Dos genocidas apoyan el bloqueo contra Cuba
Por Hedelberto López Blanch/ periodista, escritor y
analista internacional/ ADDHEE.ONG:
Solo las mismas dos naciones que durante los 32 años que se
ha presentado la Resolución contra el bloqueo, lo hicieron en contra: Estados
Unidos e Israel, catalogados por la comunidad internacional como los dos
genocidas que están intentando arrasar con el Pueblo Palestino y el Libanés.
Las cifras de las matanzas son espeluznantes. Desde el 7 de
octubre de 2023 Israel ha masacrado a más de 50 000 palestinos, entre los que
se cuentan 16 000 niños y una cifra similar de mujeres; bajo los escombros se
estiman que hay alrededor de otros 15 000 cadáveres que no han podido ser
recuperados, además de 100 000 heridos.
Todo eso lo han hecho los sionistas colonialistas israelíes
con el apoyo que le ha brindado Estados Unidos en la ONU para que no condenen a
Tel Aviv, al que le ha entregado además, todo tipo de armas y enormes
cantidades de dinero. Y el mundo se pregunta, cómo puede Estados Unidos poner
en una espuria lista de patrocinador del terrorismo a Cuba cuando ese país lo
que ha hecho es brindar ayuda médica y educacional a cientos de países del orbe
que la han necesitado.
Como expresó el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla al
presentar la resolución, “la economía cubana ha experimentado en los últimos
años dificultades sin precedentes con impacto crítico sobre el bienestar de la
población…lo que es extraordinario respecto a Cuba, es el empeño deliberado de
Estados Unidos en asfixiar la economía nacional, sabotear y poner obstáculos
significativos para impedir nuestro crecimiento y desarrollo”.
Y acotó: “ningún país, incluso aquellos con economías mucho
más robustas que la cubana, podría encarar una agresión tan brutal, asimétrica
y extendida en el tiempo, sin un costo considerable para el nivel de vida de su
población”.
Seguidamente el canciller preguntaba: ¿Cómo sería Cuba hoy
de haber contado con los 164 000 millones de dólares de los que nos ha privado
el bloqueo desde su imposición? Esos daños ascienden a 1 billón 499 mil 710
millones de dólares, si se toma en cuenta el comportamiento del dólar frente al
valor del oro”.
En el informe presentado por la delegación cubana sobran los
ejemplos de este ensañamiento de Washington contra la Isla por no haberle
podido arrebatar su independencia y soberanía.
Por las largas tenazas del bloqueo, más del 80 % de la
población cubana actual ha nacido bajo los efectos de esa política hostil, por
lo cual no conocen una realidad distinta a la de un país bloqueado.
Claro que los números no evidencian el alto costo humano
para todo un pueblo, que ha visto esos daños repartidos en diferentes sectores
como la salud, la educación, el alimentario y el energético, entre otros, razón
por la cual, hasta la fecha, el bloqueo es el principal elemento que define la
política de Estados Unidos hacia Cuba y el mayor freno al desarrollo económico
y social de la mayor de las Antillas.
Como expresa un viejo adagio, a Washington le salió el tiro
por la culata pues lejos de dejar aislada a Cuba en la arena internacional, fue
Cuba la que hizo que nuevamente Estados Unidos quedara aislado ante el mundo.
Murid Abukhater junto a la mar Caribeña en Cuba
Profesora Tanalís Padilla/ del Instituto Tecnológico de
Massachusetts/USA
Murid Abukhater, joven palestino, llegó a Cuba en diciembre
de 2017 para estudiar en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM). El
mayor de siete hermanos, desde niño Murid había soñado ser médico, sueño
difícil de realizar en su tierra. Murid proviene del campo de refugiados
Al-Bureij, en Gaza, donde sobrevivió tres guerras israelíes, la de 2008, la de
2012 y la de 2014. “Cuando primero llegué a Cuba –cuenta– sentía como si
todavía estuviera en Gaza. Es un país sencillo, donde la población ha estado viviendo
bajo un largo asedio, así como nosotros en Gaza. La diferencia aquí es que hay
estabilidad porque Cuba no es un territorio ocupado, a diferencia de Palestina,
que es un territorio ocupado por una entidad sionista colonialista israelí
que controla la economía, los recursos, las fronteras y restringe el
movimiento.”
Murid narra su historia en un corto documental
intitulado De Gaza a Cuba, producido por Belly of the Beast (https://shorturl.at/GxW3D),
organización que desde 2020 elabora documentales periodísticos sobre Cuba. Al
llegar a la ELAM, continúa Murid, me sorprendió el número de estudiantes y
sus nacionalidades. Venían de casi 100 países. La experiencia fue asombrosa,
ver esa cantidad de estudiantes de países que uno jamás se imaginó visitar o
siquiera que existían. Todos tenemos algo en común: no podíamos estudiar
medicina en nuestros propios países y recibimos becas para estudiar en Cuba.
