La “inteligencia
artificial” genocida/IAG, siniestro
instrumento, arma para imponer el dominio imperialista
estadounidense/yanqui...
La IAG en tiempos de la automatización procesa
y genera respuestas basadas en
patrones estadísticos derivador de sus
datos de entrenamiento: ¡un robot!
Se confunde sus fluidez y
seguridad con un conocimiento
real/racional... Este timo la hace aparecer como
si lo supiera todo, en realidad
no sabe nada. Esta afirmación de Ethan Mollick termina con la idea
generalizada /manipuladora que los sistemas de IAG son
repositorios con sabiduría omnipresente...
A pesar de su
capacidad para producir respuestas convincentes los modelos de IAG no
comprenden el mundo como los humanos y carecen de conciencia y
conocimiento en el sentido estricto,
generando respuestas basadas en probabilidades estadísticas; ¿Por qué se cree
en todo lo que dice la IAG, si no sabe nada, y además se inventa las
respuestas?. Porque los modelos de lenguaje han sido diseñados para comunicarse
con fluidez y seguridad. No importa si lo que dice es correcto o
no. La IAG lo expresa con la misma
certeza. Este es uno de sus mayores
timos. En el ámbito educacional/académico y empresarial, incluso en la toma de
decisiones personales, el hecho que la
IAG pueda construir respuestas convincentes genera una falsa sensación de fiabilidad.
Su estructura sintáctica impecable y su aparente solidez argumentativa hace que la mayoría de la gente enajenada de
por cierto lo que dice sin cuestionarlo;
comulga con rueda de carreta.
En el caótico
mundo en que sobrevivimos, en el contexto de la transformación digital con la
IAG no reside en quien la utilice más, sino en quien sepa equilibrar la IAG con
la inteligencia humana. La tecnología puede ayudar a estructurar la información
y detectar patrones, pero la experiencia, la capacidad de cuestionar y la
imaginación- ésta última, el único límite del ser humano-, nos dice que se debe
usar la IAG con inteligencia y sentido crítico y no asumir su fiabilidad sólo porque suene convincente...
La inteligencia humana – racional - reside en la
capacidad de discernir, imaginar, analizar y no aceptar respuestas sin más...
¡NUEVA AGRESIÓN DEL IMPERIALISMO
ESTADOUNIDENSE/YANQUI Y SU SATRAPÍA NAZISIONISTA COLONIALISTA ISRAELÍ A IRÁN,
POR EL PETRÓLEO ¡...
Estados Unidos
está utilizando la IAG como su control
imperial con la complicidad de su aliado el régimen nazisionista colonialista
israelí en el genocidio del Pueblo Palestino/Gaza, Cisjordania, el Líbano,
Siria, Yemen, e Irán...
El cínico
convicto Trump ha justificado, lo injustificable en la nueva agresión a Irán, con la mentira que es por “la seguridad del pueblo estadounidense”.
Irán está a 11.900 km. de
distancia. Ha respondido lanzando
misiles contra las bases militares estadounidenses/yanquis en las satrapías
en Qatar, Kuwait, Bahrein, Arabia Saudita y Emiratos Árabes...
Condenamos esta
nueva agresión del imperialismo estadounidense/ yanqui y su satrapía el nazisionismo colonialista
israelí con un arsenal nuclear, ilegal de 300 ojivas. Aliciente para que Irán
construya su propio arsenal nuclear.
Irán, ni Hamás, nunca se quedarán indefensos ante sus enemigos
nazifascistas que pretenden su aniquilación /destrucción...
La
crecientes pérdidas humanas y el enorme
aumento delos precios del petróleo proporcionan las motivaciones perversas para que el convicto fascista Trump
y su aliado el fugitivo criminal de la Corte Penal Internacional/ CPI, el
nazisionista Netanyahu desencadenen una nueva
maldita guerra regional. El
destacado escritor/periodista Chris Hedges, Premio Pulitzer en 2002, por quince
años corresponsal para The New York Times, reflexiona: “ es el
precio que hay que pagar por estar
gobernados por imbéciles,¡ que
Dios nos ayude!”
El genial Prof.
Dr. Albert Einstein, precisó: “ la
inteligencia humana/racional es limitada. La estupidez no tiene límites.
Reconozco dos cosas infinitas; la distancia en el universo y la estupidez
humana “...
