lunes, 24 de agosto de 2026

Comandante Fidel Castro Ruz, tu nombre es Revolución, PRESENTE HOY Y SIEMPRE…

 



Comandante Fidel Castro Ruz, tu nombre es Revolución, PRESENTE HOY Y SIEMPRE…

Por Emir Sader/Escritor y analista internacional/ADDHEE.ONG:

Berlín 13 agosto 2026.

Hasta la Revolución Cubana, la revolución y el socialismo eran conceptos lejanos para nosotros en Brasil y en toda Latinoamérica. Se asociaban con Lenin y Mao, un fenómeno asiático distante.

La Revolución Cubana nos tomó a todos por sorpresa. Estaba aquella foto de unos hombres barbudos posando como un equipo de fútbol, ​​que habían derrotado a un dictador en Centroamérica (el Caribe aún no existía como tal para los medios).

Primero, hubo una euforia generalizada. Una de las mezquitas, de Estadão, estuvo en uno de los primeros grupos que viajaron a la isla para celebrar la victoria de la democracia sobre la dictadura. Pronto el proceso comenzó a tomar forma, volviéndose primero antiimperialista, luego socialista, y la izquierda revolucionaria aquí se identificó cada vez más con ese proceso.

El debate entre reforma y revolución, liderado aquí por el PCB (Partido Comunista Brasileño) por un lado y por grupos revolucionarios por el otro (Polop, PC do B, AP, en orden de aparición, a partir de 1961), encontró su respuesta en el triunfo de Fidel, Che y sus compañeros. Mientras que los proyectos reformistas se agotaron aquí —y los nuestros se agotarían poco después, cinco años después de la victoria cubana—, el camino revolucionario se abrió a través de la guerra de guerrillas.

La primera medida de  la Revolución Cubana:

Los problemas que no se resolvieron aquí, o que solo se abordaron parcialmente, fueron resueltos de la manera más radical y profunda por la Cuba revolucionaria. La primera medida revolucionaria que nos impactó profundamente fue la consulta con los estudiantes sobre si querían suspender el año escolar e ir a enseñar a leer y escribir a la población cubana, concentrada principalmente en el campo. Y así, Cuba resolvió el problema del analfabetismo de la manera más radical y popular.

Al mismo tiempo, en el primer año de la revolución, se fundó la Casa de las Américas, que comenzó a reunir a intelectuales latinoamericanos. Más tarde, Antonio Cándido diría que solo conoció la literatura latinoamericana a través de Cuba, a través de la Casa de las Américas. Antes de eso, a lo sumo conocía la literatura argentina, (a lo sumo Borges). Se fundó el ICAIC, que impulsaría el cine revolucionario cubano.

Y, en el plano estructural de la sociedad cubana, se implementaron una reforma agraria, una reforma urbana y la nacionalización de las empresas azucareras. A partir de ahí, la confrontación con Estados Unidos se aceleró, y Cuba, marcando el camino revolucionario, pasó de su fase nacional y democrática a su fase antiimperialista, anticapitalista y socialista. “Revolución socialista o caricatura de revolución”, en palabras del comandante Ernesto Guevara de la Serna

En Brasil y Latinoamérica, fue el momento decisivo para la izquierda. Los partidos comunistas se sentían incómodos con el triunfo revolucionario en Cuba y la capacidad de captación de jóvenes que les brindaba la imagen de Fidel y el Che. Los movimientos de izquierda radical proliferaron y adoptaron la lucha armada a medida que se desarrollaba el golpe de Estado en Brasil, poniendo fin al poder hegemónico del PCB dentro de la izquierda brasileña.

Los discursos de Fidel se difundieron ampliamente a través de la edición internacional de Granma y otros canales, como los publicados en Uruguay o Argentina, que luego se transmitían en Cuba. En ocasiones, se veían imágenes de la Plaza de la Revolución repleta de millones de personas escuchando los discursos de Fidel, que duraban horas. “¡Patria o muerte, venceremos!” se hizo conocido por todos.

