Palantir: un salto cualitativo de la
Guerra Cognitiva
Palantir Technologies es una corporación estadounidense
establecida en el año 2003 por Peter Thiel, entre otros. Se concentra en
plataformas de integración y análisis de volúmenes enormes de datos destinadas
a agencias estatales, fuerzas de seguridad, defensa y corporaciones transnacionales.
Expertos en fusionar bases de datos heterogéneas, modelarlas y producir
inferencias predictivas que orientan decisiones operativas: desde
investigaciones criminales hasta logística militar o gestión empresarial.
No es una empresa del tipo “herramienta neutral”; su función
se inscribe en la dominación de la economía política del dato y en la expansión
de dispositivos de control social propios del capitalismo determinista y
sus extremas derechas al servicio de: 1. Vigilancia masiva y criminalización
selectiva con aplicaciones de Palantir que han sido utilizadas por
agencias como ICE en EE. UU. para rastrear poblaciones migrantes. La represión
social con ayudas algorítmicas. 2. Militarización del análisis de datos y contratos
jugosos con el aparato de tecnología y guerra. La “guerra cognitiva” ya no se
limita a propaganda: incorpora predicción de comportamientos colectivos y
modelado de escenarios sociales. Esto se aproxima a una gestión preventiva del
conflicto social, donde la protesta puede ser tratada como anomalía a
neutralizar. 3. Fusión Estado-corporación porque Palantir opera en
una zona híbrida donde intereses privados y funciones estatales se superponen y
suplantan, como el complejo militar-industrial-financiero-mediático-clerical,
ampliado hoy a un complejo militar-informacional. 4. Ideología
tecnocrática de elitismo con libertarianismo radical y críticas,
incluso a la democracia liberal burguesa. 5. Naturalización del control como
eficiencia de sus herramientas como soluciones “objetivas” para optimizar
decisiones. No se optimiza la justicia social, sino la capacidad de gestión y
control del orden capitalista existente.
Aquí no se demoniza la tecnología, se trata de interpelar su
lugar en la lucha de clases. No reforzar asimetrías estructurales de poder: que
concentran conocimiento estratégico en actores privados; que amplifican
capacidades de vigilancia estatal. Que convierten la vida social en dato
explotable. Estas capacidades están derivando en formas sofisticadas de autoritarismo,
donde la represión, que no habitualmente adopta formas visibles, opera a través
de la anticipación, la clasificación y la modulación de conductas.
Palantir no es una “anomalía” aislada con loquitos
paridos por Silicon Valley; representa una fase avanzada del
capitalismo determinista informacional donde la dominación se vuelve
predictiva y preventiva. Hablar de sus “perversiones” empresariales plutócratas
oligarcas implica señalar que, bajo ciertas orientaciones políticas, estas
tecnologías pueden profundizar prácticas dictatoriales de exclusión, control y
desposesión simbólica, erosionando la autonomía colectiva. La cuestión
estratégica consiste en disputar el control social de estas infraestructuras,
evitando tanto la ingenuidad tecnófila como el rechazo abstracto, y situando el
problema donde, realmente, pertenece: en la organización del poder, la
propiedad de los medios de conocimiento y la conciencia de clase que se juega
en ese terreno.
En el Informe MacBride de 1980, ya se advertía que
la asimetría en los flujos comunicacionales no constituía un accidente técnico,
más bien una expresión estructural de la división internacional del trabajo
simbólico y de la concentración monopólica de los medios, diagnóstico
que hoy adquiere una densidad inédita bajo el régimen algorítmico.
Desde esta perspectiva, la plataforma Palantir no representa
únicamente una empresa tecnológica; encarna una forma específica de subsunción
del conocimiento al capital, reconfigurado mediante arquitecturas de datos que
secuestran sentido de la vida social en tiempo real y reinyectan ese sentido
distorsionado (manipulado) en dispositivos de control, predicción y
direccionamiento conductual. Tal operación inaugura un salto cualitativo en la
guerra cognitiva porque desplaza el campo de batalla desde la persuasión
mediática clásica hacia la modulación continua de percepciones, afectos y
decisiones a escala poblacional, integrando inteligencia artificial, vigilancia
masiva y análisis predictivo en una misma matriz operativa.
“Palantir subordinación
real de la conciencia al capital determinista”...
Por todo esto es referencia obligada el
Informe MacBride (1980). Allí se estableció la necesidad de
democratizar la comunicación para garantizar un orden informativo más justo,
tesis que hoy se ve confrontada por una concentración sin precedentes
en corporaciones capaces de integrar datos gubernamentales, militares y
comerciales bajo una misma lógica de gestión. Plataformas
como Palantir operan en la intersección de la transmutación entre
Estado burgués y capitalismo determinista imperialista, configurando un
complejo militar-informacional que recuerda las advertencias de Dwight D.
Eisenhower sobre el complejo militar-industrial, ampliadas ahora hacia el
dominio cognitivo.
Porque la guerra cognitiva es ya la quinta dimensión del
conflicto, junto a tierra, mar, aire y ciberespacio, lo cual implica que
la conciencia de clase deviene terreno estratégico donde se disputa la
capacidad de interpretar la realidad. Armand Mattelart, en La
mundialización de la comunicación (1996), mostró cómo la expansión de redes
globales responde a intereses geopolíticos concretos; la actualización de esa
tesis permite afirmar que la analítica de datos constituye una nueva fase del
imperialismo informacional, donde la dependencia tecnológica profundiza la
subordinación de las periferias. Bajo
este prisma, la guerra cognitiva no se limita a la manipulación de información;
implica la expropiación de la capacidad colectiva de producir sentido,
convirtiendo la experiencia en materia prima para circuitos de valorización
capitalista.
Lo subrayado
/interpolado es nuestro.






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