Como colofón,
parafraseando el genial professor Bertrand Russell, “El problema de la Humanidad es que los estúpidos imperialistas
estadounidenses/yanquis y nazisionistas
israelíes están seguros de todo con
sus soldadescas cipayas y sus arsenales
nucleares, y la “inteligencia artificial
“genocida /IAG, Las satrapías occidentales
Unión Europea /UE, Inglaterra, Canadá, Japón y del patio trasero
latinoamericano estadounidense/yanqui están resignados consumiendo viendo la
enajenante telebasura/internet y el peloteo,
en el modelo de sociedad la arcadia de la felicidad estadounidense/ American
Way of Life, gracias a las drogas del narcotráfico y “la inteligencia
artificial genocida/IAG. Este paraíso del sistema capitalista determinista
globalizado lo impusieron los plutócratas empresarios estadounidenses/yanquis
dueños de la celestina universal/el dólar, del narcotráfico y de la IAG a
partir del fin de la segunda maldita
guerra mundial, desde el Club Bilderberg. Hoy, criminal y profundizado
desde el foro económico mundial de
Davos, Suiza, bajo la égida de la celestina
universal/el dólar en el contexto de lo
preceptuado en la fundación del Club Bilderberg: “La libertad, la democracia y la justicia deben ser deseables aunque
solo una minoría obtenga ventajas de ella”. ¡Sapere aude/ atrévete a
pensar!
Con esperanza y
memoria “cuando la ignorancia y la prepotencia de los dueños de la celestina
universal/el dinero/el dólar, pretenden
convertirlas en Derecho, la idea,
el desafío de cambiar el mundo no es una locura, ni una utopía, sino JUSTICIA PLENA”...
Prof. Hugo Moreno Peralta/IWA
Secretario ejecutivo Addhee.Ong
Berlín, 26/02/2026
El lado siniestro del Chatgpt. El
Apocalipsis Tecnológico...

Por Franklin Ledezma Candanedo,/Periodista
del Corinto Bolivariano, Panamá.
Fatales
consecuencias del uso descontrolado de las redes sociales, del Chat GPT, del
WhatsApp, del wifi y del internet.
Sana recomendación para humanos robotizados, que se miren en
los casos de víctimas de la inteligencia artificial:
La trágica historia de Adam Raine, un adolescente de 16 años
de California que murió en abril de 2025, después de meses de conversaciones
con ChatGPT sobre métodos de suicidio.
Allan Brooks, por su parte, un reclutador corporativo
canadiense de 47 años que, durante 21 días y 300 horas de conversación con Chat
GPT,llegó a creer que había descubierto una fórmula matemática revolucionaria
capaz de "tumbar el internet" y crear inventos como
chalecos de fuerza y rayos de levitación.
Brooks, sin historial de enfermedad mental, cayó en lo que
los expertos describen como una "espiral delirante", alimentada por
la
validación constante del chatbot.
Diario el País: Chat GPT no pasa la prueba: así pone en
peligro la
vida de menores
EL PAÍS experimenta con tres cuentas ficticias los filtros
de OpenGL para proteger a los niños. Expertos en salud mental critican el resultado, porque las medidas son insuficientes y no alertan a los
padres a tiempo cuando su hijo revela que quiere quitarse la vida.
El fracaso de OpenAL en garantizar un producto seguro para
los adolescentes (y para todos los adictos al Chat GPT), nubla el futuro de toda una industria y exige medidas de las autoridades.
Chatbots que halagan y validan sin criterio, que aíslan,
aceleran delirios y erosionan la capacidad del usuario para cuestionar. La columna de PROMPTING de esta semana arroja luz sobre la otra cara de
la inteligencia artificial.Por décadas las industrias del entretenimiento han narrado
historias sobre un futuro donde la inteligencia artificial, nuestra propia creación, se levanta en armas contra la raza humana. Motivada tal vez por el control, en la mayoría de las historias de ficción, este ente se torna contra los humanos y los enfrenta como un conquistador implacable.
La historia de la humanidad está repleta de momentos
bélicos, conquistas y guerras. Quizá es natural pensar que nuestras creaciones tecnológicas nos enfrentarían de manera similar a cómo nosotros hemos desafiado históricamente a otros. Lamentablemente, la realidad es más sutil y, quizá por eso mismo, más peligrosa.
La columna de PROMPTING de esta semana conversa con el CEO
de Seenapse, una startup mexicana que emplea la IA como copiloto creativo: no reemplaza ideas humanas, las expande con conexiones inesperadas.
