Boaventura de Soussa Santos:
Las
elecciones presidenciales del próximo mes de octubre en Brasil (que hoy se
encuentra en el ojo del huracán) son un asunto interno del país y solo
corresponde a los brasileños y brasileñas decidir quién será el próximo
presidente. En teoría es así, y la práctica debería ajustarse a ello, pero, por
desgracia, no es así, y este hecho puede resultar dramático para el futuro de
la democracia en Brasil y en el mundo.
La fuerza y
la debilidad de la democracia en Brasil
Hace cuarenta años,
Brasil derrocó una de las tres dictaduras militares más largas y sangrientas de
los últimos cien años en Sudamérica. Las otras dos fueron la chilena y la
argentina. La transición democrática se acordó con los dictadores, una señal de
debilidad que persigue hasta hoy a la democracia brasileña. Además, la
redemocratización se produjo en un contexto internacional de imposición global
del neoliberalismo, un arma de destrucción masiva de la justicia social y de la
democratización de la sociedad y del Estado. Pero gracias a los movimientos
sociales y a un sindicalismo dinámico (en el que destacó el actual presidente
Lula da Silva), Brasil supo convertir la debilidad en fortaleza.
La democracia se
consolidó y se profundizó con las experiencias locales de democracia
participativa (presupuesto participativo) que llamaron la atención del mundo
democrático. En 2001, Brasil se convirtió en el espejo mundial de la fuerza de
los movimientos sociales en la búsqueda de la justicia social al organizar el
primer Foro Social Mundial y, en 2002, eligió presidente al aguerrido
sindicalista Lula da Silva, procedente de los confines empobrecidos del noreste
del país, en las antípodas de las élites de São Paulo que siempre habían
gobernado Brasil.
A esto le siguió una
década gloriosa de desarrollo económico, mejoras en las condiciones de vida de
las clases populares (que por fin pudieron viajar en avión para visitar a sus
familiares o disfrutar de unas vacaciones, para disgusto de las clases acostumbradas
a ese privilegio de movilidad), inversiones transformadoras en la educación
pública, sobre todo en la universitaria (otro motivo de incomodidad para las
clases privilegiadas que, hasta entonces, «estaban convencidas» de que no
existía un racismo estructural en la sociedad brasileña y de que, por lo tanto,
no eran necesarias políticas compensatorias, medidas de acción afirmativa ni
sistemas de cuotas). Brasil se convirtió en uno de los «países emergentes» del
Sur Global, situándose entre las diez mayores economías del mundo, y en 2006,
se constituyó formalmente como miembro fundador del BRIC, precursor del BRICS.
En resumen, una potencia mundial que, además, parecía demostrar que no existe
contradicción entre el desarrollo capitalista y el desarrollo democrático.
Pero, trágicamente, las
apariencias engañan. La crisis financiera de 2008 y los cambios que le
siguieron (el capital financiero responsable de la crisis fue el encargado de
resolverla, con las consecuencias habituales: quienes pagan la crisis son los
de abajo, ya sean clases sociales o países), combinadas con la «necesidad» de
que EE.UU. volviera a «ocuparse» de su «patio trasero» latinoamericano tras el
desastre de Irak y, alarmados por la creciente influencia de China en el
subcontinente, desestabilizaron (¿fácilmente?) el capitalismo brasileño y la
democracia brasileña, principalmente a través de la Operación Lava Jato. Al fin
y al cabo, la fuerza también era debilidad. Al «golpe blando» de 2016 contra la
presidenta Dilma Rousseff le siguió la «fabricación» de la inhabilitación del
candidato más fuerte para las elecciones de 2018, Lula da Silva, su
encarcelamiento durante 580 días y la elección de un oscuro y mediocre radical
de extrema derecha.
Pero la fuerza de la
democracia no se había agotado del todo. Esta vez, de la debilidad surgió la
fuerza. Ante la presión de las denuncias por los atropellos legales, por parte
de los brasileños y de los demócratas de todo el mundo, el mismo sistema judicial
que había fabricado la inhabilitación de Lula da Silva y su encarcelamiento se
redimió, desde un punto de vista democrático, restableciendo la legalidad y
permitiendo que Lula da Silva volviera a presentarse y ganara las elecciones
presidenciales, lo que ocurrió en 2022.
El presidente Lula da
Silva regresó, pero no regresó el vigor democrático de Brasil ni la riqueza y
la diversidad de los movimientos sociales. Ni siquiera ha vuelto la alegría
afro-católica-pagana de la rebeldía que desarma la ortodoxia bienpensante, da esperanza
en la lucha en condiciones de mayor adversidad y se disfraza de reverencia a
flor de piel para ocultar mejor los dientes apretados del inconformismo. Los
raperos resistentes siguieron rebelándose, pero cada vez más solos.
