La Élite Criminal, DEGENERADA Expuesta en los Archivos Epstein está Ocultando la Verdad:
Por Jonathan Cook*/ Voces del Mundo*/escritor y analista internacional:
Si les cuesta lidiar con la incesante presión de comunicarse en un mundo
cada vez más conectado/censurado/controlado, piensen en el serial del
difunto pedófilo Jeffrey Epstein.
Tan sólo enviar correos electrónicos parece haber sido casi un trabajo
de tiempo completo para él, y en realidad lo fue.
La atención personalizada que dedicó a sibaritas,
drogadictos y degenerados
multimillonarios dueños de la celestina universal/el dólar, miembros de
la realeza, líderes políticos, estadistas, celebridades, académicos y élites
mediáticas fue la forma en que se mantuvo en el centro de esta vasta red de
poder.
Su agenda de contactos era un quién es quién de aquellos que moldean
nuestra idea de cómo debería gobernarse el mundo. Pero también fue crucial para
atraer a algunas de estas mismas figuras poderosas a su círculo más íntimo, a
un mundo de grupos privados depravados y explotadores en Nueva York y su isla
caribeña.
Al parecer, hay otros tres
millones de documentos aún retenidos. Su contenido, debemos
suponer, es aún más condenatorio para la élite global cultivada por Epstein.
Cuantos más documentos salen a la luz, más se perfila la imagen de cómo
Epstein se protegió de las consecuencias de su propia depravación gracias a
esta red de aliados que, o bien consintieron en sus delitos, o bien
participaron activamente en ellos.
El modus operandi de Epstein se parecía sospechosamente
al de un jefe mafioso, que exige que los iniciados participen en un golpe antes
de convertirse en miembros de pleno derecho de la mafia. La complicidad es la
forma más segura de garantizar una conspiración de silencio.
Red de poder
No se trata sólo de que el difunto pedófilo financiero se escondiera a
plena vista durante décadas. Su red de amigos y conocidos se escondía con él,
asumiendo todos que eran intocables.
Su abuso de mujeres jóvenes y niñas no fue sólo un delito personal.
Después de todo, ¿para quién estaban él y su proxeneta, Ghislaine Maxwell,
llevando a cabo todo este tráfico sexual?
Precisamente por eso, muchos de los millones de documentos publicados
han sido cuidadosamente censurados, no para proteger principalmente a sus
víctimas, que al parecer son identificadas con demasiada
frecuencia, sino para proteger a los círculos depredadores a los que
servía que se sigue protegiendo.
Lo destacable de la última tanda de archivos de Epstein es lo sugestivos
que son de una cosmovisión asociada con los “teóricos de la conspiración”.
Epstein estaba en el centro de una red global de figuras poderosas de ambos
lados de una supuesta —pero en realidad, en gran medida performativa— división
política entre la izquierda y la derecha.
El pegamento que parece haber unido a muchas de estas figuras fue su
trato abusivo a mujeres jóvenes y niñas vulnerables.
De igual manera, las fotos de hombres ricos con mujeres jóvenes sugieren
que Epstein acumuló, formal o informalmente, kompromat (pruebas
incriminatorias) que presumiblemente le sirvieron como posible dominio sobre
ellas.
Al más puro estilo masónico, su círculo de iguales parece haberse
protegido mutuamente. El propio Epstein sin duda se benefició de un trato muy
preferencial en Florida en 2008. Terminó encarcelado por sólo dos
cargos de prostitución —el menos grave entre una serie de
cargos de tráfico sexual— y cumplió una
corta condena, gran parte de ella en libertad condicional.
Y el misterio de cómo Epstein, un contable glorificado, financió su
estilo de vida increíblemente lujoso —cuando su agenda parece haber estado
dominada por el correo electrónico, las tareas domésticas y la organización de
fiestas sexuales— se vuelve un poco menos misterioso con cada nueva revelación.
Su trato con los superricos y sus secuaces, y las invitaciones para ir a
su isla a pasar tiempo con mujeres jóvenes, todo recuerda a la tradicional
trampa de seducción empleada por las agencias de espionaje. Lo más probable es
que Epstein no estuviera financiando todo esto él mismo.
Las huellas de Israel
Esto no debería sorprendernos. Una vez más, las huellas de los servicios
de inteligencia, en particular las de Israel, se encuentran en
la última filtración de archivos. Pero las pistas ya estaban ahí desde mucho
antes.
