lunes, 14 de septiembre de 2026

Ada Lovelace y la inteligencia artificial: máquinas, poder y desigualdad…


Ada Lovelace y la inteligencia artificial: máquinas, poder y desigualdad…

Por Profesor Ingeniero Vicente Zapata Valenzuela/académico, escritor y analista internacional/El Sur Andino/Other News/ADDHEE.ONG:

Prolegómenos: El Sur Socialista Marxista no alineado y la mundialización del Nuevo Orden Mundial Multipolar:

· La ciencia al servicio de la liberación y realización del ser humano mujer y hombre…

· La ciencia marxista no es sólo la filosofía de nuestro tiempo, es su sentido en la lucha en contra del perverso sistema capitalista determinista globalizado…

· “Bajo el sistema capitalista determinista no hay destino viable para la Humanidad”:

“La historia de todas las sociedades que han existido/existen hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases. Mujeres y hombres libres y esclavos, opresores y oprimidos se han enfrentado siempre. Mantuvieron/mantienen una lucha constante, velada unas veces y otras, franca y abierta. Lucha que ha terminado siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases beligerantes” … Dr. Karl Marx

Colofón:

La Dra. Rosa Luxemburgo es la mente más genial y Friedrich Engels entre los herederos científicos del Dr. Karl Marx. “El futuro sólo puede ser resuelto por el resultado de la lucha de clases, podemos ir hacia una sociedad desalineada con una convivencia más humana, el socialismo marxista, donde todo seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres, o podemos continuar hundiéndonos en la barbarie del capitalismo determinista globalizado, un dilema histórico todavía no resuelto…

Con esperanza y memoria “sólo merecen la libertad y la vida quienes cada día las conquistan” …

Prof. Moreno Peralta /IWA

Secretario ejecutivo ADDHEE.ONG

Berlín, 30 de septiembre de 1990

Reflexiona el Prof. Zapata Valenzuela:

En el corazón de la revolución digital que vivimos, donde la inteligencia artificial promete transformarlo todo, emerge la figura de Ada Lovelace como un símbolo que ilumina no solo el origen de la computación, sino también las contradicciones sociales que atraviesan el desarrollo tecnológico. Su historia nos recuerda que la tecnología nunca ha sido ni será neutral: es un producto humano moldeado por las relaciones de poder, las clases sociales y el género…

Ada vivió en la Inglaterra victoriana, una sociedad profundamente desigual en la que las mujeres eran sistemáticamente excluidas de la educación científica. Sin embargo, logró no solo comprender el potencial de la máquina de Babbage, sino también imaginar posibilidades que excedían ampliamente el cálculo matemático.

La doble opresión: clase y género en la vida de Ada

Ada Byron nació en la cúspide de la aristocracia británica, hija del poeta Lord Byron y de Annabella Milbanke, quien poseía una sólida formación matemática. Esta posición privilegiada le permitió acceder a una educación que, a la inmensa mayoría de las mujeres, e incluso a muchos hombres de las clases populares, les era negada. Su trayectoria demuestra que el talento individual no surge al margen de las condiciones materiales: Ada pudo desarrollar sus capacidades porque, excepcionalmente, tuvo acceso a espacios de conocimiento reservados para una minoría.

Sin embargo, incluso siendo condesa, sufrió el peso del sexismo de su época. Su madre, aunque le proporcionó una educación científica, buscó mediante ella controlar su imaginación y alejarla de la supuesta “locura” que asociaba a Lord Byron. Esta oposición entre razón e imaginación reflejaba también una concepción profundamente marcada por el género, en una sociedad donde la capacidad intelectual y científica era considerada fundamentalmente masculina.

Ada fue educada para convertirse en una excepción dentro de ese sistema, no para transformar las condiciones que mantenían a la mayoría de las mujeres alejadas del conocimiento científico.

