Érase una vez la izquierda y la derecha…
Prolegómeno: La Teoría de los demonios deterministas la izquierda y la derecha
impuesta por la Asamblea Nacional Constituyente de Francia...¡Vigente hasta
nuestros días!
El 28 de agosto de 1789,
surgió en la Asamblea Nacional
Constituyente la división entre izquierda y derecha en el debate sobre la
Constitución en especial y el Veto del Rey Luis XVI, en particular.
Los leales a la Monarquía absolutista, feudal, clerical, exigían que el
rey conservara el poder y el derecho al veto sobre toda ley para detener el
avance del Movimiento social Revolucionario del Pueblo
Francés, nacido de la lucha de sus vanguardias la Clase
Trabajadora y la Juventud por la
Libertad, la Igualdad, la Fraternidad y la Realización de la Cuestión
Social. Esta última concierne a la oportuna
regularización del trabajo y de
las condiciones de los trabajadores, sin
resolver hasta nuestros días...
Habiendo ganado la izquierda/los revolucionarios que pedían un cambio radical, es decir, la República, con la votación de 673
votos frente a los 325, que sepultaba a
la monarquía y marcaba, profundizaba el curso de la aurora, de la Revolución Francesa, con el rey Luis
XVI y sus esposa María Antonieta ejecutados en la guillotina...
Mientras el pueblo parisino celebraba su triunfo, la izquierda
enfrascada en discusiones bizantinas, la derecha los conservadores manipulaban
a la minoría burguesa/liberal de la Asamblea Legislativa Constituyente, que se
transformaría en su testaferra, al grito: ¿quieren progreso, libertad? ¡Viva el
liberalismo, protejan la libre iniciativa, dejar hacer, dejar pasar/ laisser
faire , laisser paser...
¡Inaudito! La burguesía liberal testaferra de la clase
financiera/bancaria, agrícola /feudal, sostenedora /sustentadora del
régimen monárquico absolutista feudal/clerical fue vencedora transformando la
asamblea legislativa nacional progresista
en un ente reaccionario que aplicará el orden económico con un programa individualista y
atomístico. Toda sombra de concepción
orgánica de la visa social desaparece. En nombre del individualismo a Outrance
la Asamblea Constituyente con fecha 14 /6/1791, prohíbe el establecimiento de toda
y cualquiera asociación de
trabajadores...
El resto de la historia es muy
conocida, la incapacidad de la burguesía liberal para gobernar, obliga a la
derecha/conservadora a recurrir al golpe de Estado con Napoleón Bonaparte...
1945, fin de la maldita segunda guerra mundial, los ganadores por el Occidente, Estados
Unidos y la Unión Soviética asumieron la aplicación a rajatabla de la teoría de los demonios
deterministas izquierda y derecha para regir sus zonas de influencia mundial.
Para entender la teoría de los demonio deterministas, preciso que éste tiene como base el sistema filosófico que
subordina la voluntad humana a otra política/ideológico religiosa o militar, negándole su derecho a
pensar, su libre albedrío, masificándola, enajenándola para finalmente
transmutarla en un guarismo orwelliano:
- En la Unión Soviética se aplica el sistema
stalinista determinista, el partido piensa, el partido decide y la masa
acata...
- En el sistema capitalista determinista globalizado,
que impusieron desde el Club Bilderberg los mercachifles plutócratas oligarcas
dueños de la celestina universal/el dólar desde su arcadia de la felicidad
Estados Unidos, se concluye “que la libertad, la democracia y la justicia
deben ser deseables, aunque sólo
una minoría obtenga ventajas de ella.
Siempre hay alternativa, cuando se reflexiona, se negocia y decide dentro del
corral globalizado hegemónico capitalista determinista, dentro de los estrechos
límites que imponen los dueños del capital, los que mandan, los que mangan, la
oligarquía plutócrata empresarial y su régimen estadounidense.
Con esperanza y memoria, espero que se haya entendido que en el sistema
capitalista determinista globalizado, la riqueza de unos privilegiados,
sibaritas, degenerados, el 1%, se impone
en detrimento, explotación y enajenación de la esclavitud del género
humano...
Quien vive y lucha por y para un ideal, no puede servir a ninguna
oligarquía empresarial, ni formar parte de una mediocracia.