Por supuesto, existía su insólito vínculo
íntimo con el proxeneta Maxwell,
cuyo padre, un magnate de los medios, quedó expuesto como agente israelí tras
su muerte. Y el mejor amigo de Epstein durante mucho tiempo, Ehud Barak, exjefe
de la inteligencia militar israelí que posteriormente ejerció de primer
ministro, debería haber sido otra señal de alerta.
Esa asociación ocupó un lugar destacado en una serie de artículos publicados
por Drop Site
News el otoño pasado, a partir de una publicación anterior
de los archivos de Epstein. Estos mostraban a
Epstein ayudando a Israel a negociar acuerdos de seguridad con países como
Mongolia, Costa de Marfil y Rusia.
Un oficial de la inteligencia militar israelí en activo, Yoni Koren,
fue huésped recurrente
del apartamento de Epstein en Manhattan entre 2013 y 2015. Un correo
electrónico también muestra a Barak pidiéndole a Epstein que transfiriera
fondos a la cuenta de Koren.
Pero la última publicación ofrece pistas adicionales. Un documento
desclasificado del FBI cita a
una fuente confidencial que afirma que Epstein estaba muy “cerca” de Barak y
que “se entrenó como espía bajo su mando”.
En un intercambio de correos electrónicos entre ambos en 2018, antes de
una reunión con un fondo de inversión catarí, Epstein le
pide a Barak que disipe las posibles preocupaciones sobre su
relación: “Deberías dejar claro que no trabajo para el Mossad.)”.
Y en un audio recién publicado y sin fecha, Epstein aconseja a Barak que
investigue más sobre la firma estadounidense de análisis de datos Palantir y
que conozca a su fundador, Peter Thiel. En 2024, Israel firmó un
acuerdo con Palantir para obtener servicios de inteligencia
artificial que ayudarían al ejército israelí a seleccionar objetivos en Gaza.
Como era de esperar, estas revelaciones apenas están teniendo eco en los
medios de comunicación tradicionales, los mismos medios cuyos multimillonarios
propietarios y entregados editores cortejaron a Epstein en su día.
En cambio, los medios parecen estar mucho más
absortos en pistas menos convincentes que sugieren que Epstein
también podría haber tenido conexiones con los servicios de seguridad rusos.
Pacto fáustico
Hay una razón por la que la demanda de los archivos de Epstein ha sido
tan clamorosa que incluso el presidente estadounidense Donald Trump tuvo que
ceder, a pesar de las vergonzosas revelaciones que también le afectaron. Gran
parte de lo que vemos en nuestra política, cada vez más degradada y corrupta,
parece desafiar cualquier explicación racional, y mucho menos moral.
Las élites occidentales llevan dos años conspirando activamente en
la masacre de
Gaza —ampliamente identificada por los expertos como genocidio—
y luego etiquetando cualquier oposición como antisemitismo o
terrorismo.
Esas mismas élites se quedan de brazos cruzados mientras el planeta
arde, negándose a renunciar a su enriquecedora adicción a los combustibles
fósiles, incluso cuando una encuesta tras otra muestran que las temperaturas
globales suben sin cesar hasta el punto de que el colapso climático es
inevitable.
Una serie de guerras de agresión occidentales, imprudentes e ilegales,
en Oriente Medio, así como la prolongada incitación de la OTAN a Rusia para
que invada
Ucrania, no sólo han desestabilizado el mundo, sino que corren el
riesgo de provocar una conflagración nuclear.
Y a pesar de las advertencias de los expertos, la inteligencia
artificial se está implementando apresuradamente sin apenas pensar en los
impredecibles y probablemente masivos costes para nuestras sociedades, desde la
destrucción de gran parte del mercado laboral hasta la alteración de nuestra
capacidad para evaluar la verdad.
Los archivos de Epstein ofrecen una respuesta. Lo que parece una
conspiración, sugieren, es efectivamente una conspiración impulsada por la
avaricia. Lo que siempre hemos tenido ante nuestros ojos podría ser cierto:
para ser aceptado en la pequeña élite del poder de Occidente hay que pagar un
alto precio, e implica dejar de lado cualquier sentido de moralidad. Requiere
descartar la empatía hacia cualquiera que no pertenezca al grupo.