Y es que, mientras
tanto, la sociedad brasileña había sufrido una recolonización de nuevo cuño
basada en dos tipos de extractivismo: el extractivismo de la creencia y el
extractivismo de la deliberación. Al igual que en el ámbito de otras materias
primas, el extractivismo es el intercambio desigual, la expropiación, la
violencia física, psíquica o simbólica para extraer recursos naturales o
humanos. La novedad de esta recolonización es que se presenta como una
descolonización exaltante frente al viejo mundo de la vieja religión y la vieja
política. Es una expropiación que se disfraza de reapropiación, una servidumbre
que se disfraza de autonomía, una superobjetualización de las conciencias que
se disfraza de exaltante supersubjetivación. En resumen, la desposesión como
nueva forma de empoderamiento.
La intensidad de la
recolonización llevada a cabo hasta ahora quedó patente en la forma en que la
extrema derecha reaccionó ante los resultados electorales. Al no haber
conseguido apropiarse «pacíficamente» de las elecciones, reaccionó
violentamente, destrozando los edificios de la Plaza de los Tres Poderes de
Brasilia, brillantemente diseñada por Lúcio Costa y Oscar Niemeyer para
celebrar la democracia. El 8 de enero de 2023, el mundo contempló atónito e
incrédulo las impactantes imágenes de vandalismo en el corazón de las
instituciones del poder político. La fuerza de la democracia brasileña reveló
que tenía los pies de barro.
Pero, de nuevo, y esta
vez al borde del abismo, la democracia brasileña recogió los pedazos y se
recompuso. Una vez más, de la debilidad surgió la fuerza, pero esa fuerza ya no
era la del período anterior. No era la fuerza del florecimiento, era la fuerza
de la supervivencia porque, entretanto, las operaciones de extractivismo habían
avanzado mucho.
El
extractivismo de la creencia
Para que no
haya malentendidos, empiezo por reiterar todo mi respeto por los sentimientos y
creencias religiosas de las personas, afirmando, al mismo tiempo, que estoy
totalmente en contra de cualquier uso político de la religión que no sea el de
seguir la práctica del Nazareno: luchar en este mundo por el bienestar y la
dignidad de las clases populares, empobrecidas, excluidas, víctimas de la
discriminación racial y sexual, contra los mercaderes del templo, artífices de
la desigualdad y la discriminación, y asumir los riesgos que ello conlleva en
las sociedades capitalistas, colonialistas y patriarcales en las que vivimos.
El extractivismo de la
fe absorbe las energías religiosas de los oprimidos de la tierra, que deberían
servir para criticar y transformar este mundo injusto, y las desvía hacia el
afán de garantizar que la justicia de una vida mejor quede salvaguardada en el
otro mundo, el mundo de la salvación eterna. Los transportadores de esas
energías son los pastores, sobre todo los evangélicos de la denominación
neopentecostal, quienes, con la proliferación de sus iglesias y los millones de
seguidores en las redes sociales y en sus vídeos diarios, garantizan el máximo
rendimiento de esas energías en el más allá.
La energía anímica,
gastada en trances dentro de las iglesias, no sale a la calle. Al contrario, el
creyente sale a la calle relajado, resignado a este mundo y contento con la
prosperidad que va acumulando en el otro mundo. Que los transportadores sean cada
vez más prósperos en este mundo es la justa recompensa por el esfuerzo de
llevar tan lejos las energías del rebaño. El inconformismo del creyente pasa a
tener un radar limitado: cambiar a la familia y convencer a los vecinos.
El
extractivismo de la deliberación
Este extractivismo
consiste en hacer que las personas se acostumbren a subcontratar a
intermediarios acreditados y fácilmente accesibles el pensamiento, la
información y las emociones necesarias para deliberar. Así queda tiempo libre
para buscar trabajo, ayudar a alimentar a la familia y distraerse con la
televisión, las redes sociales, el fútbol y, hasta hace poco, el carnaval (el
extractivismo de la creencia está eliminando el carnaval).
“La inteligencia
artificial elige a los candidatos a los que votar y los convierte en gobernantes
, en la era digital del feudalismo tecnológico”…
El extractivismo de la
deliberación es especialmente intenso cuando se articula con el extractivismo
de la creencia. Y es que, si la política es importante para gestionar este
mundo, quien mejor lo gestiona es quien más se asemeja a Aquel que gestiona el
Otro Mundo, el mundo de la salvación eterna. Ahora bien, si Dios no es
democrático, ¿por qué tiene que serlo quien gestiona este mundo? Lo importante
es que sea uno de «los nuestros», es decir, que cuente con la confianza de
«nuestros» agentes de la energía deliberativa y de «nuestros» transportadores
de la energía religiosa hacia un lugar seguro en el mundo de la salvación.