El presente es de lucha, “luchar es vivir”, en el
marco “del Socialismo Marxista Revolucionario, la razón rebelde del ser humano
como derecho natural para alcanzar la felicidad del Género Humano y la Paz –
ésta última tiene como base la Justicia Social-, en una sociedad donde seamos socialmente iguales,
humanamente diferentes y totalmente libres”. Ha llegado la hora de probar con
hechos que la Dignidad del ser humano no puede ni debe seguir tolerando la
tiranía capitalista determinista salvaje que imponen los plutócratas
empresarios del Club Bilderberg, dueños de la celestina universal/el dólar... (Conferencia/ensayo
del suscrito en Berlín,1990, organizado por la Addhee. Ong y la revista
Latinoamérica, Un Pueblo Continente que
dirigía la Señora Gerda Böttcher.)
Prof. Moreno Peralta /IWA
Secretario ejecutivo Addhee. Ong
Reflexiona Luis Casado Soto:
En la primera mitad del siglo XX… ¿a quién se le hubiese ocurrido
preguntar ¿Qué es la izquierda?
La respuesta parecía evidente y venía asociada a las luchas por la
descolonización, a los derechos de las mayorías ignoradas, al combate contra la
discriminación, la explotación y la guerra -Jean Jaurès fue asesinado en razón
de su oposición a la Primera Guerra Mundial-, al naciente socialismo, a la
utopía de un mundo mejor en el que el reconocimiento del Hombre le pondría fin
a siglos de sufrimientos y arbitrariedades.
Nombres hoy ilustres -Mandela, Ben Barka, Lumumba, Ho Chi Minh, Luis
Emilio Recabarren, Jaurès, Allende y tantos otros- iluminaron la práctica
política que mereció ser identificada como la izquierda...
En el siglo XXI por contra, la misma pregunta, ¿Qué es la
izquierda?, tropieza con respuestas retorcidas, acomodaticias, incluso
vergonzantes.
La utopía -exigencia mayor en la reflexión filosófica- es tildada de
elucubración aberrante. La desaparición poco gloriosa del “socialismo real”,
ahogado por dictaduras cívico militares con pretensiones monolíticas, la
corrupción y diferentes formas de Restauración capitalista, eliminó de una
plumada las referencias que le permitieron a millones de ciudadanos elegir
vereda.
Desde que a comienzos de la década de los años 1980 los partidos de
‘izquierda’ empezaron a poner en práctica políticas de derecha, la confusión no
hizo sino crecer. Hoy en día es difícil hacer la diferencia entre las políticas
económicas de la socialdemocracia europea y las de los ‘partidos populares’,
denominación tras la cual se camufla la derecha del viejo continente.
Margaret Thatcher, musa del neoliberalismo a ultranza, a la
interrogación de un periodista, “¿Cuál considera que fue su mayor éxito
en el gobierno?”, pudo responder orgullosa de sí misma: “¡Tony
Blair!”
En la actualidad, personalidades como Jeremy Corbyn (Gran Bretaña) o
Bernie Sanders (EEUU), son descritas por la prensa como ‘extremistas’ y
‘radicales’, aún cuando toda su larga trayectoria política demuestra que
simplemente son fieles a la forma originaria de la socialdemocracia.
Ni el uno ni el otro son bolcheviques, ni ‘maximalistas’, ni
extremistas, ni radicales, y se limitan a reclamar lo que preconiza la
Constitución Americana, o lo que pareció legítimo en las políticas de Clement
Attlee en la Gran Bretaña de la posguerra.
En Chile, el ex militante de las Juventudes Comunistas Nicolás Eyzaguirre,
varias veces ministro, declaró en El Mercurio (05/08/2001): “Un polo de
izquierda no tiene nada que ofrecerle a Chile”. A la pregunta “De
uno a cien ¿cuánta es su fe en el libre mercado?”, respondió
literalmente: “Una fe de un cien por ciento en cuanto a que
predominantemente la asignación de recursos debe hacerse a través de un esquema
que combine la propiedad privada con el libre mercado”.
Nótese la connotación religiosa de la pregunta y de la respuesta en las
cuales es cuestión de “fe”, o sea, según el diccionario: “La creencia en algo
sin necesidad de que haya sido confirmado por la experiencia o la razón, o
demostrado por la ciencia.”
Nicolás Eyzaguirre ¿es de izquierda?
La pregunta no es ociosa, habida cuenta que milita en el PPD, partido supuestamente
“progresista”, y forma parte de un gobierno de “centro-izquierda” presidido por
una “socialista”. Nicolás Eyzaguirre, que profesa una fe del cien por ciento en
el libre mercado y la propiedad privada, ¿es de izquierda?
Gonzalo Martner, Osvaldo Andrade, Camilo Escalona, ex presidentes del
partido socialista chileno, ¿son de izquierda?