Tal vez una élite desalmada y carnívora a cargo de nuestras sociedades
sea menos caricaturesca de lo que parece. Quizás los archivos de Epstein tengan
tanto impacto en nuestra imaginación porque nos enseñan una lección que ya
sabíamos, confirmando una historia con moraleja que precede incluso al canon
literario occidental.
Hace más de 400 años, el escritor inglés Christopher Marlowe,
contemporáneo de William Shakespeare, se inspiró en cuentos populares alemanes
para escribir su obra Doctor Fausto sobre un erudito que, a través de
Mefistófeles, acepta vender su alma al diablo a cambio de poderes mágicos.
Así nació el pacto fáustico, mediado por la figura de Mefistófeles,
similar a la de Epstein. El gran escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe
retomaría este relato 200 años después en su obra maestra en dos partes:
Fausto.
Lógica degenerada
Sin embargo, quizá no sea sorprendente que el ruido mediático sobre los
archivos de Epstein esté sirviendo principalmente para acallar una historia más
veraz que lucha por emerger.
La misma élite que una vez valoró a Epstein como su maestro de
ceremonias intenta ahora desviar nuestra atención de su complicidad en sus
delitos para dirigirla hacia unos pocos individuos selectos, en particular en
el Reino Unido: Andrew Mountbatten-Windsor y Peter
Mandelson.
Es difícil considerar a esta pareja como chivos expiatorios. No
obstante, cumplen el mismo propósito: saciar el creciente apetito del público
por el castigo.
Mientras tanto, el resto de su círculo o bien niega las sólidas pruebas
de su amistad con Epstein o, si se les acorrala, se disculpan rápidamente por
un breve lapsus de juicio, antes de correr a esconderse.
Se trata de un cálculo erróneo. Los archivos de Epstein no sólo nos
muestran las decisiones oscuras de unos pocos individuos poderosos. Más
importante aún es que ponen de relieve la lógica degenerada de las estructuras
de poder que hay detrás de estos individuos.
Las poderosas figuras que tomaron el Lolita Express de Epstein para ir a
su isla; que recibieron “masajes” de mujeres y niñas jóvenes víctimas de trata;
y que bromeaban despreocupadamente sobre los abusos que sufrían esas jóvenes,
son las mismas personas que ayudaron discretamente a Israel a cometer una matanza
masiva en Gaza y, en algunos casos, defendieron con vehemencia
su derecho a hacerlo.
¿Nos sorprende que quienes no expresaron ni un ápice de oposición al
asesinato y la mutilación de decenas de miles de niños palestinos,
y a la hambruna de
cientos de miles más, fueran quienes también consintieron los rituales de abuso
contra niñas, o los toleraron, mucho más cerca de casa?. Hoy se pretende
construir en Gaza el gran burdel mediterráneo el negocio que le quita el sueño
al convicto presidente de Estados Unidos Trump y su cómplice el primer ministro
del nazisionismo Netanyahu.
Estas son las personas que exigían a cualquiera que aspirara a alzar la
voz en defensa de los niños de Gaza que dedicara su tiempo a condenar a Hamás.
Estas son las personas que intentaron a toda costa desacreditar el creciente
número de muertes infantiles atribuyéndolas al “Ministerio de Sanidad de Gaza,
dirigido por Hamás”.
Estas son las personas que negaron que Israel atacara los tan necesarios
hospitales para tratar a los niños heridos y enfermos de Gaza, e ignoraron la
hambruna masiva que Israel inflige a toda la población. Y estas son las
personas que ahora fingen que el continuado asesinato y tortura de los niños de
Gaza por parte de Israel equivale a un “plan de paz”.
Neoliberalismo y nazisionismo
Dejemos a un lado, de momento, su pedofilia. Epstein fue la
personificación definitiva de las dos ideologías corruptas del neoliberalismo
capitalista y el sionismo que dominan las sociedades occidentales. Esa es
razón suficiente para que sobresaliera durante tanto tiempo en sus altas
esferas.
El destino final de esas ideologías iba a conducir siempre a un
genocidio en Gaza y, en los próximos años o décadas, a menos que se detenga, a
un holocausto nuclear o al colapso climático a escala planetaria.