Mañana, si los mediadores y transportadores así lo desean, puede ser la
inteligencia artificial la que elija a los candidatos a los que votar y los
convierta en gobernantes. Si se garantiza que «el elegido es de los nuestros»,
el creyente adicto duerme tranquilo por haber cumplido con su deber y haber
ganado algunos puntos en la vida eterna.
El extractivismo se
deriva de la transferencia masiva de la deliberación democrática individual
hacia los agentes de opinión y de la energía deliberativa. El mundo de las
incertidumbres entre los candidatos a las elecciones y del miedo a elegir mal y
a sufrir las consecuencias queda relegado a las puertas de las iglesias y de
las pantallas. Lo que se gana al seguir la opinión de «los nuestros» y en
compañía de millones de personas iguales a nosotros vale mucho más que la
deliberación individual y el voto solitario que, por otra parte, sirve de poco
porque los políticos, «salvo los nuestros», son todos iguales y nunca cumplen
lo que prometen en las campañas electorales.
Como nos enseñó Claude
Lévi-Strauss, los mitos son los grandes estabilizadores de las jerarquías. Así
se consolida el mito antidemocrático. La novedad es que el efecto combinado de
los dos mitos actuales estabiliza la jerarquía, no solo entre este mundo-valle-de-lágrimas
y el otro mundo de la felicidad eterna, sino también dentro de cada uno de
ellos.
Estabilizar las
jerarquías en una sociedad social, racial y sexualmente injusta significa
congelar el conformismo. No se trata del conformismo pasivo de la resignación y
la abstención, sino más bien del conformismo militante, intolerante con quien
lo cuestiona. Y quien lo cuestiona es el diablo o el comunista, ya sea un
candidato que «no es de los nuestros», las opiniones que discrepan de las
«nuestras», es decir, de los artífices de «nuestro» pensamiento, de «nuestras»
preferencias y de «nuestras» energías deliberativas. Con el diablo y con el
comunista no se pacta ni se discute. Al diablo y al comunista hay que
combatirlos, y todas las armas son legítimas si resultan eficaces.
El origen
de estos extractivismos
Los superpromotores y
superdifusores de estos extractivismos tienen un origen bien conocido: EE.UU.
Vienen de lejos, del imperialismo estadounidense en el subcontinente desde la
Doctrina Monroe de 1823, según la cual el subcontinente es una zona de influencia
de EE.UU. que nadie puede cuestionar, ya sea Europa, en los siglos XIX y XX, o
China, en el siglo XXI. Más recientemente, estos dos extractivismos se han
intensificado en dos momentos diferentes, pero convergentes.
La revolución
socialista Cubana y la alianza para el progreso…
Ante el fracaso de la
Alianza para el Progreso a la hora de contener la Revolución Cubana, Nelson
Rockefeller propuso al presidente Richard Nixon, en su Informe sobre América
Latina de 1969, que la solución residía en exportar masivamente al subcontinente
las teologías más conservadoras del protestantismo (sobre todo el evangelismo
neopentecostal) que respondieran eficazmente al peligro de la deriva comunista
del subcontinente, cuyo principal agente era la teología de la liberación de
los sacerdotes y obispos católicos impulsados por el Concilio Vaticano II. Eran
ellos, y no los políticos laicos, comunistas o izquierdistas antirreligiosos,
quienes convivían de primera mano y sobre el terreno con los pobres, la
miseria, el descontento y la revuelta del subcontinente contra el statu quo,
prometiendo la redención en este mundo y no en el otro.
A partir de ahí, una
avalancha de pastores protestantes se abatió sobre el continente. Fui testigo
directo de ello cuando, en Cuernavaca (México), los observé entre 1970 y 1973
aprender con avidez el español para poner rumbo al sur. Para quienes
tenían que aprender portugués, existían otros puntos de paso lingüísticos.
Quizá la mayoría no fuera consciente del gran designio imperial que estaba
llevando a cabo. Solo deseaban la «salvación de las almas» y la difusión de su
confesión religiosa. Muchos de los pastores ni siquiera eran conservadores.
Pero el proyecto era imperial y funcionó a la perfección.
