Groenlandia no se compra, se negocia: para el imperio estadounidense, el control militar y la parte del león… ¿Y la sumisa Europa ocupada desde 1945? ¡Roma locuta causa finita!...
Se cambia el equilibrio geopolítico del Ártico, se acorrala a Canadá, México y Cuba – Ahora les toca a los vecinos -, y se amenaza a China y Rusia
Por Juan Antonio Sanz /escritor y analista internacional/Other News/ADDHEE.ONG:
Prolegómenos:
Señora Mette Frederiksen, Primera Ministra de Dinamarca. Señor Jens Frederik Nielsen, Presidente de Groenlandia:
“Quienes no aprenden las lecciones que le da la
historia están condenados a repetirlas” … Dr. Salvador Allende Gossens, presidente
de Chile, asesinado por orden del régimen imperialista de Estados Unidos.

Groenlandia,
el nuevo estado asociado/satrapía del imperio estadounidense…
Europa claudica ante la megalomanía hegemonista de Trump y cede soberanía real a EEUU en un área clave para la seguridad, la economía y el medioambiente globales.
El presidente estadounidense, Donald Trump, había
fracasado estrepitosamente en su política exterior y necesitaba un triunfo
urgente ante las elecciones legislativas del próximo 3 de noviembre en su país.
No detuvo la guerra de Ucrania, como prometió una y otra vez antes de asumir el
poder en enero de 2025, desató hace casi siete meses una nueva contienda contra
Irán de consecuencias gravísimas
para el abastecimiento energético mundial, dio un espaldarazo a Israel en su
solución final para el Pueblo Palestino en Gaza, con genocidio y limpieza
étnica incluidos, y rompió el consenso comercial mundial con su guerra de
aranceles.
Ahora tiene ese triunfo en la partida geopolítica
global con la fagocitación de facto de Groenlandia, tras llegar a un
acuerdo humillante con Dinamarca que le da de facto el poder militar
“permanente” en esa isla y abre las puertas a su explotación económica por
compañías estadounidenses, sin que la Unión Europea o la OTAN hayan podido
hacer nada al respecto. Las amenazas que lanzó Trump nada más asumir su segundo
mandato de anexionar Groenlandia a EEUU se concretan ahora, sin necesidad de
comprar el territorio bajo jurisdicción danesa o tomarlo por la fuerza, como
también había planteado.
“Durante más de cien años, los presidentes han
conocido la importancia estratégica de Groenlandia, pero NINGUNO de ellos pudo
hacer nada al respecto. Me enorgullece ser el presidente que ha abordado esta
situación tan importante de manera permanente y definitiva”, se regodeó Trump
en sus cuentas de las redes sociales. El secretario de Estado estadounidense,
Marco Rubio, aseveró que se trata de un “acuerdo histórico” y una “gran
victoria para EEUU y el pueblo estadounidense”.
Una victoria de EEUU…
ante sus aliados
¿Una victoria ante quién? Quizá ante Dinamarca, que
ahora acata sin protestas, cuando hace un año se declaraba dispuesta a defender
a cualquier precio Groenlandia de la injerencia estadounidense. También ante la
Unión Europea, que convirtió esta isla en un motivo casi de fractura con
Estados Unidos y ahora acepta la vuelta de la tortilla sin aspavientos y punto
en boca. No desde luego ante Rusia, que domina la mayor parte del Ártico
navegable, ni ante China, que va de la mano de Rusia en esos parajes…
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, subrayó
que el acuerdo que firmarán en la Asamblea General de la ONU esta próxima
semana Dinamarca, el Gobierno autónomo de Groenlandia (la isla está bajo
jurisdicción de Copenhague) y EEUU reconocerá “la soberanía y la integridad
territorial” danesas, además del derecho del Pueblo Groenlandés “a la
autodeterminación”, con “una seguridad compartida” de la isla y hacia el Ártico
y la región norte del Atlántico.
Control permanente e
“infinito”
Lo que dice Trump suena distinto. Según indicó el
presidente republicano en su red Truth Social y en X, el pacto dará a EEUU el
“control permanente” de la seguridad de ese autónomo danés. “Este es un acuerdo
de vida infinita. No tiene fin”, sentenció rotundo.
La cuestión es que el acuerdo concede de facto a EEUU
el control sine die de esa seguridad militar “y otras necesidades” del
territorio autónomo danés. Entre esas necesidades están las claves del trato: la “colonización” estadounidense con sus
empresas de Groenlandia, la extracción minera y la localización en ese inmenso
territorio con ingentes reservas de agua de los gigantes tecnológicos aliados
de Trump y su uso como cabeza de puente de las rutas transpolares de comercio.
Un punto determinante puede ser ahora la relación
entre EEUU y el Gobierno autónomo groenlandés, en detrimento de esa soberanía
que los daneses dicen que se preserva con el pacto. Lo resaltó el presidente autonómico de Groenlandia, Jens-Frederik
Nielsen, para quien uno de los elementos determinantes del acuerdo es que
reconoce el “derecho de autodeterminación” groenlandés.
