lunes, 12 de enero de 2026

¡Es el colonialismo, estúpido!

 




¡Es el colonialismo, estúpido!


Por Prof. Boaventura de Sousa Santos/ académico, escritor y analista internacional/ADDHEE.ONG


Lo que ocurrió en la madrugada del 3 de enero en Caracas dejó al mundo estupefacto. Pero lo más sorprendente es precisamente el hecho de que el mundo se haya quedado estupefacto. Lo que ocurrió se había anunciado a los cuatro vientos. ¿Desde cuándo? Los menos informados dirán que desde la llegada al poder de Donald Trump y, sobre todo, desde la publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional en noviembre de 2025, en la que se establece que Estados Unidos se reserva  el derecho de intervenir en cualquier país siempre que sus intereses estén en juego.

Retrocedamos en la historia y analicemos los tres componentes principales de lo que ocurrió: la sorpresa, la captura ilegal de un líder político y las razones invocadas para el acto.

En cuanto a la sorpresa y las razones, basta con remontarse a septiembre de 1939. En 1939, el mundo (el mundo que contaba entonces era Europa y Estados Unidos) quedó estupefacto ante la sorpresa del ataque de Hitler a Polonia. Justificación de los nazis: «El Estado polaco rechazó la resolución pacífica de las relaciones que yo deseaba y recurrió a las armas… Para poner fin a esta locura, no tengo más remedio que responder a la fuerza con la fuerza a partir de ahora… Destruir Polonia es nuestra prioridad… Nunca se pregunta al vencedor si lo que dijo era verdad o mentira. En lo que respecta a iniciar y detener una guerra, no hay ley: la victoria es el factor decisivo. Sea brutal y despiadado».

Quienes seguían de cerca el comportamiento de Hitler podían prever lo que iba a suceder. Hitler inventaba públicamente la agresión polaca mientras ordenaba en secreto ataques sorpresa, diciendo a sus generales que actuaran sin piedad para alcanzar la victoria, lo que ilustraba la naturaleza engañosa de la invasión. Se convertía la invención en realidad a través de la propaganda y se invocaba la invasión como un acto de legítima defensa. Estaba en juego la seguridad de Alemania. Resulta que los diplomáticos europeos miraban, pero no veían, oían, pero no escuchaban, leían, pero no entendían. La negación era el disfraz de la impotencia y la baja calidad política de los líderes políticos de entonces.

En cuanto a la captura ilegal de líderes, es fácil recordar el caso del presidente de Panamá, Daniel Noriega, el 3 de enero de 1990. Sin embargo, hay que retroceder mucho más para ver cómo una táctica similar ya se utilizó en el pasado durante el período del colonialismo histórico.

El rey Ngungunyane fue rey del imperio de Gaza entre 1884 y 1895, un territorio que hoy corresponde en gran parte a Mozambique. Por su resistencia contra el colonialismo portugués, era conocido como el «león de Gaza». Derrotado por las tropas colonialistas en 1895, en Chaimite, los colonialistas, insatisfechos con la victoria y temerosos de que el rey siguiera alimentando la resistencia anticolonial, lo capturaron y lo llevaron a Portugal como trofeo de guerra. Así fue como lo exhibieron por la avenida principal de Lisboa. Luego lo deportaron a una de las islas de las Azores, donde murió en 1906.

En agosto de 1897, los colonialistas franceses impusieron el control colonial sobre el reino Menabé del pueblo Sakalava, al oeste de Madagascar, masacrando al ejército local. El rey Toera fue asesinado y decapitado: su cabeza fue enviada a París, donde se guardó en los archivos del Museo de Historia Natural. Casi 130 años después, la presión de los descendientes del rey, así como del gobierno de la nación del Océano Índico, allanó el camino para la devolución del cráneo.

Es decir, exhibir como trofeo en la metrópoli los símbolos de la resistencia (a veces los propios líderes, sus cráneos o sus objetos de arte) es una práctica habitual del dominio colonial. Que el «depósito» se encuentre en una isla, en un museo o en un centro de detención de Nueva York es una cuestión menor, una cuestión de conveniencia para el vencedor.

¿Ha vuelto el colonialismo?

Esta es quizás la pregunta más ingenua que se puede formular en este momento. Se basa en la idea de que el colonialismo es cosa del pasado, habiendo terminado con las independencias de las colonias europeas. Nada más erróneo. El colonialismo es el trato  de un pueblo o un grupo social considerado subhumano y, como tal, indigno de ser defendido por la legalidad internacional o nacional, por los derechos humanos o por los tratados internacionales. La justificación es perfectamente racional: al ser subhumanos, sería un contrasentido tratarlos como humanos. Eso pondría en peligro la defensa de los seres considerados plenamente humanos. El colonialismo es racismo, esclavitud, saqueo de recursos naturales y humanos, ocupación por una potencia extranjera, expulsión de campesinos o pueblos originarios de sus territorios ancestrales para dar lugar a «proyectos de desarrollo», deforestación ilegal, perfil étnico (ethnic profiling), discriminación racial.

El colonialismo es un componente permanente y esencial del capitalismo. Escribiendo en Inglaterra y teniendo en cuenta sobre todo  el caso inglés, Karl Marx se equivocó cuando escribió que la violencia colonial sería una fase inicial del capitalismo (la acumulación primitiva u originaria) que daría paso posteriormente a la «monotonía de las relaciones económicas basadas en la explotación del trabajo libre asalariado». La violencia colonial es permanente y sin ella no existiría el capitalismo. No está presente de la misma manera en todas partes del mundo precisamente porque el colonialismo-capitalismo es un proyecto global desigual y combinado. Desde Rosa Luxemburgo hasta Walter Rodney y David Harvey, es hoy casi consensual que la acumulación dicha primitiva es de hecho permanente aunque no sea la única forma de acumulación.

La creación de Israel, un acto de ocupación colonial...

Más recientemente, ¿qué fue la creación del Estado de Israel sino un acto de ocupación colonial, una forma repugnante de los europeos de descargar sobre el pueblo palestino la expiación de los atroces crímenes que ellos, los europeos, habían cometido contra los judíos? ¿Es la transformación de Gaza en la Riviera del Mediterráneo oriental algo más que un acto de recolonización?

Otra señal de recolonización es el regreso anacrónico de la piratería. En tiempos de paz o de guerra no declarada, interferir en la navegación en aguas nacionales o internacionales es un acto de piratería.

Si Karl Marx, en la época en que escribió (a mediados del siglo XIX), hubiera vivido en la India, Egipto o Nigeria, en lugar de en Inglaterra, seguramente habría prestado más atención al colonialismo que al capitalismo.  El colonialismo fue el primer proyecto global moderno, primero como pionero del capitalismo y luego como componente central de la consolidación del capitalismo. Por eso, los países pioneros (Portugal y España) fueron rápidamente marginados tan pronto como terminó el período pionero.

Un período de recolonización y la dualidad de criterios

Es justo pensar que la violencia colonial y la monotonía capitalista, a pesar de ser hermanas gemelas, tuvieron períodos de convivencia desigual. El período posterior a la Segunda Guerra Mundial dio más y mejor publicidad a la hermana capitalista, mientras que en el período actual, que no comenzó con Trump ni terminará con él, la publicidad está del lado de la hermana colonialista. Estamos en un período de recolonización, mientras que los intelectuales distraídos y con falsa conciencia cantan himnos al pensamiento descolonial. Otros, como Yanis Varoufakis, a quien aprecio mucho, hablan de tecnofeudalismo, olvidando que el feudalismo fue un régimen mucho más confinado de lo que se piensa, incluso en Europa. Si hay algo nuevo en el mundo, no es el tecnofeudalismo, es el tecno-colonialismo.