Las iglesias
protestantes, sobre todo las evangélicas, están repartidas por todo el
continente y no tienen ningún reparo en convertir su proselitismo religioso en
proselitismo político a favor de «nuestros» candidatos, es decir, de aquellos y
aquellas que sirvan a los intereses de la clase dominante y del imperialismo
estadounidense, no por ser virtuosos en sí mismos, sino porque son ellos
quienes defienden a «nuestra» familia, nuestros valores tradicionales occidentales,
y alejan con eficacia a Satanás de la izquierda, toda ella comunista, la
encarnación del diablo. Las dos dimensiones del extractivismo tienen una
característica muy valiosa: ahorran al ciudadano y a la ciudadana el tiempo de
escuchar al comunista y el tiempo de resistir la tentación del Diablo.
Este fue el origen de
la dimensión religiosa del extractivismo (el extractivismo de la creencia). La
dimensión secular del extractivismo (el extractivismo de la deliberación) se ha
intensificado más recientemente con la llegada al poder en EE.UU. de Donald
Trump y su propósito de recolonizar América Latina como el medio más eficaz
para recuperar el tiempo perdido e impedir definitivamente que China entre o
permanezca en su patio trasero. Los agentes del extractivismo de la
deliberación son las plataformas digitales, las redes sociales, los
comunicadores, los influencers y, sobre todo, los creadores de noticias falsas.
Los dos extractivismos no solo se han vuelto más violentos, sino que han
adquirido una capacidad de propagación de tipo viral. De hecho, los dos
extractivismos se han convertido en dos virus, dos virus disfrazados de vacunas
contra el Diablo y el comunismo.
Los
disolventes de la democracia
Ambos extractivismos
fueron concebidos para actuar en regímenes democráticos, desfigurando la
democracia y disolviendo su potencial para el ejercicio de la soberanía popular
hasta convertirla en un vasallaje orgulloso a los intereses y designios
geopolíticos del imperialismo estadounidense, paradójicamente justificado en
nombre de los «intereses superiores de la patria». Históricamente, corresponden
a la tercera gran estrategia de intervencionismo. Cada una de ellas utiliza un
instrumento privilegiado de intervención. Pero una vez utilizado, ningún
instrumento queda totalmente descartado. Se mantiene en reserva para ser
activado, en caso de que los nuevos instrumentos no funcionen.
La primera
estrategia y la Escuela de las Americas
La primera gran
estrategia fue la imposición de dictaduras civiles o militares. En esta fase,
el instrumento local privilegiado para llevar a cabo la intervención fue las
Fuerzas Armadas del país objeto de la intervención. Para ello, fueron
entrenadas en la Escuela de las Américas, con sede en EE.UU. y especializada en
enseñar técnicas de tortura, extorsión, chantaje y ejecuciones sumarias. Por
este motivo, se la conoció como la «Escuela de Asesinos» o la «Escuela de
Dictadores». Se calcula que más de 60 000 militares latinoamericanos recibieron
formación allí. En lo que respecta a Brasil, la Comisión Nacional de la Verdad
afirma en su informe final que más de 300 militares brasileños fueron formados
en la Escuela de las Américas entre 1954 y 1996.
La segunda
estrategia y “los golpes blandos”…
Ante el fracaso de esta
estrategia, debido a la resistencia de los latinoamericanos contra las
dictaduras y al retorno de las democracias, la segunda estrategia consistió en
los «golpes blandos», es decir, la manipulación de las instituciones
democráticas para favorecer la elección de candidatos serviles a los intereses
del imperialismo. El instrumento local privilegiado fue el sistema judicial.
Sobre todo a partir de
la década de 1990, cientos de fiscales y jueces (algunos de ellos ya conocidos
por sus posturas conservadoras) fueron invitados a cursos de especialización en
EE.UU. o en las embajadas estadounidenses de sus países al amparo de «programas
de formación, intercambio y cooperación internacional», donde, con el pretexto
de la formación, se les inculcó una ideología anticomunista, antisocialista,
antiizquierda y antisocialdemócrata, cuyos pilares principales son los
siguientes: una concepción inquisitorial de la Fiscalía (según la tradición
estadounidense) basada en el privilegio otorgado a las políticas de seguridad
institucional y de investigación criminal; la defensa de la propiedad privada y
de la libertad de expresión sin límites de respeto por la dignidad o la verdad;
y la lucha contra la corrupción y el terrorismo, dando por sentado que estos
males están más extendidos entre los políticos considerados progresistas.
