Prolegómeno:
“Atorrantes, en nuestro Chile, en nuestra democracia, que ya
cumplió 50 años, nuestro presidente tiene derecho de ofrecer un almuerzo, un
banquete, en SU CASA, NUESTRA CASA”...
CMPC/SOFOFA.
El caso Apablaza...
Los gobiernos de Chile y Argentina anunciaron a
viva voz la inminente detención y extradición a nuestro país de Galvarino
Apablaza, el ex comandante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), a
quien se le imputa ser el autor intelectual del homicidio del senador Jaime
Guzmán Errázuriz/ideólogo del Opus Dei. Esto es, del fundador de la
Unión Democrática Independiente (UDI) y, sin duda, uno de los principales
instigadores del golpe militar de Pinochet, y redactor de la constitución de
1980...
Lo más lógico que este extinto senador hubiera sido
juzgado y condenado por un tribunal chileno como cómplice activo y pasivo de la
tiranía cívico militar que se extendió por 17 años en Chile. Sin
embargo, el Frente decretó su muerte después de señalar su responsabilidad en
el régimen terrorista cívico militar en que miles de personas fueran ultimadas,
torturadas y exiliadas por quienes se instalaron a sangre y fuego en La Moneda.
Aún tenemos más de un millar de detenidos desparecidos cuyo paradero se
desconoce.
Todavía se discute en la izquierda si fue apropiada
la decisión de los rodriguistas de acabar con la vida del Senador, convertido
en la principal figura política de la derecha y de quien muchos, por sus
innegables atributos de líder y orador, estiman que habría llegado a la
Presidencia de la República antes que los derechistas Sebastián Piñera y el
actual mandatario José Antonio Kast. El que habría recibido el entusiasta apoyo
del pinochetismo tan vigente hasta hoy.
El caso es que, a 35 años de tal asesinato, un
amplio número de sus antiguos y actuales partidarios de la Dictadura cívico militar
reclaman la posibilidad de condenar en Chile al supuesto autor intelectual de
este homicidio político. Para lo cual dicen existir pruebas que todavía no
explicitan respecto de la responsabilidad que le cabría a Apablaza en este
luctuoso acontecimiento en 1991.
La vocera del Gobierno de Kast ha asegurado
públicamente que este dirigente frentista ya fue condenado por la Justicia, en
circunstancia de que no ha habido juicio alguno que haya determinado su autoría
y que, por el contrario, un país como Argentina por largos años lo acogió y le
dio el estatus de refugiado político. Hasta que ese extravagante sujeto que
gobierna la Casa Rosada accedió a la demanda de extradición solicitada por los
dos últimos gobiernos chilenos, tanto el de Boric como el de Kast.
El disparate cometido por la Vocera de Kast, al
referirse públicamente a Apablaza como autor del crimen del Senador, hace que
muchos teman que éste no cuente con las garantías de un juicio justo en Chile.
Por lo que parece razonable que evada la acciones de las policías argentina y
chilena para detenerlo y extraditarlo. Toda vez el tiempo sucedido desde la
comisión del crimen ya podría tenerlo prescrito.
Lo más increíble de todo es que los mismos que
están abogando por indultos a los más tenebrosos criminales de la Dictadura cívico
militar pongan tanto empeño en propiciar un juicio contra una de las
víctimas de la represión, si se considera la trayectoria de Apablaza, sus
detenciones, torturas y confinamientos al comienzo del régimen
pinochetista. Además de su dilatado exilio como la congoja de andar por tantos
años en condición de refugiado político.
Un coro de hipócritas dirigentes políticos, entre
los cuales debemos incluir a no pocos cabecillas de “izquierda”, que en su hora
celebraron las acciones del FPMR y se valieron de la lucha y sacrificio de centenares
de jóvenes combatientes para acelerar la salida negociada y tutelada por
Estados Unidos, el gran empresariado y los militares chilenos. Con lo que
abrieron paso a una democracia mentirosa, a un régimen político bajo la
constitución pinochetista de 1980 y el narcotráfico, un sistema económico neoliberal en que reina
una impúdica inequidad social. La misma situación que ya provocó una
gran rebelión popular en 2019 y en que muchos auguran una pronta
reedición...