La legitimidad de Zelensky y de Maduro...

Una de las características fundamentales del colonialismo es la línea abismal que separa el «nosotros» (la sociabilidad metropolitana de los plenamente humanos) y el «ellos» (la sociabilidad colonial de los subhumanos). Esta división no tiene nada de esencial u ontológico (la humanidad es una). Se activa con objetivos tácticos de corto alcance. Y el objetivo principal es siempre el libre acceso a los llamados recursos naturales sin los cuales el capitalismo no puede sobrevivir. La legitimidad de Vlodymyr Zelensky es tan grande o tan pequeña como la de Nicolás Maduro, pero mientras que el primero es recibido como un héroe, el segundo es capturado y tratado como un criminal. Si Nicolás Maduro no ganó las elecciones (si es que ese fue el caso), Zelensky es producto de un golpe de Estado disfrazado de revolución de colores (2014), (en el que la señora Victoria Nuland repartió sándwiches a los manifestantes) y su mandato terminó hace mucho tiempo. La prolongación de la guerra es la póliza de seguro para que se mantenga en el poder. Zelensky hace tiempo que entregó los minerales y las tierras a las empresas estadounidenses. El delito de Maduro fue no haber entregado el petróleo hasta ahora. Además, Zelensky sirve para molestar a Rusia, el principal aliado de China, mientras que Venezuela se acomoda con ambos.

El miedo a Vladimir Putin y Xi Jinping

Como los actuales líderes occidentales miden a los demás con su mediocre vara, su preocupación no es la aberrante y bárbara ilegalidad cometida en Venezuela. Les preocupa sobre todo la posibilidad de que Putin esté ahora legitimado para capturar a Zelensky o que China invada Taiwán. No me gusta hacer predicciones, pero estoy convencido de que Estados Unidos acaba de brindar a China y Rusia una oportunidad de oro para demostrar su superioridad moral sobre Occidente. Como imperios en ascenso, tienen otros medios para imponer su voluntad y hacerlo con la apariencia creíble de la suma positiva: todos los países ganan, aunque Rusia y China ganan más.

¿Qué vendrá después?

He leído con mucha atención la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) publicada en noviembre de 2025. Se trata de un documento importante que deberían leer todos los demócratas del mundo.  El mundo está dividido entre dos potencias rivales, una de las cuales está dispuesta a utilizar todos los medios a su alcance para vencer a su rival y hacerlo lo antes posible. Para ello, debe convertir su zona de influencia en una fortaleza defendida por vasallos leales. Los dos vasallos leales son la Europa auto.mutilada (Rusia es parte de Europa) y América Latina. El acceso de China a Europa ya está bloqueado. Ese era el objetivo de la guerra de Ucrania, que los europeos se encargan ahora de consolidar a su costa.

Lo importante es debilitar aún más a Europa y hacerla cada vez más dependiente de Estados Unidos. Para ello, es importante reducir la Unión Europea a la irrelevancia. El primer acto fue el Brexit y recuperar la lealtad incondicional del Reino Unido. Ahora se trata realmente de acabar con la Unión Europea porque los países europeos, aislados, son más débiles y fáciles de controlar. Cabe destacar una de las prioridades de la política para Europa (p. 27): «Construir naciones sanas en Europa Central, Oriental y Meridional mediante lazos comerciales, venta de armas, colaboración política e intercambios culturales y educativos».

 Esta formulación muestra cómo los países dominantes de la Unión Europea quedan excluidos de esta política, sobre todo Francia, Alemania y los países nórdicos. En Europa Central, Oriental y Meridional reside la esperanza de la vasallaje. Son los países más débiles, con una socialdemocracia más débil y, por lo tanto, más susceptibles de ser gobernados por partidos conservadores (preferiblemente de extrema derecha) cuya lealtad a los Estados Unidos nunca se pondrá en duda. Los italianos, los griegos, los españoles y los portugueses saben lo que eso significa. Por ejemplo, los portugueses, en vísperas de las elecciones presidenciales, seguramente ya han notado las grandes inversiones en publicidad del partido de extrema derecha Chega.  Los pobres votan, pero los ricos pagan. Todo ello, además de la enorme presencia en las redes sociales. En un sistema semipresidencialista, un candidato de Chega, una vez elegido presidente de la República, convencerá fácilmente a los portugueses de que quiere cambiar Portugal, pero que el sistema no se lo permite porque se oponen a ello los partidos del bloqueo. No hay otra solución que provocar una crisis política, disolver el Parlamento, convocar elecciones y esperar que su partido gane las elecciones (solo o en coalición con un partido de derecha cuya agenda política ya esté «adaptada a la de la extrema derecha, el PSD»). Entonces todo será diferente…

Latinoamérica es problemática debido a sus importantes relaciones comerciales con China. Los procesos de desestabilización deben ser más duros. El caso de Venezuela es muy revelador. En el caso del secuestro de Osama Bin Laden por fuerzas especiales, no murió ningún soldado estadounidense y solo murieron algunos familiares de Osama. En el caso de Maduro, habrían muerto entre 30 y 40 soldados de la guardia presidencial, muchos de ellos cubanos, según información del Gobierno cubano. Por ahora, no se puede confirmar nada, ni siquiera si hubo negociaciones y quiénes participaron en ellas. Una cosa es segura, el pueblo venezolano no sabía nada y fue tomado por sorpresa. Y del conjunto del pueblo venezolano se sabe aún menos (o se quiere saber) lo que piensan los pueblos indígenas venezolanos (Wayuu, Warao y Pemon, Yanomani, etc.), que representan el 2-3 % de la población y cuya relación con la revolución bolivariana era tensa desde hacía mucho tiempo debido a la explotación de los recursos naturales (minería) en sus territorios ancestrales.

A continuación vienen los tres grandes rompecabezas de la NSS: Brasil, México y Colombia. México es una prioridad porque de él dependerá la supervivencia de Cuba, y Cuba tiene que caer por ser una cuestión de prestigio para Marco Rubio. Las intervenciones varían. Gustavo Petro ya ha sido declarado narcoterrorista. Por su parte, como bien saben los brasileños, el candidato del bloqueo, Lula da Silva, fue detenido en 2018 para ser retirado de la carrera presidencial.  Los gobiernos que le sucedieron privatizaron la riqueza estratégica del país para que, si no se podía evitar el regreso de Lula da Silva, este volviera a un país muy diferente al que había dejado. Y así fue. Nicolás Maduro también puede volver, pero si lo hace, se encontrará con un país muy diferente, sobre todo en lo que respecta al control de la explotación petrolera.

En cada país la estrategia será diferente, pero todas tendrán algo en común: la intervención masiva de las grandes tecnológicas (BIG-TECH) y el control que estas tienen sobre Internet, las comunicaciones estratégicas por satélite y las redes sociales. Los apagones digitales selectivos serán una de las armas para inmovilizar la resistencia a los designios imperiales. China y Rusia ya están empezando a tomar precauciones y creo que tienen buenas razones para hacerlo.

América Latina está más dividida que nunca, como quedó claro en la reciente reunión de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños). De hecho, algunos de los países no pueden jugar la carta de la inocencia y la sorpresa en todo lo que está sucediendo en Venezuela. En mi opinión, Brasil cometió un grave error estratégico al bloquear la entrada de Venezuela en los BRICS. Fue una contribución importante al aislamiento de Venezuela. La otra, aún más perversa, vino de los europeos al otorgar el Premio Nobel de la Paz a quien había pedido la intervención militar de Estados Unidos en su propio país. Donald Trump es el protagonista de esta barbarie, pero no actuó sin recibir señales alentadoras. ¿Señales impuestas por él? Quizás nunca lo sepamos.

