Chile, exitista y autocomplaciente:
Temporales desnudan su pobreza y la miseria real...
Prolegómenos:
“Un pueblo sin memoria histórica y dignidad nada dignifica ni nada valen”...
Prof. Moreno Peralta
Secretario Ejecutivo ADDHEE.ONG
Reflexiona el Prof. Cárdenas Squella
Pero
de pronto todo el país puede enterarse de las precarias condiciones en que
viven millones de personas y de cómo los afectan particularmente estos
desastres naturales. De cómo cinco o seis días de lluvias y vientos pueden
acabar con sus viviendas, arrasar con sus escuelas, hospitales, plazas,
caminos, puentes y carreteras. Esto es, quebrar con la conectividad de sus pueblos
echar al suelo sus enseres, emprendimientos, cultivos y crianza de animales
para su sostenimiento. Además de perder servicios fundamentales como la luz
eléctrica y el agua potable.
Cierto
es que la última emergencia climática ha sido inédita, desmedida, y que
igualmente habría provocado serios trastornos en nuestro territorio, pero todo
se vio agravado por la precariedad de las viviendas en que habita el 17,3 por
ciento de chilenos, esto es 3 millones 500 mil personas. Además del 6 por
ciento de indigentes que no logran superar la extrema miseria, que viven en las
calles, centros religiosos de acogida, de allegados o guarecidos por las
estaciones de autobuses o edificios públicos.
Condiciones
muy similares a las de esas mil 200 familias que pueblan los más de mil 400
campamentos “irregulares” a lo largo y ancho de Chile, y que el Estado
democrático se encuentra demoliendo y erradicando a sus moradores para cumplir
con la demanda de sus propietarios y el “sacrosanto” derecho de propiedad
consagrado en la Constitución/artilugio de
1980.
Dificulto
que quien haya seguido las trasmisiones de la televisión puedan pensar que
Chile es un país pudiente, que estaría dando pasos relevantes en ponerle fin a
la pobreza, cuando centenares de viviendas populares y miles de personas se incorporan
abruptamente a la miseria al quedarse sin nada. Con suerte solo con sus
mascotas.
Damnificados esta vez por los
temporales que han acabado con sus trabajos y fuentes de ingreso, pasando
automáticamente a incrementar la cifra de ese 10 por ciento de trabajadores
desempleados. Que, por cierto, son muchos más si se considera el empleo
estacional y solo por horas. En los últimos días una voz oficial ha confirmado
que los que encuentran empleo irregular son más si se compara con los
contratados con sus derechos previsionales, horas de trabajo, vacaciones y
otros. Afectando sobre todo a las mujeres.
La
patética ley de reconstrucción nace propiciada por el régimen de los ricos!
Pero
mientras la lluvia se hacía copiosa y se extendía al norte del país de
geografía desierta, el Parlamento no suspendía sus afanes para que los
parlamentarios pudieran visitar sus regiones y tomar debida cuenta del
desastre, cuando próximamente tengan que discutir y aprobar una nueva ley de
presupuesto. Por el contrario, siguieron apoltronados en sus cómodos y
calientitos curules para aprobar, y muchos lamentar, la miscelánea ley de
Reconstrucción Nacional propiciada por el Gobierno. Un conjunto de medidas que,
en lo fundamental, significan rebajarle los impuestos a los más ricos y rebajar
los recursos destinados a los más pobres y de clase media. Una iniciativa que
ha dejado meridianamente claro que estamos ante un gobierno de los ricos, que
se humilla ante los inversionistas extranjeros, desprecia los derechos de los
trabajadores y carece de sensibilidad para conmoverse, siquiera, frente los
terribles efectos sociales de los cataclismos.
Cuando
todavía estamos lejos de cumplir con las víctimas de los terremotos, sunamis,
incendios y avalanchas sucedidas durante los gobiernos de Michelle Bachelet y
Gabriel Boric, poco se puede confiar en la promesa de La Moneda de ir al
rescate de las nuevas víctimas y comprometerse a la edificación de sus
viviendas en lugares que no estén expuestos a recibir los embates de la
naturaleza.
Paradojalmente,
son estos desastres naturales y las imágenes televisivas las que nos desnudan
la realidad de un país precario, de escandalosa inequidad social y ese
arrogante sentido de superioridad respecto de tantos países próximos o lejanos.
Con una democracia tan frágil como nuestra naturaleza y un sistema económico
que pone la esperanza de los pobres en manos de las ganancias de los
millonarios. Que históricamente lo único que señala es la ilimitada
voracidad de los ricos y el amargo devenir de los que menos tienen.
En
efecto, estas graves condiciones ambientales han hecho crecer el número de
pobres en cientos de miles. Aunque, por otro lado, hay otros que aseguran que
la tragedia se constituye en una gran oportunidad para las grandes empresas
constructoras y habitacionales.
Lo
subrayado/interpolado es nuestro.






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