viernes, 7 de noviembre de 2025

¿COP 30 o COP 525?: CONFERENCIA SOBRE EL CAMBIO CLIMARICO EN bELEN/BRASIL


¿COP 30 o COP 525?: CONFERENCIA SOBRE EL CAMBIO CLIMARICO EN bELEN/BRASIL


Por Prof. Boaventura De Sousa Santos* – escritor y analista internacional/ ADDHEE.ONG:

Diario red, el Clarín de Colombia, el nortino de Chile, el Clarín de Chile, Jornada de México, Xinhua.net, la Haine, enred sin fronteras, red latina sin fronteras, telesur, publico.es, Amy Goodman/Colombia University, el Sur Andino, Al Jazeera, Tass, Sputnik:

Lo que estará en juego en la COP 30, como lo estuvo en las anteriores y lo estará en las futuras, es la falta de voluntad política: no se entiende o no se quiere entender que, la madre naturaleza no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la madre naturaleza...

COP 30 es la denominación oficial de la conferencia de la ONU sobre el cambio climático que se celebra en Belém, Brasil, del 10 al 21 de noviembre. Pero los pueblos indígenas de todo el mundo llevan años asignándole otra numeración más acorde con su experiencia histórica sobre los problemas que se debaten. La fecha es la de la llegada de los colonizadores europeos a sus territorios. En el caso de Brasil, 1500.

El problema del cambio climático comenzó con el colonialismo y el capitalismo determinista y continúa hasta hoy. No se resolverá mientras el colonialismo y el capitalismo determinista dominen nuestras vidas. La crisis ecológica es la otra cara de la crisis social y política.

No vale la pena dar cifras porque son formas de neutralizar la revuelta, ya sean cifras sobre la deforestación de los bosques, el peso de los plásticos en los océanos, el genocidio de Gaza o las matanzas regulares de poblaciones empobrecidas de las favelas de Río de Janeiro. Las cifras son entidades abstractas, introducidas con el único objetivo de contar. Los objetos que contamos (muertos, árboles talados) no son cifras, son seres únicos que reducimos a una cifra para poder acomodarlos en una concepción de la realidad que no cambia, sea cual sea la cifra.

Al igual que los presos no son números, aunque tengan un número. Nos hemos acostumbrado a designar el horror por la cantidad para convivir más fácilmente con él, es decir, sin tener que cambiar las concepciones políticas, económicas y culturales que lo producen de manera sistemática. Quién hace los cálculos no es contado.

Según las circunstancias, la COP 30 será una orgía o una guerra de números presentes y futuros. Al final, habrá números ganadores y números perdedores para que todo siga igual. Los números solo son útiles para pequeños cambios que no alteran lo esencial. E incluso en este ámbito, el pesimismo sobre la COP 30 está justificado. El negacionismo medioambiental de Donald Trump ha producido un retroceso civilizatorio incalculable al obligar a todos los países ricos en recursos naturales (y empobrecidos en salud, educación, seguridad humana, etc.) a proclamar su soberanía sobre ellos y a demostrarla mediante una explotación más intensa. La reacción a Trump tuvo el perverso resultado de debilitar aún más la cooperación internacional que sería necesaria para hacer frente al inminente colapso ecológico.

Lo que estará en juego en la COP 30, como lo estuvo en las anteriores y lo estará en las futuras, es la falta de voluntad política para afrontar esta verdad fácil de formular, pero muy difícil de poner en práctica: la naturaleza no nos pertenece; nosotros pertenecemos a la Madre naturaleza. La dificultad también es fácil de identificar, pero muy difícil de afrontar: el capitalismo determinista y el colonialismo, que dominan la economía y la sociedad mundial desde el siglo XVI, se han vuelto incompatibles con la supervivencia de la vida humana y de la vida en general en el planeta Tierra. La incompatibilidad también es fácil de formular: para la modernidad eurocéntrica, constituida principalmente por el capitalismo y el colonialismo, la naturaleza nos pertenece y, como tal, podemos disponer de ella libremente. Disponer de ella implica el poder de destruirla.

Para el capitalismo determinista y el colonialismo existe una separación radical entre la Humanidad y la Naturaleza. La filosofía cartesiana que preside esta dualidad establece una separación y una jerarquía absolutas entre el ser humano y la naturaleza, al igual que separa la mente del cuerpo. Mientras que el ser humano es una res cogitans, una sustancia pensante, la naturaleza es una res extensa, una sustancia extensa e impenetrable.

Como Dios es el pensamiento humano sobre el infinito, el ser humano está inmensamente más cerca de Dios que la naturaleza. El ser humano es verdaderamente digno de la dignidad que Dios le ha concedido en la medida en que se desnaturaliza. Aquí reside la raíz de la línea abismal que caracteriza la dominación moderna, la posibilidad de dualismos absolutos y, con ello, la imposibilidad de un pensamiento holístico. La naturaleza está sometida a una exclusión abismal de la sociedad y lo mismo ocurre, lógicamente, con todas las entidades consideradas más cercanas a la naturaleza. Históricamente, las mujeres, los indígenas, los negros y, en general, todas las razas consideradas inferiores han sido ejemplos de estas entidades.

Todos los principales mecanismos de exclusión y discriminación existentes en las sociedades modernas, ya sea por clase, raza o género, se basan en última instancia en los dualismos radicales humanidad/naturaleza, mente/cuerpo, espiritualidad/materialidad. Las formas en que la sociedad moderna trata la inferioridad tienen como modelo las formas en que trata la naturaleza. Si la exclusión abismal significa dominación por apropiación/violencia, la naturaleza —incluida la tierra, los ríos y los bosques, así como las personas y las formas de ser y de vivir cuya humanidad ha sido negada precisamente por formar parte de la naturaleza— ha sido el objetivo preferido de esta dominación y, por lo tanto, de la apropiación y la violencia, desde el siglo XVII.

La destrucción del medio ambiente y la crisis ecológica son la otra cara de las crisis sociales y políticas a las que nos enfrentamos y que las políticas convencionales son cada vez menos capaces de resolver. Diferentes corrientes de pensamiento han intentado dar cuenta del doble vínculo entre la crisis ecológica y la crisis social. La mayoría apunta a la urgente necesidad de un cambio de paradigma, lo que, por sí solo, indica tanto la gravedad de la crisis que estamos atravesando como la magnitud de lo que está en juego. Coinciden en la idea de que el cambio de paradigma consiste en sustituir el dualismo humanidad/naturaleza por una concepción holística centrada en una nueva comprensión de la naturaleza y la sociedad y de las relaciones entre ellas.

Un paradigma es un tipo específico de metabolismo social, un conjunto de flujos materiales y energéticos controlados por el ser humano que se producen entre la sociedad y la naturaleza y que, de forma conjunta e integrada, sostienen la autorreproducción y la evolución de las estructuras biofísicas de la sociedad humana. A partir del siglo XVI, tras la expansión colonial europea y, en particular, tras la primera revolución industrial del mundo occidental (década de 1830), el metabolismo social característico del paradigma capitalista determinista y colonialista generó un desequilibrio creciente en los flujos entre la sociedad y la naturaleza, lo que provocó una ruptura metabólica. Hoy en día se acepta que esta ruptura, al crear un desequilibrio sistémico entre la actividad humana y la naturaleza, marcó el comienzo de una nueva era en la vida del planeta Tierra, el Antropoceno.