¿Y cómo bloquear a China en África y Oriente Medio? Es difícil decir si Israel es, al igual que Europa, un vasallo leal de Estados Unidos, porque, en este caso, no se sabe quién es vasallo y quién es señor. Irán es el gran rompecabezas en Oriente Medio y Nigeria, en África. La estrategia está bien definida. De una forma u otra, ambos países están en el punto de mira de la neutralización. El elefante en la sala de la NSS es lo que sucederá en el interior de Estados Unidos, una sociedad empobrecida, dividida, ignorante de lo que es hoy y engañada sobre lo que fue ayer, en resumen, una sociedad en la que ya se está produciendo una guerra civil gota-a-gota con las masacres en escuelas, supermercados e iglesias. Lo que nos salva es que la historia no es determinista y que el azar y la resistencia de los pueblos tienen razones que la razón imperial desconoce.

Qué hacer?

La izquierda y la guerra de liberación

Si es cierto que estamos en un período de recolonización, la respuesta de los pueblos solo puede ser la guerra de liberación. Aunque sea muy diferente de las guerras anteriores, empezando por la de Haití en 1804. Lamentablemente, el pensamiento crítico y la política de izquierda aún no se han dado cuenta de la transformación y cada partido presenta a su mini-candidato o mini-candidata con su programita para entretener las largas noches de invierno o tardes de verano (según los países).

ONU y Consejo Europeo

En el plano institucional, me atrevo a hacer dos sugerencias que involucran a dos portugueses a quienes el destino ha puesto al frente de dos instituciones que ya han muerto y solo dan señales de vida debido a la ilusión creada por la inercia de la historia.

 Antonio Guterres debe renunciar...

En el caso de la ONU, António Guterres debería dimitir de inmediato. Sería el único acto de impacto similar y de signo opuesto a la invasión y recolonización de Venezuela. Quienes conocen a Guterres saben que tiene algunas virtudes, pero hay una que no tiene: el coraje. Recordamos a Kofi Annan y a Boutros-Boutros Ghali y el precio que pagaron por oponerse a los designios de Estados Unidos. Guterres ya ha tragado tantos sapos que se ha convertido en sapo.

En el caso del Consejo Europeo, presidido por António Costa, este también debería dimitir porque la soberanía de los pueblos europeos ha dejado de tener sentido, sobre todo cuando se pertenece a la zona de influencia de los Estados Unidos, que acaba de tirar la soberanía por el retrete de los magníficos edificios de Bruselas. Pero Costa tiene el mismo problema que Guterres y tiene otro problema más. Para orgullo de los portugueses, António Costa nunca fue víctima de racismo (que yo sepa) mientras fue ministro y primer ministro de Portugal. Sin embargo, estoy seguro de que si se atreviera a salirse del guion redactado por la embajadora de los Estados Unidos en la UE, Ursula von der Leyen, el presidente Trump sería el primero en lanzar la carta racista contra Costa con la grosería que le es tan natural. Lo mismo le ocurrió a Obama cuando ocupaba la Casa Blanca. Obama se comportó tan bien que incluso fue el gran promotor de la muerte a distancia y aséptica mediante drones. Murieron varios miles de personas. Y ganó el Premio Nobel, por supuesto. Por lo tanto, no hay nada que esperar de Costa.

¿Qué queda? Todo.

*Boaventura de Sousa Santos. Sociólogo. Profesor catedrático jubilado de la Facultad de Economía de la Universidad de Coímbra (Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU.). Ha acuñado y desarrollado en numerosas publicaciones algunos de los conceptos más influyentes en el pensamiento sociológico reciente, como “la descolonización del saber” o “las epistemologías del Sur”.

Lo subrayado/interpolado es nuestro.

La próxima invasión del emperador Trump es Groenlandia! ¿Y la OTAN?

 


La próxima invasión del emperador Trump es Groenlandia! ¿Y la OTAN?

Esteban Valenti/ Escritor, periodista y analista internacional/ADDHEE.ONG

En la prolija búsqueda con varias plataformas de Inteligencia Artificial, no se registra ningún medio de Uruguay (excepto laondadigital.com) ni en los grandes países, simplemente dan vuelta en torno a temas accesorios, pero no responden una pregunta clave: ¿Cómo fue posible y como se ejecutó el ataque sin prácticamente respuesta de las defensas venezolanas ni cubanas? ¿A los cubanos los ejecutaron los propios venezolanos?.

Así que, amparados en el sistema de investigación periodística pero también experticia militar por haber cubierto muchas guerras y el tema militar para diversas publicaciones, vamos a plantearnos una pregunta natural, obligatoria. ¿Después de Venezuela, que sigue?

Lo que sucederá en Venezuela, es decir el ¿Por qué del ataque? También elaboramos y publicamos respuestas en una nota especial e incluso en otra nota ¿Cómo sigue Venezuela? Vamos a seguir paso a paso la nueva desgracia del Pueblo Venezolano y las acciones de la mafia del convicto Trump.

La próxima agresión que está trabajando la CIA y todo el aparato militar y de inteligencia estadounidense es apoderarse de Groenlandia, la mayor isla del mundo, con solo 55.700 habitantes. No hay que ser ningún genio para afirmarlo, basta escuchar las bravatas de Donald Trump, reiteradas pocas horas después del ataque a Venezuela...

¿Por qué Groenlandia? 

La importancia estratégica de Groenlandia para Estados Unidos en este enero de 2026 se apoya en tres pilares: su rol como "escudo espacial" del hemisferio norte, su riqueza mineral crítica y petrolera y su pequeña población.

A fecha de enero de 2026, el tema del petróleo en Groenlandia es uno de los puntos de mayor fricción entre el gobierno local de la isla, el gobierno de Dinamarca y las ambiciones y Donald Trump en Estados Unidos.

La situación se resume en una paradoja: la isla tiene reservas masivas, pero su extracción está oficialmente prohibida, aunque nuevas presiones externas e internas buscan revertir esta política.

Groenlandia posee algunos de los yacimientos de hidrocarburos no explotados más grandes del mundo. Según datos del Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia (GEUS) y del USGS de EE. UU.: Costa Oeste: Se estima que contiene unos 18,000 millones de barriles de petróleo.

En la Costa Este, se estima que las reservas de crudo y gas natural podrían ser el doble que las de la costa oeste. Reservas totales de petróleo en Groenlandia aproximadamente. 50,000 millones de barriles. 

Venezuela tiene aproximadamente 303.221 millones de barriles, mientras México tiene, reservas probadas  5,978 millones de barriles de crudo. Estas tienen un 90% de probabilidad de ser extraídas comercialmente y las reservas Probadas y Probables suman cerca de 11,078 millones de barriles. México tiene el 30% de las reservas de Groenlandia.

Además, en la isla se calculan depósitos de hasta 148 billones de pies cúbicos de gas natural.

En 2021, el gobierno autónomo de Groenlandia (Naalakkersuisut) tomó la decisión histórica de suspender toda nueva exploración petrolera, argumentando que el costo ambiental era demasiado alto y que querían centrarse en las energías renovables.

Sin embargo, en enero de 2026 esta prohibición está bajo el asedio de "80 Mile": Una empresa británica, financiada por capitales estadounidenses (March GL), planea iniciar perforaciones en Jameson Land (Este de Groenlandia) este mismo año, aprovechando licencias previas a la prohibición.