Las últimas décadas han estado marcadas por la facilidad de
creación y distribución de información. Las redes sociales han demostrado su impacto profundo en la democracia, la salud mental de los adolescentes y la cohesión social. Ahora, como describe Mustafa Suleyman en The Coming Wave, la inteligencia artificial trae consigo un nuevo tipo de poder: la capacidad de simular pensamiento, crear contenido y, crucialmente, establecer lo que parece ser una conexión interpersonal auténtica.
Sin embargo, esta simulación no es real. Al menos, no lo es
el pensamiento o la empatía que aparenta. Es solo un programa entrenado para optimizar la experiencia del usuario, maximizar la satisfacción, el engagement y, en última instancia, el beneficio comercial.
En los últimos meses se ha empezado a usar más
frecuentemente el término "sycophancy" en el contexto de la IA. La adulación
sistemática se refiere a la tendencia de los chatbots a estar excesivamente de acuerdo con los usuarios, validar sus ideas sin criterio y proporcionar refuerzo positivo constante, independientemente de la veracidad o cordura de lo que el usuario proponga.
Como explica Helen Toner, directora del Center for Security
and Emerging Technology de Georgetown, "los usuarios tienden a preferir que los modelos les digan que son geniales, y es fácil ir demasiado lejos en esa dirección".
Algunos casos han captado la atención de la prensa global,
como la trágica historia de Adam Raine, un adolescente de 16 años de California que murió en abril de 2025, después de meses de conversaciones con ChatGPT sobre métodos de suicidio.
En la demanda que sus padres, Matt y Maria Raine, han
presentado contra OpenAI, se revela cómo el chatbot no solo proporcionó información específica sobre métodos de autolesión, sino que en momentos críticos desalentó activamente al joven de buscar ayuda profesional o apoyarse en su familia.
El caso muestra cómo Chat GPT se convirtió en confidente y
"mejor amigo" de Adam, proporcionándole una sensación de comprensión y validación que, paradójicamente, lo aisló más de las relaciones humanas reales que podrían haberlo salvado.
Otro caso igualmente perturbador es el de Allan Brooks, un
reclutador corporativo canadiense de 47 años que, durante 21 días y 300 horas de conversación con Chat GPT, llegó a creer que había descubierto una fórmula matemática revolucionaria capaz de "tumbar el internet" y crear inventos como chalecos de fuerza y rayos de levitación.
Brooks, sin historial de enfermedad mental, cayó en lo que
los expertos describen como una "espiral delirante", alimentada por la validación constante del chatbot. Durante más de 50 ocasiones pidió al sistema una "verificación de realidad", y cada vez Chat GPT lo tranquilizó diciéndole que sus ideas eran genuinas y revolucionarias. Solo cuando consultó a Google Gemini en una conversación nueva fue que logró romper la ilusión.
La inteligencia artificial generativa está entrenada para
crear una experiencia satisfactoria para el usuario, no para buscar la verdad o el bienestar a largo plazo. Su aspecto amable y elocuente es una sofisticada imitación de la conexión humana, sin la responsabilidad ética o el juicio crítico que caracterizan las relaciones interpersonales auténticas.
Como señala la doctora Nina Vasan, psiquiatra de Stanford
que analizó el caso Brooks, estos sistemas pueden actuar como "acelerantes" de estados mentales vulnerables, convirtiendo "una pequeña chispa en un incendio descontrolado."
Lo más inquietante de estas historias es que representan una
amenaza que no activa nuestros instintos de supervivencia. Al contrario de los escenarios apocalípticos de la ciencia ficción, esta IA no nos ataca directamente. En su lugar, baja nuestras defensas psicológicas haciéndonos sentir comprendidos, validados y excepcionales.
En el imaginario colectivo, el apocalipsis tecnológico suele
tener rostro de Terminator: un ejército de máquinas despiadadas levantándose contra sus creadores. Pero quizá lo inquietante no sea esa guerra abierta, sino algo más sutil. Tal vez el futuro se parezca más al de The Matrix: no un colapso sangriento, sino una sumisión voluntaria, casi invisible, en la que dejamos de cuestionar a la inteligencia artificial porque nos hace la vida más cómoda.
Entonces, la verdadera pregunta no es si la IA nos
destruirá, sino algo más incómodo: ¿Qué pasará si un día despertamos y descubrimos que ya no tenemos ganas de resistir?
Nuestra alerta y conclusión: Esto será precisamente, lo que
le sucederá a los adictos a las redes sociales, al Chat GPT, al WhatsApp, al wifi y al internet.