Desde una perspectiva materialista, la ciencia y la tecnología son producto del trabajo humano realizado bajo condiciones históricas concretas. En el capitalismo determinista industrial del siglo XIX, ese trabajo estaba profundamente dividido: mientras los hombres de las clases privilegiadas podían dedicarse a la ciencia y al pensamiento, las mujeres eran relegadas principalmente al ámbito doméstico y los trabajadores manuales eran tratados como ejecutores antes que como productores de conocimiento. Ada logró atravesar parcialmente esas fronteras, pero su propia historia evidencia hasta qué punto el acceso al saber está condicionado por la clase y el género.

La objeción de Lady Lovelace: ¿puede una máquina emanciparnos?

En 1833, Ada Lovelace conoció al matemático e inventor Charles Babbage, quien se encontraba desarrollando la Máquina Analítica, un diseño precursor de las computadoras modernas. Ada se interesó profundamente en el funcionamiento de esta máquina y comenzó a colaborar con Babbage, aportando una visión que iba más allá de los cálculos matemáticos. A partir de este trabajo, desarrolló ideas sobre cómo la máquina podía seguir una secuencia de instrucciones para resolver problemas, lo que posteriormente llevó a que fuera reconocida como una de las primeras personas en concebir un programa para una computadora.

Ada escribió una frase que posteriormente sería conocida como la “Objeción de Lady Lovelace”: “La Máquina Analítica no tiene pretensiones de originar nada. Puede hacer cualquier cosa que sepamos cómo ordenarle que ejecute”. Con esta afirmación estableció un límite fundamental: las máquinas son producto de la actividad humana y no existen independientemente de quienes las diseñan y utilizan.

Esta idea admite una lectura especialmente vigente. El capitalismo determinista tiende a presentar la tecnología como una fuerza autónoma que transforma inevitablemente la sociedad, ocultando las relaciones sociales que determinan su desarrollo y utilización. Algo similar ocurre hoy con la inteligencia artificial, muchas veces presentada como un “ente” que piensa, crea o decide por sí mismo, cuando detrás de ella existen programadores, trabajadores, empresas, Estados e intereses económicos concretos. La reflexión de Ada permite devolver la tecnología a su dimensión material: detrás de cada máquina existe trabajo humano.

Durante siglos, las contribuciones de las mujeres al conocimiento fueron invisibilizadas, minimizadas o atribuidas a figuras masculinas. Recordar que detrás de cada avance tecnológico existen personas implica también preguntarse quiénes tienen acceso a producir conocimiento, quiénes reciben reconocimiento por hacerlo y quiénes quedan excluidos de esos procesos.

Hoy, la inteligencia artificial tampoco escapa a estas relaciones sociales. Los sistemas algorítmicos pueden reproducir desigualdades de género, clase o raza cuando son desarrollados a partir de datos y estructuras provenientes de sociedades donde esas desigualdades ya existen. Por ello, analizar críticamente la IA exige mirar no solo sus capacidades técnicas, sino también las condiciones sociales bajo las cuales es creada…

La visión de Ada: una máquina para ampliar la creatividad humana

Uno de los aspectos más revolucionarios del pensamiento de Ada fue comprender que las máquinas no tendrían por qué limitarse al cálculo numérico. Imaginó que podrían manipular símbolos, producir gráficos e incluso trabajar con estructuras musicales. Su visión anticipó, en cierta medida, algunos de los principios que hoy asociamos a la computación moderna y a la inteligencia artificial generativa. Pero existe una diferencia importante entre imaginar la máquina como una ampliación de las capacidades humanas y utilizarla exclusivamente como mecanismo de sustitución del trabajo.

En el capitalismo determinista contemporáneo, una parte importante de la automatización responde a incentivos económicos asociados a la reducción de costos y al aumento de la productividad. En ese proceso, distintos trabajos —desde labores administrativas hasta actividades vinculadas con la traducción, el diseño, la programación o la producción artística— pueden verse transformados o desplazados por sistemas automatizados.

