PAPA LEON XIII Y SU ENCICLICA RERUM NOVARUM/ 1891- EL PAPA LEÓN XIV Y SU ENCÍCLICA MAGNIFICA HUMANITAS...
“La Cuestión
social concierne a la oportuna regulación del trabajo y de las
condiciones de los trabajadores, y puede definirse, como el conjunto de males
que actualmente reinan en nuestra sociedad respecto al trabajo, de los cuales
deseamos conocer las causas y buscar a
fondo los remedios, escribió el Papa León XIII...”
Frente a las
duras críticas de la clase política, liberales
y conservadores, especialmente
estos últimos dueños de la celestina universal/ el dinero contra el <Papa
León XIII, porque según ésta lacra, la
religión no debería mezclarse en los asuntos económicos... Les
contesta “se equivocan al pretender separar la religión de la vida social y
económica, relegando a la primera a las nubes de incienso de la Iglesia... Confiados entramos
en este asunto que es de nuestro
pleno derecho, pues se trata de una
cuestión cuyo válida solución no es posible hallar, sino recurriendo a la religión y a la Iglesia. Puesto que el cuidado de la religión y la
concesión de los medios que están en poder de la Iglesia han sido encomendados
principalmente a nosotros, que deberíamos faltar a nuestro oficio, si callásemos “...
El Papa León XIV
y su encíclica Magnifica Humanitas, no
en vano evoca a su admirado Papa León XIII y su legado histórico que asume.
Frente a las duras críticas de la clase empresarial oligarca plutócrata dueña
de la celestina universal/el dólar y de
“la inteligencia artificial”, estadounidense y de los regímenes
ultraconservadoras del patio trasero latinoamericano/yanqui, el Papa León XIV,
en el marco de la doctrina social de la
iglesia con su encíclica Magnifica Humanitas, critica – consecuentemente asume al igual que el Papa León XIII, “que
hay derecho a la crítica cuando se ha realizado con éxito lo criticado”
Profesora Gabriela Mistral-, rechazando de plano en su condición de ciudadano
estadounidense y de la principal
autoridad de la iglesia y del Vaticano el plan para imponer un
occidente tecno/fascista,
una dominación global /imperial,
colonial. “Sólo quien construye futuro
tiene derecho a juzgar el pasado...”
Concluyo, los
plutócratas empresarios oligarcas financieros-bancarios agiotistas, agrícolas
monopolistas que controlan la celestina universal/el dólar, el narcotráfico, la
telebasura- la tiranía comunicacional mediática para enajenar e impedir que la
verdad sea dicha- se apoderaron con sus
malditos dólares de la “inteligencia artificial genocida y se la venden a los
enajenados como un repositorio de sabiduría omnipresente, ¡un
nuevo dios¡ El principal objetivo de éste feudalismo/tecnológico a punta a
anular la Dignidad del Ser Humano transmutándolo en un guarismo orwelliano..
Con esperanza y
memoria “cuando la ignorancia y la prepotencia de los dueños de la celestina
universal/el dólar, la plutocracia empresarial mefistofélica pretende convertirlas en Derecho, la idea, el desafío
de cambiar el mundo no es una locura ni una utopía, sino Justicia Plena...
Prof. Moreno
Peralta /IWA
Secretario
ejecutivo Addhee.ong
“Magnifica Humanitas”
Por
José Antonio Góme/escritor y analista internacional:
El Papa León XIV,
retoma la doctrina social de la Iglesia
para criticar a los
empresarios que controlan el poder
privado de las plataformas por el
transhumanismo, la colonización de los datos y la idea de que una máquina puede administrar la verdad o el
trabajo. Para el régimen estadounidense
del empresario Trump prefiere una
inteligencia artificial genocida sin
escrúpulos/ética. Para el Papa León XIV la inteligencia artificial se debe
aplicar en el contexto ético, porque
lo ético es lo honesto. No hay ética sin una radical
honestidad... Lo subrayado es nuestro Addhee.ong
La
primera encíclica de León XIV, Magnifica Humanitas, no llega en un vacío ni
pretende descubrir que vivimos rodeados de pantallas, algoritmos y vendedores
de salvación tecnológica con chaqueta de cuello alto. El texto, publicado el 25
de mayo de 2026, se presenta de forma explícita como heredero de Rerum Novarum,
la encíclica social con la que León XIII respondió en 1891 al capitalismo
industrial sin fingir que la Iglesia podía limitarse a hablar del cielo
mientras la gente se dejaba la vida en la fábrica. Ciento treinta y cinco años
después, el decorado ha cambiado: ya no manda solo el patrón con chimenea, sino
también el consorcio que recolecta datos, automatiza decisiones y llama
“innovación” a lo que a menudo es concentración de poder con tipografía amable.