Uno de los planes barajados cuando Trump buscaba la
forma de hacerse con la isla a toda costa, era promover la independencia de
Groenlandia para después sumarla a EEUU a la manera de Puerto Rico, como
“estado libre asociado”, y así acceder a su control factual. De hecho, según
indicó el régimen estadounidense, el acuerdo ahora alcanzado seguirá en
pie incluso si se produce esa eventual independencia de Groenlandia. Los
estadounidenses han llegado para quedarse.
Un pacto que cierra el
cerco sobre Canadá y apunta a China y Rusia
La cuestión es que este movimiento de ficha de Trump
en Groenlandia, aceptado por Dinamarca y el Gobierno local (ya se sabrá si hubo
alguna coacción o prebenda de por medio), pone en jaque la estrategia exterior
de la OTAN y la UE a favor de Estados Unidos, conmueve la frágil estabilidad
del Ártico y es una bofetada para la diplomacia de Bruselas. Ahora se sabe por
fin de qué iba el grupo de trabajo encabezado por la OTAN formado en febrero
para reforzar la seguridad ártica, y por qué había reducido la presión del régimen
de Estados Unidos. Era la negociación entre bambalinas del traspaso de
poderes sobre Groenlandia de Europa a EEUU.
Además, este acuerdo
lanza un órdago a Rusia, que tiene bajo su jurisdicción buena parte de esa
región, proyecta una sombra sobre la estrategia comercial china por el paso del
norte, abierto a la navegación debido al deshielo polar, y asedia a Canadá, víctima
continua de los chantajes de Trump y que ahora añade la presión militar y
geopolítica a la económica desde su vecino del sur.
De hecho, el anuncio de la asunción por EEUU del
control permanente de Groenlandia se hizo pocas horas después de que Canadá y
la UE reforzaran su alianza e incluso se hablara de la posibilidad de que el
país canadiense se convirtiera en “miembro asociado” de la Unión, una
eventualidad que desataría todos los demonios en EEUU.
Así se lo propuso este miércoles la presidenta de la
Comisión Europea, Ursula von der Leyen, al primer ministro canadiense, Mark
Carney, en Estrasburgo, ante el Parlamento Europeo. Un desafío a los planes de
Trump para doblegar a Canadá y convertirlo en títere económico de EEUU, que en
realidad estaba cargado de toda la hipocresía que la UE puede desplegar: invita
a Canadá a formar parte del club europeo, pero le da a su enemigo, Trump, un
poderoso instrumento de presión, Groenlandia.
Si la proyección del acuerdo pone en un brete a los
canadienses ante el pasmo europeo, el desafío hacia el este es si cabe mayor.
De momento, ya se sabe que el trato incluye el “veto” explícito a la presencia
de bases rusas y chinas en Groenlandia, lo que convierte a este territorio en
un balcón privilegiado sobre las aguas árticas de la Federación Rusa. Si la
entrada de Finlandia y Suecia en la OTAN tras la invasión rusa de Ucrania ya
lanzó un desafío a la estrategia de Rusia en el norte de Europa, esta
ofensiva estadounidense sobre Groenlandia cierra más la pinza sobre la
presencia de Rusia en el Ártico. Y esta es una zona de máxima sensibilidad para
los rusos.
La cuestión es que ni Rusia ni China han planteado
jamás tener estacionamientos militares en Groenlandia, por lo que tal
prohibición es simplemente un subterfugio para izar la “salvadora” bandera del
Ejército estadounidense allá donde quiera establecer nuevas bases en la isla y
convertirla en un desmesurado portaaviones polar.
La militarización del
Ártico
Esta es otra de las potencialidades del acuerdo. EEUU
ya tenía desde 1951 la potestad para despachar a Groenlandia cuantas tropas
quisiera. Eran tiempos de la Guerra Fría y la presencia soviética en el Ártico
preocupaba. Aunque el Pentágono abrió varias bases en Groenlandia, finalmente,
con la caída de la Unión Soviética en 1991 y la evolución pacífica de la
situación en esa zona cercana al Polo Norte, el régimen estadounidense
redujo el estacionamiento militar en la isla a la base de Pituffik, en el
noroeste del territorio, con no más de un centenar de efectivos en estos
momentos.
Todo cambió cuando, al llegar al poder en su primer
mandato (2017-2021), Trump mostró su desmedido interés por la isla. Esta avidez
se multiplicó en la nueva era Trump, amenazando el año pasado incluso con
invadir la isla y quitársela a Dinamarca si no se la vendían a EEUU. Se desató
una crisis en la que Bruselas se rasgó las vestiduras y todos los países
europeos cerraron fila con Dinamarca para conservar Groenlandia, territorio que
si bien no está englobado en la UE, sí que tiene (o tenía) todas sus garantías
de defensa y soberanía bajo el paraguas europeo. O eso se pensaba.