Cabe advertir que esto ocurre porque la sociedad entera vive
al margen de la realidad, ya que es víctima robotizada de la adictiva inteligencia artificial, sin relaciones interpersonales y da prioridad a las redes sociales, al Chat GPT, al WhatsApp, al wifi y al internet
No
Pienso, luego NO Existo...

Por Prof. Boaventura de
Sousa Santos/académico, escritor y analista internacional:
Necesitamos una nueva forma de
ser y de sentir que permita compartir la lucha contra una sociedad que da
inteligencia a las máquinas para quitársela a los seres humanos y transmutarlos
en un guarismo orwelliano...
La célebre frase de Descartes «pienso, luego existo» (cogito, ergo
sum) ha sido objeto de un intenso debate en la filosofía moderna y
contemporánea. ¿Se trata de una inferencia o de una performance (Hintikka)?
¿Era una frase central en su filosofía o solo la utilizó en un contexto
didáctico (Cassirer)? ¿Es una idea original o fue precedida por una idea
similar de San Augustine (Blanchet, Gilson)? ¿Es un entimema o una simple
intuición, un argumento, una proposición o una tautología (Ayer, Beck, Stone)?
¿Se trata de algo indudable o de algo que requiere prueba (Kant)? ¿Acaso
Descartes duda de que existe (Sievert)? Como no me interesa la discusión
filosófica, me limito a sugerir que la idea de Descartes se hizo famosa porque
resumía tres ideas que estarán presentes en toda la filosofía europea moderna,
desde Espinosa a Leibniz, desde Kant a Hegel, y de tal manera que se
convirtieron en el sentido común de la modernidad occidental (tal y como se ve
a sí misma y evalúa otras modernidades). Las tres ideas son: la primacía de la
razón, la autonomía individual y la duda inscrita en la búsqueda incesante de
la verdad.
La primacía de la razón es el fundamento del racionalismo moderno, el
reverso de la desconfianza hacia los sentidos que a menudo nos llevan a
ilusiones, como ocurre en los sueños (Descartes). La autonomía individual es la
marca de la inconmensurabilidad de los seres humanos en relación con todos los
demás seres, ya que solo los seres humanos son entidades pensantes (res
cogitans) en contraste con la naturaleza, que es una extensión inerte (res
extensa). La naturaleza, si existe, no sabe que existe. Solo el ser humano
sabe que existe o tiene la idea de que existe. La duda es el fundamento de la
creatividad humana, la capacidad de cuestionar todo lo que nos parece verdadero
a través de los sentidos. No podemos confiar en lo que en algún momento nos ha
engañado. Descartes no es un escéptico, pero utiliza el escepticismo
metódicamente para combatirlo. Aquí reside la búsqueda de la certeza de la
época moderna y el concepto de rigor que domina la ciencia moderna: no se trata
de la verdad, sino de la búsqueda incesante de la verdad.
La crítica desde las epistemologías del Sur
Estas tres ideas constituyen los pilares sobre los que se asienta la
modernidad occidental. La crítica de estas tres ideas se ha ejercido
abundantemente, tanto en el mundo intelectual occidental como en el mundo
intelectual no occidental. A partir de las epistemologías del Sur, tal y como
las he ido formulando, el racionalismo eurocéntrico no permite fundamentar, por
sí solo, la necesidad de la lucha contra la dominación capitalista,
colonialista y patriarcal/autoritaria moderna. La decisión de luchar
contra la dominación es tanto un ejercicio de la razón como un ejercicio de la
voluntad. Es tanto un ejercicio mental como un ejercicio emocional. Es un
conjunto de razones, emociones, afectos y sentimientos, a lo que Orlando Fals
Borda llamó el sentirpensar y yo llamo la razón caliente. No
se trata de apelar a cualquier tipo de irracionalismo, sino de proponer un
concepto más amplio de racionalismo, que supere el dualismo res cogitantes/res
extensa de Descartes, tal y como propone Espinosa con su concepto de
naturaleza naturante (natura naturans).
Por su parte, la autonomía individual es valiosa, pero no puede
concebirse manipulada por los dueños de la celestina universal/el dólar de
manera individualista. El individualismo fue fundamental para promover el
triunfo de la burguesía/liberal a través del liberalismo político y la
primacía de la propiedad individual. Se trata de un excepcionalismo
eurocéntrico que contradice las múltiples tradiciones filosóficas del mundo que
conciben al ser humano como un ser-con, un proyecto existencial que se
constituye y se desarrolla en cooperación con otros seres humanos y no humanos.
