martes, 23 de diciembre de 2025

DE BORIC A KAST, UNA PATETICA PARADOJA. LO LLEVO AL PODER REIVINDICANDO AL PRESIDENTE MARTIR SALVADOR ALLENDE GOSSENS Y SU LEGADO HISTORICO, Y LE ENTREGARA LA BANDA PRESIDENCIAL A SUS MISMOS ASESINOS...



DE BORIC A KAST, UNA PATETICA PARADOJA. LO LLEVO AL PODER REIVINDICANDO AL PRESIDENTE MARTIR SALVADOR ALLENDE GOSSENS Y SU LEGADO HISTORICO, Y LE ENTREGARA LA BANDA PRESIDENCIAL A SUS MISMOS ASESINOS...

Por Lautaro Rivara* – Diario Red 

Algunas hipótesis sobre el ascenso ultraderechista en Chile y su reverso inevitable: el fracaso de un gobierno más liberal que progresista...

“Las gentes no se repliegan hacia el vacío, sino al terreno malo, pero conocido”. La frase fue escrita hace más de 50 años, en un contexto muy diferente, por el periodista y militante revolucionario argentino Rodolfo Walsh.

Y sin embargo mantiene hoy una vigencia inusitada, y nos da una primera clave de acceso a la desconcertante paradoja chilena: ¿cómo pudo el Chile de la rebelión social, del “no son 30 pesos, son 30 años”, de las juventudes amotinadas, la bronca atávica contra los “pacos” y la reivindicación orgullosa de la bandera mapuche, girar en redondo en un sexenio y colocar en La Moneda al heredero más conspicuo de la dictadura cívico militar pinochetista, a una de las figuras más reaccionarias del bestiario derechista local, a todo aquello que, en suma, la rebelión vino a impugnar?

Primera hipótesis: las gentes que se insubordinaron en octubre de 2019 lo hicieron con un vago pero decidido afán refundacional, que no casualmente encontró en la propuesta constituyente su primera palabra articulada, el punto focal donde podían converger las demandas de todas las víctimas del modelo educativo, sanitario, securitario o pensional, en un país donde hasta los cursos de agua fueron privatizados por las radicalizadas reformas de ajuste estructural.

Las protestas, que se prolongaron a lo largo de varios meses, fueron la manifestación más visible y revulsiva del agotamiento del modelo neoliberal allí donde una dictadura  cívico militar fascista lo impuso a sangre y fuego con Augusto Pinochet, el concurso de la CIA y los Estados Unidos y el célebre “mamotreto” (el recetario del ajuste ortodoxo) que escribieron los Chicago Boys.

Fue en Chile donde la santa trinidad del general autoritario fascista, el economista neoliberal y el agente de inteligencia hicieron escuela. Quienes estuvimos por el Chile de aquellos estertores a comienzos del año 2020 podemos dar fe hoy, con la perspectiva que otorga la distancia, de que se trató de un movimiento radical, pero también sumamente contradictorio.

Como no podía ser de otra manera, las reivindicaciones antineoliberales se expresaron en manifestaciones políticas, societales y en subjetividades totalmente atravesadas por el neoliberalismo; la apatía, la rabia ciega, el espontaneísmo, la desconfianza, el individualismo, el rechazo a todas las formas de la política, el anti-poder, el ensimismamiento corporativo, etcétera.

¿Su gran emblema? Los personajes, disfrazados de Spiderman o de Pikachu, que solían entonces acaudillar las protestas en la “Plaza de la Dignidad”  Gabriela Mistral. Una especie de teatro bufo que decía y dice mucho de los niveles de desafección política al que 50 años de neoliberalismo llevaron a la sociedad chilena, que supo ser una de las más brillantes y organizadas de toda América Latina.

Fenómenos parecidos tuvimos en el ciclo de revueltas neoliberales de fines del siglo XX y comienzos del XXI, y también en toda la saga insurreccional del 2018-2019, que sacudió el mapa regional hasta ser frenada en seco por la pandemia y los regímenes de aislamiento.

Sin embargo, la rebelión de 2019 no fue un rayo en cielo sereno.

Las frustraciones se venían acumulando desde hacía años y se expresaron en las demandas de las postergadas poblaciones indígenas/mapuche, en las revueltas estudiantiles (de la que de hecho emergió la nueva generación progresista de la que proviene Boric), en el movimiento contra las aseguradoras privadas de fondos de pensión, o en algunos conflictos sindicales más focalizados.

Esto nos lleva a la segunda hipótesis: la tragedia chilena es el resultado del fatal divorcio entre una izquierda estatal sumamente institucionalista, heredera ideológica de la nunca concluida transición postpinochetista encabezada por los partidos de la Concertación (izquierda institucional de la que hizo parte el propio Partido Comunista, cogobernante con la antigua centroizquierda en los tiempos de Michel Bachelet y la “Nueva Mayoría”), y una izquierda social más dispersa, antiestatista, e incluso con fuertes tendencias autonomistas y anarquizantes.

Como el agua y el aceite, las dos fases del compuesto fueron revueltas por la rebelión y sus postrimerías, pero nunca llegaron a sintetizarse.

La izquierda social y los sujetos movilizados de forma espontánea fueron incapaces de alumbrar un proyecto estatal y plurinacional para las grandes mayorías (y sobre todo hacerse eco de las reivindicaciones económicas más sentidas), lo que quedó en evidencia en los tropiezos de la Convención Constituyente y en el rápido ascenso, balcanización y caída de la heteróclita Lista del Pueblo, que en la elección de convencionales constituyentes de 2021 conquistó casi un millón de votos para después desintegrarse por completo.

Por el contrario, la izquierda institucional (por lo general urbana, clasemediera y santiaguina), con sus atávicos reflejos de élite, vio la rebelión  con más temor que esperanza, incapaz de interpretarlo y traducirlo, y mucho menos de encauzarlo y capitalizarlo.

El gran síntoma de ese hiato, y que podemos asegurar en retrospectiva que fue el acontecimiento que selló el destino de la rebelión, fue el rápido salvataje que Boric, contra la voluntad de su propio partido y sus bases, corrió a otorgar a Sebastián Piñera, evitando su caída, negociando una transición constituyente tutelada, y cerrando de esta manera la caja de Pandora abierta en octubre.

El resto es historia conocida: el inicio del proceso constituyente, aprobado por un 78 % de la población en 2020, derivó en un texto que fue rechazado en el “plebiscito de salida” de 2022 por el 61 por ciento de la ciudadanía.