Argumento de Independencia, sectores políticos locales empiezan a ver el petróleo como la única vía real para financiar una independencia total de Dinamarca (que actualmente aporta el 50% del presupuesto de la isla). Se estima que una explotación exitosa podría generar $4 millones de dólares por cada ciudadano groenlandés.

Para Trump, el petróleo es un "extra" dentro de su plan de seguridad nacional. Su interés no es solo comercial, sino geopolítico y como no puede utilizar el narcotráfico como argumento, se concentra en razones de control geomilitar y político. Tiene claro que el petróleo ártico asegura que Occidente no dependa de fuentes rusas o de Oriente Medio.

Ante la negativa de Dinamarca de vender la isla, la Casa Blanca ha mencionado (enero 2026) que el control de estos recursos es una "necesidad absoluta", elevando el tono hacia una posible intervención.

Ahora resumimos los otros motivos, además del más importante la cobardía de la Unión Europea para oponerse a los EE.UU. en este como en cualquier tema.

Inspirado conceptualmente en la "Cúpula de Hierro" de Israel, pero a una escala planetaria, el Golden Dome es el megaproyecto de defensa de la administración Trump para blindar a Estados Unidos.

No es una cúpula física, sino una red de satélites armados con láseres de alta potencia y sensores de Inteligencia Artificial que cubren todo el espacio aéreo de EE. UU. y Canadá.

La isla es el sitio geográfico ideal para las estaciones terrestres de control y radares de alerta temprana. Sin el control total de Groenlandia, el "Domo" tiene un punto ciego en la ruta más corta que seguirían los misiles rusos hacia Washington o Nueva York.

El potencial minero y las Tierras Raras. Groenlandia es considerada la "nueva Arabia Saudita" de los minerales críticos, fundamentales para la tecnología de defensa y la transición energética.

Se cree que la isla contiene hasta el 25% de las tierras raras no descubiertas del mundo. El Servicio Geológico de EE. UU. estima reservas viables de 1.5 millones de toneladas, aunque el potencial total es mucho mayor.

Proyecto Tanbreez, es el yacimiento más avanzado. La empresa Critical Metals (con sede en Nueva York) controla actualmente el 92.5% del proyecto. Se espera que comience a producir 85,000 toneladas de óxidos de tierras raras anuales a partir de este año (2026).

A pesar de su enorme tamaño (más de 2 millones de km²), Groenlandia es uno de los lugares menos poblados de la Tierra, tiene un población aproximada de 55,690 habitantes que además tiene un ligero decrecimiento anual (aproximadamente -0.17%)

Esta baja densidad poblacional es lo que facilita, desde el punto de vista militar de EE. UU., la instalación de grandes complejos de defensa y zonas mineras sin el conflicto social que implicaría en áreas más pobladas.

Presencia militar actual de los EE.UU. en Groenlandia: a la fecha, la presencia de Estados Unidos en Groenlandia atraviesa su momento más tenso desde la Segunda Guerra Mundial. Lo que históricamente era una colaboración defensiva estable se ha convertido en una crisis diplomática global debido a las renovadas ambiciones de anexión por parte de la taifa del convicto Donald Trump.

Estados Unidos mantiene una infraestructura militar clave bajo acuerdos con Dinamarca que datan de 1951. La Base Espacial de Pituffik (anteriormente Base Aérea de Thule): Es la instalación más septentrional de las Fuerzas Armadas de EE. UU. y el núcleo principal  de su presencia.

Acceso Estratégico, gracias a los acuerdos de 2023 y 2025, las fuerzas estadounidenses tienen acceso casi total a las bases aéreas y puertos de la isla para operaciones de la OTAN. •             El presidente Trump ha declarado que la isla es una "prioridad de seguridad nacional" y no ha descartado el uso de la fuerza militar para tomar su control total, alegando que Dinamarca no puede protegerla de la influencia rusa y china.

La Primera Ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, ha advertido que cualquier intento de toma unilateral por parte de EE. UU. significaría el fin de la OTAN.

Postura de Groenlandia, el gobierno autónomo de Nuuk, liderado por Jens-Frederik Nielsen, rechaza la anexión pero busca mantener la calma, sugiriendo que están abiertos a la "cooperación económica", pero no a la pérdida de soberanía.

En el Senado de EE. UU., la oposición demócrata registró el 6 de enero de 2026 un proyecto de ley para prohibir el uso de fondos militares para una invasión o anexión de Groenlandia.

El Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, ha mantenido una postura ambigua, sugiriendo que EE. UU. "debe tener mayor presencia", lo que ha generado fricciones con los socios europeos (España, Italia y Alemania), quienes defienden la integridad territorial danesa.

Cualquier analista internacional, con un mínimo de información, evaluando el ataque de Estados Unidos a Venezuela, por razones de control petrolero y riquezas minerales, puede afirmar que el próximo paso de Trump es Groenlandia.

Sigamos con atención los pronunciamientos  oportunista y rastrero de la Unión Europea y en especial de Alemania, Francia y Gran Bretaña frente a las bravatas guerreristas del convicto emperador Trump. ¿Seguirán suicidándose?

Lo subrayado/interpolado es nuestro.

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La maldita guerra del convicto emperador Trump no es contra el narcotráfico, sino por el narcotráfico:



La maldita guerra del convicto emperador Trump  no es contra el narcotráfico, sino por el narcotráfico:

Por Aram Ahoronian, Montevideo Uruguay

- ¿Los carteles del narcotráfico en Estados Unidos son organizaciones terroristas, para el emperador Trump? ¿Cuándo los va a bombardear?

- Los carteles estadounidenses del narcotráfico controlaban la producción transporte y venta de las drogas especialmente la cocaína en el patio trasero latinoamericano, pero se empezó a desgranar el negocio, porque carteles de México, Colombia, Panamá y Brasil empezaron a ser sus propios negocios especialmente en la Unión Europea. Esto afecto las finanzas de Estados Unidos.

- Emperador Trump y el narcotráfico: la viga en los propios ojos. ADDHEE.ONG


Fuentes: Observatorio en Comunicación y Democracia (OCD) - Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA)

La operación militar de los Estados Unidos que secuestró al presidente venezolano Nicolás Maduro y lo llevó a un tribunal de Nueva York marca una encrucijada que algunos resuelven simplemente apelando a afinidades ideológicas. 

Por un lado, el hecho de que el presidente estadounidense Donald Trump decida unilateralmente violar el territorio de un país soberano y retirar a quien ejercía como líder político implica una violación total de los principios pacifistas bajo los cuales se ha regido Sudamérica justamente desde el fin de las múltiples dictaduras cívico militares fascistas impulsadas en gran medida por Estados Unidos hacía fines del siglo XX. Y es en EEUU donde se ha ido extendiendo el consumo de drogas, desde la cocaína, la heroína y la marihuana, hasta los opioides y las sustancias sintéticas como el fentanilo.

Es más: en una notificación confidencial enviada al Congreso, el presidente Donald Trump ha decidido que su país está inmerso en un “conflicto armado” formal con los cárteles del narcotráfico,  designados por su régimen como organizaciones terroristas y que los presuntos narcotraficantes de estos grupos son “combatientes ilegales”.

El comunicado añade nuevos detalles a la justificación jurídica poco articulada del gobierno de la razón por la que deben considerarse lícitos y no asesinatos los ataques militares estadounidenses que el presidente ordenó el mes pasado contra embarcaciones en el mar Caribe, en los que murieron pescadores, que iban a bordo.

