viernes, 5 de junio de 2026

PAPA LEON XIII Y SU ENCICLICA RERUM NOVARUM/ 1891- EL PAPA LEÓN XIV Y SU ENCÍCLICA MAGNIFICA HUMANITAS...

 



PAPA LEON XIII Y SU ENCICLICA RERUM NOVARUM/ 1891- EL PAPA LEÓN XIV Y SU ENCÍCLICA MAGNIFICA HUMANITAS...

El Papa León XIII y su Encíclica Rerum Novarum/1891, por la solución  cristiana a “la cuestión social”...

“La Cuestión social  concierne  a la oportuna regulación del trabajo y de las condiciones de los trabajadores, y puede definirse, como el conjunto de males que actualmente reinan en nuestra sociedad respecto al trabajo, de los cuales deseamos conocer  las causas y buscar a fondo los remedios, escribió el Papa León XIII...”

Frente a las duras críticas de la clase política, liberales  y  conservadores, especialmente estos últimos dueños de la celestina universal/ el dinero contra el <Papa León XIII, porque  según ésta lacra, la religión  no debería  mezclarse en los asuntos económicos... Les contesta “se equivocan al pretender separar la religión de la vida social y económica, relegando a la primera a las nubes de incienso  de la Iglesia... Confiados  entramos  en este asunto que es  de nuestro pleno derecho, pues se trata de una  cuestión cuyo válida solución no es posible hallar, sino  recurriendo a la religión y a la Iglesia. Puesto que el cuidado de la religión y la concesión de los medios que están en poder de la Iglesia han sido encomendados principalmente a nosotros, que deberíamos faltar a nuestro oficio,  si callásemos “...

El Papa León XIV y su encíclica Magnifica Humanitas,  no en vano evoca a su admirado Papa León XIII y su legado histórico que asume. Frente a las duras críticas de la clase empresarial oligarca plutócrata dueña de la celestina universal/el dólar y  de “la inteligencia artificial”, estadounidense y de los regímenes ultraconservadoras del patio trasero latinoamericano/yanqui, el Papa León XIV, en el marco  de la doctrina social de la iglesia con su encíclica Magnifica Humanitas, critica – consecuentemente  asume al igual que el Papa León XIII, “que hay derecho a la crítica cuando se ha realizado con éxito lo criticado” Profesora Gabriela Mistral-, rechazando de plano en su condición de ciudadano estadounidense y de  la principal autoridad de la iglesia y del Vaticano el plan para imponer  un  occidente  tecno/fascista, una  dominación global /imperial, colonial. “Sólo quien construye  futuro tiene derecho a juzgar el pasado...”

Concluyo, los plutócratas empresarios oligarcas financieros-bancarios agiotistas, agrícolas monopolistas que controlan la celestina universal/el dólar, el narcotráfico, la telebasura- la tiranía comunicacional mediática para enajenar e impedir que la verdad sea dicha- se apoderaron  con sus malditos dólares de la “inteligencia artificial genocida y se la venden a los enajenados como un  repositorio de sabiduría omnipresente, ¡un nuevo dios¡ El principal objetivo de éste feudalismo/tecnológico a punta a anular la Dignidad del Ser Humano transmutándolo en un guarismo orwelliano..

Con esperanza y memoria “cuando la ignorancia y la prepotencia de los dueños de la celestina universal/el dólar, la plutocracia empresarial mefistofélica pretende  convertirlas en Derecho, la idea, el desafío de cambiar el mundo no es una locura ni una utopía, sino Justicia Plena...

Prof. Moreno Peralta /IWA

Secretario ejecutivo Addhee.ong


“Magnifica Humanitas”

Por José Antonio Góme/escritor y analista internacional:

El Papa León XIV, retoma la doctrina social de la Iglesia  para criticar  a los empresarios  que controlan el poder privado de las plataformas  por el transhumanismo, la colonización de los datos y la idea de que  una máquina puede administrar la verdad o el trabajo. Para el régimen estadounidense del empresario Trump prefiere una  inteligencia artificial genocida sin  escrúpulos/ética. Para el Papa León XIV la inteligencia artificial  se debe  aplicar en el contexto ético, porque  lo ético  es lo  honesto. No hay ética sin una radical honestidad... Lo subrayado es nuestro Addhee.ong

La primera encíclica de León XIV, Magnifica Humanitas, no llega en un vacío ni pretende descubrir que vivimos rodeados de pantallas, algoritmos y vendedores de salvación tecnológica con chaqueta de cuello alto. El texto, publicado el 25 de mayo de 2026, se presenta de forma explícita como heredero de Rerum Novarum, la encíclica social con la que León XIII respondió en 1891 al capitalismo industrial sin fingir que la Iglesia podía limitarse a hablar del cielo mientras la gente se dejaba la vida en la fábrica. Ciento treinta y cinco años después, el decorado ha cambiado: ya no manda solo el patrón con chimenea, sino también el consorcio que recolecta datos, automatiza decisiones y llama “innovación” a lo que a menudo es concentración de poder con tipografía amable.

