Comandante Fidel Castro Ruz, tu nombre es Revolución,
PRESENTE HOY Y SIEMPRE…
Por
Emir Sader/Escritor y analista internacional/ADDHEE.ONG:
Berlín 13 agosto 2026.
Hasta
la Revolución
Cubana, la revolución y el socialismo eran conceptos
lejanos para nosotros en Brasil y en toda Latinoamérica. Se asociaban con Lenin
y Mao, un fenómeno asiático distante.
Primero, hubo una euforia
generalizada. Una de las mezquitas, de Estadão, estuvo en uno de los primeros
grupos que viajaron a la isla para celebrar la victoria de la democracia sobre
la dictadura. Pronto el proceso comenzó a tomar forma, volviéndose primero
antiimperialista, luego socialista, y la izquierda revolucionaria aquí se
identificó cada vez más con ese proceso.
El debate entre reforma y revolución,
liderado aquí por el PCB (Partido Comunista Brasileño) por un lado y por grupos
revolucionarios por el otro (Polop, PC do B, AP, en orden de aparición, a
partir de 1961), encontró su respuesta en el triunfo de Fidel, Che y sus
compañeros. Mientras que los proyectos reformistas se agotaron aquí —y los
nuestros se agotarían poco después, cinco años después de la victoria cubana—,
el camino revolucionario se abrió a través de la guerra de guerrillas.
La primera medida de la Revolución Cubana:
Los problemas que no se
resolvieron aquí, o que solo se abordaron parcialmente, fueron resueltos de la
manera más radical y profunda por la Cuba revolucionaria. La primera medida
revolucionaria que nos impactó profundamente fue la consulta con los
estudiantes sobre si querían suspender el año escolar e ir a enseñar a leer y
escribir a la población cubana, concentrada principalmente en el campo. Y
así, Cuba resolvió el problema del analfabetismo de la manera más
radical y popular.
Al mismo tiempo, en el
primer año de la revolución, se fundó la Casa de las Américas,
que comenzó a reunir a intelectuales latinoamericanos. Más tarde, Antonio
Cándido diría que solo conoció la literatura latinoamericana a través de Cuba,
a través de la Casa de las Américas. Antes de eso, a lo sumo conocía la
literatura argentina, (a lo sumo Borges). Se fundó el ICAIC, que impulsaría el
cine revolucionario cubano.
Y, en el plano estructural
de la sociedad cubana, se implementaron una reforma agraria, una reforma
urbana y la nacionalización de las empresas azucareras. A partir de
ahí, la confrontación con Estados Unidos se aceleró, y
Cuba, marcando el camino revolucionario, pasó de su fase nacional y democrática
a su fase antiimperialista, anticapitalista y socialista.
“Revolución socialista o caricatura de revolución”, en palabras del comandante
Ernesto Guevara de la Serna
En Brasil y Latinoamérica,
fue el momento decisivo para la izquierda. Los partidos comunistas se sentían
incómodos con el triunfo revolucionario en Cuba y la capacidad de captación de
jóvenes que les brindaba la imagen de Fidel y el Che. Los movimientos de izquierda radical proliferaron y adoptaron la
lucha armada a medida que se desarrollaba el golpe de Estado en Brasil, poniendo
fin al poder hegemónico del PCB dentro de la izquierda brasileña.
Los discursos de Fidel se
difundieron ampliamente a través de la edición internacional de Granma y otros canales, como los publicados
en Uruguay o Argentina, que luego se transmitían en Cuba. En ocasiones, se
veían imágenes de la Plaza de la Revolución repleta de millones de personas
escuchando los discursos de Fidel, que duraban horas. “¡Patria
o muerte, venceremos!” se hizo conocido por todos.
Fidel se convirtió en el
líder de izquierda más importante del mundo en el siglo XX, proyectando la
imagen de la Revolución Cubana a nivel mundial. Sus viajes, desde Estados
Unidos hasta países de África, como Argelia, y Asia, como Vietnam, llevaron su
discurso internacionalista por todo el mundo.
