jueves, 2 de abril de 2026

Papa León XIV exhortó a Trump a detener violencia en Oriente Medio: ¡No se le escucha padre!...



Papa León XIV exhortó a Trump a detener violencia en Oriente Medio: ¡No se le escucha  padre!...

El Papa León XIV exigió al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, poner fin a la escalada de violencia y bombardeos globales.

“Busquemos maneras de reducir la violencia que estamos alimentando, y que la paz, especialmente en Pascua, esté en nuestros corazones” Expresó el Papa León XIV. 

Desde la residencia de Castel Gandolfo, el Papa León XIV realizó este miércoles 1 de abril  un firme llamado al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para que ponga fin a la escalada de violencia y bombardeos que actualmente sacuden al mundo. 

En declaraciones a la prensa realizadas la víspera desde la residencia papal, en Castel Gandolfo, el sumo pontífice subrayó que reducir las acciones bélicas será una contribución esencial para erradicar el odio que crece de manera constante en Oriente Medio y otras regiones del planeta.

El Obispo de Roma exhortó a los líderes mundiales a retomar la mesa de diálogo para buscar soluciones pacíficas, especialmente en el marco de la Semana Santa. «Busquemos maneras de reducir la violencia que estamos alimentando», expresó el Santo Padre

El Papa León XIV lamentó que, a pesar de los constantes llamados a la paz, muchos actores internacionales insistan en promover la guerra y el sufrimiento de inocentes, incluidos niños y mujeres.

Durante su homilía del Domingo de Ramos, el pasado 29 de marzo de 2026, el Papa León XIV enfatizó que Jesús es un rey de paz que rechaza la guerra de forma absoluta. 

El pontífice advirtió que Dios no escucha las oraciones de quienes libran conflictos armados, citando que «sus manos están llenas de sangre». En este sentido, instó a los agresores a deponer las armas y recordar la hermandad entre los pueblos.

El líder de la Iglesia Católica vinculó el misterio de la Pasión del Señor con el clamor de los oprimidos por la violencia actual. Afirmó que en las llagas de Cristo se reflejan las heridas de los hombres, mujeres y niños que hoy sufren los embates de la guerra. 

Finalmente, elevó una oración por los pueblos agredidos, pidiendo que se abran caminos concretos de reconciliación y paz frente a la tragedia que amenaza con convertirse en una catástrofe de magnitud mundial.

No es Nuestra Guerra o la Crisis de la Coherencia Europea...

Por Prof. Ruth Ferrero-Turrión* – Público.es/Académico, escritor y analista internacional/ADDHEE.ONG:

La posición europea ante la escalada bélica en Irán revela, una vez más, las tensiones estructurales que atraviesan la acción exterior de la Unión Europea. Dependencia de Estados Unidos, divergencias internas y una dificultad persistente para articular una voz propia en materia de seguridad internacional. Bajo la aparente simplicidad de la frase «esta no es nuestra guerra» se esconden múltiples capas de significado, intereses y cálculos estratégicos que evidencian una Europa lejos de ser un actor geopolítico cohesionado. 

Esa afirmación no es neutra ni unívoca. Para algunos Estados miembros expresa una priorización estratégica, para otros una reivindicación normativa y para una mayoría una forma de evitar una implicación directa en un conflicto que perciben como ajeno. Pero en todos los casos emerge una cuestión de fondo que la UE no puede seguir esquivando y que no es otra que la necesidad (o no) de reforzar un discurso garantista del Derecho Internacional y de los derechos humanos como base de su acción exterior, algo que salió a la palestra tras el polémico discurso de la señora Von der Leyen. 

En primer lugar, para un grupo relevante de países, afirmar que esta no es «nuestra guerra» no implica necesariamente una condena frontal a la intervención de Estados Unidos e Israel en Irán. Más bien refleja una jerarquización de prioridades donde el conflicto en Ucrania se sitúa en el centro. Para Polonia, los Estados bálticos o Rumanía, la guerra en Ucrania es una amenaza directa a su seguridad nacional y, por tanto, cualquier desviación de recursos hacia otro escenario supone un riesgo estratégico. 