Luego, la vendetta conservadora, encabezada por la propia tentativa constitucional de Kast y su Partido Republicano, también fue impugnada en 2023, volviendo todo a fojas cero, garantizando la continuidad de una de las cartas magnas más retrógradas de toda la región latinoamericana y caribeña.

Escribimos después de la primera vuelta electoral que Gabriel Boric Font es el gran mariscal de la derrota chilena, y lo reafirmamos. Pero debajo del mariscal siempre hay militares de menor rango, y sobre todo tendencias estructurales de larga duración que definen el teatro de operaciones.

Sin embargo, la estructura no impugna la agencia, ni mucho menos absuelve a los liderazgos. Esto nos lleva a una tercera hipótesis que surge de una pregunta nodal: ¿lo que vimos fue una derrota o más bien un fracaso? Ésta es la gran pregunta que todo analista debe hacerse frente a un retroceso de estas magnitudes.

En la derrota el enemigo impone su abrumadora superioridad económica, social, mediática, geopolítica o militar. En el fracaso, en cambio, priman los componentes internos, las contradicciones propias, las aporías, los errores no forzados, las inconsistencias ideológicas, la falta de conducción, estrategia y perspectiva. 

He aquí entonces la tercera hipótesis: lo que vimos no fue una derrota, sino que estamos en presencia de un nuevo fracaso de una izquierda institucionalista y elitista, más liberal que progresista, que tras el revés constituyente y la derrota de la propuesta de reforma fiscal, decidió arrear todas las banderas reformistas y cogobernar con los mismos sectores del establishment que fueron repudiados en 2019 (ese centro, ayer en extinción, hoy vuelve a respirar).

El liberal-progresismo chileno fracasó, y no es la primera vez que lo hace desde la nunca terminada transición postpinochetista; como “el conde” de la película de Pablo Larraín, el viejo general sigue sobrevolando el país con su capa prusiana, más vivo que muerto.

Por otro lado, es evidente que el principal pasivo de la candidata Jeanette Jara en estos comicios fue representar al gobierno en el que se desempeñó, de forma correcta, como Ministra de Trabajo.

De hecho, el exiguo historial de “conquistas” que el gobierno pudo exhibir se relacionan en buena medida a su gestión ministerial: la reducción de la semana laboral, la reforma al sistema de pensiones y el aumento del salario mínimo. Puede sonar a poco, pero en realidad fue mucho menos.

En primer lugar si tomamos el punto de partida inevitable, fincado en las expectativas sociales desatadas en octubre y en el propio programa de gobierno de la coalición entre el Frente Amplio y el PC, que proponía una reforma fiscal de avanzada, centralizar la negociación colectiva de los sindicatos pulverizada por el régimen neoliberal, un sistema de salud de carácter público y universal, condonar las millonarias deudas de los estudiantes y las familias sobre-endeudadas, promover el empleo registrado y de calidad, e incluso nacionalizar el sistema de pensiones y aumentar drásticamente el monto de las jubilaciones.

El gobierno de Boric arrió las demandas “particulares” (hoy quizás demasiado fustigadas por los desencantados de aquella gesta, como si las reivindicaciones del movimiento feminista y el Pueblo Mapuche fueran periféricas y subsidiarias), pero tampoco fue capaz de apuntalar las “generales” (que no eran ni son lógicamente contradictorias con las primeras).

La desigualdad apenas se redujo respecto a la presidencia de un neoliberal a ultranza como lo fue el antecesor Piñera. El empleo precario y no registrado se mantuvo en niveles altísimos. La negociación colectiva y centralizada nunca se implementó.

La reforma fiscal que debía gravar a las compañías mineras y a los sectores de ingresos altos y patrimonios holgados, durmió el sueño de los justos, por impericia legislativa y por falta de vocación a la hora de apuntalar la organización y movilización popular. La educación y la salud continuan siendo privativas y excluyentes.

Eso es lo que no se hizo. Pero para colmo de males, el exasperante gradualismo produjo conquistas en un plano legal que no se implementarán materialmente hasta los próximos años, como la reducción de la semana laboral, que sólo alcanza a la minoría de trabajadores formales, que entrará en vigor recién en 2028, o el nuevo sistema previsionial, que deja intocadas a las odiadas AFP y que comenzará a andar en 2027, con un sistema focalizado que redundará en que muchos de los pensionados tengan un aumento neto de apenas de 25 dólares.

Nadie, es evidente, vota a un gobierno por sus conquistas futuras. Pero ahora, con una coalición de gobierno ultraderechista bajo el arbitraje de Kast, lo más probable es que estos moderados avances sean barridos incluso antes de llegar a efectivizarse.

Por si quedan dudas, no se trata de demandar con el diario del lunes una radicalización abstracta y ahistórica, ni de comparar al gobierno de Boric con el de la Cuba de los años 60 o la Venezuela y la Bolivia de principios de este siglo, sino de hacerlo con sus homólogos de hoy, que como Claudia Sheinbaum o Gustavo Petro hacen parte de las mismas limitaciones de origen y de idénticas vicisitudes históricas.

En ese sentido, si lo comparamos las transferencias directas de ingresos con fines redistributivos o con las reformas estructurales impulsadas por cada gobierno, las de Boric palidecen por lo timoratas, inconsistentes y postergadas.

Ni que hablar si hacemos alusión a una política exterior que en asuntos clave como el genocidio de los palestinos en Gaza o la amenazante militarización del Gran Caribe, estuvo más cercana al extremo centro e incluso a las derechas de la región, que a la posición de las izquierdas y de otros progresismos.

Claro que a las tendencias socioeconómicas presentes en la sociedad chilena en tiempos de la rebelión y a los desaciertos de gobierno, debemos sumar la consideración de las grandes tendencias globales.

Como en otros países (particularmente sus vecinos), con viento de cola, una derecha “sin complejos” arriba a La Moneda, en un proceso de ramificación en donde conviven, no sin conflicto, pinochetistas de hueso colorado, paleolibertarios, tradicionalistas evangélicos y católicos, conservadores de toda ralea, derechas institucionalistas, punitivitas, xenófobos, cripto-optimistas y varios agentes del caos.

Chile tuvo lo que pocos países del mundo pudieron ostentar: un portentoso y radical proceso de movilización popular capaz de galvanizar al país y de dotar a la población de los anticuerpos necesarios para resistir el embate extremista.