El primero, Gonzalo Martner, escribe sesudas notas en las cuales afirma
que la mejor asignación de recursos en la economía es la que hace el mercado. Y
para darle peso a tan eminente opinión, firma como “doctor en economía”.
El segundo, Osvaldo Andrade, ex ministro del Trabajo, ofreció su
respuesta a la gigantesca crisis llamada de los subprimes,
afirmando: “Se requiere mejor mercado…” (Osvaldo Andrade. “La propuesta
progresista”. 13/04/2009).
Para vacunarse contra los excesos, los desvaríos, la estafa y el fraude
provocados por el libre mercado, es absolutamente indispensable agregarle libre
mercado al libre mercado. “Mejor mercado…” como diría Osvaldo Andrade.
En estos años (2007 -2016…), la recesión provocada por la estafa de los
créditos subprime sigue afectando al planeta entero, y ha sido
descrita como una de las más graves crisis de la historia del capitalismo.
La única referencia comparable en la materia es el crac de 1929 y la
Gran Depresión de los años 1930. En Latinoamérica, el país más afectado fue
Chile. La respuesta política de Marmaduque Grove, quien más tarde fundaría el
partido socialista, fue una revolución (1932) y la instauración de una
República Socialista de breve duración.
En nuestros días, la mega crisis de los subprimes encontró en Camilo
Escalona, patrón de la corriente Nueva Izquierda en el seno del PS, otro tipo
de respuesta: salvar al capitalismo. Para ello propuso crear un “Fondo
Mundial Contracíclico” (sic).
Escalona parecía ignorar los acuerdos de Bretton Woods y la existencia
del FMI, del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, del Mecanismo Europeo de
Estabilidad Financiera, del Banco Europeo de Inversiones, del Banco
Interamericano de Desarrollo y otras eminentes estructuras internacionales que,
a priori, obran como un “fondo mundial contracíclico” sin lograr evitar las
crisis.
Una vez no es costumbre, me permito citar lo que yo mismo escribí hace
algunos años (Luis Casado: “QEPD – de la inutilidad del PS y de las razones que
aconsejan hacerlo desaparecer”. Ediciones Relief – Colección El Afilador.
Santiago, 2009):
“La revolución socialista precedió al PS, lo marcó a fuego, dejándole
una impronta imposible de borrar sino al precio de dolorosas mutilaciones, de
cirugía mayor, de apostasías vergonzantes. La distancia que separa la respuesta
de Grove a la crisis del capitalismo de los años 30, de la respuesta de los
socialistas chilenos a la crisis de hoy, es propiamente sideral.
En un acto fundador, Marmaduque Grove y sus compañeros se jugaron la
vida en la revolución socialista de junio de 1932, que aun cuando no duró sino
12 días se dio maña, entre otros, para nacionalizar las riquezas básicas, crear
los ministerios del Trabajo y de Higiene, fundar el Banco del Estado y lanzar
un Plan de Colonización Agrícola que le distribuyó tierras a los cesantes,
asegurar la devolución de sus prendas a las familias modestas que las habían
empeñado en la Caja de Crédito Popular…
Los revolucionarios distribuyeron volantes para darle a conocer sus
propósitos al pueblo de Santiago:
‘La República socialista de Chile asegurará la organización de la
economía nacional, bajo el control del Estado, disciplinará las fuerzas
productoras y las hará resurgir, mediante una acción enérgica, no para
satisfacer la codicia egoísta de la oligarquía corrupta, sino para bienestar y
salud del pueblo.’”
La apostasía ¿es de izquierda?
Desde tiempos inmemoriales, el surgimiento de las naciones y los Estados
se enfrentó a los intereses contradictorios de otras naciones y otros Estados.
La defensa de lo que se consideró con o sin razón como intereses vitales,
provocó guerras a lo largo de siglos.
En la inmediata posguerra (1945), Charles de Gaulle estimó que el futuro
y la grandeza de Francia exigían el control por parte del Estado de sectores
enteros de la economía: toda la banca, la energía, las telecomunicaciones, los
transportes, una parte no despreciable de la industria eléctrica y electrónica,
parte de la industria siderúrgica y metal-mecánica, la investigación
agroindustrial, la investigación oceánica, la industria aeroespacial, la
industria militar, etc. El Programa de la Resistencia a la ocupación nazi,
puesta en obra por de Gaulle, protegió la Salud, la Educación y la previsión de
una eventual mercantilización hasta el día de hoy.
Tal política era, para Charles de Gaulle, una condición indispensable de
la pervivencia de Francia como potencia planetaria, garantía de su
independencia, elemento insustituible de su defensa y el zócalo de una sociedad
en la que el progreso llegase a todos los franceses.