La tercera
estrategia: “La telebasura/la desinformación y la educación, un medio
consumista por y para el lucro”…
Como bien demuestran
los casos de Brasil, Chile y Colombia, esta segunda estrategia no siempre ha
funcionado de manera eficaz. Ante ello, se ha ido privilegiando una tercera
estrategia: la manipulación de las conciencias y las subjetividades a través
del «extractivismo de la creencia» y el «extractivismo de la deliberación» que
he estado analizando. En esta estrategia, los instrumentos locales de
intervención son los pastores (sobre todo evangélicos), los medios de
comunicación corporativos y los periodistas, comunicadores e influencers
considerados de derecha y de extrema derecha que, al igual que los magistrados
anteriormente, son invitados a cursos de formación, fines de semana de retiro o
de reflexión en sus propios países, y a visitas o estancias en EE.UU.
El adoctrinamiento
religioso está dominado por la teología de la prosperidad, es decir, por la
celebración de la riqueza como bendición de Dios. La importancia de esta
celebración radica en que, a través de ella, la riqueza y la pobreza dejan de
estar relacionadas por una lógica de causalidad. El enriquecimiento de las
minorías deja de estar relacionado con el empobrecimiento de las grandes
mayorías. Si obedecen las enseñanzas de los pastores, los pobres de este mundo
serán los ricos del otro mundo.
La indoctrinación
secular es abiertamente reaccionaria en el sentido técnico de la palabra. La
alta tecnología del extractivismo de la deliberación se pone al servicio de las
ideas del Ancien Régime, es decir, de las ideas políticas que predominaban antes
del liberalismo individualista del siglo XVII y de las revoluciones burguesas
del siglo XVIII (la revolución estadounidense y la revolución francesa) y, en
el siglo XIX, de la ola revolucionaria en la Europa posterior a 1848: el
dominio del poder de la Iglesia sobre las conciencias y del poder absoluto del
rey sobre la vida profana. La diferencia crucial con respecto al período
preilustrado es que la ideología reaccionaria actual incluye la defensa
incondicional de la propiedad privada, algo que resultaba absurdo en los siglos
XVII y XVIII prerrevolucionarios.
La
articulación entre las estrategias
La
secuencia entre las tres estrategias no es lineal. Ha sido un proceso
acumulativo de instrumentos de injerencia en el que solo se aprecian tendencias
y énfasis. Es posible que, en un momento dado, las tres estrategias se estén
adoptando en diferentes países o incluso en un mismo país como una caja de
herramientas antidemocráticas que se utilizan según las circunstancias
concretas.
La intervención difiere
según (1) tenga como objetivo preparar con antelación un cambio político por la
vía electoral, (2) tenga lugar durante un proceso electoral o, por último, (3)
tenga lugar al margen de un proceso electoral. En el caso (2), la intervención
tiene por objeto condicionar al máximo las intenciones de voto de los
electores, por lo que la manipulación de las elecciones se produce antes de la
votación y, por tanto, no radica en el recuento de votos. A veces incluye
acusaciones de fraude electoral contra el «enemigo» con el objetivo de
deslegitimar los resultados electorales y preparar otras estrategias más
violentas y abiertamente golpistas, como ocurrió en Brasil el 8 de enero de
2023.
Lo que es importante
destacar es que la injerencia de EE.UU. en los países de América Latina se ha
ido intensificando y diversificando sus instrumentos. En el último año, podemos
mencionar tres casos paradigmáticos.
En Honduras, la
injerencia de EE.UU. en las elecciones de noviembre de 2025 combinó la segunda
estrategia con la tercera. Ante el probable fracaso de esta última, se recurrió
a una forma de «golpe blando», típica de la segunda estrategia. Donald Trump intervino
personalmente. Al manifestar públicamente su apoyo al candidato de extrema
derecha, Nasry Asfura, acusó al Consejo Nacional Electoral de fraude en el
recuento de votos y amenazó al país con sanciones económicas en caso de que
ganara el otro candidato, también de derecha, pero más moderado. La injerencia
fue tan descarada que la presidenta saliente, Xiomara Castro, acusó a Donald
Trump de haber orquestado un «golpe electoral» mediante chantajes, coacción e
injerencia directa en la soberanía del país.
En Venezuela, EE.UU.
recurrió a una combinación de la primera y la segunda estrategia: un golpe de
Estado en toda regla con la apariencia de un golpe blando dentro de la
normalidad democrática, ya que estaba «consentido» por las autoridades
legítimamente elegidas. Tras haber cometido crímenes de guerra, asesinando
a unos doscientos pescadores en el mar Caribe, EE.UU. invadió militarmente
Venezuela el 3 de enero de este año, en una operación cuyo nombre deja claros
sus propósitos: «Operación Resolución Absoluta». Mataron a más de veinte
militares de la guardia presidencial, en su mayoría cubanos, capturaron al
presidente Nicolás Maduro y a la primera dama mientras dormían y los llevaron
presos a EE.UU.