Tuvo que afrontar difíciles
dilemas. Cuando el primer ciclo de movimientos guerrilleros —Venezuela, Perú,
Guatemala— fue derrotado, Cuba quedó condenada al aislamiento, aún más porque
los partidos comunistas tampoco eran un aliado importante. La muerte física del
comandante Guevara de la Serna consolidó este aislamiento en el continente. Fidel, una vez más, tuvo la audacia de establecer una
alianza estratégica con la URSS, dado que China había cerrado las
puertas a esta posibilidad.
Con esto, Fidel aseguró el
futuro de la revolución en un pequeño país caribeño, exportador de azúcar,
rodeado por la mayor potencia imperialista de la historia. Pero tuvo que someter a la isla a la división del trabajo del bloque
socialista, que no preveía la industrialización de Cuba, el sueño del comandante
Guevara de la Serna cuando era ministro de Economía al inicio de la
revolución. Sin embargo, Cuba garantizaba el suministro de petróleo,
el armamento necesario y la seguridad de un mercado con buenos precios para su
producción azucarera. Fue el período de mayor desarrollo económico en Cuba y de
mayor mejora en las condiciones de vida de su población.
Fidel tuvo la oportunidad de
ejercer su audacia revolucionaria de diversas maneras, por ejemplo, cuando
envió tropas cubanas de élite para detener el avance de las tropas sudafricanas
en Angola, hazaña que se logró con éxito. O cuando apoyó abiertamente a las
fuerzas sandinistas, creyendo que la victoria era posible con Estados Unidos
neutralizado.
Cuba tras seis meses de bloqueo petrolero: la
crisis y el camino hacia la recuperación:
La salida justa no es ni la capitulación ni el aislamiento es el fin del castigo colectivo y la cooperación internacional basada en la igualdad. Ese camino puede devolver la luz a Cuba al tiempo que preserva su derecho soberano a determinar su propio destino…
Por Vijay Prashad/ escritor, historiador,
comunicador social y analista internacional/La India/ ADDHEE.ONG:
Durante más de seis décadas, los
Estados Unidos ha intentado hacer que el Pueblo Cubano pague por su decisión de
seguir un camino independiente soberano y socialista. La última fase de
esta guerra económica ha apuntado a la arteria más vulnerable de la isla: su
suministro energético. Seis meses después de que Estados Unidos
intensificara la presión sobre los países y las empresas que suministran
petróleo a Cuba, la política no ha traído democracia ni ha mejorado la vida de
los cubanos de a pie. Ha provocado hogares más oscuros, autobuses
inmovilizados, interrupciones en los hospitales y una mayor dificultad para
transportar alimentos de las granjas a las ciudades.
La tarea inmediata es evitar un
desastre humanitario. La tarea más amplia consiste en sustituir la coacción por
la cooperación soberana y ayudar a Cuba a construir un sistema energético que
no pueda volver a ser estrangulado por una potencia extranjera.
Seis meses de crisis cada vez
más profunda
El 29 de enero de 2026, el
presidente de los EEUU, Donald Trump, emitió una orden ejecutiva que establecía
un mecanismo para imponer aranceles adicionales a los productos procedentes de
cualquier país que suministrara petróleo, directa o indirectamente, a Cuba. El
régimen estadounidense presentó la medida como una defensa de la seguridad
nacional de los EEUU. Su propósito práctico era inequívoco: obligar a terceros
países a elegir entre una pequeña nación caribeña en dificultades económicas y
el acceso al enorme mercado estadounidense.
