Ada Lovelace y la inteligencia artificial: máquinas, poder y desigualdad…
Por Profesor Ingeniero
Vicente Zapata Valenzuela/académico, escritor y analista internacional/El
Sur Andino/Other News/ADDHEE.ONG:
Prolegómenos: El Sur Socialista Marxista no alineado y la
mundialización del Nuevo Orden Mundial Multipolar:
·
La ciencia al servicio de la liberación y
realización del ser humano mujer y hombre…
·
La ciencia marxista no es sólo la filosofía
de nuestro tiempo, es su sentido en la lucha en contra del perverso sistema
capitalista determinista globalizado…
·
“Bajo el sistema capitalista determinista no
hay destino viable para la Humanidad”:
“La historia de todas
las sociedades que han existido/existen hasta nuestros días es la historia de
la lucha de clases. Mujeres y hombres libres y esclavos, opresores y oprimidos
se han enfrentado siempre. Mantuvieron/mantienen una lucha constante, velada
unas veces y otras, franca y abierta. Lucha que ha terminado siempre con la
transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las
clases beligerantes” … Dr. Karl Marx
Colofón:
La Dra. Rosa
Luxemburgo es la mente más genial y Friedrich Engels entre los herederos
científicos del Dr. Karl Marx. “El futuro sólo puede ser resuelto por el
resultado de la lucha de clases, podemos ir hacia una sociedad desalineada con
una convivencia más humana, el socialismo marxista, donde todo seamos socialmente
iguales, humanamente diferentes y totalmente libres, o podemos continuar
hundiéndonos en la barbarie del capitalismo determinista globalizado, un dilema
histórico todavía no resuelto…
Con esperanza y
memoria “sólo merecen la libertad y la vida quienes cada día las conquistan” …
Prof. Moreno Peralta
/IWA
Secretario ejecutivo ADDHEE.ONG
Berlín,
30 de septiembre de 1990
Reflexiona el Prof. Zapata
Valenzuela:
Ada vivió en la Inglaterra
victoriana, una sociedad profundamente desigual en la que las mujeres eran
sistemáticamente excluidas de la educación científica. Sin embargo, logró no
solo comprender el potencial de la máquina de Babbage, sino también imaginar
posibilidades que excedían ampliamente el cálculo matemático.
La doble opresión: clase y género en la vida de Ada
Ada Byron nació en la cúspide de
la aristocracia británica, hija del poeta Lord Byron y de Annabella Milbanke,
quien poseía una sólida formación matemática. Esta posición privilegiada le
permitió acceder a una educación que, a la inmensa mayoría de las mujeres, e
incluso a muchos hombres de las clases populares, les era negada. Su
trayectoria demuestra que el talento individual no surge al margen de las
condiciones materiales: Ada pudo desarrollar sus capacidades porque,
excepcionalmente, tuvo acceso a espacios de conocimiento reservados para una
minoría.
Sin embargo, incluso siendo condesa, sufrió el peso del sexismo de su época.
Su madre, aunque le proporcionó una educación científica, buscó mediante ella
controlar su imaginación y alejarla de la supuesta “locura” que asociaba a Lord
Byron. Esta oposición entre razón e
imaginación reflejaba también una concepción profundamente marcada por el
género, en una sociedad donde la capacidad intelectual y científica era
considerada fundamentalmente masculina.
Ada fue educada para convertirse
en una excepción dentro de ese sistema, no para transformar las condiciones que
mantenían a la mayoría de las mujeres alejadas del conocimiento científico.
Desde una perspectiva
materialista, la ciencia y la tecnología son producto del trabajo humano
realizado bajo condiciones históricas concretas. En el capitalismo determinista industrial del siglo XIX, ese
trabajo estaba profundamente dividido: mientras los hombres de las clases
privilegiadas podían dedicarse a la ciencia y al pensamiento, las mujeres eran
relegadas principalmente al ámbito doméstico y los trabajadores manuales eran
tratados como ejecutores antes que como productores de conocimiento. Ada
logró atravesar parcialmente esas fronteras, pero su propia historia evidencia
hasta qué punto el acceso al saber está condicionado por la clase y el género.