Este desequilibrio se ha agravado de tal manera que actualmente nos encontramos ante una catástrofe ecológica inminente, una situación que, cuando se vuelva irreversible, pondrá en grave peligro la vida humana en la Tierra. Es imperativo poner en marcha, lo antes posible, un proceso de transición hacia un tipo diferente de metabolismo social, basado en un tipo diferente de relación entre la sociedad y la naturaleza. De esto se trata la necesaria transición paradigmática.

La transición paradigmática presupone la necesidad de una filosofía que la sustente y de una fuerte movilización social que la ponga en práctica. La transición es un proceso histórico, es decir, es urgente iniciarla, pero es imposible predecir su ritmo y su duración. Tenemos más razones para ser optimistas en lo que respecta a la filosofía que en lo que respecta a la movilización, rebelión social.

La filosofía lleva mucho tiempo disponible, es el conjunto de filosofías de los pueblos que más han sufrido por el capitalismo determinista y el colonialismo, los pueblos que a menudo han sido exterminados, cuyos territorios han sido invadidos, cuyos recursos naturales han sido robados, un proceso histórico que comenzó en el siglo XVI y que continúa en nuestra época. Me refiero a las filosofías de los pueblos indígenas u originarios. Afortunadamente, estas filosofías han llegado hasta nosotros gracias a la resistencia y las luchas de estos pueblos contra la opresión, la explotación y la aniquilación. Constituyen uno de los núcleos duros de las epistemologías del sur.

Aunque estas filosofías son muy diversas, convergen en un punto. Lo que denominamos naturaleza es concebido por estas filosofías como Pachamama o Madre Tierra. Si la naturaleza es madre, es fuente de vida, es cuidado, merece el mismo respeto que merecen nuestras madres que nos dieron la vida. En resumen, la madre naturaleza no nos pertenece; nosotros pertenecemos a la madre naturaleza. Esta pertenencia radical contradice cualquier idea de dualismo entre el ser humano y la naturaleza. La entidad divina, independientemente de cómo se conciba, es una entidad de este mundo y puede manifestarse en un río, una montaña o un territorio determinado. Lo divino es la dimensión espiritual de lo material y ambos pertenecen al mismo mundo inmanente.

Estas filosofías estarán presentes en la Cumbre de los Pueblos, la COP 525. Serán excluidas de las salas principales de la COP 30, donde los causantes del problema se disfrazarán incesantemente de promotores de la solución. Y si los pueblos indígenas son ocasionalmente admitidos para hablar, en ese momento los delegados oficiales y sus corbatas físicas o mentales aprovecharán para ir al baño, consultar el móvil/celular y responder a mensajes urgentes. De vez en cuando levantarán la cabeza para ver si los indígenas ya han terminado. Después, todo volverá a la sonámbula normalidad del alegre viaje hacia el desastre final.

Todo esto demuestra que disponemos de las filosofías que permitirían rescatar la vida humana y no humana, pero no disponemos de la movilización social que las impulse y de la transición paradigmática que presuponen. De hecho, el período actual parece mucho más hostil a la idea de la transición paradigmática que los períodos anteriores. La máxima hostilidad se deriva de la amenaza de guerra global que se cierne sobre el mundo y de la creciente polarización entre «nosotros» y «ellos» que alimenta la política del odio.

¡Una guerra nuclear mundial no tendrá ganador alguno, sino un perdedor, el Género Humano, la Humanidad!

Una nueva guerra mundial será sin duda más destructiva que las anteriores y la destrucción no solo afectará a la vida humana, sino también a lo que queda de los ecosistemas que sustentan la vida en general. A su vez, la polarización social y el tribalismo que crece en su seno, alimentados por los promotores del odio y del identitarismo, hacen imposible que la humanidad dialogue entre sí y con todos los seres no humanos con los que comparte el planeta Tierra. La lucha por la transición paradigmática comienza hoy con la lucha contra la guerra y contra la polarización social alimentada por el tribalismo, el identitarismo y la política del odio.

*Prof. Boaventura de Sousa Santos es una referencia mundial en el campo de la ciencia social. Ha escrito y publicado exhaustivamente en las áreas de sociología del derecho, sociología política, epistemología, estudios poscoloniales, movimientos sociales, globalización, democracia participativa, reforma del Estado y derechos humanos.

Lo subrayado interpolado es nuestro

¿Puede América Latina Llegar con un Frente Unido a la COP30? 

Por Prof. Fermin Koop*/ escritor y analista internacional:

Ahora que la conferencia de cambio climático de Naciones Unidas vuelve a la región, revisamos su historial de liderazgos y fragmentación. 

Luego de más de una década, las negociaciones anuales de cambio climático de Naciones Unidas vuelven a América Latina en noviembre. En Belém, bajo la presidencia de Brasil, gobiernos, sociedad civil, empresas y otros actores se reunirán por dos semanas en la COP30 para discutir políticas climáticas, financiamiento, transición energética y protección de los bosques, entre otros temas. 

La última vez que la región albergó la conferencia fue en Lima, Perú, en 2014, el año previo a firmar el Acuerdo de París, el tratado climático que busca limitar la suba de la temperatura a 2 °C, preferiblemente a 1,5 °C. Buenos Aires, Argentina, (1998 y 2004) y Cancún, México (2010) también fueron sedes. Santiago de Chile debía serlo en 2019 pero fue trasladada a España por la Rebelión social,  18/octubre. 

Los países de la región han participado activamente en las negociaciones sobre el clima desde principios de la década de 1990. Aunque en su mayoría lo han hecho de manera fragmentada, hay indicios de un frente más unido de cara a la cumbre de Belém: las naciones parecen estar de acuerdo en que, por un lado, se encuentran entre las más vulnerables al cambio climático y, por otro, cuentan con grandes sumideros de carbono y un gran potencial para las energías renovables. 

Diversos países han tenido un papel relevante en momentos clave de las negociaciones, como la creación del Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París, coinciden especialistas consultados por Dialogue Earth. Ahora, en la COP30, será una nueva oportunidad para demostrar ese liderazgo y reafirmar la importancia del multilateralismo en medio de tensiones globales, sostienen. 

“Es un buen momento para organizar la COP en la región. Tenemos muy buenas cosas para mostrar al mundo. No hay nuevos proyectos de carbón, estamos avanzando rápidamente en energías renovables, podemos presentar soluciones y trabajar por el multilateralismo”, sostuvo Natalie Unterstell, presidenta de Talanoa, un think-tank climático de Brasil. “Estamos listos para empezar”. 

América Latina y las negociaciones climáticas 

En la mayoría de negociaciones ambientales internacionales, desde biodiversidad a mercurio, la región participa en un único bloque, el Grupo América Latina y el Caribe (Grulac). Pero en cambio climático, los países se distanciaron desde el comienzo, recuerda Jimena Nieto Carrasco, quien fue parte de la delegación de Colombia durante las negociaciones del Acuerdo de París en 2015. 

“No se puede hablar de ‘la región’ en temas de cambio climático hace más de 20 años. Nos dimos cuenta pronto de que no era posible alcanzar consensos entre países tan diferentes, desde gigantes como Brasil a los pequeños estados insulares a países intermedios como Colombia. No tiene sentido intentar porque no vamos a llegar a un acuerdo sobre la mayoría de los temas”, agrega. 