Epstein podría servir de advertencia saludable de lo que está tan
profundamente mal en la cultura política y financiera de Occidente. Pero la
llamada de atención que representa se está viendo ahora tan atenuada en su
ausencia como lo estaba en vida.
La celestina universal/el dólar un
siniestro instrumento al igual que el neoliberalismo para masifica, enajenar, y
explotar al ser humano.
El neoliberalismo es la búsqueda del dinero y el poder por sí mismo,
desvinculado de cualquier propósito superior o bien social. Durante el último
medio siglo, se ha alentado a las sociedades occidentales a venerar a la clase
multimillonaria —pronto billonaria— como el símbolo supremo del crecimiento
económico y el progreso, en lugar del indicador definitivo de un sistema que se
ha podrido desde dentro.
Como era de esperar, los superricos y sus seguidores se han sentido
atraídos por los defensores del “largoplacismo”, un movimiento que justifica
las graves desigualdades e injusticias actuales del mundo y se resigna a un
apocalipsis climático y ambiental inminente a medida que se agotan los recursos
del planeta.
El largoplacismo argumenta que la salvación de la humanidad no reside en
reorganizar nuestras sociedades política y económicamente en el aquí y ahora,
sino en intensificar esas desigualdades para lograr el éxito a largo
plazo mediante una clase de Übermensch nietzscheanos,
o seres superiores dueños de la
celestina universal/el dólar.
Una pequeña élite financiera necesita libertad absoluta para amasar más
riqueza en busca de soluciones —mediante innovaciones tecnológicas, por
supuesto— que permitan superar las dificultades de sobrevivir en nuestro frágil
planeta. El resto de nosotros somos un impedimento para que los superricos
puedan encontrar un rumbo hacia la seguridad.
Los hombres, mujeres y niños normales y corrientes marginados,
enajenadas deben quedarse en el barco que se hunde, mientras los
multimillonarios requisan los botes salvavidas. En palabras de uno de los gurús
del largoplacismo, Nick Bostrom,
filósofo de la Universidad de Oxford, lo que nos espera es “una masacre
gigantesca para el hombre, un pequeño paso en falso para la humanidad”.
Tomando prestado un término de los videojuegos, los miembros de la élite
neoliberal nos ven al resto como personajes no jugadores o como personajes de
relleno generados en un juego para servir de fondo a los jugadores reales.
Visto desde esta perspectiva más amplia, ¿qué importa si los niños sufren, ya
sea en Gaza o en las mansiones de un multimillonario?
Sin excepciones morales
Si esto se parece mucho al colonialismo tradicional de la “carga del
hombre blanco”, actualizado para una supuesta era poscolonial, es porque lo es.
Esto ayuda a explicar por qué el neoliberalismo capitalista determinista se complementa
tan bien con otra ideología colonial depravada: el sionismo.
El nazisionismo ganó cada vez más legitimidad tras la Segunda
Guerra Mundial, a pesar de que conservó con descaro durante la posguerra la
misma lógica
depravada de los nacionalismos étnicos europeos que habían
culminado anteriormente en el nazismo.
Israel, el hijo bastardo del sionismo, no sólo reflejó la supremacía
aria, sino que hizo respetable su propia versión: la supremacía judía. El
sionismo, al igual que otros nacionalismos étnicos repugnantes, exige la
unidad tribal contra el Otro, valora el militarismo por encima de todo y busca
constantemente la expansión territorial, o Lebemsraum.
¿Sorprende acaso que fuera Israel quien, durante muchas décadas,
revirtiera los avances de un sistema jurídico internacional creado precisamente
para evitar que se repitieran los horrores de la Segunda Guerra Mundial?
¿Sorprende acaso que fuera Israel quien perpetrara un genocidio a la
vista del mundo, y que Occidente no sólo no lo detuviera, sino que participara activamente en
la matanza masiva?
¿Sorprende acaso que, a medida que a Israel le ha resultado más difícil
ocultar la naturaleza criminal de su empresa, Occidente se haya vuelto más represivo
y autoritario a la hora de aplastar la oposición a su proyecto?
¿Sorprende acaso que los sistemas de armas, las innovaciones en materia
de vigilancia y los mecanismos de control demográfico que Israel ha
desarrollado y perfeccionado para utilizarlos contra los palestinos lo
conviertan en un aliado tan
preciado para la clase multimillonaria occidental que busca
utilizar las mismas innovaciones tecnológicas en su propio país?