Pero la oportunidad fue fatalmente desperdiciada y el país que hace seis años era una prometedora excepción, hoy expresa una de las cristalizaciones más reaccionarias de las tendencias globales en curso, con una primera vuelta electoral en donde los diferentes rostros de las derechas en ascenso cosecharon el 70 por ciento de las preferencias electorales.

La cuarta hipótesis busca explicar por qué fue la agenda de la derecha y la extrema derecha la que sin atenuantes dio la tónica del debate social y electoral: la economía y la seguridad.

Primero cabría preguntarse si una izquierda que es incapaz de hablar de economía pertenece todavía a la loable tradición iniciada por los socialistas utópicos, los anarquistas y los marxistas europeos.

En segundo lugar, decir que la frustración de la rebelión y la Constituyente dejó intocada la repulsa a los partidos tradicionales, y que los reflejos “anti-casta” terminaron premiando no casualmente a una figura que como Kast, pese a ser un político “tradicional”, supo romper a tiempo con la “derecha acomplejada” de la UDI y fundar su propio espacio.

Pero también a alguien que como Johannes Kaiser supo expresar lo más desbocado de la imaginería paleo-libertaria y tocar las fibras más expuestas de la frustración y el resentimiento, o a un sujeto que como Franco Parisi supo construir desde la nada un importante ecosistema mediático y territorial, en una derecha aparentemente “postideológica” que se reivindica con éxito como “ni facha ni comunacha” y seduce a sectores populares y medios emergentes.

Como decíamos al comienzo con Walsh, las gentes no repliegan al vacío, sino a lo malo, pero conocido. Por eso las demandas mínimas (la economía y la seguridad) fueron las aglutinantes en esta coyuntura.

Por eso la vieja Constitución/artilugio de 1980, de Pinochet sobrevivió a los asedios que sufrió por derecha y por izquierda. En este escenario de desconcierto, de frustración de la rebelión, con una izquierda sin reflejos antagonistas, sin épica, grandes reformas ni adversarios, los chivos expiatorios resultaron sumamente convincentes: allí donde las izquierdas no tienen el valor de enfrentar (ni la capacidad pedagógica de explicar) a los enemigos verdaderos, los falsos enemigos son inmolados en su lugar: sean “comunistas”, mapuches, feministas o migrantes.

Otra vez, un progresismo liberal, descafeinado y timorato, vuelve a abrir las puertas a la reacción, en un déjà vu que nos retrotrae al gobierno de Alberto Fernández en Argentina, y que podría ser una constante en otros procesos político-electorales.

Todo esto nos lleva a la última hipótesis.

Una izquierda que ha perdido las conexiones orgánicas con las clases trabajadoras (Kast y Parisi tuvieron un mejor desempeño que el Frente Amplio y el PC en las comunas de bajos ingresos, en las periferias urbanas o en las regiones postergadas del norte minero), que dilapidó las oportunidades de ampliación democrática que ofrecía el voto obligatorio, que desconfía visceralmente de la movilización espontánea (y que corre con el resto de las élites a clausurar su ciclo), es una izquierda que eligió temer más a su pueblo que al legado del tirano y sus reencarnaciones contemporáneas.

Una izquierda que es “democrática”, “republicana” y “liberal” en lo que concierne a Venezuela y Cuba, pero profundamente autoritaria y antidemocrática en lo que hace a las comunidades mapuches militarizadas o a los jóvenes desclasados de las periferias reprimidos una y otra vez por los Carabineros (pacos).

Una izquierda que ha comprado una concepción vacía, formalista, leguleya y sin sustancia de la democracia que excluye sus fundamentos sociales y económicos, exactamente aquella concepción que establecieron los partidos de la Concertación.

Una izquierda que celebra y se regodea en el “gesto republicano” de la ritual llamada de felicitaciones entre el presidente en funciones y el presidente electo, pero que no repara en un hecho siniestro y tanto más significativo: que quien llegó al poder reivindicando al mártir presidente Salvador Allende Gossens y su legado, le entregará la banda presidencial a sus mismos asesinos...

“Chile, la alegría ya viene”, era el popular, pegadizo y banal estribillo que acompañó la campaña del “No” contra Pinochet en el año 1988. La alegría tardará todavía un poco más en llegar. Pero llegará...

Comunicado al Pueblo Chileno, en especial a los Atacameños y Antofagastinos.



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein/escritor, historiados y analista internacional/ADDHEE.ONG

Hoy, cuando en Chile se desatan todos los odios contra Venezuela y los venezolanos, el Pueblo Chileno debería saber que Bolívar, considerado Libertador de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Panamá y Bolivia, también lo es de Chile, por lo menos de una parte de su país.

En 1824, cuando en Junín y Ayacucho se consumó la derrota del colonialismo español en América con participación destacada de oficiales y soldados chilenos el mando de los venezolanos Bolívar y Sucre, la provincia de Atacama pertenecía a Perú y la de Antofagasta al Alto Perú, que después pasó a llamarse Bolivia. De manera que los atacameños son hijos de Junín y Ayacucho, no de Chacabuco y Maipú. Su independencia se logró gracias al empuje de soldados venezolanos, colombianos, ecuatorianos y peruanos, también de chilenos y rioplatenses.

El odio sustentado en un falso nacionalismo/chovinista que a partir de la independencia han insuflado las oligarquías empresariales, financieras, agrícola monopolista a los pueblos de América Latina, solo sirven a sus intereses. Desatan grandes campañas publicitarias en defensa de la “Patria” cuando en realidad lo único que le importa es defender sus mezquinos intereses de grupo, de sector y en última instancia, de clase.

Siempre recuerdo una ocasión cuando estando en Lima en el momento que se realizaría un juego de futbol eliminatorio para un mundial entre las selecciones de Chile y Perú, centenares de ciudadanos del Perú humilde fueron convocados a concentrase frente al hotel donde pernoctaban los deportistas chilenas en la noche previa al encuentro. Fueron conminados a hacer ruido para evitar el buen descanso de los chilenos. La manifestación iba acompañada de gritos xenófobos que exaltaban un falso nacionalismo.

Mientras tanto, en otro exclusivo hotel de la capital peruana, representantes de la oligarquía chilena que habían viajado a Lima a presenciar la contienda, cenaban con sus pares peruanos y entre brindis y sonrisas consumaban algún negocio. Al día siguiente, mientras las barras de ambos países se enfrentaban retóricamente a través de hostiles cánticos racistas que exudaban un nacionalismo fanático, en los palcos del estadio, oligarcas empresarial chilenos y peruanos brindaban por el desarrollo del encuentro. Sin importar el resultado, salieron del estadio y continuaron la juerga en otro encumbrado restaurant de la ciudad.

