Canadá responderá «dólar por dólar» contra la guerra comercial de Trump
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Estados Unidos - Canadá: Fin del Tratado T-MEC. Análisis editorial La
Jornada de México
Prolegómeno: Es
la hora de la Patria Continente América Latina y Caribe.
La decadencia, agonía y muerte de Estados Unidos
con su proyecto hegemónico capitalista determinista globalizado imperialista. El
Sur Socialista marxista No alineado y la mundialización del Nuevo Orden
multipolar, asume una convergencia histórica en el marco del legado del General
Libertador Simón Bolívar Palacios y Blanco, una federación de Pueblos Latinoamericanos
y Caribeños con una solidaridad militante fundada en semejanza de origen, de
intereses, idioma, sentimientos, costumbres y aspiraciones desde Río Bravo a la
Antártida…
Lo fundamental es que ha llegado la hora de
nuestra América Latina y Caribeña. Este hecho trascendente exige una condición
sine qua non: junto al fallecimiento /desaparición del perverso sistema
capitalista determinista globalizado deben desaparecer la clase empresarial,
financiera/bancaria/ agiotista, agrícola monopolista y su testaferra la clase
burguesa politicastra/castrense corrupta: ambas parásitas, sibaritas y vende
patria. El ser humano latinoamericano y caribeño tiene consciencia de ello y
está dispuesto a afrontar las responsabilidades consecuentes de este histórico
desafío. Porque es la única alternativa revolucionaria para zanjar el dilema
aún no resuelto: “socialismo marxista o capitalismo determinista salvaje”.
Los caminos intermedios socialdemócratas corresponden a la antesala de la
traición…
Con esperanza y memoria que los pueblos dignos,
libres y soberanos hacen la verdadera historia consecuentemente, que, “sólo
merecen la libertad y la vida quienes luchan por un nuevo mundo socialista
marxista donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente
libres: Luz, más luz”…
Secretario ejecutivo ADDHEE.ONG
Berlín, 20 de agosto de 2026
Por: Marcelo Solervicens/escritor,
periodista y analista internacional/ADDHEE.ONG:
Es así como, desde la
madrugada del sábado 22 de agosto, la administración Trump impuso nuevas
tarifas aduaneras de 50% a exportaciones canadienses hacia EUA por un valor
de 28 mil millones de dólares canadienses. La larga lista incluye productos manufacturados, entre otros,
con acero, para automóviles, electrónicos, además de ropa, muebles, cemento,
hasta productos para hockey.
Aunque el aumento de las
tarifas aduaneras concierne sólo el 5% de los 596 millones de CAD de
exportaciones del principal socio comercial de EUA, su impacto en el
sector manufacturero de las provincias de Quebec, Ontario y
Columbia Británica es enorme. Un estudio prevé la eliminación de 90 mil empleos. Ello
obliga a los gobiernos federal y provinciales a revivir préstamos y subvenciones semejantes
a las de la pandemia, para ayudar empresas manufactureras y trabajadores.
¡Canadá el 51° Estado de Estados Unidos
ya!
Se trata del cuarto ataque comercial de Donald Trump contra Canadá
desde que iniciara su segundo mandato en enero de 2025. Se agregan a las
fuertes tarifas contra la industria automotriz, el acero y el aluminio. Todo
ello en medio de amenazas de transformar Canadá en el 51º Estado de EU. Hasta
ahora Canadá ha respondido, cada vez, con sus propias contramedidas al
constatar que la firma de Donald Trump es con lápiz carbón.
El contexto es importante:
producto de su geografía Canadá comparte una frontera de 9 mil kilómetros, es
el principal socio comercial de EUA, a quien destina 72% de sus exportaciones.
No es por nada que el antiguo Primer Ministro Pierre Elliot Trudeau, en 1969, explicaba que ser vecino de
EUA equivalía a “dormir con un elefante”. Una situación que recuerda la
célebre frase atribuida a Porfirio Díaz “Pobre México, tan lejos de Dios y
tan cerca de Estados Unidos”, y recordada por AMLO en 2021.
