El ocaso de Estados Unidos…
Por Prof. Dr. Joseph E. Stiglitz/Sur Andino/Other News/ADDHEE.ONG:
Prolegómenos: colofón del sistema capitalista determinista
globalizado, no constituía un destino viable para la Humanidad.
Con esperanza y memoria, por un Nuevo Orden Mundial multipolar donde
“todos seamos socialmente iguales humanamente diferentes y totalmente libres”
Prof. Moreno Peralta/IWA
Secretario Ejecutivo ADDHEE.ONG
Reflexiona Prof. Dr. Joseph E. Sriglitz
El secretario del Tesoro
de Estados Unidos, Scott Bessent, ha anunciado un “Día D económico”, por el que Estados Unidos amenaza con aumentar
la presión sobre Irán mediante la imposición de sanciones a los países que
sigan comerciando con los iraníes, pero en vez de obligarlos a sumarse a sus
intentos de aislar a la república islámica, la administración Trump, con su
acumulación de errores, está acelerando la transición hacia un orden mundial
posestadunidense.
Es comprensible que los
“aliados” de Estados Unidos no quieran sumarse a la costosa y mal planeada
guerra electiva del presidente Donald Trump. Nadie los consultó antes de
lanzarla y, obviamente, no quieren involucrarse ahora que Estados Unidos no
consiguió derribar el régimen iraní ni tiene un plan B. Además, ¿qué motivos
tendrían para acudir en ayuda de un gobierno que se pasa humillando a amigos y
socios, amenaza con apoderarse de sus territorios (Groenlandia y Canadá) y les
impone aranceles punitivos? Hay dos
modos de ejercer influencia sobre otros: la persuasión y la intimidación. Pero en el caso de Trump, no
funciona ni lo uno ni lo otro. Es acertada la apreciación de Aaron David Miller
(Fundación Carnegie para la Paz Internacional) cuando señala que “Día D”, en este caso, significa “día de la
desesperación”.
La persuasión requiere
credibilidad. El resto del mundo debe creer que el gobierno tiene objetivos
alcanzables y medios para lograrlos. Pero Trump tiene fama –y bien ganada– de
mentiroso, así que nadie le cree una palabra. En junio de 2025, dijo que había “eliminado total y completamente” la
capacidad nuclear de Irán, y en marzo declaró que Estados Unidos había
“eliminado literalmente” a las fuerzas armadas iraníes. Una guerra que se
suponía que iba a durar cuatro semanas (tal vez un poco más) ya entró en su
séptimo mes. Y todo el mundo (desde los iraníes hasta los canadienses) sabe que
cualquier acuerdo que firme Trump será tan sólido como la gelatina.
Se suponía que Bessent
era el miembro más creíble del gabinete, pero ahora dilapidó su credibilidad
con sus recientes intentos fallidos de influir en los mercados de bonos y
divisas. Es casi seguro que su motivo verdadero fue mostrarle a su jefe que
está “haciendo algo”. Pero, ¿qué sentido tiene hacerle un favor a Trump si al
día siguiente se te puede echar en contra como hizo con casi todos sus secuaces
anteriores? Descartada pues la persuasión, la alternativa de Trump es la que
prefiere de cualquier modo: intimidación y bravuconadas, pero aquí hay un
problema: ni él ni Bessent parecen darse cuenta de que Estados Unidos ya no
tiene el poder que antes tuvo sobre el resto del mundo. Trump tampoco comprende
cómo están cambiando la naturaleza de la guerra moderna y el papel de Estados
Unidos en la economía global. Se quedó en el pasado y no se da cuenta de que la
participación de Estados Unidos en el PIB mundial (en términos de paridad de
poder adquisitivo) se redujo a la mitad desde el final de la Segunda Guerra
Mundial (de más o menos 30 por ciento a poco menos de 15 por ciento en 2025). Y
sobre todo, Estados Unidos perdió el control de herramientas estratégicas
clave. Los chips avanzados que se usan en la mayoría de las tecnologías de
vanguardia se fabrican en Taiwán; China domina la producción y el procesamiento
de imanes y tierras raras. En estos casos, hasta Trump entiende que Estados
Unidos ya no juega con las mejores cartas. Puede tratar de cortar los ingresos
petroleros de la república islámica atacando a los compradores, pero China
adquiere 90 por ciento del petróleo que exporta Irán y conserva el as de
triunfo de las tierras raras.
La participación de Estados Unidos en el PIB mundial (en términos de
paridad de poder adquisitivo) se redujo a la mitad desde el final de la Segunda
Guerra Mundial (de más o menos 30 por ciento a poco menos de 15 por ciento en
2025).
Las respuestas a las
agresiones de Trump son reflejo de este contexto económico cada vez más
desfavorable. Viendo, cómo a Estados Unidos bajo Trump el poder se le escapa de
las manos, el primer ministro canadiense, Mark Carney, decidió que ya era
suficiente. Se niega a ceder la soberanía económica de su país al «rey loco»
estadunidense: un hombre que ni siquiera puede ganarle a Irán.
Es probable que el resto
del mundo esté aprendiendo la misma lección. Nadie tiene por qué tolerar los
maltratos de Trump. Nadie tiene por qué capitular ni seguir dependiendo de
Estados Unidos.
Un panorama económico
mundial cambiante ofrece oportunidades de diversificación en abundancia. Cuanto
antes comprendan Bessent y Trump la debilidad de su posición, mejor será para
Estados Unidos y para el mundo.
Si China y otros países se
resisten a las últimas exigencias de Trump (como parece probable), no se
derrumbarán ni sufrirán la clase de costos que Estados Unidos espera
infligirles.
La guerra mundial
económica anunciada por Bessent terminaría en un atasco muy parecido al del
estrecho de Ormuz. Una vez más, Estados Unidos pagará un alto precio, y los
costos que imponga a otros dañarán todavía más su reputación y poder blando.
Estados Unidos era en
otros tiempos un modelo digno de imitar, defensor de la democracia, de las
oportunidades económicas y de otros valores atractivos para muchos países. Ahora es un ejemplo de lo que no hay que
hacer: un cuento con moraleja sobre la desigualdad extrema, la erosión de la
democracia, la corrupción y la división social. El resto del mundo debe
devolver a la cooperación y al Estado de derecho el valor que les corresponde
en las escalas nacional e internacional.
Un mundo que se libere del
liderazgo estadunidense (al menos por ahora) promete más estabilidad, seguridad
y prosperidad para todos.
* Premio Nobel de
Economía, ex economista principal del Banco Mundial y ex presidente del consejo
de asesores económicos de la presidencia de Estados Unidos, es profesor
distinguido en la Universidad de Columbia y autor de The Road to Freedom:
Economics and the Good Society (W. W. Norton & Company, Allen Lane, 2024).
Lo subrayado/interpolado es nuestro.




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