Fidel se convirtió en el líder de izquierda más importante del mundo en el siglo XX, proyectando la imagen de la Revolución Cubana a nivel mundial. Sus viajes, desde Estados Unidos hasta países de África, como Argelia, y Asia, como Vietnam, llevaron su discurso internacionalista por todo el mundo.

Tuvo que afrontar difíciles dilemas. Cuando el primer ciclo de movimientos guerrilleros —Venezuela, Perú, Guatemala— fue derrotado, Cuba quedó condenada al aislamiento, aún más porque los partidos comunistas tampoco eran un aliado importante. La muerte física del comandante Guevara de la Serna consolidó este aislamiento en el continente. Fidel, una vez más, tuvo la audacia de establecer una alianza estratégica con la URSS, dado que China había cerrado las puertas a esta posibilidad.

Con esto, Fidel aseguró el futuro de la revolución en un pequeño país caribeño, exportador de azúcar, rodeado por la mayor potencia imperialista de la historia. Pero tuvo que someter a la isla a la división del trabajo del bloque socialista, que no preveía la industrialización de Cuba, el sueño del comandante Guevara de la Serna cuando era ministro de Economía al inicio de la revolución. Sin embargo, Cuba garantizaba el suministro de petróleo, el armamento necesario y la seguridad de un mercado con buenos precios para su producción azucarera. Fue el período de mayor desarrollo económico en Cuba y de mayor mejora en las condiciones de vida de su población.

Fidel tuvo la oportunidad de ejercer su audacia revolucionaria de diversas maneras, por ejemplo, cuando envió tropas cubanas de élite para detener el avance de las tropas sudafricanas en Angola, hazaña que se logró con éxito. O cuando apoyó abiertamente a las fuerzas sandinistas, creyendo que la victoria era posible con Estados Unidos neutralizado.

Cuba tras seis meses de bloqueo petrolero: la crisis y el camino hacia la recuperación:

 La salida justa no es ni la capitulación ni el aislamiento es el fin del castigo colectivo y la cooperación internacional basada en la igualdad. Ese camino puede devolver la luz a Cuba al tiempo que preserva su derecho soberano a determinar su propio destino…

Por Vijay Prashad/ escritor, historiador, comunicador social y analista internacional/La India/ ADDHEE.ONG:

Durante más de seis décadas, los Estados Unidos ha intentado hacer que el Pueblo Cubano pague por su decisión de seguir un camino independiente soberano y socialista. La última fase de esta guerra económica ha apuntado a la arteria más vulnerable de la isla: su suministro energético. Seis meses después de que Estados Unidos intensificara la presión sobre los países y las empresas que suministran petróleo a Cuba, la política no ha traído democracia ni ha mejorado la vida de los cubanos de a pie. Ha provocado hogares más oscuros, autobuses inmovilizados, interrupciones en los hospitales y una mayor dificultad para transportar alimentos de las granjas a las ciudades.

La tarea inmediata es evitar un desastre humanitario. La tarea más amplia consiste en sustituir la coacción por la cooperación soberana y ayudar a Cuba a construir un sistema energético que no pueda volver a ser estrangulado por una potencia extranjera.

Seis meses de crisis cada vez más profunda

El 29 de enero de 2026, el presidente de los EEUU, Donald Trump, emitió una orden ejecutiva que establecía un mecanismo para imponer aranceles adicionales a los productos procedentes de cualquier país que suministrara petróleo, directa o indirectamente, a Cuba. El régimen estadounidense presentó la medida como una defensa de la seguridad nacional de los EEUU. Su propósito práctico era inequívoco: obligar a terceros países a elegir entre una pequeña nación caribeña en dificultades económicas y el acceso al enorme mercado estadounidense.