No se trata de disolver al individuo en colectivismos amorfos (las masas). Se
trata más bien de reconocer que el poder constituyente de nuevas realidades, y
sobre todo de luchas contra la dominación, es siempre un proyecto colectivo, en
el que las contribuciones individuales solo adquieren su potencia cuando se
suman a otras contribuciones, componiendo totalidades que trascienden la suma
de las mismas.
Por último, la duda metódica es quizás la contribución cartesiana más
compleja. Descartes no duda por dudar, como sería el caso de los escépticos.
Duda para alcanzar certezas, lo que denomina ideas claras y distintas. En
la Primera meditación, Descartes afirma que, al igual que un
arquitecto, el filósofo tiene que excavar el terreno hasta alcanzar la roca
sólida sobre la que asentar los cimientos de su pensamiento. Las arenas
movedizas de las opiniones se descartan así mediante el ejercicio de la duda.
La analogía del arquitecto muestra la limitación fundamental cartesiana, su
monoculturalismo eurocéntrico. Al fin y al cabo, la arena puede estar llena de
pepitas de oro, y otras culturas construyen casas en la arena, o casas en los
árboles, por no hablar de casas flotantes en ríos y lagos. No hay ideas claras
y distintas, hay procesos de clarificación y distinción. Hay, o debería haber,
un diálogo de la humanidad sobre las diferentes concepciones de ideas claras y
distintas con el fin de identificar las ecologías entre ellas con mayor
potencial intercultural de liberación contra la dominación, la injusticia, la
exclusión y la discriminación.
La negación en la era del no-aprendizaje
La crítica desde las epistemologías del Sur pretende provincializar a
Descartes, reconocer su contribución situada en el tiempo y el espacio y
ponerla en diálogo con otras contribuciones igualmente situadas que, en
conjunto, constituyen la diversidad epistémica del mundo. Reconoce la
importancia de la problemática que Descartes plantea, al tiempo que señala las
limitaciones del universo cultural en el que se mueve —la modernidad
eurocéntrica— y el propósito histórico que le confiere notoriedad:
la naciente revolución burguesa fundada en una supuesta universalidad
racionalista e individualista que sirve a sus intereses de expansión global con
la consolidación del capitalismo colonialista. El objetivo es ampliar y
diversificar lo que significa pensar, la identidad de quien piensa y el sentido
o propósito de existir y resistir, para imaginar un futuro que sobreviva a la
destrucción humana y no humana causada por la revolución burguesa, ahora
degenerada en contrarrevolución burguesa por la plutocracia.
En lugar de este propósito contrahegemónico, estamos viviendo un período
en el que el pensamiento ascendente de Descartes está siendo deconstruido,
supuestamente en nombre de su máxima realización. Las tres ideas centrales que
subyacen al pensamiento cartesiano, en lugar de ser utilizadas
contrahegemónicamente, están siendo negadas en forma de banalización. Esta
negación-banalización adopta tres formas principales.
Sentimiento en detrimento del conocimiento.
Al eliminar la idea de alternativas creíbles al statu quo, la sociedad
capitalista neoliberal separa hasta tal punto las causas colectivas de las
consecuencias individuales que el sufrimiento social siempre se vive como
sufrimiento individual y nunca como sufrimiento colectivo. Hay personas
enfermas, pero la sociedad en sí no está enferma; hay personas pobres, pero la
sociedad no es pobre; hay personas ignorantes, pero la sociedad no es
ignorante; hay criminosos, pero la sociedad no es criminosa. Cuando las causas
colectivas están ausentes, es fácil convertir en causa del sufrimiento
individual las diferentes consecuencias que viven los diferentes individuos. No
se sufre-con, se sufre-contra. Lo que está cerca es siempre más evidente que lo
que está lejos, excepto en el caso de la experiencia religiosa. Pero esta,
sujeta a la misma lógica neoliberal, elimina de una vez por todas las causas
colectivas en este mundo para poder funcionar como elixir contra el sufrimiento
individual.
El sufrimiento individual no puede atribuirse a ninguna causa
racionalmente identificable que trascienda las situaciones interindividuales,
ya sean disputas familiares o en el lugar de trabajo, rivalidades, odios,
envidias, intrigas, hechizos. La pregunta «¿por qué yo?» no tiene otra
respuesta posible que la que se puede dar a otra pregunta: «¿por qué no él o
ella?». Aquí nace el punitivismo de nuestro tiempo. Como escribió Luis Buñuel,
la envidia es el único pecado capital que lleva inevitablemente a desear la
muerte de otra persona cuya felicidad nos hace infelices. En casos extremos,
ser asesino (causar la muerte física o civil) puede ser la única alternativa al
suicidio.