Deben saber los chilenos que de los 756.102 Km² de superficie de su país, 168.275 km² pertenecientes a Atacama y Antofagasta, es decir el 22,25% del territorio -que por cierto es el que aporta la mayor riqueza al país - fue liberado por soldados venezolanos y de otros países sudamericanos que dieron su vida por la independencia de un pueblo hermano. Posteriormente, intereses imperialistas británicos desataron una guerra fratricida que condujo a la usurpación de esos territorios en favor de la oligarquía empresarial minera chilena.

Ahora, cuando un nazi alemán gobernará Chile desatando toda su furia racista y supremacista contra los descendientes de esos soldados patriotas, no deben olvidar los chilenos que junto a ellos, ciudadanos de otros pueblos derramaron su sangre por la independencia. Atacameños y antofagastinos en particular, no deberían rechazar a sus hermanos venezolanos, colombianos y peruanos que han llegado a sus tierras huyendo precisamente de las desgracias que han debido enfrentar motivadas en la codicia, el afán de lucro y la voracidad de esas mismas oligarquías que -sin importar cuál es su país de origen- anhelan acumular riquezas a costa de la explotación inmisericorde de los humildes a los que odian, sin importar cuál es su país de origen.

No es tan importante el país en que se nace sino la clase a la que se pertenece y los intereses que se defienden. Para los venezolanos, como dijo el Libertador Simón Bolívar “La Patria es la América”

Lo subrayado interpolado es nuestro.

 

 

LA TRISTE SOLEDAD DE EUROPA Y de LAS SATRAPÍAS DEL PATIO TRASERO LATINOAMERICANO DEL IMPERIALISMO ESTADOUNIDENSE/YANQUI..

 



LA TRISTE SOLEDAD DE EUROPA Y de LAS SATRAPÍAS DEL PATIO TRASERO LATINOAMERICANO DEL IMPERIALISMO ESTADOUNIDENSE/YANQUI...

Por Fernando Ayala/escritor y analista internacional/ADDHEE.ONG

Diario red, el Clarín de Colombia, el nortino de Chile, el Clarín de Chile, Jornada de México, Xinhua.net, la Haine, enred sin fronteras, red latina sin fronteras, telesur, publico.es, Amy Goodman/Colombia University, el Sur Andino, Al Jazeera, Tass, Sputnik:

Estados Unidos luego del inicio de la Gran Guerra (1914-1918) demoró casi tres años, hasta el 06 de abril de 1917, para declarar la guerra a Alemania. Fue la respuesta al hundimiento de barcos de pasajeros por submarinos alemanes, donde viajaban ciudadanos estadounidenses. En 1939, al iniciarse la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Washington no reaccionó hasta el ataque japonés a Pearl Harbor, el 8 de diciembre de 1941, pese a la insistencia previa del primer ministro británico, Winston Churchill para que se declarara la guerra a Alemania. En ambos casos, para el gobierno y la opinión pública estadounidense, no fue fácil involucrarse en conflictos no iniciados por ellos...

La estrategia de seguridad nacional/ESN del convicto presidente Trump

El 5 de diciembre pasado, el gobierno del presidente Donald Trump, hizo público el documento Estrategia de Seguridad Nacional o ESN, (National Security Strategy of the United States of America November 2025) que redefine su papel en el escenario global, renunciando de hecho a ser garante de la seguridad de Europa para concentrarse en el hemisferio occidental, en especial en el continente americano. La ESN tiene como premisa fundamental el concepto de proteger el interés nacional de los Estados Unidos y para ello sostiene que debe mantenerse como lo que es: el país más fuerte, rico y poderoso del planeta, y que debe seguir siéndolo. Para el logro de estos objetivos es que han redefinido sus prioridades y su interacción con el mundo a través de la política exterior de manera bastante cruda, privilegiando exclusivamente su interés nacional, no el de otros. Critica severamente la política exterior seguida por gobiernos anteriores que contribuyeron, por una parte, a debilitar la base industrial estadounidense a través del “libre comercio” y por otra, señala “permitieron que aliados y socios descargaran el costo de su defensa sobre el pueblo estadounidense y, en ocasiones, nos arrastraran a conflictos y controversias centrales para sus intereses, pero periféricas o irrelevantes para los nuestros”. Es decir, la política aplicada desde el inicio de la segunda administración del presidente Trump es coherente con esta visión, que busca en primer lugar reducir el déficit comercial de Estados Unidos que ascendió en 2024 a 918,4 mil millones de dólares. En el plano militar, es muy dura la ESN con sus aliados históricos desde el término de la Segunda Guerra Mundial: los países miembros de la OTAN y en particular con los de la Unión Europea. Agrega que la seguridad de los Estados Unidos está en su poder nuclear, la que será incrementada con la nueva generación de misiles, junto con la creación de una “cúpula dorada” que proteja todo el territorio y sus habitantes de cualquier ataque. Aunque no se mencionan cifras, se estima que un mecanismo de defensa de esta naturaleza costaría 175 mil millones de dólares.

La ESN es una mirada geopolítica ante el surgimiento de nuevos actores globales, por lo que vuelve a la vieja teoría del “equilibrio de poder” entre las potencias -que ha dado largos períodos de paz- así como a las “áreas de influencia” que existieron hasta el fin de la Guerra Fría, dejando meridianamente claro que hay otra potencia con intereses globales, China. Por otro lado, aunque no se menciona expresamente, Rusia es considerada una potencia militar formidable, con la mayor extensión territorial y con recursos naturales inmensos, que le asegura un lugar junto a Estados Unidos y China. También se debe poner atención a la India, un país que en los últimos 10 años ha crecido a tasas entre un 6 y 7%, es el más poblado del planeta, con un inmenso mercado, con fuerza nuclear, y que políticamente ha dado muestras de no alinearse de manera incondicional con ninguna potencia. Por ello señala la ESN que cooperarán con los países aliados “para mantener el equilibrio de poder a nivel mundial y regional, con el fin de evitar la aparición de adversarios dominantes”. Respecto a Europa el mensaje es claro: “Entre nuestros muchos aliados y socios, contamos con docenas de naciones ricas y sofisticadas que deben asumir la responsabilidad principal de sus regiones y contribuir mucho más a nuestra defensa colectiva.” La pregunta es cómo se lee entre los países principales de la Unión Europea este documento cuando están apoyando decididamente a Ucrania en su guerra con Rusia, de la cual Washington se aleja cada día más. ¿Cómo asumirá la Unión Europea este desafío? ¿Renunciando cada país a más soberanía, por más Europa?, como pregonan algunos dispuestos a incorporar a la totalidad del continente, o restringiendo nuevos ingresos, como señalan otros. ¿Es sostenible la toma de decisiones por consenso en muchas materias o debiera dejarse que los países más fuertes, decidan? Este dilema golpeará con fuerza las principales capitales europeas donde Alemania es la principal economía y la que más recursos ha entregado a Ucrania. Tal vez, para Europa y la Unión Europea en particular, esta sea una gran oportunidad para definir su futuro y jugar un papel de potencia en la política mundial. Ello tomará tiempo, por lo que deberá definir una hoja de ruta, sin el umbral de seguridad que por décadas le garantizó Estados Unidos.