Las medidas arancelarias autorizadas en virtud de esta y otras órdenes de emergencia expiraron el 20 de febrero. Sin embargo, la emergencia declarada siguió vigente, al igual que el sistema de sanciones más amplio, las amenazas contra los proveedores y la incertidumbre en torno a los buques con destino a Cuba. El resultado se ha descrito como un bloqueo petrolero efectivo: no necesariamente una línea permanente de buques de guerra estadounidenses, sino un sistema de presión indirecta capaz de disuadir a gobiernos, bancos, aseguradoras, empresas navieras y comerciantes de realizar comercio legítimo con Cuba. El golpe recayó sobre una economía que ya se encontraba bajo una presión extraordinaria. Cuba había dependido durante mucho tiempo del petróleo importado, particularmente de Venezuela, mientras producía solo una parte de sus necesidades. Los envíos venezolanos disminuyeron tras el ataque de los Estados Unidos contra ese país el 3 de enero de 2026; los suministros mexicanos se vieron sometidos a la presión estadounidense, y Cuba carecía de las divisas necesarias para adquirir suficiente combustible en otros lugares. Las centrales térmicas obsoletas, el mantenimiento atrasado, los huracanes, la inflación y la pérdida de ingresos por turismo agravaron el daño.

La escasez de combustible se extendió a todos los ámbitos de la vida social. Las fallas técnicas en la frágil red eléctrica provocaron repetidamente apagones en toda la isla. Los cortes de electricidad detuvieron las bombas de agua, mientras que los refrigeradores dejaron de funcionar, echando a perder los escasos alimentos y medicamentos. Las familias se vieron obligadas a cocinar, estudiar y dormir bajo un calor extremo sin un suministro eléctrico confiable.

El transporte quedó igualmente paralizado. Circulaban menos autobuses públicos, las estaciones de servicio cerraron o racionaron el suministro, y los trabajadores tuvieron dificultades para llegar a sus puestos de trabajo. Cuando no hay diésel disponible, no es fácil cosechar los cultivos, y los alimentos no pueden transportarse desde los productores rurales hasta los consumidores urbanos. La recolección de basura y el saneamiento se deterioran. Las ambulancias, los hospitales y las clínicas deben racionar el combustible de los generadores, incluso mientras crece la escasez de medicamentos y suministros básicos. Se cancelaron o desviaron vuelos porque los aeropuertos cubanos no podían garantizar el combustible de aviación, lo que dañó aún más al turismo – una de las principales fuentes de divisas del país.

La carga es desigual. Los hogares con dólares a veces pueden obtener alimentos, transporte, baterías o equipos solares; los trabajadores y jubilados que dependen de los pesos tienen muchas menos opciones. Las mujeres asumen gran parte del trabajo adicional no remunerado de conseguir alimentos y agua, así como de cuidar a sus familiares. Las comunidades rurales, las personas con discapacidad y los pacientes que requieren medicamentos refrigerados enfrentan riesgos particulares. Las principales víctimas de la política de los Estados Unidos son todo el Pueblo Cubano.

Una salida basada en la paz, la soberanía y la reconstrucción: Naciones Unidas y los gobiernos libres/soberanos acuerdan establecer un corredor de combustible supervisado, un acuerdo humanitario en materia de energía para Cuba…

La salida debe comenzar con un acuerdo humanitario inmediato en materia de energía. Cuba requiere entregas predecibles, no cargamentos ocasionales que dependan de permisos políticos. Las Naciones Unidas, junto con los gobiernos de América Latina y el Caribe que estén dispuestos a colaborar, deberían establecer un corredor de combustible supervisado. Los envíos podrían destinarse a la generación de energía, los hospitales, el agua y el saneamiento, la producción de alimentos, el transporte público y la preparación para desastres.

Una exención carece de sentido si los bancos no procesan los pagos, las aseguradoras no cubren a los buques y las empresas navieras temen ser sancionadas. Los gobiernos participantes deben proporcionar garantías de pago, seguros y protección legal a los proveedores humanitarios. Los Estados Unidos debe emitir licencias generales y duraderas, en lugar de exenciones caso por caso.

