El
“católico” gobierno de Kast:
¡A Dios rogando y con el mazo dando!...
Algo distinto ocurrió con esta ceremonia
republicana durante los gobiernos de la Concertación y la Nueva Mayoría en que
los juramentos o las promesas de sus principales integrantes se manifestaban en
distintas voces, explicitando con ello la pluralidad de credos o creencias que
en general caracterizó a sus dirigentes. No sería extraño que la confesión
religiosa fuera exigida por el Presidente Kast para designar ahora a sus
colaboradores, atendiendo a sus propias convicciones, como al formar parte al
interior del catolicismo de una de sus expresiones más conservadoras, como lo
es el grupo mariano Schonstatt.
Se sabe que desde el primer día en La Moneda se
reeditaron las misas matinales con la concurrencia de los servidores públicos
más devotos y en la onda espiritual del Presidente y de la Primera Dama. Algo
que de todas maneras satisfizo a las autoridades eclesiásticas, pese a que muy
luego frustró las expectativas un Cardenal Arzobispo de Santiago que reprochó
la forma tan poco cristiana en que se empezaron a despedir a decenas de
funcionarios públicos y asesores del gobierno saliente de Gabriel Boric.
Lo que ocurre es que muchas de las actuales
autoridades hicieron en el pasado, público respaldo a la dictadura de Pinochet
mientras varias de las iglesias chilenas se dieron a la tarea de asumir la
defensa de los perseguidos políticos, reprobar severamente las violaciones de
los Derechos Humanos y organizar toda una Vicaría de la Solidaridad que se
ocupara de dar protección a los disidentes, exiliado, a los torturados,
a los detenidos desaparecidos y a cientos de miles de chilenos comprometidos en
ponerle fin a un régimen cívico militar repudiado prácticamente por el mundo
entero, así como por la propia curia romana.
Fueron tiempos en que la unidad de los católicos se
hizo trizas y hasta hoy es perfectamente posible visualizar a los que fueron
activos y cómplices colaboradores del régimen de facto, así como a aquellos
miles de sacerdotes y cristianos de base que arriesgaron sus vidas, y hasta las
ofrendaron al hacerse intérpretes de la iglesia del Concilio Vaticano ll, la
Teología de la Liberación, las encíclicas sociales y las exhortaciones de los
10 últimos pontífices y de numerosos obispos y asambleas episcopales del mundo.
Sin embargo, innumerables cristianos de avanzada
vieron frustrar sus esperanzas durante la posdictadura al comprobar las
reiteradas desafecciones ideológicas de quienes llegaron a la política, además
de comprobar graves corrupciones en el ejercicio del poder. Ello es lo que
mejor puede explicar la facilidad con que muchos católicos de derecha o
ultraderecha se sacudieron tan fácilmente de sus pecados y fueron capaces, en
muy poco tiempo, asumir como adalides de la democracia, financiar onerosas
campañas políticas, llegar tres veces a la Moneda y controlar actualmente el
Parlamento, además de una multiplicidad de gobiernos regionales. Al tiempo que
muchos medios de comunicación democráticos eran asesinados por los sucesivos
gobiernos de centroizquierda y se reforzaban, con publicidad fiscal, aquellos
que hicieron gala del pinochetismo, promovieron la impunidad y consagraron como
verdad oficial el neoliberalismo o el capitalismo salvaje, también tan
proscrito por las enseñanzas papales.
No es de extrañarse que actualmente, en su
desfachatez, haya quienes abogan desde el oficialismo por el indulto en favor
de los más tenebrosos agentes del Terrorismo de Estado y los delitos de lesa
humanidad, como que la Constitución de 1980 siga siendo jurada por quienes
asumen los más altos cargos públicos.
Es evidente que, en la vocación religiosa del
Partido Republicano, de la UDI y de otros partidos oficialistas, lo que predomina
es el apego por los ritos y no al contenido evangélico. En ningún caso, por
ejemplo, por aquellas conmovedoras líneas del Sermón de la Montaña.
Una interpretación superficial de los textos
religiosos, inspirados en ese Dios castigador e inclemente, conduce a millones
de chilenos y latinoamericanos, a abogar por gobiernos autoritarios y altamente
represivos, habida cuenta la criminalidad y la violencia que afecta al común de
nuestras naciones. Un fenómeno que, por supuesto, es hábilmente exacerbado por el
periodismo fútil, la frivolidad televisiva y la ignorancia fomentada.
Así como afecta el desencanto del mundo
religioso la intensidad, por ejemplo, de las campañas pro aborto que no pocos
sectores de izquierda han relevado por encima de los objetivos de justicia
social. Tal como el complejo de izquierda de ceder frente a los antivalores de
la discriminación hacia los inmigrantes, un objetivo dilecto de la demagogia
derechista que promete expulsar a cientos de miles de trabajadores provenientes
de países hermanos, invitados ayer a radicarse aquí para posteriormente ser
imputados y segregados como delincuentes comunes. También haciendo caso omiso
de la defensa que en su favor ejercen las iglesias y miles de chilenos de buena
voluntad y sentimiento solidario. Que valoran, además, la enorme contribución
de las diferentes inmigraciones históricas en el desarrollo y la formación de
nuestra condición social y cultural.
Tanto ha penetrado el discurso de la derecha en la
política chilena que hasta acontecimientos tan relevantes como la Rebelión
Social del 2019, que movilizara a tantos millones de chilenos, esté hoy tan
estigmatizado por los propios sectores progresistas, pese a que siguen
predominando las enormes desigualdades en nuestra población y solo auguran una
más drástica reedición. Gatillado ahora por los mismos índices de desempleo, la
inflación y la crisis mundial. Con un gobierno cuyo principal e hipócrita
cometido ideológico es servir a los más poderosos, en la ilusión de que la
riqueza concentrada en unos pocos podría derramar bienestar para la clase media
y los sectores más pobres. Lo que se ha probado tantas veces como una falacia
debido a la codicia empresarial, la paulatina degradación de nuestros estados
dependientes, como al desdibujarse los valores del humanismo y la equidad en la
conciencia política.
Lo subrayado/interpolado
es nuestro






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