La objeción de Lady Lovelace: ¿puede una máquina emanciparnos?
En 1833, Ada Lovelace conoció al
matemático e inventor Charles Babbage, quien se encontraba desarrollando la
Máquina Analítica, un diseño precursor de las computadoras modernas. Ada se
interesó profundamente en el funcionamiento de esta máquina y comenzó a
colaborar con Babbage, aportando una visión que iba más allá de los cálculos
matemáticos. A partir de este trabajo, desarrolló ideas sobre cómo la máquina
podía seguir una secuencia de instrucciones para resolver problemas, lo que
posteriormente llevó a que fuera reconocida como una de las primeras personas
en concebir un programa para una computadora.
Ada escribió una frase que
posteriormente sería conocida como la “Objeción de Lady Lovelace”: “La Máquina Analítica no tiene pretensiones
de originar nada. Puede hacer cualquier cosa que sepamos cómo ordenarle que
ejecute”. Con esta afirmación
estableció un límite fundamental: las máquinas son producto de la actividad
humana y no existen independientemente de quienes las diseñan y utilizan.
Esta idea admite una lectura
especialmente vigente. El capitalismo determinista tiende a presentar la
tecnología como una fuerza autónoma que transforma inevitablemente la sociedad,
ocultando las relaciones sociales que determinan su desarrollo y utilización.
Algo similar ocurre hoy con la inteligencia artificial, muchas veces presentada
como un “ente” que piensa, crea o decide por sí mismo, cuando detrás de ella
existen programadores, trabajadores, empresas, Estados e intereses económicos
concretos. La reflexión de Ada permite
devolver la tecnología a su dimensión material: detrás de cada máquina existe
trabajo humano.
Durante siglos, las
contribuciones de las mujeres al conocimiento fueron invisibilizadas,
minimizadas o atribuidas a figuras masculinas. Recordar que detrás de cada
avance tecnológico existen personas implica también preguntarse quiénes tienen
acceso a producir conocimiento, quiénes reciben reconocimiento por hacerlo y
quiénes quedan excluidos de esos procesos.
Hoy, la inteligencia artificial tampoco escapa a estas relaciones
sociales. Los sistemas algorítmicos pueden reproducir desigualdades de género,
clase o raza cuando son desarrollados a partir de datos y estructuras
provenientes de sociedades donde esas desigualdades ya existen. Por ello,
analizar críticamente la IA exige mirar no solo sus capacidades técnicas, sino
también las condiciones sociales bajo las cuales es creada…
La visión de Ada: una máquina para ampliar la creatividad humana
Uno de los aspectos más
revolucionarios del pensamiento de Ada fue comprender que las máquinas no
tendrían por qué limitarse al cálculo numérico. Imaginó que podrían manipular
símbolos, producir gráficos e incluso trabajar con estructuras musicales. Su
visión anticipó, en cierta medida, algunos de los principios que hoy asociamos
a la computación moderna y a la inteligencia artificial generativa. Pero existe
una diferencia importante entre imaginar la máquina como una ampliación de las
capacidades humanas y utilizarla exclusivamente como mecanismo de sustitución
del trabajo.
En el capitalismo determinista
contemporáneo, una parte importante de la automatización responde a
incentivos económicos asociados a la reducción de costos y al aumento de la
productividad. En ese proceso, distintos trabajos —desde labores
administrativas hasta actividades vinculadas con la traducción, el diseño, la
programación o la producción artística— pueden verse transformados o
desplazados por sistemas automatizados.
Esta transformación tampoco
afecta a todas las personas de la misma manera. Las mujeres siguen teniendo una
fuerte presencia en numerosos trabajos precarizados, administrativos, de
servicios y de cuidados, mientras continúan subrepresentadas en muchos de los
espacios donde se diseñan y controlan las nuevas tecnologías. De esta forma, la
automatización puede reproducir o profundizar desigualdades existentes si su
desarrollo no está acompañado de una transformación de las relaciones sociales
que las producen.