En segundo lugar, la ayuda de emergencia debe abrir la puerta a una desescalada negociada. Estados Unidos y Cuba deben iniciar conversaciones estructuradas, con el apoyo, cuando sea pertinente, de la CARICOM, la CELAC, México y otros intermediarios de confianza. El principio debe ser la reciprocidad sin coacción. Los Estados Unidos debería suspender las medidas que penalizan el comercio con terceros países y establecer un cronograma verificable para el levantamiento de las sanciones. La negociación no puede significar exigir un cambio de régimen como precio para permitir que una población satisfaga sus necesidades básicas. Tampoco deberían las necesidades humanitarias quedar como rehenes de cada disputa no resuelta entre los dos gobiernos.

 

En tercer lugar, Cuba ya ha comenzado a diversificar sus proveedores y su sistema energético. Los contratos con varios productores, las compras conjuntas con socios caribeños y las reservas regionales de almacenamiento podrían reducir los costos y amortiguar las interrupciones repentinas. La cooperación técnica podría ayudar a estabilizar los equipos generadores antiguos mientras se construye nueva capacidad. A mediano plazo, la solución más duradera radica en la energía renovable y descentralizada. Cuba cuenta con abundante luz solar y un potencial significativo para la energía solar, la biomasa y la generación eólica cuidadosamente ubicada. Los sistemas solares instalados en los techos de clínicas, escuelas, granjas y edificios de apartamentos, junto con baterías, reducirían la demanda sobre la red eléctrica nacional. Las microrredes comunitarias podrían mantener en funcionamiento las bombas de agua, la refrigeración y las comunicaciones cuando falle una planta importante. El bagazo de la industria azucarera y los residuos agrícolas pueden contribuir a la generación de energía si los proyectos se gestionan de manera sostenible. Las energías renovables no deben convertirse en un eslogan que ignore las limitaciones materiales: los proyectos necesitan financiamiento, repuestos, técnicos capacitados, baterías y sistemas de reciclaje.

Para los países del Sur Global, la difícil situación de Cuba no es una disputa bilateral lejana. Las sanciones secundarias y las amenazas arancelarias establecen el peligroso principio de que un Estado poderoso puede dictar cuáles son los socios comerciales legítimos de cualquier otra nación. Defender el derecho de Cuba a adquirir energía forma, por lo tanto, parte de la defensa de un orden internacional democrático. El Sur Global debe oponerse a la coacción extraterritorial, apoyar los suministros humanitarios y la cooperación en materia de energía renovable, y colaborar con otros Estados para proteger el comercio legítimo de las sanciones unilaterales.

El Pueblo Cubano ha sobrevivido a seis décadas de presión gracias a la organización social, la solidaridad internacional y una resistencia extraordinaria. Sin embargo, esa resistencia no debe idealizarse. A ningún pueblo se le debería exigir que viva indefinidamente sin electricidad, transporte, alimentos o medicamentos confiables para demostrar su compromiso con la soberanía. La salida justa no es ni la capitulación ni el aislamiento. Es el fin del castigo colectivo y la cooperación internacional basada en la igualdad. Ese camino puede devolver la luz a Cuba al tiempo que preserva su derecho soberano a determinar su propio futuro.

*Historiador y periodista indio. Es autor de cuarenta libros, entre los que se incluyen Balas de Estados Unidos, Una estrella roja sobre el Tercer Mundo, Las naciones oscuras: una historia del Tercer Mundo; Las naciones pobres: una posible historia del Sur Global y How the International Monetary Fund Suffocates Africa, escrito con Grieve Chelwa. Es el director ejecutivo de Tricontinental: Instituto de Investigación Social, corresponsal jefe de Globetrotter, y el editor jefe de LeftWord Books (Nueva Delhi). 

Lo subrayado/interpolado es nuestro.


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