Ahora bien, Charles de Gaulle no era de izquierda. Hoy en día, sus
pretendidos herederos se cuentan entre lo más granado de la derecha dura, aún
cuando “mon général” decía de sí mismo: “No estoy ni a la derecha ni a la izquierda, sino por encima”.
Charles de Gaulle, el hombre de la descolonización, encarnó una suerte
de nacionalismo -o patriotismo- económico, que hoy es descrito por los
neoliberales como un puro arcaísmo.
No hace medio siglo, un breve lapso de tiempo a la escala de la
Historia, las fuerzas que defendían los intereses de los sectores más modestos
de la población preconizando un cambio sustancial en la conducción del Estado,
tenían la nacionalización de las riquezas básicas como un elemento esencial de
las políticas progresistas, patrióticas, de izquierda y porqué no decirlo,
revolucionarias.
La más grande realización del presidente Salvador Allende
Gossens, la cristalización de toda una vida dedicada al combate político,
-y probablemente el hecho político más importante de la historia de Chile desde
la Independencia-, fue la nacionalización del cobre aprobada por la unanimidad
del Congreso el 11 de julio de 1971.
Como sabemos, tal osadía le costó la vida.
La Concertación -coalición de
“centro-izquierda”- con Patricio Aylwin a la cabeza y ministros socialistas en
el gobierno, desnacionalizó subrepticiamente el cobre en el año 1990. En la
actualidad, casi el 70% de la producción está en manos privadas, y lo único que
le queda a la nación es Codelco.
Nadie acusó nunca a Patricio Aylwin de ser de izquierda, y hay que hacer
esfuerzos sobrehumanos para pensarlo como un político de centro.
En el año 1999, Ricardo Lagos Escobar, ministro de Aylwin y
candidato recurrente a la presidencia de Chile, declaraba:
“Es muy importante introducir capital privado en Codelco para que pueda
expandirse. Pero para privatizar Codelco tenemos que suspender la entrega del
10 % de sus ingresos a las fuerzas armadas. No creo que ningún inversionista
privado esté interesado en Codelco hasta que superemos este problema”.
Ricardo Lagos ¿es de izquierda?
Segunda Izquierda, Tercera Vía
La mutación de la “izquierda” no se produjo en un día, ni se
circunscribió a tal o cual país o región del mundo.
En el Congreso de Épinay del partido socialista francés (1971) François
Mitterrand se impuso en la dirección del PSF con un discurso de
“ruptura con el capitalismo”.
En el año 1977, en el Congreso de Nantes, Michel Rocard, ex
‘gauchiste’ de regreso de sus desvaríos de juventud, expuso una visión
radicalmente opuesta a la tradición ‘marxista’ y jacobina de la izquierda
francesa, y la bautizó como la “deuxième gauche”, o sea la “segunda
izquierda”.
La característica principal de la “segunda izquierda” se
resume a la práctica de políticas aceptables para el mundo de los negocios y
los mercados financieros, y a desarrollar una actividad sindical complaciente
con los patrones.
Pocos años más tarde (1981) Mitterrand llegó a la
presidencia de Francia al frente de una coalición con el partido comunista.
Su gobierno comenzó por satisfacer algunas reivindicaciones sociales.
Sin embargo, a poco andar (1983), el llamado “giro del rigor” llevó al gobierno
de Mitterrand a superar por la derecha la “segunda izquierda” de
Rocard. El mismo Rocard fue entronizado primer ministro por su enconado
adversario (1988-1991).
De 1983 en adelante, las políticas económicas del gobierno de
Mitterrand, y por vía de consecuencia del PSF, se enrumbaron hacia un
liberalismo desenfadado, dejando el capítulo social para las calendas grecas.
François Mitterrand, ¿era de izquierda?
Por su parte, el laborista británico Tony Blair, Primer
Ministro de su Majestad entre los años 1997-2007, desarrolló la tesis de
la Tercera Vía, una forma de socialdemocracia que asumió sin
sonrojarse el legado de Margaret Thatcher. A tal punto que Thatcher pudo
considerar a Tony Blair como su heredero. A juicio de la “Dama de Hierro”, para
su gran alegría, de ese modo el laborismo británico firmaba su propio
certificado de defunción.
Tony Blair ¿es de izquierda?
La Tercera Vía desapareció como vino. Sin hacer ruido. Algunos
sucedáneos de Tony Blair, -entretanto reciclado como millonario agente de
negocios de un par de multinacionales-, siguieron su ejemplo hasta que en una
reacción improbable Jeremy Corbyn se impuso como leader del laborismo inglés.