Las medidas arancelarias
autorizadas en virtud de esta y otras órdenes de emergencia expiraron el 20 de
febrero. Sin embargo, la emergencia declarada siguió vigente, al igual que el
sistema de sanciones más amplio, las amenazas contra los proveedores y la
incertidumbre en torno a los buques con destino a Cuba. El resultado se ha
descrito como un bloqueo petrolero efectivo: no necesariamente una línea
permanente de buques de guerra estadounidenses, sino un sistema de presión
indirecta capaz de disuadir a gobiernos, bancos, aseguradoras, empresas
navieras y comerciantes de realizar comercio legítimo con Cuba. El golpe recayó
sobre una economía que ya se encontraba bajo una presión extraordinaria. Cuba
había dependido durante mucho tiempo del petróleo importado, particularmente de
Venezuela, mientras producía solo una parte de sus necesidades. Los envíos
venezolanos disminuyeron tras el ataque de los Estados Unidos contra ese país
el 3 de enero de 2026; los suministros mexicanos se vieron sometidos a la presión
estadounidense, y Cuba carecía de las divisas necesarias para adquirir
suficiente combustible en otros lugares. Las centrales térmicas obsoletas, el
mantenimiento atrasado, los huracanes, la inflación y la pérdida de ingresos
por turismo agravaron el daño.
La escasez de combustible se
extendió a todos los ámbitos de la vida social. Las fallas técnicas en la
frágil red eléctrica provocaron repetidamente apagones en toda la isla. Los
cortes de electricidad detuvieron las bombas de agua, mientras que los refrigeradores
dejaron de funcionar, echando a perder los escasos alimentos y medicamentos.
Las familias se vieron obligadas a cocinar, estudiar y dormir bajo un calor
extremo sin un suministro eléctrico confiable.
El transporte quedó igualmente
paralizado. Circulaban menos autobuses públicos, las estaciones de servicio
cerraron o racionaron el suministro, y los trabajadores tuvieron dificultades
para llegar a sus puestos de trabajo. Cuando no hay diésel disponible, no es
fácil cosechar los cultivos, y los alimentos no pueden transportarse desde los
productores rurales hasta los consumidores urbanos. La recolección de basura y
el saneamiento se deterioran. Las ambulancias, los hospitales y las clínicas
deben racionar el combustible de los generadores, incluso mientras crece la
escasez de medicamentos y suministros básicos. Se cancelaron o desviaron vuelos
porque los aeropuertos cubanos no podían garantizar el combustible de aviación,
lo que dañó aún más al turismo – una de las principales fuentes de divisas del
país.
La carga es desigual. Los
hogares con dólares a veces pueden obtener alimentos, transporte, baterías o
equipos solares; los trabajadores y jubilados que dependen de los pesos tienen
muchas menos opciones. Las mujeres asumen gran parte del trabajo adicional no
remunerado de conseguir alimentos y agua, así como de cuidar a sus familiares.
Las comunidades rurales, las personas con discapacidad y los pacientes que
requieren medicamentos refrigerados enfrentan riesgos particulares. Las
principales víctimas de la política de los Estados Unidos son todo el Pueblo
Cubano.
Una salida basada en la paz, la
soberanía y la reconstrucción: Naciones Unidas y los gobiernos libres/soberanos
acuerdan establecer un corredor de combustible supervisado, un acuerdo humanitario
en materia de energía para Cuba…
La salida debe comenzar con un
acuerdo humanitario inmediato en materia de energía. Cuba requiere entregas
predecibles, no cargamentos ocasionales que dependan de permisos políticos. Las
Naciones Unidas, junto con los gobiernos de América Latina y el Caribe que
estén dispuestos a colaborar, deberían establecer un corredor de combustible
supervisado. Los envíos podrían destinarse a la generación de energía, los
hospitales, el agua y el saneamiento, la producción de alimentos, el transporte
público y la preparación para desastres.
Una exención carece de sentido
si los bancos no procesan los pagos, las aseguradoras no cubren a los buques y
las empresas navieras temen ser sancionadas. Los gobiernos participantes deben
proporcionar garantías de pago, seguros y protección legal a los proveedores
humanitarios. Los Estados Unidos debe emitir licencias generales y duraderas,
en lugar de exenciones caso por caso.