En 1989, comenzó a regir
un acuerdo de libre comercio bilateral con Estados Unidos. En 1994, fue extendido a
México bajo el TLCAN (NAFTA). Años más tarde, durante su primer mandato, Donald
Trump impuso cambios y el acuerdo pasó a llamarse T-MEC en español (CUSMA, en
inglés, ACEUM, en francés). Trump anunció el 1 de julio (última fecha para
hacerlo) que no renovaba el T-MEC, pero no anunció que lo rompía, con ello, a
pesar de revisiones anuales, el T-MEC sigue vigente, hasta 2035.
Canadá sigue abierto a
renegociar el T-MEC, pero algunos consideran que ya está muerto, por lo menos bajo Trump. Ciertamente, Canadá puede
apelar, como lo establece el T-MEC, ante la Organización Mundial de Comercio (OMC), pero esa gestión demora meses o años y no es seguro
que Trump acepte la decisión.
Tras la experiencia de los
tratados de libre comercio regionales en América del Norte, muchos dudan hoy sobre el éxito de la apuesta canadiense de
1989, bajo el gobierno de Brian Mulroney. Entonces, en el marco de la
globalización la integración regional aparecía como la mejor manera de asegurar
el desarrollo económico. Lo cierto es que en el nuevo contexto de fin de la
globalización y retorno de bloques multilaterales, por la actitud del régimen
estadounidense, ya no es viable.
Mark Carney en su célebre discurso en el foro en Davos, afirmó: “no se vive una transición, sino que se
asiste a una ruptura del orden mundial, sus normas e instituciones”.
Canadá, como potencia intermedia, para sentarse en la mesa de la geopolítica
mundial y no ser parte del menú debe, para sobrevivir al neocolonialismo
estadunidense propio de la doctrina Monroe, vuelve a plantearse, como en los
años 70, la diversificación de su economía estrechando lazos con Europa y otras
regiones, fortaleciendo los lazos económicos entre las provincias de la
federación para fortalecer el mercado interno y transformarse en una potencia
energética.
Es por esta política
pragmática, ante las amenazas de Donald Trump, que Carney ganó las elecciones en abril de 2025. Aunque todavía
se está lejos del objetivo, la ruptura de negociaciones es
mayoritariamente apoyada por los canadienses en las encuestas. Y es que, la respuesta de Mark Carney ante la guerra comercial desatada por el
actual inefable emperador Trump, lo habría transformado en el líder de los insumisos frente a Trump. Mark Carney argumenta que Canadá está preparado para
defenderse: sigue creciendo, hay grandes proyectos de infraestructura por 500
mil millones de dólares, está lista fiscalmente, está unido y está realizando
el viraje hacia una economía diversificada abriendo nuevos destinos para sus
exportaciones.
Por lo pronto,
Donald Trump, demoró en responder,
insistiendo en que Canadá quiere tener los beneficios de un Estado de EUA, sin
serlo y que no habrá más concesiones. Algunos, como el exlíder del NPD, Tom Mulcair, esperan que vuelvan las negociaciones antes
del 8 de septiembre próximo, cuando Canadá amenaza con
aplicar sus contramedidas.
Lo cierto es que lo que ocurra sigue siendo impredecible. No debe olvidarse que la apuesta de Mark Carney se basa en un creciente consenso de que Donald Trump ha perdido fuerza por la ausencia de los “deals” prometidos en política internacional y nacional. Incluso su estrategia de las “beautiful” tarifas aduaneras, ha sido rechazada por la Corte Suprema debiendo recurrir ahora a otra ley de 1930, que también sería rechazada por el poder judicial. El colapso de las negociaciones entre Canadá y EUA aparece como un nuevo contratiempo para el emperador Trump, en su camino hacia elecciones de medio mandato. Las encuestas apuntan a que, al igual que otros presidentes, perdería el control del Congreso, tanto de la Cámara de representantes como del Senado.
EU-Canadá: ¿fin del T-MEC?