La máxima líder de la
extrema derecha, María Corina Machado, había pedido en numerosas ocasiones la
intervención militar de EE.UU. Así se hizo, pero no con el desenlace que ella
pretendía: no se le entregó el poder, sino que dejó patéticamente desarmado al
actual gobierno bajo la presidencia de la vicepresidenta, Delcy Rodríguez. La
expropiación (¿robo?) de la explotación petrolera, objetivo principal de la
intervención, recayó en manos del secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio,
el nuevo virrey de Venezuela. Además de que China ha perdido el acceso
privilegiado al petróleo de Venezuela, los ingresos del petróleo, calculados
recientemente por el Financial Times en doce mil millones de dólares, se
encuentran depositados en el Tesoro de EE.UU. y el virrey dispone de ellos a su
antojo.
En Colombia, la tercera
estrategia se utilizó con una intensidad sin precedentes en las elecciones de
mayo y junio de este año. Las plataformas y los agentes del extractivismo del
debate utilizaron las tecnologías más sofisticadas del universo digital, con la
participación activa de la tecnología israelí, para privar a los colombianos de
la autonomía de informarse y elegir por sí mismos al candidato al que votar. A
su vez, el «extractivismo de la creencia» asestó el golpe de gracia a las
posibilidades de elección del candidato de izquierda Iván Cepeda, sobre todo en
la última semana de la campaña electoral.
Los púlpitos, las
oraciones, los cultos de adoración, las «oraciones espontáneas», los vídeos y
las redes sociales de las iglesias evangélicas inundaron el espacio público con
llamamientos urgentes a la defensa sagrada de la familia frente a la amenaza del
diablo rojo. Esta estrategia se vio reforzada por las ya habituales
declaraciones de apoyo de Donald Trump al candidato de extrema derecha Abelardo
de la Espriella, combinadas con alertas de la Embajada de EE.UU. en Bogotá
sobre posibles brotes de violencia y protestas. El resultado de las elecciones
estaba escrito en la piedra diáfana de las noticias falsas.
Brasil en
el ojo del huracán y la importancia global del desenlace
Todo lleva
a creer que Brasil será el próximo objetivo de la injerencia de EE.UU. y es
probable que supere en intensidad y diversificación todo lo que hemos observado
hasta ahora.
Brasil es el país más
grande y poblado de América Latina, la economía más importante y el socio
comercial más importante de China. Es, además, uno de los países fundadores de
los BRICS, y la expresidenta Dilma Rousseff es la actual presidenta del banco de
los BRICS, el Nuevo Banco de Desarrollo. Y es, sobre todo, una democracia
debilitada por su pasado reciente y por el país donde el «extractivismo de las
creencias» y el «extractivismo de la deliberación» llevan más tiempo actuando y
con mayor intensidad. A esto se suma que la extrema derecha brasileña es la más
internacionalizada y hace gala de una arrogancia que intriga al mundo
democrático, sobre todo a la luz del reciente desastre que supuso la gestión
del presidente de extrema derecha durante la pandemia, que provocó entre 120
000 y 400 000 muertes evitables, según los cálculos de la Organización Mundial
de la Salud.
Lo que vaya a suceder
en Brasil en los próximos meses concierne a los brasileños y brasileñas y debe
ser de su exclusiva responsabilidad, pero pase lo que pase tendrá una
importancia que trasciende con creces a Brasil.
La muerte
anunciada de la democracia en el patio trasero latinoamericano/estadounidense/yanqui:
“La nueva América”…
Sin duda, tendrá
importancia para todo el subcontinente, ya que pondrá de manifiesto el alcance
de los límites de la injerencia de EE.UU. en la destrucción de los regímenes
democráticos de la región. La extrema derecha utiliza la democracia para
conquistar el poder, pero, una vez conquistado, no la ejerce ni se mantiene en
él democráticamente. Es la muerte anunciada de la democracia.
La importancia de lo
que va a suceder en Brasil es, sin embargo, de dimensión mundial, porque las
tecnologías propias de la tercera generación de injerencia ya se están
utilizando igualmente en África y en Europa. Conviene, pues, destacar sus
características principales.
- Los dos extractivismos se están utilizando en
todo el mundo donde el imperialismo estadounidense pretende crear o
mantener alguna influencia.
Son parte fundamental
del movimiento global de la extrema derecha que actúa en los más diversos
países, adaptando el guion básico a las condiciones locales, pero recurriendo a
la intervención de última instancia de EE.UU. siempre que se considere útil.
