
Cuando la
conciencia moral considera que la autoridad es ilegítima – no existe una
constitución soberanamente elaborada y sancionada por el pueblo, la corrupción,
la impunidad y la justicia social, asfixia y estrangula a la mayoría de la
población marginada- obedecerla, es una cobardía y el que la obedece traiciona
a su sentimiento del deber. A los corruptos politicastros les reiteramos que la
sociedad y la persona se condicionan recíprocamente. Por el respeto a la
justicia, medimos la civilización de la primera, por la austeridad en el deber valoramos la
moralidad de la segunda. La fórmula de la justicia social es garantizar a la
persona /ciudadano todos sus derechos, la fórmula de la dignidad individual es
cumplir todos los deberes correspondientes. Consecuentemente, se debe perseguir
el equilibrio ideal de ambas. Quien siempre habla de nuestros derechos sin
recordarnos nuestros deberes, traiciona a la justicia, pero mancilla nuestra
dignidad quien predica deberes – como lo hacen los corruptos politicastros- que
no son la consecuencia natural de los derechos efectivamente ejercitados.
Veamos, en la Arcadia Mercurial de la alegría: ¿Qué pasa con los derechos a la
educación, a la cultura, a la atención médica, al trabajo y la vivienda digna.
etc.? Ni hablar de la Justicia, es un fiasco, hay dos tipos de justicia, con
corbata y sin corbata.
El deber es un corolario de la vida en sociedad. Si la
moral es social, los deberes son sociales. En todos los tiempos ha existido el
sentimiento del deber, pero manifestado concretamente en deberes variables con
la experiencia social, distintos en cada época y en cada sociedad, perfectibles
como la moralidad misma.
Si la Justicia fuese perfecta, en la sociedad podría
concebirse el deber absoluto, pero esta hipótesis no ha sido realizada en
ninguna sociedad. La injusticia ha existido y existe, creando el privilegio,
que es la violación del derecho. De esto, se concluye que no ha existido el
deber, ni que debe existir respetando la injusticia. El sentimiento del deber,
si es absoluto en la conciencia de la persona, es relativo a la justicia de la
sociedad. Donde es violado el Derecho, tórnase menos imperativo. Cuando todos
los derechos son respetados, cada persona se inclina a cumplir sus deberes.
Ninguna fuerza coercitiva puede imponer normas de conducta contrarias a la
propia conciencia moral. La obligación del deber sólo reconoce la sanción de la
justicia plena
Afirmar que el deber es social no significa que el
régimen o la autoridad cesarista puedan imponer su autocracia al ciudadano, el
sentimiento del deber es siempre individual y en se refleja la conciencia moral
de la sociedad. Pero, cuando el régimen o la autoridad cesarista no es la
expresión legítima de la conciencia social, el deber consiste en la
desobediencia civil, aún a precio de la vida misma. Así,
lo ha estado demostrando la juventud chilena en su lucha por recuperar
su país, su nación, su patria con una constitución elaborada y sancionada
soberanamente por el pueblo, su Universidad con su autonomía, su educación, su
cultura, etc. Así lo enseñaron con altos ejemplos de heroísmos: el padre de la
Patria, General Libertador Bernardo O´higgins Riquelme y el compañero
Presidente, Dr. Salvador Allende Gossens en sus luchas por la independencia
política y económica de Chile. El asesinado Presidente de Chile, el Dr. Allende
Gossens procuró, con lealtad, firmeza, y viril energía, honradez, talento,
consecuencia en sus principios, tenacidad, el advenimiento de la Justicia
Social con dignidad y con libertad en la cual creyó, y por la que ofrendo
heroicamente su vida.
Como colofón, les reitero a mis estudiantes, a los
jóvenes que no han deshonrado su juventud – “Ser joven en ésta época, en
América Latina, implica una gran responsabilidad, y la juventud tiene que
asumirla. Tenemos que pensar en una Universidad comprometida, con el pueblo,
con el cambio social, con la lucha por la independencia económica y la
soberanía de nuestro pueblo. Para que termine la realidad brutal que por siglos
pesa sobre nosotros, se requiere formar profesionales comprometidos con el
cambio social” -, los deberes son el reflejo de los ideales sobre la conducta,
cuanto más intensa es la fe en un ideal, más imprescindible es el sentimiento
que empele a servirlo.
En la medida que la Justicia va consagrando los
Derechos del Ser Humano, surgen los deberes que son su complemento natural y
les corresponden como la sombra al cuerpo. Puesto que las personas no viven
aisladas, es deber de cada una concurrir a todo esfuerzo que tienda al
mejoramiento de su pueblo, desempeñando con eficacia y responsabilidad las
funciones apropiadas a sus aptitudes. El individuo que elude el deber social es
nocivo a su pueblo y a la Humanidad.
Libres son los jóvenes que luchan por sus ideales y
sus sueños, que nunca hacen cosa alguna que les repugne ni intentan
justificarse culpando a otros de sus propios errores. Esclavos son los que
esperan el favor ajeno y renuncian a dirigirse por si mismos, incurriendo en
mil pequeñas vilezas que carcomen su conciencia. Jamás un joven digno que lucha
por darle sentido a su vida, juntará migajas en los festines de la clase
oligarca empresarial farisea sofofa, que envilece a la juventud aconsejándole
el fácil camino de la servidumbre rutinaria a través de su educación enajenante
como “bien de consumo por y para el lucro” y los medios mediáticos mercuriales
y de (in) comunicación globalizados de la tiranía más despótica y desarmada de
la celestina universal, el dinero, de la Globalización del Capital….
Con esperanza y memoria.
Secretario Ejecutivo de ADDHEE ONG
Enlace del artículo: http://www.elclarin.cl/web/opinion/politica/19367-la-obediencia-pasiva-es-la-negacion-del-deber.html
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