El plan maestro del régimen de EE.UU., para su patio trasero latinoamericano reivindicando su lema “Amerika para los amerikanos/yanquis”
Por Daniel Kersffeld/escritor y analista internacional/ADDHEE.ONG
Se trata de una ingeniería política que, en un amplio
sentido, apunta a recuperar el predominio de Estados Unidos en la región y que
busca desplazar a cualquier competidor que atente contra la obtención de los cada
vez más preciados recursos naturales vitales para el transporte, la comunicación,
pero, sobre todo, la industria de la guerra y la tecnología del futuro.
Estados Unidos
incentiva así una nueva política internacional que, sin embargo, retrotrae a
nuestra región a los tiempos de la Guerra Fría, en un enfrentamiento con
las principales potencias globales que se articula con distintos conflictos,
como ocurre con la inseguridad y la lucha por el narcotráfico desbordado, o con la economía y la
política arancelaria, con las medidas frente a los inmigrantes deportados y,
finalmente, con la política de apropiación de recursos naturales.
El primer frente, y al mismo tiempo, el caso más
representativo de esta renovada ofensiva digitada desde Washington tiene como
eje central al Mar Caribe. Lo que comenzó como una amenaza de Trump a Panamá
para recuperar el canal, supuestamente, bajo control de Beijing, aunque en
realidad a cargo del holding hongkonés CK Hutchison y ambicionado por el fondo
de inversión estadounidense BlackRock, pronto derivó en otros aspectos
problemáticos.
Las reiteradas declaraciones de intervención directa frente
a lo que desde Washington se califica como una política demasiado permisiva con
el narcotrafico esconde, en realidad, una creciente inquietud frente a
los cada vez más fuertes lazos comerciales que unen a México con China, lo que
le ha posibilitado al Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum un
importante grado de autonomía gracias a un alto índice de popularidad y a un
conveniente balanceo entre poderes externos.
El enfrentamiento directo con el Gobierno de Nicolás Maduro,
que pasó del plano discursivo a la acción armada a través de un inédito
movimiento de recursos militares hacia las costas venezolanas, tuvo hasta el momento
su principal efecto en el ataque a algunas embarcaciones supuestamente
vinculadas al narcotráfico. En el medio, la
disputa por el petróleo entre dos de las principales multinacionales, Exxon y
Chevron, sumada a la confrontación por el Esequibo entre Venezuela y
Guyana, elevó la tensión en un territorio clave para los Estados Unidos.
En los últimos días, la ofensiva en el Caribe sufre una
escalada a raíz del ataque a un navío supuestamente vinculado al narcotráfico y
atribuido al Ejército de Liberación Nacional (ELN). La falsa denuncia en torno al
presidente de Colombia Gustavo Petro y su rol como jefe del comercio ilegal
de drogas no sólo apunta a debilitar la figura de uno de los principales
críticos de Trump: es también un tiro por elevación a la izquierda en momentos
en que la coalición oficialista dirime sus propios candidatos para la elección
presidencial de 2026. La identificación del Gobierno colombiano con el
narcotráfico constituye así un intento claro por desestabilizar al área
caribeña, en un contexto de creciente inseguridad, pero también de aprovechamiento
político por parte de la Casa Blanca.
El segundo frente tiene a Ecuador, Perú y Chile como sus
componentes esenciales, en un escenario en el que la violencia, la explotación
de recursos naturales, y, más aún, la creciente relación con China, operan como
elementos activos en las relaciones con los Estados Unidos. Sin tanto
estruendo, y aprovechando una muy baja legitimidad, el pasado 10 de octubre
sectores del establishment peruano enquistados en el Parlamento desplazaron a
Dina Boluarte. Aunque no figura entre las causas de su destitución, la exgobernante
peruana se acercó demasiado a Beijing, promoviendo la construcción del
estratégico puerto de Chancay, construido con financiamiento chino, y en cuya
inauguración, el 14 de noviembre de 2024, asistió el presidente Xi Jinping. En
carpeta se encuentra un proyecto todavía más amplio: el megapuerto Corío, en
Arequipa, de mayor calado que Chancay. Empresas chinas y estadounidenses están
en una fuerte puja por este emprendimiento, si bien en Lima se está operando un
alineamiento directo con Washington por parte del actual mandatario José Jeri.
Daniel Noboa, uno de los principales aliados de Trump, ofrece al Ecuador como
una trinchera para preservar los intereses estadounidenses en la región. Frente
a la declamada lucha contra la inseguridad, con el desborde violento causado
por supuestas organizaciones «narcoterroristas», y en medio de la creciente
represión a la protesta social, el régimen convocó a un plebiscito para
el 16 de noviembre para determinar el regreso de las bases militares extranjeras
en territorio ecuatoriano, lo que inevitablemente trae el recuerdo de la Base
de Manta, cerrada en 2009 durante el mandato de Rafael Correa. En caso de un
triunfo del voto afirmativo, el Pentágono controlaría parte del Pacífico
sudamericano y se ubicaría cerca del Canal de Panamá.