El acuerdo anunciado con nocturnidad y alevosía este
viernes viene a confirmar las sospechas: desde febrero al menos, EEUU venía
negociando con Dinamarca con aquiescencia de la OTAN la cesión a Estados Unidos
de la seguridad, la apertura total a las empresas estadounidenses y la
exclusión de cualquier otro actor militar o económico de Groenlandia a cambio
de no arriar las banderas danesa y groenlandesa. De momento, dada la obsesión
de Trump en cambiar nombres a golfos, estrechos y lagos sin consultar a nadie.
En el caso de Groenlandia, la cesión a EEUU de su
defensa y capacidad para, si fuera preciso, lanzar desde allí ataques, tiene un
peso estratégico sobresaliente. Con sus radares y dispositivos aeroespaciales,
Pituffic es una de las piedras angulares del sistema de alerta temprana de
EEUU. Antes conocida como base Thule, Pituffic alberga al Grupo Base Espacial
821, al Escuadrón de Alerta Espacial 12 y el Destacamento de Operaciones
Espaciales 23.
La función de estas instalaciones es alertar sobre
posibles ataques con misiles balísticos y vigilar los satélites de defensa, los
propios y los ajenos. Pituffic podría convertirse en una pieza clave del
sistema “Cúpula Dorada” impulsado por Trump para interceptar cualquier tipo de
misil o dispositivo de ataque procedente de Rusia y China.
La toma de Groenlandia está, pues, revelando a los
contrincantes de EEUU que todos los parabienes y gestos de supuesta amistad de
Trump, hacia el presidente ruso, Vladímir Putin, o el
chino, Xi Jinping, en
realidad son señuelos mientras la actual Administración apuesta por la
confrontación. Quizá el presidente Xi Jinping le pregunte a Trump sobre
este regate en Groenlandia cuando le visite en Washington la próxima semana.
Groenlandia, punta de
lanza de una guerra económica en ciernes
La mayor isla del mundo no es solo una cabeza de
puente para abrir nuevas bases, estacionar miles de soldados (no demasiados,
por la inclemencia del tiempo y la falta de comodidades en una isla de solo
57.000 habitantes), vigilar los movimientos de los submarinos nucleares o
espiar la localización de los silos de misiles rusos.
Las ingentes reservas de tierras raras, indispensables
para la fabricación de componentes de alta tecnología, civiles y militares, los
yacimientos de petróleo y gas aún por explorar en sus costas y subsuelo, y la
presencia de níquel, molibdeno, oro, platino, uranio, titanio, tungsteno,
cobalto y otros minerales estratégicos hacen de Groenlandia ese “sueño” del que
habló Trump en la noche del viernes al hacer su anuncio.
También los gigantes tecnológicos de Silicon Valley
tiene su ojo puesto en Groenlandia, cuya vasta superficie y agua congelada
puede facilitar la creación de colosales centros de datos de inteligencia
artificial con refrigeración natural gratis y energía hidroeléctrica barata. Y
ahí está ese proyecto ya no tan futurista de levantar en las planicies heladas
de la isla una “ciudad de libertad tecnológica” por las High Tech, sin control
de nadie y sometiendo la naturaleza a una explotación desmesurada para uso y
disfrute de los imperios tecnofeudales hoy día empeñados en ganar a cualquier
precio la carrera de la creación de la super IA.
La puerta del paso del
Noroeste
Pero es sobre todo el golpe de timón en el transporte
de mercancías por los mares árticos lo que más interesa a EEUU en estos
momentos de Groenlandia. China, su gran rival económico, ya está utilizando,
gracias al deshielo por el cambio climático, las rutas árticas que bordean
Rusia por el norte. Incluso buques cargueros surcoreanos han navegado ya por
esos estrechos ribereños de Siberia desde el puerto de Busán con dirección
hacia los puertos de Gran Bretaña.
Mientras que la ruta tradicional del canal de Suez
demanda unos 40 días de navegación para los mercantes, la nueva ruta ártica por
el norte de Rusia reduce ese plazo a menos de la mitad y consume muchísimo
menos carburante. De paso se elude las procelosas aguas del Golfo de Adén y el
mar Rojo, convertidas en un avispero gracias a la guerra sin sentido desatada
por Trump en Irán.
Los chinos ya están de pleno en el uso del paso del
norte y seguirán surcoreanos y japoneses. Por eso, Trump quiere su propia vía
transpolar, su paso del Noroeste, y Groenlandia le proporciona esa oportunidad
con la que desafiar sobre todo a China, que considera la ruta ártica como la
mayor apuesta geoestratégica de la próxima década. Ahora solo le queda a EEUU
construir o comprar a Finlandia las decenas de rompehielos nucleares de apoyo
que no tiene y de los que sí dispone en cambio Rusia, la gran superpotencia del
Ártico. Ni a rusos ni estadounidenses les importa mucho el daño que estas
autopistas polares puedan producir en uno de los espacios más vírgenes del
planeta.
Y a toda esta carrera ártica, que trastornará la
geopolítica y seguridad globales, Europa asiste, de nuevo, como un convidado de
piedra y a verlas venir. Ahora más, tras serle arrebatada la puerta occidental
del Ártico, Groenlandia.
Lo subrayado/interpolado
es nuestro




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