Ese
es el primer golpe del texto, y quizá el más incómodo para el catecismo
contemporáneo del progreso. León XIV no plantea la inteligencia artificial como
una simple herramienta ambivalente que conviene regular un poco, redactar un
código ético elegante y seguir facturando. La sitúa en el centro de una nueva
estructura de dominio, cada vez menos pública y cada vez más privada, en la que
actores transnacionales acumulan recursos, capacidad de intervención e
influencia por encima de muchos Estados. La encíclica no discute tanto si la IA
es lista como quién manda sobre ella. Y ahí la respuesta no invita precisamente
al entusiasmo infantil.
El
segundo movimiento rompe con la frivolidad habitual del debate digital: la
verdad aparece definida como un bien común. No como una preferencia, no como
una narrativa competitiva, no como ese barro posmoderno en el que todo vale
siempre que genere clics. León XIV sostiene que los sistemas digitales y la IA
están alterando la comunicación pública hasta difuminar las fronteras entre
hecho, opinión, manipulación y espectáculo. La observación no parece radical
hasta que se recuerda que buena parte del ecosistema político y mediático
actual vive exactamente de esa confusión. La encíclica, con una educación
sorprendentemente escasa para los tiempos que corren, viene a decir que una
democracia no puede sostenerse mucho tiempo si la verdad queda delegada a
plataformas diseñadas para maximizar atención, no lucidez.
El
tercer frente es el transhumanismo, al que el texto no trata como una
extravagancia futurista, sino como una antropología rival. En otras palabras:
no discute un gadget, discute una religión. La encíclica rechaza la idea de que
el ser humano deba justificarse por su capacidad de mejora técnica ilimitada,
como si la dignidad dependiera de llevar suficientes implantes, suficiente
optimización y suficiente rendimiento. Bajo esa promesa de superación, advierte
el texto, asoma enseguida una clasificación brutal entre vidas valiosas y vidas
marginadas/descartadas, entre existencias actualizables y existencias
prescindibles. Es una manera bastante directa de recordarle a la época que
llamar “mejora” a una jerarquía nueva no la vuelve menos jerarquía.
La
cuarta idea más dura aparece cuando León XIV vincula la revolución digital con
formas renovadas de esclavitud y colonialismo. No habla solo de adicción a
pantallas o de precariedad abstracta, que sería la versión dominguera del
problema. Habla de cadenas de extracción: minerales, trabajo oculto, cuerpos
explotados y, sobre todo, datos. La encíclica sostiene que el colonialismo no
ha desaparecido; simplemente se ha refinado. Ya no se limita a ocupar
territorios o disciplinar poblaciones a la vieja usanza, sino que se apropia de
información sanitaria, genética, epidemiológica y demográfica de regiones
vulnerables para alimentar modelos predictivos, orientar inversiones y decidir
quién cuenta y quién sobra. El imperio, al parecer, también sabe programar.
La
quinta línea de ruptura llega en el terreno militar. Frente a la tentación de
delegar en sistemas artificiales decisiones letales, el texto fija una barrera
moral nítida. No todo lo que puede automatizarse debe automatizarse, y desde
luego no la decisión de matar/asesinar. En un momento en que buena parte
del lenguaje estratégico se dedica a envolver la deshumanización bélica en
tecnicismos pulcros, la encíclica introduce una objeción elemental y por eso
mismo incómoda: una máquina no puede asumir responsabilidad moral, aunque el
PowerPoint del contratista diga lo contrario.
El
documento se apoya además en una imagen bíblica bastante eficaz para ordenar su
argumento: Babel frente a Jerusalén. Babel representa la uniformidad, la
autosuficiencia y el delirio de grandeza de un poder que quiere llegar al cielo
sin rendir cuentas a nadie; Jerusalén, en cambio, simboliza una reconstrucción
común, plural y situada, donde la técnica se subordina a la convivencia y no al
revés. Traducido al español menos litúrgico: la encíclica no está en
guerra con la tecnología, sino con la vieja costumbre humana de usarla para
dominar mientras se asegura, con gesto compungido, que todo es por nuestro
bien.
Por
eso Magnifica Humanitas resulta más incómoda de lo que parece a primera vista.
No se limita a bendecir la prudencia, sino que cuestiona la arquitectura moral
del presente digital: quién concentra el poder, quién fabrica la verdad, qué
pasa con el trabajo humano, qué se sacrifica en nombre de la eficiencia y qué
clase de civilización está naciendo cuando se normaliza que los más poderosos
administren datos, conciencias y vidas como si fueran simples recursos. En una
época enamorada de la máquina, León XIV ha optado por un gesto poco frecuente:
desconfiar de quienes la venden como redención.
Lo subrayado/interpolado es
nuestro




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