El consumo de drogas en Estados Unidos es un problema de salud pública significativo. Desde 1999, más de 1,15 millones de estadounidenses han muerto por sobredosis, y el 51.2% de la población mayor de 12 años ha consumido drogas al menos una vez en su vida. El presupuesto anual para combatir el problema  sumó  44.5 mil millones de dólares en 2024. Se trata, sin duda, de un problema social que no puede ser confrontado solo bombardeando lanchas en el Mar Caribe (nunca se comprobó que llevaran drogas). 

El bombardeo contra el transporte latinoamericano del narcotráfico por el emperador Trump, tiene un motivo fundamental que afecto y afecta las finanzas de Estados Unidos

La decisión de Trump de calificar su campaña contra los cárteles como un conflicto armado activo significa que está consolidando su reclamo de poderes extraordinarios en tiempos de guerra y para ello encontró una buena excusa. En un conflicto armado, tal como lo define el derecho internacional, un país puede matar  combatientes enemigos aunque no supongan una amenaza, detenerlos indefinidamente sin juicio y procesarlos en tribunales militares. 

Y así lo hizo: atacó Venezuela, secuestró al presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores, asesinó a cerca de un centenar de personas, con el mero fin de apoderarse de una de las mayores reservas petroleras del mundo. Todo un demócrata que ahora amenaza anexarse Groenlandia, territorio ártico de Dinamarca.

Argumentar que Estados Unidos es solo un país consumidor de drogas, como sistemáticamente define su gobierno la crisis interna de narcóticos al considerar que son víctimas de las organizaciones del narcotráfico internacional, es ver toda esa compleja realidad con anteojeras. El tráfico de drogas en Estados Unidos no responde a un modelo de control territorial o violencia extrema, sino a una estructura fragmentada, sigilosa y altamente funcional, capaz de moverse con rapidez por una geografía tan extensa como diversa.

Se trata de un negocio multimillonario que deja sólidas ganancias, próspero en su país, con una población demandante de drogas que lo convierte en principal mercado.

Según un informe del FBI, en 2024 en Estados Unidos había unas 33.000 pandillas violentas que tenían un aproximado de 1,4 millones de miembros. Ese año se interceptaron más de 17.000 kilogramos de cocaína solo en el suroeste del país: se detectó un aumento en el uso de túneles subterráneos, embarcaciones semisumergibles, drones y vehículos comerciales. La innovación tecnológica responde al intento constante de evitar la vigilancia aduanera y maximizar el margen de ganancia.

Estados Unidos no es solo uno de los países más afectados por el consumo de drogas; es también el punto final de una cadena global que empieza a miles de kilómetros, en laboratorios clandestinos, campos de cultivo y puertos del hemisferio sur, pero que cuenta con el poder financiero de los grupos estadounidenses.  Los responsables de la producción y distribución de estupefacientes ilegales no son solamente los ya conocidos cárteles del narcotráfico que operan en México, Ecuador, Colombia, Perú, o desde países europeos, sino los propios, los que el presidente Donald Trump simula desconocer.

Trump ha admitido el peligro, la violencia y los altos niveles de inseguridad generados por la delincuencia interna en ciudades clave como Washington D.C., Chicago, Baltimore, Nueva York, Los Ángeles, entre muchas otras, pero prefiere decir que se debe a inmigrantes. No se le ocurrió bombardear esas ciudades como sí lo hizo en Caracas. ¿Los carteles yanquis en Estados Unidos son organizaciones terroristas?

Según las autoridades, existen varias bandas criminales vinculadas al narcotráfico que operan como consagrados cárteles estadounidenses y cuentan con sofisticados procedimientos financieros. Solo en Watts, un vecindario ubicado al sur de Los Ángeles, California, operan cuatro poderosas organizaciones: la ‘Grape Street Crips’; la ‘PJ Watts Crips’, los ‘Bounty Hunter Bloods’ y ‘Hacienda Village Bloods’, culpables de poseer, distribuir y conspirar para la venta ilícita de drogas como fentanilo, heroína y cocaína,

De acuerdo con el Departamento de Justicia, los dos grandes cárteles de Los Ángeles, con influencia y extensiones en gran parte de EE.UU. son los ‘Crips’ y los ‘Bloods’, que operan a través de escisiones de pandillas más locales que se encargan del microtráfico y otros delitos vinculados para hacerse del control de zonas de influencia.

Otro de los cárteles narcos que surgió como pandilla en Boston es el ‘H Block Street’, grupo criminal que ha logrado tener fuerte influencia en esa región estadounidense y que además genera terror en la comunidad.

Las organizaciones criminales de América Latina se convirtieron en las principales proveedoras de estupefacientes a partir de la segunda mitad del siglo XX, que es cuando surge la primera referencia a los «carteles» de las drogas. Se los identificaba así porque cabían en el concepto alemán de «kartell», que es la confabulación entre comerciantes para eliminar la competencia y controlar los precios y distribución de un producto cualquiera.

Steven Dudley, codirector del centro de investigación y análisis Insight Crime, advierte que «cartel» es una «designación inventada» que hizo Estados Unidos para referirse a los grandes grupos criminales transnacionales.  Sostiene que “no tiene validez académica, se utiliza tan ampliamente que ha dejado de significar algo».

Lejos de perder la guerra lanzada por el entonces presidente Richard Nixon, carteles como el de Medellín y el del Cali, en Colombia, o el de Guadalajara (luego llamado del Pacífico o de Sinaloa), el de Juárez, el de Tijuana o el del Golfo, en México, se convirtieron desde los años 80 en lucrativas organizaciones criminales que obtenían miles de millones de dólares en EE.UU., el mayor mercado de drogas del mundo, contando con la vista gorda de los gobernantes estadounidenses y del sistema financiero, lavador del dinero generado.

Los carteles estadounidenses pactan el envío a las fronteras de cargamentos de drogas y a partir de ahí se encargan de la logística de transportarla, distribuirla y venderla para después repartir las ganancias y pagar a través del lavado de dinero en el sistema financiero estadounidense y el transporte oculto de efectivo por la frontera sur de EE.UU.

El exjefe interino de la DEA, Jack Riley, habló públicamente de la presencia de carteles estadounidenses en mayo 2016 en una audiencia ante el Congreso de EE.UU. la «Iniciativa de Carteles Domésticos» (ICD, Domestic Carteles Initiative).  A los funcionarios de la DEA y de otras agencias gubernamentales no se les permite hablar de «carteles estadounidenses», no porque el gobierno de Trump esté actuando en contra de ellos, sino porque les quitaría ese tono imperialista de querer imponer las reglas a nivel internacional en la lucha contra el trasiego de drogas.

Es el juego de la narrativa, de un doble sentido del gobierno de EE.UU.  Si el presidente dijera ‘nuestros carteles’, les daría argumentos a otros países para decir ‘Si tú estás admitiendo que tienes carteles, cómo me estás acusando a mí'».

El primer eslabón del tráfico de drogas está fuera del país. Los cargamentos (sobre todo cocaína, metanfetamina, fentanilo y heroína) se producen o se ensamblan en países como México, Colombia y China, según el FBI. En el caso del fentanilo, los precursores químicos llegan desde Asia, se procesan en laboratorios mexicanos y se introducen al mercado estadounidense a través de múltiples vías. Al menos eso es lo que sostiene el gobierno.

Estados Unidos alberga el mercado de drogas ilícitas más grande del mundo. Aunque el consumo ha crecido significativamente en otras regiones como Europa Occidental, América del Sur y Oceanía, la magnitud del mercado estadounidense no tiene todavía parangón, tanto por cantidad de consumidores como por índices de prevalencia: los estadounidenses gastan aproximadamente 150 mil millones de dólares al año en drogas ilícitas y difícilmente la culpa de eso la tenga Venezuela o Nicolás Maduro.