En segundo lugar, la ayuda de
emergencia debe abrir la puerta a una desescalada negociada. Estados Unidos
y Cuba deben iniciar conversaciones estructuradas, con el apoyo, cuando
sea pertinente, de la CARICOM, la CELAC, México y otros intermediarios de
confianza. El principio debe ser la reciprocidad sin coacción. Los Estados
Unidos debería suspender las medidas que penalizan el comercio con terceros
países y establecer un cronograma verificable para el levantamiento de las
sanciones. La negociación no puede significar exigir un cambio de régimen como
precio para permitir que una población satisfaga sus necesidades básicas.
Tampoco deberían las necesidades humanitarias quedar como rehenes de cada
disputa no resuelta entre los dos gobiernos.
En tercer lugar, Cuba ya ha
comenzado a diversificar sus proveedores y su sistema energético. Los contratos
con varios productores, las compras conjuntas con socios caribeños y las
reservas regionales de almacenamiento podrían reducir los costos y amortiguar
las interrupciones repentinas. La cooperación técnica podría ayudar a
estabilizar los equipos generadores antiguos mientras se construye nueva
capacidad. A mediano plazo, la solución más duradera radica en la energía
renovable y descentralizada. Cuba cuenta con abundante luz solar y un potencial
significativo para la energía solar, la biomasa y la generación eólica
cuidadosamente ubicada. Los sistemas solares instalados en los techos de
clínicas, escuelas, granjas y edificios de apartamentos, junto con baterías,
reducirían la demanda sobre la red eléctrica nacional. Las microrredes
comunitarias podrían mantener en funcionamiento las bombas de agua, la
refrigeración y las comunicaciones cuando falle una planta importante. El
bagazo de la industria azucarera y los residuos agrícolas pueden contribuir a
la generación de energía si los proyectos se gestionan de manera sostenible.
Las energías renovables no deben convertirse en un eslogan que ignore las
limitaciones materiales: los proyectos necesitan financiamiento, repuestos,
técnicos capacitados, baterías y sistemas de reciclaje.
Para los países del Sur Global,
la difícil situación de Cuba no es una disputa bilateral lejana. Las sanciones
secundarias y las amenazas arancelarias establecen el peligroso principio de
que un Estado poderoso puede dictar cuáles son los socios comerciales legítimos
de cualquier otra nación. Defender el derecho de Cuba a adquirir energía forma,
por lo tanto, parte de la defensa de un orden internacional democrático. El Sur
Global debe oponerse a la coacción extraterritorial, apoyar los suministros
humanitarios y la cooperación en materia de energía renovable, y colaborar con
otros Estados para proteger el comercio legítimo de las sanciones unilaterales.
El Pueblo Cubano ha sobrevivido
a seis décadas de presión gracias a la organización social, la solidaridad
internacional y una resistencia extraordinaria. Sin embargo, esa resistencia no
debe idealizarse. A ningún pueblo se le debería exigir que viva indefinidamente
sin electricidad, transporte, alimentos o medicamentos confiables para
demostrar su compromiso con la soberanía. La salida justa no es ni la
capitulación ni el aislamiento. Es el fin del castigo colectivo y la
cooperación internacional basada en la igualdad. Ese camino puede devolver la
luz a Cuba al tiempo que preserva su derecho soberano a determinar su
propio futuro.
*Historiador y periodista indio.
Es autor de cuarenta libros, entre los que se incluyen Balas de Estados
Unidos, Una estrella roja sobre el Tercer Mundo, Las naciones oscuras: una
historia del Tercer Mundo; Las naciones pobres: una posible historia del Sur
Global y How the International Monetary Fund Suffocates Africa, escrito con
Grieve Chelwa. Es el director ejecutivo de Tricontinental: Instituto de
Investigación Social, corresponsal jefe de Globetrotter, y el editor jefe de
LeftWord Books (Nueva Delhi).
Lo subrayado/interpolado
es nuestro.



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