La clase política chilena rasga vestiduras sobre el
tema de la violencia, olvidándose de la que tenemos todavía institucionalizada
por la injusticia, la corrupción y, repetimos, la impunidad. Así como por la
represión que sigue ejerciéndose hacia el Pueblo Mapuche, los emigrantes y,
otra vez, los estudiantes. Una violencia gubernamental que derriba campamentos,
dejando a la intemperie a miles de familias pobres y desplazadas. Mediante, por
supuesto, atribuciones que se han extremado en favor de las policías y los
estados de excepción.
Ingentes recursos de nuestro Presupuesto Nacional
para apertrechar a las llamadas fuerzas del orden, para lo cual se disminuyen
los recursos para la vivienda, la salud y la educación. Eso sí sin tocar los de
la Fuerzas Armadas e, incluso, para rebajarle el impuesto a las ganancias de los
multimillonarios, el último dislate del Gobierno que espera convertirlo en Ley
para que el país pueda ofrecer ventajas comparativas a la inversión foránea.
Aunque ya no queda más por privatizar y extranjerizar.
No sabemos en qué mundo viven tantos cínicos que
alientan las acciones criminales de un desquiciado Trump en el Medio Oriente,
que se propone con las armas ocupar distintas zonas soberanas en todo el orbe
y, especialmente, en América Latina. Ojalá nuestros gobernantes pusieran empeño
en que Estados Unidos extradite a un Michael Townley, Armando Fernández
Larios/Caravana de la Muerte y otros agentes responsables de los crímenes
de lesa humanidad atentando contra la vida, por ejemplo, del General Carlos
Prat y su esposa, el ex canciller Orlando Letelier.
No cabe duda que en otras naciones una entidad como
el Frente Patriótico Manuel Rodríguez y el ejemplo de militantes como Galvarino
Apablaza son ampliamente reconocidos y se les prodigan sendos homenajes. De la
misma forma como se venera a todos nuestros libertadores que empuñaron las
armas contra el imperialismo español sin que nadie los considere terroristas.
Pero desgraciadamente nuestra historia se ha
acostumbrado a rendirle honores a los represores del pueblo, a siniestros
personajes como Diego Portales, Arturo Alessandri y otros. Por lo que no sería
extraño que luego surjan los que quieren ver al propio Pinochet montado a
caballo o en un tanque de bronce en nuestras principales plazas o avenidas. Así
como lo está el general Baquedano que cumplió un deleznable cometido en la
criminal “Pacificación de la Araucanía”.
Chile aún no reconoce la inmensa solidaridad
mundial en favor de la lucha contra la Dictadura cívico militar. A esos
países que desde todos los continentes apoyaron las distintas formas que el
pueblo asumió para acabar con la Dictadura. Muy especialmente a Cuba donde el
FPMR se fundó y se preparó para enfrentar al Tirano. En vez de ir a la caza de
los heroicos combatientes todavía dispersos por el mundo, bien nos valiera
repatriarlos y otorgarles los honores que se merecen. Algo que sería muy raro
todavía cuando tantos políticos renunciaron a llevar la justicia a los que
alentaron el odio fratricida, siendo hoy su principal oficio turnarse en el
poder y favorecerse de los enormes privilegios que gozan los que llegan a La
Moneda y el Parlamento.
En tiempos en que la Justicia está tan entredicho
en Chile, con ex ministros de la Corte Suprema, jueces y fiscales involucrados
en graves actos de lenidad y corrupción, no es posible asegurar un juicio justo
para este ex combatiente del FPMR. Menos cuando las propias autoridades han
pisoteado la “presunción de inocencia” que debe reconocérsele a cualquier
persona antes de ser condenada por los tribunales. Constantemente
observamos cómo políticos y empresarios corruptos logran se exculpados
finalmente por nuestras cortes, dejando en evidencia que el factor dinero es
elocuente en sus fallos y resoluciones.
Ojalá que Apablaza (el comandante Salvador) logre
escapar del odio y la hipocresía nacional. Seguramente serán las generaciones
venideras las que reconozcan como es debido a él y otros combatientes. Aunque
no todos comulguen con sus ideas y acciones, pero ya no puedan dudarse sus
propósitos libertarios y republicanos.
Lo subrayado/interpolado
es nuestro





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