Curiosamente, los peores enemigos de Corbyn -el ‘izquierdista radical’-
no están en el partido conservador, sino en la derecha de su propio partido
laborista que ha intentado, sin éxito hasta ahora, desalojarlo de la dirección.
Gerhard Schröder, canciller
alemán socialdemócrata (1998-2005), ‘modernizó’ brutalmente las relaciones
laborales de su país imponiendo las tristemente célebres leyes Hartz.
Conquistas sociales logradas en siglos de luchas sociales desaparecieron de la
noche a la mañana, sacrificadas en el altar de la “necesaria
flexibilidad del mercado del trabajo”. El inspirador de tal crimen no fue
otro que Peter Hartz, director de recursos humanos de Volkswagen.
Gerhard Schröder ¿es de izquierda?
En España, Felipe González, ese “guitarrista guapito” al decir de
Enrique Tierno Galván -gran figura histórica del socialismo español-, fue
presidente de gobierno entre los años 1982 y 1996. Nadie como él sintetiza
mejor la apostasía de la socialdemocracia. La gran empresa de modernización de
la España de Franco fue llevada a cabo entrando con un paso ágil y decidido en
el modelo neoliberal. Y en la OTAN.
Después de ejercer el poder durante 14 años, desacreditado por una larga
serie de escándalos de corrupción, Felipe González tuvo que cederle la plaza a
la derecha dura de José María Aznar.
Hoy en día Felipe González, extremadamente bien remunerado, ejerce de
portamaletas de Carlos Slim, primera, segunda o tercera fortuna planetaria –
¡qué importa! – mientras hace lo imposible para facilitarle otro período de
gobierno al muy derechista Mariano Rajoy, conspirando contra el propio
secretario general del mal llamado partido socialista obrero español.
Felipe González, promotor desde la presidencia del gobierno español de
los GAL, grupo parapolicial ilegal dedicado a asesinar militantes de ETA, nunca
dijo una palabra a propósito del crimen de Ayotzinapa, ni sobre el golpe de
Estado en Honduras, ni sobre el ‘golpe blando’ en Paraguay, -o aún el de Brasil
contra Dilma Roussef-, pero posa de defensor de las libertades públicas en…
Venezuela.
Felipe González, que junto a Carlos Slim y Ricardo Lagos fue recibido
por los estudiantes de la Universidad de Alicante a los gritos de “Fuera,
mafiosos, de la Universidad…” ¿es de izquierda?
La ‘izquierda de la izquierda’
En la confusión reinante, en una realidad en la que las palabras pierden
su sentido y la lengua fue pervertida para transformarla en una herramienta de
dominación, ‘socialismo’ o ‘izquierda’ designan cualquier organización,
cualquier charlatán, cualquier lobo revestido de piel de oveja que posa de
‘progresista’ mientras ejerce de mano de obra de los peores intereses de la
derecha.
La prensa, controlada por los poderes financieros, pergeñó una forma
para referirse a quienes, al menos nominalmente, siguen siendo leales a los
intereses de los miserables, acuñando la denominación “izquierda de la
izquierda”.
Hubiese sido más corto, y más acorde a la realidad, llamarla
simplemente “izquierda de izquierda”, en oposición a la izquierda
de derecha que hemos descrito más arriba.
En Chile, hasta el año 2009, se la llamó falazmente “izquierda
extraparlamentaria”, como si los “progresistas” y socialdemócratas
autoproclamados que obraron durante veinte años a la consolidación de la
institucionalidad de la dictadura cívico militar en el Parlamento
pudiesen merecer el calificativo de “izquierda” parlamentaria.
La entrada de diputados del partido comunista en la Cámara de Diputados,
gracias a un pacto con los herederos asumidos del legado de la dictadura cívico
militar, le puso un piadoso término al uso de la expresión “izquierda
extraparlamentaria”.
Poniendo el pillaje del cobre entre paréntesis (“el tema del cobre no
está en el programa, por lo tanto no se toca” G. Tellier), aprobando y
apoyando el programa neoliberal de la Concertación para votar por Frei
Ruiz-Tagle, entrando luego en la coalición llamada Nueva Mayoría que se
empecina en mantener el lucro en la Educación y la medicina privatizadas,
en destruir Codelco, en mantener salarios de miseria, en proteger el sistema
privado de previsión, las Isapres, la privatización del mar, la desprotección
de los asalariados… el partido comunista ¿es de izquierda?