Si bien la mayoría de los consumidores de drogas ilícitas no desarrolla patrones de comportamiento problemático, Estados Unidos ha enfrentado al menos cuatro grandes epidemias en su historia reciente: la heroína a fines de los años sesenta, la cocaína en polvo a mediados de los setenta en las grandes ciudades, el crack en los ochenta y las metanfetaminas durante los noventa y principios del nuevo siglo. Sin embargo, el desafío más letal ha surgido en los últimos años: el fentanilo.

La producción de cocaína se encuentra en niveles históricos y las sobredosis asociadas a esta sustancia han crecido en Estados Unidos, pero la atención de Trump se había centrado en México y el fentanilo (sustancia 50 veces más adictiva que la heroína), presionando al gobierno de Claudia Sheinbaum para que profundice su control sobre la migración irregular y combata con mayor rigor la manufactura y tráfico de fentanilo hacia EEUU. 

Trump no solo designó a los cárteles de drogas como organizaciones terroristas, sino que también propuso desplegar sus fuerzas armadas en territorio mexicano, amenazando además con imponer aranceles comerciales en caso de inacción por parte del gobierno de Sheinbaum.

* Colectivo del Observatorio en Comunicación y Democracia (Comunican), Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA)

Lo subrayado/interpolado es nuestro.

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viernes, 9 de enero de 2026

Llegó la Hora de las bestias según Plotino...

Llegó la Hora de las bestias según Plotino...

Por Federico Fasano Mertens* / escritor, periodista y analista internacional/ADDHEE.ONG:

Prolegómeno:

Ya en el Imperio Romano, el gran filósofo Plotino denuncio a los dueños del dinero, más tarde lo hizo Shakespeare calificándolo de Celestina Universal y hoy lo calificamos como Celestina Universal/el dólar, los califico de bestias que tienen marginados a la gran mayoría de las gentes, para explotarlas, enajenarlas y transformarlas en guarismos orwellianos... Prof. Moreno Peralta/IWA.

En 148 minutos cayeron 80 años del orden internacional.

El 3 de enero, en solo 148 minutos, desde las 2:01 hasta las 4:29 AM, EE.UU. con 150 aeronaves F35, F22 y bombarderos B1, destruyó el edificio del orden internacional trabajosamente construido hace 80 años al fin de la segunda guerra global, sembrando las semillas de una tiranía fascista mundial, instaurando un nuevo paradigma. 

La historia parecía retroceder 9 siglos, desenterrando de su sarcófago al poderoso Gengis Khan, que imponía por la fuerza en el siglo 12 y 13 su ley en el mundo.

El secuestro de un presidente latinoamericano y su esposa, tras la violación de la soberanía venezolana, mediante un ataque que asesinó a decenas de seres humanos, sin declaración de guerra previa, instaura un nuevo orden mundial, donde todo vale, donde la impunidad será la ley, quedando totalmente legitimados la invasión de Rusia a Ucrania, el genocidio de Gaza, la inminente invasión de China a Taiwan, la desaparición de Armenia y decenas de conflictos armados que no estallaban por el temor punitivo de las Naciones civilizadas y /o la condena de la Corte Penal Internacional o el repudio de la Asamblea General de las Naciones Unidas. EE.UU. al actuar de esta manera, está sembrando las condiciones subjetivas de una tercera conflagración mundial. Ahora todo vale. El precedente no tiene precedentes.

El nuevo paradigma tuvo su epifanía. La violencia ya no es la partera de la historia, sino el retroceso de la historia: el basurero de la historia.

La invasión y el secuestro de un presidente y su esposa no fue el mayor crimen de EE.UU., porque ese país nos tiene acostumbrados a invasiones en nuestra América insumisa, y también un 3 de enero invadió Panamá y secuestró a su presidente. El crimen novedoso estuvo centrado en la conferencia de prensa del presidente estadounidense, Donald Trump. Esa conferencia de prensa fue el peor crimen y lo que allí se dijo, efectivamente no tiene antecedentes.

La traducción de su anuncio nos retrotrae a 100 años antes de la era cristiana, donde un imperio imponía su ley mundial sin rendir cuentas a nadie de su voluntad predadora.

En esa convocatoria Trump dejó claro que posee el más poderoso ejército del planeta y que la operación secuestro de un presidente al que insólitamente convirtió en mártir, fue magnífica, holliwodense, una obra de arte que no acontecía desde la segunda guerra mundial, señalando que todas las Naciones tomen debida nota de lo sucedido. Amenazó a Cuba, a cuya Nación “fallida” notificó que ya le llegaría su turno, advirtiéndole además al mandatario colombiano, Gustavo Petro que se ponga a cuidar “su culo”. A la carismática y respetada presidenta de México, le recordó que desde su país, el narcotráfico agrede a los ciudadanos de EE.UU y que fue un error que ella no aceptara la intervención de tropas estadounidenses en territorio mexicano para combatirlo. México parece también estar en la lista del amo del mundo. Semejante lenguaje y excentricidad en un gobernante no se conocía desde las épocas de Calígula. Su prepotente desfachatez es no digna de admiración, ni siquiera, para sus satrapías de su patio trasero latinoamericano...

Sostuvo que EE.UU. pasará a gobernar Venezuela hasta que elija un gobierno “adecuado”. También fue descarado al revelar que recuperará por la fuerza todo el petróleo venezolano, que hace 50 años , el presidente Carlos Andrés Pérez, nacionalizó en 1976, tras acordar con las empresas estadounidenses una voluminosa indemnización. Le faltó decir que continuará decidiendo qué gobiernos latinoamericanos deben gobernar sus países, como lo decidió recientemente en Honduras y en las elecciones de medio término en Argentina, donde influyó descaradamente para que su arrinconado delfín, Javier Milei, el mismo que declaró que la justicia social era aberrante, se impusiera en comicios que los tenía perdidos, antes de su promesa de “regalarle” 20 mil millones de dólares. 

Ni Adolfo Hitler en sus amenazantes conferencias de prensa llegó a tamaña osadía. Hitler reclamaba, como en el caso de los sudetes de Checoeslovaquia, un territorio habitado por alemanes, que el Tratado de Versalles le había expropiado Alemania al perder ésta la primera guerra mundial. Y Francia e Inglaterra con una debilidad suicida, se lo concedieron. Las atrocidades nazis contra otras naciones se produjeron tras declararse formalmente la segunda guerra mundial.

En el caso venezolano no hubo declaración de guerra, simplemente un crimen de guerra invadiendo un país soberano para secuestrar a sus líderes y quedarse con la mayor reserva del oro negro en el mundo...

El secuestro de la soberanía latinoamericana es un error histórico, cuyas consecuencias son impredecibles. Con qué derecho se podrá sancionar cualquier invasión de un país belicoso a otra Nación indefensa, si EE.UU. ya legitimó esa conducta.

Cómo es posible que un país como EE.UU. , después de esa conferencia de prensa de su convicto presidente, en la que cinicamente hizo trizas el orden mundial, continue integrando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Trump, no solo violó todas las normas de la ONU, pulverizó tratados internacionales firmados anteriormente por su país, pero también humilló a las leyes estadounidenses que le exigían probar que estaba en peligro la seguridad nacional de EE.UU. amenazada por Venezuela , cosa que no hizo, y pedir 48 horas antes del acto de guerra y secuestro, la autorización del Congreso estadounidense. Cosa que tampoco hizo. Se convirtió en un violador serial del derecho interno y externo.