Para América Latina, la ESN reservó el llamado “corolario de Trump” donde se indica: “Negaremos a los competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales, en nuestro hemisferio”. Como lo habíamos mencionado en un artículo anterior, la brújula apunta sin ambigüedades al sur, repitiendo la vieja doctrina del presidente James Monroe, proclamada en 1823, de “América para los americanos”, que fue una advertencia para que los europeos no intervinieran ni política ni comercialmente en las nuevas repúblicas. Hoy es claro que Estados Unidos, como lo señala expresamente la ENS, no permitirá que países ajenos a la región controlen bienes considerados estratégicos tanto en infraestructura como en materias primas, lo que es un claro mensaje para Beijín. En otras palabras, los países de la región que se han movido mayoritariamente hacia gobiernos de derechas enfrentarán el dilema de su incondicionalidad política con Estados Unidos y su dependencia comercial con China. 

En estos días estamos presenciando un ejemplo clásico de aplicación de “poder duro” por parte de Estados Unidos hacia Venezuela, donde probablemente en pocas semanas se pondrá fin al régimen del presidente Nicolás Maduro. Veremos entonces sobre quien apuntará la brújula de Washington: ¿Colombia, Nicaragua, Cuba? Finalmente, la gran arma de Estados Unidos sigue estando en su poder blando, que es el modo de vida, la cultura capitalista transmitida a través de las redes sociales, el consumo, narcotráfico, la música, el cine, el idioma, la moda y la atracción que sigue atrayendo a los jóvenes en general, ante la ausencia de otras formas de sociedades exitosas.

Lo subrayado interpolado es nuestro

Trump y su Imperio de Arrogancia y Brutalidad



Trump y su Imperio de Arrogancia y Brutalidad


Por Prof. Dr.  Jeffrey D. Sachs/académico de la Columbia University NY/USA. Director Centro para el desarrollo sustentable y asesor de tres secretarios general de la Organización de Naciones Unidas...

Diario red, el Clarín de Colombia, el nortino de Chile, el Clarín de Chile, Jornada de México, Xinhua.net, la Haine, enred sin fronteras, red latina sin fronteras, telesur, publico.es, Amy Goodman/Colombia University, el Sur Andino, Al Jazeera, Tass, Sputnik:

El último memorándum del presidente sobre la Estrategia de Seguridad Nacional trata la libertad de coaccionar a otros como la esencia de la soberanía estadounidense. Se trata de un documento ominoso que, de mantenerse, volverá para atormentar a Estados Unidos.

La Estrategia de Seguridad Nacional (National Security Strategy, NSS) para 2025 recientemente publicada por el presidente Donald Trump se presenta como un plan para renovar la fuerza estadounidense. Está peligrosamente mal concebido de cuatro maneras.

Primero, la NSS se ancla en la grandiosidad: la creencia de que Estados Unidos disfruta de una supremacía sin igual en todas las dimensiones clave del poder. En segundo lugar, se basa en una visión del mundo claramente maquiavélica, que trata a otras naciones como instrumentos que pueden manipularse en beneficio de Estados Unidos. Tercero, descansa en un nacionalismo ingenuo que considera las instituciones y el derecho internacional como obstáculos para la soberanía estadounidense, en vez de infraestructuras que incrementan la seguridad de Estados Unidos y del mundo en su conjunto.

En cuarto lugar, demuestra la brutalidad con la que Trump utiliza a la CIA y al ejército. A los pocos días de la publicación de la NSS, Estados Unidos incautó descaradamente un barco que transportaba petróleo venezolano en alta mar, aduciendo que el buque había violado anteriormente sanciones estadounidenses contra Irán.

La incautación no fue una medida defensiva para evitar una amenaza inminente. Tampoco es ni remotamente legal incautar petroleros en alta mar debido a sanciones unilaterales de Estados Unidos. Solo el Consejo de Seguridad de la ONU tiene esa autoridad. Por el contrario, la incautación es un acto ilegal destinado a forzar un cambio de régimen en Venezuela. Se produce tras la declaración de Trump de que ha ordenado a la CIA llevar a cabo operaciones encubiertas dentro de Venezuela para desestabilizar el régimen.

La seguridad estadounidense no se reforzará con el matonaje. Se debilitará, tanto estructural como moral y estratégicamente. Una gran potencia que asusta a sus aliados, coacciona a sus vecinos y desprecia las normas internacionales acaba aislándose a sí misma.

En otras palabras, la NSS no es solo un ejercicio de arrogancia sobre el papel. Se está traduciendo rápidamente en una práctica descarada.

Un destello de realismo, luego una estacada de patética arrogancia

Para ser justos, la NSS contiene momentos de realismo con un largo retraso. Reconoce implícitamente que Estados Unidos no puede ni debe intentar dominar el mundo entero, y admite acertadamente que algunos aliados han elegido arrastrar a Washington a guerras costosas en desmedro de los verdaderos intereses de Estados Unidos. También da un paso atrás, al menos retóricamente, respecto a una cruzada de gran potencia que lo consume todo. La estrategia rechaza la fantasía de que Estados Unidos puede o debe imponer un orden político universal.


Pero la modestia dura poco. La NSS reafirma rápidamente que Estados Unidos posee «la economía más grande e innovadora del mundo», «el sistema financiero líder en el mundo» y «el sector tecnológico más avanzado y rentable del mundo», todo ello respaldado por «el ejército más poderoso y capaz del mundo». Estas declaraciones no sólo sirven como afirmaciones patrióticas, sino como justificación para el uso del predominio estadounidense para imponer condiciones a otros. Parece que los países más pequeños serán los más afectados por esta arrogancia, ya que Estados Unidos no puede derrotar a las otras grandes potencias, entre otras cosas porque estas poseen armas nucleares.