Desde que llegó a Cuba, Murid no ha podido regresar a
Palestina. Su sola partida, recuerda, fue como escapar de una cárcel, ya
que todas las fronteras y hasta el mar están controlados por la ocupación
sionista colonialista israelí. Desde el 7 de octubre del año pasado vive
cada día con intensa ansiedad, recibiendo noticias de amigos, conocidos y familiares
que perdieron la vida a manos sionistas israelíes. Quiere regresar a
Gaza a ayudar a mi comunidad y a mi familia en su lucha contra la
ocupación y para salvar vidas. Estaré en las primeras filas hasta que Palestina
sea libre y soberana.
La solidaridad de Cuba con Palestina data de antes de la
revolución. En 1947, cuando en Naciones Unidas se votó la división del
territorio palestino para crear el Estado de Israel, Cuba fue uno de sólo dos
países no musulmanes que votaron en contra. Lo hizo, detalla el historiador
australiano, Robert Austin Henry, consecuente con el axioma del maestro José Martí Pérez que “divorciar a
un pueblo de su tierra es un monstruoso ataque criminal”. Esa división,
conocida como la Nakba, (catástrofe, en árabe), llevó a la expulsión de
750 mil palestinos, la destrucción de más de sus 500 pueblos o aldeas y la toma
de 78 por ciento del histórico territorio palestino.
Meses después del triunfo de la revolución cubana, el
comandante Ernesto Guevara de la Serna visitó Palestina. Con
su característica indignación hacia la injusticia e impaciencia por combatirla,
al presenciar la miseria en el campo de refugiados Al Bureij, declaró a su
líder: “Muéstrame qué has hecho para liberar a tu país. ¿Dónde están los
campos de entrenamiento? ¿Dónde están las fábricas de armas? ¿Dónde están los
centros de movilización?” Esa visita, declararía Salman Abu-Sitta, autor
de Atlas de Palestina, “fue la primera señal de que la colonización
de Palestina se transformaba de un conflicto regional a una lucha de liberación
en contra del sionismo colonialista”.
Cuba seguiría contundente con la causa palestina. En su
discurso pronunciado en la Cumbre de Movimiento de los Países No Alienados en
1979, el comandante Fidel Castro Ruz
declaró: “No cesa el imperialismo en su tenaz esfuerzo por mantener
sojuzgados, oprimidos u ocupados otros pueblos y países cuyas causas demandan
nuestro resuelto apoyo. Cito en primer término al sufrido y valeroso pueblo
palestino […]. Despojados de sus tierras, expulsados de su propia patria,
dispersados por el mundo, perseguidos y asesinados, los heroicos palestinos
constituyen un ejemplo impresionante de abnegación y patriotismo, y son el
símbolo vivo del crimen más grande de nuestra época”.
La solidaridad cubana no se ha quedado en declaraciones.
Desde hace décadas la isla ha formado a miles de estudiantes palestinos en todo
tipo de profesiones. Ahora que se cumplieron 25 años de la fundación de la
ELAM, el presidente Díaz-Canel mencionó los más de 100 estudiantes
palestinos, que honran los predios universitarios de la ELAM con su disposición
a ser servidores de su pueblo, que hoy resiste la más cruel de las masacres por
parte del genocida régimen israelí. Los estudiantes de la ELAM,
reconoce, han sufrido junto a nosotros los apagones, los problemas con el
transporte, y los desabastecimientos. Ustedes saben lo que significa el bloqueo
y cuánto daño hace a la cotidianidad de un pueblo laborioso y alegre como el
cubano, que no conoce la rendición ni la amargura frente al brutal acoso de su
poderoso vecino.
“En Gaza –cuenta Murid– los niños no nacen con música y
canciones, nacen con los sonidos de bombardeo y artillería.” Sin embargo, la
devastación causada por el más largo y extenso bloqueo en la historia moderna
hace sentir a muchos cubanos que viven una Gaza en cámara lenta. Será en parte
por ello que cuando Murid está junto al mar en Cuba, recuerda el mar en Gaza.
Contra el sadismo de los arquitectos de la campaña de máxima
presión impuesta por la administración de Trump y mantenida por Biden; contra
una política de la cual se mofan los actuales voceros de la Casa Blanca al
preguntárseles sobre una política hacia Cuba condenada por el mundo entero
(salvo Israel); y contra la perversidad del próximo gabinete de Trump cuyo
regocijo ante el sufrimiento de otros es escalofriante, Cuba sigue luchando por
su autodeterminación. Como ninguno, se solidariza con los pueblos devastados
por la misma política imperial que impone a la isla un cruel sufrimiento.
Murid se recibirá de
médico en junio. Al final del documental reflexiona, No sé si regresaré a
Cuba. Pero estaré eternamente agradecido a Cuba y a su pueblo. Estarán siempre
en mi corazón y nunca los olvidaré. Gracias, Cuba.
Lo subrayado/interpolado es nuestro.
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