Desde esta perspectiva, lo determinante no es tanto la naturaleza del ataque sobre Irán, aunque pueda ser problemático desde el punto de vista del Derecho Internacional, sino sus consecuencias sobre el esfuerzo militar y financiero destinado a Ucrania. Existe una preocupación clara por la sostenibilidad del apoyo occidental a Kiev. Todo lo que distraiga recursos, atención política o compromiso estadounidense puede, desde su perspectiva, debilitar la posición ucraniana y poner en riesgo su propia seguridad.  

Esta lógica explica decisiones como la cesión por parte de Rumanía de infraestructuras estratégicas como la base de Mihail Kogalniceanu en el Mar Negro para el uso de Estados Unidos. No se trata necesariamente de una adhesión ideológica plena a la intervención en Irán, sino de una apuesta por mantener a Estados Unidos firmemente implicado en la seguridad europea. Para estos países, la prioridad es evitar cualquier señal de retraimiento estadounidense en el continente, así como la de cualquier flexibilización en las relaciones con Moscú, i.e. importación de gas y petróleo. 

Sin embargo, esta posición revela una tensión profunda. Al no cuestionar de forma clara una intervención que muchos consideran una guerra de elección, se debilita el discurso europeo basado en normas, legalidad internacional y respeto a la soberanía. La UE corre el riesgo de aplicar un doble rasero que erosiona su credibilidad global. Defender el Derecho Internacional en Ucrania y relativizarlo en otros escenarios socava la coherencia de su acción exterior. 

Frente a esta lógica emerge con mayor claridad una segunda posición, más explícita y cada vez más articulada, liderada por Pedro Sánchez. En este caso, la afirmación de que no es «nuestra guerra» no se fundamenta en una cuestión de prioridades estratégicas sino en un posicionamiento político y normativo. Se trata de una crítica directa a la intervención de Estados Unidos e Israel y de una defensa activa del derecho internacional, la soberanía de los Estados y la centralidad de los derechos humanos. 

Esta posición introduce un elemento esencial que está ganando peso en el debate europeo. La necesidad de construir una autonomía estratégica que no sea únicamente militar o industrial, sino también política y normativa. La UE no puede aspirar a ser un actor global si no es capaz de definir de manera autónoma cuándo y cómo se implica en los conflictos internacionales, y bajo qué principios lo hace. 

En este sentido, el liderazgo de Pedro Sánchez resulta cada vez más relevante. No solo por la claridad de su posicionamiento frente a la intervención en Irán, sino por su insistencia en que la política exterior europea debe anclarse en un enfoque garantista del Derecho Internacional y los derechos humanos que permita ganar credibilidad a la propia UE. Este liderazgo no se limita a la crítica, sino que busca reconfigurar el marco de actuación europeo, desplazándolo desde la dependencia hacia una mayor capacidad de decisión propia, como se observa en las propuestas energéticas centradas en la transición verde como alternativa a la crisis que ya está aquí. 

La reivindicación de la autonomía estratégica europea adquiere aquí un contenido más concreto. No se trata únicamente de reducir dependencias en materia de defensa, sino de dotar a Europa de una voz propia capaz de sostener posiciones incluso cuando divergen de las de sus aliados tradicionales. La credibilidad europea depende en gran medida de su coherencia y de su capacidad para aplicar los mismos principios en todos los contextos. 

Aun así, esta visión se enfrenta a importantes resistencias. La estructura de seguridad europea sigue profundamente vinculada a Estados Unidos y la falta de consenso entre los Estados miembros limita la posibilidad de adoptar posiciones comunes firmes. Sin embargo, el hecho de que esta postura gane visibilidad indica un cambio progresivo en el equilibrio interno de la UE. 

Entre estas dos posiciones se sitúa una mayoría de Estados que, sin querer implicarse en la guerra en Irán, adoptan posturas más ambiguas. Comparten la voluntad de evitar la escalada, pero sus motivaciones son diversas. Algunos temen las consecuencias económicas de una mayor inestabilidad en Oriente Medio, otros el impacto en la seguridad regional y otros responden a presiones de política interna. 