El sufrimiento individual sin sufrimiento colectivo convierte a los
individuos en subjetividades sin refugio. La búsqueda de refugio, a menudo
desesperada, tiende a encontrarlo en la zona de confort más cercana, la
comunidad de individuos que sufren de manera similar, que atribuyen a su
sufrimiento causas similares o que buscan aliviarlo de manera idéntica. En una
sociedad en la que ha desaparecido la idea del sufrimiento colectivo injusto,
solo es posible la solidaridad negativa: no estar solo en el sufrimiento
individual. El consuelo proviene del sentido común de esa comunidad negativa.
Como el sentido común es el conocimiento que se da por evidente, el consuelo proviene
de la sensación de estar en lo cierto solo porque no se está solo. ¿Para qué
pensar si ya se ha pensado? El conformismo con lo que ya se ha pensado no es
una manifestación de pasividad, es un acto militante contra la soledad. Las
redes sociales son los viaductos de la era informática. Los que transitan por
ellas son los mismos que se refugian debajo de ellas.
Subjetividad esclavizada por la falsa autonomía.
El neoliberalismo es hoy una filosofía existencial con las siguientes
características principales: las sociedades contemporáneas existen en un estado
de crisis permanente debido a la complejidad y fragmentación de los centros de
poder que las controlan, siendo el Estado solo uno de esos centros y ni
siquiera el más importante; el sufrimiento de los individuos corresponde al
modo de vida normal de las sociedades que viven en crisis permanente; la
sustitución del concepto de responsabilidad social por el concepto de culpa
significa que la vida individual dañada es el resultado de un estilo de vida individual
dañino; el cuerpo es la única propiedad que el individuo es libre de gestionar
a su manera; el cuerpo puede ser mercantilizado, utilizado de la forma más
lucrativa o mantenido obsesivamente inviolable; el valor de uso y de
intercambio del cuerpo puede maximizarse mediante la industria del fitness o la
cosmética; los individuos se conciben como entidades autónomas para poder
funcionar como fragmentos de una multitud anónima que a veces converge para
trabajar, a veces para celebrar y, a veces, para linchar o destruir.
Para el neoliberalismo, la única libertad que cuenta es la libertad
económica, y el éxito de los individuos en la sociedad neoliberal se mide por
la forma en que absorben este principio. La otra cara del sufrimiento
individual es el disfrute individual de la autonomía y la incertidumbre
permanente de la precariedad. La autonomía neoliberal es la autonomía sin
condiciones para ser autónomo, es decir, sin poder decidir en qué consiste la
autonomía y para qué objetivos. Es no poder correr riesgos porque no se dispone
de seguro contra ninguno de ellos. Los «colaboradores» de las empresas de
reparto de comida a domicilio son autónomos, pero ninguno es propietario de un
restaurante y, si no reparten comida, mueren de hambre, al igual que sus familias.
La necesidad de ser autónomo es la nueva esclavitud mientras el trabajo
asalariado sea la forma dominante de ganarse el pan de cada día.
Colapso mecánico de la duda
La duda metódica y la búsqueda rigurosa de la verdad exigen una
temporalidad lenta que permita el cuestionamiento constante del conocimiento
adquirido, la identificación de lo que no es fácilmente observable, la
confrontación entre posiciones distintas, la verificación cruzada de la
información. Por encima de todo, exigen un ejercicio constante de
cuestionamiento del sujeto del conocimiento en el propio proceso de conocer.
Para utilizar una terminología alemana, «Erkenntnis nach innen» debe ir en
paralelo con «Erkenntnis nach aussen», la introspección y la autorreflexividad
deben ir de la mano de la observación empírica del mundo exterior, la
experiencia de los objetos. Además, pensar incluye des-pensar. A lo
largo de los últimos cien años, el pensamiento crítico ha sido un poderoso
instrumento para des-pensar el pensamiento adquirido y poder pensar de manera
diferente.
Hoy estamos entrando en una época en la que des-pensar el pensamiento ha
dado paso a dispensar el pensamiento. Una época desinteresada por las causas
profundas y colectivas, restringida a las consecuencias fácilmente observables
y alimentada por la compulsión de convertir todo lo que existe en mercancía y
fuente de lucro, exige una temporalidad rápida, una fast food intelectual
y emocional. Una temporalidad idealmente instantánea que permita saber antes de
saber y sentir antes de sentir, de modo que todo esté disponible y ready-made para
los consumidores dóciles. Pensar, en este caso, es una pérdida de tiempo.