Hay quién -auto erigido en juez de la cosa, en prescriptor del debate
público, en propietario del timbre que estampado en un certificado de dudosa
legitimidad establece la cualidad,- distribuye la mención de izquierda. “Sí,
tal o cual partido es de izquierda”. ¿Porqué no? Decenas de universidades
truchas distribuyen diplomas a granel con la misma, sino más autoridad...
La lucidez ordena comprender que de cara a los ciudadanos, perdón, los
consumidores, simples receptores de lo que ahora llaman una “oferta
política”, la calificación “izquierda” se transformó gradualmente en una
etiqueta a la cual no le falta ni el código-barras ni el precio.
Lamentablemente, como sucede con los productos agroindustriales, la
etiqueta oculta más de lo que revela.
De ahí que convenga redefinir lo que es la izquierda, lo que significa
ser de izquierda, tomando conciencia de que la simple necesidad de hacerlo
señala la dimensión de la derrota ideológica.
¿Qué es la izquierda?
Institucionalidad y soberanía
Si nos interesamos a sus raíces históricas, el origen de la utilización
de los términos ‘izquierda’ y ‘derecha’ en política lo encontramos en la
Revolución Francesa.
El 28 de agosto de 1789 la Asamblea Constituyente debatió del eventual
derecho a veto del Rey Louis XVI a lo que ella aprobase. Dicho de otro modo, la
Asamblea Constituyente debía decidir quién personificaba la Soberanía: el rey o
el pueblo de Francia. Quién presidía la sesión, con el fin de facilitar el
recuento de los votos, sugirió que aquellos que se oponían al derecho a veto se
agrupasen a su izquierda, y quienes apoyaban el derecho a veto del Rey se
situasen a su derecha.
Desde ese punto de vista, es de
izquierda aquel que reconoce la soberanía popular como la única fuente legítima
del poder, y sostiene que nada ni nadie puede arrogarse ningún derecho, ningún
poder, que no emane de la voluntad popular.
Para quién se reconoce como de
‘izquierda’ en política no existe poder constituyente al margen, o por encima,
del pueblo. Ningún ciudadano, o grupo de ciudadanos, por eminente que se pretenda,
puede imponerle su propia voluntad al pueblo.
Quienes se acomodaron a la Constitución/artilugio de 1980, de la
dictadura cívico militar, y se prestaron para consolidar la
institucionalidad espuria construida sobre tales cimientos con un pretexto
falaz (“las instituciones funcionan”), ¿pueden reclamar para sí mismos
ser de izquierda?
Quienes le niegan al Pueblo de Chile el derecho inalienable de
determinar libre y soberanamente el marco legal que debe regular la vida en
sociedad, pretendiendo transferirle la soberanía a un grupo de “expertos”, a un
selecto ramillete de parlamentarios o a un almácigo de ex magistrados, ¿pueden
reclamar para sí mismos el calificativo de izquierda?
Transigir permanentemente con una institucionalidad espuria en sus
orígenes y antidemocrática en sus fundamentos, aceptar los privilegios que le
ofrece a quienes se pliegan a sus tramposas reglas del juego ¿es coherente con
lo que debiese ser una posición de izquierda?
Hacerse elegir, ya presidente de la república, ya parlamentario, en ese
marco antidemocrático, sin -una vez elegido- denunciarlo y sin hacer nada para
derogarlo, eliminarlo, aniquilarlo ¿es coherente con ser de izquierda?
Como quiera que sea tenemos una pista: la raíz histórica de la
‘izquierda’ en política, la sitúa entre quienes rechazan y combaten cualquier
poder que intentase situarse por encima de la voluntad del pueblo.
El simple hecho de pretender reducir, limitar o someter la soberanía
popular determina el carácter ilegítimo de la acción, y la posición
‘derechista’ de quién la comete.
Monarcas, mercados, oligarquías, elites, “expertos”, parlamentos,
iglesias, todo debe someterse a las reglas que imponen el interés general y la
voluntad general. Esa voluntad general se expresó, desde el siglo XVIII, en las
asambleas constituyentes que libremente se reunieron a debatir de las reglas
que debían presidir la vida en común.
De ese modo fueron garantizadas las libertades públicas: libertad de
opinión, libertad de comercio, libertad de profesar y practicar una religión,
libertad de prensa, libertad de conciencia, así como el derecho de propiedad.
Todas las libertades tienen límites -el de no perjudicar o dañar el
interés general-, excepto la libertad de conciencia: cualquiera puede pensar lo
que le dé la gana, opinar como estime conveniente, adoptar tal o cual visión
filosófica, creer o no creer en las deidades, sin que nadie pueda pretender
limitar o reprimir ese derecho.