Esta diversidad de intereses dificulta la construcción de una narrativa común, pero no elimina la necesidad de definir un marco compartido de actuación. Europa no puede limitarse a una posición reactiva o evasiva. La reiteración de que «esta no es nuestra guerra» no puede sustituir a una estrategia clara basada en principios y objetivos definidos. En este contexto, el fortalecimiento de un discurso garantista del derecho internacional y los derechos humanos se convierte en un elemento central. No solo como una cuestión ética, sino como una herramienta de legitimidad y de proyección global. La Unión Europea ha construido históricamente su identidad como un actor normativo y esa identidad solo puede sostenerse si existe coherencia entre el discurso y la práctica. 

La crisis en Irán pone de manifiesto que esa coherencia está en juego. La capacidad de Europa para condenar vulneraciones del Derecho Internacional debe ser independiente del actor que las cometa. De lo contrario, su posición se percibirá como selectiva y, por tanto, menos creíble. Así, se puede optar por seguir gestionando sus contradicciones de manera fragmentada, priorizando intereses inmediatos y evitando conflictos internos, o puede avanzar hacia una mayor integración política que le permita actuar con coherencia y autonomía. En todo caso este debate está lejos de cerrarse y, por el momento, el respeto al derecho internacional y la centralidad de los derechos humanos no están en la lista de prioridades activa de una buena parte de los Estados miembros.  

En ausencia de este avance, la frase «esta no es nuestra guerra» seguirá siendo una fórmula útil para evitar decisiones difíciles. Pero también será el síntoma de una Europa que, ante los grandes conflictos internacionales, continúa atrapada entre su vocación normativa y sus limitaciones geopolíticas. 

Lo subrayado/interpolado es nuestro.

El “estiércol del diablo” y el affaire Epstein: “Hacer que pudra la moral de los pueblos no es `daño colateral`, es una estrategia central”...



El “estiércol del diablo” y el affaire Epstein: “Hacer que pudra la moral de los pueblos no es `daño colateral`, es una estrategia central”...

La publicación ha suscitado una extraña paradoja: aunque se trata de cientos de miles de archivos que conectan a Epstein con políticos, artistas y empresarios plutócratas, no hay ninguno que incluya al actual presidente Donald Trump.


Por Prof. Fernando Buen Abad/Académico, escritor y analista internacional/ADDHEE.ONG, UNAM, La Jornada de México:

Hacer que se pudra la moral de los pueblos no es un “daño colateral”, es una estrategia central. Un pueblo moralmente descompuesto es más gobernable, más manipulable, menos exigente. Cuando la dignidad deja de ser una expectativa razonable, cualquier migaja parece un favor. La indignación selectiva remplaza a la ética estructural, y el morbo sustituye al análisis. La guerra cognitiva no busca producir sujetos malvados, sino sujetos desmoralizados, incapaces de imaginar una vida común que no esté atravesada por la humillación y el abuso...

Tal affaire Epstein no es únicamente un expediente judicial ni una crónica de excesos individuales, es un síntoma histórico que desnuda la fragilidad de la salud intelectual de los pueblos y la violencia simbólica que padecen en una intemperie semiótica cuidadosamente administrada. En ese espacio saturado de signos, imágenes y relatos fragmentarios, la verdad aparece deshilachada, sometida a un régimen de distracciones que anestesia la capacidad crítica colectiva. El caso irrumpe como un relámpago que ilumina, por un instante, la arquitectura del poder contemporáneo, pero pronto es envuelto en un manto de ruido, tecnicismos legales, morbo controlado y silencios estratégicos que neutralizan su potencia pedagógica. No se trata sólo de delitos atroces cometidos contra cuerpos vulnerables; se trata de la pedagogía inversa que el poder ejerce cuando logra que semejante horror no desemboque en una revisión profunda de las estructuras que lo hicieron posible. 

Y ahora, la intemperie semiótica es ese estado en el que los pueblos reciben signos sin abrigo crítico, expuestos a narrativas que no buscan comprender sino administrar la indignación. El escándalo se dosifica, se serializa, se convierte en mercancía informativa y, finalmente, desmoraliza a los pueblos. La repetición de nombres, cifras y detalles sórdidos produce saturación y apatía moral. Así, lo que debería provocar conmoción ética duradera se diluye en el consumo rápido de noticias manipuladas. El problema no es sólo la falta de información, sino su organización al servicio del espanto. 