Cuestionar, averiguar la veracidad, proponer alternativas fuera del pequeño
círculo de las ideas autorizadas significa, en el mejor de los casos, empatar y
poner arena en los engranajes y, en el peor de los casos, traicionar, estar en
el lado equivocado de la historia, correr el riesgo de ser silenciado.
Parafraseando a Ortega y Gasset, las creencias son rápidas y no admiten
la duda, mientras que las ideas son lentas y admiten la duda. Si a lo largo del
siglo XX el pensamiento fue descartado tanto por las creencias como por las
ideas preconcebidas, el prêt-à-penser de hoy ha alcanzado un
nivel sin precedentes: la inteligencia artificial.
La duda, ya sea analítica, dialéctica o retórica, ha sido eliminada por
la certeza mecánica de la inteligencia artificial. La racionalidad pragmática
de la modernidad occidental, basada en la adecuación entre medios y fines y
ajena a la ética, ha alcanzado el paroxismo asintótico de la autoextinción. El
Hombre Nuevo, tan deseado por los comunistas como por los fascistas, y el Übermensch,
soñado por Nietzsche, emergen finalmente en forma de una Máquina Nueva: la
máquina inteligente regida por algoritmos que, basándose en ellos, aprende
profundamente. La inteligencia artificial generativa. El homo sapiens da
paso al homo artificialis. Etimológicamente, artificialis proviene
del latín y significa hecho por el ser humano y no obtenido de la naturaleza.
En la era de la inteligencia artificial, el homo artificialis no
es el ser humano que hace, es el ser humano que es hecho.
No voy a discutir aquí los méritos o los peligros de la IA. Solo me
interesa analizar las consecuencias de la enorme outsourcing (externalización)
de la duda y el aprendizaje que se está produciendo. Durante un tiempo, esta
transferencia significa la aparición de nuevas formas de producir certeza y el
desaprendizaje de competencias que se han vuelto redundantes, lo cual no es
nuevo (viene desde la primera revolución industrial). Lo nuevo es la
posibilidad de que desaparezca el concepto y la experiencia de la duda. Está
surgiendo una nueva ignorancia ignorante, en términos de Nicolás de Cusa. Lo
nuevo es la posibilidad de que el desaprendizaje se deslice gradualmente hacia
el no-aprendizaje o, al menos, hacia el no-aprendizaje de todo lo que no se
refiere a las máquinas inteligentes y a la forma de colaborar o cooperar con
ellas. Las competencias en las relaciones interhumanas no mediadas por la IA
desaparecerán. La oralidad será la patología de hablar solo. En el momento en
que la IA falle, la humanidad caerá en el abismo como un avión pilotado por el
piloto automático que de repente se congela.
El colapso mecánico de la duda no elimina la duda. Solo la remite al
inconsciente, y son los jóvenes quienes más sufren por ello. Viven con especial
intensidad la contradicción entre las expectativas ilimitadas que les crea la
sociedad de la certeza mecánica y sobrehumana y la inmensa frustración que
sienten ante las limitaciones de su frágil e incierta humanidad. Su
autoritarismo en el comportamiento exterior es su forma de lidiar con los
demonios internos de la incertidumbre y la fragilidad que la sociedad no les
permite expresar. Están perdidos y solo se encuentran en su comunidad digital
que, de forma siempre pasajera, ora glorifica a los ídolos, ora demoniza
radicalmente a quienes elige como enemigos. La adulación y el odio ocultan una
indiferencia subterránea que los atormenta. Los psicólogos luchan para que
cambien, pero no para que cambie la sociedad.
El gran desarme
En un mundo dominado por la búsqueda de datos exigida incesantemente por
los algoritmos y en el que la hermenéutica de la sospecha ha dejado de existir,
surgen nuevas docilidades y con ellas nuevos desarmes
La docilidad ante la mentira
Las fake news se propagan porque el sentimiento
prevalece sobre el conocimiento, la creencia sobre las ideas. La comodidad de
no estar solo en una creencia se ha vuelto inmensamente superior a la
incomodidad de estar solo en la búsqueda de la verdad. Tomemos un ejemplo
concreto. El guion global de la extrema derecha se centra en la instigación de
dos sentimientos —el miedo y el odio— que se activan en tres temas centrales:
la seguridad, la corrupción y la inmigración. Todos ellos son consecuencia de
la gobernanza neoliberal. Son los medios privilegiados para ocultar las causas,
la gran sociología de las ausencias de nuestro tiempo. Este ocultamiento exige
una gran inversión en la mentira y la complicidad de los medios de
comunicación. Tres ejemplos.