El nazismo fue un parteaguas en la historia universal, porque amenazó la paz mundial e instauró la ley del más fuerte. Este 3 de enero también fue un parteaguas de la historia. Pero con una diferencia con la Alemania nazi. EE.UU. es la principal potencia mundial, Alemania no lo era. Más bien era una Nación empobrecida por el injusto Tratado de Versalles, que la insanía de Adolfo Hitler aprovechó para encender la llama del nacionalismo canalla y sumir a Europa en el horror y el holocausto.

Cuando después de la batalla de Trafalgar, Inglaterra se erige en la primer potencia mundial y emprende la colonización forzada de numerosos pueblos, la pérfida Albión, más allá de sus atrocidades, cuidó ciertas formas diplomáticas. El Trump de EE.UU. hace un culto de la informalidad criminal. Hasta se vanagloria de su propio desparpajo internacional.

Tuvo la osadía de resucitar la Doctrina Monroe, América para los estadounidenses/yanquis. Y la verdad es que no estamos preparados para enfrentar estas nuevas horas de la historia. Yo mismo debo confesar que me equivoqué con Donald Trump. Pensé que su elección era un desastre para el pueblo de ese país, pero un alivio extra muros, porque en su primer gobierno se había mostrado menos belicista que Bush y que Biden. Solo decía interesarse por la política interna, no en las vilipendiadas ambiciones imperiales.

Resultó todo lo contrario, se convirtió en uno de los presidentes estadounidenses más declarativamente belicistas de los últimos tiempos y el mayor violador de las normas nacionales e Internacionales.

Pero Trump no fue original en la construcción de este nuevo paradigma. Se nutrió en las ideas de intelectuales y políticos imperiales que lo precedieron. La diferencia con ellos es que esas ideas las está poniendo en práctica en su segundo mandato.

¿Cuáles son los autores de cabecera de esta pandilla belicista que construyeron el siniestro discurso del amo y el esclavo?

El ex- Presidente Wilson declarando en pleno Congreso de la Unión que “le enseñaría a las repúblicas sudamericanas a elegir buenos diputados”.

El célebre Billy Sunday quien definía a un izquierdista latinoamericano como “un tipo con hocico de puerco espín y un aliento que haría huir a un zorrino”, agregando que si él pudiera “los amontonaría a todos en prisiones hasta que se les salieran los pies por las ventanas”.

Charles Krauthammer quien hace muy poco, en 1999 escribió en The Washington Post: “EEUU cabalga por el mundo como un coloso. Desde que Roma destruyó Cartago ninguna otra gran potencia ha alcanzado las cimas a las que hemos llegado. EEUU ha ganado la guerra fría, se ha puesto a Polonia y a la República Checa en el bolsillo y después ha pulverizado a Serbia y Afganistán. Y de paso ha demostrado la inexistencia de Europa”. El inefable Zbigniew Brzezinski declarando que “el objetivo de EEUU debe ser el de mantener a nuestros vasallos en un estado de dependencia, garantizar la docilidad y la protección de nuestros súbditos y prevenir la unificación de los bárbaros”.

El bostoniano Henry Cabot Lodge afirmando que “en el siglo XIX ningún pueblo igualó nuestras conquistas, nuestra colonización y nuestra expansión y ahora nada nos detendrá”.

Marse Henry Watterson declarando que EEUU es “una gran república imperial destinada a ejercer una influencia determinante en la humanidad y a modelar el futuro del mundo como no lo ha hecho nunca ninguna otra nación, ni siquiera el imperio romano”.

Dijo el ex vicepresidente Cheney ante esta guerra santa: “EEUU no tiene que enrojecer por ser una gran potencia y tiene el deber de actuar con fuerza para construir un mundo a imagen de EEUU”. Mientras que el ex jefe del Pentágono fue más claro, por si no lo entendimos. Rumsfeld dixit citando la frase preferida de Al Capone: “Se consigue más con una palabra amable y un revólver que con sólo una palabra amable”.

Y podríamos seguir con decenas de declaraciones similares que coronan esta ideología del horror, y que exceden el espacio de este artículo.

La gran pregunta de la coyuntura es ¿qué hacer?

La ruptura masiva de relaciones diplomáticas es imposible en un mundo capitalista determinista donde la economía manda sobre la política y donde EE.UU. es la gran locomotora de las finanzas mundiales.

Cuando la correlación de fuerzas es desfavorable solo queda la fuerza moral, que Ghandi probó ser tan eficiente, que al usarla puso de rodillas al imperio británico

Apelo a ella sugiriendo movilizar las siguientes piezas tácticas, para aislar al régimen de Donald Trump, convirtiéndolo en un régimen paria. No hay que dejar cuerdas sin tensar.

1) Promover manifestaciones en EE.UU. que reivindiquen el derecho a la paz y clamen por el juicio político al presidente Trump por su violación a la legalidad estadounidense.

2) Declaración de la Asamblea de las Naciones Unidas , donde seguramente más de un centenar y medio de países condenarán la conducta de EE.UU.

Hay que expulsar a Estados Unidos y a Israel de la Organización de las Naciones Unidas.

3) Que aunque sea, un solo país plantee jurídicamente basado en la carta fundacional de la ONU, la expulsión de EE.UU. del organismo internacional. El solo hecho del planteo que no tiene precedentes y que obviamente no se concretará , ya sea por razones económicas o geopolíticas, será el primer caso en la historia de la ONU, acentuando el aislamiento deseado.

4) Elaborar una lista negra, de aquellos gobiernos que dicen defender la democracia representativa y se pronunciaron a favor de la invasión y secuestro estadounidense. Esa lista de la infamia y la traición a sus principios democráticos, como la deserción del presidente francés Macrón, que elogió la conducta bélica de EE.UU. servirá para acentuar el aislamiento del predador.

5) Manifestaciones populares en la mayoría de los países todos los días 3 de cada mes en favor de la paz y contra el belicismo estadounidense.

Nuestra América Latina, declarada como un territorio de paz, fue violada. La guerra ya se instaló en nuestro continente. Ha llegado la hora de tomar conciencia y prepararse, con nuevas ideas y nuevas prácticas que sean realistas y admitan que, como decía, Gramsci, ha llegado la hora de los monstruos.

No quiero vivir en este mundo esperpéntico donde la hegemonía de los Trump, de los Milei, de la sin razón, acorazados por la complicidad indiferente, de Europa y de los tibios que aún no han sido “vomitados de su boca”.

Sin embargo aún sigo creyendo en la Humanidad.

Y para confortarme me apoyo en mi gran maestro espiritual, el jesuita antropólogo Teilhard de Chardin, quien en su opus magnum “El Fenómeno Humano” nos transmitió con convicción este esperanzador futuro: “Algún día, después de haber sometido los vientos, las olas, los mares y la gravedad… dominaremos las energías del amor. Entonces, por segunda vez en la historia de la humanidad, el ser humano habrá descubierto el fuego”.

Lo subrayado/interpolado es nuestro.

EL CONVICTO EMPERADOR TRUMP IMPONE SU VOLUNTAD POR LA FUERZA DE LAS ARMAS, DENTRO Y FUERA DE SU FRONTERAS:



EL CONVICTO EMPERADOR TRUMP IMPONE SU VOLUNTAD POR LA FUERZA DE LAS ARMAS, DENTRO  Y FUERA DE SU FRONTERAS:

El sueño/pesadilla de Adolf Hitler, él lo está realizando ¿y el Derecho Internacional?