En ese contexto, la respuesta gubernamental parece tibia, no por ausencia de claridad, sino porque ha sido sistemáticamente desarmada. Esa tibieza no es espontánea, es el resultado de décadas de pedagogía del cinismo. Se enseña, explícita o implícitamente, que el poder siempre escapa, que la justicia es un teatro selectivo y que la indignación profunda es ingenua o inútil. El caso Epstein, con su entramado macabro/degenerado/depravado de élites financieras, políticas, mediáticas y culturales, confirma esa lección perversa, hay crímenes que, aun siendo evidentes, no encuentran un castigo político proporcional cuando rozan el corazón de la oligarquía empresarial plutócrata global. El mensaje es devastador para la salud intelectual de los pueblos, porque erosiona la idea misma de responsabilidad histórica. Esa toxicidad macabra de la oligarquía empresarial plutócrata no se manifiesta sólo en la acumulación obscena de riqueza, sino en la naturalización de la impunidad...

Es macabra porque se alimenta de la cosificación pedófila del otro, porque convierte cuerpos en objetos intercambiables y silencios en placeres plutócratas empresariales oligarcas. Y es tóxica porque contamina el tejido simbólico, cuando los responsables no enfrentan consecuencias claras, se instala la noción de que el daño es negociable, que la ética puede subordinarse al prestigio, al dinero o a la influencia. La muerte, la violencia y la explotación se vuelven externalidades del éxito. En ese marco, la tibia reacción institucional no es una falla del sistema, es su funcionamiento normal. 

Sin embargo, el daño más profundo no reside sólo en los hechos, sino en la forma en que son narrados y procesados socialmente. La intemperie semiótica impide construir un relato emancipador que vincule el crimen con sus causas estructurales. Se personaliza el mal en el apellido Epstein para proteger al sistema que lo produce. Se habla del “monstruo” como excepción, evitando nombrar la red de complicidades, los valores que la sostienen y las prácticas económicas que la legitiman. Al aislar el horror, se protege la normalidad que lo incubó. Así, la plutócrata empresarial oligarca aparece como espectadora escandalizada de su propio reflejo, fingiendo sorpresa ante una violencia que es coherente con su lógica de dominación. 

Es necesaria la defensa de la salud intelectual de los pueblos con mucho más que indignación episódica, se requieren herramientas críticas para leer el mundo, para conectar los puntos, para resistir la fragmentación del sentido. Exige una alfabetización política y ética capaz de transformar el escándalo en conciencia histórica. Cuando esa salud está debilitada, la sociedad reacciona con espasmos de desprecio que no alteran el orden existente. Se condena el hecho, se lamenta la tragedia, se espera el próximo tema. El poder respira aliviado. 

Un humanismo radical no puede conformarse con la administración del escándalo. Debe insistir en la Dignidad como principio no negociable y en la memoria como práctica política. Recordar no es repetir morbosamente, sino comprender para transformar. El affaire Epstein interpela a los pueblos a recuperar su capacidad de juicio, a salir de la intemperie mediante la construcción colectiva de sentido. No para alimentar el odio, sino para desactivar la maquinaria que convierte el horror en rutina. La verdadera respuesta no será nunca tibia cuando la inteligencia colectiva se asume como responsabilidad histórica y cuando la ética deja de ser un adorno discursivo para convertirse en una práctica cotidiana de resistencia. 

Por eso, la ética de la semiótica se vuelve una exigencia ineludible frente a la inmovilidad de los gobiernos, porque no basta con constatar el silencio institucional, es necesario interrogar los sistemas de signos que lo hacen tolerable. Cuando los estados eligen la parálisis, también eligen un lenguaje, una coreografía discursiva hecha de eufemismos, dilaciones procesales y declaraciones vacías que simulan preocupación mientras consolidan la impunidad. La ética semiótica obliga a desnudar esas operaciones, a mostrar cómo el poder gobierna no sólo mediante leyes o policías, sino mediante relatos que normalizan la inacción y transforman la ausencia de justicia en un hecho administrativo. 

Callar, archivar, diluir responsabilidades o desplazar la atención, no son actos neutros, son decisiones simbólicas que impactan a la sociedad con la aceptación del abuso pedófilo y necrófilo como parte del paisaje sin confrontar la mentira, sin romper la anestesia narrativa y sin devolverle a los pueblos la capacidad de leer críticamente al capitalismo determinista perverso que impone todo, incluso –y sobre todo– con la complicidad de no moverse. 