En el caso específico de Chile, ser de izquierda pasa pues por ser el
enemigo irreductible de una viciosa institucionalidad impuesta en dictadura cívico militar, maquillada luego por la “centro-izquierda”, asociada en ese propósito
con la “centro-derecha” en un panorámico contubernio protector de intereses
creados.
Nadie en su sano juicio podría argüir que tal izquierda -portadora de
una ambición tan legítima como democrática- es ‘extremista’ o ‘radical’: ella
se limita a exigir para el país los derechos consagrados por la propia
Organización de las Naciones Unidas de la que Chile forma parte.
La izquierda que no tolera el secuestro de la soberanía y de los más
elementales derechos humanos es simplemente la ‘izquierda’. O la ‘izquierda de
izquierda’ si se prefiere.
La economía
En su libro “La falsificación – Moneda europea y soberanía económica”
(La Malfaçon – Monnaie européenne et souveraineté économique. Ed. LLL, Paris
2014), Frédéric Lordon propone un modo extremadamente sencillo para determinar
lo que separa la izquierda de la derecha en materia económica.
“Izquierda y derecha, escribe Lordon, es un asunto de marco y de
relación a ese marco. ¿Quién quiere quedarse en el marco, quién quiere salir?
¿Quién lo admite tal cual, quién quiere rehacerlo?”
Nótese que la necesidad de determinar la identidad y el posicionamiento
político concierne sólo a quienes se reclaman de la ‘izquierda’. ¿A quién se le
ocurriría que Sebastián Piñera, o Joaquín Lavín, necesitan confirmar su
identidad y posicionamiento en la derecha?
Los ya citados Bernie Sanders y Jeremy Corbyn, en dos realidades muy
distintas, no necesitan insistir para convencer de que sus proposiciones
políticas y económicas encarnan la izquierda. Les basta con exponer su
pensamiento, su trayectoria, su acción y sus programas.
El pensamiento único, la prensa al servicio de los poderes financieros,
los numerosos ‘think-tanks’ que sustituyeron la reflexión ciudadana, el FMI,
los adalides de lo “políticamente correcto”, quienes se abstienen de ‘fumar
opio’ mientras succionan recursos públicos y quienes no ven la eficiencia sino
en la acción privada, han construido durante más de tres décadas el corral en
los límites del cual es posible pensar, imaginar y expresar lo que
consideran ‘diferencias aceptables’.
Quienes se sitúan fuera de ese marco, fuera de ese corral, “fuman opio”,
son arcaicos, no comprenden que el mundo ha cambiado, ni que el modelo de los
Chicago boys es el súmmum de lo posible. En otras palabras, no comprenden lo
felices que son.
En una reciente comparecencia en la TV francesa, Julian Dray, ex
trotskista reciclado en la derecha de la socialdemocracia del PSF, aficionado a
los relojes caros pagados con dinero de las mutuales universitarias, escupió
sobre lo que adoró y sobre quienes siguen fieles a una cierta idea de la
democracia, o sea sobre lo que llama los “arcaicos”.
Su peor reproche tiene que ver con la renuencia de los ‘arcaicos’ a
esfumarse en el aire facilitando así la permanencia de François Hollande en el
poder. Del mismo Hollande que destruye día a día la legislación laboral, y
cuyas políticas consisten mayormente en mejorar la competitividad de la
economía francesa transfiriendo cientos de miles de millones de euros de dinero
público a la empresa privada. ¿Parece cuento conocido?
Alain Duhamel, eminente periodista al servicio del establishment,
sostiene el brillante razonamiento de Dray: Los políticos arcaicos son “los
profetas de las ideas desaparecidas”, que se quedaron con las ideas obsoletas
del siglo XIX. Entiéndase las ideas de Karl Marx, a quién la intelligentsia gala
mata -regular y recurrentemente- cada año: “Marx ha muerto”, como si la cosa no
fuese evidente y temiesen verle aparecer de improviso.
Se trata de la elite que piensa dentro del marco, dentro del corral,
dentro de los límites autoerigidos en frontera de lo pensable, de lo
imaginable, de lo permisible, de lo políticamente correcto, y fuera del cual
sólo se expresan “quienes no toman cuenta de la realidad”.
La realidad, esa que muestra cada día el brillante resultado del
pensamiento único: la crisis permanente. Y cuyo desafío más extraordinario
consiste precisamente en abandonar los dogmas para pensar ya no el mundo como
es, sino como debiese ser.