Ese es el primer golpe del texto, y quizá el más incómodo para el catecismo contemporáneo del progreso. León XIV no plantea la inteligencia artificial como una simple herramienta ambivalente que conviene regular un poco, redactar un código ético elegante y seguir facturando. La sitúa en el centro de una nueva estructura de dominio, cada vez menos pública y cada vez más privada, en la que actores transnacionales acumulan recursos, capacidad de intervención e influencia por encima de muchos Estados. La encíclica no discute tanto si la IA es lista como quién manda sobre ella. Y ahí la respuesta no invita precisamente al entusiasmo infantil.

El segundo movimiento rompe con la frivolidad habitual del debate digital: la verdad aparece definida como un bien común. No como una preferencia, no como una narrativa competitiva, no como ese barro posmoderno en el que todo vale siempre que genere clics. León XIV sostiene que los sistemas digitales y la IA están alterando la comunicación pública hasta difuminar las fronteras entre hecho, opinión, manipulación y espectáculo. La observación no parece radical hasta que se recuerda que buena parte del ecosistema político y mediático actual vive exactamente de esa confusión. La encíclica, con una educación sorprendentemente escasa para los tiempos que corren, viene a decir que una democracia no puede sostenerse mucho tiempo si la verdad queda delegada a plataformas diseñadas para maximizar atención, no lucidez.

El tercer frente es el transhumanismo, al que el texto no trata como una extravagancia futurista, sino como una antropología rival. En otras palabras: no discute un gadget, discute una religión. La encíclica rechaza la idea de que el ser humano deba justificarse por su capacidad de mejora técnica ilimitada, como si la dignidad dependiera de llevar suficientes implantes, suficiente optimización y suficiente rendimiento. Bajo esa promesa de superación, advierte el texto, asoma enseguida una clasificación brutal entre vidas valiosas y vidas marginadas/descartadas, entre existencias actualizables y existencias prescindibles. Es una manera bastante directa de recordarle a la época que llamar “mejora” a una jerarquía nueva no la vuelve menos jerarquía.

La cuarta idea más dura aparece cuando León XIV vincula la revolución digital con formas renovadas de esclavitud y colonialismo. No habla solo de adicción a pantallas o de precariedad abstracta, que sería la versión dominguera del problema. Habla de cadenas de extracción: minerales, trabajo oculto, cuerpos explotados y, sobre todo, datos. La encíclica sostiene que el colonialismo no ha desaparecido; simplemente se ha refinado. Ya no se limita a ocupar territorios o disciplinar poblaciones a la vieja usanza, sino que se apropia de información sanitaria, genética, epidemiológica y demográfica de regiones vulnerables para alimentar modelos predictivos, orientar inversiones y decidir quién cuenta y quién sobra. El imperio, al parecer, también sabe programar.

La quinta línea de ruptura llega en el terreno militar. Frente a la tentación de delegar en sistemas artificiales decisiones letales, el texto fija una barrera moral nítida. No todo lo que puede automatizarse debe automatizarse, y desde luego no la decisión de matar/asesinar. En un momento en que buena parte del lenguaje estratégico se dedica a envolver la deshumanización bélica en tecnicismos pulcros, la encíclica introduce una objeción elemental y por eso mismo incómoda: una máquina no puede asumir responsabilidad moral, aunque el PowerPoint del contratista diga lo contrario.

El documento se apoya además en una imagen bíblica bastante eficaz para ordenar su argumento: Babel frente a Jerusalén. Babel representa la uniformidad, la autosuficiencia y el delirio de grandeza de un poder que quiere llegar al cielo sin rendir cuentas a nadie; Jerusalén, en cambio, simboliza una reconstrucción común, plural y situada, donde la técnica se subordina a la convivencia y no al revés. Traducido al español menos litúrgico: la encíclica no está en guerra con la tecnología, sino con la vieja costumbre humana de usarla para dominar mientras se asegura, con gesto compungido, que todo es por nuestro bien.

Por eso Magnifica Humanitas resulta más incómoda de lo que parece a primera vista. No se limita a bendecir la prudencia, sino que cuestiona la arquitectura moral del presente digital: quién concentra el poder, quién fabrica la verdad, qué pasa con el trabajo humano, qué se sacrifica en nombre de la eficiencia y qué clase de civilización está naciendo cuando se normaliza que los más poderosos administren datos, conciencias y vidas como si fueran simples recursos. En una época enamorada de la máquina, León XIV ha optado por un gesto poco frecuente: desconfiar de quienes la venden como redención.

Lo subrayado/interpolado es nuestro



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