El sur socialista no alienado y la “inteligencia artificial”…
Desde una perspectiva socialista,
la respuesta no consiste en rechazar el progreso tecnológico, sino en disputar
su orientación. Una sociedad emancipada
podría utilizar la inteligencia artificial y la automatización para reducir las
jornadas laborales, eliminar trabajos repetitivos, ampliar el acceso al
conocimiento y liberar tiempo para el cuidado, la educación, la creación artística
y la participación social.
Ada como símbolo de la mujer en
la ciencia y de las desigualdades de clase Ada Lovelace se ha convertido en un
símbolo feminista no simplemente por haber sido una “mujer excepcional”, sino
porque su historia permite observar las barreras que históricamente impidieron
que innumerables mujeres desarrollaran sus capacidades científicas. Su
trayectoria demuestra que el talento no pertenece a un género determinado, pero
también evidencia que las oportunidades necesarias para desarrollarlo están
distribuidas de manera profundamente desigual.
Esta tensión continúa presente en
el desarrollo tecnológico contemporáneo. Gran parte de la infraestructura, los
datos y los recursos necesarios para desarrollar inteligencia artificial se
encuentran concentrados en un número reducido de grandes empresas y países. Al
mismo tiempo, numerosos procesos necesarios para sostener estos sistemas —desde
la producción de dispositivos electrónicos hasta la clasificación y moderación
de datos— dependen de cadenas globales de trabajo distribuidas de manera
profundamente desigual.
Por eso, la discusión sobre una
inteligencia artificial ética no puede limitarse exclusivamente a mejorar
algoritmos. También debe preguntarse quién controla la infraestructura
tecnológica, quién decide sus objetivos, quién obtiene sus beneficios y quién
soporta sus consecuencias.
La transparencia de los
algoritmos, la democratización del conocimiento y la participación social en
las decisiones tecnológicas son, por tanto, cuestiones profundamente políticas.
Recuperar el legado de Ada para el futuro
Ada Lovelace fue una mujer
adelantada a su tiempo, pero también fue producto de las contradicciones de ese
mismo tiempo. Su posición de clase le permitió acceder a espacios intelectuales
inaccesibles para la mayoría, mientras que su condición de mujer limitó el
reconocimiento y las posibilidades que encontraba dentro de ellos. Precisamente
por eso su historia sigue siendo relevante.
Hoy, frente al rápido desarrollo
de la inteligencia artificial, enfrentamos una nueva encrucijada: podemos
permitir que estas tecnologías se desarrollen principalmente según las
necesidades de acumulación y rentabilidad del capital, o podemos disputar colectivamente
su orientación para ponerlas al servicio de necesidades sociales. Recuperar el
espíritu de Ada no significa celebrar a una heroína aislada, sino reconocer la
capacidad humana que existe detrás de toda tecnología y luchar para que esa
capacidad pueda desarrollarse colectivamente. La verdadera emancipación
tecnológica no consiste en reemplazar a las personas por máquinas, sino en
utilizar las máquinas para ampliar la libertad humana, democratizar el
conocimiento y reducir las desigualdades.
El desafío, entonces, no es
detener el futuro tecnológico, sino disputarlo.
Ada Lovelace pudo acceder a un conocimiento que estaba vedado para la
enorme mayoría de las mujeres de su tiempo. Su historia recuerda que el
problema nunca ha sido la falta de capacidad de las mujeres, sino las
condiciones sociales que determinan quién puede estudiar, crear y ser
reconocido. Mientras esas desigualdades persistan en la producción tecnológica,
también estarán presentes, de una forma u otra, en las tecnologías que
construimos.
Lo subrayado/interpolado es nuestro.





No hay comentarios:
Publicar un comentario