La tragedia de errores de Trump:
“La inteligencia es limitada,
la estupidez no tiene límites. Reconozco dos cosas infinitas, la distancia en
el universo y la estupidez humana”. Lo afirmo el genio universal Prof. Dr.
Albert Einstein.
El
emperador Trump representa al imbécil más sobresaliente del siglo 21. No creemos
que en lo que resta del siglo pueda ser superado. Opina de todo, lo humano y lo
divino, mientras desconoce cualquier cosa es un estúpido a tiempo completo...
Prof. Moreno Peralta/IWA
Secretario Ejecutivo ADDHEE.ONG
Independientemente
de cuánto duren la guerra y las condiciones de estanflación, las consecuencias
a largo plazo de este episodio serán profundas.
No hay decisión más importante que declararle la
guerra a otro país.
Sin
embargo, Estados Unidos ha hecho precisamente eso sin ni siquiera tener en
cuenta su propio sistema de controles y contrapesos ni el proceso de
deliberación razonada. Al igual que los reyes de antaño, el presidente
estadounidense, Donald Trump, un hombre
mentiroso e impulsivo, no está sujeto a ningún control por parte del poder
legislativo y está rodeado de psicópatas que solo le dicen lo que quiere oír.
El resultado desastroso hoy es evidente: Estados Unidos se ve envuelto una vez
más en una guerra en Oriente Medio que ya ha costado miles de vidas -en su
mayoría civiles- y en la que, con toda seguridad, ha cometido múltiples
crímenes de guerra.
Nadie
sabe cuánto durará la guerra con Irán, cuántos crímenes de guerra más se
cometerán ni cuántos inocentes más perderán la vida. Pero, al parecer, los
estadounidenses están tan acostumbrados a las violaciones de los derechos
humanos y del estado de derecho por parte de Trump, y tan abrumados por el
constante aluvión de noticias de última hora, que apenas han logrado organizar
alguna protesta. Incluso en nuestras
universidades, que suelen ser focos de protesta y disidencia, reina el miedo.
Como
ocurre bajo todos los regímenes represivos, la amenaza de consecuencias
económicas o, peor aún, de perder el visado o enfrentarse a la expulsión del
país o a una investigación penal, está logrando el efecto deseado.
Como
economista, a menudo me preguntan qué implicancias tendrá para la economía
estadounidense y la economía global la guerra que Trump ha elegido librar
contra Irán. La respuesta breve es que, cuanto más dure, mayor será el daño.
Pero incluso si la guerra termina rápidamente, los efectos perdurarán. Al fin y
al cabo, las cadenas de suministro críticas ya se han visto interrumpidas y las
instalaciones de producción de petróleo y gas han sido destruidas. La mayoría
de las estimaciones sugieren que las reparaciones llevarán años.
Asimismo,
no solo se ha puesto en peligro el suministro de petróleo y gas. A diferencia
de los embargos petroleros de la década de 1970, también se ha visto amenazada
la producción de fertilizantes de la que dependen los sistemas alimentarios
globales. Esta crisis llega, además, poco después de otras grandes
perturbaciones económicas globales -desde la pandemia del COVID-19 y la
invasión de Ucrania por parte de Rusia hasta la guerra arancelaria global de
Trump y la destrucción del sistema de comercio internacional basado en reglas-,
todas las cuales han contribuido al aumento de la inflación y a una crisis de
asequibilidad cada vez mayor.
Antes
de que Trump regresara a la Casa Blanca, la inflación seguía una tendencia a la
baja, aunque todavía muy por encima de la ansiada meta del 2% de los bancos centrales.
Sin embargo, los aranceles frenaron notablemente esta tendencia, y la inflación
ha vuelto a dispararse a nivel global. Dado que muchos países, entre ellos
Estados Unidos, ya se enfrentan a una crisis de poder adquisitivo que las
políticas estadounidenses han agravado, el riesgo ahora es que los bancos
centrales de todo el mundo suban las tasas de interés o, como mínimo, frenen el
ritmo al que las venían bajando.
Esto,
a su vez, agravará la crisis de asequibilidad -ya que comprar una vivienda o
pagar una tarjeta de créditos era más difícil- y ralentizará una economía
estadounidense ya sacudida por el trauma de las políticas comerciales, de
inmigración y fiscales erráticas de Trump. Si no fuera por el gasto desmedido
en centros de datos de IA -que sustentan cerca de un tercio del crecimiento de
Estados Unidos-, la economía estadounidense estaría verdaderamente anémica.
Y
con los recortes fiscales regresivos de Trump para multimillonarios y
corporaciones ya en vigor, Estados Unidos tiene menos margen fiscal para
amortiguar las perturbaciones que él ha causado y las que pueda traer consigo
la IA -desde la pérdida de puestos de trabajo hasta el colapso de la burbuja tecnológica.
La afirmación de Trump de que Estados Unidos se
beneficiará como exportador neto de petróleo es un disparate. Es cierto, Exxon se beneficiará, pero los
consumidores estadounidenses pagan precios que se fijan a nivel global -y que
han subido sustancialmente-. En estas condiciones, Estados Unidos obviamente
debería imponer un impuesto a las ganancias extraordinarias. Pero eso no
sucederá bajo una administración tan capturada por la industria de los
combustibles fósiles.
Los
antiguos aliados de Estados Unidos en Europa también se ven afectados por el
aumento de los precios de la energía y la escasez de suministro provocados por
Trump. Si los responsables de las políticas europeos vinculan los precios de la
electricidad a los del gas (como hicieron al principio de la guerra de
Ucrania), podrían empeorar aún más la situación. Pero si Europa adopta una
estrategia para recuperar su soberanía reduciendo su dependencia de la
tecnología y la defensa estadounidenses, podría fortalecer su posición tanto
ahora como a largo plazo.
Independientemente
de cuánto duren la guerra y las condiciones actuales de estanflación, las
consecuencias a largo plazo de este episodio serán profundas. Cabe esperar que
el mundo reconozca que la “variabilidad” de la energía solar y eólica es mucho
más manejable que la continua dependencia de los combustibles fósiles, que
están sujetos a los caprichos de figuras autoritarias erráticas como Trump y el
presidente ruso, Vladimir Putin. Si la guerra de Trump acelera la transición
verde a nivel global, tendrá un importante aspecto positivo.
En
cualquier caso, se ha añadido otro clavo más al ataúd del mundo pacífico y sin
fronteras que nuestros antepasados intentaron construir tras la Segunda Guerra
Mundial. Bajo el mandato de Trump, el país que sentó las bases de ese mundo hoy
lo está desmantelando. Entre la nueva guerra fría con China y la aparente falta
de resiliencia de las cadenas de suministro globales, hay pocos motivos para el
optimismo. Y con la democracia en Estados Unidos en un estado tan debilitado,
los errores humanos y sus consecuencias se acumulan a pasos acelerados...
Lo subrayado/interpolado
es nuestro







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