Por ello, en cambio climático, los países negocian de manera individual y en muchos bloques que se han armado y desarmado a lo largo de los años. La mayoría de las naciones forman parte de múltiples agrupaciones de este tipo, basadas en intereses y posiciones compartidas con sus miembros. 

Todos los países de la región forman parte desde hace tiempo del Grupo de los 77 y China, una coalición de naciones en desarrollo en la ONU, que ha exigido constantemente que los países desarrollados reduzcan drásticamente sus emisiones de gases de efecto invernadero en primer lugar. 

Por otra parte, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay y Perú forman parte de la Asociación Independiente de América Latina y el Caribe (AILAC); Argentina, Brasil, Ecuador, Paraguay y Uruguay son miembros del Grupo SUR; Brasil también coordina sus posiciones con Sudáfrica, India y China como parte del Grupo BASIC; y 16 países insulares de la región forman parte de la Alianza de Pequeños Estados Insulares (AOSIS), que reúne a un total de 39 países en todo el mundo. 

Otros grupos incluyen a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), creado por Venezuela en 2004 y que incluye a Cuba y Venezuela, hoy con menor actividad y con Bolivia temporalmente suspendida; la Coalición de Naciones con Bosques Tropicales (CfRN), con 18 países de la región; y los Países en Desarrollo con Ideas Afines (LMDC), con 24 países a nivel global, incluyendo a Bolivia, Venezuela y El Salvador, entre otros. 

“América Latina no ha sido capaz de romper su fragmentación, lo que genera que tenga una voz desunida y poco concertada en las negociaciones. A pesar de esa diversidad, la región contribuyó mucho al debate climático global”, sostuvo Manuel Pulgar Vidal, líder global de Clima y Energía en World Wide Fund for Nature (WWF) y ex ministro de Ambiente de Perú y presidente de la COP20. 

Momentos claves y líderes regionales 

El recorrido de las negociaciones climáticas comenzó formalmente en América Latina con la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en 1992. Allí se abrió a la firma la Convención Marco de Cambio Climático de Naciones Unidas (CMNUCC), identificando al cambio climático como un problema global urgente. La primera COP tuvo lugar en 1995, realizada de manera anual desde entonces. 

En 1997, los países acordaron el Protocolo de Kioto, un acuerdo climático que estableció objetivos vinculantes para que los países industrializados reduzcan sus emisiones. El diplomático argentino Raúl Estrada Oyuela presidió las negociaciones. Brasil respaldó con fuerza que se respete en el acuerdo la diferenciación entre países desarrollados y en desarrollo. 

Los investigadores Guy Edwards y J. Timmons Roberts, en su libro “Un continente fragmentado: América Latina y la política global del cambio climático”, describen a Kioto como un éxito para la región al no haber tenido que asumir compromisos de reducción de emisiones. “Fuera de Brasil, la mayoría de los demás países de América Latina apenas hicieron oír su voz en Río o Kioto”, sostuvieron. 

El protocolo entró en vigor en 2005. En ese año Costa Rica, junto con Papúa Nueva Guinea, propuso un mecanismo para reducir emisiones de la deforestación que luego se transformaría en REDD+, que hoy financia acciones para proteger los bosques. Las versiones anteriores del mecanismo fueron criticadas por Brasil, que temía perder el control sobre su territorio, según Edwards y Roberts. 

A pesar de no tener que asumir compromisos bajo Kioto, Perú ofreció en 2008 reducir emisiones en el sector forestal a cambio de nuevas medidas por parte de los países desarrollados. Se le sumaron Costa Rica, con una meta de ser carbono neutral para 2021 (un objetivo que finalmente no alcanzó), México, con una meta de reducir 50% sus emisiones al 2050, y Brasil, con el objetivo de reducir 70% la deforestación para 2017 (un objetivo que tampoco se logró debido a los retos que surgieron en la última parte de la década). 

En 2009, los países debían lograr un nuevo acuerdo climático. Sin embargo, diferencias no les permitieron avanzar. Ello generó cuestionamientos sobre las negociaciones y puso presión a México como sede de la próxima cumbre. Sin embargo, Patricia Espinosa, presidenta de la COP16, y Christiana Figueres, secretaria ejecutiva de la CMNUCC, pudieron reactivar el proceso. 

“La región ha tenido momentos de contribuciones grandes al proceso de la negociación. Destaco presidencias complicadas, como la COP16. El sistema de la ONU estaba cuestionado, al igual que el multilateralismo. Pero la presidencia de México tuvo un papel importante para recuperar la confianza”, dijo Alejandra López Carbajal, directora de Diplomacia Climática en el centro de pensamiento latinoamericano Transforma. 

En 2012 fue el lanzamiento de AILAC, un bloque descripto por Edwards y Roberts como la “tercera vía” por su papel de búsqueda de puentes entre países desarrollados y vías de desarrollo. Luego, en 2014, tuvo lugar la COP20 en Lima bajo la presidencia de Perú. Allí, se allanaría el camino para el posterior Acuerdo de París, con la presentación de numerosos compromisos climáticos. 

Manuel Pulgar Vidal y Christiana Figueres son usualmente descriptos como dos de los “arquitectos del Acuerdo de París” por sus habilidades diplomáticas y optimismo. A nivel de los grupos, AILAC también tuvo un papel destacado para lograr el acuerdo, de acuerdo a un análisis de Edwards, quien señala sus esfuerzos para construir puentes y subir la ambición de los países. 

El camino a la COP30 

En agosto, representantes de áreas ambientales de 22 países de América Latina participaron en México de un encuentro para fortalecer la cooperación de la región de cara a la COP30. “Frente a las múltiples crisis que enfrentamos, es más importante que nunca dialogar sobre nuestros desafíos comunes”, sostuvo la ministra de Medioambiente de México, Alicia Bárcena, en la apertura

El encuentro tuvo como resultado un documento de posición de la región para la COP30. Los países encontraron puntos en común en llevar adelante una transición “que deje atrás” los combustibles fósiles, acelerar la acción climática y priorizar la adaptación. Además, resaltaron la urgencia de aumentar el financiamiento y se comprometieron a conservar y proteger los bosques. 

“Fue una sorpresa positiva. Se reunieron en un foro que no existía y generaron una buena declaración que habla desde la ambición. Hay interés genuino en trabajar en conjunto. El liderazgo de México como anfitrión trae un ambiente diferente de cooperación en la región”, sostuvo López Carbajal.  

La expectativa de los especialistas consultados es que América Latina pueda aprovechar esos puntos en común para lograr un frente más unificado en la COP30. Y que la presidencia de Brasil pueda impulsar temas particularmente relevantes para la región a partir de iniciativas en marcha como el Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF) para la protección de los bosques. 

Para Pulgar Vidal, Brasil tendrá éxito en la COP30. “Este año la COP tendrá muchos frentes, no hay un único objetivo a lograr. Pero el éxito pasa porque haya un foco en la implementación. Necesitamos que el resultado final sea disruptivo. La COP tiene que demostrar que aún sin voluntad política la economía está madurando y ya es capaz de darle el impulso necesario”, concluyó. 

Lo subrayado/interpolado es nuestro.

ZOHRAN MAMDANI, ALCALDE ELECTO DE NEW YORK, CONSIGUE ENSANCHAR EL HORIZONTE DE LO POSIBLE: “PUEDO VER EL AMANECER DE UN MEJOR DÍA PARA LA HUMANIDAD”...

ZOHRAN MAMDANI, ALCALDE ELECTO DE NEW YORK, CONSIGUE ENSANCHAR EL HORIZONTE DE LO POSIBLE: “PUEDO VER EL AMANECER DE UN MEJOR DÍA PARA LA HUMANIDAD”...

Por Prof. Dr. Diego E. Barros* – escritor, comunicador social, y analista internacional/ADDHEE.ONG:

Diario red, el Clarín de Colombia, el nortino de Chile, el Clarín de Chile, Jornada de México, Xinhua.net, la Haine, enred sin fronteras, red latina sin fronteras, telesur, publico.es, Amy Goodman/Colombia University, el Sur Andino, Al Jazeera, Tass, Sputnik:

El joven político, musulmán y socialista, se hace con la alcaldía de Nueva York y regala a las desaparecidas élites demócratas una gran victoria en números –nueve puntos de ventaja– y en capital simbólico.




Zohran Mamdani, nacido en Kampala (Uganda), de 34 años, musulmán y socialista se convirtió ayer en el alcalde número 111 de Nueva York, la ciudad más poblada de EE. UU. El primer musulmán y el segundo socialista, características que hasta hace poco pesaban en EE. UU. como la letra escarlata de Nathaniel Hawthorne.

Lo hizo de manera abrumadora, con nueve puntos de ventaja sobre Andrew Cuomo, último heredero de una dinastía política caída en desgracia (gobernador e hijo de gobernador), derrotándolo por segunda vez tras unas primarias demócratas de junio en las que, como ayer, no solo le pasó por encima a él sino a todo el aparato de su partido, la élite económica de la ciudad y, por supuesto, al mismísimo presidente Donald Trump. Porque ha sido Trump el gran perdedor de una noche electoral en la que aunque los ojos estaban puestos en Nueva York: había varios frentes abiertos que se cerraron con derrotas republicanas, incluyendo las nuevas gobernadoras de Nueva Jersey y Virginia, así como la Proposición 50 en California. Esta iniciativa está destinada a contrarrestar la restructuración de los distritos electorales que varios estados republicanos (Texas, Missouri y Carolina del Norte) están llevando a cabo para asegurarse hasta una decena de nuevos asientos en la Cámara de Representantes de cara a las elecciones de medio mandato que se celebrarán en noviembre del año que viene. 

Contra todo y contra todos: venció Mamdani, con su eterna sonrisa, su dominio del lenguaje de las redes sociales y su capacidad para los idiomas de la empatía, de la calle, de escuchar a los que no tienen voz para hablar en su nombre. Ha sido probablemente la campaña política mejor diseñada y ejecutada desde la de Barack Obama en 2008. Cuarenta y cinco minutos después del cierre de los colegios a las nueve de la noche (hora del este), las principales cadenas de televisión daban por segura su victoria, confirmada enseguida por Associated Press. Casi de inmediato, en su cuenta de X, apareció un breve mensaje en forma de vídeo, de apenas diez segundos: las puertas de un vagón del metro de la ciudad se abren al llegar a la estación City Hall, mientras una voz anuncia a los viajeros: “La próxima y última parada es el Ayuntamiento”. 

El trayecto ha sido rápido, casi fulgurante: ha durado un año y junto a Mamdani ha viajado un ejército de 100.000 voluntarios creado en apenas unos meses que consiguieron llegar a más de tres millones de puertas y pedir el voto para un candidato que repetía un argumentario con tres puntos que destacaban por encima del resto: transporte público gratuito, congelación de los alquileres controlados hasta 2030 y guarderías sin coste para los niños menores de cinco años. En una de las ciudades más caras del mundo, que se ha vuelto invivible para una gran mayoría de sus habitantes –que simplemente sobreviven–, la palabra clave resultó ser asequibilidad. 

Una ciudad, capital del mundo, convertida en metáfora de las contradicciones que arrastra todo el país en el que el 1 % más rico abarca el 90 % de la riqueza, los recursos y, claro, el poder.

Mamdani le ha regalado a unos necesitados demócratas una gran victoria en números, en capital simbólico, que sin embargo se resisten a aceptar. Y lo ha hecho con una campaña de frente amplio, reeditando esa coalición arcoíris, multicultural e interclasista creada por Bernie Sanders en 2016 y reeditada apenas un rato por Joe Biden en 2020; hablando en un idioma reconocible en la calle y por la calle, puerta a puerta y barrio a barrio, sin estridencias y con exquisitas maneras. Lejos de los exabruptos del presidente y sus legiones de MAGA, ha sido Mamdani el que ha demostrado que es posible volver a hablar de política para ensanchar el horizonte de lo posible. Sin hacerlo en contra de nadie porque no sobra nadie, solo aquellos cuya única acción es desposeerte de tus derechos y, en último lugar, de tu humanidad. 

A Trump dirigió personalmente uno de sus mensajes en el discurso de la victoria: “Escúcheme, presidente Trump, cuando digo esto: para llegar a cualquiera de nosotros, tendrá que pasar por encima de todos nosotros”. Mamdani contrapunteaba en esta frase a uno de los políticos demócratas que más explícitamente le está aguantando el pulso a Trump, el gobernador de Illinois, J.B. Pritzker, quien el pasado noviembre advirtió a un recién elegido presidente: “Si viene a por mi gente, tendrá que pasar por encima de mí”. Pese a que ayer pudo pasar desapercibida, en boca de Mamdani la frase explicitaba un giro conceptual, casi copernicano, en el panorama político estadounidense: del yo al nosotros. 

Es posible que Mamdani sea joven (lo es) e inexperto (quién no lo fue alguna vez), como le achacan no pocos críticos, pero sin duda es depositario de una tradición curtida en mil batallas que han forjado los derechos que hoy disfrutamos en nuestras maltrechas democracias. El suyo es un legado que se extiende desde Eugene V. Debs –al que citó nada más comenzar, “puedo ver el amanecer de un mejor día para la humanidad”–, hasta los jóvenes que un día no hace tanto se atrevieron a Occupy Wall Street, pasando, por supuesto, por Bernie Sanders, las luchas por los derechos civiles, y la poesía de un Woody Guthrie que, en palabras del ya alcalde electo, sonó a “esta ciudad es vuestra ciudad y esta democracia es vuestra también”.  

La suya, en definitiva, ha sido una campaña y victoria, para “aquellos que se niegan a creer que la promesa de un mejor futuro es una reliquia del pasado”. Quién podría sospechar que entre tanta destrucción y en plena apoteosis de la maldad, hay votantes, incluso de izquierdas (que existen, sobre todo entre jóvenes y minorías, pese a lo que nos dicen desde hace tiempo los medios liberales), que todavía responden a los viejos estímulos de la izquierda: el primer paso para hacer realidad la utopía, hablar de ella. Lo primero que hizo la campaña de Mamdani fue desterrar de su discurso el cerco neoliberal que había encerrado toda imaginación política en los confines del statu quo capitalista determinista globalizado. Un tablero de juego en el que se disponen cartas marcadas a diestra y siniestra (sistémica, asimilada, normie) y cuya jugada solo permite la conversación política en el contorno de la llamada guerra cultural: los derechos civiles de minorías y las identidades. Una partida con final prefijado en el que la derecha (¿mundial?) ha intercambiado el debate económico por el nacionalismo identitario y las ansiedades existenciales de corte racista/chovinista. Un territorio bien conocido en el conservadurismo estadounidense, siempre presto a sacar a pasear su supremacismo blanco: sus víctimas los afroamericanos, los latinoamericanos, los indígenas y los migrantes...

Tras once meses del segundo régimen del convicto Presidente Trump, con las reglas básicas de la democracia en suspenso y pendientes de resoluciones judiciales que esperan turno en la mesa de una Corte Suprema bajo sospecha, y el miedo campando a sus anchas por las calles del país que transitan personas que salen por las mañanas a trabajar sin saber si por las noches volverán a sus casas a abrazar a sus hijos, Ta-Nehisi Coates se preguntaba hace poco por la apatía en las señales que emitían los principales líderes demócratas: “Estamos en un momento en el que la gente se pregunta por qué el Partido Demócrata no puede defenderse de este ataque a la democracia… Yo les diría que, si no puedes trazar la línea en el genocidio, probablemente tampoco puedas trazarla en la democracia”. 

El alcalde de N. York electo, un defensor tenas, firme del heroico y digno Pueblo Palestino, y condena su genocidio por Israel...

Ha sido también Mamdani uno de los pocos que se atrevió a disparar a la línea de flotación demócrata, a romper el silencio defendiendo de manera inquebrantable al pueblo palestino y condenando el genocidio de Israel en Gaza. Le ha costado insultos y descalificaciones: desde el consabido antisemita a que le llamaran “apologeta del 11-S” y verse representado en caricaturas montado en un avión en dirección a unas Torres Gemelas todavía en pie. 

 El líder Mamdani y sus raíces ancestrales africana e india

Hijo de intelectuales, la cineasta india Mira Nair y el académico de Columbia Mahmoud Mamdani, el triunfo del nuevo alcalde de Nueva York significa también la consagración de una alternativa, quizás un movimiento tectónico de intensidad creciente a la izquierda que el Partido Demócrata. Lo intentó sin éxito el propio Sanders en 2016 y 2020 (solo la intervención de Obama acabó poniendo orden en unos preocupados cuadros en torno a Biden). Con más mala intención que conocimiento, hace unos días le preguntaban al líder de la minoría demócrata en la Cámara, Hakeem Jeffries, si Mamdani era “el futuro del Partido Demócrata”. Jeffries, probablemente el jefe demócrata con más limitaciones en décadas, rehusaba contestar. La respuesta es sencilla si tenemos en cuenta que, más allá de la titánica labor que le espera por delante, Mamdani no es nacido en EE.UU., lo que corta de cuajo cualquier tentación presidencial. Jeffries solo apoyó públicamente al nuevo alcalde hace unos días. Chuck Schumer, líder de los demócratas en el Senado, no lo ha hecho. Tampoco el siempre presente (en pensamiento, obra y hasta en omisión) Obama. No son pocos los que ven necesario una catarsis en un partido necesitado de un propio movimiento MAGA que sacuda sus estructuras. Las miradas se colocan, de nuevo, en Alexandria Ocasio Cortez, pero la congresista del Bronx sigue jugando al despiste y se deja querer: desde una carrera senatorial (contra el propio Schumer) a un posible órdago presidencial. Para esta pantalla queda mucho y muchos son los aspirantes que ya presumen de credenciales: Gavin Newsom, gobernador de California; el mencionado J.B. Pritzker, encabezan las apuestas. 

La victoria de Mamdani a la postre resultó una sorpresa, aunque no mucho. La aventuraban todas las encuestas que se sucedían las últimas semanas y que le daban una ventaja sobre Cuomo de hasta dos dígitos. Le favorecía la presencia de un tercero en discordia, Curtis Sliwa, un histriónico candidato-agitador republicano sin ninguna opción en una plaza enteramente demócrata. Su negativa a abandonar era un regalo para el candidato socialista. Quizá el momento definitivo y que permitió augurar una victoria segura fue cuando el equipo del Mamdani se atrevió a encarar la carta de la islamofobia en una ciudad con más de un millón de musulmanes. Lo hizo en un vídeo que, sin duda, sin el capital político amasado hasta el momento, no hubiera sido posible. En otras palabras: el video era la prueba de que la victoria era (casi)segura.  

Los demócratas se dieron ayer una fiesta que, según el presidente Trump, se debió exclusivamente a que él “no estaba en las papeletas” (si el anticonstitucional tercer mandato no se produce, no lo estará ya más) y a un cierre del gobierno que dura ya más de un mes. Lo cierto es que más allá de interpretaciones, proyecciones a futuro y propaganda salida de la Casa Blanca, una cosa parece clara: la popularidad de Trump está bajo tierra; y, a no ser que uno sea un cretino fascista, ver a encapuchados sueltos por las principales ciudades del país desapareciendo a gente y rompiendo familias que solo buscan cumplir su propia versión del sueño americano no acaba de convencer a una parte importante de estadounidenses que, al final, acaba demostrando su enfado en las urnas. Próxima parada, noviembre de 2026. 

Lo subrayado/interpolado 

martes, 4 de noviembre de 2025

El plan maestro del régimen de EE.UU., para su patio trasero latinoamericano reivindicando su lema “Amerika para los amerikanos/yanquis”


El plan maestro del régimen de EE.UU., para su patio trasero latinoamericano reivindicando su lema “Amerika para los amerikanos/yanquis”

Por Daniel Kersffeld/escritor y analista internacional/ADDHEE.ONG

A partir del reciente acuerdo político impulsado por el mequetrefe Milei en Washington, en el que el régimen argentino habría pactado la cesión de yacimientos estratégicos de litio y gas, el establecimiento de una base estadounidense en el extremo sur y la limitación de China en la actividad económica del país, a cambio de una pretendida estabilidad cambiaria, Donald Trump podría sentirse satisfecho con el rediseño neoimperial que actualmente se encuentra implementando en América latina.

Se trata de una ingeniería política que, en un amplio sentido, apunta a recuperar el predominio de Estados Unidos en la región y que busca desplazar a cualquier competidor que atente contra la obtención de los cada vez más preciados recursos naturales vitales para el transporte, la comunicación, pero, sobre todo, la industria de la guerra y la tecnología del futuro.

Estados Unidos incentiva así una nueva política internacional que, sin embargo, retrotrae a nuestra región a los tiempos de la Guerra Fría, en un enfrentamiento con las principales potencias globales que se articula con distintos conflictos, como ocurre con la inseguridad y la lucha por el narcotráfico  desbordado, o con la economía y la política arancelaria, con las medidas frente a los inmigrantes deportados y, finalmente, con la política de apropiación de recursos naturales.

El primer frente, y al mismo tiempo, el caso más representativo de esta renovada ofensiva digitada desde Washington tiene como eje central al Mar Caribe. Lo que comenzó como una amenaza de Trump a Panamá para recuperar el canal, supuestamente, bajo control de Beijing, aunque en realidad a cargo del holding hongkonés CK Hutchison y ambicionado por el fondo de inversión estadounidense BlackRock, pronto derivó en otros aspectos problemáticos.

Las reiteradas declaraciones de intervención directa frente a lo que desde Washington se califica como una política demasiado permisiva con el narcotrafico esconde, en realidad, una creciente inquietud frente a los cada vez más fuertes lazos comerciales que unen a México con China, lo que le ha posibilitado al Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum un importante grado de autonomía gracias a un alto índice de popularidad y a un conveniente balanceo entre poderes externos.

El enfrentamiento directo con el Gobierno de Nicolás Maduro, que pasó del plano discursivo a la acción armada a través de un inédito movimiento de recursos militares hacia las costas venezolanas, tuvo hasta el momento su principal efecto en el ataque a algunas embarcaciones supuestamente vinculadas al narcotráfico. En el medio, la disputa por el petróleo entre dos de las principales multinacionales, Exxon y Chevron, sumada a la confrontación por el Esequibo entre Venezuela y Guyana, elevó la tensión en un territorio clave para los Estados Unidos.

En los últimos días, la ofensiva en el Caribe sufre una escalada a raíz del ataque a un navío supuestamente vinculado al narcotráfico y atribuido al Ejército de Liberación Nacional (ELN). La falsa denuncia en torno al presidente de Colombia Gustavo Petro y su rol como jefe del comercio ilegal de drogas no sólo apunta a debilitar la figura de uno de los principales críticos de Trump: es también un tiro por elevación a la izquierda en momentos en que la coalición oficialista dirime sus propios candidatos para la elección presidencial de 2026. La identificación del Gobierno colombiano con el narcotráfico constituye así un intento claro por desestabilizar al área caribeña, en un contexto de creciente inseguridad, pero también de aprovechamiento político por parte de la Casa Blanca.

El segundo frente tiene a Ecuador, Perú y Chile como sus componentes esenciales, en un escenario en el que la violencia, la explotación de recursos naturales, y, más aún, la creciente relación con China, operan como elementos activos en las relaciones con los Estados Unidos. Sin tanto estruendo, y aprovechando una muy baja legitimidad, el pasado 10 de octubre sectores del establishment peruano enquistados en el Parlamento desplazaron a Dina Boluarte. Aunque no figura entre las causas de su destitución, la exgobernante peruana se acercó demasiado a Beijing, promoviendo la construcción del estratégico puerto de Chancay, construido con financiamiento chino, y en cuya inauguración, el 14 de noviembre de 2024, asistió el presidente Xi Jinping. En carpeta se encuentra un proyecto todavía más amplio: el megapuerto Corío, en Arequipa, de mayor calado que Chancay. Empresas chinas y estadounidenses están en una fuerte puja por este emprendimiento, si bien en Lima se está operando un alineamiento directo con Washington por parte del actual mandatario José Jeri. Daniel Noboa, uno de los principales aliados de Trump, ofrece al Ecuador como una trinchera para preservar los intereses estadounidenses en la región. Frente a la declamada lucha contra la inseguridad, con el desborde violento causado por supuestas organizaciones «narcoterroristas», y en medio de la creciente represión a la protesta social, el régimen convocó a un plebiscito para el 16 de noviembre para determinar el regreso de las bases militares extranjeras en territorio ecuatoriano, lo que inevitablemente trae el recuerdo de la Base de Manta, cerrada en 2009 durante el mandato de Rafael Correa. En caso de un triunfo del voto afirmativo, el Pentágono controlaría parte del Pacífico sudamericano y se ubicaría cerca del Canal de Panamá.

En Chile, el interés prioritario de la Casa Blanca apunta a incidir en las elecciones generales que se desarrollarán entre noviembre y diciembre. El temor al triunfo de la candidata de izquierda Jeanette Jara alimenta el interés por robustecer a la actual oposición al Gobierno de Gabriel Boric, nutrida especialmente por distintas variantes de la derecha y la ultraderecha que ya han acordado un plan de apoyo mutuo en caso de que alguna llegue al balotaje. El control soberano a las reservas de litio y de otros recursos estratégicos está directamente atado al resultado electoral.

En tanto que, por sus implicaciones geopolíticas hacia toda Sudamérica, el caso de Bolivia resulta clave para la impronta hegemónica de Trump, más aún, luego de concretado el triunfo de Rodrigo Paz el 19 de octubre. La implosión del modelo político y económico llevado adelante por el MAS fue aprovechada por la Casa Blanca, la que contribuirá a operar un viraje hacia la derecha que, entre otros aspectos, seguramente pondrá en cuestión los acuerdos alcanzados previamente con China y con Rusia para la explotación del litio, del gas y de distintos recursos naturales estratégicos. El predominio total sobre Bolivia posibilitado por la derecha era un factor político largamente anhelado por Washington durante los mandatos de Evo Morales y Luis Arce. El último frente, el del Atlántico, probablemente sea el más complejo para el régimen de Trump. Lula da Silva ha demostrado su fortaleza y liderazgo para enfrentar la política arancelaria impuesta desde el norte, y ha enfatizado su independencia para juzgar y condenar al expresidente Jair Bolsonaro por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado de 2022, pese a las presiones ejercidas a favor de su liberación. Brasil representa hoy el principal escollo para el plan político encabezado por Trump, teniendo en cuenta, además, la proyección de su Gobierno en el plano internacional y la construcción de alianzas determinantes en el marco de los BRICS y con distintas regiones del Sur Global. El hecho de que Brasil sea, además, el tercer país a nivel mundial con yacimientos de tierras raras, le confiere un peso específico particular. ¿Será por todos estos motivos que recientemente Trump aceptó ceder y negociar sus relaciones políticas y económicas con Lula?

El plan maestro de Donald Trump se encuentra hoy en plena ejecución y aparenta ser un modelo exitoso.

Sin embargo, la coerción constante podría dar paso a escenarios mucho más complejos. Más allá de todos sus problemas y contradicciones, y pese a sus gobiernos cómplices y subordinados, la historia de América latina evidencia que la identidad y la protección de sus recursos siempre se sobrepone a los imperativos externos y, principalmente, a aquellos poderes que, en medio de tensiones y conflictos, difícilmente entienden de derechos y soberanías.

La presión sobre Venezuela se extendió a Colombia

El Imperio estadounidense contraataca... en su patio trasero  latinoamericano: ¡yanqui go home!

Los anuncios y la extensión del conflicto aumentan gradualmente como partes de un plan cuyo objeto es cambiar radicalmente la situación de fuerzas en Latinoamérica con la derrota de los países que forman el Alba y aquellos que mantienen gobiernos izquierdistas.

Desde la Casa Blanca suponen que al derribar el gobierno chavista, sus símiles de Cuba y Nicaragua no serán gran problema. El propósito final es que toda la región se mantenga como fiel y subordinado aliado, alejando cualquier posibilidad de que China adquiera influencia decisiva.

La contraofensiva abarca toda las dimensiones, desde la económica y política hasta la militar, escenario frente al cual, Washington no cederá y emprenderá una intervención que ya se observa desembozada y sin miramientos.

De esta manera, el régimen estadounidense se maneja como el que dicta las normas y presiona de diferente forma para obtener los resultados que se propone. Es evidente que la lucha por el narcotráfico es la gran excusa, una estrategia que no es nueva, ya que fue aplicada por el ex presidente Ronald Regan en lo barrios afroamericanos para destrozar su organización comunitaria que resistía los embates de las grandes compañías inmobiliarias que se apropiaban de los barrios. Hoy, es lo mismo, pero es el negocio de los recursos naturales el que necesita destruir a sus oponentes, en especial, los Estados. De allí, que se complemente con la acción de las derechas locales y de los socialdemócratas neoliberales. Según la versión de los gobernantes estadounidenses, no hay espacio para compartir con otra potencia el dominio de la región.

No obstante, la presencia de China no es fácil de debilitar, ya que es el principal socio comercial de relevantes países y en otros sus inversiones aumentan considerablemente.

Aún así, es evidente que existen áreas de importancia, como Centroamérica y el Caribe, la región andina, la Amazonía, la Antártida, el archipiélago de las Galápagos y otras, determinadas por el carácter geoestratégico o por la abundancia de recursos naturales.

En dicho contexto, la dispersión y falta de unidad juegan en contra de cualquier intento de oponerse con decisión a los designios de Washington y las definiciones electorales le han sido propicias, tanto en Ecuador como en Bolivia y se deben esperar los resultados en Honduras y Chile, así como la forma en que desemboque la crisis en Perú.

Los resultados de medio tiempo en Argentina de las elecciones de hoy, son otro indicativo de que el enemigo es duro de roer y que no basta con tener la razón, sino que también se debe tener un claro proyecto alternativo al tipo de sociedad capitalista que pretende imponer Trump.

Lo subrayado/interpolado es nuestro.

IMPUNIDAD Y CORRUPCION EN EL DILATADO CASO SQM

 



IMPUNIDAD Y CORRUPCION EN EL DILATADO CASO SQM


Señores magistrados y jueces, “díctese una sentencia justa, sino serán considerados de injustos”. “No existe tiranía más atroz que la que se ejerce a la sombra de las leyes y bajo los colores de la justicia”...

Prolegómeno:

Escandalosa sentencia de “la justicia chilensis en la medida de lo posible“ - en el caso de la SQM y la sucia conjura entre  Julio Ponce Lerou - yerno del dictador Pinochet-,  y la clase  burguesa politicastra/corrupta : UDI, RN,PPD,PRO, PRI, la DC y el PC: ¡los acusados todos inocentes!:

-     El costo del proceso  por 11 años tuvo un costo para el fisco  y los tribunales  que alcanzó a los 3000 millones de pesos. ¡Paga moya!

-     A votar obligado para que  los corruptos mercachifles ocupantes  del país CMPC/Sofofa herederos de la dictadura cívico militar fascista sigan saqueando las riquezas naturales  por orden del capital buitre foráneo con las complicidad de la clase burguesa politicastra/castrense corrupta y  la impunidad  de la justicia chilensis por 50 años...

-     La alegría llegó con la democracia viva siempre, la fundación Procultura,  el narcotráfico estadounidense, la prostitución juvenil e infantil, el peloteo y el canal televisivo “de las culturas “financiada por la CIA y la Fundación Pro cultura  y la indigencia educacional/cultural...

-     Basta ya de reformismos de “caminos intermedios, antesala de la traición, “que constituyen   una resignación, una enfermedad paralizante/enajenante.  Se  intoxica a la Clase Trabajadora, la juventud  y  a sus sectores más combativos para castrar sus  impulsos revolucionarios. Se siembran ilusiones por 50 años y se ofrecen,  otras cinco décadas más para cosechar más impunidad, corrupción, saqueos de las arcas fiscales en la evolución del Estado burgués en las bondades  de la democracia parlamentaria, y  en las “lealtades de las minorías mercachifles  saqueantes de las riquezas naturales, el carácter profesional de las fuerzas armadas y  hasta en la buena fe de las  predicas imperiales  televisivas yanquis sobre los derechos humanos y el entorno ecológico, pretendiendo tanto  por la socialdemocracia como la democracia cristiana hacernos comulgar con ruedas de carreta que la democracia, por si sola, es el vademécum que curará toda nuestras enfermedades o todos nuestros males desde  el pauperismo crónico hasta el raquitismo económico ancestral. Con la evolución de la Humanidad  no terminará  con el dominio, explotación, enajenación del perverso sistema capitalista determinista globalizado, sino que son los pueblos   que tienen la última palabra: “¡socialismo marxista o barbarie capitalista hegemónica un dilema aun no resuelto!”...

Prof. Moreno Peralta  IWA

Secretario ejecutivo Addhee. Ong.

Patricio Contesse, gerente general de SQM y brazo derecho de Julio Ponce Lerou, reconoció a la Fiscalía: “Estimé que era necesario apoyar la actividad política bajo cierto marco que iba más allá del Servel”. De igual manera, la empresa admitió pagos indebidos ante la justicia estadounidense y el monto de lo que solo se pudo investigar es de 14 millones 750 mil dólares.

La investigación no pudo avanzar porque Michelle Bachelet, quien estaba involucrada, cambió al director de Impuestos Internos y dicho servicio no continuó con las querellas, frenando las averiguaciones. Igual conducta fue seguida por el régimen de Sebastián Piñera.

No obstante, si bien en Chile el escándalo logró neutralizarse por la complicidad entre la derecha y la centroizquierda, en Estados Unidos, SQM tuvo que llegar a un acuerdo, cancelando 30 millones de dólares.

Los partidos que estuvieron involucrados fueron la UDI, Renovación Nacional, RN; el Partido por la Democracia, PPD; el Partido Regionalista Independiente, PRI; el Partido Progresista, PRO; la Democracia Cristiana, DC y el Partido Socialista y, con relación a este último, SQM le financió durante dos años la pre campaña a la presidencia a Michelle Bachelet en su segundo mandato, durante el cual, muy luego, se vio sacudido por el escándalo CAVAL, que involucró a la familia de la ex mandataria y al empresario Andrónico Luksic, otro caso de gran cobertura mediática, que igual quedó en nada.

La corrupción como forma de hacer política

No fue un asunto aislado, ni tampoco la última vez en que se infringió la ley en beneficio de la llegada o la mantención de posiciones de poder en el Estado, por parte de las elites que dominan la sociedad chilena..

La evidente disposición a frenar el escándalo desde La Moneda, independiente de si su inquilino o inquilina era de derecha o de centroizquierda, fue seguida por la conducta impresentable del Poder Judicial, así como el despliegue de poder de los empresarios que movieron sus poderosos tentáculos para evitar que el caso escalara, ya que una treintena de empresas estaban comprometidas en el llamado “financiamiento irregular de la política”, un titular bondadoso inventado por el aparato mediático de la clase dominante, para rebajar la gravedad de los hechos y, a pesar de todo lo sucedido, ex mandatarios como Eduardo Frei Ruiz-Tagle, continúan pontificando acerco del bien y el mal de la política y la economía del país. Inclusive, Michelle Bachelet, hoy realiza una gira con fondos estatales, para acceder a la secretaría general de la ONU, probando que su ambición no tiene límites.

Mientras, la derecha persiste en una especie de cruzada anti delincuencia, en una exhibición de cinismo al que tiene acostumbrado al Pueblo Chileno, ya que guarda silencio frente al bandidaje empresarial/CMPC/SOFOFA, uno de los problemas mayores que sufre la sociedad en su conjunto.

Dirigentes políticos involucrados no reconocen sus errores y, muy por el contrario, intentan convencer a la ciudadanía que fueron perseguidos, lo que no solo muestra un alto grado de cinismo, sino que consideran que su actuar fue correcto, por lo que no extrañaría que lo volvieran a hacer, esta vez guardando las oportunas medidas.