Editorial / Análisis –
La Jornada/Other News/ ADDHEE.ONG:
Tras rubricar su
derrota estratégica ante Irán con la amenaza de una “operación económica
devastadora” contra ese país, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump,
resucitó la hostilidad hacia Canadá al imponer aranceles generalizados de 50
por ciento a las importaciones de su vecino del norte, luego de que fracasó su
empeño por obtener ventajas excesivas en el comercio bilateral. La respuesta
del primer ministro Mark Carney no se hizo esperar: puso fin a las
negociaciones y advirtió que su país “igualará los nuevos aranceles de Estados
Unidos dólar por dólar, con el fin de proteger a los trabajadores,
agricultores, familias y empresas canadienses”. Asimismo, reveló que “a
principios de esta semana creíamos que avanzábamos hacia un acuerdo mutuamente
beneficioso”, pero que a última hora “el equipo estadunidense propuso nuevas
condiciones económicamente inviables e injustas” e intentó restringir “nuestra
capacidad de firmar nuevos acuerdos comerciales”.
Ambas partes emplean ya
abiertamente la expresión “guerra comercial” y en su más reciente réplica, el régimen
de Trump amagó ayer, por boca de su secretario de Transporte, Sean Duffy, con
provocar un “impacto devastador” en la economía canadiense y con el pronóstico
de que Ottawa volverá “muy, muy pronto” a la mesa de negociaciones. El inefable
ocupante de la Casa Blanca, de su lado, no dudó en recurrir de nuevo a la
ofensiva idea de que Canadá debe convertirse en el estado 51 de su país.
“Quiere los beneficios de ser un estado sin serlo”, escribió en su red Truth
Social.
Tanto Canadá como México
han señalado la necesidad de renovar el Tratado entre México, Estados Unidos y
Canadá (T-MEC) “lo antes posible” a fin de dar certidumbre a empresas y
trabajadores de Norteamérica, como lo acordaron en una llamada telefónica el jueves
pasado. Sin embargo, el régimen estadounidense se ha empecinado en
mantener negociaciones bilaterales separadas con sus socios del norte y del
sur, y en el caso canadiense las tratativas fracasaron y derivaron en una
confrontación arancelaria que, de mantenerse, significará el fin del libre
comercio entre esos dos países y, por ende, del T-MEC.
Es ya proverbial la
tendencia de Trump a elevar el tono de sus amenazas y su inclinación por la
violencia –no sólo la verbal– cuando se encuentra acorralado, y en el momento
actual ciertamente tiene motivos para estarlo: al desastre militar que él mismo
provocó en el golfo Pérsico se suman el mal desempeño de la economía y, de la
mano de ambos asuntos, la caída en picada de su popularidad, justo en vísperas
de las elecciones legislativas de noviembre, por no mencionar los reveses
políticos y judiciales que ha venido experimentando. Por otra parte, a ojos de
socios, aliados y adversarios por igual, el régimen de Estados Unidos ha
dejado de ser un interlocutor confiable, propenso a poner sobre la mesa
exigencias de última hora para luego dar una patada al tablero y acusar a la
contraparte del fracaso del diálogo; en ese sentido, lo ocurrido en el ámbito
comercial entre Canadá y Estados Unidos no difiere en mucho de los
fallidos intentos para lograr un alto el fuego definitivo y estable entre Estados
Unidos e Irán…
Lo cierto es que para
México no es una buena noticia la guerra de aranceles entre Estados Unidos y
Canadá, no sólo porque ello significaría la muerte del T-MEC, que tan
beneficioso ha sido para los tres países que lo integran, sino porque el
gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum tendría que hacer frente a una
negociación en solitario con un socio voluble, tramposo y dado a practicar la
extorsión y a jugar con la incertidumbre. Pero si ese es el escenario
inevitable, será preciso afrontarlo con serenidad, con espíritu constructivo y,
sobre todo, con cohesión y unidad nacional.
Lo subrayado/interpolado
es nuestro.






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