El marco -el corral- que limita el horizonte intelectual de la elite
tiene como muros estructurales:
La intangibilidad de las instituciones señala que quién plantea la sustitución de la Constitución espuria
por una Constitución democrática es un ente peligroso y desestabilizador, que
no sólo infiltra la duda en los ciudadanos -sería lo de menos- sino que tiende
a disuadir a los inversionistas, lo que es mortal.
La primacía de los intereses de los accionistas impone los objetivos de rentabilidad que
transforma a los asalariados en simple variable de ajuste y a los pequeños
empresarios -que sueñan con devenir grandes- en un banco de sardinas.
El libre mercado sin trabas y sin distorsiones, impone la ausencia de competencia y la
proliferación de los carteles, la dominación de las transnacionales, la
colusión de los productores para someter a los consumidores a la ley del más
fuerte, y genera las peores distorsiones generándole trabas a quién no se
somete al cartel.
La ortodoxia de las políticas económicas garantiza la preeminencia de los intereses
financieros y la inversión privada en todos los ámbitos, incluyendo una
rentabilidad asegurada que, en el caso frecuente que una mala gestión la
malogre, tiene la intervención financiera pública -los ‘subsidios’- como
chaleco salvavidas.
Todo, desde las políticas monetarias del banco central al régimen
impositivo y el gasto público, pasando por la ausencia o la insuficiencia de
las reglamentaciones sanitarias, la destrucción de la legislación que protege a
los trabajadores, la estructuración de los presupuestos generales del Estado,
la subsidiariedad de ese mismo Estado bueno únicamente para transferirle
recursos públicos al sector privado, todo, digo, ha sido pensado para
satisfacer los criterios del Consenso de Washington, otorgarle patente de corso
al gran capital, y coincidir hasta en detalles caricaturales con el
‘pensamiento único’ fuera del cual no hay salvación.
Margaret Thatcher tenía razón: TINA. There Is No Alternative.
No Hay Alternativa. Siempre y cuando se
reflexione y se decida dentro del corral, dentro del marco, dentro de los
estrechos límites que impone la gente razonable, los que mandan, los que mangan
(son los mismos), los que utilizan el poder acumulado gracias al corral para
defender el corral.
Pero, habida cuenta de las consecuencias que trae para las grandes
mayorías un modelo económico depredador de la Naturaleza y del Hombre, queda la
solución de salir del corral, salir del marco, fugarse de la prisión
intelectual que impone la verdad como un dogma religioso, como una verdad
revelada.
El deseo y la voluntad de salir del corral define, de manera
irredargüible, lo que significa ser de izquierda en nuestros días.
Es curioso. En mi primer libro -El modelo neoliberal y los 40 ladrones-
escrito a mi regreso a Chile a fines del año 1989, expuse aquello que me había
impactado más profundamente en las conversaciones políticas que sostenían
quienes había conocido como jóvenes -y menos jóvenes- de un izquierdismo
radical, frecuentemente partidarios de la ‘lucha armada’, admiradores de los
guerrilleros y del uso del fusil para las más elementales tareas de la
actividad política: su mística fe en el libre mercado, en la libre
competencia, en la mano invisible del mercado y en toda una retahíla de dogmas
pedestres que adquirieron en Chile el carácter de religión.
Mientras escribo estas líneas, miro la última nota de un consultor
financiero estadounidense que leo regularmente: John Mauldin. En su newsletter
Mauldin escribe literalmente lo que sigue:
“…Nuestros banqueros centrales se han situado a sí mismos como los altos
sacerdotes de una religión económica. Abrazan ciertas doctrinas sobre la fe, y
nada hará temblar esa fe. Es el mismo impulso que llevó a los líderes
religiosos de la antigüedad a ‘decisiones políticas’ como los sacrificios
humanos. Los dioses los exigen, por lo tanto hay que hacerlos. Tanto peor para
las víctimas.”
Entre diciembre de 1989 y septiembre del 2016 han pasado casi 27 años.
Los financial experts comienzan a despertar de un prolongado
letargo idiotizante, y no queda sino alegrarse.
Pero allí donde cunde la alarma entre los ahora despiertos agentes de
los mercados financieros, los actores de la “renovación”, los ex
‘izquierdistas’ devenidos partidarios del libre mercado y del
‘social-liberalismo’ -que nunca durmieron- siguen apegados a la teta que les
nutre mientras sirven los intereses del gran capital.
Con ello hacen difícil establecer las diferencias abismales que siguen
existiendo entre ‘izquierda’ y ‘derecha’, porque ya ni siquiera se presentan
como lobos con piel de oveja: ahora son lobos con piel de lobo, pero siguen
pretendiendo ser de ‘izquierda’.
Lo subrayado/interpolado es nuestro







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