Un colofón necesario, el régimen burgués de turno entrego la explotación y negociación internacional del litio a SQM... chilenos de corazón, sapere aude...

“Inteligencia y mentalidad" fecal...


“Inteligencia y mentalidad" fecal...

Por Prof. Fernando Buen Abad/escritor, filosofo, historiador, lingüista académico de la UNAM/México

Diario red, el Clarín de Colombia, el nortino de Chile, el Clarín de Chile, Jornada de México, Xinhua.net, la Haine, enred sin fronteras, red latina sin fronteras, telesur, publico.es, Amy Goodman/Colombia University, el Sur Andino, Al Jazeera

Prolegómenos:

Saludamos desde el Sur Socialista Marxista no alineado del Mundo Multipolar y la Mundialización, a su más destacado y admirado ideólogo el Prof. Fernando Buen Abad, cuya obra científica a revolucionado la lingüística, se ha convertido en uno e los más inspiradores políticos de la juventud rebelde de la Patria Continente latinoamericana y caribeña.

El Prof. Buen Abad, nos precisa y confirma la lección del marxismo científico, de la degradación en profundidad del perverso sistema capitalista determinista globalizado, solo puede emerger el socialismo marxista o la barbarie fascista capitalista con la destrucción del Genero Humano, porque “bajo el sistema capitalista determinista no hay destino viable para la Humanidad”...

Con esperanza y memoria, el presente es de lucha, el futuro es de los Pueblos Dignos, que asumen que “solo merecen la libertad y la vida quienes cada día las conquistan”...

Prof. Moreno Peralta/IWA

Secretario Ejecutivo ADDHEE.ONG

Un bombardero de excrementos protagonizado por el reyezuelo Trump. Ahora la historia política contemporánea registra, con un aire de estupor y alarma ética, la degradación sistemática de la esfera pública, la inversión absoluta de los valores colectivos y la manufactura deliberada del estiércol simbólico. El convicto Donald Trump se erige como un caso paradigmático de “inteligencia fecal”, modalidad de acción política y mediática que utiliza la excreción como herramienta de poder y desprecio, instaurando su lógica de la boñiga contra la protesta de los pueblos...

Ese video difundido por Trump, en el que exhibe como “bombardero de excrementos”, es ejemplo de su “inteligencia” fecal en acción, no se trata de un simple gesto cómico o provocador, sino de un dispositivo semiótico para atacar con imágenes grotescas. En este material audiovisual, el acto de arrojar excrementos se convierte en metáfora de su odio de clase, la lógica del desprecio como espectáculo con IAG/inteligencia artificial genocida. Cada gesto, cada edición y cada efecto visual refuerza la lógica de contaminación simbólica, mostrando cómo la política y la comunicación pueden transformarse en un vertedero donde la diarrea neo-nazifascista que él mismo produce y distribuye.

Su “inteligencia fecal” no se refiere aquí a un ejercicio metafórico menor, sino a estrategia de semiosis Calígula que añade desechos a todas sus mentiras, injurias, rumores y desinformación, con la intención explícita de degradar la capacidad de juicio y la moral colectiva, convirtiendo todo en suciedad mediática. En este sentido, el “bombardero de excrementos” se erige no como un actor fortuito, sino como un operador consciente de la destrucción del sentido, consciente de que cada palabra, cada gesto, cada publicación, puede ser convertida en instrumento de contaminación social.

El convicto Trump ha construido un estilo capaz de generar un flujo constante de desechos comunicacionales contra cualquier intento de pensamiento crítico y eso no es un accidente histórico ni un producto del azar cultural, su “inteligencia fecal” que es inseparable del capitalismo determinista tardío, de la lógica de la acumulación sin límites y de la espectacularización de la política como bacinica mediática. La excreción funciona como un arma semiótica que genera placer a plutócratas empresarios y sus testaferros de la clase burguesa politicastra castrense, corrupta y anuncia el terreno para una etapa escatológica donde el cinismo, la simulación y la crueldad se convierten en herramientas de régimen plutócrata empresarial oligarca...

Su “inteligencia fecal” actúa como un agente de represión ideológica, insulta la solidaridad, fragmenta los sentidos colectivos y trivializa los conflictos fundamentales que estructuran la realidad social. Una mierda capitalista determinista sistemática con la exaltación de la burla constante que produce anestesia ética del reyezuelo Trump que no es sólo un personaje grotesco, sino un operador de la dominación simbólica de los desechos semióticos plutócratas empresariales y sus paniaguados burgueses politicastras castrenses corruptos

Su “inteligencia fecal” requiere, por tanto, una lectura crítica de la relación entre poder, lenguaje y sociedad. El fenómeno no se agota en la mera provocación o en la insolencia mediática, sino que forma parte de un esquema planificado de desorganización social y cada video, cada escándalo, cada tuit, cada intervención pública, produce un efecto acumulativo de descomposición cultural. Es una guerra semiótica donde los excrementos reemplazan la razón, donde la estética del horror, del terror y la vulgaridad se convierten en instrumentos de poder, y donde la política deja de ser un espacio de construcción colectiva para transformarse en un excusado o W.C.

Nuestro análisis, desde la Filosofía de la Semiosis, revela que el convicto Trump, como “bombardero de excrementos”, no ensucia sólo la política formal, sino también la voluntad de los ciudadanos para construir sentido y proyectar su malestar y su hartazgo. Es violencia simbólica que refuerza la dominación de clase, pues la capacidad de cagarse sobre la realidad desnuda la ideología de la clase dominante que controla, también, los medios de producción y circulación de signos.

Ahora el “bombardero de excrementos” se presenta como un emblema desembozado de la descomposición del capitalismo determinista globalizado hegemónico y no se trata únicamente de confrontar a un individuo grotesco, sino de desactivar la maquinaria de contaminación que ha sido institucionalizada, normalizada y rentabilizada. La lucha contra la inteligencia fecal no es sólo ética, sino estratégica, requiere la recuperación de la claridad conceptual, la reconstrucción de la capacidad de juicio colectivo y la recuperación de la semiosis como herramienta de emancipación y conciencia histórica.

Esto huele muy mal. El convicto Trump y la inteligencia fecal exponen la verdad de su basura semiótica y ponen de relieve la necesidad urgente de educación crítica, alfabetización mediática y cultura de discernimiento. Ya es demasiado, desde hace tiempo. Con las armas de “inteligencia fecal” se cristaliza la perversión de la política y de la mentalidad burguesa que con el bombardeo constante de excrementos simbólicos no sólo degrada a la Humanidad, sino que abre un camino de reyezuelo como la encarnación contemporánea de la suciedad semiótica sobre la construcción de sentido.

El bombardero de los excrementos ideológicos vuela coronado por la inmundicia del espectáculo fecal que es su cabeza, por tanto, es un objeto de análisis crítico indispensable que no sólo revela la degradación de la política y la comunicación, sino también los desafíos que enfrentamos en la lucha por la emancipación de estas podredumbres. La lucha contra semejante fenómeno implica recuperar la capacidad de denunciarlo, de pensar, juzgar y actuar críticamente, transformando la semiosis en instrumento de emancipación y superación del capitalismo determinista globalizado que hace del excremento su lenguaje y arma de represión, dominación, enajenación y transmutación de la persona en un guarismo orwelliano...

Lo subrayado/interpolado es nuestro