Doctrina de maquiavelismo al desnudo

La grandilocuencia de la NSS está ligada a un maquiavelismo descarado. La pregunta que plantea no es cómo pueden cooperar Estados Unidos y otros países en beneficio mutuo, sino cómo se puede aplicar la influencia estadounidense —sobre los mercados, las finanzas, la tecnología y la seguridad— para obtener las máximas concesiones de otros países.

Esto es más notorio en la discusión de la NSS dedicada al hemisferio occidental, donde declara que la Doctrina Monroe es un «Corolario de Trump». La NSS declara que Estados Unidos asegurará que América Latina «permanezca libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad de activos clave», y que las alianzas y la ayuda estarán condicionadas a «reducir la influencia adversaria externa». Esa «influencia» se refiere claramente a la inversión, la infraestructura y los préstamos chinos.

La NSS es explícita: los acuerdos de Estados Unidos con los países «que más dependen de nosotros y sobre los que, por lo tanto, tenemos mayor influencia» deben dar lugar a contratos de proveedor único para las empresas estadounidenses. La política de Estados Unidos debe «hacer todo lo posible por expulsar a las empresas extranjeras» que construyen infraestructuras en la región, y Estados Unidos debe reformar las instituciones multilaterales de desarrollo, como el Banco Mundial, para que «sirvan a los intereses estadounidenses».

A los gobiernos latinoamericanos, muchos de los cuales mantienen un intenso comercio tanto con Estados Unidos como con China, efectivamente se les está diciendo: deben negociar con nosotros, no con China, o enfrentarán las consecuencias.

Esa estrategia es estratégicamente ingenua. China es el principal socio comercial de la mayor parte del mundo, incluidos muchos países del hemisferio occidental. Estados Unidos no podrá obligar a los países latinoamericanos a expulsar a las empresas chinas, pero dañará gravemente la diplomacia estadounidense en el intento.

Una violencia tan descarada que incluso los aliados cercanos están alarmados

La NSS proclama una doctrina de «soberanía y respeto», pero su comportamiento ya ha reducido ese principio a soberanía para Estados Unidos y vulnerabilidad para el resto. Lo que hace que la doctrina emergente sea aún más extraordinaria es que ahora está asustando no solo a los pequeños Estados de América Latina, sino incluso a los aliados más cercanos de Estados Unidos en Europa.

En un acontecimiento notable, Dinamarca, uno de los socios más leales de Estados Unidos en la OTAN, ha declarado abiertamente que Estados Unidos es una amenaza potencial para la seguridad nacional danesa. Los responsables de la planificación de la defensa danesa han declarado públicamente que no se puede dar por sentado que el Gobierno de Trump respete la soberanía del Reino de Dinamarca sobre Groenlandia, y que Dinamarca debe prepararse para la eventualidad de que Estados Unidos intente apoderarse de la isla por la fuerza.

Esto sorprende en varios niveles. Groenlandia ya alberga la base aérea estadounidense de Thule y forma parte integrante del sistema de seguridad occidental. Dinamarca no es antiamericana, ni pretende provocar a Washington. Simplemente está respondiendo de manera racional a un mundo en el que Estados Unidos ha comenzado a comportarse de manera impredecible, incluso con sus supuestos amigos.

El hecho de que Copenhague se vea obligada a contemplar medidas defensivas contra Washington lo dice todo. Sugiere que la legitimidad de la arquitectura de seguridad liderada por Estados Unidos se está erosionando desde dentro. Si incluso Dinamarca cree que debe protegerse contra Estados Unidos, el problema ya no es la vulnerabilidad de América Latina. Se trata de una crisis sistémica de confianza entre naciones que antes veían a Estados Unidos como el garante de la estabilidad, pero que ahora lo consideran un posible o probable agresor.

En resumen, la NSS parece canalizar la energía que antes se dedicaba a la confrontación entre grandes potencias hacia la intimidación de los Estados más pequeños. Si bien Estados Unidos parece estar un poco menos inclinado a lanzar guerras de billones de dólares en el extranjero, se muestra más propenso a utilizar como armas las sanciones, la coacción financiera, la incautación de activos y el robo en alta mar.

El pilar que falta: ley, reciprocidad y decencia

Quizás el defecto más grave de la NSS sea lo que omite: un compromiso con el derecho internacional, la reciprocidad y decencia básicas como fundamentos de la seguridad estadounidense.

La NSS considera que las estructuras de gobernanza global son un obstáculo para la acción de Estados Unidos. Desprecia la cooperación climática como «ideología» y, de hecho, como un «engaño», según el reciente discurso de Trump en la ONU. Minimiza la importancia de la Carta de las Naciones Unidas y concibe las instituciones internacionales principalmente como instrumentos que deben adaptarse a las preferencias estadounidenses. Sin embargo, son precisamente los marcos legales, los tratados y las normas predecibles los que han protegido históricamente los intereses estadounidenses.

Los fundadores de los Estados Unidos lo entendieron claramente. Tras la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, los trece nuevos estados soberanos adoptaron rápidamente una constitución para poner en común poderes clave —sobre impuestos, defensa y diplomacia— no para debilitar la soberanía de los estados, sino para garantizarla mediante la creación del Gobierno Federal de los Estados Unidos. La política exterior del Gobierno de los Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial hizo lo mismo a través de la ONU, las instituciones de Bretton Woods, la Organización Mundial del Comercio y los acuerdos de control de armas.

La NSS de Trump ahora invierte esa lógica. Considera que la libertad de coaccionar a otros es la esencia de la soberanía. Desde esa perspectiva, la incautación del petrolero venezolano y las inquietudes de Dinamarca son manifestaciones de la nueva política.

La NSS de 2025 habla en un tono similarmente arrogante. Es una doctrina de poder por encima de la ley, de coacción por encima del consentimiento y de dominio por encima de la diplomacia. La seguridad estadounidense no se reforzará con el matonaje. Se debilitará, tanto estructural como moral y estratégicamente. Una gran potencia que asusta a sus aliados, coacciona a sus vecinos y hace caso omiso de las normas internacionales acaba aislándose a sí misma.

La estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos debería basarse en premisas totalmente diferentes: la aceptación de un mundo plural; el reconocimiento de que la soberanía se fortalece, y no se debilita, a través del derecho internacional; el reconocimiento de que la cooperación mundial en materia de clima, salud y tecnología es indispensable; y la comprensión de que la influencia mundial de Estados Unidos depende más de la persuasión que de la coacción.