En Chile, el interés prioritario de la Casa Blanca apunta a
incidir en las elecciones generales que se desarrollarán entre noviembre y
diciembre. El temor al triunfo de la candidata de izquierda Jeanette Jara alimenta
el interés por robustecer a la actual oposición al Gobierno de Gabriel Boric,
nutrida especialmente por distintas variantes de la derecha y la ultraderecha
que ya han acordado un plan de apoyo mutuo en caso de que alguna llegue al
balotaje. El control soberano a las
reservas de litio y de otros recursos estratégicos está directamente atado al
resultado electoral.
En tanto que, por sus implicaciones geopolíticas hacia toda
Sudamérica, el caso de Bolivia resulta clave para la impronta hegemónica de
Trump, más aún, luego de concretado el triunfo de Rodrigo Paz el 19 de octubre.
La implosión del modelo político y económico llevado adelante por el MAS fue
aprovechada por la Casa Blanca, la que contribuirá a operar un viraje hacia la
derecha que, entre otros aspectos, seguramente pondrá en cuestión los acuerdos
alcanzados previamente con China y con Rusia para la explotación del litio, del
gas y de distintos recursos naturales estratégicos. El predominio total sobre
Bolivia posibilitado por la derecha era un factor político largamente anhelado
por Washington durante los mandatos de Evo Morales y Luis Arce. El último
frente, el del Atlántico, probablemente sea el más complejo para el régimen
de Trump. Lula da Silva ha demostrado su fortaleza y liderazgo para enfrentar
la política arancelaria impuesta desde el norte, y ha enfatizado su
independencia para juzgar y condenar al expresidente Jair Bolsonaro por su
responsabilidad en el intento de golpe de Estado de 2022, pese a las presiones
ejercidas a favor de su liberación. Brasil representa hoy el principal escollo
para el plan político encabezado por Trump, teniendo en cuenta, además, la
proyección de su Gobierno en el plano internacional y la construcción de
alianzas determinantes en el marco de los BRICS y con distintas regiones del
Sur Global. El hecho de que Brasil sea, además, el tercer país a nivel mundial
con yacimientos de tierras raras, le confiere un peso específico particular.
¿Será por todos estos motivos que recientemente Trump aceptó ceder y negociar
sus relaciones políticas y económicas con Lula?
El plan maestro de Donald Trump se encuentra hoy en plena
ejecución y aparenta ser un modelo exitoso.
Sin embargo, la coerción constante podría dar paso a
escenarios mucho más complejos. Más allá de todos sus problemas y
contradicciones, y pese a sus gobiernos cómplices y subordinados, la historia
de América latina evidencia que la identidad y la protección de sus recursos
siempre se sobrepone a los imperativos externos y, principalmente, a aquellos
poderes que, en medio de tensiones y conflictos, difícilmente entienden de derechos
y soberanías.
La presión sobre Venezuela se extendió a Colombia
El Imperio estadounidense
contraataca... en su patio trasero latinoamericano: ¡yanqui go home!
Desde la Casa Blanca suponen que al derribar el gobierno chavista,
sus símiles de Cuba y Nicaragua no serán gran problema. El propósito final es
que toda la región se mantenga como fiel y subordinado aliado, alejando
cualquier posibilidad de que China adquiera influencia decisiva.
La contraofensiva abarca toda las dimensiones, desde la económica
y política hasta la militar, escenario frente al cual, Washington no cederá y
emprenderá una intervención que ya se observa desembozada y sin miramientos.
De esta manera, el régimen estadounidense se maneja como
el que dicta las normas y presiona de diferente forma para obtener los resultados
que se propone. Es evidente que la lucha por el narcotráfico es la gran
excusa, una estrategia que no es nueva, ya que fue aplicada por el ex presidente
Ronald Regan en lo barrios afroamericanos para destrozar su organización
comunitaria que resistía los embates de las grandes compañías inmobiliarias que
se apropiaban de los barrios. Hoy, es lo mismo, pero es el negocio de los
recursos naturales el que necesita destruir a sus oponentes, en especial, los
Estados. De allí, que se complemente con la acción de las derechas locales y de
los socialdemócratas neoliberales. Según la versión de los gobernantes estadounidenses,
no hay espacio para compartir con otra potencia el dominio de la región.
No obstante, la presencia de China no es fácil de debilitar,
ya que es el principal socio comercial de relevantes países y en otros sus
inversiones aumentan considerablemente.
Aún así, es evidente que existen áreas de importancia, como
Centroamérica y el Caribe, la región andina, la Amazonía, la Antártida, el
archipiélago de las Galápagos y otras, determinadas por el carácter
geoestratégico o por la abundancia de recursos naturales.
En dicho contexto, la dispersión y falta de unidad juegan en
contra de cualquier intento de oponerse con decisión a los designios de
Washington y las definiciones electorales le han sido propicias, tanto en
Ecuador como en Bolivia y se deben esperar los resultados en Honduras y Chile,
así como la forma en que desemboque la crisis en Perú.
Los resultados de medio tiempo en Argentina de las elecciones
de hoy, son otro indicativo de que el enemigo es duro de roer y que no basta
con tener la razón, sino que también se debe tener un claro proyecto
alternativo al tipo de sociedad capitalista que pretende imponer Trump.
Lo subrayado/interpolado
es nuestro.





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