- Existen articulaciones globales entre los dos
extractivismos.
Los partidos de extrema
derecha de los distintos países cuentan hoy en día con una amplia y
diversificada articulación global (que, en ocasiones, se extiende a los
partidos de derecha más conservadores): la Conferencia de Acción Política
Conservadora, nacida en EE.UU. y que hoy tiene proyección mundial; las cumbres
y grupos del Parlamento Europeo (Patriotas por Europa, Europa de las Naciones
Soberanas, Conservadores y Reformistas Europeos), el Foro de Madrid y la Carta
de Madrid.
Los temas que debaten
son, como era de esperar, los siguientes: el antinmigracionismo (defensa del
cierre de fronteras y críticas al multiculturalismo); soberanismo (oposición a
organismos supranacionales, como la Unión Europea o la ONU); guerra cultural
(discursos centrados en la defensa de la «familia tradicional» y la oposición a
las agendas progresistas y de identidad de género); tácticas digitales
(intercambio de metodologías sobre el uso de algoritmos, redes sociales y
desinformación estructurada para captar al electorado joven).
Las organizaciones no
partidistas de extrema derecha también cuentan con sus propias reuniones y
redes globales, y los temas que se debaten solo se solapan en parte con los de
los partidos de extrema derecha: coordinación de narrativas (armonización de discursos
contra la inmigración, las minorías y el orden liberal); exportación de
estrategias (adaptación local de tácticas de comunicación digital y activismo
de base que han funcionado en otros países); financiación transnacional
(vínculo entre donantes privados internacionales, fundaciones adineradas y
grupos de presión política); lucha cultural (énfasis en la transformación
profunda de las normas sociales, las instituciones académicas y los valores
culturales antes incluso de la propia conquista del poder electoral).
A su vez, las grandes
conferencias mundiales de las iglesias evangélicas se celebran periódicamente,
centradas en la cooperación misionera, el liderazgo y la armonización
teológica. Existe una Alianza Evangélica Mundial que celebró en 2025 su
decimocuarta Asamblea General. Obviamente, una parte de este movimiento global
no obedece a designios imperiales ni suscribe ideologías de extrema derecha,
aunque sea anticomunista, tal y como siempre lo ha sido la Iglesia católica,
con excepción del breve período de la teología de la liberación.
Cuando el extractivismo
de la deliberación está presente, el extractivismo de la creencia tiende a
aliarse con él en los momentos decisivos, es decir, durante las campañas
electorales. Al igual que ha ocurrido en otros países, la intervención
explícitamente política de los pastores y sus iglesias se produce en la recta
final de las campañas, cuando ya no se puede hacer nada para neutralizarla.
- La capital digital globalizada…
En las últimas décadas,
la vertiente de la globalización del capitalismo liderada por EE.UU. se ha
caracterizado por el papel central del capital financiero en el control de las
opciones políticas, tanto a nivel interno como internacional, de los países periféricos
y semiperiféricos (políticas de austeridad, sanciones, aranceles, congelación
de activos en dólares depositados en el extranjero). Esa centralidad comienza
hoy a ser compartida por el capital digital, que tiene la característica de
poder utilizarse directamente en el control de las conciencias, ya sea a través
del extractivismo de las creencias o del extractivismo de la deliberación. Los
partidos y las organizaciones de extrema derecha se apoyan cada vez más en el
capital digital, ya que este les permite personalizar al máximo el
adoctrinamiento político.
Cuanto más
personalizada es la adoctrinación, más fácilmente se convierte en información
fiable para el receptor. Los ciudadanos eligen después de haber sido
seleccionados por el algoritmo para mostrarse favorables a la elección que, de
hecho, hacen por «su libre albedrío». El algoritmo es el gran decisor
antidemocrático de nuestro tiempo.
La extrema derecha
liderada por EE.UU. se juega todas sus cartas en el uso de la inteligencia
artificial (IA) para difundir sus mensajes, moldear y condicionar las mentes y
las conciencias, para convertirla en un instrumento privilegiado de acceso y
ejercicio del poder, tanto en el plano económico como en los planos social,
político y cultural. Para los más extremistas, como el filósofo Nick Land, la
IA es el Dios de nuestro tiempo. Cada vez es más popular en el seno de la
extrema derecha el Movimiento del Tecno-optimismo, totalmente centrado en la
arrogancia de la IA.