Lo subrayado interpolado es nuestro.

viernes, 19 de diciembre de 2025

Gracias a los inmigrantes: ¡Ningún ser humano es ilegal!...

 

Gracias a los inmigrantes: ¡Ningún ser humano es ilegal!...


Prof. Juan Pablo Cárdenas S./ Escritor, académico, periodista y analista internacional/ADDHEE.ONG:

Diario red, el Clarín de Colombia, el nortino de Chile, el Clarín de Chile, Jornada de México, Xinhua.net, la Haine, enred sin fronteras, red latina sin fronteras, telesur, publico.es, Amy Goodman/Colombia University, el Sur Andino, Al Jazeera, Tass, Sputnik:


Como es habitual en todas las competencias electorales, los candidatos presidenciales se prodigaron en promesas sin explicarnos adecuadamente cómo podrían cumplirlas de resultar electos. Menos todavía han señalado cuáles serían las causas de aquellos fenómenos que tanto inquietan a la población, como la inseguridad derivada del crimen organizado que cobra víctimas por doquier a lo largo y ancho del país. Obligando a la población a recluirse temprano en sus hogares expuesta a continuos asaltos, robos y hasta secuestros.

Lo más fácil ha sido concluir que el país está a merced de las bandas de narcotraficantes, agregando que mucha responsabilidad tiene en el miedo y la angustia el fenómeno de la inmigración, esto es la instalación legal e ilegal de cientos de miles de peruanos, colombianos, ecuatorianos y venezolanos y otros en todo nuestro territorio. Sin reconocer que la inmensa mayoría de estos latinoamericanos asentados en Chile fueron instados a venir aquí por los propios gobiernos y empresarios chilenos deseosos de asegurarse mano de obra más barata que la de los trabajadores nacionales. Sin valorar el hecho de que sectores de nuestra producción, especialmente en la agricultura y la minería, no habrían tenido tanto auge sin este trabajo migrante, como que tampoco nuestras exportaciones alcanzarían aquellas abultadas cifras con que tanto se ufanan la política y las organizaciones patronales.

Valiéndose de la desinformación general de nuestra población, de sus bajísimos estándares educacionales, así como de la patética ignorancia de quienes operan los grandes medios mediáticos, mercuriales globalizados de comunicación, Chile ha retrocedido en muchos años al imponerse la absurda idea de la superioridad nacional sobre la de nuestros hermanos latinoamericanos. Hasta el grado de lograr el desprecio de tantos trabajadores chilenos hacia quienes han venido a hacerse cargo de las tareas más ingratas y peor remuneradas. Y que muchas veces estos ya no quieren cumplir.

Sin reconocer, tampoco, el valioso aporte cultural de tantos migrantes bien calificados y con niveles de capacitación habitualmente superiores a los de nuestra población activa.  Hombres, y mujeres que hasta tienen una escolaridad superior, hablan mejor, saben más y cumplen con intensas jornadas de trabajo para mantener a sus familias aquí o en sus países de origen. Haitianos, por ejemplo, que destacan en el área de los servicios, en los miles de gasolineras y restoranes en que se desempeñan y que en muy poco tiempo adquieren nuestro idioma y logran que sus hijos sean bilingües desde la más tierna infancia. Así como tantos otros se les puede descubrir trabajando eficientemente en hospitales y centros de salud a nivel profesional y auxiliar.

Bajo el monstruoso pretexto de no tener “sus papeles al día” se quiere expulsar a los inmigrantes, dando origen a episodios de grave y espeluznante inhumanidad. En una operación generalmente avalada por la mayoría de los ciudadanos que favorecen con su voto la xenofobia con la que ya se reconoce a nuestro país en el exterior. Sin tomar en cuenta, tampoco, que en la historia nacional las inmigraciones han sido constantes, lo que pudo comprobar en el origen de los apellidos teutones de quienes fueron candidatos y candidatas. Migraciones estimuladas por todos los gobiernos anteriores al grado de asentar a miles de extranjeros en territorios que pertenecen a nuestros pueblos originarios y que dieron origen a esa vergonzosa “Pacificación de la Araucanía. Atropellos y crímenes contra los mapuches y otros pueblos ya borrados del mapa etnográfico nacional, en favor de alemanes, croatas, ingleses y otros inmigrantes europeos. Muchas veces con menos nivel cultural que los recién llegados y que, en no pocos casos, vinieron a refugiarse en Chile y otros países de nuestra Región después de las guerras y genocidios europeos. Dando origen, ¡cómo no recordarlo!, a un enclave como el de esa fatídica colonia Dignidad, que sirviera de campo de concentración y exterminio de la Dictadura cívico militar pinochetista. Asimismo, conviene reconocer, también, que parte importante de nuestra ascendencia española es la que cometió los crímenes de la conquista y la guerra de tres siglos en que nuestros pueblos fundacionales lavaron aquella afrenta imperial...

Muy bien hacen algunas mentes lúcidas, como la de algunos religiosos, en advertir la horrenda propuesta de expulsar a los migrantes para no acometer la tarea que sí deben llevar a cabo, cual es la de repatriar y condenar por la Justicia a los que llegaron a delinquir y que mucho explican la existencia de las bandas delictuales. Sin embargo, es justo reconocer que es en la falta de equidad social, en la pobreza y la miseria donde radica la causa de los jóvenes tentados por los carteles de la droga; así como muchos de los episodios de violencia que hoy se alimentan en los cientos de campamentos de los sin casa, sin acceso a la salud, salario digno y educación.

“La Paz fundada en la Justicia Social”...

Tenemos plena conciencia que la añorada paz social no va a lograr mediante la represión callejera, la erradicación de campamentos, el aumento de las cárceles y toda esa “mano dura” propiciada por derechistas e, incluso, izquierdistas en el poder. Que, si no se acomete la justicia social, el trabajo digno y la prohibición de la riqueza extrema, lo que se va a fomentar son nuevas rebeliones sociales. Más todavía si el país continúa comprobando las impunidades de los poderosos, la lenidad de los jueces, la corrupción de la política y de los uniformados.

