“Inteligencia y mentalidad" fecal...
Diario red, el Clarín de Colombia, el nortino de Chile, el Clarín de
Chile, Jornada de México, Xinhua.net, la Haine, enred sin fronteras, red latina
sin fronteras, telesur, publico.es, Amy Goodman/Colombia University, el Sur
Andino, Al Jazeera
Prolegómenos:
Saludamos desde el Sur Socialista Marxista no alineado del
Mundo Multipolar y la Mundialización, a su más destacado y admirado ideólogo el
Prof. Fernando Buen Abad, cuya obra científica a revolucionado la lingüística,
se ha convertido en uno e los más inspiradores políticos de la juventud rebelde
de la Patria Continente latinoamericana y caribeña.
El Prof. Buen Abad, nos precisa y confirma la lección del
marxismo científico, de la degradación en profundidad del perverso sistema
capitalista determinista globalizado, solo puede emerger el socialismo marxista
o la barbarie fascista capitalista con la destrucción del Genero Humano, porque
“bajo el sistema capitalista
determinista no hay destino viable para la Humanidad”...
Con esperanza
y memoria, el presente es de lucha, el futuro es de los Pueblos Dignos, que
asumen que “solo merecen la libertad y la vida quienes cada día las conquistan”...
Prof.
Moreno Peralta/IWA
Secretario Ejecutivo ADDHEE.ONG
Ese video difundido por Trump, en el que exhibe como
“bombardero de excrementos”, es ejemplo de su “inteligencia” fecal en acción,
no se trata de un simple gesto cómico o provocador, sino de un dispositivo
semiótico para atacar con imágenes grotescas. En este material audiovisual, el
acto de arrojar excrementos se convierte en metáfora de su odio de clase, la
lógica del desprecio como espectáculo con IAG/inteligencia artificial
genocida. Cada gesto, cada edición y cada efecto visual refuerza la lógica
de contaminación simbólica, mostrando cómo la política y la comunicación pueden
transformarse en un vertedero donde la diarrea neo-nazifascista que él mismo
produce y distribuye.
Su “inteligencia fecal” no se refiere aquí a un ejercicio
metafórico menor, sino a estrategia de semiosis Calígula que añade desechos a
todas sus mentiras, injurias, rumores y desinformación, con la intención
explícita de degradar la capacidad de juicio y la moral colectiva, convirtiendo
todo en suciedad mediática. En este sentido, el “bombardero de excrementos” se
erige no como un actor fortuito, sino como un operador consciente de la
destrucción del sentido, consciente de que cada palabra, cada gesto, cada
publicación, puede ser convertida en instrumento de contaminación social.
El convicto Trump ha construido un estilo capaz de
generar un flujo constante de desechos comunicacionales contra cualquier
intento de pensamiento crítico y eso no es un accidente histórico ni un
producto del azar cultural, su “inteligencia fecal” que es inseparable del
capitalismo determinista tardío, de la lógica de la acumulación sin
límites y de la espectacularización de la política como bacinica mediática. La
excreción funciona como un arma semiótica que genera placer a plutócratas
empresarios y sus testaferros de la clase burguesa politicastra castrense,
corrupta y anuncia el terreno para una etapa escatológica donde el cinismo,
la simulación y la crueldad se convierten en herramientas de régimen plutócrata
empresarial oligarca...
Su “inteligencia fecal” requiere, por tanto, una lectura
crítica de la relación entre poder, lenguaje y sociedad. El fenómeno no se
agota en la mera provocación o en la insolencia mediática, sino que forma parte
de un esquema planificado de desorganización social y cada video, cada
escándalo, cada tuit, cada intervención pública, produce un efecto acumulativo
de descomposición cultural. Es una guerra semiótica donde los excrementos
reemplazan la razón, donde la estética del horror, del terror y la
vulgaridad se convierten en instrumentos de poder, y donde la política deja de
ser un espacio de construcción colectiva para transformarse en un excusado o
W.C.
Nuestro análisis, desde la Filosofía de la Semiosis, revela
que el convicto Trump, como “bombardero de excrementos”, no ensucia sólo
la política formal, sino también la voluntad de los ciudadanos para construir
sentido y proyectar su malestar y su hartazgo. Es violencia simbólica que
refuerza la dominación de clase, pues la capacidad de cagarse sobre la realidad
desnuda la ideología de la clase dominante que controla, también, los medios de
producción y circulación de signos.
Ahora el “bombardero de excrementos” se presenta como un
emblema desembozado de la descomposición del capitalismo determinista globalizado
hegemónico y no se trata únicamente de confrontar a un individuo grotesco,
sino de desactivar la maquinaria de contaminación que ha sido
institucionalizada, normalizada y rentabilizada. La lucha contra la
inteligencia fecal no es sólo ética, sino estratégica, requiere la recuperación
de la claridad conceptual, la reconstrucción de la capacidad de juicio
colectivo y la recuperación de la semiosis como herramienta de emancipación y
conciencia histórica.
Esto huele muy mal. El convicto Trump y la
inteligencia fecal exponen la verdad de su basura semiótica y ponen de relieve
la necesidad urgente de educación crítica, alfabetización mediática y cultura
de discernimiento. Ya es demasiado, desde hace tiempo. Con las armas de
“inteligencia fecal” se cristaliza la perversión de la política y de la
mentalidad burguesa que con el bombardeo constante de excrementos simbólicos no
sólo degrada a la Humanidad, sino que abre un camino de reyezuelo como la
encarnación contemporánea de la suciedad semiótica sobre la construcción de
sentido.
El bombardero de los excrementos ideológicos vuela coronado
por la inmundicia del espectáculo fecal que es su cabeza, por tanto, es un
objeto de análisis crítico indispensable que no sólo revela la degradación de
la política y la comunicación, sino también los desafíos que enfrentamos en la
lucha por la emancipación de estas podredumbres. La lucha contra semejante
fenómeno implica recuperar la capacidad de denunciarlo, de pensar, juzgar y
actuar críticamente, transformando la semiosis en instrumento de emancipación y
superación del capitalismo determinista globalizado que hace del
excremento su lenguaje y arma de represión, dominación, enajenación y transmutación
de la persona en un guarismo orwelliano...
Lo subrayado/interpolado es nuestro






No hay comentarios:
Publicar un comentario