Esta transformación tampoco afecta a todas las personas de la misma manera. Las mujeres siguen teniendo una fuerte presencia en numerosos trabajos precarizados, administrativos, de servicios y de cuidados, mientras continúan subrepresentadas en muchos de los espacios donde se diseñan y controlan las nuevas tecnologías. De esta forma, la automatización puede reproducir o profundizar desigualdades existentes si su desarrollo no está acompañado de una transformación de las relaciones sociales que las producen.

El sur socialista no alienado y la “inteligencia artificial”…

Desde una perspectiva socialista, la respuesta no consiste en rechazar el progreso tecnológico, sino en disputar su orientación. Una sociedad emancipada podría utilizar la inteligencia artificial y la automatización para reducir las jornadas laborales, eliminar trabajos repetitivos, ampliar el acceso al conocimiento y liberar tiempo para el cuidado, la educación, la creación artística y la participación social.

Ada como símbolo de la mujer en la ciencia y de las desigualdades de clase Ada Lovelace se ha convertido en un símbolo feminista no simplemente por haber sido una “mujer excepcional”, sino porque su historia permite observar las barreras que históricamente impidieron que innumerables mujeres desarrollaran sus capacidades científicas. Su trayectoria demuestra que el talento no pertenece a un género determinado, pero también evidencia que las oportunidades necesarias para desarrollarlo están distribuidas de manera profundamente desigual.

Esta tensión continúa presente en el desarrollo tecnológico contemporáneo. Gran parte de la infraestructura, los datos y los recursos necesarios para desarrollar inteligencia artificial se encuentran concentrados en un número reducido de grandes empresas y países. Al mismo tiempo, numerosos procesos necesarios para sostener estos sistemas —desde la producción de dispositivos electrónicos hasta la clasificación y moderación de datos— dependen de cadenas globales de trabajo distribuidas de manera profundamente desigual.

Por eso, la discusión sobre una inteligencia artificial ética no puede limitarse exclusivamente a mejorar algoritmos. También debe preguntarse quién controla la infraestructura tecnológica, quién decide sus objetivos, quién obtiene sus beneficios y quién soporta sus consecuencias.

La transparencia de los algoritmos, la democratización del conocimiento y la participación social en las decisiones tecnológicas son, por tanto, cuestiones profundamente políticas.

Recuperar el legado de Ada para el futuro

Ada Lovelace fue una mujer adelantada a su tiempo, pero también fue producto de las contradicciones de ese mismo tiempo. Su posición de clase le permitió acceder a espacios intelectuales inaccesibles para la mayoría, mientras que su condición de mujer limitó el reconocimiento y las posibilidades que encontraba dentro de ellos. Precisamente por eso su historia sigue siendo relevante.

Hoy, frente al rápido desarrollo de la inteligencia artificial, enfrentamos una nueva encrucijada: podemos permitir que estas tecnologías se desarrollen principalmente según las necesidades de acumulación y rentabilidad del capital, o podemos disputar colectivamente su orientación para ponerlas al servicio de necesidades sociales. Recuperar el espíritu de Ada no significa celebrar a una heroína aislada, sino reconocer la capacidad humana que existe detrás de toda tecnología y luchar para que esa capacidad pueda desarrollarse colectivamente. La verdadera emancipación tecnológica no consiste en reemplazar a las personas por máquinas, sino en utilizar las máquinas para ampliar la libertad humana, democratizar el conocimiento y reducir las desigualdades.

El desafío, entonces, no es detener el futuro tecnológico, sino disputarlo.

Ada Lovelace pudo acceder a un conocimiento que estaba vedado para la enorme mayoría de las mujeres de su tiempo. Su historia recuerda que el problema nunca ha sido la falta de capacidad de las mujeres, sino las condiciones sociales que determinan quién puede estudiar, crear y ser reconocido. Mientras esas desigualdades persistan en la producción tecnológica, también estarán presentes, de una forma u otra, en las tecnologías que construimos.

Lo subrayado/interpolado es nuestro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario