jueves, 6 de agosto de 2026

47 años de Epopeya Sandinista...

47 años de Epopeya Sandinista...

El 19 de julio de 1979, las tropas del Frente Sandinista de Liberación Nacional entraron en Managua mientras el dictador Anastasio Somoza huía al exterior.



Por Fabrizio Casari/ periodista y analista internacional



Prolegómenos: “Para mí el general Cesar A. Sandino es un héroe”... Profesora Gabriela Mistral, abanderada del ejército Sandinista y premio Nobel de Literatura.

“Para mí el general Sandino, de seres humanos libres, es un héroe. Nicaragua ya dio a Rubén Darío y Sandino. Solo falta que hubiera nacido ahí el general libertador Simón Bolívar Palacios y Blanco. El general Sandino carga sobre su espalda viril de herrero o forjador con la honra de todos nosotros latinoamericanos. Gracias a él, cuando la zancada de la bota de siete leguas que es la yanqui vaya bajando hacia el sur, los del sur se acordaran de los mil sandinos, para asumir su legado revolucionario y libertario”...

Con esperanza y memoria,


Han llegado a 47 los años de sandinismo. Décadas transcurridas bajo el fuego y contra el viento. Pero han sido y siguen siendo 47 años de éxitos innegables, medibles en cuatro etapas históricas diferentes: la guerrilla insurreccional para derrocar la dictadura, el gobierno revolucionario de los años ochenta, la defensa de las conquistas alcanzadas frente a la avalancha reaccionaria y neoliberal de los años noventa y, finalmente, la victoria electoral con el regreso al gobierno en 2006.

Es difícil establecer un orden de importancia entre estas cuatro etapas, pero sin duda esta última representa la materialización plena del proyecto original que, aun incorporando profundas innovaciones coherentes con las transformaciones globales impulsadas por Daniel y Rosario, conserva sus principios fundacionales y los proyecta en el renacimiento de Nicaragua. Un proyecto basado en sacar al país del estancamiento de la pobreza extrema/miseria en el que permanecía hasta 2006, restablecer su equilibrio socio-económico y proyectarlo hacia la condición de potencia regional: Sí, una potencia. Porque cuando la sanidad, la instrucción, la producción de alimentos, la electrificación y la red vial son las mejores de la región; cuando la eficiencia del sistema y la estabilidad política van de la mano con la paz interna, en marcado contraste con el resto de Centroamérica, entonces es legítimo hablar de una potencia regional.

El Sandinismo, como todos los procesos políticos de larga duración, ha suscitado durante estos 47 años adhesiones convencidas tanto dentro como fuera de Nicaragua, así como traiciones y escisiones, individuales y colectivas. La peor fue la que se produjo tras la derrota electoral de 1990, cuando la mayoría del entonces grupo parlamentario decidió dar la espalda al Frente y abrazar a los empresarios, la Iglesia y los partidos de derecha, esperando encontrar una posición más conveniente. No actuaron por iniciativa propia: fueron dirigidos desde el exterior.

Tras la derrota electoral de 1990, Estados Unidos decidió que, aprovechando el desconcierto y la confusión que se habían instalado en el país, había llegado el momento de convertir la derrota electoral en la desaparición política del sandinismo. Identificó en los sandinistas de apellido oligárquico –tradicionalmente poco inclinados a permanecer en la oposición– a quienes podrían encargarse de destruir el FSLN. El objetivo era borrar su identidad política, su memoria histórica y su pasión ideal; archivar su historia rebelde y transformarlo en uno más de tantos partidos burgueses latinoamericanos situados en el centro del camino entre el anexionismo y la independencia, que presentan como realismo político su disposición a arrodillarse ante el altar del Imperio.

Pero habían hecho mal sus cálculos. No habían valorado la tenacidad, la mística y el espíritu de sacrificio de la militancia sandinista, ni comprendido la firmeza de Daniel Ortega, Tomás Borge y otros dirigentes; la credibilidad que habían conquistado con méritos propios ante el Pueblo Sandinista y su absoluta negativa a rendirse. Lo comprobaron en 1994, cuando el FSLN convocó a su militancia y saldó cuentas con los apóstoles de la oligarquía que se convirtieron en profetas de aquel imperialismo del que habían afirmado ser enemigos para siempre.

La defensa de las conquistas de la Revolución Sandinista no fue sencilla ni estuvo exenta de sangre. Los llamados “neoliberales” no lo eran en absoluto: despidos políticos masivos contra la militancia sandinista, una represión desmedida contra estudiantes y trabajadores que protestaban por los drásticos recortes. Sin electricidad durante varias horas al día y con la escasez de agua, poner comida en la mesa se convirtió en un privilegio reservado a una minoría. Para la mayoría quedaron el hambre, el analfabetismo, el regreso de enfermedades endémicas, el desempleo masivo, el estado comatoso de la asistencia sanitaria y la seguridad social, el aumento de la mortalidad infantil y la reducción de la esperanza de vida. Nacer se convirtió en una aventura peligrosa y envejecer pasó a ser un lujo.

Los más vulnerables –mujeres, ancianos y niños– no aparecían en las estadísticas oficiales, pero llenaban las aceras. Las manos ya no saludaban: pedían ayuda. Las cifras de la desesperación se perdían entre los números de los falsos positivos. Fueron dieciséis años de saqueo neoliberal que agotaron al país. El enriquecimiento desmedido de la oligarquía empresarial financiera y de su testaferra, l burguesía parasitaria, vende patria corrupta, tuvo como precio el empobrecimiento de los pobres y de los sectores más vulnerables.

Pero esos dieciséis años de resistencia popular constituyeron la base fundamental para la reconstrucción de un partido que fue acumulando fuerzas, sin las cuales noviembre de 2006 habría sido un mes cualquiera de un año cualquiera. Fue, por el contrario, la fecha de la recuperación. Esa resistencia puede considerarse con justicia la segunda etapa de la Revolución Sandinista. El comandante Daniel Ortega Saavedra había saneado y reconstruido el FSLN y, tras dieciséis años trágicos, marcados por elecciones robadas y coyunturas adversas, el sandinismo volvió a gobernar. La narrativa de Nicaragua cambiò por completo.

Hoy Nicaragua es un país completamente distinto, muy diferente de aquel que Daniel arrebató de las manos de los tecnócratas neoliberales, cleptómanos con másteres y doctorados. Desde hace 19 años, la Nicaragua sandinista ha llevado a la práctica aquello que ya había comenzado a construir tras la liberación del país de la tiranía somocista. Estos últimos 19 años constituyen, por tanto, la tercera etapa de aquella Revolución que triunfó en 1979.

Desde el regreso del sandinismo al frente del país, la geografía política ha cambiado, escribiendo una nueva historia. Está en marcha el mayor proyecto de modernización de un país jamás concebido en toda Centroamérica, diseñado hasta en sus más mínimos detalles por su Comandante  Daniel Ortega Saavedra y por la copresidenta Rosario Murillo Zambrana, un proyecto que revierte el destino que el Norte había reservado para la nación. Ese destino cambió porque cambió por completo el paradigma político y social, así como las prioridades. Entre ellas destaca la reducción de la pobreza, una batalla que se libra mediante la gratuidad de la salud y la educación, la construcción de nuevas estructuras e infraestructuras, la ampliación del acceso al crédito, el fortalecimiento constante del Estado de bienestar y la extensión de los derechos sociales.

Como ocurre siempre cuando las revoluciones transforman la sociedad en profundidad, es decir, cuando alteran de manera decisiva los equilibrios de clase y de poder preexistentes, la reacción de quienes han sido desalojados del poder termina por llegar; desordenada y carente de toda decencia, pero llega. En 2018, quienes habían sido desplazados y que desde 2007 habían dejado de generar pobreza para aumentar su propia riqueza, intentaron recurrir a la violencia para derrocar a un gobierno que había apostado por la paz y la reconciliación. Querían devolver al Estado su papel de servidor de la oligarquía, restableciendo la riqueza para unos pocos y eliminando la idea de una vida digna para todos.

El ludismo oligárquico, empresarial, financiero respaldado por la manipulación mediática dirigida desde el Imperio estadounidense, tenía como programa la difusión del terror, la destrucción del País y el asesinato masivo de militantes sandinistas. Participaron con entusiasmo jerarquías eclesiásticas, latifundistas y militantes de la derecha reaccionaria. Eran agentes de la destrucción, funcionarios de la venganza y recaudadores del odio de clase.

Los golpistas nicaragüenses pertenecen a una derecha fascista y criminal que solo acepta dos posibilidades: ganar las elecciones o, si las pierde, intentar revertir mediante la violencia el resultado. Sin embargo, ese plan tiene un defecto: solo funciona allí donde las respectivas naciones carecen de la fuerza interna necesaria para enfrentarlos primero y derrotarlos después.

Para detenerlos, el sandinismo recurrió a la fuerza, porque no existía otra alternativa posible. Ofreció diálogo, paz, amnistías y perdón, con la condición de que regresaran al ámbito de la política legítima y abandonaran el terrorismo promovido por los sectores patronales, pero no hubo respuesta. Continuaron tejiendo conspiraciones y preparando un nuevo intento de golpe de Estado y, por ello, Daniel y Rosario no tuvieron otra opción que librar al país de semejante grupo. Un viaje gratis de ida hacia el país que siempre habían considerado su verdadera referencia.

El Sandinismo de este nuevo milenio ha sabido unir los sueños y el horizonte histórico con la política cotidiana, haciendo de ambos una sola construcción nacional. Un país que decidió crecer corrigiendo los desequilibrios heredados. Ese es el significado profundo del concepto de “Pueblo Presidente”: formar una ciudadanía activa e invertir la relación tradicional entre gobernantes y gobernados. Se ha llevado Nicaragua a transformar su identidad socioeconómica, preservando su esencia mientras renovaba parte de su estructura. Revolución y evolución.

La apuesta – que resultó vencedora – consistió en mantener una identidad productiva concebida sobre un modelo rural, pero proyectada hacia el desarrollo comercial y turístico mediante un modelo económico basado en las pequeñas empresas familiares, capaz de garantizar una distribución horizontal de la creación de riqueza.

La Revolución Sandinisa lleva ya 47 años porque ha hecho posible una transformación profunda, tanto estructural como superestructural, de Nicaragua. Porque, en circunstancias muy diferentes, el sandinismo ha sabido afrontar tanto los desafíos cotidianos como las situaciones extraordinarias; ha sabido defender el carácter sagrado de la soberanía nacional, de las instituciones y de la paz, y ha derrotado al golpismo, enfermedad endémica y autoinmune del latifundismo. Y continúa porque el Estado no cede su soberanía a las oligarquías internacionales; por el contrario, ejerce con firmeza su función reguladora y organizadora de la sociedad. Conserva el monopolio de la legislación, de la gestión pública y del uso legítimo de la fuerza. Se ha optado por trazar una línea clara entre una democracia popular y una democracia elitista, asentando la primera sobre la paz y el equilibrio social, entendidos como condiciones indispensables para una convivencia duradera.

Dentro del conjunto de las doctrinas políticas de izquierda, el Sandinismo constituye una realidad única: ha sido capaz de imponerse en dos siglos diferentes, atravesando el segundo y el tercer milenio. Nació como un grito de independencia, de soberanía nacional y de libertad frente al invasor yanqui y, desde su regreso al gobierno en enero de 2007, ha asumido una identidad política de alcance global que expresa una concepción precisa de la organización política y social. Incluso en un contexto dominado por el pensamiento único, el sandinismo ha conseguido desarrollar un modelo alternativo, transformándolo todo y transformando a todos. Lo ha hecho con determinación, colocando cada una de las piezas del entramado nacional en el lugar que le corresponde.

Hoy, pese a la fase extremadamente convulsa y peligrosa que atraviesa el mundo, debido a la resistencia obstinada del viejo orden unipolar a aceptar el surgimiento de una dinámica multipolar, Nicaragua vive en tranquilidad, protegida de las quintas columnas del Imperios estadounidense y de las tentaciones desestabilizadoras. No teme al cambio y volverá a cambiar allí donde sea necesario. Porque una verdadera Revolución es, ante todo, la audacia de intentar alcanzar el cielo sin dejar nunca de pisar la tierra. Para eso sirven las revoluciones: para impedir que el miedo termine imponiéndose sobre el valor.

Nicaragua avanza en consulta nacional de reforma constitucional con todos los sectores del país

El Gobierno de Nicaragua inició una consulta nacional sobre la reforma a la Constitución para fortalecer la soberanía, la paz y el sistema electoral.

El proceso, calificado como amplio e incluyente, convoca a instituciones del Estado, sectores productivos, sociales, académicos, comunitarios, empresariales, así como a las fuerzas armadas y pueblos originarios.

El Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional de Nicaragua dio inicio este martes 28 de julio a una consulta nacional sobre el proyecto de reforma a la Constitución Política.

El proceso, calificado como amplio e incluyente, convoca a instituciones del Estado, sectores productivos, sociales, académicos, comunitarios, empresariales, así como a las fuerzas armadas y pueblos originarios, con el propósito de fortalecer la institucionalidad democrática, la seguridad y la soberanía del país centroamericano.

La copresidenta de la República, Rosario Murillo Zambrana, destacó la relevancia de este mecanismo participativo para avanzar en el modelo de autodeterminación nacional y la lucha contra las desigualdades. «Ayer iniciamos la consulta; ayer iniciamos realmente la consulta sobre la reforma a la Constitución Política, Pueblo Presidente, Nicaragua Triunfa en Paz y Unidad», expresó la alta funcionaria.

Asimismo, enfatizó que el principal objetivo de las trasformaciones legales radica en garantizar «la continuidad de la paz, la continuidad de la tranquilidad, de la seguridad, de la estabilidad, que nos permite avanzar».

Murillo sostuvo que el Pueblo Nicaragüense cuenta con el «derecho a elegir esas prácticas democráticas que nos llevan adelante» y subrayó que la búsqueda de la equidad es el pilar central del proyecto social de la nación.

La mandataria expresó también: «¿Y qué quiere decir avanzar? Vencer la pobreza, paso a paso, con el trabajo y el esfuerzo de todos, y hacerlo en condiciones de dignidad, de patria y dignidad, de patria y libertad, y de patria y futuro, porque eso es lo que queremos, crear futuro, futuro con vida digna, desde la paz, la seguridad, la estabilidad y el amor a Nicaragua».

En el marco del inicio de las conversacioneslas autoridades del Gobierno y la Asamblea Nacional sostuvieron un encuentro en el Salón Sandino de la Cancillería con miembros del cuerpo diplomático acreditado en Managua para exponer los alcances de la reforma.

En la actividad participaron integrantes de la Comisión Especial Constitucional, representantes del Consejo Supremo Electoral y del Gabinete de Gobierno. Durante la exposición a los diplomáticos, el presidente de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras, explicó que las modificaciones contemplan un perfeccionamiento de los mecanismos de participación ciudadana en los comicios.

El parlamentario señaló que la propuesta abarca «una organización desde el punto de vista electoral, que responde a los intereses del pueblo y que garantiza que las elecciones van a ser del pueblo nicaragüense», ratificando que se celebrarán procesos comiciales «limpios, transparentes, tal y como lo hemos venido haciendo todos estos años».

La reforma plantea además normativas destinadas a frenar el financiamiento foráneo dirigido a desestabilizar las instituciones del Estado.

Al respecto, la copresidenta Murillo Zambrana cuestionó los sectores políticos subordinados a intereses externos y remarcó la vocación patriótica del país«Los que ya no son nicaragüenses, ni tendrían que hablar, porque perdieron el derecho de ser nicaragüenses a punta, precisamente, de querer instalar injerencias, querer instalar prácticas intervencionistas, querer instalar el interés de otros sobre el interés supremo de la patria y de las familias nicaragüenses. Este es un país y un pueblo patriótico, y este es un país que sabe de luchas y de honor».

El cronograma de trabajo contempla la realización de debates con las fuerzas laborales de la construcción, minería, zonas francas, transporte, medios de comunicación, juventud, estudiantes, así como con los Gobiernos regionales y consejos de las regiones autónomas de la Costa Caribe.

De acuerdo con lo informado por la Copresidencia, una vez culminada la fase de recepción de propuestas de todos los sectores, la propuesta formal de reforma a la Constitución Política será presentada e instalada formalmente durante el inicio del mes de septiembre.

Lo subrayado/interpolado es nuestro

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