Está claro que el péndulo que oscila entre izquierdas y derechas en el gobierno y el Parlamento lo que han logrado es la misma injusticia institucionalizada. Unos y otros se han mimetizado ideológicamente en el poder, como asumido las mismas malas prácticas. Que de lo que se trata urgentemente es de una nueva ética, de nuevos actores políticos y sociales. De recobrar las ideas del humanismo y de la patria para todos. Incluso de los que han llegado del extranjero a trabajar y a recordarnos que prometimos ser una tierra de acogida y de “asilo contra la opresión”, como reza nuestro Himno Nacional.

Lo subrayado interpolado es nuestro.

¡Magistrados y jueces corruptos!, “La impunidad jamás será eterna porque existe la Justicia Plena:




¡Magistrados y jueces corruptos!, “La impunidad jamás será eterna porque existe la Justicia Plena:

La Justicia Plena consiste en dar a cada cual lo suyo, es decir, lo justo. No es inmanente ni absoluta, está en el devenir incesante en función de la moralidad social.

Prof. Juan Pablo Cárdenas S./ Escritor, académico, periodista y analista internacional/ADDHEE.ONG:

Diario red, el Clarín de Colombia, el nortino de Chile, el Clarín de Chile, Jornada de México, Xinhua.net, la Haine, enred sin fronteras, red latina sin fronteras, telesur, publico.es, Amy Goodman/Colombia University, el Sur Andino, Al Jazeera, Tass, Sputnik:

En las imperfectas democracias del mundo existen diversas formas para la administración de la justicia y el nombramiento de magistrados y jueces. Hay regímenes en que la judicatura depende de los otros poderes del Estado, así como otros en que sus integrantes son elegidos por los ciudadanos. En el caso chileno, lo que tenemos es un híbrido en que sus presupuestos y recursos son determinados por el Ejecutivo y el Legislativo y en que sus máximas autoridades se autogeneran, pero en algunos casos son determinadas finalmente por los gobiernos y legisladores de turno.

De esta forma, y como se comprueba fehacientemente, la llamada carrera judicial está altamente intervenida por la política, lo que ha favorecido desde siempre el tráfico de influencias, así como la inhibición de los tribunales para dictar sentencias contra los altos funcionarios públicos que se corrompen en el poder. En la actualidad ha quedado de manifiesto la lenidad de varios integrantes de la propia Corte Suprema cuyas resoluciones han favorecido, incluso, a empresas extranjeras en desmedro del interés nacional. Tal como ocurrió recientemente en una resolución judicial en favor de una empresa bielorrusa en desmedro de nuestra cuprífera estatal.

En efecto, el soborno a algunos magistrados ha develado las siniestras relaciones de estos con los abogados de dichos intereses foráneos, por lo que arriesgan su destitución del Poder Judicial, pero debiendo también ser condenados por traición a la patria. Ello explica las altas sumas de dinero rescatadas de los domicilios de estos, así como la comprobación de la participación de los prevaricadores en cruceros de lujo por Europa junto a los abogados que les favorecieron con sus sentencias.

Aunque la Reforma al Código de Procedimiento Penal impulsó algunas mejoras en la administración de la justicia chilena es poco o insuficiente lo que se avanzó en materia de renovación de nuestros jueces y la celeridad de su trabajo. Es público y notorio lo lentas que son las investigaciones de la justicia y el desmedido tiempo que trascurre entre una denuncia y su eventual dictamen. Lo que ciertamente favorece la impunidad en variadas causas, pero especialmente en aquellas que involucran a la clase política, como a los más poderosos empresarios.

El país se manifiesta pasmado respecto del mal comportamiento de jueces y magistrados, pero muy poco o nada ha merecido el comentario de los candidatos presidenciales que en dos semanas más enfrentarán una segunda ronda electoral. Algo difícil de explicar cuando es un hecho que el Pueblo Chileno desconfía de la Justicia, concluyendo que ésta es clasista y perjudica muy especialmente a los pobres.

Poco se sabe todavía cuánta penetración ha tenido el narcotráfico en nuestros tribunales, aunque la sospecha existe respecto de resoluciones que en poco tiempo dejan libre a sus cabecillas y operadores, mientras que en las cárceles reina el imperio de las mafias de la droga, al tiempo que se descubren con frecuencia candidatos y políticos que reciben sus aportes, especialmente a nivel municipal. De ello hablan, varios procesos que comprometen actualmente a algunos ediles, pero que habitualmente demoran sus resoluciones y hasta logran bochornosos sobreseimientos. Mucho se comenta que nuestras policías, gendarmes e incluso militares, han sido sobrepasados por las bandas delictuales o francamente cooptados por estas. Existiendo decenas de efectivos comprometidos con el tráfico de estupefacientes y en la permeabilidad de aduanas y controles fronterizos para el ingreso y salida de las drogas y contrabando de armas.

Mucho explica este actual Estado de descomposición judicial la misma impunidad que favorecieron los gobiernos de la posdictadura a aquellos magistrados que fueron cómplices de las graves violaciones contra los Derechos Humanos. Al renunciar, por ejemplo, a la posibilidad de destituir a numerosos jueces y magistrados involucrados como cómplices pasivos y hasta activos del horror que significara las ejecuciones, torturas y ese sinnúmero de despropósitos cometidos por Pinochet y sus secuaces. Cuyo régimen hoy merece, increíblemente, la nostalgia de millones de ciudadanos. Es claro que en la cárcel que hoy tiene encerrado a los más tenebrosos criminales de la Dictadura debiera haber sitio, también, para tantos jueces que denigraron su misión.

La responsabilidad penal, se dice, es siempre personal, pero también existe una negligencia política que compromete a los actores que se han sucedido en el poder, al grado que la administración de justicia es otro de los ámbitos en crisis y que hace preciso que las próximas autoridades manifiesten claramente su voluntad de intervenir con leyes que otorguen verdadera autonomía a este poder del Estado. Para impedir que la corrupción siga propagándose, aunque mucho se teme que sea ya demasiado tarde.

Al menos es necesario materializar luego la condena de los integrantes de esa red de abogados, jueces y políticos coludidos para favorecerse mutuamente, como es el bullado “Caso Hermosilla”, cuyas figuras más comprometidas en el cohecho y tráfico de influencias probablemente confíen en la ascensión de un nuevo gobierno para lograr la prescripción de sus causas o conseguir la más tenue de las sanciones. Ojalá que los nuevos moradores de La Moneda y el Parlamento acometan, por fin, las reformas necesarias para que la Judicatura se constituya realmente en un poder del Estado independiente y deje de ser la caja pagadora de los favores otorgados por la política y el crimen organizado. Condición fundamental para la profundización de la democracia y la equidad social.

Lo subrayado/interpolado es nuestro