Lo subrayado/interpolado es nuestro.

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PROLEGOMENO:

·       Cuba resiste la barbarie, la obsesión del imperialismo estadounidense/yanqui...

·      El affaire Jeffrey Epstein en Guatemala, “Cuando la impunidad es sistema, no  excepción”...

Sin  prensa libre  no existe la  Democracia- el gobierno del pueblo para/por el Pueblo Soberano, de la mayoría ciudadana con respeto por las minorías, en el sistema capitalista determinista, es todo lo contrario-, las opiniones al alcance del pueblo están controladas hasta la uniformidad.  La verdad deformada para ser ajustada rigurosamente al punto de vista del régimen oligarca/cesarista de turno de los empresarios, financieros – bancarios, agiotistas, agrícolas monopolistas dueños de la celestina universal, el dólar y de los medios mediáticos de (in)comunicación globalizados. Quien infringe la norma corren el riesgo en sus libertades personales y  otras formas de persecución. La dignidad brilla por su flagrante ausencia y está negada de hecho la vida democrática  y la justicia plena...

Día y noche la dictadura mediática mediatizadora de (in) comunicación globalizada / la telebasura  machaca por orden del imperialismo estadounidense  con  el apagón,  el desabastecimiento, la migración y el Estado fallido de Cuba: el socialismo no funciona..., por  el coro  de gusanos apátridas financiados por la CIA/USA.

Cuba  carece de petróleo, ¿Cuál es la causa de la obsesión del régimen imperialista yanqui por derrocar el gobierno Socialista Cubano? Una sola, recuperar la isla cubana y con ello el cabaret batistiano que perdieron con la Revolución del Pueblo Cubano de 1969

Sobre el affaire de Epstein  en Guatemala “la prensa libre”/la  SIP,  asociación interamericana de la prensa, ha guardado un cómplice silencio, la destacada  comunicadora social Andrea  Ixchiu precisó, “la violencia sistémica y racial es perpetuada porque desde el régimen de Guatemala  se la ha permitido. Documentos del FBI  de 2019, identifican niñas indígenas guatemaltecas como víctimas de la depravación de Epstein y de la taifa de empresarios plutócratas, políticos degenerados, etc. En  la Sodoma y Gomorra occidental de Miami y N. York. Aquí termina la historia: las victimas permanecen invisibles y sus malditos perpetradores nunca son nombrados...

La fiscal Consuelo Porras de Guatemala fue tutora legal de niños indígenas robados en 1982, durante la política de tierra arrasada. Es la continuidad de la violencia sistémica racial conectada no solo a los 126 registros de niñas indígenas de los archivos del FBI. Las proxenetas  Porras y Maxwel. Son operadoras de un  perverso degenerado sistema  capitalista determinista globalizado donde las reglas no se aplican a los poderosos, degenerados corruptos empresarios plutócratas y las víctimas  mujeres, niños y niñas son tratadas como descartables, prescindibles...

“Degenerados, depravados del régimen estadounidenses, la impunidad no es eterna, porque existe la justicia plena” ADDHEE.ONG

El Departamento de Justicia de Estados Unidos dio por concluido un “proceso muy  exhaustivo de identificación y revisión  de documentos  del affaire Epstein”, quedando millones de documentos  retenidos  por el régimen estadounidense, como por ejemplo, las fiestas “calendar Girls”, en la residencia de Mar-A-Lago/archivo eftao 1660679...  Esto sería todo: ciudadanos estadounidenses a olvidar para negar...

Con esperanza y memoria que el Pueblo Estadounidense, de repente, despierte al sentir el terror  de estar sobreviviendo la arcadia de la felicidad/American way of life, orwelliana sociedad y se sacuda de ella. Esta  tiranía despótica y desalmada  de los plutócratas empresarios dueños de la celestina universal/el dólar, el narcotráfico y la “inteligencia artificial genocida IAG no ha podido convertir el caos social en felicidad humana en el paraíso estadounidense/yanqui

Prof. Moreno Peralta /IWA

Secretario Ejecutivo Addhee.Ong