Por eso, el ministro del Interior del Gobierno británico, que apoyó con
fuerza el genocidio en Gaza y calificó la oposición al mismo como terrorismo,
quiere ahora revivir la idea del siglo XVIII de la prisión panóptica, una forma
de encarcelamiento que todo lo ve, pero en una versión de inteligencia
artificial. En palabras de Shabana Mahmood, su panóptico garantizaría
que “los ojos del Estado/el gran hermano puedan estar sobre ti en todo
momento”.
Hace casi dos décadas, quedó claro que Jeffrey Epstein era un
depredador. En los últimos años, se ha vuelto imposible mantener la idea de que
era un caso moral atípico. Él destiló y canalizó, a través de formas depravadas
de gratificación sexual, una cultura corrupta más amplia que cree que las
reglas no se aplican a las personas especiales, a los elegidos, a los Übermensch.
Para querer la libertad, la democracia y la justicia son medios exclusivos
para obtener ventajas de ellas... Club Bilderberg – Foro económico Mundial de
Dallas. Se cambia el nombre del organismo explotador para demostrar que las
cosas cambian.
Un puñado de sus aliados más desechables serán sacrificados para
satisfacer nuestra sed de rendición de cuentas. Pero no se dejen engañar: la
cultura Epstein sigue vigente.
*Jonathan Cook es autor de tres libros sobre el conflicto
palestino-israelí. Ha ganado el Premio Especial de Periodismo Martha Gellhorn.
Vivió en Nazaret durante veinte años, de donde regresó en 2021 al Reino
Unido.
*Artículo originalmente publicado en Middle East Eye. Traducido del
inglés por Sinfo Fernández.
Rusia condena vínculo de las élites de occidente/Estados Unidos, Unión Europea/OTAN, Inglaterra Canadá y Japón con red de Epstein
La portavoz de la Cancillería rusa, María Zajárova, denunció que los
mismos actores responsables de las atrocidades descritas en los archivos del
pederasta Jeffrey Epstein, son quienes proveen recursos militares a Ucrania
“para la matanza de los niños”.
Para la vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, el
trato que estas élites brindan a la infancia, incluyendo a sus propios
familiares, es un reflejo directo de su política exterior y de su apoyo al Gobierno
de Kiev.
La portavoz de la Cancillería rusa, María Zajárova, criticó las
cúpulas de poder en Occidente tras la reciente difusión de documentos
vinculados al caso de Jeffrey Epstein. Según la funcionaria, la
información revelada en estos archivos no solo expone una red de abusos contra
menores, sino que también explica la naturaleza ética de quienes actualmente
financian el conflicto en Ucrania.
Zajárova sostuvo que los materiales, que incluyen millones de
registros, evidencian cómo sectores influyentes de la sociedad
occidental habrían participado durante décadas en la corrupción
y violencia contra menores de edad.
Para la vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, el trato
que estas élites brindan a la infancia, incluyendo a sus propios
familiares, es un reflejo directo de su política exterior y de su apoyo al régimen
de Kiev.
En su declaración, la funcionaria denunció que los mismos actores
responsables de las atrocidades descritas en los archivos son quienes proveen
“recursos colosales para la matanza de los niños y la población civil”.
El delincuente sexual estadounidense Jefrrey Epstein fue arrestado en
julio de 2019 en Nueva York. De acuerdo con las investigaciones de la
Fiscalía, el pederasta habría coordinado durante años el traslado de
decenas de menores a su residencia en Manhattan con fines de explotación sexual,
un esquema que habría operado con mayor intensidad entre 2002 y 2005.
El círculo social de Epstein destacaba por su gran influencia global,
integrando a figuras de alto perfil que incluían desde empresarios prominentes
y celebridades hasta mandatarios y funcionarios públicos de diversos países.
Dentro de esta red de contactos destacaron nombres como el del
expresidente Bill Clinton y el del actual mandatario estadounidense, Donald
Trump.
Tras el suicidio de Epstein en su celda el 10 de agosto de 2019, el
proceso judicial en su contra fue interrumpido. No obstante, el caso
dejó al descubierto los vínculos de poder que el financiero mantuvo con las
esferas políticas y económicas más altas del mundo.
Lo subrayado/interpolado es nuestro.







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