Grietas por donde se
filtra la luz: ¡La agonía del imperialismo estadounidense/yanqui!.
“América Latina, una
sola, unida por la misma lengua y el mismo dolor de la tragedia que nos
ocasiona Estados Unidos” Profesora Gabriela Mistral…
Por Prof. Jorge Elbaum/escritor, comunicador social/Cubarte/ADDHEE.ONG:
Prolegómenos: es la hora de la Patria continente Latinoamericana y Caribeña..
La decadencia, agonía y muerte de Estados Unidos con su proyecto
hegemónico capitalista determinista globalizado imperialista. El Sur Socialista
marxista No alineado y la mundialización del Nuevo Orden multipolar, asume una
convergencia histórica en el marco del legado del General Libertador Simón
Bolívar Palacios y Blanco, una federación de Pueblos Latinoamericanos y Caribeños
con una solidaridad militante fundada en semejanza de origen, de intereses,
idioma, sentimientos, costumbres y aspiraciones desde Río Bravo a la Antártida…
Lo fundamental es que ha llegado la hora de nuestra América Latina y
Caribeña. Este hecho trascendente exige una condición sine qua non: junto al
fallecimiento /desaparición del perverso sistema capitalista determinista
globalizado deben desaparecer la clase empresarial, financiera/bancaria/
agiotista, agrícola monopolista y su testaferra la clase burguesa politicastra/castrense
corrupta: ambas parásitas, sibaritas y vende patria. El ser humano
latinoamericano y caribeño tiene consciencia de ello y está dispuesto a
afrontar las responsabilidades consecuentes de este histórico desafío. Porque
es la única alternativa revolucionaria para zanjar el dilema aún no resuelto: “socialismo marxista o capitalismo
determinista salvaje”. Los caminos intermedios socialdemócratas
corresponden a la antesala de la traición…
Con esperanza y memoria que los pueblos dignos, libres y soberanos
hacen la verdadera historia consecuentemente, que, “sólo merecen la libertad y
la vida quienes luchan por un nuevo mundo socialista marxista donde seamos
socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres: Luz, más luz”…
Prof. Moreno Peralta/IWA
Secretario ejecutivo Addhee.Ong
Berlín, 20 de agosto de 2026
Reflexiona Prof. Jorge Elbaum
El presidente Donald Trump
asumió la derrota militar en su guerra contra la República Islámica. Para
enmascarar la debacle, anunció el inicio de una “guerra económica” que
próximamente tendrá su «Día D», en referencia al desembarco en Normandía del 6
de junio de 1944. En forma simultánea, mientras las tropas de la Federación
Rusa continúan el paulatino avance hacia el oeste, el frente interno de
Volodymir Zelensky se resquebraja con el requerimiento de elecciones planteado
por su exministro de Defensa, Mykhailo Fedorov, quien fuera destituido en julio
último.
Las guerras en Europa
Oriental y en el Golfo Pérsico son parte de la misma mutación internacional.
Ambas contiendas expresan una misma transición estratégica, basada en el
debilitamiento del unilateralismo estadounidense, la erosión del eurocentrismo
cultural y la emergencia de una Mayoría Global que ya no acepta, en forma
pasiva, las reglas dictadas desde Estados Unidos y Bruselas/Unión Europea.
En esos dos conflictos, además, se observa una paradoja concluyente: quien
posee una ingente maquinaria militar capaz de destruirlo casi todo carece, sin
embargo, de capacidad para configurar una arquitectura hegemónica. En Europa
oriental, los 32 países que conforman la OTAN no han podido derrotar a la
Federación Rusa ni han logrado destruir su economía a pesar de haber impuesto
21 paquetes de sanciones que suman 28 mil castigos y penalidades. Por su parte,
en el Golfo Pérsico, la presión de Estados Unidos no obtuvo ni un cambio de
régimen ni un acuerdo estable. El régimen estadounidense conserva el
poder de castigar, pero carece de autoridad geopolítica para imponer nuevos
equilibrios. Esa incapacidad acelera la desconfianza de las monarquías del
Golfo, que admiten, como un dato, la impotencia de Estados Unidos. Si
Trump no puede proteger a sus socios, asegurar el Estrecho de Ormuz ni imponer
una salida política a Irán, la pregunta es inevitable: ¿cuánto valen
realmente las ampulosas bravatas de su inefable líder?
El problema para el régimen
estadounidense no es solo militar: es político, simbólico y moral. La
potencia que prometió defender normas internacionales aparece asociada a
guerras inconclusas, sanciones permanentes e intervenciones selectivas. Esta
crisis de legitimidad global expresa también su fragilidad interna:
endeudamiento creciente, déficit comercial persistente, hipertrofia militar y
dependencia de una lógica especulativa que desplaza la centralidad productiva.