- Participación de Israel
El imperialismo
estadounidense es hoy una acción conjunta de EE.UU. e Israel. Sin cambios
políticos profundos en ninguno de estos países, ninguno de ellos puede
sobrevivir sin el otro. La importancia del capital digital globalizada
en los sistemas de información, desinformación, vigilancia, inteligencia,
seguridad y ciberguerra confiere a las empresas israelíes y al Estado de Israel
una posición estratégica que a menudo se superpone a la de EE.UU. Las
tecnologías bélicas basadas en la IA han tenido en Oriente Medio, y sobre todo
en Palestina, un campo de experimentación tan sofisticadamente bárbaro que
supera con creces al de los campos de concentración nazis.
- La extrema derecha como sociedad civil
Cuando se habla de
injerencia antidemocrática o de imperialismo de EE.UU., se puede caer en el
error de pensar que nos encontramos exclusivamente ante acciones del Estado
estadounidense. Nada más lejos de la realidad. El movimiento global de extrema
derecha, dedicado al extractivismo de las creencias y al extractivismo de la
deliberación, es un movimiento de lo que el liberalismo ha denominado sociedad
civil. Se trata de iglesias, organizaciones no gubernamentales, fundaciones,
periódicos, plataformas digitales, emisoras de radio, redes sociales, fábricas
de noticias falsas, comunicadores, influencers, intelectuales de izquierda que
actúan como idiotas útiles para ganar notoriedad, militantes de causas
supuestamente progresistas cuyo objetivo principal (del que los propios
militantes no siempre son conscientes) es crear una opinión favorable al
activismo procedente del Norte y al imperialismo estadounidense.
- Tener poder político sin haber ocupado nunca
un cargo público
Una de las grandes
novedades del actual modelo de injerencia antidemocrática en los procesos
políticos de los países de la zona de influencia estadounidense es el poder
político que ejercen figuras que nunca han ocupado ningún cargo público y que,
cuando no son influencers, son desconocidas para el público, actuando entre
bastidores y, a veces, en los entresijos de las campañas de desinformación a
favor de candidatos de extrema derecha, gestores de fábricas multinacionales de
basura digital, gracias al dominio que tienen de los algoritmos y de la IA en
general. Son figuras siniestras, poderosos disolventes del espíritu democrático
y del respeto por la verdad y la dignidad de las personas. A menudo
complementan actividades legales con otras ilegales: son mercenarios de ideas
falsas y causas fascistas, siempre que se les pague, y actúan en diversos
países. Constituyen una dimensión de la globalización clandestina del fascismo
a la que se ha prestado poca atención.
Solo se dan a conocer
al gran público en circunstancias excepcionales, como en el reciente caso de
Fernando Cerimedo, desinformador argentino, actualmente encarcelado en Bolivia
por intento de homicidio de la compañera embarazada de un hijo suyo. Y tal vez
ni siquiera estaría encarcelado si no hubiera divergencias entre el presidente
y el vicepresidente de Bolivia.
¿Por quién
doblan las campanas?
La frase del poeta
inglés del siglo XVII, John Donne, que se hizo mundialmente famosa gracias a la
novela de Ernest Hemingway, resulta totalmente pertinente en este momento
histórico de la vida de Brasil. Los próximos tiempos serán decisivos para el
futuro de la democracia en Brasil. Dada la posición de Brasil en América Latina
y en el mundo, lo que ocurra en Brasil afectará a todo el mundo democrático y
tendrá un impacto decisivo en la gestión de las rivalidades entre China y
EE.UU.
Brasil se enfrenta a un
acto de agresión que solo tiene precedentes recientes en el golpe militar de
1964. El desafío está a la altura del objetivo de la agresión: la
recolonización profunda de Brasil para convertirlo en unos cuantos miles de
kilómetros más del «Muro contra China». Los autores de esta agresión son
sectores de la alta burguesía brasileña, apoyados por una banda de políticos
lumpen y militares que nunca han olvidado lo que aprendieron en la infame
Escuela de las Américas.
El reto para los
demócratas es cumplir una doble misión. A corto plazo, la misión consiste en
impedir que los fascistas lleguen al poder y conviertan a Brasil en un
protectorado más de Estados Unidos. A medio plazo, la misión es convencer a los
brasileños de que la victoria en las próximas elecciones, por muy cómoda y
gratificante que sea, no es más que el punto de partida para una lucha mucho
mayor, basada en esta idea sencilla e inmensa: la recolonización profunda solo
se combate con una democratización profunda.
*Professor Boaventura
de Sousa Santos es una referencia mundial en el campo de la ciencia social. Ha
escrito y publicado exhaustivamente en las áreas de sociología del derecho,
sociología política, epistemología, estudios poscoloniales, movimientos
sociales, globalización, democracia participativa, reforma del Estado y
derechos humanos.
Lo subrayado/interpolado
es nuestro.





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