Por Prof. Gerardo Pisarello*/académico, Universidad de Barcelona, escritor y analista internacional/ADDHEE.ONG:

Prolegómeno:

A los hipócritas y mala conducta del patio trasero latinoamericano, enajenados les recordamos 1989, el dictador noriega de Panamá – centro clave de distribución y venta del narcotráfico estadounidense en Unión Europea, Canadá y Estados Unidos – derrocado por la intervención militar estadounidense, con un bombardeo criminal contra los sectores populares con más de 5000 muertos. El dictador Noriega fue detenido y trasladado a Estados Unidos para ser juzgado por narcotraficante. El narcotráfico del imperialismo estadounidense es un instrumento fundamental en el control de sus satrapías del patio trasero latinoamericano y fuente de mantención de la catastrófica economía en bancarrota de Estados Unidos. Prof. Moreno Peralta, secretario Ejecutivo ADDHEE.ONG.

La franqueza con la que el presidente estadounidense ha defendido el uso de la fuerza bruta en las relaciones internacionales se le puede volver en contra.

Cada vez son más las voces que están llamando la atención sobre la flagrante ilegalidad de la actuación militar de Estados Unidos en Venezuela. No es algo nuevo. Sin embargo, hay algo histórico en el discurso pronunciado por Donald Trump el pasado 3 de enero. Y es que, por primera vez, un presidente estadounidense reivindica de manera cinica su derecho a invadir y a ocupar todos los países que considere necesario si eso le permite hacerse con sus recursos naturales. 

En un inicio, Trump apeló también a la supuesta condición de “terrorista” o de “narcotraficante” en grado de conspiración de Nicolás Maduro. Pero no lo hizo con mucha convicción ni se esforzó en aportar pruebas. Entre otras razones porque poco antes había indultado al expresidente de Honduras Juan Orlando Hernández, condenado, él sí, a 45 años de prisión por narcotráfico en los propios Estados Unidos. 

El convicto Trump no insistió más en la acusación de narcotráfico ni aportó prueba alguna al respecto porque prefirió dejar clara la sinrazón, la desfachatez principal de la intervención militar: el control del petróleo. No hubo, como en casos anteriores, apelación a “armas de destrucción masiva”, a la defensa de “la democracia” o a “los valores occidentales”. Lo que Trump quiso subrayar de manera cruda es que, a partir de ahora, Estados Unidos se reserva la prerrogativa de bombardear y ocupar cualquier país que dificulte su acceso al petróleo o a recursos básicos, por ejemplo, en razón de los vínculos comerciales que mantiene con China. 

En la mirada del esperpento Trump, esta prerrogativa de intervención afecta sobre todo a América Latina, concebida como “patio trasero” de Estados Unidos en la línea de lo que acaba de rebautizar como Doctrina “de seguridad nacional. Sin embargo, hace tiempo que el presidente de Estados Unidos la viene concibiendo como una potestad universal: lo que vale para los recursos de Venezuela vale para los de Groenlandia, Canadá, Colombia o México. O para cualquier país, en realidad, que pueda desempeñar un papel relevante en el acceso regional a esos recursos, como Nigeria, Irán o la propia Palestina.

La desfachatez con la que Trump ha defendido el uso de la fuerza bruta en las relaciones internacionales es inédita. Pero este descaro brutal, gangsteril, tiene una contrapartida. Y es que su negación radical del Derecho y de la legalidad como elementos de contención de la violencia arbitraria puede fácilmente volverse en su contra. 

De entrada, porque le quita legitimidad no solo respecto de sus adversarios sino frente a sus propios aliados. En Estados Unidos, las voces que han calificado la política belicista de Trump como un atropello al Poder Legislativo y a la Constitución del país no son solo voces progresistas, como las de Bernie Sanders, Alexandra Ocasio Cortez o Zohran Mamdani. También nombres vinculados al Partido Republicano, como el congresista Thomas Massie o los senadores Rand Paul o Susan Collins, entre otros. 

Igualmente, son muchos los países tradicionalmente cercanos a Estados Unidos que, de forma pública o con mayor discreción, comienzan a manifestar su preocupación por la manera desvergonzada en que Trump desprecia la legalidad internacional. 

En primer lugar, porque cada vez que el convicto presidente presume de acciones que el Estatuto de Roma considera crímenes de agresión o de guerra o dinamita la Carta de Naciones Unidas, les quita autoridad para exigir a países como Rusia o China que se adecuen a esa legalidad. 

Por otra parte, porque eso los obliga a asumir un doble rasero difícilmente explicable para sus propias opiniones públicas. Así, son muchos los países aliados de Estados Unidos que detestan políticamente a Maduro, pero que consideran que bendecir sin más el secuestro y la privación ilegítima de la libertad de un jefe de Estado extranjero, o de su esposa, es un precedente peligroso. 

Y es que si las aventuras imperiales de Trump, además de éticamente reprochables, son ilegales en los términos del Estatuto de Roma o de la Carta de Naciones Unidas, quien hoy aparece como el más fuerte puede acabar en serios problemas.

Tras la invasión de Trump a Venezuela, la Asociación Americana de Juristas, el Consejo Latinoamericano de Justicia y Democracia y otros colectivos de juristas están reuniendo evidencia para realizar una denuncia ante la Fiscalía de la Corte Penal Internacional. Del mismo modo, hay quienes se plantean recurrir al Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria de Naciones Unidas e incluso presentar un amicus curiae [aportación externa de argumentos jurídicos frecuente en Estados Unidos en casos de gran relevancia social] ante el tribunal del distrito sur de Nueva York que juzgará a Maduro y a su esposa.

En el corto plazo, habrá que ver si el sistema de justicia de la primera potencia militar del mundo, esta vez bajo jurisdicción del juez Alvin Hellerstein, ampara o no la actuación a todas luces inconstitucional de Trump y sus halcones. Del mismo modo, habrá que seguir de cerca el pronunciamiento de los diferentes Estados del mundo en Naciones Unidas y otras instancias internacionales. 

En cualquier caso, las esperanzas de una alternativa al despotismo global que Trump y sus oligarcas pretenden imponer solo pueden cifrarse en la reacción de los pueblos y de las opiniones públicas internacionales. Porque lo que ya comienza a emerger, en el fondo, es la idea de que el imperialismo, además de ser brutal, tiene mucho de ilegal. Y esta idea no solo está calando entre juristas de diferentes partes del mundo. También está calando entre las miles de personas que, como ocurrió con Palestina, se están manifestando en las calles contra la arrogancia de Trump y de Marco Rubio y en defensa de la soberanía de los pueblos. 

Y no estamos hablando solo de Caracas, sino de ciudades tan disímiles como París, Nueva York, Barcelona, Madrid, Ciudad de México o Atenas. En todas ellas, se advierte un hartazgo creciente frente a quienes, como Trump, se afianzan en el uso desembozado de la fuerza sencillamente porque la tienen y porque se creen invulnerables.

Si este hartazgo se convierte en rabia y en una oposición creciente y masiva a estas actuaciones, el futuro puede estar abierto. Porque, cuando una gran potencia renuncia a toda autolimitación ética y jurídica puede parecer temible e imbatible en el corto plazo. Pero en el mediano y largo término, lo que se vislumbra es algo distinto: que esa exhibición de arrogancia imperial y de uso descarnado de la fuerza esconde en el fondo una gran debilidad. Y que aquello que a veces se presenta como superioridad irresistible puede convertirse fácilmente en la antesala de un abrupto declive.

Lo subrayado/interpolado es nuestro