Fernand Braudel, en El tiempo del mundo, caracteriza este escenario como la «expansión
financiera terminal» de un actor hegemónico. En ese momento, una potencia
incapaz de liderar mediante la producción y el consenso recurre a la coerción
militar, al disciplinamiento económico y a la extracción financiera.
Desde esa clave deben
leerse los fenómenos bélicos actuales y sus consecuencias para América Latina y
el Caribe. Al perder eficacia y peso en Eurasia, el poder estadounidense
reorienta su control sobre el hemisferio occidental: secuestra mandatarios,
interviene en procesos electorales soberanos, lleva a cabo un sitio genocida
sobre Cuba, impone aranceles, promueve la judicialización de liderazgos
populares (como el caso de Cristina Kirchner Fernández) y desata una
coacción burda para limitar los vínculos latinoamericanos con China…
¡Se cambia el patio trasero estadounidense/yanqui por la Nueva América!
Los fracasos del
emperador Trump sumados a la caída libre de algunos de sus títeres
latinoamericanos, como Javier Milei y José Antonio Kast, facilitan el juego
diplomático de la República Popular. China capitaliza el desgaste
occidental y fortalece su presencia en el Sur Global mientras desarrolla una
diplomacia basada en el respeto de la soberanía…
En forma paralela, otorga
créditos para obras de infraestructura, Inversión Extranjera Directa (IED) y
financiamiento alternativo a los préstamos leoninos del FMI y del Banco
Mundial. El Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS, el Banco Asiático de Inversión
en Infraestructura junto a la ampliación del BRICS+ expresan una construcción
aún incompleta, pero políticamente significativa: por primera vez en décadas,
la periferia encuentra interlocutores capaces de disputar parcialmente el
monopolio financiero de Bretton Woods.
Mientras el régimen estadounidense
exige alineamiento y castiga desobediencias, Beijing ofrece asociatividad,
respeto civilizatorio y acceso potencial a cadenas tecnológicas. La oferta no
está exenta de tensiones ni asimetrías, pero extiende el margen de maniobra de América
Latina y el Caribe sin comprometer la independencia estratégica. China
proyecta articulaciones pragmáticas. No impone candidatos políticos, no
financia partidos, no invade ni promueve el encarcelamiento de líderes
populares. En términos económicos, sin embargo, la multipolaridad puede ampliar
la soberanía y al mismo tiempo consolidar la reprimarización. Ese dilema se
despeja por la orientación política —y la capacidad de América Latina y el Caribe
— para definir sus prioridades de desarrollo.
Para el continente, la
transición abre una oportunidad y un riesgo: diversificar alianzas y recuperar
soberanía, o confundir multipolaridad con emancipación automática. América
Latina y el Caribe no puede limitarse a observar el desplazamiento de
placas tectónicas; debe actuar como sujeto político, no como escenario de una
pulseada ajena. Esa soberanía efectiva exige algo más que diversificación
comercial.
Requiere instituciones
regionales capaces de coordinar posiciones, custodiar recursos estratégicos,
sostener políticas industriales y reducir la vulnerabilidad financiera externa.
Sin articulación continental, cada país negocia solo frente a poderes mucho
mayores; con coordinación, la región puede transformar su peso demográfico,
energético, alimentario y ambiental en capacidad estratégica.
El desafío de los Pueblos dignos, libres y Soberanos de Latinoamérica
y el Caribe. Seguir siendo territorio en disputa ajena o convertirse en su
sujeto de su propio destino…
Ninguna arquitectura
regional será suficiente sin una transformación en el modo de pensarse a sí
misma. Si América Latina y el Caribe continúa imaginándose como
periferia inevitable, toda transformación la encontrará en posición defensiva.
En cambio, si recupera una imaginación política propia, de Patria Grande, podrá
intervenir en el nuevo tablero no solo como proveedora de materias primas, sino
como espacio de pensamiento, producción, ciencia, tecnología, energía,
biodiversidad y diplomacia soberana. Ucrania e Irán son las grietas de un
régimen geopolítico que intenta sobrevivir mediante una violencia cada vez
menos eficaz. La pregunta decisiva ya no es si el mundo será unipolar o
multipolar, sino qué lugar ocuparán en él los pueblos históricamente
subordinados. Para América Latina y el Caribe, la disyuntiva es clara:
seguir siendo territorio de disputa ajena o convertirse en sujeto de su propio
destino. La periferia no dejará de serlo por decreto geopolítico, sino por
decisión histórica. Parafraseando a Leonard Cohen: «Hay una grieta en todo, así
es como entra la luz».
Lo subrayado/interpolado
es nuestro.




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