“Inteligencia artificial”, sometimiento y dependencia
en la capitalización de la industria digital en occidente…
Prolegómenos:
“El feudalismo tecnológico
capitalista determinista, la era digital, la telebasura, el celular y la inteligencia
artificial genocida/IAG, con su único objetivo, anular la Dignidad del ser
Humano… George Orwell/1984, la apocalipsis del sistema capitalista determinista…”
Prof. Moreno Peralta/IWA
Secretario Ejecutivo
ADDHEE.ONG
Berlín
26 de febrero 2026.
“La inteligencia
artificial”, actualmente el motor de capitalización de la industria digital,
necesita inmensas cantidades de energía y agua para funcionar. Si esa demanda
se listara como un país, estaría entre los 10 mayores consumidores de energía,
lo cual también conlleva gran uso de agua y suelos. Detallé esto en un artículo
anterior, con base en un estudio reciente de Naciones Unidas
(https://tinyurl.com/4makd7zm).
No se puede separar el uso
de la inteligencia artificial (IA), especialmente la IA generativa, de la
proliferación de infraestructura que la sostiene, como los centros de datos a
hiperescala. Son esos centros, la inferencia de la IA y su uso masivo, los que
generan la enorme demanda energética e hídrica. El estudio advierte que la
huella ambiental no disminuirá aún si se crean sistemas más eficientes, por la
“paradoja de Jevons”: los modelos más eficientes y su abaratamiento causan
mayor consumo y la demanda total de energía y agua aumenta.
Además el crecimiento de
esta industria es extremadamente desigual. Los países donde se extraen los
recursos y los que reciben la basura –una nueva clase de residuos tóxicos y
peligrosos– están en el Sur Global y no obtienen ningún beneficio, se repite un
crudo esquema colonial. Un reporte anterior de la Organización Mundial de
la Salud da cuenta del impacto de la basura electrónica en la salud de mujeres
y niños que separan materiales en los inmensos tiraderos electrónicos que
crecen en esos países. (https://tinyurl.com/ewaste-OMS)
Antes de apoyar la
expansión de la industria digital y las aplicaciones de inteligencia artificial
se deben evaluar y tener en cuenta los graves impactos ambientales, hídricos,
en salud y en territorios, entre otros. Pese a que el avance de esta industria
es arrollador, prácticamente no se realizan y tampoco hay regulación, salvo
tímidas normativas sobre privacidad de datos en sólo algunas regiones del
mundo.
Siendo graves, los
anteriores son apenas una parte de los impactos del capitalismo determinista
digital. Estamos ante una era de nuevas formas de dominación y control; la
extracción de energía, agua y recursos va paralela a la extracción masiva y
robo de información de cada aspecto de nuestras vidas y a la erosión de
nuestras capacidades creativas, sociales, de pensamiento crítico.
Actualmente, las 10
mayores empresas tecnológicas del planeta (Nvidia, Apple, Alphabet (Google),
Microsoft, Amazon, TSMC, Broadcom, Meta (Facebook), Tesla y SpaceX) tienen un
valor bursátil conjunto de cerca de 23 por ciento del PIB global. A su vez, los
ocho hombres más ricos del planeta, fundadores y directores de esas empresas,
acaparan juntos más fortuna personal que la mitad más pobre de todos los
habitantes del planeta, según Oxfam. La desigualdad social es un rasgo que
define esta era.
Es común pensar en estas
gigantes tecnológicas como las dueñas de redes electrónicas y plataformas
digitales. Pero, sobre todo, explica Rikap, lo que venden son formas de
gobernanza. Desde cómo gobernar nuestra vida cotidiana (correos electrónicos,
mensajería, calendarios) a la gestión de economías y rubros industriales
enteros y a la propia gestión de gobiernos en salud, educación, gestión
política, vigilancia, control de población, aparato militar, guerras, entre
otros.
Amazon, Google y Microsoft
controlan dos tercios del negocio de las nubes informáticas, donde la mayoría
de los gobiernos de América Latina colocan cada vez más aspectos de la gestión
de sus países. Estas nubes no son sólo “depósitos”. Los gobiernos dependen de
las tecnologías de las empresas para acceder y manejar su propia información,
con programas de código cerrado que los gobiernos no controlan y a los que las
empresas pueden negar el acceso.
Las gigantes tecnológicas
han inventado así la forma de extraer cantidades masivas y continuas de datos
(personales, institucionales y gubernamentales, sobre recursos, naturaleza,
infraestructuras y más), basándose en conocimientos que son públicos y/o colectivos
de la humanidad y privatizarlos de tal modo que la monetización y
capitalización de estos datos llegue solamente a un grupo minúsculo. Un
extractivismo paralelo de recursos materiales y de conocimientos locales,
incluso tecnológicos, que no redunda en ninguna mejora para las poblaciones ni
los países, sólo genera la ilusión de estar cerca del progreso y la
comunicación global. El robo y la dependencia no se solucionan con instalar
centros de datos en nuestros países. Al contrario, al permitirlos y seguir
atados a las nubes de las empresas, aumenta la dependencia, al tiempo que se
sacrifican comunidades y territorios para ganancia exclusiva de los más ricos
del mundo.
Lo subrayado/interpolado
es nuestro





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