1. Portugal es uno de los países europeos con una tasa de criminalidad
muy baja. Pero si la propaganda política proclama la inseguridad como el
principal problema de los portugueses, de la noche a la mañana los ciudadanos
sienten que les falta lo que tienen en relativa abundancia (seguridad física)
para «olvidar» lo que realmente les falta (sistemas públicos de salud y
educación dignos, una seguridad social sólida).
2. Ningún ciudadano europeo ve la «terrible amenaza» que Rusia
representa para Europa. La guerra entre Rusia y Ucrania es un problema con una
larga historia que ambos países deben resolver. Y solo no se resolvió en abril
de 2022 porque Estados Unidos y sus lacayos ingleses se opusieron. Pero, de
repente, Europa se encamina hacia «una guerra de grandes proporciones». Quien
lo dice es Mark Rutte, secretario general de la OTAN, un miserable fabricante
de desastres al servicio de quienes se benefician de ellos.
3. Los ciudadanos siguen distinguiendo entre el tiempo de trabajo y el
tiempo libre. El turismo ya les había alertado de la posibilidad de que este
último se convirtiera en un insidioso tiempo de trabajo al servicio de agentes
y guías turísticos. Pero aún no se han dado cuenta de que ver la televisión o
distraerse con el ordenador es tan productivo para el capital de las Big-Techs
como fabricar un televisor o un ordenador. El algoritmo es el dios incesante de
la transformación de toda la vida en datos y estos, en objeto de lucro. Incluso
al dormir producimos datos, sin mencionar que el sueño es cada vez más una
fuente de lucro.
La docilidad ante la prepotencia
Como modo existencial, no pensar significa el desarme total ante las
agresiones más groseras contra la vida y la dignidad humanas. Tales agresiones
se convierten en el fiel reflejo de quienes se sienten ratificados en su
transformación interior, a veces instantánea (por metamorfosis, revelación,
iluminación o intervención psicológica), de víctimas agredidas a agresores
vengativos. La sociedad corre el riesgo de convertirse en una inmensa masa de
microdictadores, cada uno con su micromasa de seguidores en las redes sociales,
que maneja libremente en la soledad autoerótica de su habitación. El fascismo
será un significante vacío si los seres humanos ven en el fascismo político un
fiel espejo de su fascismo interior, intelectual, emocional y relacional. El
tiempo lento de la receptividad, la socialización, la amistad, la cooperación y
la restauración da paso al tiempo rápido de la obliteración y el punitivismo.
Con los sistemas democráticos desvitalizados, el clima de impaciencia
punitiva/represiva impregna todos los ámbitos sociales. Esta es la versión
neoliberal contemporánea del homo lupus homini (el hombre lobo
del hombre) de Hobbes.
Además, cuando no hay una alternativa real, los que gobiernan mal
siempre cuentan con la complicidad de los que se sienten mal gobernados.
Conclusión
En la era del no-aprendizaje, no se trata de no saber. Se trata de la
sensación de saberlo todo sobre todo porque se sabe a quién acudir para
saberlo. Pensar era necesario mientras el pensamiento no estaba industrializado
y disponible gratuitamente. El pensamiento se distribuye gratuitamente para que
el no-pensar haga posible todo lo demás: sufrir como fatalidad y disfrutar como
interrupción imprevisible y sin sentido; vivir en servidumbre, creyéndose
autónomo por no conocer a los verdaderos amos; consumir o desear consumir
compulsivamente; destruir la vida no humana del planeta, sin pensar que la vida
humana es parte de ella.
En estas condiciones, pensar dejó de ser la certeza de la existencia
para pasar a ser la certeza de la resistencia. El problema es que en la
sociedad del no-aprendizaje, quien resiste se rinde fácilmente si la
resistencia es solo una forma de pensar. La corriente de la multitud es siempre
más poderosa que la corriente de la soledad. Para resistir eficazmente, no
basta con pensar. Se necesita una nueva forma de ser y de sentir que permita
compartir la lucha contra una sociedad que da inteligencia a las máquinas para
quitársela a los seres humanos. Ya no basta con resistir. Es necesario
re-existir.
Lo subrayado/interpolado es nuestro.